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Historia 129638 — capítulo 4

Seducción a medianoche

Capítulo 4

-Sera mejor que regresemos a la fiesta.

Las palabras atravesaron la neblina que lo había engullido. Cerró la puerta con rapidez y se quedo paralizado al oír el clic que esta produjo. Un sonido suave y apenas audible que, sin embargo, pareció resonar en las paredes.

¿Lo habrían oído dentro?

-¿Habéis oído eso? -era la voz de lady Hermione.

Maldijo a todos los demonios del infierno y dio un paso atrás. Recriminándose por su poca habitual imprudencia, busco una vía de escape. La segunda puerta estaba fuera de consideración por el duque y lady Lestrange, y la primera quedaba muy lejos, así que se dirigió a la cuarta y la abrió con rapidez. Justo cuando la cerraba a sus espaldas, procurando por todos los medios no volver a cometer el mismo error, oyó que se abría la tercera puerta.

Escudriño la cámara de una ojeada, aliviado de encontrarla vacía. Era otra salita. Santo cielo, pero ¿Cuántas habitaciones necesitan esos aristócratas? Un cuerpo solo tenía un trasero que acomodar en una silla.

Respiro hondo y se apoyo en la hoja de roble. Había escapado por los pelos. Por supuesto, dado el carácter de su misión, estaba en su perfecto derecho de deambular por los pasillos y asomarse por las estancias. Pero aun así, no deseaba ser descubierto escuchando a hurtadillas por una rendija de la puerta a lady Hermione y sus amigas. Hubiera sido una maldita humillación, un insulto para sus habilidades de detective de Bow Street, ser descubierto de una manera tan bochornosa. Y para colmo hubiera tenido que conversar con lady Hermione sin haberse preparado previamente para ello. Sobre todo si tenía en cuenta que las primeras palabras que se le venían a la mente cada vez que pensaba en ella era te deseo.

Y maldita sea, parecía como si estuviera pensando en ella todo el rato. En ese momento oyó un sonido en el pasillo. Apretó la oreja contra la puerta y oyó el leve susurro de los vestidos. En cuanto el sonido se desvaneció, se asomo a hurtadillas al corredor. Lady Hermione y sus amigas acababan de doblar la esquina, de regreso a la fiesta. Bien. Se había preguntado qué era lo que ella estaba tramando y ahora lo sabía. Ya podía centrarse en lo importante: descubrir la identidad del ladrón y asesino fantasma. Excelente.

Después de descartar la idea de regresar a la fiesta tras el grupito de lady Hermione, para no arriesgarse a que pareciera que las había seguido, decidió revisar las ventanas de nuevo para asegurarse de que seguían cerradas. La experiencia le había enseñado que uno nunca pecaba de ser demasiado cauto. Pero incluso mientras realizaba aquella sencilla tarea, lady Hermione seguía ocupando sus pensamientos. Como había hecho desde el primer momento en que la había visto hacia ya dos meses. Un día que el maldeciría hasta su último aliento.

Aquella maldita mujer no era sino una pura distracción. Por dios, era culpa de ella que casi le hubieran pillado. Era culpa de ella que él se hubiera sentido impelido a seguirla. Incluso era culpa de ella que el supiera que se había escabullida de la fiesta. Mientras recorría el salón con la mirada, observando con detenimiento la estancia, buscando cualquier actividad que pudiera resultar sospechosa, sus ojos habían sido atraídos por ella una y otra vez. La única razón por la que él había sabido que había dejado la fiesta fue porque era completa y dolorosamente consiente de ella. Una maldita e irritante situación que el parecía, por desgracia incapaz de controlar.

Y pos si no era suficientemente malo andar preocupándose por una mujer cuando tenía que estar centrado en su trabajo, tenía a aquella en particular ocupando todos sus pensamientos. Sacudió la cabeza. Maldita sea, era una locura, y el no era más que un idiota, obsesionado por una maldita princesa. O por poseer una casa en aquella lujosa zona de Mayfair donde ahora mismo se encontraba. O por recibir una herencia de cien mil libras. Todas esas cosas que jamás serian suyas.

