Unidos por una pasión. — capítulo 9
Sí, lo sé. He tardado muchísimo en subir otro capítulo y es imperdonable. No lo digo solo de palabra, ya que a mí me molesta mucho leer un fic que me guste y se tarde en actualizarlo. Pero entre la universidad y la inspiración que no encontraba no he podido subirlo antes. Espero no decepcionar con este capítulo, y aclarar que NO VOY A DEJARLO INCOMPLETO.
Habían llegado las vacaciones de Navidad y los alumnos de Hogwarts habían hecho las maletas para reunirse con sus familias en fechas tan señaladas.
Pansy Parkinson se encontraba en la habitación de su enorme casa a las afueras de Londres, en una zona residencial alejada del bullicio de la ciudad, y donde se encontraban las casas pertenecientes a las familias mejor posicionadas del mundo mágico.
Se encontraba sentada al lado de la ventana mirando las estrellas mientras pensaba.
Habían cambiado muchas cosas en los últimos meses, su familia ya no era tan respetada como antes, aunque no habían tenido puestos demasiado importantes en la revolución de Voldemort, ya no era tan bien visto que alguien fuese simpatizante de dicha causa. Algunos, porque habían luchado del lado contrario y otros simplemente por intentar congraciarse con la sociedad.
Ella sabía como la miraban sus compañeros y lo que pensaban, que era una persona superficial hambrienta de poder y una arrastrada. Pero estaban muy lejos de la verdad.
Pansy era astuta como buena Slytherin pero había tenido que ponerse una coraza a su alrededor desde que era muy joven. Sabía que en el mundo en el que había sido criada, de familias importantes y ambiciosas que esperaban que un viejo mago les trajera lo que ellos llamaban "La limpieza de la sangre" valía más cubrirse las espaldas.
Su madre nunca le había hecho demasiado caso, le importaban más las apariencias que cualquier otra cosa y su padre no era muy distinto. Y la pequeña Pansy aprendió rápidamente lo que tenía que hacer para sobrevivir.
Así que como sabía lo que podía esperar del mundo, decidió dedicarse simplemente a observar durante su infancia, observó atentamente como se comportaban los adultos, sus padres, sus familiares y los amigos de sus padres que venían alguna que otra vez a su mansión.
Y Pansy observó cosas muy curiosas, por ejemplo que sus padres, quienes no solían acercarse demasiado y apenas se hablaban, eran muy distintos al estar rodeados de gente, en las fiestas que daban en su casa o cuando salían a la calle. Su padre siempre rodeaba con un brazo la cintura de su madre mientras ella sonreía ligeramente.
También observó como las relaciones entre los adultos eran realmente complicadas, vio envidia en algunas mujeres que hablaban amigablemente con su madre, y cierto recelo en los hombres que hablaban con su padre, normalmente de negocios.
Si, Pansy Parkinson aprendió a interpretar desde su más tierna infancia, el mundo que la rodeaba y de la sociedad de la que en unos años formaría parte.
Y lo más importante, actuó en consecuencia.
Cuando ingresó en Hogwarts y el sombrero seleccionador la identificó como una Slytherin, supo exactamente lo que tenía que hacer. Puso en práctica todo lo que había aprendido de niña, supo exactamente con quién relacionarse y cómo. Dafne Greengrass era su mano derecha en el reino de las serpientes, era una chica inteligente y callada le era bastante útil porque se enteraba de todo lo que ocurría entre los muros del antiguo castillo. Nunca había cuestionado nada de lo que Pansy decía aunque esta suponía que Dafne tenía sus propios intereses. Y luego estaba Millicent Bultrode. No se podía decir que fuera alguien muy aguda de mente o que poseyera un atractivo que llamase la atención, pero su familia era posiblemente una de las más ricas de la sociedad mágica y eso nunca estaba de más.
Cuando llegó la hora de conseguir a un chico adecuado Pansy fue sin dudarlo a por Draco Malfoy, era el mejor posicionado con diferencia, el más guapo y además el príncipe de Slytherin y con él Pansy la princesa.
Pero luego comenzó la guerra, Pansy había elegido aquel bando porque pensaba que sería el que ganase simplemente por pura probabilidad matemática. ¿Qué podía hacer un simple adolescente contra el más tenebroso de los magos?
