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Mi hermano, mi protegido — capítulo 18
En cuanto cruzamos las puertas de roble el castillo nos recibió con su calor característico mientras yo pensaba en el huevo de oro.
Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,
que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos.
Y estas palabras medita mientras tanto,
pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:
Nos hemos llevado lo que más valoras,
y para encontrarlo tienes una hora.
Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!
demasiado tarde, ya no habrá salida.
Eso es lo que Cedric escuchó en el baño de prefectos del quinto piso.
-Lo único que puede significar es una incursión en el lago -dije.
-"Nos hemos llevado lo que más valoras, y para encontrarlo tienes una hora"-recitó- ¿Cómo se supone que aguante la respiración por una hora?
-Bueno… Puedes usar el hechizo Casco burbuja.
-¿Casco burbuja? -repitió.
-Es un hechizo que forma una especie de burbuja alrededor de la cabeza, permitiendo que el usuario respire aire puro en cualquier ambiente -expliqué con el mismo tono que solía usar al recitar las lecciones a mi madre cuando era niña-, el problema, es que no sé cómo hacerlo.
Él me tomó la muñeca izquierda para inspeccionar mi reloj de pulsera y me lanzó una mirada de preocupación.
-¡Por las barbas de Merlín! -espetó- Lo siento Jacky, debo irme, se me hace tarde.
-¿Para qué? -dije, divertida. Ya me imaginaba para qué.
-Eh… Tengo una cita
Acordamos encontrarnos en la biblioteca a las seis, pues Cedric tenía una cita con Cho Chang. Ahora eran novios. No es que me molestara que Cedric tuviera novia, todo lo contrario, pero esa chica en especial me fastidiaba, aunque debo admitir que las pocas veces que había intercambiado una que otra palabra con ella por los pasillos había sido muy amable conmigo.
En fin. Poco antes de las seis fui a la biblioteca y comencé a sacar diversos libros de sus estanterías ante la mirada acusadora de Madame Pince. Seguí buscando un alrededor de una hora, absorta en las páginas amarillentas, hasta que encontré lo que necesitaba en Hechizos prácticos para ocasiones excepcionales. Fue entonces, cuando levanté la vista del libro, que noté que Cedric no estaba allí. Miré mi reloj, eran pasadas las siete. Era sencillamente imposible que hubiera tenido una cita de cinco horas con Cho, por lo que intuí que se había olvidado de mí o le había pasado algo malo.
Por alguna razón no me preocupé, pero decidí salir a buscarlo. Sin perder un solo segundo salí de la biblioteca y me dirigí al Gran Comedor. Y allí estaba, conversando alegremente con sus amigos. No le dije nada, pues la cena casi había terminado y un pastel de carne me llamaba, además parecía demasiado feliz como para que yo le recordara la realidad.
Al día siguiente comenzamos a practicar el hechizo, pero el tiempo no nos daba cabida: en un abrir y cerrar de ojos se habían retomado las clases y el 24 de febrero se venía encima.
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La mañana de tan esperado día, me levanté antes que todo el mundo. Eran las siete, la única hora en la que estaba segura de que nadie me vería salir del castillo, salvo, claro, algún fantasma.
De modo que en cuanto el cielo comenzó a aclarase salté del alfeizar de la ventana y fui volando hasta el Lago Negro. Me oculté tras un árbol y me aseguré de que no hubiera ninguna luz encendida en el castillo o algún ser vivo cerca de mí. En cuanto no tuve duda de que me encontraba sola volví a ocultar mi abrigo en un pino algo lejano de la orilla del lago y entré al agua.
Estaba fría como el fondo del mar, pero era muy agradable estar en un cuerpo de agua que no fuese la bañera. Tal vez no fuera salado, pero el lago era tan tranquilo como el océano, aunque el agua parecía más oscura, como si hubiera tinta negra diluida en ella. Probablemente fuese obra del calamar gigante, pero en realidad no tenía ganas de averiguarlo. Cuando estuve a tres metros de profundidad sentí un cosquilleo en las piernas, que desaparecieron y fueron reemplazadas por una aleta de escamas negras y reflejos rojos. Recogí mi cabello en una trenza sencilla y me senté en una roca no lejana de la superficie. Con toda esa tranquilidad, la frescura del agua y la tenue luz me quedé dormida mientras esperaba que fuera hora de la prueba.
Desperté con el barullo de los estudiantes que charlaban, emocionados, ante la expectativa de que los cuatro campeones arriesgaran sus vidas por segunda vez para rescatar algo que les había sido robado. Y entonces recordé: "Nos hemos llevado lo que más valoras…" ¿De qué se trataba?
