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En el espejo de Oesed... — capítulo 15

¿Por qué? ¿Por qué no podía deshacerse de él? Ginny lo había intentado todo. Había rasgado páginas, había cortado las cubiertas, incluso lo había intentado enterrar en la linde del bosque prohibido. Pero el maldito diario siempre se arreglaba y encontraba la manera de volver a ella.

Pero esa vez iba a ser diferente. Lo dejaría en un retrete del baño de Myrtle la Llorona y tiraría de la cadena. Sabía que las tuberías probablemente desembocarían en el lago Negro de Hogwarts, no tan lejos como le gustaría, pero tenía que intentarlo.

Era cerca de la una de la mañana, y todo el castillo dormía, a excepción de Ginny, y probablemente algún profesor. Aún así, cada vez que giraba una esquina, tomaba las precauciones adecuadas. Iba con la capucha de la capa puesta, una capa que le quedaba inusualmente larga, el pelo recogido en un moño para que no le quitara visión, y caminaba pegada a la pared, intentando alejarse lo más posible de las antorchas para disminuir su sombra.

Cuando llegó a la puerta del baño de Myrtle, no se dio cuenta de que la puerta había cambiado. Era de madera blanca, con dibujos tallados en ella, a diferencia de la puerta de madera vieja, casi negra, que solía cerrar el baño. Iba tan concentrada en que no la descubrieran que lo pasó por alto y abrió la puerta. Se metió dentro mirando hacia fuera, y cerró la puerta. Cuando se giró, se dio cuenta de que no era allí donde debería estar.

La habitación era grande, mucho más de lo que lo había sido el baño de Myrtle, y estaba llena de retretes, bañeras, lavabos y duchas, todo colocado y limpio, reluciente, como si nunca nadie hubiera puesto un pie allí. En el centro del baño, junto a una bañera dorada con grifos de colores, había un precioso espejo, con un marco muy ancho y lleno de letras. No relucía como el resto del baño, pero destacaba más que cualquier otra cosa.

Ginny se bajó la capucha e intentando no parecer muy asustada, se acercó al espejo. Su reflejo le devolvió la mirada, con los ojos rojos e hinchados, el pelo revuelto y algunos mechones saliéndose del apretado moño rojo fuego. La expresión de su rostro era de sorpresa. Apretaba el diario contra su pecho, como con temor de que alguien se lo quitara, pero al bajar la vista por su reflejo, vio que sus brazos caían cuan largos eran a lo largo de su cuerpo, sus manos cerradas en puños. Su cara era la misma, ella era la misma, a excepción de ese pequeño detalle. El diario, en el espejo, no estaba por ninguna parte.

Ginny arqueó las cejas y, lejos de estar asustada ya, estaba sorprendida, con la boca algo abierta y los ojos como platos. Cuando se dio cuenta, cerró la boca y relajó los ojos, pero se volvió a sorprender al ver que su reflejo, lejos de imitar sus acciones, curvaba un poco la boca hacia arriba y abría más los ojos en una sonrisa sincera.

Se dio la vuelta, incapaz de seguir contemplando el espejo, y salió corriendo de la extraña habitación, sin molestarse siquiera de cerrar la puerta ni de volver a ponerse la capucha. Corrió hasta la sala común de Gryffindor, enfadando a la Señora Gorda, y se metió en la cama con el corazón latiendo desbocado, sin poder olvidar esa imagen que había visto en el espejo.


Harry y Cho. Cho y Harry. No sonaba nada bien.

Ginny vagaba sola por los pasillos, dándole vueltas a la cabeza, recordando las palabras de Hermione: sal con otros chicos, dale tiempo. Y ella había salido con otros chicos, y Harry nunca había salido con otras chicas. Pero ahora sí.

Fuera hacía un día espléndido, y eso que era aún febrero. La mayoría de los estudiantes de Hogwarts estaban fuera en los terrenos, pero ella se había quedado dentro con la esperanza de no encontrarse a nadie. Giró una esquina y se encontró a una pareja escondida en un rincón, riendo en voz baja y besándose. Ginny dio la vuelta y deseó con toda su alma que no fueran Cho y Harry, aunque la voz que había oído se pareciera infinitamente a la de Harry.

Decidió ir hasta un lugar que hacía tiempo que no visitaba: el baño de Myrtle la Llorona. Oyó sus sollozos mucho antes de entrar por la vieja puerta de roble, y cuando entró se encontró el baño encharcado y a Myrtle tirada en el suelo, rodeada de agua, llorando a lágrima viva, si se podía decir eso de ella.

-Myrtle-dijo Ginny en apenas un susurro. La chica fantasma la oyó y dejó de llorar al instante. La miró con ojos rojos, sorprendida.- Myrtle- repitió Ginny-. ¿Qué te pasa?

-Eso me pasa-respondió ella señalando con el dedo índice a un rincón oscuro, sin mirar a él.

Ginny se levantó y se acercó a donde Myrtle había señalado. Solo había un viejo espejo, demasiado grande para estar ahí, que a Ginny le sonaba extrañamente familiar...

-Solo es un espejo, Myrtle. No tienes nada de lo que preocuparte-dijo Ginny girándose. Se sobresaltó un poco al ver que Myrtle estaba a pocos centímetros de ella, su poco corpórea nariz casi atravesando la suya propia, sus ojos llenos de rabia.

-No es solo un espejo, Weasley. No me refleja. El resto de espejos sí. Ese no hace más que recordarme que estoy muerta pero sigo aquí.-Myrtle se apartó, dejando a Ginny con las palabras en la boca. Después, se encerró en un cubículo, y Ginny oyó pocos segundos después cómo la cadena la arrastraba hasta el lago.

Ginny sacudió la cabeza y miró al espejo. Al principio no lo había reconocido, pero entonces sí. Era el espejo de Oesed. Ginny se preguntó qué le mostraría esa vez, y se acercó poco a poco hasta quedar justo en frente de él.

Se sobresaltó al instante, no se esperaba lo que apareció en él. Una pareja de espaldas caminaba, pero no se movía del sitio en el reflejo. La chica tenía el pelo rojo oscuro, largo, y el chico era un poco más alto que ella, y tenía los cabellos revueltos, negros como la noche. Ginny no podía apartar la vista. Llegó un momento en el que la pareja se giró cuarenta y cinco grados y quedaron frente a frente. Las gafas de Harry estaban torcidas, como siempre, y los ojos de Ginny brillaban. Él la tomó de la cintura y fue acercándola poco a poco hasta que sus narices se rozaron. Ginny miraba el reflejo, hipnotizada, sus ojos echando chispas. Pero se dio la vuelta justo antes de ver como su reflejo y el de Harry acortaban la distancia entre ellos, como tantas veces lo habían hecho en sus sueños. Consideró la opción de pegarle un puñetazo al espejo y romperlo, pero sabía que no lo conseguiría. Así que salió corriendo sin mirar atrás, las lágrimas quemándole en la cara mientras se deslizaban por ella hasta morir en su garganta.

Antes que nada, muchas gracias por leer, y en especial como tantas veces a HBPB y MMM, que fueron las únicas en comentar el anterior capítulo.

También quería aclarar una cosa. El capítulo es de Ginny, pero también de Myrtle. Muestra cómo el deseo de Myrtle es estar muerta y no ser un fantasma, por ello no se ve reflejada en el espejo.

Como ya dije en el anterior, no sé de quién será en siguiente, así que admito sugerencias.

Una vez más, gracias por leer :)

Un abrazo,

Elisa