Había aprendido hacía mucho tiempo a no perder tiempo ni energía persiguiendo un sueño imposible. Era mucho mejor, y más sabio, fijarse metas más realistas. Una mujer como lady Hermione Granger resultaba tan inalcanzable para el que pensar lo contrario era completamente ridículo. De hecho, si él estuviera lo suficientemente loco para admitir ante todo el mundo aquella ridícula fascinación que sentía por ella, algo que solo haría tras recibir un fuerte golpe en la cabeza, toda Inglaterra se reiría de él.

Y no obstante, seguía pensando en ella. Día y noche, aunque era peor por las noches. Cuando se acostaba solo en su cama, con la mirada fija en el techo, imaginando como sus dedos despeinaban todos esos rizos perfectos y recorrían toda aquella piel cremosa. Memorizando cada curva de ese cuerpo debajo de él, encima de él, mientras él se deslizaba en la sedosa calidez femenina…

Interrumpió sus pensamientos con una imprecación y se acerco a revisar la última ventana. Como las demás, seguía cerrada. En un esfuerzo por librarse de aquellos tortuosos pensamientos, salió de la habitación. Con intención de regresar con rapidez a la fiesta, se acerco a la tercera puerta. La puerta que ella había cerrado.

El instinto y alguna otra razón que se negaba a analizar en profundidad lo impulsaron a entrar en aquella estancia. Tras cerrar la puerta, respiro hondo, inhalando el olor a cera y al encuadernado de piel de los libros que llenaban las paredes.

*Esperabas encontrar un rastro de su perfume, ¿no es cierto?,*le pregunto su molesta y honesta voz interior.

Cansado, apoyo la cabeza contra la hoja de la puerta de roble y se paso las manos por la cara. Si, maldita sea, eso era exactamente lo que había esperado, que el perfume de Hermione todavía impregnara la estancia. ¿Qué demonios le pasaba?

Lady Hermione es lo que te pasa, idiota.

Que Dios lo ayudase, la deseaba tanto que era inútil negarlo. La había deseado desde el momento en que había puesto los ojos en ella.

Con un anhelo visceral e intenso, diferente a cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Un deseo que lo condenaba y lo confundía.

Con un esfuerzo se aparto de la puerta y cruzo la habitación para revisar la multitud de ventanas. Pero aquella era una tarea demasiado sencilla, una que permitía que sus pensamientos permanecieran centrados en el objeto de su deseo.

Hermione.

Una parte de él quería, sencillamente, mirarla fijamente, embriagándose de la abrumadora perfección de su belleza. Harry jamás había visto una mujer tan exquisita. Estaba acostumbrado a la fealdad, tan acostumbrado, que la belleza no dejaba de ser una fuente constante de asombro. Pero nunca, de ninguna manera, podía igualarse a la belleza de Hermione. Porque esa era una belleza de absoluta pureza. Por supuesto, el conocía lo suficientemente bien a los aristócratas para saber que esa clase de belleza no se extendería a su interior.

Pero aun así, en la superficie, ella era perfecta. El cabello le caía en tirabuzones castaños y sedosos, con un brillo casi dorado a la luz del sol. El cutis era suave y cremoso. Unos hoyuelos simétricos flanqueaban una boca seductora y absolutamente perfecta. Tenía los pómulos marcados y delicados. Los ojos de un intenso tono castaño amielado. Solo había bastado una mirada de esos ojos para que Harry se olvidara por completo de la investigación del asesinato que lo había llevado a la casa de ella.

Pero también el lado más oscuro de su fascinación por ella le había golpeado en lo más intimo, como un puñetazo en el vientre. No solo quería admirarla desde lejos, sino que deseaba con desesperación abrazarla, deshacer aquellos perfectos tirabuzones dorados y sofocar ese condenado fuego que, de manera inexplicable, ella encendía en él.

