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Enamorado del enemigo. — capítulo 15

Por Clove:

Observo, con desprecio,  el rostro del chico de los ojos cristalinos, a través del fuego que surge de la fogata.

Introduzco uno de mis cuchillos en las ardientes llamas, y veo como éste toma un color rojizo y crepitante. Sigo contemplando la fina hoja de metal, y dejo que los recuerdos se apoderen de mi mente:

-¡Peeta! -Me tiro de rodillas junto al muchacho de cabello rubio, y rápidamente retiro la flecha que reposa sobre su pecho: Por suerte, ésta no ha dado en el corazón.

Los chicos del distrito 2 me observan a un par de metros de distancia. Sé que podrían venir y matarme, pero en este momento no me importa; solo quiero asegurarme de que el único chico en el que he podido depositar mi confianza: Siga con vida.

-Clove, ¿qué ha... ? -Empieza, mientras, con dificultad, trata de ponerse en pie con ayuda de sus brazos; cae sentado en el intento.

-No te preocupes, creo que puedo arreglarlo. Quédate aquí -Le suelto mientras doy unos cuantos ''golpecitos'' sobre su hombro; él me mira con incomprensión, y con un gesto de dolor, pone una mano sobre su pecho para impedir que la sangre siga fluyendo.

-¿Por qué tan callada, Kentwell? -La voz de Cato interrumpe mis pensamientos- ¿Tanto te molesta mi presencia?

-No alcanzas a imaginar cuánto -Digo con la mayor severidad posible.

-¿No creen que Katniss se está tardando? -La voz de Peeta aparece dando fin al enorme silencio que habitaba la cueva.

-Ése no es asunto nuestro.

-Clove, ahora somos una alianza. Cualquier asunto de un miembro, pasa a ser asunto de todos.

-Deberías prestar atención a lo que dice tu compañero -Informa Cato-, quizás, así se te pegue algo de su inteligencia. Además -Continúa-, no puedes negar que, como todos, también estás muriendo de hambre.

-No necesito de ella, ¿bien? Y si estuviera hambrienta, yo misma podría conseguir mi comida -Digo, lanzándole una mirada tan filosa como mi cuchillo.

-Paren ya los dos. Iré a ver qué pasa, no tardaré.

-¡Ni hablar! ­-Agrego al instante- No te acercarás a ella.

-No me hará daño.

-Ya lo ha hecho, ¿tan rápido olvidas? -Suelto mientras centro mis ojos en el lugar de su pecho donde Katniss lo ha herido.

-La que parece que olvida las cosas eres tú. Te recuerdo que ya hemos dejado todo claro, y ahora somos un grupo -Y sin decir más, el chico atraviesa el agujero que da acceso, y salida, a la vasta caverna.

 -Al fin hemos quedado los dos solos… ¿no te apetece tener un poco de diversión? -Comenta el enorme chico rubio, que juega, sobre la arena, con la punta de su larga e impotente espada.

No pienso dar ni la más mínima respuesta a sus ridículos comentarios, así que me limito a observar como vuelvo a introducir la punta de mi arma en el fuego, y dejo que los recuerdos sigan fluyendo.

-¡¿Cómo te atreves a hacerle daño después de que te ha dicho todo lo que siente por ti?! -Comienzo mientras me acerco, velozmente, a la chica que aún sostiene el arco.

-Tú, mejor que nadie, sabes bien que todo ha sido, nada más y nada menos, que un simple teatro. ¡Él solo estaba jugando conmigo!

Juraría que los ojos de la chica de la trenza se han llenado de lágrimas.

-Escucha -Continúo sin dejar de caminar hacia ella-. Lo que dijo Tanya en el baño…, todo se trataba de una mentira. Ella solo quería fastidiarte, pero ha logrado más que eso.

-¿Cómo has podido ser cómplice de algo como eso? -Su mirada está sobrecargada de rabia, al igual que el tono que usa para formular la pregunta; y sin decir más, la chica suelta el arco que cae sobre el prado carbonizado, y empuña sus manos para lanzarse contra mí; su peso consigue derribarme.

Hago presión, con mi antebrazo, sobre su pecho para quitármela de encima, y con el brazo libre, trato de sacar uno de mis cuchillos que se encuentran en los bolsillos de mi chaqueta.

Introduzco mi mano en el saquillo de tela impermeable, y con la punta de mis dedos logro localizar el arma. Hago un movimiento para tratar de enterrar el cuchillo en la cara de la chica, pero ésta lo esquiva, y me lanza un manotazo que logra destemplar mi dentadura; giro bruscamente, invirtiendo las posesiones, consiguiendo quedar sobre ella.

