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Historia 128285 — capítulo 1

La capucha que me envuelve la cabeza para no poder ver, huele a sangre y hace que me cueste respirar. Los dos hombres que me arrastran, uno por cada brazo, me hincan las uñas al sujetarme, pero tengo que ser fuerte, tengo que soportarlo. Finalmente me arrojan de golpe al suelo, oigo sus pasos que se alejan de mí y una puerta cerrarse con un portazo. ¿Dónde estoy? No puedo quitarme la capucha, tengo las manos atadas a la espalda. Pero comienzo a oír unos pasos acercarse a mí, no, no llegan a ser pasos, es como un arrastre, el arrastre de una serpiente. El sonido se frena justo en frente mío. De repente, alguien tira de la capucha de mi cabeza, quitándomela y estirándome del cabello a la misma vez. Yo le miro con mi cara más indignada, más asesina, pero al verlo todo en mi interior se desordena, se descompone, no puede ser él… Al mirarme una sonrisa perversa cruza su cara, si es que eso es una cara. Mi amor, mi chico, mi hombre, no puede ser él…

-Veo que el tiempo te ha tratado bien, aunque es una lástima que mis hombres te hayan echo todos esos arañazos en la cara, le pedí que no fuesen muy malos contigo.- Dice una voz burlona, esa no es su voz, esa voz arrastra las palabras, es ronca, es vacía…- Aunque claro, no es el tiempo el que te trata bien, sino, que tú no envejeces, eres inmortal, es tu alma, mejor dicho, mi alma, tú me perteneces ¿Recuerdas?

-No. Yo no soy tuya.

-¿Acaso no recuerdas tu juramento?

-Ese juramento se lo hice a Tom, no a ti.- El "hombre", si es que puede llamarse así, suelta una carcajada que hace que se me pongan los pelos de punta. De repente para en seco de reírse, me mira fijamente y grita.

-Crucio.- El hechizo hace que mi maltrecho cuerpo por las palizas, se eleve del suelo, caiga a unos metros y siento como las entrañas se me desgarran, pero no grito, no suelto ni un solo grito, no le daré ese placer.

-Mátame y acaba con esto.- Digo en un hilo de voz.

  • ¿Y hacerte un favor? Eso ni hablar mi ángel. Siempre supe que tenías algo especial, algo paranormal. Pero cuando me lo confesaste perdí la cabeza por ti.- Dice acercándose y pinchándome con su varita en la mejilla.- Yo soy Tom Marvolo Riddle, pero ahora soy más fuerte, mejor, soy poderoso.

-Te equivocas, tú solo eres su sombra. Vuelve a encerrarme un año entero como has hecho, hazlo cien años si lo deseas, da igual, soy inmortal, soy un ángel negro, pero tú acabaras muriendo.- Le digo todo lo duramente que puedo. Y es cierto, engañé a todo Hogwarts haciéndome pasar por una alumna normal, cuando en realidad soy una criatura ficticia, soy un ángel negro, o lo que es lo mismo… Una asesina, pero yo no soy cruel, quería ser normal, quería ser buena, pero tuve un fallo, un fallo que va a echarlo todo por tierra, conté mi secreto, a un solo chico, al chico al que amaba, y ahora él va a utilizarme a su favor, al favor del mal.

-En eso te equivocas, mi querido ángel, yo también soy inmortal. ¿Cómo? Te preguntarás, pues con horrocruxes, gracias a ellos tendrás que aguantar una tortura eterna, serás mía eternamente, mi ángel.

No, por favor, todo menos eso, todos menos la tortura del hombre al que amé, ¿Porqué tuve que hacerle todos esos juramentos, por qué? Por entonces él era distinto, era cálido, siempre ha sido cruel, pero entonces había algo de amor en su corazón, amor por mí.

Voldemort me arrastra de la chaqueta harapienta por toda la habitación, hasta llegar frente a la ventana, entonces, descorre las cortinas, la oscuridad de la noche me envuelve, esta noche es luna nueva, esta noche no hay luna, esta noche… es mi noche. Empiezo a sentir un escozor en la espalda, insoportable, horrible, a los pocos segundos me doy cuenta que estoy gritando de dolor, la piel de mi espalda se rompe, al igual que el músculo, y de mi espalda nacen dos nuevos brazos, que rasgan toda la ropa hasta salir al exterior, pero no son brazos, pronto se extienden y se convierten en alas, dos enormes alas negras. Voldemort sonríe cruelmente y con autosuficiencia. Todas las noches de luna nueva, el ángel negro se transforma si sale al exterior.

-¿Por qué haces esto?- Le digo.

-Por honor y por venganza.- Me contesta.- Estarás encerrada unas semanas más, después lucharas en la guerra en mi bando cuando te lo ordene, ¿Entendido?

-¿Quieres que mate a unos niños e inocentes?- No podría hacerlo, no quiero hacerlo.

-Vas a matar a unos traidores. No es lo mismo. Además, por mucho que te empeñes eres una criatura hija del cielo y la guerra, has nacido para luchar.

-¿Por qué quieres una guerra?

-Mi querida Eluney, quiero el mundo, quiero exterminar los muggles, quiero hacer del mundo un lugar mejor.- La idea de Voldemort es perversa. No puedo creer en lo que se ha convertido…

-¡Entrad!- Grita Voldemort de repente y dos hombres muy corpulentos entran por la puerta, me colocan la capucha y me vuelven a arrastrar, pero esta vez no a esa oscura y apestosa celda en las mazmorras, sino que me arrastran a una habitación, un gran dormitorio con todas las comodidades lujosas que puede tener una dama, yo voy al baño y me miro al espejo, todo mi pelo esta enmarañado, mi cara amoratada y llena de arañazos, al igual que todo mi cuerpo. En estos momentos tengo mi aspecto real, el de una mujer de unos cuarenta años, pero me transformo y al segundo siguiente, ya no esta la misma mujer frente al espejo, sino, que hay una chica, adolescente, joven… vuelvo a tener 17 años… Los ángeles negros pueden elegir la edad que quieren que su cuerpo aparente, esta es la edad que tenía cuando amaba a Voldemort, y si quiere que luche de su bando, tendrá que soportar verme con esta edad, la edad que tenía cuando él me amaba.

Mis alas, las que tengo a la espalda se sacuden, hace tiempo que no las sentía, ¿Cuánto tiempo he estado encerrada? Todos mis recuerdos reviven en mi mente, mis recuerdos con Tom, la ira comienza a correr por mis venas y estampo mi puño en el espejo, que salta en una lluvia de trocitos que me duchan y se desperdigan por todo el aseo.

Flash back…