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Sulpicia, la esposa de Aro Volturi maltratada por su marido. — capítulo 3

Decidí dejar todo como estaba, si bien esa visita me molestó no se volvió a repetir, pero Aro pasaba al teléfono, así que decidí revisar su teléfono… Caius, Jane… no había ningún contacto fuera de lo común, seguramente se precipitó a borrar las llamadas, así que decidí averiguar todo siguiéndolo.                                                                                                                                                                                        -No quiero seguirlos…- me dijo Athenodora, pues la arrastré a que me acompañara, esto también la involucraba a ella -… ¡Me meterás en problemas, Sulpicia!-                                                                                                                -¡Cállate y ven!- dije mirando por la ventana, ya estaban saliendo, afuera los estaban esperando el hombre alto, la chica de vestido rojo y cabello ondulado y la chica de cabello liso, que esta vez estaba usando un escandaloso traje y alas de gárgola ¿¡Qué se creía?!, seguramente era una mujerzuela, cuando bajé les perdí el rastro, pero hacía un horrible calor ahí.                                                                                                                        Aro me trajo una rosa roja cuando volvió, ¿Una rosa?, quizás sabía que yo estaba espiándolo, no podía dejar que él supiera mis celos, o quizás estaba arrepentido de la distancia, como sea, Athenodora me lo sacó en cara, ella no se preocupaba, pero rosas o no rosas las cosas seguían en la distancia y el misterio, las visitas seguían y yo no podía reconocer la cara de la escandalosa chica, por cada vez que la veía, Aro me traía una rosa.  

Me he vuelto un dolor sin rumbo**vagabundo en la neblina espesa de lo incierto en un concierto de una orquesta de callados instrumentos ya no encuentro el calido fulgor de tu mirada todo es nadaespuma disuelta en mi playa de olvidoya mi nido es un frio lecho de ausencias incontables y detestables las soledades que me encierran en vacío es tan frío el frío