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En el espejo de Oesed... — capítulo 1
Ya no aguantaba más. La traición de su hija la superaba. Nada había funcionado. ¿Qué era lo que había hecho mal?
Rowena Ravenclaw estaba en sus aposentos de Hogwarts, caminando de un lado a otro, sin saber qué hacer. ¿Por qué? ¿Por qué su hija? Su propia hija. Su propia hija le había robado su más preciada posesión, su diadema, el único objeto que la completaba. Era egoísta y lo sabía, porque quería más a su diadema que a su hija, pero no podía evitarlo. La ausencia de la diadema la mataba.
Unos ligeros golpes en la puerta la despertaron de su extraño sopor y se encontró sentada en el suelo, acurrucada en una de las esquinas de su habitación. Se levantó, agradecida de que nadie la hubiera visto, y se alisó el voluminoso vestido que llevaba puesto, acorde con la moda de la época. Abrió la puerta para revelar a sus tres compañeros, sus tres amigos, sus tres fundadores: Helga, Godric y Salazar.
-Rowena-dijo lentamente Godric- tienes que venir, rápido. Tienes que ver esto.
-Sí, es imposible-Salazar admitiendo algo imposible, eso era nuevo. Helga simplemente sonrió.
Rowena, cerrando la puerta pero sin decir una sola palabra, siguió a sus amigos a una de las puertas cercanas, una que nunca se había podido abrir. Se habían preguntado muchas veces por qué, pues ellos habían construido el castillo, ellos sabían de todos sus rincones. Pero esa puerta no. Esa puerta había estado allí, desde el primer día, como si hubiera estado ahí siempre. Aunque ahora quizá sus amigos habían averiguado la forma de abrirla. Se sintió avergonzada. Ella era sin duda la más inteligente de los cuatro. Tenía que haber sido ella la que hubiera descubierto cómo abrirla, aunque echó la culpa inmediatamente a la falta de su diadema.
Helga, lentamente, tomó el pomo de la puerta entre sus manos. Godric y Salazar pusieron sus dedos sobre el marco, invitando a Rowena a hacer lo mismo.
En cuanto sus temblorosas manos tocaron la madera, esta se entreabrió, para revelar una habitación pequeña pero gigante a la vez. Una densa niebla lo cubría todo, pero aquello parecía una catedral. No había nada allí, pero también, cuanto más miraban, más había para observar. Un banco de piedra, un árbol aquí, otro allá, un gran espejo con palabras subiendo por su marco...
Salazar fue el primero en acercarse al gran cristal. Rowena lo miró con intensidad, apreciando su esbelta figura. Esperó ansiosa su reacción y, por las caras del resto, podía ver que Godric y Helga también contenían la respiración.
-Veo-comenzó Salazar- un mundo sin muggles. Todos somos magos. Veo la varita más poderosa en mi mano. Y, por encima de todo, me veo a mí mismo, feliz, agarrado de la mano de una hermosa dama.
Salazar sonrió. ¿Sería aquello el futuro? ¿Sería verdad?
Helga se aproximó cautelosamente al espejo, recelosa. Miró a los ojos a Salazar y al romper este el contacto visual con el espejo, su visión desapareció. Helga tomó su lugar.
Tras unos minutos, también sonrió, y compartió su visión con el resto.
-Me veo a mí misma, embarazada y cogida de la mano de dos niños pequeños. Un apuesto hombre me está tomando de los hombros y, al fondo, veo a toda la población del mundo, feliz, no se distinguen si son muggles o magos, pero ¿qué más da?
Helga estuvo unos segundos más y se apartó del espejo. Godric ocupó su lugar.
-Veo mi espada, mi sombrero y mi pluma de escribir sobre una mesa. Me veo a mí mismo detrás, sosteniendo algo. ¿Qué es? No logro distinguirlo. ¿Qué creéis que es esto?´-preguntó, girándose hacia atrás.
-No lo sé-contestó Helga-. Pero me atrevería a decir que muestra lo que queremos. Sea lo que sea.
Godric se giró otra vez, y siguió mirándose.
-Mi espada está manchada de sangre. Veo a miles de personas aplaudiendo detrás, vitoreándome, dándome las gracias. Soy feliz.
Rowena se puso a pensar. Todos habían visto a sus propias personas felices. ¿Qué vería ella?
Godric caminó hacia un lado e hizo un gesto para que Rowena se aproximara. Esta, con algo de indecisión, se acercó, y miró su reflejo. Unos minutos pasaron y no sucedía nada. ¿Qué pasaba? ¿Por qué ella no veía nada? Hasta que se fijó en un objeto que brillaba en su frente. Su diadema. Levantó la mano inmediatamente para tocar su fría frente, desnuda, sin nada. Las lágrimas corrieron por el rostro de la hermosa bruja al ver a su hija a su lado, de la mano, riendo ambas y saltando. Se dio la vuelta mientras se secaba las lágrimas.
Sus amigos no le preguntaron nunca qué había visto en el espejo, por lo que ello quedó oculto del mundo. Pero al cerrar la puerta de la gran estancia, que a la vez era pequeña, la puerta desapareció, transportando al espejo a un nuevo hogar, pero los fundadores nunca se imaginaron que el objeto en el que habían visto el mayor deseo de su corazón volvería a Hogwarts, no tardando mucho, para encantar a otra persona como lo había hecho con ellos.
Pues aquí tenéis el siguiente fic, esta vez de los fundadores. Siempre quise escribir sobre ellos, así que aquí está una pieza de lo que puede ser un gran fic sobre los fundadores. Espero que os haya gustado, y gracias por leer.
Muchísimas gracias a todas las personas que han comentado en las historias anteriores, tendré en cuenta vuestras peticiones para los próximos fics y no dudéis en dejarme más peticiones en los comentarios. Muchas gracias por leer otra vez :3
Lielbay
P.D. se admiten otras sugerencias de personajes en el Espejo :)