-¡¡Suéltame!! -Dice la chica del cabello castaño mientras se estremece desesperadamente sobre el achicharrado prado.

Sostengo el filoso cuchillo con mis dientes, y pongo mis manos sobre sus hombros para impedir que se levante. Justo cuando intento agachar mi cabeza para desgarrarle el cuello con el arma, dos grandes manos me toman de los hombros, y me halan hacia atrás, obligándome a abandone a la chica.

-No le hagas daño, por favor -Me pide el muchacho de mi distrito, penetrándome con sus bellos y profundos ojos azules.

-Peeta, ella…

-Ya no importa, ¿vale? Ella solo estaba confun… -No termina su frase; aprieta su pecho con ambas manos, y ahoga un grito.

-Necesita ayuda -Comenta la chica del distrito 2, mientras toma la mano de su compañero para lograr levantarse-. Creo poder hacer un vendaje, he visto a mi mamá haciéndolos. Pero antes -Continúa-, debemos desinfectar la herida.

-Hay un pequeño riachuelo cerca de la cueva en la que no estamos refugiando -Comenta mi compañero de distrito.

-¡Perfecto! -Exclama Katniss- Vamos, no hay que perder tiempo.

Nos encontrábamos dentro de la espaciosa caverna; Katniss tomó la chaqueta de Peeta, y mirándolo a los ojos le dijo: ''Todo estará bien, ¿vale?'' Él le respondió con una inmensa sonrisa.

-Dame tu cuchillo.

-¿Qué? -Respondí anonadada.

-Que me des tu cuchillo, lo necesito para poder ayudar a Peeta.

-¿Estás…? -Empecé, pero finalmente le entregué el arma de mala gana.

La chica del distrito 2 hizo un corte en la chaqueta del muchacho; le entregó el pedazo de tela a su compañero (el enorme chico rubio), y éste la humedeció con el agua que había recolectado del pequeño poso. Peeta se sacó su camiseta, dejando al descubierto su pecho: Había un ligero corte que pasaba verticalmente sobre el quiebre que dividía sus pectorales; Katniss tomó el húmedo trozo de tela, y lo pasó, repetidamente, sobre la herida. Luego hizo otro corte en lo que antes era una chaqueta, y lo enrolló sobre el pecho del joven.

-¡Ya está! -Informó la chica del cabello castaño con una ligera sonrisa.

-Gracias -Soltó Peeta mientras volvía a ponerse su camisa, y éste también usó una sonrisa para acompañar su comentario.

-Bien, entonces… ¿hemos forjado una alianza? -La voz del chico de la espada apareció dejándonos a todos bastante sorprendidos.

Por Katniss:

Suelto la flecha, y otra ave cae ante mis pies; la recojo y la meto junto a las otras en el costal que venía en la mochila que logré tomar junto a la cornucopia.

-Excelente tiro, Katniss.

Giro mi cabeza hacia la dirección de la que proviene la voz, y me encuentro con unos enormes, e intensos, ojos azules, que aún en la oscuridad: Resaltan notablemente, dejando ver el tenue brillo de la Luna.

-Estábamos preocupados por ti -Continúa.

-Ohh, lo lamento. Es que… pensé que todos querrían repetir, así que cacé a un par de aves más.

-Vale, ya no importa. ¿Vamos? Clove cree que podrías matarme.

El comentario ha conseguido afectarme en sobremanera; y sin esperar mi respuesta, comienza a caminar hacia la cueva en la que nos estamos hospedando.

-Adelántate, aún debo cazar a otro de esos escurridizos pajarracos.

-Vale -Es lo único que dice, y sigue con su rumbo.

-Peeta -Suelto repentinamente, consiguiendo que el muchacho vuelva a detenerse, y nuevamente: Ponga su vista en mí.

-¿Qué pasa, Katniss?

-Te debo una disculpa por lo que pasó.

-No te preocupes, ya la herida está sanando. Además, ese vendaje que me has hecho ha quedado bastante bien -Acompaña la última oración con una hermosa sonrisa, como de costumbre.

-No solo hablaba de la herida.

-¿Entonces? -El chico aún me observa a un par de metros de distancia; su cabello rubio se torna de un tono plateado bajo la luminosidad del enorme satélite (la Luna).

-Lamento haber desconfiado de ti. No sé cómo pude comerme las palabras de esa maldita arpía oxigenada.

Lentamente el chico se acerca a mí, y me da un cálido beso sobre la frente.

