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En el espejo de Oesed... — capítulo 2

Hoy era su última oportunidad, antes de que el espejo fuera trasladado a su nuevo hogar. Tenía que darse prisa si quería llegar pronto.

Albus Dumbledore se puso su túnica plateada y cogió sus gafas torcidas. Se las puso sobre su nariz, con lo que quedaron aún peor. Pero no le importaba. Ya no le importaba nada. Rápidamente se hizo un encantamiento desilusionador sobre sí mismo y corrió por los pasillos de Hogwarts, de una forma en la que era imposible detectar su edad. En todo ese momento, no dejó de pensar en Harry, y en que también podía encontrarlo ahí, aunque deseó que no fuer así. Quería tener el espejo para sí solo. Quería mirar en él por última vez.

Llegó a la pesada puerta de roble y la abrió, antes de comprobar que nadie lo seguía. Por suerte, la estancia estaba vacía. Sintió esa agradable y familiar sensación de que alguien rompía huevos sobre su cabeza cuando se quitó el encantamiento, y se aproximó lentamente al espejo de Oesed.

Sonrió cuando el cuerpo de Ariana se situó junto a su reflejo en el espejo. Su pelo rubio había crecido mucho, y sus enormes ojos azules lo miraban con ternura.

-Lo siento-dijo Albus, por enésima vez-. Fue mi culpa.

Ojalá pudiera contestar. Albus se sentó en el suelo, tal como había hecho Harry Potter horas antes. Pronto, el espejo se llenó con los reflejos de sus padres, de sus abuelos, de su familia, de todas aquellas personas que nunca debieron morir.

Lágrimas plateadas que iban a juego con su largo pelo caían por sus mejillas, yendo a esconderse, o a morir, a su barba. Alzó su mano, lentamente, hasta ponerla en el reflejo de la mejilla de su hermana. Se levantó con dificultad, como si de repente sí se le notaran todos los años que tenía. Miró otra vez al espejo y se sobresaltó al ver una figura en él que nunca antes había visto. Fawkes estaba sobre su hombro también, completando la gran familia. Mientras deseaba que de verdad lo estuviera, sintió unas gotas caer sobre su mano derecha. Ahí, volando a su lado, sin hacer ruido alguno, estaba su fénix, llorando a su lado.

Y así se quedaron, mirando al espejo, durante minutos, u horas, aunque a Albus no le parecieron más de un par de segundos. Todo había sido su culpa. Y nunca lo arreglaría. Nunca.

Se miró por última vez al espejo y vio simplemente su reflejo, con Fawkes al hombro, y algo que tenía en la mano, lo cual sujetaba con fuerza.

Sintió como algo entraba por su puño apretado, y seguidamente notó el cálido tejido de lana del que estaban hechos los calcetines que sostenía. Su reflejo del espejo le guiñó un ojo, y desapareció.

Albus sabía que había llegado la hora, así que, aún con lágrimas en los ojos, conjuró el hechizo que transportaría al espejo a su nuevo hogar. Cuando hubo desaparecido, salió de la habitación, sin importarle que la gente lo viera, viera sus lágrimas, viera a Fawkes, ya no le importaba nada. Caminó lentamente a su despacho y se desplomó en su sillón, aún apretando con fuerza los gruesos calcetines de lana.


Bueno pues aquí tenéis el primer personaje, Albus Dumbledore. Espero que os haya gustado y, sobretodo, gracias por leer :) Tengo hecha una lista de personajes que me gustaría hacer, pero si queréis, comentadme con aquellos que os gustarían más, si quisierais que los hiciera en orden cronológico, etc. ¡Cualquier cosa! 

Gracias por leer de nuevo :3

Lielbay