Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 129638 · de

Historia 129638 — capítulo 7

Seducción a medianoche

Capítulo 7

Apartándola del árbol, los hizo girar a ambos con la intención de que fuera su propia espalda la que se apoyara contra el áspero tronco. Abriendo las piernas, la coloco entre sus muslos, un lugar donde ella encajo tan perfectamente que parecía que hubiera sido moldeada exclusivamente para él. Deslizo las manos por la espalda, acercándola más, y entonces inclino la cabeza.

Rozo los labios de ella con los suyos un par de veces, obligándose a explorar con suavidad lo que la última vez había saqueado. Le paso la lengua por los labios abiertos, absorbiendo sus suspiros. Conteniendo la urgencia que lo inundaba, profundizo el beso con lentitud, paladeando con la lengua su dulce sabor femenino. Ella le paso los brazos por los hombros, y pareció que simplemente se fundía con él, derritiéndose en el infierno que ardía en el interior de Harry.

Hermione se retorció contra él, y su erección dio un respingo, abriendo una brecha en el control que creía haber reforzado tan solo unos segundos antes. Harry impulso las caderas hacia delante, incapaz de contener el movimiento, algo que lo irrito y lo alarmo. Maldita sea, ¿Qué demonios le estaba ocurriendo? ¿Qué le estaba haciendo esa mujer?

Agarrándola por los hombros, la aparto con firmeza, luego la soltó como si se hubiera convertido en una tea ardiente. Una tea que él había encendido.

-Suficiente -le dijo él con una voz áspera que no reconoció.

Ella se balanceo sobre sus pies, y él se aparto un par de pasos para no verse tentado a sostenerla otra vez, como si fuera una araña atrayéndolo a una trampa mortífera.

La miro con los ojos entrecerrados.

-No sé qué clase de juego traes entre manos, princesa, pero te aseguro que es uno que no quieres jugar conmigo.

Ella lo miro fijamente a los ojos durante varios segundos, y el pudo observar como poco a poco volvía a la realidad. Rodeándose la cintura con los brazos, alzo la barbilla en un gesto altivo. El inconfundible dolor de aquellos ojos azules habría hecho desaparecer su irritación de haber querido. Pero era más sabio seguir enojado. Con ella, por llegar allí y tentarle con su belleza incomparable, con su dulce perfume y unos besos que lo dejaban sin sentido. Y con el por permitírselo.

-No estaba jugando -dijo ella con voz queda, y luego agrego-: y no soy una princesa.

Sin decir nada mas, Hermione se dio vuelta y se marcho. Manteniéndose en las sombras, la siguió en silencio, pues su irritante conciencia insistía en que se asegurara de que ella llegaba a salvo a la casa, Hermione camino a paso vivo y sin dejar de mirar a su alrededor, claramente nerviosa. Harry se sintió tentado a revelar su presencia pero se contuvo. No lo haría mientras siguieran estando solos en la oscuridad.

Cuando ella alcanzo las escaleras de la terraza, el se sintió lo suficientemente seguro para hablar.

-Visitare a su padre mañana para investigar lo que me ha contado sobre el fantasma -dijo él suavemente desde las sombras-. Le sugiero que previamente le informe sobre los hechos que me ha contado a mí.

Ella tenso la espalda y permaneció inmóvil durante varios segundos. Luego, sin una palabra ni una mirada atrás, subió apresuradamente las escaleras de piedra y entro en el salón.

O0O0O0O0O

-Oh, vaya mañana mas enrevesada tejemos con nuestras mentiras -mascullo Hermione para sí misma mientras paseaba de un lado a otro de la habitación la mañana del día siguiente.

Unos rayos pálidos se filtraban por la ventana, las sombras malvas previas al amanecer daban paso a un nuevo día. Pero la leve iluminación no hacía nada para aliviar su preocupación-. Está claro que sir Walter Scott era mucho más listo que yo cuando escribió esas sabias palabras.

De hecho, si ella hubiera invertido su tiempo en releer Marmionen vez de dedicarlo a leer los libros escandalosos como El fantasma de Devonshire Manor, sus pensamientos no habrían estado llenos de fantasmas sensuales que cimentaba sus fantasías, impulsándola a escapar de las fiestas en la obscuridad para perseguir a un detective de Bow Street que…

La había besado.

Los recuerdos la inundaron, deteniendo su nervioso pasea. Y como la había besado. Santo Dios, la había besado hasta que ella se había olvidado del frio. De lo impropio de sus acciones.

De decir la verdad.

