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Mi hermano, mi protegido — capítulo 5

-Gracias por salvarme...-Esta bien, es mi trabajo -de repente noté que había hablado más de la cuenta- mira, no puedo decirte nada más, pero si quieres discutirlo con alguien, habla con Dumbledore, ¿sí?-Bien- dijo Harry ya más tranquilo--¿Estas bien?-Sí.Me alejé un par de pasos para que pudiera relajase y decidí ir por sus escoba. Estaba allí, detenida en el cielo, a cincuenta metros del suelo. Ya no se agitaba, pero aun vibraba levemente.-Esto lo tuvo que hacer un estudiante- le dije mientras volvíamos al castillo-  El hechizo no fue hecho correctamente, de ser así...- me quedé callada, no quería completar el "estarías muerto"- así que, solo pudo ser un estudiante o un adulto sin mucha experiencia.El chico no dijo nada más hasta que nos encontramos en el vestíbulo. -Gracias de nuevo.-No hay de que. Confío en que cumplas tu promesa, ¿eh, Potter? -le sonreí y me fui  mi dormitorio.El mes siguiente paso sin ningún inconveniente, claro, solo hasta el 30 de octubre. Todo el mundo estaba impaciente y ansioso. Esa tarde llegarían las otras escuelas.A eso de las seis de la tarde nos reunimos en la entrada del castillo. Todos tenían la impaciencia presente.-¿Cómo crees que llegarán? ¡Seguro es una entrada espectacular! -y otras osas por el estilo era lo que murmuraban los estudiantes.—¡Ajá! ¡Si no me equivoco, se acercan los representantes deBeauxbatons!—¿Por dónde? —preguntaron muchos con impaciencia, mirando endiferentes direcciones.—¡Por allí! —gritó uno de sexto, señalando hacia el bosque.Una cosa larga, mucho más larga que una escoba (y, de hecho, que cien escobas), se acercaba al castillo por el cielo azul oscuro, haciéndose cada vez más grande.—¡Es un dragón! —gritó uno de los de primero, perdiendo los estribos por completo.—No seas idiota... ¡es una casa voladora! —le dijo otro.Su suposición estaba más cerca de la realidad. Cuando la gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido casi rozándolas, y la luz que provenía del castillo la iluminó, vi que se trataba de un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamañode una casa grande, que volaba hacia nosotros tirado por una docena de caballos alados de color tostado pero con la crin y la cola blancas, cada uno del tamaño de un elefante. (Yo rogaba porque los caballos no me vieran. No quería otro espectáculo como el de aquel día en clase de cuidado de las criaturas mágicas)Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Entonces golpearon el suelo los cascos de los caballos, que eran más grandes que platos. Un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra, rebotando sobre las enormes ruedas, mientras los caballos sacudían su enorme cabeza y movían unos grandes ojos rojos.Un muchacho vestido con túnica de color azul pálido saltó del carruaje al suelo, hizo una inclinación, buscó con las manos durante un momento algo en el suelo del carruaje y desplegó una escalerilla dorada. Respetuosamente, retrocedió un paso. Entonces vi un zapato negro brillante, con tacón alto, que salía del interior del carruaje. Era un zapato del mismo tamaño que un trineo infantil. Al zapato le siguió, casi inmediatamente, una mujer enorme. Las dimensiones del carruaje y de los caballos quedaron inmediatamente explicadas. Algunos ahogaron un grito.Aquella mujer —que ahora observaba desde el pie de la escalerilla a la multitud, que a su vez la miraba atónita a ella— parecía aún más grande que Hagrid. Al dar unos pasos entró de lleno en la zona iluminada por la luz del vestíbulo, y ésta reveló un hermoso rostro de piel morena, unos ojos cristalinos grandes y negros, y una nariz afilada. Llevaba el pelo recogido por detrás, en la base del cuello, en un moño reluciente. Sus ropas eran de satén negro, y una multitud de cuentas de ópalo brillaban alrededor de la garganta y en sus gruesos dedos.Dumbledore comenzó a aplaudir. Nosotros, imitando al director, aplaudimos también, muchos de puntillas para ver mejor a la mujer.Sonriendo graciosamente, ella avanzó hacia Dumbledore y extendió una mano reluciente. Aunque Dumbledore era alto, apenas tuvo que inclinarse para besársela.—Mi querida Madame Maxime —dijo—, bienvenida a Hogwarts.—«Dumbledog» —repuso Madame Maxime, con una voz profunda—, «espego» que esté bien.—En excelente forma, gracias —respondió Dumbledore.