¿Qué demonios tenia ella que lo hacía sentir de esa manera? Sí, era hermosa, pero no era como si él no hubiera visto nunca una mujer tan arrebatadora. Incluso había llegado a tontear con algunas damas de la aristocracia para descubrir más tarde que no eran de su gusto. Solo habían sido aristócratas aburridas, matando el hastió con un plebeyo. Un bocadito prohibido de las clases bajas, un hombre que no necesitaba relleno bajo la ropa para resaltar su musculatura, que las entretenía un rato antes de que regresaran a sus lujosas mansiones con sus abandonados maridos. Había encontrado a aquellas mujeres tan mimadas y superficiales que las olvidaba con rapidez una vez que se apagaba la pasión, igual que ellas lo olvidaban a él.

Así que ¿Por qué se sentía tan atraído por lady Hermione? A pesar de lo ridícula que era aquella situación, sus ojos se veían constantemente arrastrados hacia los graciosos pero enérgicos movimientos de ella cada vez que la tenía delante. Muchas damas de su clase eran tan condenadamente blandas y lánguidas que le recordaban al pan mojado. Como si fuera seda lo que tuvieran bajo la piel en vez de huesos. Pero lady Hermione caminaba como si tuviera un propósito en mente. Puntualizaba sus palabras con elegantes gestos de sus manos delgadas.

Durante las investigaciones anteriores, la había observado bailar en varias veladas y había sido incapaz de apartar la mirada de ella. Harry jamás había bailado, ni siquiera había considerado la posibilidad de hacerlo. Pero durante aquellos valses, mientras la observaba girar con agilidad y elegancia en brazos de algún afortunado bastardo, se había encontrado deseando ser aquel afortunado bastardo. Rodearla con sus brazos y hacerla girar por la pista de baile. Sentir la energía y la gracia de Hermione mientras se perdían en la música.

Tenía que ser algo más que la pose y la elegancia de lady Hermione lo que lo atraía. *Son sus ojos,*había susurrado su vocecita interior. La inocencia y la vulnerabilidad que brillaba en aquellas insondables y melancólicas profundidades. Podía ser. No estaba acostumbrado a ninguna clase de inocencia. Estaba claro que la novedad lo había afectado. Más que eso, lo había dejado fascinado. Y entonces, había querido robarle esa inocencia, quitársela y hacerla suya.

Eres un buen ladrón.

Su astuta conciencia emergió de la tumba en la que hacia mucho tiempo la había enterrado.

Dinero. Secretos. Inocencia. Vidas…

Con brusquedad, enterró aquella odiada voz interior en las más oscuras y húmedas profundidades de su alma de donde había escapado. Cerró los ojos y en su mente se materializo la imagen de lady Hermione. Si, maldita sea, eran sus ojos. Tenía unos ojos en los que cualquier hombre podría perderse. Y cada vez que la había visto desde aquella primera vez tenía que esforzarse para no caer en la tentación de ahogarse en esos relucientes ojos color miel. Y no podía ignorar la manera que ella tenía de mirarlo… como si también estuviera fascinada con él, algo que, obviamente, había malinterpretado. ¿Por qué la inocente hija de un conde dedicaría un solo pensamiento a un hombre como él?

No lo haría, imbécil. Así que es hora de que te olvides de ella y te centres en lo que tienes entre manos.

Cierto. El asesino fantasma. Un sonido despectivo emergió de sus labios. Tenía que ser un fantasma. Por supuesto, no existía tal cosa. El responsable de la reciente oleada de crímenes era simplemente una persona. Una persona muy lista. Una persona muy lista que Harry tenía intención de atrapar.

-Puede que sea muy listo -masculló-, pero en algún momento cometerás un error. Y cuando lo hagas, yo estaré allí. Esperando.

Y hablando de esperar…

Termino de comprobar las ventanas, pues ya había demorado bastante. Había llegado la hora de continuar con su búsqueda. Y haría bien en recordar que estaba buscando a un criminal y no a un bello bocadito de la aristocracia. Tensó la mandíbula al pensar que ella estaba destinada al duque Riddle o a otro petimetre de la misma clase. De cualquier manera, una princesita de sangre azul como lady Hermione no podría nunca, jamás, pertenecer a un pobre diablo como Harry. Lo que era perfecto, ya que lo último que necesitaba era una princesa de sangre azul. Había suficientes mujeres por las esquina de Londres dispuestas a complacerle. Todo lo que tenía que hacer era apartar a esa mujer de du mente. Y lo haría. Comenzando desde ya.