Se había olvidado de todo, excepto de él.

Ni siquiera la fría humillación que sufrió luego enfrió el ardor de ese beso. Jamás olvidaría el maravilloso descubrimiento del sabor de Harry. Ni como su olor y su calor la habían envuelto como una cálida manta. La intima presión de su cuerpo duro contra el de ella. De hecho, debería agradecer la humillación que había recibido, pues gracias a ella se había contenido lo suficiente para no aferrarse a él como una hiedra y rogarle que jamás se detuviera. De implorarle que la tocara. Por todas partes. De dejarse llevar por su propio y abrumador deseo de tocarle. Por todas partes.

Aunque no se avergonzaba de su comportamiento, sin duda había conseguido meterse en una situación inaceptable. Se había pasado la noche dándole vueltas al asunto, caminado de un lado a otro, intentando encontrar la manera de evitar el desastre de proporciones épicas que se cernía sobre el horizonte. Pero como una araña atrapada en su propia red, cada idea terminaba con otro nudo mas a la maraña de engaños que había creado. Todas las ideas menos una. La única amera de librarse de todo aquello era contándole la verdad a Harry.

Tenía que verla antes de que hablara con su padre, y admitir que le había mentido. Pues la otra opción era mentirle a su padre y contarle la misma historia que le había dicho a Harry. Se encogió de miedo desoló pensarlo. Conocía muy bien a su padre, y sabía mejor que nadie cual sería su reacción. Sin pruebas, él descartaría fríamente sus afirmaciones, y le diría, como solía hacer muy a menudo, que era una chica tonta y ridícula que no sabía nada, y que debería concentrarse en hacer la única cosa para la que valía: permanecer elegantemente sentada en el sofá.

Por supuesto, si su padre hablase con Harry, le daría a conocer su opinión. Y dios sabía que el detective ya la tenía en muy poca estima. Permitir que su padre confirmara su absoluta inutilidad ante el único hombre que deseaba que la apreciara seria una humillación que no estaba segura de poder soportar.

Por supuesto la idea de decirle a Harry la verdad, que le había seguido al jardín con la esperanza de verle, de hablar con él, la avergonzaba lo suficiente para revolverle el estomago. El detective pensaría que era una tonta redomada y se le quitarían las ganas de volver a hablar con ella de nuevo. Y no podría culparle. Pero al menos seria una tonta redomada honesta. Y dado que nunca podría haber una relación entre ellos, sería lo mejor. Siempre podría recordar aquel beso inolvidable. La aventura más maravillosa que hubiera tenido nunca.

La vocecilla de su interior matizo al instante:es la única aventura que has tenido nunca.

Frunció los labios. Vale. Era su única aventura. Pero qué aventura había sido. Y quizá, solo quizá, Harry no la odiaría después de que le dijera la verdad. Quizá se sentiría halagado y admirado por su honradez y entonces ellos podrían ser…

Corto el pensamiento de raíz con una violenta sacudida de cabeza. ¿Podrían ser qué? ¿Amigos? Lo dudaba. Aparte de que sus padres prohibirían tal amistad con un hombre al que solo verían como un don nadie mal educado y vulgar, ¿por qué iba a querer Harry ser amigo de una mujer a la que consideraba solo una princesita tonta y mimada?

Por supuesto, tampoco podrían ser nada más. Ni mucho menos reunirse en los oscuros jardines para robarse un beso de vez en cuando. Tenía suerte de que nadie los hubiera visto la noche anterior. Su madre había notado su ausencia en la fiesta y la había reprendido con dureza incluso después de que ella le hubiera dado la excusa de que se había sentido indispuesta y que únicamente había buscado una estancia vacía en la que descansar unos minutos. No, encontrarse de nuevo a solas con Harry sería demasiado tentador. Una cosa era desearle en la intimidad de sus pensamientos, donde no eran amigos, sino amantes. Y otra intentar controlar sus deseos cuando estaba con él. Lo suficientemente cerca para tocarse. En especial ahora, que sabía cómo sabia. Como besaba. Como la hacía sentir.

Respirando hondo, salió de su dormitorio con aire resuelto. Primero se obligaría a desayunar algo y luego se sentaría junto a la ventana de la salita soleada desde donde vería a Harry llegar a la casa. Le diría la verdad y todo el engaño habría acabado. Y entonces enterraría en lo más hondo de su corazón el recuerdo de aquel beso ardiente.