No tuve más tiempo de pensarlo porque la voz de Ludo Bagman interrumpió mis cavilaciones. Era tan fuerte que seguro que hasta el calamar gigante lo habría escuchado, y tienen muy mal oído…
—Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el silbato. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando cuente tres: uno... dos... ¡tres!
El silbato sonó y toda la escuela profirió gritos y vítores para animar a los campeones, a la par que yo nadaba a toda velocidad para esconderme entre la tupida maraña de algas a mis espaldas. Si los otros chicos me vieran así me metería en tantos problemas que hacerme limpiar el Tártaro con un cepillo de dientes no sería suficiente para que Zeus quede satisfecho con la condena.
Los campeones entraron al agua con denuedo, pero el frío pareció rezagarlos un poco. Fleur Delacour había usado el mismo hechizo que Cedric, pero Viktor Krum estaba intentando transformarse, aunque solo le salió a medias, luciendo una cabeza de tiburón y cuerpo de humano.
Comenzaron a dispersarse y de pronto apareció Potter. Le estaban creciendo unas agallas enormes a cada lado del cuello, justo bajo las orejas, membranas entre los dedos de las manos y los pies tomaban una forma de aletas.
Anduve siguiendo a Cedric desde las profundidades hasta que los grindylows comenzaron a acercarse demasiado, así que tuve que sacar de uno de los bolsillos de la túnica (que también había hechizado) el tridente que me había dado mi padre. Era bastante pesado, más de lo que recordaba, pero al menos mantendría a los diablillos a raya.
Repentinamente, luego de volver a centrar mi atención en Cedric, note que le hacía señas a dos figuritas un tanto lejanas, Fleur y Krum. Los tres comenzaron a nadar juntos, Cedric a la cabeza, luego Krum, con su hocico de tiburón y torso de hombre; y por último Fleur Delacour.
Pude escuchar cantos, las voces de las sirenas viajaban por el agua hacia mis oídos, esparciendo curiosidad. Me preguntaba qué clase de colonia vivía en el Lago Negro como para poder convivir con un calamar gigante, pues las sirenas marinas eran extremadamente celosas con sus dominios. Pero el grupo se desvió por completo, yendo en la dirección contraria a los cantos, internándose en una serie de gargantas muy angostas. Miré mi reloj, solo les quedaba media hora, y si seguían por ese camino les sería imposible regresar a tiempo.
Afortunadamente un tritón pasó nadando velozmente en la dirección correcta, tarareando la canción que había escuchado antes, y los campeones decidieron seguirlo. Se apresuraron para llegara tiempo, y aun así solo faltaban diez minutos antes de que acabara el plazo. Por fin apareció entre la multitud de algas una ciudad poblada de sirenas y tritones. Tenían la piel cetrina, y el cabello de un verde oscuro; sus aletas eran largas y de escamas plateadas, pero con la inusual forma heterocerca, de modo que lucía más como la de un tiburón que la de un delfín, como solía ser. Era una población muy rara y al parecer un tanto salvaje.
La ciudad constaba de una pintoresca plaza rodeada de numerosas casas de piedra tallada. En medio de la plaza había una enorme estatua que representaba una sirena, de cuya cola estaban atadas cuatro personas, al parecer inconscientes. Y allí estaba el joven Potter, tratando de liberar a Ron Weasley de las gruesas cuerdas. Cedric se adelantó a la par que sacaba del bolsillo la daga que yo le había dado y liberó a otro de los prisioneros: Cho Chang. Eso hizo que me diera un vuelco el corazón. Bueno, sí, era su novia, pero no pensé que fuera quien más le importaba.
El siguiente fue Krum, que liberó a Hermione Granger, pero Fleur no daba señales de vida. Tal vez se había separado del grupo.
Cuando Harry decidió que la chica no iba a aparecer a tiempo liberó a la última persona, una niña, que a juzgar por el cabello plateado era la hermanita de Fleur. Tomó a la niña de la cintura y a Ronald de la túnica y comenzó a ascender lenta y penosamente, mientras algunas sirenas nadaban a su alrededor, describiendo espirales en el agua. Logró llegar a la superficie justo a tiempo, recibiendo fuertes vítores de alegría desde las tribunas.
No pude enterarme de nada más hasta que todos se fueron al castillo, como a las cuatro de la tarde, y pude salir del lago sin riesgo a que me vieran.
¡Hola! Por fin pude actualizar :)
Espero que les haya gustado este nuevo capítulo y que no se olviden de comentar.
Muchos abrazos.
Mars