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Katniss y Peeta final del corazón. — capítulo 9

Esa noche soñé como nunca antes, con Peeta con sus labios, con sus manos, conmigo embarazada, con un pequeño Peeta de cabellos rubios y ese sueño logro despertarme de golpe logrado a asustar a Peeta.

-Una pesadilla?.- Me pregunto.- Pensé que estarías feliz.-

-No, no es eso, lo estoy pero.-

Toque mi panza con las manos.-

Soñé que teníamos un bebe.- Y su rostro se ilumino como el sol.

  • Y yo no podre dártelo Peeta, nunca quise tener hijos lo sabes.-

-Lo se Katniss pero espero que con el tiempo y con mi amor los desees algún día y si no puede ser, el tan solo estar a tu lado será suficiente.-

-Porque eres tan bueno conmigo?  No te merezco.-

-Porque eres todo lo que tengo, y todo lo que quiero. Eres más de lo que puedo pedir, sabes cuánto tiempo imagine en tan siquiera hablarte y ahora serás mi esposa, jamás tuve la osadía de atreverme a soñar con eso, sabía que jamás pasaría, eres demasiado buena para mí-

-Bromeas?, eres la mejor persona que conozco en este mundo, y por alguna extraña razón me amas, no puedo esperar a ser tu esposa.- y con un beso nos dormimos de nuevo.

Los días pasaron y Haymitch y Effie había regresado de su fugaz luna de miel

-Les dejamos el nidito tal y como estaba.- Prometía Haymitch

-Crees que quiero ir ahí después de que ustedes estuvieron?.- le lance una miradita

-No veo muchas opciones chica.-

-No te preocupes mi amor, yo me encargo de eso.-me dijo Peeta y me dio un beso en la frente.

-Las invitaciones ya están enviadas- afirmo Effie.- Creo que será un evento lleno, todos han confirmado, hasta Gale.- Dijo un tanto entusiasmada.

Peeta puso una cara seria.- No sabía que se le había invitado.-

-Tranquilo Peeta, Gale y yo estamos bien, solucionamos todo, No hay competencia.- le asegure con un beso

Mas días pasaron y los regalos de los invitados compensaron a llegar, Peeta y yo habíamos decidido vivir en mi casa y la de el se la dimos a sae y unos niños que había adoptado, las demás casas que conformaban la villa también ya eran ocupadas, era evidente que ya no habrían mas ganadores de los inexistentes juegos del hambre y al ser casas grandes se convirtieron en casas hogares para niños y ancianos que habían perdido a su familia, tenerlos tan cerca era un recordatorio diario de todo lo que quería y no podía olvidar, pero tendría que aprender a vivir con eso.

El tan esperado día por Peeta había llegado yo estaba un poco renuente pero a la vez no podía ocultar que me agradaba la idea de ser su esposa, después de todo también soy una mujer, una mujer enamorada.

Mi madre llego en el primer tren, al parecer no quería pasar más días de los necesarios aquí por lo que al día siguiente en el primer tren también regresaría, la fui a recoger mientras Peeta y los demás arreglaban el lugar, no traía mas q una maleta pequeña y algo que parecía ser mi vestido de novia envuelto en un forro blanco.

-Madre, que bueno que hayas llegado.-

-Jamás me perdería la boda de mi primera hija y ahora única.- Ese comentario me dolió en este día, como si no estuviera consciente de ello.

Desde un día antes Effie nos había obligado a Peeta y a mí a dormir en casas diferentes ella vino a la mía y Peeta a la de Haymitch, pero cuando se durmieron Peeta se escapo para venir a dormir conmigo e irse antes del amanecer, no podíamos pasar un día separados.

-Los novios no tiene que verse.- repetía, por lo que no me había topado con Peeta en toda la mañana, Mi madre no quiso pasar por la antigua casa ni por otros lugares fuimos directamente a la villa evitando pasar por lugares dolorosos aunque todos lo eran, al llegar a casa mi madre y Effie comenzaron mis rituales de belleza sacaron arsenales de no sé dónde y comenzaron a bañarme, rasurarme, pintarme las uñas.

-Basta! , a el le gusto tal y como soy.-

-Lo sabemos pero nunca está de más tenerlo a tus pies.- Dijo Effie

-Creo que eso también ya lo tiene.- Respondió mi madre

  • Las dos están locas.- Refunfuñe

Mi madre intento algo diferente esta vez que mi tradicional trenza, tomo mis cabellos y comenzó a cepillarlos, aproximadamente unas mil veces, luego con los dedos comenzó a formar risos, solo le puso una capa de algún liquido sujetador y fue así como lo dejo, suelto en ondas naturales, en realidad nunca llevaba mi cabello de esa formo, por lo que no había notado que largo era.

-Creo que no necesitas de nada mas, tal y como tú eres, hermosa y sencilla.- Y coloco una sola flor en mi cabello detrás de mi oreja.

Pronto fue a buscar mi vestido y Effie me pidió que cerrara los ojos, eran demasiado emocionales estas mujeres, pero accedí a sus caprichos, mi madre empezó a ponerme el vestido y yo aun tenía los ojos cerrados, cuando termino de cerrar lo que parecían ser miles de botones en la espalda, me voltio al espejo y me dijo.

-Puedes mirarte.-

Los doctores sabían que había nacido mujer, mi madre me puso nombre de mujer, toda la vida me dijeron que era una mujer, Pero yo nunca me sentí como tal hasta este entonces, aquel vestido, sacaba todo el poco lado femenino que tenía en mí.  Mi madre lo había hecho muy bien, yo no estaba interesada ni en su forma ni el color por lo que pensé que me daría igual, pero era hermoso, sencillo.

Capas de tul de tela  envolvían mi cuerpo de tal manera que lo abrazaban y dejaban ver la forma de este, era un vestido de verano, de manguitas con un delicado encaje que salía del escote en forma de corazón, era pegado hasta las piernas, luego venían capas de tela tranparente y encaje con pequeñas piedritas y flores, me sentía la mujer más linda del mundo.

-Peeta lo amara.- Dijo Effie

-Peeta amaría hasta un saco de papas si lo trae ella.- Dijo mi madre

Me voltee hacia ella y le di un beso en la mejilla y un fuerte abrazo

-Gracias, lo has hecho muy bien-

Pronto me dejaron sola en la habitación, faltaba unos 30 minutos para la ceremonia y mi corazón estaba demasiado acelerado, si tan solo pudiera salir de la habitación a tomar aire, no tardaría nada, Salí por la puerta trasera, sin que nadie me viera, cuidando mucho de no ensuciar mi vestido, no tardaría nada solo quería respirar hondo y dar el gran paso.

-Nunca me lo perdonara, Peeta nunca me lo perdonara- Sollozaba sentada en aquel árbol donde había permanecido sentada por una hora llorando.

-Peeta no me perdonara.. había faltado a mi promesa, le había abandonado de nuevo.