Cuando Hermione se acerco al comedor, aminoro los pasos y frunció el seño ante el sonido apagado de las voces de sus padres en el interior. Maldición. Su madre rara vez se levantaba tan pronto, y su padre solía pedir que le llevaran el desayuno en una bandeja a su estudio privado en esas ocasiones en que su madre desayunaba temprano. Era tan inusual que ambos desayunaran juntos, que le pico la curiosidad, sobre todo cuando oyó mencionar su nombre.

Manteniéndose fuera de la vista, se acerco a la puerta de roble que estaba ligeramente entreabierta.

-… no visitaran Finnigan, Thomas, Mc Laggen y Krum-decía la ronca voz de su padre.

-¿Y Riddle? -pregunto su madre.

-Con él hablé anoche. Tiene previsto venir también. Probablemente se cruzara con algunos de los otros.

-Excelente. Es bueno que sean conscientes de la competencia. Pero por supuesto, le dirás a Riddle que es tu favorito.

Hermione contuvo el aliento, aguardando la respuesta de su padre. Cuando esta llego, se apretó el estomago con fuerza.

-Naturalmente -dijo du padre-. Las propiedades y la influencia del duque son mucho más vastas que las de los demás. Si podemos llegar a un acuerdo, el matrimonio se llevara a cabo con mucha rapidez.

-No podrá ser antes de unos meses. Hay que planificar la boda, mandar las amonestaciones…

-Riddle hizo mención de una licencia especial. Me dijo que no tiene ni tiempo ni deseos de prolongar el asunto. Quiere regresar a Cornualles, ya casado, dentro de dos semanas. Sabré más después de nuestra reunión de hoy, pero sería mejor que te prepararas para hacer lo que sea que hacen las mujeres en tales circunstancias. Encargar el vestido de novia, etcétera. Y que sea todo muy rápido.

El tintineo de la cubertería de plata contra la porcelana china, seguido por el sonido de una silla deslizándose por el suelo saco a Hermione del estado conmocionado en el que había caído, impulsándola a moverse. Atravesó el pasillo a toda velocidad y se metió en una pequeña hornacina del fondo justo cuando su padre salía del comedor. Encogiéndose entre las sombras, deseo volverse invisible. Oyó las firmes zancadas de su padre. Segundos más tarde escuchó que una puerta se cerraba firmemente, lo que indicaba que su padre había entrado en su estudio privado, como solía hacer después del desayuno.

Durante un buen rato, Hermione permaneció paralizada en el lugar, sintiendo como las palabras de su padre le resonaban en los oídos como si fuera un toque de difuntos. Se apretó las manos contra el estomago, pero la presión no hizo nada para clamar su tumulto interior.

Santo Dios, era pero de lo que había pensado. Si todo salía como su padre había planeado, se encontraría casada con el duque y camino hacia los salvajes paramos de Cornualles en el plazo de so semanas.

Un grito mudo resonó en sus entrañas, que se le retorcían en protesta. Sin embargo, no debería estar tan alterada, ni sufrir una reacción tan violenta, pues la noticia no la pillaba desprevenida. Siempre había sabido que llegaría el momento en que elegirían un marido para ella.

Sí, pero no había sabido que sería tan pronto. Ni que encontraría a su futuro esposo tan poco atractivo. Ni que se vería forzada a vivir en Cornualles, tan lejos de sus queridas amigas y de todo lo que conocía.

Con calma, intento razonar consigo misma antes de que el pánico amenazara con ahogarla.

¿Qué importaba si su boda tenía lugar en dos semanas o en dos meses? Por otro lado, su señoría, dadas su posición y riqueza, era uno de los solteros más cotizados del reino. Y aunque había dejado atrás su primera juventud, estaba mucho menos decrepito que la mayoría de los hombres de su rango. En cuanto a su conducta severa y fría, quizás una esposa joven podría mejorarle el humor. Seria duquesa. Lo mejor de la sociedad. Señora de una hacienda magnifica. Debería estar eufórica.

Pero el solo pensamiento de comprometerse de por vida al duque, de ser du esposa, en cuerpo y alma… cerró los ojos con fuerza y se apretó todavía más el estómago. Pensar en que la tocaría, la besaría, en que compartieran intimidades con él, hizo que se estremeciera de pies a cabeza. Cuando la había guiado durante el vals la noche anterior, ella no había experimentado ni la más leve chispa de deseo. Algo que era más dolorosamente patente tras el apasionado interludio con Harry.

