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¡Un papá genial! — capítulo 8

La voz de su mujer hizo eco en los pasillos de la casa, cada vez que daba un paso sentía como la sangre se le escapaba del cuerpo al punto de sentir sus piernas flanquear, no entendía nada. Simplemente tomo el impulso de seguir a su mujer, sus acciones no eran muy honorables sin embargo lo veía de la mejor manera, quería disipar sus dudas de una vez por todas.

Todo comenzó cuando el comportamiento de su mujer cambio radicalmente después de aquella fiesta en el ministerio, desde ese día hacia acá todo era extraño ya ni siquiera conversaban mucho Rose rehuía a sus besos o cualquier tipo de contacto, quizás era su imaginación pensar que Rose pudiese estarlo engañando tal vez todo había terminado simplemente, seguramente por su falta de disponibilidad, pero es que no tenía nada fácil primero que nada porque ser subjefe del Departamento de Transportes mágicos el tiempo y el trabajo lo consumían.

No escucho mas la voz de Rose, quizá tan solo quizás el confundió todo y su mujer fue aquel lugar para encontrarse con una vieja amiga, o que sabia él. Quería detenerse y retroceder los pasos dados antes de avergonzar a su esposa, ¿de qué manera explicaría que la había seguido porque dudaba de ella? Si la relación ya era crítica con esto se volvería catastrófica, no obstante sus pies seguían moviéndose ignorando por completo sus ordenes algo dentro de él le gritaba que aun no era el momento de marcharse.

Rose era su esposa la amaba y con ella sentía que nada podía faltarle, sin duda alguna ella no podría faltarle de esa manera, sus malinterpretaciones fueron transformadas en realidad mediante se acerco mas al lugar de donde venían las voces y reconoció la inconfundible voz entrecortada de sus esposa.

— Jared, por favor…

Un tono quedito acompañaba su llanto.

Scorpius se vio paralizado ante la mención del nombre, no seguramente estaba confundido y sus oídos lo estaban confundiendo más, su esposa no tenía que estar haciendo nada en un lugar a solas con un hombre mucho menos si el nombre que le resultaba demasiado familiar pertenecía a la persona que creía.

— Se ha terminado, ya no quiero seguir con esto…

¿Seguir con qué? De que hablaban, sus pies que hasta hace unos momentos se negaban a detenerse ahora hacían lo contrario y estaban quietos en el mismo lugar, cada sollozo, cada palabra, cada murmullo era como un golpe para él, su pecho con seguridad estaba oprimido y su respiración era pesada. En verdad le costaba poder respirar, jalo de su corbata aflojándola para descubrir que su mano le temblaba.

— Podemos, Rosie… amor, nena.

La voz y las palabras dieron por sentado lo que Scorpius ya sabía y con tanto esmero se encargaba de enceguecer, pudo apreciar el picor que solo causaban las lagrimas apunto de derramarse. Lo que con esfuerzo se esmero en convertir en una realidad ahora se caía a pedazos, pero si él creía que todo estaba bien y que eran felices ¿Qué había pasado? No. No. Quería culparse, no obstante la infidelidad de su esposa no era culpa de él.

¿Cuánto imagino que ellos dos pasaban el resto de su vida juntos? El dolor era insoportable, la rabia creciente en su pecho no ayudaba para que encontrara un forma de aferrarse a la situación, tan solo quería huir. Retrocedió a trompicones los mismos pasos que había dado, cuando salió del lugar las lagrimas en sus ojos ya eran inevitables, de reojo observo la casa antes de desaparecer.

Apareció fuera de su casa, la enorme casa no hizo mucho para calmarlo los recuerdos de amontonaban en sus cabeza, en esos instantes deseo haber tenido el coraje suficiente como para haberlos enfrentado no obstante el desconocía esa palabra. Siempre fue el chico sereno el que todo se callaba y guardaba para desahogarse en otro momento, valor eso era lo que necesito en esos momentos, no obstante que hubiese pasado si el entraba y los encontraba en una cama. Se negaba, fue suficiente lo que escucho como para destruirlo y marcarlo.