-Tampoco debes preocuparte por eso, ¿vale? -Y sin esperar mi respuesta, desaparece entre los árboles.

Después de derribar al siguiente pájaro, tomo la flecha que se ha clavado en el pecho del animal, y con mi mano: Limpio los rastros de sangre que han quedado en la punta de ésta; meto el cuerpo del ave en la bolsa de tela, y me preparo para dirigirme a la base.

-Katniss, tienen que irse de ahí cuanto antes -Gideon aparece, de la nada, ante mí, consiguiendo asustarme; ahogo un grito, y observo detenidamente al chico, no tiene muy buen aspecto: Su cara está llena de sudor y lodo seco; su cabello está grasoso, y cae desordenadamente sobre su frente; no lleva puesta la chaqueta, y hay un corte en la manga derecha de su camisa, que deja al descubierto una profunda cisura, que solo podría haber sido causada por una delgada y fina espada.

-¿De qué estás hablando? -Digo mientras levanto mi arco, y pongo una mano sobre el carcaj.

-Escúchame -Su voz suena ahogada, y agitada-. Tanya se ha vuelto loca, ha intentado matarme, y ahora viene por ustedes. Ya ha dado con su ubicación, así que no tienen mucho tiempo. Deben salir de aquí lo más pronto posible.

Entro a la cueva, y detrás de mí, se mantiene el chico del cabello de oro, que ahora está lleno de barro.

-¡Katniss, detrás de ti! -Comenta, alteradamente, mi compañero de distrito, que ya empuña su poderosa espada.

-¡No se asusten, tienen que escuchar a Gideon!

Por Peeta:

Camino tras los demás, tan rápido como puedo; la luz de la Luna empieza a ser reemplazada por los rayos del sol, dando bienvenida al hermoso amanecer. Caigo en cuenta de que ha amanecido más rápido de lo normal, entonces reparo en que los vigilantes también pueden controlar eso.

-No confío en él -Me dice, en voz baja, la chica pálida del cabello color azabache, que camina junto a mí.

-Creo que dice la verdad, suena realmente desesperado, y… pienso que debemos darle una oportunidad.

-Podría estar fingiendo, después de todo, es hermano de la zorra ésa, y ya sabes, esas cosas se pegan.

-Igual, no teníamos otra opción.

Seguimos caminando entre el ''laberinto'' de árboles, tratando de seguirle el paso a los demás.

-Entonces…te gusta Cato, ¿no? -Suelto.

-¡¿Estás loco?¡ -Todos voltean a mirarnos- ¿Por qué… has… dicho eso? -Continúa, pero esta vez se asegura de usar un tono de voz más bajo.

-¿Te has fijado en la forma en la que lo miras? Claro que no, no podrías observarte a ti misma mirando a alguien más… El punto es que la manera en la que lo haces… habla por sí sola.

-Bueno, y si me gusta ¿qué?

-No pasa nada, es solo que… es bueno saber que no soy el único que está cometiendo un error.

-Hay que cruzar el lago -Informa el chico del distrito 1 de nombre raro, aunque… ¿quién soy yo para hablar de nombres raros?

Gi… como sea que se llame, cede su puesto a Katniss, y ésta empieza a atravesar las turbulentas aguas, saltando de roca en roca; Cato empieza a hacer lo mismo, y luego Clove y yo, los seguimos.

Me tambaleo al caer sobre la siguiente roca; rápidamente trato de retomar el control, y hago que mis piernas permanezcan firmes mientras mi compañera avanza a la otra piedra.

-¿Qué esperas? -Le digo al muchacho que aún se encuentra en la orilla del río, mientras giro mi cabeza para observarlo- ¿No piensas venir?

-No te preocupes, aquí estoy bien -Una diabólica y delgada sonrisa aparece sobre su rostro mientras él levanta su arco, e introduce una flecha en éste.

-¡No hay más rocas! -La voz de Katniss logra captar la atención de todos.

  • '' ¡¿Qué?! '' -Comentamos al mismo tiempo.

-¡Que el camino de rocas está descontinuado! No podremos atravesar el lago.

-Ohh… Así que han decidido asistir a la fiesta -La voz de Tanya, la odiada chica del distrito uno, flota en el aire. Se encuentra parada en el otro extremo del río, con una sonrisa de satisfacción; su melena de oro está suelta, como de costumbre, y empuña un florete en cada mano.

Clove me mira con cara de ''Ya lo veía venir'' desde la roca que le sigue a la mía, y entonces entiendo todo: Estamos rodeados. Hemos mordido el anzuelo.