Y en cuanto a pensar en casarse con cualquiera de los otros pretendientes que la visitarían ese día la dejaba igual de desolada y vacía. Ninguno de ellos era la clase de hombre que ella anhelaba, no solo porque no los encontraba atractivos, sino porque ninguno de ellos sentía el menor interés en ella. Solo por su dinero. Por eso y porque parecía un bonito adorno sentada en un sofá.

Podía ver como su vida como duquesa de Riddle se extendía ante ella… años y años de solitaria existencia con un marido desapasionado, frio e indiferente. No viviría mas aventuras, ni sorpresas, ni excitación, solo un día solitario tras otro.

Una imagen de Harry le inundo la mente, y tuvo que apretar los labios para reprimir el grito dedeseo que se le formo en la garganta. Una letanía de <> le pasó veloz por la cabeza. ¿Y si Harry fuera un noble? ¿Ysi ella no fuera hija de un conde? ¿Y si fuera libre de seguir los dictados de su corazón? ¿Y si fuera lo suficientemente valiente para tomar lo que quería, de tener el tipo de aventura que deseaba? No era tan tonta como para creer que le importaba algo a Harry, pero sabía que él tampoco era inmune a ella, al menos físicamente. Y no cabía duda de que ella se sentía dolorosamente atraída por él. Como nunca se había sentido atraída por otro hombre. Y jamás podría describirlo como aburrido. No estaba corrompido por el cínico hastió de los caballeros de la aristocracia. Y aunque no fuera un noble, ella sabía, en su corazón, que era un hombre noble.

Se forzó a abrir los ojos y respiro hondo varias veces para tranquilizarse. Su futuro quedaría sellado al final del día o poco después, y el duque Riddle se cernía sobre el horizonte como una nube sombría, helada y oscura. El escaso tiempo que le quedaba la urgía, la impelía, a hacer algo. A tomar medidas. A aferrarse a la poca felicidad que tendría antes de verse aprisionada por unos votos inquebrantables y una existencia vacía.

¿Pero cómo? ¿Qué podría hacer? Soltó una risa carente de humor. Ojala por lo menos tuviera un amante fantasma como Maxwell de El fantasma de Devonshire Manor para ayudarla. Él había ayudado a lady Elaine de muchas maneras, dentro y fuera del dormitorio.

Se quedo inmóvil, paralizada, ante la idea que comenzaba a formársele en la mente. Sacudió la cabeza, intentando olvidar aquel pensamiento indefinido, pero este se negó a desaparecer. Más bien echó raíces y creció de una manera alarmante. Lo consideró con cuidado durante varios minutos, frunciendo el ceño incluso cuando la finalidad y la excitación la atravesaron. El plan era tan escándalos y osado que incluso Pansy sería incapaz de llevarlo a cabo. Requeriría más coraje del que Hermione había poseído en toda su vida, pues arriesgaría mucho. De hecho, lo arriesgaría todo.

Pero si no lo hago, no tendré nada.

Ningún recuerdo que atesorar en los largos y solitarios años que tenía por delante. Nada salvo aquellos instantes que había pasado con Harry la noche anterior. Y eso no iba a ser suficiente. Necesitaba más. Quería… no, deseaba ardientemente mucho más.

Durante años había envidiado el atrevimiento de Pansy. El ingenio de Luna. La tranquila determinación de Ginny. Y ahora era su oportunidad. Si sólo le quedaban dos semanas de libertad, no podía desperdiciar un solo día.

Su buen juicio y su conciencia le advirtieron a gritos, pero los acallo con una fuerza que no había sabido que poseía. Después de todo, ¿qué importancia tenían unas cuantas mentiras más?

Después de repasar su plan mentalmente una vez más hasta que todas las piezas encajaron en su lugar, inspiro hondo y salió de la hornacina. Luego se encamino hacia el estudio de su padre.

Continuara…

O0O0O0O0O

N/A: Primero que nada agradezco los comentarios que me han dejado, ya que estos me incitan a seguir subiendo este historiay quisiera saber que opinan acerca de subir mi primer fic propio con la pareja HHr por supuesto aquí les dejo el resumen y según la respuesta que tenga me decidiré si subirlo o no ya que últimamente he tenido muchas ocupaciones, sin más nos vemos en sig cap n.n

Harry Potter y La Maldición de Anteros

Queriendo olvidar el gran amor que siente por Harry,Hermione invoca a Anteros un dios griego que le ofrece la oportunidad de hacer a un lado esos sentimientos, sin embrago una vez que lo haya hecho ya no habrá vuelta atrás.

Ahora Harry deberá enfrentarse a los dioses del Olimpo si quiere recuperar el amor de Hermione.