Enamorado del enemigo. — capítulo 13
Por Katniss:
Rebusco entre mi armario el asombroso traje que Sean ha diseñado, exclusivamente, para la entrevista de esta noche.
-¡Sean! ¡¿Dónde has dejado el vestido?!
No consigo ninguna respuesta.
Elijo al azar uno de los mil vestidos que hay en el ropero; me lo pongo sin ningún problema y luego contemplo mi imagen frente al espejo: Llevo puesto un vestido rojo de seda transparente, se ajusta perfectamente a mi cuerpo, aunque la parte superior ejerce más presión de la necesaria; tiene un cinturón plateado que enmarca perfectamente mi cintura, y desde ahí, sale la parte inferior del vestido: Es abombado y cae hasta la mitad de mis rodillas. No es tan impactante como el anterior, pero éste estará bien.
Me ubico al lado izquierdo de Cato, que se encuentra en la fila de tributos; todos están muy elegantes.
-Alguien está muy hermosa hoy -Me dice mi compañero.
-Tú tampoco estás nada mal -No logro evadir mi risa.
'' ¡DENLE UN FUERTE APLAUSO A TANYA, DEL DISTRITO UNO! '' La voz de Caesar invade el lugar, y da inicio al programa de entrevistas.
Tanya extiende delicadamente su mano para que Caesar la bese, como saludo. La chica rubia lleva una sonrisa de oreja a oreja, y un hermoso vestido azul, del color del cielo. Lo reconocería en cualquier parte, es el vestido que Sean diseñó para mí.
Subo a gran velocidad las gradas que conducen al escenario; '' ¡Katniss! ¿Qué haces?'' Escucho la voz de Cato, pero no me detengo a responderle; con mis manos me abro paso entre las gruesas cortinas que interfieren entre el lugar en el que se lleva a cabo la entrevista, y yo.
-... Estoy segura de que podré acabar con la mayoría en menos de un segun…
-¿Por qué llevas puesto mi vestido? -Digo, interrumpiendo la respuesta de la chica, e interponiéndome entre ella y el conductor. Mi tono es seguro y me encargo de que esté un poco sobrecargado de odio.
-¿De qué estás hablan…? -Empieza, pero yo no la dejo terminar.
-No te hagas la tonta. Sabes perfectamente a qué me refiero, y creo que me debes una explicación.
-Ohh, ¿quieres una explicación? Creo que estás confundida, y es normal. Te entiendo, linda. Este asunto de Los Juegos hace que todos… no sé, ¿tengamos alucinaciones?
La ira se encarga de formular mi siguiente respuesta: Los cinco dedos de mi mano han quedado perfectamente marcados sobre su suave, y excesivamente maquillada, mejilla.
-¡¿Qué te pasa?! ¡Estás demente! -Continúa la chica del cachete rojizo; su voz suena bastante alterada- Caesar, haz que saquen a esta salvaje de aquí.
-Señorita Everdeen… -Empieza el conductor, dando a conocer lo impactado que está. No consigo quedarme para escuchar cómo finaliza su oración, ya me encuentro atravesando las cortinas, y volviendo a mi lugar en la fila.
Todas las miradas están puestas sobre mí, incluso la de mi compañero de distrito, que le ha agregado un tono de cierta diversión. Y tienen todo el derecho a hacerlo, como ha dicho Tanya: Me he comportado como una ''salvaje''. Quizás eso era la que quería, vender esa imagen de mí al público, y sí que lo ha logrado. Después de todo, no creo que nadie quiera apoyar a una bestia. « ¡Adiós patrocinadores! ».
Por Peeta:
Puedo escuchar los llantos de mi compañera desde mi habitación. No la culpo, acaba de perder a su hermano, y en el poco tiempo que lo conocí, pude llegar a la conclusión de que era una gran persona, y ésas no son muy fáciles de conseguir en un mundo como éste.
Bajo a la cocina por un vaso de agua, y luego pienso en que quizás Clove también querrá uno. Dejo mi vaso vacío sobre el mesón de mármol oscuro, y subo las escaleras con el de Clove en mi mano.
-¿Quieres un vaso con agua? -Recuesto mi cabeza en la puerta de su cuarto, que se encuentra totalmente cerrada.
No consigo ninguna respuesta de su parte.
-Clove…, sé que estás ahí -Continúo mientras, con uno de mis dedos, dibujo una ''carita feliz'' en el vaso empañado-. Escucha, yo solo quiero…
-¡No quiero agua, Peeta! -Su voz traspasa la madera de la puerta llegando a mis oídos- Y tampoco quiero que sientas lástima por mí, ¿vale?
