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Enamorado del enemigo. — capítulo 14

Por Clove:

«Corre hacia la cornucopia»

Los tributos van en todas direcciones, logro esquivar unos que ya se encuentran tumbados en el suelo. «Qué patéticos…».

«Toma los cuchillos»

Llego a la montaña de armas y tomo unos cuantos: Hay de diferentes formas y tamaños.

«Busca a Tanya»

Doy media vuelta, y como por arte de magia, la chica de la melena rubia aparece ante mis ojos: Está en un extremo de la cornucopia; tiene arrinconado a un flacuchento chico como de unos 12 o 13 años; la pierna de la chica ejerce presión sobre el pecho del muchacho; ésta levanta ambos brazos, con un florete en cada mano, y realiza un corte en forma de cruz sobre el cuello del joven. Sangre por aquí, sangre por allá; el chico ha quedado tendido en el suelo.

Comienzo a correr hacia ella, pero algo me detiene: Una chica que está sobre el prado me ha tomado de la pierna.

-¡Ayúdame, por favor!  -Me dice; mis ojos pasan de mirarla, a centrarse en el problema: Un chico  de piel morena, de aspecto bastante feroz, se aproxima con un arma que no logro reconocer.

La chica extiende la mano con la que no sostiene mi pierna, y yo la tomo para ayudarla a levantar.

-Gracias -Me dice acompañada de una gran sonrisa.

-No me lo agradezcas todavía -Suelto, y le clavo uno de mis cuchillos en el pecho, justo en todo el corazón; la chica consigue ahogar un grito, y la suelto dejando que su cuerpo vuelva a parar sobre el maltratado césped-. Ahora sí, de nada -Digo finalmente mientras le brindo una sonrisa, y continúo con mi camino.

-¡Tanya! -Le digo llamando su atención; la chica deja de contemplar sus finas espadas para localizarme- Ya estoy armada, solo nos queda esperar por Peeta y Gid… -No logro finalizar mi comentario, la rubia me lanza una patada en la mandíbula, que consigue derribarme.

-Te estaba esperando, ''aliada'' -Comienza, y eleva sus floretes haciendo que las puntas de estos me señalen desde el aire-. Qué bueno que has llegado, porque tenía tantas ganas de matarte, como de besar a Cato. Que por cierto, no lo hace nada mal.

No sé si es por la cantidad de información, o por el efecto de la patada, pero mi disco duro tarda en procesar todo lo que ha dicho Tanya. Tres palabras: QUIERO. MATARLA. AHORA.

Justo cuando meto mis manos entre los bolsillos para tomar uno de los cuchillos, y picarla en pedazos con él, dos fuertes manos me toman de la cintura y me arrastran haciendo que los floretes de la chica queden clavados en el lugar en el que yo solía estar hace tan solo un par de segundos.

-Ella no es de fiar, traté de decírtelo antes -Me dice mi compañero de distrito de ojos azules, bastante alterado-. ¡Ven! No hay que perder el tiempo -Continúa y extiende su mano para ayudarme a levantar-, tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Por Katniss:

-Cato, creo que ya lo has torturado suficiente.

-Katniss, intentó asesinarte -Me dice sin despegar la mirada del chico al que tiene recostado contra un árbol; la punta de su espada posa suavemente sobre la garganta de éste-, merece morir como la sucia rata que es -Y sin decir más, le hunde la espada en el cuello, haciendo que de él brote un riachuelo de sangre.

Seguimos caminando entre los árboles, no hay muchos de estos en mi distrito, a excepción del área que se encuentra tras los alambres que lo rodean. Solía ir a cazar con Gale, él era mi mejor amigo. A diferencia de los demás, él tampoco se preocupaba por el tonto entrenamiento. Me encantaba ir a cazar con él, era nuestro… pasatiempo.

-Así que los hermanos del ''1'' se han apoderado de la cornucopia -Continúa mi compañero de distrito-, debemos enseñarles quién manda.

