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Historia 131846 — capítulo 1
Sus ojos no reflejaban más que rencor, estaba sentado la última fila más sin embargo yo sentía su aliento justo en mi cuello, debía ignorar su presencia, después de todo el hombre frente a mi acababa de aceptarme por su esposa. El tener cariño por alguien no es razón suficiente para casarse, sentir un amor inmenso hacia él tampoco fue razón suficiente para estar conmigo.
Caminábamos por las calles de Hogmeade, como cada fin de semana había ido a visitarme y pasábamos el día juntos, nunca tomaba mi mano pero yo ataba mis dedos a los suyos mientras platicábamos de sus nuevas adquisiciones en Borgin y Burkes.
-Era de mi madre, lo vendió días antes de traerme al mundo- dijo Tom admirando el guardapelo dorado en su mano.
- ¿Cuándo lo compraste? Dice el diario el profeta que asesinaron a la dueña de la Copa de Helga Hufflepuff
- No supe del suceso, tengo cosas más importantes en mente - susurro haciéndome parar y abrocharme el guardapelo retirando mi cabello con una suave caricia - Tengo algo que decirte - me dijo tomando mi mano para correr hasta la casa de los gritos por el camino de piedra.
Sus manos estaban frías a pesar del agradable clima que extrañamente disfrutaba este día de primavera, me recordaban a la primera vez que mi cuerpo estuvo con el suyo esa maravillosa noche de navidad, un beso frio y diferente me despertó por mi necesidad de entrelazar mis manos en su cabello para acercarlo más a mí pero el termino de besarme en cuanto sentí su cuerpo vibrar por un momento.
-Me iré de viaje…
-¿Cuándo volverás? - le dije con una leve sonrisa en mi rostro creyendo que sería solo unos días
-No lo sé, pero tardare, además no tengo nada que hacer aquí ocupándome de las cosas del abuelo- pronuncio bastante aburrido antes de voltearse a apreciar mejor un tonto árbol.
No pude hacer nada más que sentir mi corazón hacerse pequeño con sus palabras - ¿Nada?...
Lo escuche embozar una sonrisa - tengo mucho que hacer, no me quedare aquí viviendo la vida de un muggle ¿Que esperabas de mí? - Pronuncio acomodando mi cabello detrás de mí oído- ¿te hice creer que éramos más que amigos?
Trate de aguantar la respiración para no llorar, voltee mi cuerpo como si la casa de los gritos me estuviese llamando
Quise odiarlo… No Pude
Quise no sentir la pena de tal vez no verlo nunca más… No pude
Voltee a encararlo, después de todo tenía razón nunca dijimos ser más que amigos vaya que era tonta para algunas cosas, sonriendo de la manera más arrogante que encontré, no lo dejaría ver que había perdido todo por ser la tonta más grande del mundo mágico.
-Nada, que parezca enamorada no significa que esto sea serio o sí? Bueno debo irme me esperan en las tres escobas - lo abrace fugaz sin siquiera dejarlo tomar mi espalda - Nos vemos - jale el broche del guardapelo hacia el frente para quitármelo y devolvérselo pero él me detuvo.
-Déjatelo se ve bien en ti- le sonreí y me marche lo más rápido posible.
El vestido me ceñía demasiado en la cintura o es que mi estómago daba vueltas por el espacio cuando Tom movió mi mano para que contestara el "si" al pastor que desde no se cuánto tiempo me estaba hablando.
-Señorita Lindihon…- soltó en tono insistente, sentí la mirada acusadora de mi madre en mi espalda, no es que estuviese muy feliz con este matrimonio pero tampoco le gustaba que la dejase en vergüenza enfrente de todo esos "muggles".
- Acepto - parecía que la gravedad descendió después de esa sola palabra.
Era extraño que una mujer no prestara mucha atención a las bellas palabras que pronunciaban en la ceremonia pero mi atención además de en la expresión de preocupación de Tom estaba en la parte de atrás del salón.
Supe que era momento de marchar de nuevo por el pasillo de entre las sillas para ser presentados como "El señor y la señora Riddle", mi bello vestido de encaje blanco se deslizo sobre la alfombra como una pluma en el viento y aunque las largas mangas no alcanzaban a quitarme ese molesto frio invernal que se colaba en la casa. Soportar los consejos y regaños de mi madre, suegra y demás damas de sociedad fue un paraíso comparado con él acercándose hacia mí, podría ser mi imaginación o su rostro era más perfecto que la última vez que lo vi.
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Caminaba hacia ella, lucia perfecta, más hermosa que cuando me dejo parado bajo ese sauce en Hogmeade, debía aceptar que el blanco la hacia parecer una ninfa.