Abrió la puerta un poco. Tras asegurarse de que el pasillo estaba vacío, Harry salió de la biblioteca. Estaba a punto de regresar a la fiesta cuando por el rabillo del ojo capto un ligero movimiento al otro lado del corredor. Girándose, dirigió su mirada entronada a la última ventana del largo pasillo. Y volvió a verlo. Una leve brisa hacía ondear la cortina de terciopelo azul.

En silencio se inclino para sacar el cuchillo de la bota. Se incorporo y con cautela avanzo hacia allí con todos los sentidos alerta. Cuando llego al final del pasillo, descubrió rápidamente al culpable.

La ventana, que él sabía que había estado cerrada, estaba ahora ligeramente abierta. Al examinar el cerrojo, Harry no solo observó que estaba abierto, sino que además alguien lo había dispuesto de tal manera para que pareciera que estaba en su lugar para cualquiera que se acercara a comprobarlo.

Con cautela abrió los cristales. El aire frio de la noche entro por el hueco. Tras asegurarse de que nadie acechaba en los arbustos de debajo, asomo la cabeza y recorrió con la vista el estrecho pasaje que discurría por el lateral de la casa. No había huellas visibles en la tierra blanda y húmeda.

De nuevo en el interior, inspecciono el alfeizar y la alfombra bajo la ventana. No había barro. Lo que quería decir que alguien había abierto la ventana desde dentro, y que nadie la había utilizado para entrar o escapar. No obstante, apostaría lo que fuera a que alguien había abierto la ventana con la intención de regresar más tarde y usarla para entrar en la casa. Por supuesto, si alguien del Profeta descubría eso, no dudaría en especular con que un fantasma nunca dejaba huellas.

Tras cerrar la ventana, utilizo el cuchillo para cortar un pequeño triangulo de madera de la esquina del alféizar y colocarlo a modo de cuña entre el marco y el propio alféizar para crear un cerrojo provisional. Comprobó su trabajo para asegurarse de que era firme. Sería solo un apaño temporal, pero impediría que cualquiera entrara en la casa hasta que lord Daltry reemplazara el cerrojo.

Satisfecho, Harry se inclino a un lado de la cortina de terciopelo que había ala izquierda. No había nada salvo pelusas. Movió también la del lado derecho y lo inundo una sombría satisfacción al descubrir un destello dorado en el suelo. Inclinándose, recogió el objeto y lo coloco sobre la palma de la mano.

Una tabaquera. El esmalte tenía una representación de una escena de casa y estaba pujado en oro. Estaba claro que era un objeto caro. Y también resultaba evidente que no pertenecía a un fantasma. Un examen más minucioso no revelo iníciales. ¿Se le habría caído a la persona que había abierto la ventana? Podía ser. No estaba cubierta de polvo, así que no llevaría demasiado tiempo tras la cortina.

Harry se incorporo y deslizo la pequeña caja en el bolsillo. Tenia que revisar el interior de la casa de nuevo, luego examinaría el exterior para asegurarse de que no había nadie acechando por los alrededores, dos tareas que requerirían toda su atención, por lo que no tendría tiempo para pensar en otras cosas.

Gracias a Dios.

…..O0O0O0O…..

Cuando Hermione y sus amigas entraron en el salón, un par de voces masculinas dijeron al unisonó: -Aquí están.

Las cuatro se giraron a la vez. Ronald, lord Langston, y Neville, lord Surbrooke, estaban a no más de un par de metros. Sus miradas reflejaban una mezcla de curiosidad y sospecha.

-Sí, aquí estamos -dijo Luna con una voz radiante. Deslizo la mano por el brazo de su marido y le brindo una sonrisa igual de radiante -. Y aquí estas tu. ¿Dónde te habías metido?

Ron arqueo una ceja.

