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Mi hermano, mi protegido — capítulo 7

Al bajar al vestíbulo, la mañana del sábado, vi a unas veinte personas agrupadas allí, algunas comiendo tostadas, y todas contemplando el cáliz de fuego. Lo habían colocado en el centro del vestíbulo, encima del taburete sobre el que se ponía el Sombrero Seleccionador. En el suelo, a su alrededor, una fina línea de color dorado formaba un círculo de tres metros de radio.Todos los alumnos de Durmstrang ya habían colocado sus nombres, incluso yo coloqué el mío a la media noche para que nadie notara que "alguien menor de 17 años"  había cruzado la raya de la edad y burlado al famosísimo Albus Dumbledore. (No me malentiendan, Dumbledore es un humano admirable)Escuché unas risas. Al volverme, vi a Fred, George y otro chico que no conocía que bajaban corriendo la escalera. Los tres parecían muy nerviosos.—Ya está —les dijo Fred a Harry, Ron y Hermione en tono triunfal—. Acabamos de tomárnosla.—¿Qué cosa? —preguntó Ron.—La poción envejecedora, cerebro de mosquito —respondió Fred.—Una gota cada uno —explicó George, frotándose las manos con júbilo—. Sólo necesitamos ser unos meses más viejos.—Si uno de nosotros gana, repartiremos el premio entre los tres —añadió aquel otro chico, con una amplia sonrisa.—No estoy muy convencida de que funcione, ¿saben? Seguro que Dumbledore ha pensado en eso —les advirtió Hermione.Ellos no hicieron caso.—¿Listos? —les dijo Fred a los otros dos, temblando de emoción—. Entonces, vamos. Yo voy primero...Observé cómo Fred se sacaba del bolsillo un pedazo de pergamino con las palabras: «Fred Weasley, Hogwarts.» Fred avanzó hasta el borde de la línea y se quedó allí, balanceándose sobre las puntas de los pies como un saltador de trampolín que se dispusiera a tirarse desde veinte metros de altura. Luego, observado por todos los que estaban en el vestíbulo, tomó aire y dio un paso para cruzar la línea.Durante una fracción de segundo, creí que el truco había funcionado. George, desde luego, también lo creyó, porque profirió un grito de triunfo y avanzó tras Fred. Pero al momento siguiente se oyó un chisporroteo, y ambos hermanos se vieron expulsados del círculo dorado como si los hubiera echado un invisible lanzador de peso. Cayeron al suelo de fría piedra a tres metros de distancia, haciéndose bastante daño, y para colmo sonó un «¡plin!» y a los dos les salió de repente la misma barba larga y blanca.En el vestíbulo, todos prorrumpieron en carcajadas. Incluso Fred y George se rieron al ponerse en pie y verse cada uno la barba del otro.—Se los advertí —dijo la voz profunda de alguien que parecía estar divirtiéndose, y todo el mundo se volvió para ver salir del Gran Comedor al profesor Dumbledore. Examinó a Fred y George con los ojos brillantes—. Les sugiero que vayan los dos a ver a la señora Pomfrey. Está atendiendo ya a la señorita Fawcett, de Ravenclaw, y al señor Summers, de Hufflepuff, que también decidieron envejecerse un poquito. Aunque tengo que decir que me gusta más su barba que la que les ha salido a ellos.El resto del día me la pasé deambulando por los alrededores del colegio. Tuve que ignorar varias miradas frías de otros estudiantes (seguía siendo el bicho raro de Hogwarts), pero una en especial me llamó la atención. Un chico de Slytherin me miró igual que a una mosquita muerta. Me pareció divertido en realidad. Me recordó la primera vez que alguien me había mirado de esa forma. Una de mis innumerables primas me había lanzado aquella mirada, desaprobando mi "confabulación con los hombres" como lo llamaba ella. Por favor, no se apresuren a pensar mal de mí. Aquella "confabulación con los hombres" no había sido más que una sonrisa que me sacó un chico en un baile hace ya muchos años. Pero, no nos desviemos del tema. Estuve pesando en qué hacer en caso de que Cedric saliera elegido campeón. Había hablado con él la noche anterior, pero se negó a escucharme, dijo que lo hacía bajo su propio riesgo, y que además, se habían esforzado para que el torneo fuera mucho más seguro.