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¡Un papá genial! — capítulo 1

Scorpius Malfoy miraba con adversidad los papeles que tenía en su escritorio, se reclino sobre su sillón acomodándose mejor para permitir que su espalda descansara por completo en el respaldo. Soltó un pesado suspiro y con pereza se refregó los ojos, ya pasaba de las dos de la mañana, había superado su régimen de sueño. Se dispuso a ponerse de pie para ir a su habitación donde su cómoda cama lo esperaba, como siempre bien tendida y con esas sábanas blancas que olían demasiado bien. Se aseguró de poner en un lugar seguro la pluma y la tinta había avanzado mucho y no quería ningún accidente.

Al ponerse de pie estiro los músculos, recordando todo el tiempo que permaneció sentado, tratando de llegar a una solución, en los asuntos del ministerio. Con lentitud camino hasta la puerta de madera gruesa y giro el picaporte. Antes de salir dio un último suspiro y observo todos los alrededores. Cerró la puerta y camino hasta su alcoba, esperando pasar una noche tranquila.

A la mañana siguiente el constante sonido de su alarma anunciándole que debía de levantarse para comenzar un nuevo día, no dejaba de molestarle y parecía que pese a sus intentos por apagarlo el sonido se intensificaba. Molesto arrojo el despertador y se puso de pie, permitiéndose tocar el frio suelo. Camino hasta el baño, y se observó en el espejo. Se observaba un Scorpius más desgastado, los años le habían pasado factura. A pesar de tan solo contar con treinta años, era el jefe del Departamento De Trasportes Mágicos y no se podía quejar, porque sus años de esfuerzo surgieron esfuerzo. Tomo su cepillo de dental y lo empleo en lavarse los dientes, pensaba en las cosas que perdió en el camino para lograr a ser quien era, no era que tuviera aires de grandeza sino que bien sabía que su apellido no era muy respetado y por ende despreciado por la mayoría, pero él supo salir adelante y destacar por algo más que las artes oscuras o ser un mortifago. Pero ahora que había logrado todo lo que quería le faltaba algo, algo mucho más que las cosas materiales.

Negó con la cabeza al recordar los sucesos que lo llevaron a sentir aquel cruel vació, del cual fue principal partidario. Debía dejar eso tontos recuerdos, que no le servían de nada, que al fin y al cabo eran solo recuerdos, de algo que pudo ser y no fue.

Un rato más tarde, bajo para dirigirse directo a su trabajo, como siempre puntual (añadiendo que llegaba media hora antes que los demás) y bien vestido como debía de ser, con su traje negro,  que lo caracterizaba. No desayuno ni dijo nada, no tenia a quien rendirle explicaciones, consideraba que esa era una de las grandes ventajas de vivir solo.

Llego al ministerio a través de la red flu, luego de recorrer el atrio y saludar a unas cuentas personas, entro a su oficina que estaba en el sexto piso. Recordando el trabajo que dejo pendiente en su casa, saco de un pequeño maletín el papeleo con extensas investigaciones sobre los problemas en los Trasladores.

"Se ha reportado que muchos magos se han perdido en ellos e incluso algunos llegan a un lugar desconocid0 y reaparecen meses después" alcanzaba a leer en uno de los reportes y eso solo causaba que su cabeza diera mil vueltas.

Debatía la mejor manera de encontrar una solución, cualquier otro que no conociese las funciones y los peligros que tenía probar al azar soluciones en cualquier red de trasporte, podía decir que era un asunto de discutirse en unos cuantos segundos. Pero no, el uso indebido o experimento para tratar de remediarlos podría inhabilitar la función de ellos y conociendo a los magos lo lincharían por dicho acontecimiento.

Podría dejarlos inhabilitados por un tiempo para seguir evitando las desapariciones y después….

— Señor Malfoy — lo llamo Katherine Avery, su secretaria. Scorpius golpeo con un  puño el escritorio de madera dura, ante la interrupción. — Lo lamento pero lo buscan, le dije que estaba ocupado pero la Señora Scamander insistió —. Scorpius sabía que solo uno de los Scamander estaba casado, pero imposible Lily Luna Potter de Scamander, simplemente lo detestaba, el sabia él porque. Ella lo sabía todo.

— Dile que se vaya — ordeno molesto — dile que estoy en una reunión muy importante. Que venga después  si quiere —. Katherine Avery asintió varias veces y salió de la oficina lo más rápido que pudo.

Tal vez si daba el aviso y habiendo pruebas que corroboraran que los Trasladores era peligrosos, los magos y brujas de La Gran Bretaña no se pondrían tan disgustados por la privación de…

— Rose murió…

Solo esas palabras bastaron para que clavara perplejo la vista en la pelirroja que había irrumpido en su oficina. Quedándose mudo, sin saber que responder, nunca había imaginado escuchar esas palabras, y ahora que las escuchaba los latidos de su corazón se hacían cada vez más persistentes y su boca se secó de una manera increíble, y mejor no hablar del nudo que se le había formado.

— Si—dijo cuando finalmente su garganta se lo permitió, eso no se escuchó como Scorpius quería sino que fue como un sollozo de dolor, que en vano había querido ocultar. Se puso de pie y camino hasta la repisa donde estaba el licor y tras darle un largo trago directo a la botella, — y ¿debería importarme?—pregunto con su voz ya más recuperada  por el líquido.

Lily se acercó a él, propinándole una cachetada que retumbo en toda la oficina. Scorpius no dijo nada solo se sobo la mejilla adolorida por el golpe. — Te acabo de decir que Rose a muerto — lo miro con el ceño fruncido y los labios apretados por la cólera.

— Muere gente todos los días, no veo…

Una segunda cachetada dejo marcada la otra mejilla del rubio. Scorpius le detuvo ambas manos y con la furia acumulada que tenía, la saco de su oficina entre empujones y tirones por parte de Lily. — No vuelvas — advirtió. Estando fuera de su oficina le dio órdenes a su secretaria de no volverla dejar entrar.

¿Estaba molesto, con quién? Con él, con todos, no quería que nada se la recordase, había pasado mucho.

Cuando estuvo a punto de entrar vio a un pequeño rubio que acompañaba a Lily, y no se trataba de ninguno de sus hijos con Lorcan puesto que ellos aún no los tenían. — Es tu hijo —. Soltó Lily como si sintiera lastima por el niño, Scorpius por segunda vez en una misma hora, le dedico una mirada estática y perpleja, de un minuto a otro dejo de ver a Lily para enfocarse en el niño.

No, eso no podía ser cierto. Ese niño no era suyo.