Entro a la casa azotando con furia la puerta de aquella majestuosa casa que compro para ella… ¿ella? Ella que no valía la pena, ella que se burlo de él, tampoco quería pronunciar su nombre. Con la varita aun en mano hizo un hechizo provocando que todo estallara; los cuadros, sus fotos de boda la lámpara, todo. El ruido del cristal rompiéndose no fue tan fuerte como el que sintió mientras que su corazón se partía.

¿Cuánto tiempo se burlo de él? tal vez siempre lo hizo y el amor que tanto le juraba no era más que una vil mentira. Las lágrimas eran inevitables y aunque se repitiera que no valía la pena, en verdad le dolía verse de esa manera, sus manos se contrajeron en un puño al escuchar el cerrojo de la puerta moviéndose, lo que indicaba que ella estaba en casa.

Ella, esa mujer que se convirtió en una parte de su vida, esa chica que lo beso por primera vez después del baile de navidad, esa mujer que se entrego a él cuando su relación era estable y habían acordado estar juntos, ella que se burlo de él siéndole infiel con una de las personas que mas detestaba… ya no existían palabras bellas ni momentos hermosos ahora solamente quedaba la rabia carcomiéndolo.

— Merlín… ¿Qué ha pasado?— su rostro denotaba preocupación e incredulidad, miro a su marido como tratando de buscar una explicación. Al no encontrarla camino hasta el montículo de cristales y reconoció la foto de sus boda y alguna que otra tomada en su luna de miel. La tomo entre las manos tratando de alisarla.

Scorpius estaba conteniéndose no quería hacerle daño, independientemente de lo ocurrido el jamás la dañaría a ella, aunque su falta de raciocinio le gritaba que la lastimara como ella lo había hecho con él. Sus puños se contrajeron con furia al ver la mirada que ella le enviaba, también era de furia.

— ¿Qué hiciste?

Sus manos aun luchaban por alisar la foto de su boda, era un vano intento ya que esta fue la más afectada como si Scorpius hubiese descargado toda su ira en ella, como si el solo recuerdo le quemara por dentro. Rose lo miraba incrédula preguntándose que había causado que su marido él cual siempre reprimía todo explotara de esta manera.

Scorpius se acerco a ella, quitándole de una manera poco decente la fotografía la partió en dos para luego quemarla con un movimiento de varita, la pelirroja saco su varita para intentar apagarla sin embargo su esposo la desarmo, sintió como después la tomaba con fuerza empujándola contra una pared.

— ¿Scor?— hablo extrañada como si dudara que su esposo estuviera ahí, parpadeo lentamente luchando porque este la soltara. Su mirada se volvió bestial al punto que ella lo desconocía. — Me lastimas…

Scorpius encontró aquella palabra muy buena para lo que ocurría dentro de él. Dolor, el dolor que sintiese Rose no se comparaba al suyo. Una sonrisa irónica se escapo de sus labios, era desconcertante que ella hablara de dolor.

— Te amaba, te amo…

Las lagrimas volvieron a resurgir, no quería llorar se negaba a hacerlo delante de ella no obstante el dolor era más grande que su orgullo, en el preciso momento lo era. Ella no valía la pena, no lo hacía. No valía nada. Se obligaba a repetirlo mentalmente, solo de esa manera podía mantenerse firme.

— Me engañaste—su voz se transformo en un gruñido, su rostro completamente cubierto por la rabia. Ella lo miro asustada, neo con la cabeza lentamente temiendo una reacción violenta por su parte. — Te vi, los vi. No trates de negarme algo que yo mismo escuche, cada palabra— golpeo la pared— ¿Cuánto tiempo?

La respiración de Rose se volvió tormentosa.

— No, es…

— Te he visto, zorra. Los escuche… que ocurrió te convenció de no dejarlo o simplemente te lo hizo y te dejo ir.

Consideraba que sus palabras no eran una ofensa, después de todo que otra cosa podría decir, ella lo habían engañado con una de las personas más detestables que pudiese encontrar en la vida, nada menos que con Jared Nott. Ella que conocía la historia, su razón de detestarlo, ella que se entrego también a Zabini… quería negarse, despertar darse cuenta que todo era una pesadilla habría sido mucho mejor… despertar en su cama de Hogwarts quizás en ese momento habría cambiado todo; no conocería a Rose Weasley y se mantendría alejado de cualquier miembro de los Weasley, sería como antes un chico solitario.

