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Mi hermano, mi protegido — capítulo 2

La voz de Albus Dumbledore me sacó del ensueño. Yo iba en camino al Gran Comedor, pues ya era hora del banquete de bienvenida. Generalmente el banquete se hacía la noche en que los estudiantes llegaban a Hogwarts, pero ese año se había retrasado debido a..., bueno era un secreto.

-¿Cómo estás Jackelinne?- Me preguntó el profesor con una sonrisa.

-Muy bien señor, gracias -dije devolviendo el gesto.

-Disfruta del banquete, tenemos preparadas unas cuantas sorpresas -Dijo alejándose hacia el Gran Comedor.

¿Sorpresas? Un escalofrío me recorrió la espalda. Recordé la advertencia que me había mandado mi madre durante el verano. "*Mantén los ojos abiertos, peligros se acercan".*Supuse que se refería a lo que había pasado en el Campeonato de Quidditch, pero ahora tenía la sensación de que algo peor se me venía encima.

Me senté cerca de mi hermano, quien hablaba tranquilamente con sus amigos, sin sospechar de ningún peligro. Decidí relajarme un poco, pues de nada me servía preocuparme por algo que ni siquiera estaba segura si pasaría.

El profesor Dumbledore se puso en pie. Sonreía a los alumnos, con los brazos abiertos en señal de bienvenida.

—Tengo sólo dos palabras que decirles —dijo, y su profunda voz resonó en el Gran Comedor—: ¡A comer!

No fue más que terminar la frese y los platos se llenaron de comida con una pinta estupenda. 

Cuando hubiésemos terminado de cenar el profesor volvió a levantarse y todo el alumnado se calló de repente. El único ruido que perturbaba el silencio sepulcral era el silbido del viento y el golpeteo de la lluvia en las ventanas.

— ¡Bien! —dijo Dumbledore, sonriéndoles a todos—. Ahora que todos estamos bien comidos, debo una vez más rogar su atención mientras les comunico algunas noticias:

»El señor Filch, el conserje, me ha pedido que os comunique que la lista de objetos prohibidos en el castillo se ha visto incrementada este año con la inclusión de los yoyós gritadores, los discos voladores con colmillos y los bumeranes-porrazo. La lista completa comprende ya cuatrocientos treinta y siete artículos, según creo, y puede consultarse en la conserjería del señor Filch.

La boca de Dumbledore se crispó un poco en las comisuras. Luego prosiguió:

—Como cada año, quiero recordarles que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo.

»Es también mi doloroso deber informarles de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso.

Muchos de los chicos protestaron en voz baja, pero se vieron obligados a callarse. Dumbledore continuó:

—Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores... pero estoy seguro de que lo disfrutarán enormemente. Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts...

En ese momento la puerta del Gran Comedor se abrió con un estruendo. Un hombre envuelto en una capa negra intervino en la sala. Un rayo en el techo encantado lo acompañó por su travesía hasta la mesa de profesores, junto con las miradas expectantes de los estudiantes.

El hombre se aproximó a Dumbledore cojeando, y un segundo rayo iluminó su cara permitiéndome distinguir el rostro de OjolocoMoody.

Había conocido a ese hombre de expresión tosca y carácter fuerte muchos años atrás en una corte realizada para liberar a un mortífago de Azkaban. Obviamente no me había presentado con él, pero estoy segura de que su ojo mágico había notado mi presencia en la asamblea. Probablemente no me recordaba, y eso sería lo mejor.

—Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala—: el profesor Moody -solo Dumbledore y Hagrid aplaudieron dándole una bienvenida a Moody, pero se detuvieron enseguida.

Dumbledore volvió a aclararse la garganta.

—Como iba diciendo —siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Ojoloco Moody—, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informar que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los tres magos.

— ¡Se está quedando con nosotros! —dijo Fred Weasley en voz alta.

Repentinamente se quebró la tensión que se había apoderado del Gran Comedor desde la entrada de Moody. Casi todo el mundo se rió, y Dumbledore también, como apreciando la intervención de Fred.

—No me estoy quedando con nadie, señor Weasley —repuso—, aunque, hablando de quedarse con la gente, este verano me han contado un chiste buenísimo sobre un trol, una bruja y un leprechaun que entran en un bar...

La profesora McGonagall se aclaró ruidosamente la garganta.

—Eh... bueno, quizá no sea éste el momento más apropiado... No, es verdad —dijo Dumbledore—. ¿Dónde estaba?  ¡Ah, sí, el Torneo de los tres magos! Bien, algunos de ustedes seguramente no saben qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa.

»EI Torneo de los tres magos tuvo su origen hace unos setecientos años, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades... hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo.

  • ¡¿Muertes?! -susurré horrorizada. Miré a Cedric, quien sonreía con suficiencia. Yo no podía impedirle que arriesgara la vida por voluntad propia, pero haría todo lo que estuviera en mis manos para no intervenir directamente.

Esa noche no pude ni cerrar los ojos. Aunque no necesito dormir en realidad hubiera deseado hacerlo. estaba preocupada por mi hermano. Cuando Dumbledore nos dio aquel anuncio quedé paralizada. Sabía que Cedric querría participar. Tenía la edad y la valentía necesarias, pero no dejaba de ser un mortal bajo mi protección.

Allí me halló Chesire, llorando como no lo había hecho en varios años. Se sentó en mi regazo y me limpió las lágrimas.

-¿Todo en orden? -pregunté apartando la nostalgia.

-Sí, no vi nada extraño. En sí, es una escuela como cualquier otra.

-Bien, gracias.

-Aun te debo mucho... -y se durmió al instante.


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Mars