Tome su mano justo a tiempo antes de que huyera a los brazos de mi padre, la abrace muy a mi manera y de inmediato comenzó a llorar.
-Felicidades…
Alguien la había apartado de mí haciéndome ver que no lloraba pero poco faltaba para eso, de nuevo él.
-Kotsa´si ¿Dónde estabas? Volviste justo a tiempo hijo - me dijo con la mayor sinceridad que jamás le había visto en toda mi vida peor claro abrazándola por al cintura.
-No podría perderme este espectáculo, además no me quedare demasiado he encontrado muchas cosas - mi padre ignoro olímpicamente mi comentario y me dio una copa, tomándose otra conmigo de un solo sorbo.
Kotsa´si nos miró algo aburrida antes de soltarse de los brazos de Thomas y correr hacia sus primas extrañas que acababan de cruzar la puerta del salón.
-Gran elección- dije tomando una copa mas de la charola de un mesero distraído
-La elegiste por mi hijo - me ladeo una sonrisa exactamente igual a las que yo le regalaba a Kotsa´si cuando descansaba en mi cama.
Ese día no quise esperar a Kotsa´si fuera de los terrenos de Hogwarts preferia hacerla caminar hasta las tres escobas donde una malhumorada belleza cruzo las puertas enfundada en un vestido rojo a medida que hizo voltear hasta el último hombre en ese viejo pub, definitivamente ella fue uno de mis mejores aciertos, camine hacia la escaleras y la subí con ella pisándome los talones furiosa.
-se puede saber porque no fuiste por mí a la reja del castillo, estuve parada media hor…..-
No tenía ganas de escuchar sus reclamos así que la bese hasta que el aliento se me termino, sus manos fueron a parar a mi cabello, bajaron por mi cuello hasta mi pecho donde me empujo justo en el momento en que necesite tomar aire.
-no creas que lo olvidar…
Esta vez la bese hasta tenderla de espaldas en la cama de la habitación y llevar mis manos por la tela que definía su figura, deslice la cremallera de su vestido para sacarlo y ver a esa diosa en ese gracioso vestido de tela brillante solo para quitárselo también. Devore como un loco su cuerpo hasta dejarlo sin nada encima, lucia perfecta bañada por la tenue luz de la chimenea…
-Hijo, tanto tiempo sin verte, creí que no vendrías al saber quién se casaba con el ridículo de tu padre - dijo mi abuelo dándome otra copa, esta vez mas fuerte - la necesitaras, ya se están yendo todos.
Kotsa´si había bebido bastante en esos minutos que me desprendí de la extraña realidad en la que me encontraba.
Al Parecer Orión comenzó a tocar el piano por petición de todas las primas que se encontraban en el mismo estado alegador que Kotsy. Todos los amigos de sociedad por fortuna ya se habían ido o estaban peor de borrachos que ellas.
-Vamos hijo, no te quedes aquí aburrido - se sostuvo el anciano de mi para poder caminar hasta su cómodo sillón que compartió conmigo y una botella en su mano.
-Canta Toña anda - le rogo mi inconcebible madrastra con una mirada que nadie le podía negar nada
- Bueno…. Después de tanto soportar la pena que me dio tu olvido, después que todo te lo dio mi pobre corazón herido, has vuelto a verme para que yo sepa de tu desventura, por la amargura de un amor igual al que me diste tu-
Kotsy comenzó a cantar con ella, horrible por lo ebria que estaba y brindando conmigo cada dos segundos.
-Ya no podre ni perdonar ni darte lo que tú me diste, has de saber que de un cariño muerto no existe rencor…
-Cállate Kotsy- le grite desde el sillón despertando momentáneamente a mi abuelo.
-Cállate tu - me dijo lanzándome un hechizo punzante que aterrizo en el viejo sin siquiera despertarlo, rogué por no fuese permanente o difícil de quitar
-Has de saber que de un cariño muerto no existe rencor, y si pretendes remover las ruinas que tú mismo hiciste, solo cenizas hallaras de todo lo que fue mi amor- dejo de cantar para poder tomarse otro trago gigantesco de su vaso.
Era tan obvia y a la vez tan graciosa hasta que fue a sentarse en el regazo de mi padre para pedirle que se fueran, ese hombre con una cara igual a la mía la beso y se levantó de su sofá para bailar con ella, la abrazo a su cuerpo para después recorrer su cuello con sus labios al tiempo que bailaban suavemente, nunca imagine que mi padre aprendiese a bailar, lo que debió haber hecho por llevársela con él a…