Pero Pansy se equivocó. Y aquello le costó caro.
Su familia perdió posición, la sociedad mágica les tenía muy vigilados y su vuelta al colegio no había sido demasiado agradable.
Pero una vez más Pansy se dedicó a observar. Y se decidió a recuperar todo aquello que había perdido.
No podía dejar que nada la apartara de sus objetivos pero últimamente había algo, o mejor dicho, alguien que le resultaba especialmente frustrante.
Aquel imbécil de Theodore Nott no dejaba de incordiarla cada vez que se le ponía la oportunidad. Nunca habían tenido demasiada relación y de repente ahora empezaba a increparla sin más.
Aquel chico le resultaba desquiciante y sospechaba que no tardaría demasiado en darle una buena bofetada.
Esa noche, Pansy bajó al comedor de la mansión donde se encontró a su madre vestida con un traje color crema que resaltaba el oscuro todo de su pelo recogido en un estirado moño.
-Buenos días madre.-dijo Pansy sentándose a la mesa.
-Buenos días, Pansy.
-¿Dónde está padre?
En aquel momento, la madre de Pansy dejó su tenedor en la mesa y miró fijamente a su hija mientras apoyaba la barbilla en las manos entrelazadas.
-Tu padre, ha decidido tomarse unas vacaciones.
-¿Pero vacaciones de qué? No entiendo nada.
-De nosotras hija, naturalmente. Y serán infinitas.
-¡Padre nos ha abandonado! - gritó Pansy levantándose de la mesa.
-Si prefieres verlo así. Por favor Pansy, vuelve a sentarte, no es propio de una señorita levantarse de golpe de la mesa. Oficialmente, tu padre se ha marchado a atender ciertos negocios, en la otra punta del mundo. No nos divorciaremos por supuesto, ya sería el colmo para esta familia.
Pansy no pudo mas, se levantó de la mesa sin tocar su desayuno y tirando la servilleta.
-¿Se puede saber que estás haciendo?
-Me levanto de la mesa ahora que estoy tan llena de indignación. - dijo Pansy con una ácida sonrisa.
Pansy estaba indignada, sabía que sus padres no estaban bien juntos pero de ahí a que su padre decidiera irse sin más era algo que no podía explicarse. Vale que abandonara a su madre si quisiese, pero ¿a ella? ¿su hija? Y lo mejor de todo aquel asunto era la reacción de su madre, como si todo aquello fuese una comedia.
Llegó a su habitación y camino hasta su armario. Lo abrió y apunto hacia el interior con su varita. ¡Revelio! Al momento apareció una bonita guitarra acústica metida en su funda. Cogió el abrigo, acomodo la guitarra a su espalda y salió por la ventana que daba al patio trasero de la casa.
Abrió la verja que daba a la calle y empezó a caminar por las calles nevadas y oscuras de Londres.
Theodore Nott se encontraba en el último lugar donde nadie esperaría encontrarlo.
En un pequeño y bohemio café escondido en una de las calles muggles de Londres, sentado en una esquina apartada bebiendo un café mientras escribía en su desgastada libreta. Se había convertido en una vieja costumbre apuntar sus pensamientos en aquellas hojas de papel y últimamente tenía varias cosas en las que pensar.
-Buenas noches, hoy tenemos una nueva cantante en la noche de micro abierto. Por favor, darle un aplauso.
Theodore que estaba de espaldas al escenario, ni si quiera prestó atención. Seguramente sería alguna aspirante a Hanna Montana con su guitarra cantando cosas sobre un chico con el que había salido y que la hacía sentir super especial.
Bueno, si estaba buena siempre podía desahogarse con ella, después sería tan fácil como hacerle un obliviate.
Pero cuando aquella chica empezó a cantar, se dio cuenta de que reconocía la voz. Lo que realmente le sorprendió no fue la letra, que ya de por sí no era lo que se había pensado en un primer momento. Lo más inquietante, es que era Pansy Parkinson quien la cantaba.
Y Theodore no puedo hacer otra cosa que dedicarse a observarla desde las sombras.
(Canción de Pansy )