← En el espejo de Oesed... · de
En el espejo de Oesed... — capítulo 16
Había oído la teoría de los propios labios de Dumbledore: solo alguien que quisiera encontrar algo, encontrarlo, pero no usarlo, sería capaz de obtener ese objeto a partir del Espejo de Oesed. Claro está, era una teoría sin comprobar, mejor dicho que una teoría, una hipótesis. Pero se la había creído. Dumbledore también había dicho que el espejo sería trasladado a un lugar de Hogwarts temporalmente, por ello vagaba por los pasillos sin rumbo fijo, traspasando a alumnos y chocándose contra paredes.
Helena Ravenclaw no podía dejar de darle vueltas a la cabeza, evitando que sus pensamientos la llevaran a cierto muchacho de ojos oscuros que, usando todo su encanto, la había engañado. Lo único que quería era encontrar de nuevo la diadema, para no soltarla nunca jamás.
Se dio de bruces al traspasar un muro con Nick Casi Decapitado, pero no se molestó ni en murmurar alguna palabra de perdón. Hizo caso omiso de las preguntas de Nick y siguió buscando, esta vez en el séptimo piso.
Cuando pasó de largo por delante del tapiz de Barnabás el Chiflado enseñando ballet a los trolls, se dio cuenta de que el pasillo estaba desierto. No se oía absolutamente nada, ni siquiera gritos desde los jardines por la ventana abierta. Ni siquiera a los ocupantes de los cuadros murmurar. Helena pensó que, si ella estuviera viva, tampoco se la habría oído respirar.
Se paró en seco en medio del pasillo cuando le pareció oír un leve sonido de engranajes, cosa imposible, pues en Hogwarts no había de eso. Pero tantos años viva, o muerta según se vea, le habían enseñado muchas cosas. Se giró y no se sorprendió demasiado cuando una puerta negra se había materializado de la nada en la pared. Uno se acostumbraba a ese tipo de cosas en Hogwarts.
Tras comprobar que no había nadie a la vista, Helena traspasó la puerta, sorprendida al no encontrarse ninguna resistencia, deseando fervientemente que el espejo estuviera allí. Pero lo que vio dentro la dejó más que estupefacta: montones y columnas y filas de objetos que llegaban hasta el techo de la estancia, tan alta como una catedral y tan grande como cien. Helena paseó por aquellos extraños pasillos, maravillada ante tal espectáculo. Cuando vio por enésima vez un pequeño armario pintado de azul sobre una mesa coja, se dio cuenta de que llevaba un rato caminando en círculos en torno a algo. Traspasó todos aquellos objetos dispuestos en círculo hasta llegar al centro, a lo que estaba buscando.
El majestuoso espejo se alzaba en medio de todo aquello, con las letras esculpidas en el oro decorando el marco. Por primera vez en muchos años, Helena esbozó una ligera sonrisa en el rostro gris que siempre la acompañaba. Se acercó sin mirar si quiera a los objetos que había a sus pies: una tabla de madera, varios pupitres, demasiados libros, un busto de un mago feo, una capa negra, un escudo de Hufflepuff, una hermosa diadema que relucía...
Se situó frente al espejo y, por primera vez en muchos años se vio a sí misma, con la misma ropa, la misma cara y lo mismo de siempre. Aquello la entristeció. Por algo la llamaban la Dama Gris, nadie, ni siquiera Peeves, podía arrancarle una sonrisa. Si aquello podía, sería una buena señal.
Por unos instantes, nada en el reflejo cambió, y Helena comenzó a dudar de Dumbledore. Un segundo después, una ligera sombra fue formándose a sus espaldas, a lo que la fantasma dio un respingo y se dio la vuelta. Pero allí no había nada, tan solo todos aquellos objetos que habría tirado al pasar si no estuviera muerta...
Cuando se volvió, la sombra había tomado cuerpo, y sus facciones se distinguían vagamente, pero Helena no dudó ni un instante en quién era. Solo por las ropas, se podía afirmar que era un barón. Pero no tuvo ni un momento para fijarse mejor: inmediatamente su reflejo echó la mano atrás y sacó de la nada una hermosa diadema plateada, y su sonrisa se curvó aún más, dejando incluso mostrar los dientes perfectos que había tenido. Poco a poco el reflejo fue cobrando color, y la Helena de verdad sonrió tristemente, intentando imitarse a sí misma en el espejo. Aquello no le había mostrado cómo conseguirlo, si fuera tan fácil alargar la mano y coger lo primero que se le presentara... Demostraba que Dumbledore no estaba en lo cierto, pues ella quería la diadema, simplemente la quería, no para utilizarla, no tenía ningún sentido...
Sin poder evitarlo una lágrima solitaria se deslizó por las incorpóreas mejillas de Helena Ravenclaw. Hacía tanto tiempo que no lloraba, que se había olvidado del sabor salado de sus propias lágrimas. Se dio la vuelta y volvió a atravesar los mismos objetos para salir tan rápido de allí como pudiera y no recordar nunca más su fracaso: la misma tabla de madera, los mismos pupitres, los mismos libros, el mismo busto del mismo mago feo, la misma capa negra, el mismo escudo y la misma diadema...
Ayer por la noche me sorprendí pensando en Helena Ravenclaw y me pregunté qué vería ella en el espejo, así que decidí hacerlo sobre ella aunque no siguiera el orden cronológico. Claro está, Dumbledore tenía razón, el espejo le mostró cómo encontrarla pero su orgullo le impidió entender el mensaje. Espero que os haya gustado :)
En el anterior capítulo me pedisteis que lo hiciera de Pansy, lamentablemente no es un personaje del que se sepa mucho así que no tengo ninguna base ni ninguna idea, pero si vosotros tenéis alguna no dudéis en contármela :) También me estoy pensando si hacer la tercera generación, ya que sería muy subjetiva y sin fundamentos... como próximos proyectos tengo a Luna, a Molly/Arthur, a algún Weasley, a Cedric...
Muchas gracias por leer, y si me podríais hacer un favor me encantaría que leyeseis esta historia, es una de las mías para "momentos perdidos" y es la que más me ha gustado, tengo otras dos que podéis encontrar en mi perfil, pero como Potterfics solo deja poner un link, os dejo el de "El último enemigo que será derrotado es la muerte":http://www.potterfics.com/historias/149182 , el cual va sobre la muerte de Ignotus Peverell. Las otras dos se llaman Alohomora (Petunia encuentra a Harry) y "Fractus animus semper saecula" (la creación del primer Horrocrux de Voldemort). Ya de adelanto, muchísimas gracias si leéis alguno :)
Un abrazo, y espero de corazón que os haya gustado,
Elisa
P.D. siento este parrafón último, pero el capítulo me había quedado un poco corto :)