-Vale -Tengo más cosas por decir, pero prefiero callarlas. No es el momento adecuado. Coloco el vaso de vidrio con sumo cuidado sobre el suelo, y lo pego al marco de la puerta.
Camino por el oscuro pasillo que me dirige hacia la terraza del edificio. Salir ha sido una buena idea, mañana empiezan Los Juegos y… respirar un poco de aire fresco no está nada mal.
Veo, a lo lejos, la silueta de una hermosa chica que se encuentra sentada contra las barandas de la azotea. No dudo ni un segundo en ir a acompañarla.
-Hola, Katniss.
-Oh, hola, Peeta, ¿qué haces aquí?
-Solo quería aspirar un poco de aire, y… darle un último vistazo al Capitolio, y ¿tú?
-Ésta no será la última vez que lo veas -Suelta, su voz está sobrecargada de convicción-, ¿vale?
-No te preocupes, ya he aceptado la gran probabilidad de que no saldré vivo de La Arena.
-No digas eso, Peeta. Eres fuerte, y… estoy segura de que podrás acabar con cualqui…
-No podré acabar contigo, ¿vale? En eso consiste todo. Te quiero, Katniss, y si conservar mi vida depende de destruir la tuya, prefiero morir en el instante.
-Ohh, Peeta… -Se queda mirándome fijamente por unos segundos, y su boca deja de pronunciar palabras para pasar a besar mis labios.
Pongo mis manos alrededor de su cintura, y comienzo a besarla también. Había querido hacer esto desde el primer momento en que la vi, cuando llevaba ese traje de guerrera griega, y ahora por fin lo estaba haciendo.
Mis labios acarician los suyos con suma delicadeza; puedo sentir la textura de sus labios: Son suaves, dulces, y poseen una temperatura media. Podría seguir haciendo esto por siempre, y no me aburriría.
Ella entrelaza sus brazos por detrás de mi cuello, y sus manos empiezan a jugar con mi cabello. Los besos ya no son lentos, ni tiernos; la pasión es evidente.
Nuestros labios se separan, brindándonos a cada uno un poco de respiración. Los hermosos ojos grises de la chica del cabello castaño se clavan a los míos.
-¿Crees que podré pasar sobre ti después de esto? -Me dice mientras los iris de sus ojos son invadidos por una laguna.
- Katniss, yo no quería traerte problemas.
-No lo has hecho, Peeta. Ninguno de los dos es culpable de lo que sentimos, y ¿sabes? Yo también te quiero, y quiero disfrutar de este momento mientras pueda.
Por Clove:
-¿Estás segura de que los has visto…?
-¡Que sí, hombre! Se estaban besando. La arpía ésa lo ha atrapado con sus garras.
-¡Ni hablar! Peeta es mi compañero. Él está de nuestro lado, y no permitiré que nadie lo haga cambiar de parecer.
-Pues claro que no, y no te preocupes, ya tengo todo fríamente calculado -Me dice la chica de los floretes mientras me toma del brazo y me hace entrar, a rastras, al baño,de chicas que hay en el pasillo.
…
-Como te decía -Empieza-, jamás me cansaré de besar a Peeta. Insisto, lo hace muy bien -Ella continúa, y yo sigo sin entender-. Me alegra tenerlo en mi equipo.
En ese momento una de las puertas de las cabinas del baño se abre bruscamente, por el espejo puedo ver de quién se trata: La chica del arco ya se abre paso entre la puerta de salida; su expresión es de rabia, pero unas cuantas lágrimas se asoman por sus ojos.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-La vi entrar.
-¡Dios! Eres… ¡Wow!
-Sí, lo sé, lo sé -Dice con confianza, y con una fina sonrisa de satisfacción-. Tú no te quedas atrás -Continúa-, por eso te quiero en mi equipo. Juntas, y con la ayuda de Gideon , mi hermano, y Peeta, acabaremos con todo aquél que se atreviese en nuestro camino.
-Dalo por hecho.
Camino por el pasillo del piso 2, necesito hablar con Cato por última vez. No puedo evitar sentirme mal por su compañera de distrito, lo que ha dicho Tanya le ha afectado en sobremanera. Aunque… supongo que no hay razón para mortificarme, ella solo le ha hecho un enorme favor. Ya hubiese querido que alguien hubiera hecho eso por mí.
La puerta del apartamento está entreabierta, así que apoyo mi mano en ella y la empujo suavemente: Hay dos manos posadas sobre la cintura de Cato; y unos labios sobre los suyos. La oscuridad me impide ver a la persona que está junto a él, pero es bastante obvio saber quién es: La tarada que ha estado jugando con Peeta, y que ahora se está vengando de mí. La mataré. Los mataré.
