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Mi hermano, mi protegido — capítulo 21

Cuando me había alejado tan solo unos metros del bosque caí en la cuenta que era mi deber informar a Dumbledore del perímetro que se formaba alrededor de su escuela, pero probablemente estaría durmiendo, no obstante, debía asegurarme, así que me hice invisible y volé hacia su ventana.

Me asomé, tratando de no hacer ningún ruido, apoyando todo mi peso en una saliente de la ventana.

No se veía ninguna luz. El director estaba dormido o no estaba en su despacho, y como no me atreví a entrar, pensé en hablar con él más tarde, antes del desayuno.

Y así lo hice. Esperé a que fueran más o menos las siete para salir a buscar al director. Caminé (siendo invisible) por los pasillos de Hogwarts con cautela para que Filch no me pillara y me detuve frente a la gárgola de piedra que custodiaba la escalera hacia el despacho de Dumbledore. Fue entonces que me di cuenta que no tenía la contraseña, así que me asomé por la ventana, igual que lo había hecho más temprano, y allí estaba el director, paseando por su despacho.

Luego de hacerme visible, golpee el cristal para que advirtiera mi presencia. Él abrió la ventana como si nada, sonriendo afablemente, igual que siempre.

—Buen día, Jackelinne —dijo, dándome la mano para ayudarme a entrar.

—Buenos días, profesor. Le ruego me disculpe por tan inusual entrada, pero debía hablar con usted inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—Ayer se infiltró una arpía en el colegio, profesor.

—Eso no es posible, Jackelinne —replicó él—. Hogwarts cuenta con los más avanzados hechizos de protección contra el mal.

—Lo sé. Pero de alguna forma esa cosa logró entrar a la torre de Ravenclaw, y atacar a un estudiante. No se preocupe, él está bien.

Dumbledore se quedó callado un momento, meditando, mientras las pocas arrugas que había en su rostro se marcaban, formando surcos profundos, añadiendo los años ocultos.

—Entonces no puedo permitir que esto suceda otra vez —dijo al fin.

—No debe preocuparse por eso, señor, Zeus ya envió un escuadrón de esfinges para formar un perímetro alrededor del colegio. Me encargaré personalmente de que sus estudiantes estén a salvo.

—Espera un momento, antes de nada quiero que bebas una taza de té conmigo.

«¡¿Té?! ¿A quién se le ocurre sentarse a beber té en un momento como este?» decía una vocecita en mi cabeza. «No, él tiene razón. Es mejor pensar con cabeza fría»  respondió otra.

Finalmente me senté y le di un sorbito a la taza de té negro que Dumbledore me ofrecía.

—A ver, quiero  que me cuentes todo lo que no me has contado.

—¿Señor? —dije, preguntándome cómo sabía que yo no le contaba todo lo que ocurría.

—Si esta fuera la primera vez que ocurre algo no habrías venido aquí. Ahora, te ruego que me digas qué pasa dentro de mi escuela.

Entonces le conté todo. Todo lo que venía al caso, claro. Porque nada iba a importarle a Dumbledore saber que había robado un escréguto de cola explosiva para enviarlo de regalo a Hades, o que había besado a Dave…

En fin, cuando terminé él solamente asintió, me solicitó que le contara absolutamente todo lo que le concerniera y me pidió amablemente que fuera a desayunar.

Una parte de mí no pudo evitar pensar: «¡¿Un simple mortal que osa darle ordenes a una diosa?!», pero luego mi parte racional procesó la información como debía y reprimió toda pretensión de omnipotencia, así que sencillamente me encaminé al Gran Comedor.

En el desayuno pude hablar al fin con Cedric, y elogiarlo por ganar la segunda prueba.

Se veía contento, luciendo esa sonrisa que me tranquilizaba.


¡Hola! Por fin regresé.

Espero que les haya gustado este nuevo capítulo.

Tranquilos, volveré pronto con nuevo material.

Por fin decidí el final :D

Muchas gracias por leer.

Mars