-Cato, creo que ya tuvimos suficiente por hoy. Digo, tomar las armas esquivando los flechazos de Gideon ya fue bastante difícil.

-Bien, como digas, pero prometo que no dejaré que disfruten de ella por mucho tiempo.

Por Finnick:

Hundo la punta superior del tridente en el arroyo, haciendo que los rastros de sangre desaparezcan, y que éste vuelva a quedar impecable.

-No llores más, Annie -Descargo el tridente sobre una enorme roca, y tomo su mano delicadamente.

-Lo has… Lo has matado -Dice casi en un llanto.

-No tenía otra opción, él quería…. Lastimarte, y no voy a permitir que nadie lo haga.

Los ojos enlagunados de Annie siguen clavados en el riachuelo. Podría ver su reflejo, si no fuera por las corrientes de agua que chocan contra la orilla haciendo que el agua se estremezca.

-Finnick, yo… -Empieza, pero dos manos la toman de la chaqueta, que contiene el traje de este año, impidiendo que siga hablando: Es un enorme chico de piel morena; la sostiene en el aire con ambas manos, y presiona su cuello con una cuchilla de doble filo que sostiene con la boca.

-¡Sueltala! -Le ordeno- Si quieres herir a alguien…, aquí me tienes a mí.

-¡Como digas! -Su voz es gruesa y ronca; y sin decir más, lanza a la chica hacia el río.

-Ohhh… ¡Pagarás por eso! -Suelto, pero antes de que él consiga decir otra cosa, mi tridente atraviesa su estómago haciendo que éste no pueda volver a disfrutar de su vida.

Me lanzó a las fuertes corrientes con mi tridente en mano, y dejo que éstas me lleven hacia donde el cuerpo de Annie es arrastrado.

Por Clove:

Escuchó el ''bong'' de otro cañón. No ha pasado ni medio día, y ya han muerto casi la mitad de los tributos.

Afilo mis cuchillos con una roca que hay dentro de la cueva mientras poso mi mirada en Peeta.

-¿Cómo es que has conseguido este lugar? Digo, parecía como si ya hubieses venido aquí.

-Ohh, es que Haymitch dijo -«Haymitch, si tan solo le hubiese prestado más atención»- que por donde hubieran más árboles, seguramente habría una caverna, ya que…

-Entiendo.

Él me responde con una agradable sonrisa, y sigue dibujando, con una rama, sobre la pared de la cueva.

'' ¡Allí, en esa cueva! ¡Ahí debe haber alguien! '' Reconocería esa voz en cualquier parte: Es Cato, mi ex-compañero de distrito; el mismo que se encargó de jugar con mi sentimientos.

-¡Son los tributos del distrito 2! ¡Es Katniss! -La alegría en la voz de Peeta es más que evidente- Escucha, Clove, debemos unirnos con ellos, sé que…

-¡Ni hablar!

-Vamos, sé que te agrada Cato, y…

-Peeta, no lo entiendes. No creo que sea una buena idea -Pero el chico no consigue escucharme, ya ha atravesado la salida de la cueva.

Por Katniss:

-Éste es mío, ¿vale?

-No discutiré eso -Me dice el enorme chico rubio, mientras saca una de las flechas de mi carcaj y la pone sobre mi mano-. Es todo tuyo.

-¡Katniss! -Grita mientras se acerca hacia mí, y en su rostro hay una enorme, y asquerosa, sonrisa. ¿Cómo es que puede seguir fingiendo que le importo? Se merece un fuerte aplauso, lo hace muy bien.

-¡Peeta, detente! -Grita su compañera, la chica pálida de baja estatura.

Introduzco la flecha en el arco; halo de ella hacia atrás, haciendo que la cuerda quede templada; y antes de lanzarla, las imágenes del beso de la noche anterior invaden mi mente. «Concentrate, Katniss. No caigas en su juego». Cierro mis ojos y suelto la flecha.

-¡¡Peeta!! -Escucho los gritos de su compañera; abro los ojos y logro ver al chico rubio derribado en el suelo con una flecha clavada en el pecho.