Por Finnick:
Cubro a Annie con la sabana, y le doy mi habitual beso de ''buenas noches''. Estiro mi mano para bajar el interruptor que está sobre el espaldar de la cama, y cuando la habitación queda en total oscuridad, Annie toma mi brazo.
-No quiero que te vayas -Su voz suena inquieta-. Quédate aquí conmigo, ¿sí? Quiero que lo hagas.
-Annie, no creo que sea correcto que… durmamos juntos.
-Nadie ha hablado de dormir. Finnick -Continúa-, te amo. He esperado mucho tiempo por esto, y… si no lo hacemos hoy, no lo haremos nunca.
No cuestiono lo que acaba de decir, tiene toda la razón. Siempre he anhelado ese momento, y creo que es hora de traerlo a la realidad.
Me abalanzo sobre ella, y empiezo a besarla con exceso de pasión; ella se sienta sobre la cama sin despegar nuestros labios, y empieza a sacarme la camisa.
-Yo también te amo, Annie. Te amo más que a nada en el mundo -Digo mientras hago que su pijama desaparezca. Ella sonríe y nos envuelve a ambos con la sabana, que ahora enmarca perfectamente nuestras siluetas juntas.
Por Cato:
-¡¿Qué has hecho, Tanya?!
-Lo siento, no he podido evitarlo -Dice la chica rubia con la cabeza gacha.
-Alguien pudo habernos visto, y pudo haber malinterpretado las cosas.
-No te preocupes por Clove, yo misma la he dejado en la puerta de su apartamento.
-No es eso -« ¡Claro que lo es! »-, es solo que…
-No importa, sé que te gusta y que ella siente lo mismo por ti. Lamento haber hecho eso, ¿vale? No volverá a pasar -Y sin decir más, la chica rubia abandona mi apartamento.
…
Por Katniss:
''60…, 59…, 58…, 57…, 56…''
Mis piernas tiemblan sobre la plataforma; observo la cornucopia detenidamente: Logro ver espadas y cuchillos de toda clase, un enorme tridente metálico, y junto a él, un arco del mismo material.
Cuando lo tenga en mis manos, ya nadie me impedirá ganar, ni siquiera el chico de hermosos ojos azules que jugó conmigo.
Por Peeta:
''… 46…, 45…, 44…, 43…, 42…''
Hay árboles por todas partes, lo cual puede ser una ventaja y una desventaja al mismo tiempo. Tengo que saber hacer un buen uso del lugar.
Observo a Katniss que está en una de las plataformas de enfrente: Su sedoso cabello castaño está trenzado como de costumbre; sus ojos están… puestos en mí, pero su mirada expresa ira.
Por Tanya:
''… 34…, 33…, 32…, 32…, 30…, 29…''
Con mi mirada localizó dos floretes que sobresalen entre un conjunto de espadas; agradezco a los vigilantes por haber pensado en mí.
En cuanto los tenga en mis manos, no duraré en usarlos. Solo me queda esperar a que mis presas pisen mis anzuelos. ¿Alianza? Solo necesito a mi hermano para acabar con esta manada de inútiles.
Por Finnick:
''… 27…, 26…, 25…, 24..., 23…''
Lo primero que hago es rastrear a Annie, la chica está a mi lado derecho, en la plataforma más cercana. Le echo un vistazo a las armas que hay en el centro: Un enorme tridente llama mi atención.
Con él podré mantener a Annie a salvo. No dejaré que nadie le haga daño. Su vida está antes que la mía.
Por Cato:
''… 21…, 20…, 19…, 18…, 17…, 16…''
Mis ojos permanecen situados en las armas: encuentro una larga espada perfectamente puesta en el muro de la cornucopia, después de eso, mi mirada pasa al hermoso, y pálido, rostro de Clove.
Es realmente hermosa. Sabía que este día llegaría, solo espero que en ningún momento tenga que pasar sobre ella. La quiero lejos de mi camino.
Por Clove:
''… 14…, 13…, 13…, 11…, 10…, 9…''
Mis pies permanecen firmes sobre la plataforma; me recuerdo a mí misma lo que debo hacer: Correr hacía la cornucopia; buscar mis cuchillos; buscar a Tanya. Sé que Peeta hará lo mismo.
Me preparo para correr y me recuerdo un último paso: Matar a los tributos del distrito 2. ¿Pensaron que podían seguir con su juego? Lamento darles la noticia de que ya no será así. Yo no se los permitiré.
…
''… 5…, 4…, 3…, 2…, 1… ¡QUÉ EMPIECEN LOS SEPTUAGÉMSIMO CUARTOS JUEGOS DEL HAMBRE!''