-¿Qué donde me había metido?

-Sí. Te he buscado por todas partes. Creo que me habías prometido un baile.

-Como llevo clavado en este lugar el último cuarto de hora, desde donde por cierto tengo una vista excelente de la estancia, y no he visto ni rastro de ti hasta ahora, siento curiosidad por saber a que te refieres con eso de por todas partes -dijo Ronald.

Luna agito la mano en un gesto ambiguo.

-Oh, aquí y allá.

-Evidentemente, aquí no.

-Obviamente, mi querido marido, deberías de dejar de preocuparte por mí para que no me sienta tentada a aporrearte aquí mismo, en el salón de lady Lastrange. -Se subió las gafas-. No olvides que las cosas suelen encontrarse en el último lugar en el que se busca.

-Supongo que tú también me has estado buscando por todas partes -le dijo Neville a Ginny.

La diversión rezumaba en su voz, y Hermione se quedo sin aliento al observar la intima y ardiente manera en que miraba a su esposa.

-Naturalmente. Por supuesto, es casi imposible seguirle la pista a alguien entre una multitud como está.

Neville y Ron intercambiaron una mirada. En ese momento, ambos dijeron al unisonó:

-Se traen algo entre manos.

-No sé de qué habláis -dijo Luna alzando la barbilla con gesto dolido.

-¿No? -La duda estaba escrita en el rostro de Ron-. Las cuatro habéis desaparecido de la fiesta a la mismo tiempo, luego, de repente, reaparecéis sigilosamente…

-No hemos reaparecido sigilosamente -se sintió obligada a apostillar Hermione.

-Muy bien -concedió Ron-. Habéis reaparecido en la fiesta de una manera un tanto furtiva. -Su mirada se deslizo sobre las cuatro jóvenes y luego miro a Neville-. Sabes lo que está pasando, ¿verdad?

Neville asintió con la cabeza.

-Oh, sí. Resulta evidente que han leído otro libro.

Un rubor culpable encendió las mejillas de Hermione que, en silencio, rogo que ninguno de los caballeros se percatara de ello, pero sus oraciones fueron obviamente ignoradas cuando Neville centro su mirada en ella durante varios segundos.

-Y por lo que parece, es otro libro escandaloso.

-Lo que podría ser muy interesante -dijo Ron en tono pensativo-, especialmente si tenemos en cuenta las aventuras que originaron los dos últimos libro que escogisteis. ¿Qué están ahora leyendo las damas de la Sociedad Literaria?

-No tengo idea de que habláis -dijo Ginny, repitiendo las anteriores palabras de su hermana.

-Supongo que te das cuenta de que conozco formas de hacer que reveles tus secretos -dijo Neville con suavidad.

Un rubor favorecedor cubrió las mejillas de Ginny, pero ella apretó los labios y guardo silencio.

-¿Y tú? -Le pregunto Ron a Luna-. ¿Algo que alegar?

Luna se subió las gafas de nuevo.

-¿Te gustaría bailar?

Ron se rio entre dientes, luego se inclino hacia su esposa y le susurro algo al oído. Hermione no oyó lo que dijo, pero fuera lo que fuese, provoco que las mejillas de Luna adquieran un profundo tono escarlata.

-¿Qué han estado los caballeros mientras estábamos… indispuestas? -les pregunto Pansy con su habitual insolencia.

-Hablar del tema que está en boca de todo el mundo -respondió Neville-. Los recientes robos y asesinatos. Algunos se preguntan si el ladrón podría atacar de nuevo esta noche.

Si ese es el caso, es posible que lo atrapen.

-¿Y eso por qué? -preguntó Hermione.

-Hay seguridad extra en la casa -dijo Neville-. Personificada en un detective de Bow Street. El señor Harry Potter.

El corazón de Hermione se detuvo durante varios segundos, luego volvió a latir con fuerza.

Esta aquí.

Continuara…

O00O00O00O

Nota: agradezco los comentarios que me han dejado , , , , y espero que les siga gustando esta historia por que a mi me encanto feliz año 2013 n.n