— No, es lo que tú crees. Déjame…

La tomo del brazo con fuerza y abrió la puerta de la casa, si alguien hubiese visto la escena diría que todo estaba planeado, una débil lluvia caía del cielo apenas mojando los jardines de la casa, con un empujón la saco de la casa a la que fuera su amada esposa.

— Scorpius, por favor—titiritaba por la llovizna—. Déjame explicarte, por favor, escúchame— se acerco a él nuevamente causando que Scorpius volviera a empujarla fuera de la casa.

— Lárgate… espero tu amante aun mantenga su propuesta ¡LARGATE!

Scorpius despertó, se llevo una mano al pecho sintiendo como el aire comenzaba a ser escaso, miro hacia el lado derecho de la cama, para encontrarse con un niño de cabello rubio aun con los ojos cerrados, agradeció el hecho de que aun estuviera dormido así no tendría que verlo con sus ojos azules llenos de preguntas, no solo las preguntas sino el hecho de que tuviera los ojos de ella… ella que tanto daño le había hecho.

Pero como hubiesen sido las cosas si él la hubiera dejado hablar, ahora se preguntaba eso. Tal vez todo hubiera sido igual pero al menos el no se quedaría con la duda que tenía en estos momentos, ese día la rabia y el odio se apodero de él haciéndole imposible que razonara. Pero a quien engañaba, ella lo había engañado y eso era todo.

Volvió a cerrar los ojos esperando volver a conciliar el sueño, al momento de caer nuevamente en el sueño las imágenes volvieron a él.

— Por favor, ¡escúchame solo un segundo! — pedía. — Solo uno te pido, un solo segundo —susurro con labios temblorosos, mientras hacia el vano intento de abrazarlo.

— ¡NO!— grito enfurecido apartando a la chica. Las cosas comenzaban a salírsele de control y estaba a un punto del quiebre. Ella se tambaleo un momento pero no hizo nada ante la acción. — Lárgate — ordeno dando la vuelta para volver entrar a la casa, que hasta ahora ambos compartían.

— No—dijo ella con lágrimas que volvían a surgir de sus ojos, la fría lluvia no ayudaba en nada. Scorpius negó con la cabeza y soltó una risa sarcástica, la cual dejo desconcertada a Rose por unos segundos, fijando su vista en el hombre que amaba. — No nos hagas esto. Dijiste que me querías. Hemos renunciado a todo por estar juntos, podemos solucionar las cosas no actúes así — avanzo hasta donde estaba el para acariciar una de su mejillas y abrazarlo muy fuerte, pero lo único que recibió fue que Scorpius la empujase de nuevo. — Luchemos juntos, por esto. Por nosotros.

—Ya no existe un "juntos" o "nosotros"…

 Como le pedía que lucharan cuando ella fue la que lo engaño, ella se había burlado de él con la persona que mas detestaba. Desearía despertar y darse cuenta que nada era en verdad, todo debía ser un mal sueño.

— Scorpius— la veía llorar sin embargo la voz que ahora escuchaba no era la suya sino la de otra persona— Scorpius— continuo insistiendo—… papá.

Scorpius abrió los ojos, un niño rubio lo miraba con confusión.

— Podemos desayunar.

No hizo más que asentir en cuanto lo hizo el pequeño salió corriendo abriendo la puerta de la habitación. Scorpius miro a su alrededor percatándose de lo enorme que era esa habitación y de lo solo que estaba él, paso una mano por su cara sin duda alguna causando picor en su mano cuando noto la barba que comenzaba a crecerle.

— Odio eso Scorp— dijo Rose con una mueca en sus labios, con sus dedos delineo la boca de Scorpius hasta llegar a su barbilla—, deberías deshacerte de ella—con un puchero—Oh, no es por amenazar, pero alguien de esta casa se mantendrá en abstinencia mientras esa cosa—señalo la barba de Scorpius— siga aquí, así que… no lo sé. Piénsalo.

— Lo haré, lo prometo.

— Te amaba tanto Rose.