—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido.Noté que unos doce alumnos, chicos y chicas, todos los cuales parecían hallarse cerca de los veinte años, habían salido del carruaje y se encontraban detrás de ella. Estaban tiritando, lo que no era nada extraño dado que las túnicas que llevaban parecían de seda fina, y ninguno de ellos tenía capa. Algunos se habían puesto bufandas o chales por la cabeza. Por lo que alcancé a distinguir (ya que los tapaba la enorme sombra proyectada por Madame Maxime), todos miraban el castillo de Hogwarts con aprensión.—¿Ha llegado ya «Kagkagov»? —preguntó Madame Maxime.—Se presentará de un momento a otro —aseguró Dumbledore—. ¿Prefieren esperar aquí para saludarlo o pasar a calentarse un poco?—Lo segundo, me «paguece» —respondió Madame Maxime—. «Pego» los caballos...—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado —declaró Dumbledore—, en cuanto vuelva de solucionar una pequeña dificultad que le ha surgido con alguna de sus otras... obligaciones.—Mis «cogceles guequieguen»... eh... una mano «podegosa» —dijo Madame Maxime, como si dudara que un simple profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas fuera capaz de hacer el trabajo—. Son muy «fuegtes»...—Le aseguro que Hagrid podrá hacerlo —dijo Dumbledore, sonriendo.—Muy bien —asintió Madame Maxime, haciendo una leve inclinación—. Y, «pog favog», dígale a ese «pgofesog Haggid» que estos caballos solamente beben whisky de malta «pugo».—Descuide —dijo Dumbledore, inclinándose a su vez.—Allons-y! —les dijo imperiosamente Madame Maxime a sus estudiantes, y los alumnos de Hogwarts se apartaron para dejarlos pasar y subir la escalinata de piedra.Un ruido misterioso, fuerte y extraño llegaba a ellos desde las tinieblas. Era un rumor amortiguado y un sonido de succión, como si una inmensa aspiradora pasara por el lecho de un río...—¡El lago! —gritó un chico de Griffindor, señalando hacia él—. ¡Miren el lago!Desde nuestra posición en lo alto de la ladera, desde la que se divisaban los terrenos del colegio, teníamos una buena perspectiva de la lisa superficie negra del agua. Y en aquellos momentos esta superficie no era lisa en absoluto. Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las embarradas orillas. Por último surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante...Del centro del remolino comenzó a salir muy despacio lo que parecía un asta negra, y luego vi las jarcias...—¡Es un mástil! —exclamó alguien.Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Producía una extraña impresión de cadáver, como si fuera un barco hundido y resucitado, y las pálidas luces que relucían en las portillas daban la impresión de ojos fantasmales. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oyeron la caída de un ancla arrojada al bajío y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla.A la luz de las portillas del barco, vimos las siluetas de la gente que desembarcaba. Todos ellos llevaban puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida. El que iba delante llevaba una piel de distinto tipo: lisa y plateada como su cabello.—¡Dumbledore! —gritó efusivamente mientras subía la ladera—. ¿Cómo estás, mi viejo compañero, cómo estás?—¡Estupendamente, gracias, profesor Karkarov! —respondió Dumbledore. Karkarov… Ese nombre me sonaba de algo, pero no estaba muy segura de qué.Karkarov tenía una voz pastosa y afectada. Cuando llegó a una zona bien iluminada, vieron que era alto y delgado como Dumbledore, pero llevaba corto el blanco cabello, y la perilla (que terminaba en un pequeño rizo) no ocultaba del todo el mentón poco pronunciado. Al llegar ante Dumbledore, le estrechó la mano.—El viejo Hogwarts —dijo, levantando la vista hacia el castillo y sonriendo. Tenía los dientes bastante amarillos, y pude observar que la sonrisa no incluía los ojos, que mantenían su expresión de astucia y frialdad—. Es estupendo estar aquí, es estupendo... Viktor, ve para allá, al calor... ¿No te importa, Dumbledore? Es que Viktor tiene un leve resfriado...Karkarov indicó por señas a uno de sus estudiantes que se adelantara.Cuando el muchacho pasó, vi su nariz, prominente y curva, y las espesas cejas negras. Para reconocer aquel perfil no necesité más de unos segundos.—¡Harry...! ¡Es Krum!- escuché a Ron Weasley mientras le daba un codazo a Harry.--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Hola! Cómo están?Espero que bien :)Lo siento si hay algún error, pues utilicé palabras textuales del libro.Gracias por leer.No olviden comentar.Mars