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Sulpicia Volturi... y su Cáncer — capítulo 5

De vampiro rey a Maestro de secundaria.

 Entonces sentí su aroma de nuevo, ella estaba con sus amigas en un corredor dirigiéndose a un rincón remoto, ¡sería más fácil matarla!, entonces vi que sus dos amigas tenían a una pobre chica frente a ella, entonces otra vez me pareció verle los ojos rojos, pero entonces parece que una de ellas me vio, me escondí y cuando me aventuré a ver, solo estaba la chica atrapada tirada en el suelo, ¿dónde se había ido esa escurridiza?, sonó el timbre y un señor me vio.                                                                          -¿Usted es el nuevo maestro de Historia?- preguntó ese hombre -No hay tiempo que perder, le toca con el tercero medio-                                

Me llevó a una sala dónde estaban unos simios locos, ¡oh, sorpresa!, eran los estudiantes. Entre la multitud enloquecida vi a la chica que estaba con sus amigas en la última fila limándose las uñas, al saludar, me vio y me identificó.                                                                                                           Pasé la lista para ver cuál era su nombre, en recreo la mataría, entonces supe -Alexandria Romanóv-       -Aquí- dijo ella, estaba con sus admiradores rodeándola, después cuando sonó el recreo ella no salió, estaba sentada en su estúpida silla, ¡me facilitaba todo!.                                                                 -Señorita Romanóv- murmuré acercándome, ya podía sentir su sangre en mi garganta.                                                                                                                                          -¿Qué eres, una especie de sicópata Pervertido o qué?- me dijo sin dejar de escribir.                                                                                                                                                      -¡Di  tus últimas palabras!- le dije sonriendo.-¿Qué son las personas si le quitas su alma?- me preguntó y quedé desconcertado.-Las personas no pueden vivir sin su alma- dije.Ella se puso a reír -¡Te equivocas; son Pablo Jonhson!- me dijo y se fue.Pablo Jonhson era un chico que entró a la sala a la vuelta del recreo, estaba babeando, tenía los ojos chicos y grises con la mirada perdida como un zombie.