-Claro, como si dependiera de él -pensé.El banquete de Halloween me pareció mucho más largo de lo habitual. Quizá porque era su segundo banquete en dos días, no disfruté la insólita comida tanto como la habría disfrutado cualquier otro día. Como todos cuantos se encontraban en el Gran Comedor —a juzgar por los cuellos que se giraban continuamente, las expresiones de impaciencia, las piernas que se movían nerviosas y la gente que se levantaba para ver si Dumbledore ya había terminado de comer—, yo sólo deseaba que la cena terminara y anunciaran quiénes habían quedado seleccionados como campeones.Por fin, los platos de oro volvieron a su original estado inmaculado. Se produjo cierto alboroto en el salón, que se cortó casi instantáneamente cuando Dumbledore se puso en pie. Junto a él, el profesor Karkarov y Madame Maxime parecían tan tensos y expectantes como los demás. Ludo Bagman sonreía y guiñaba el ojo a varios estudiantes. El señor Crouch, en cambio, no parecía nada interesado, sino más bien aburrido.—Bien, el cáliz está casi preparado para tomar una decisión —anunció Dumbledore—. Según me parece, falta tan sólo un minuto. Cuando pronuncie el nombre de un campeón, le ruego que venga a esta parte del Gran Comedor, pase por la mesa de los profesores y entre en la sala de al lado —indicó la puerta que había detrás de su mesa—, donde recibirá las primeras instrucciones.Sacó la varita y ejecutó con ella un amplio movimiento en el aire. De inmediato se apagaron todas las velas salvo las que estaban dentro de las calabazas con forma de cara, y la estancia quedó casi a oscuras. No había nada en el Gran Comedor que brillara tanto como el cáliz de fuego, y el fulgor de las chispas y la blancura azulada de las llamas casi hacía daño a los ojos. Todo el mundo miraba, expectante. Algunos consultaban los relojes. De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un grito. Dumbledore cogió el trozo de pergamino y lo alejó tanto como le daba el brazo para poder leerlo a la luz de las llamas, que habían vuelto a adquirir un color blanco azulado.—El campeón de Durmstrang —leyó con voz alta y clara— será Viktor Krum.—¡Bravo, Viktor! —bramó Karkarov, tan fuerte que todo el mundo lo oyó incluso por encima de los aplausos—. ¡Sabía que serías tú!Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo. Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.—La campeona de Beauxbatons —dijo Dumbledore—es ¡Fleur Delacour!Cuando Fleur Delacour hubo desaparecido también por la puerta, volvió a hacerse el silencio, pero esta vez era un silencio tan tenso y lleno de emoción, que casi se palpaba. El siguiente sería el campeón de Hogwarts...Y el cáliz de fuego volvió a tornarse rojo; saltaron chispas, la lengua de fuego se alzó, y de su punta Dumbledore retiró un nuevo pedazo de pergamino.—El campeón de Hogwarts —anunció— es... -¡Cedric no, por favor, Cedric no!—¡Cedric Diggory!¡No! ¿Qué clase de broma insulsa era esa? ¿Por qué tenía que ser él, por qué mi hermano?El jaleo proveniente de mis compañeros de casa era demasiado estruendoso. Todos y cada uno de los alumnos de Hufflepuff se habían puesto de repente de pie (yo lo hice de muy mala gana), gritando y pataleando, mientras Cedric se abría camino entre ellos, con una amplia sonrisa, y marchaba hacia la sala que había tras la mesa de los profesores. Naturalmente, los aplausos dedicados a Cedric se prolongaron tanto que Dumbledore tuvo que esperar un buen rato para poder volver a dirigirse a la concurrencia.No quiero parecer amargada, ni nada por el estilo. Estaba feliz por él: Había sido catalogado como alguien muy valiente, digno de participar en un torneo ancestral, pero era su vida la que estaba en riesgo.—¡Estupendo! —dijo Dumbledore en voz alta y muy contento cuando se apagaron los últimos aplausos—. Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, daréis a susrespectivos campeones todo el apoyo que podáis. Al animarlos, todos vosotros contribuiréis de forma muy significativa a...Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido.El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino. Dumbledore alargó la mano y lo cogió. Lo extendió y miró el nombre que había escrito en él. Hubo una larga pausa, durante la cual Dumbledore contempló el trozo de pergamino que tenía en las manos, mientras el resto de la sala lo observaba. Finalmente, Dumbledore se aclaró la garganta y leyó en voz alta:—Harry Potter.--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------¡Hola! ¿Cómo están?Espero que les haya gustado este capitulo. :)No olviden comentar y darme su opinión.Un saludo.MarsPD: Un especial agradecimiento a aymeepottercullen :)