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Historia 131846 — capítulo 2

Mis sentidos estaban completamente adormecidos pero aun podía sentir las manos de Thomas en mi cuerpo deslizándome por la alfombra de la sala y la mirada de Tom en mi espalda.

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Lamente no ser yo quien la condujera por el corredor hacia la escalera, mi cuerpo se quemaba con cada paso que ella daba, con cada botón que desabrochaba de su vestido mientras subían por la escalera.

Arroje mi copa al suelo y salí lo más rápido que pude de esa maldita casa y camine a zancadas por mucho tiempo hasta que perdí de vista la mansión Riddle.

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Solo podía pensar en el cristal estrellándose en el suelo del salón y la puerta de la entrada azotándose mientras entraba en la habitación con Thomas quitándome el vestido blanco, sus labios recorrían mi cuello tal como Tom lo hizo pero no debería recordar. El fuego de la boca de Thomas despertaba sensaciones en todo mi cuerpo que a cada paso y por mi estado se desvanecían en el aire.

Bese sus labios como si nunca los hubiese probado antes, sin importarlo que sucedería después deje que su boca tomara terreno por mi cuerpo, quite la estorbosa ropa de su cuerpo para tocar todo lo que estuviese a mi alcance sintiendo su fría piel contra la mía al mismo tiempo que conseguía hacerme sentirlo en mis piernas y unirse a mi haciéndome ahogar un grito en su hombro, separo su rostro de mi cabello para verme reflejada en el destello rojo de sus ojos y besarme…

No note cuando entro en mí y mis sentidos volvieron de golpe para sentir algo que me recordaba tanto a él porque a pesar de todo lo que había hecho nada le ganaba a esto,  solo podía observarlo dejándome llevar por las mil sensaciones en mi cuerpo, las velas de la habitación se encendieron de golpe antes de cerrar los ojos y pronunciar un ligero "Tom" al ver el reflejo rojizo de sus ojos en los de él y caer desfallecida en las sabanas de satín, tenía suerte de que ambos llevaran el mismo nombre.

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Mis pasos me llevaron a la antigua casa de mi madre, una choza que se estaba cayendo desde hace varios años después del incidente que tuve con mi tío, entre pateando trozos de madera pero mi masoquismo me hizo voltear a la habitación de mi padre que fue iluminada por un resplandor.

Me sentía como un loco haciéndole el amor definitivamente ella era lo mejor que tenía en la vida, la sentí retorcerse un poco cuando el fuego  de la chimenea creció de un golpe para apagarse al sentirme en la cima. Escuche la risita de Kotsy antes de girarme de espaldas y besarme otra vez, esa fue la primera navidad que no la pase solo ni aburrido desde hacía muchos años.

Esta era la segunda vez en mi vida que desearía no sentir nada, podría ser un genio pero descubrir cómo lograrlo no se había topado en mi camino, quise dormir en ese lugar pero lo único que pude hacer era ahogarme con la botella de mi abuelo que llevaba en el abrigo.

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Desperté sin ganas de levantarme pero camine desnuda hasta el baño, llene la tina con agua hirviendo,  me sumergí y llore, no por casarme con alguien a quien no amaba y entregarme a el mas bien porque era lo peor que había hecho después de él, disfrutaba estar con Thomas pero dentro de mi sabia que nunca lograría olvidar a Tom.

Entre con una extraña sensación en mi cuerpo a las tres escobas, los chicos me miraban, nunca lo había notado, los tres queridos Black ya me esperaban en la mesa del centro con sus respectivas cervezas de mantequilla.

-Vayamos por algo mas fuerte al Cabeza de Puerco ¿quieren?- sugerí con una sonrisa picara

Los tres chicos se levantaron bastante animados y me siguieron por el camino empedrado hasta ese viejo pub donde pedimos cuatro  whiskeys de fuego y bailamos unos momentos mientras le dedicaba sonrisas mas alegres de lo que recuerdo.

Los meses pasaron desapercibidos por las fiestas de Slughorn que me daban la oportunidad de probar nuevos sabores, solía sonreírle a cualquier eminencia para después bailar con ellos y burlarme si creían poder tenerme después de él.

Me quede en la bañera hasta que el agua se enfrió y mis lágrimas lograron parar de mezclarse con las burbujas. No era tan malo, después de todo Thomas era un hombre encantador, cuando se le daba la gana.

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Volví por la mañana para darme una ducha caliente, podía reconocer las cicatrices en mi cuerpo y casi ponerle nombre a cada una, Dariya, Gesine y Gitta  ofreciéndome la vida eterna por el precio de sangre mágica.

Mi cuerpo se encontraba rodeado por manos de piel tan fría que el estar desnudo en medio del nevado bosque alemán era todo un paraíso, mi varita había caído lejos de mis manos que ahora eran conducidas por cuerpos extraordinariamente perfectos más sin embargo sus caricias eran en exceso vacías a mis sentidos subdesarrollados, comenzaron a  devorarme si matarme del todo me querían vivo esa noche…

Baje pensando en cada una de ellas, mi vida sería más fácil si me hubiese quedado con alguna en vez de entrar al comedor y encontrarme con ella picando un plato con fruta y moviendo con su dedo una taza de té de la clásica flor amarilla.

-Demonios - pensé pero mi cuerpo no respondió.

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Me tome el estúpido té de los milagros de un solo sorbo para no tomarle sabor antes de darme cuenta de quién era mi compañero de desayuno esa mañana. Levantarme e irme no era un opción teniendo en cuenta con quien estaba tratando después de todo lo conocía bien.

-¿Todo bien en tu noche de bodas? ¿O te falto algo?- espero a ver mi expresión de asesina serial antes de dignarse a proseguir - cierto, yo tengo lo que falto pero no te preocupes lo he cuidado bien estos años- sonrió mientras la tetera le servía agua caliente en una taza.

-Te equivocas la pase de maravilla, ¿no has lo notado?- brinde con mi taza y mi pequeño ramo de flores amarillas que sin duda recordaría.

Ame el cambio de su mirada hacia mí, el crujir de las galletas en sus manos, esas manos… pero Thomas entro anunciándose y nuestro juego termino detrás de un periódico muggle que yo tan interesadamente leía.

-¿Qué ha pasado en el mundo?- me dijo dándome un beso que me dejo moronas de pan en la boca.

-Nada interesante Thomas- le dije algo aburrido notando que me miraba y miraba a Tom tratando de buscar un poco de complicidad en nuestros rostros.

-Bueno vamos a dar de que hablar, súbete al coche, cuento hasta 300 y me voy - me ordeno y volteo a ver al mudo- ¿te pasamos a dejar a King Cross, Tom?

-No, me quedare un rato más aquí, mi abuelo dijo necesitarme- me dijo ladeando una sonrisa que vi desde el otro lado del comedor.

Thomas se fue contando y leyendo el periódico que yo estaba leyendo junto con su taza de café en la mano que una chica de uniforme negro le perseguía saliendo de la casa con él.

Camine hasta el pasillo y en el espejo del mueblecito trate de arreglar un poco mi cabello levantándolo y atándolo con un listón. Mi vestido estaba perfecto solo necesitaba mi bolso que acudió a mí con un simple movimiento de mi varita al igual que el reflejo de Tom en el espejo.

-Disfruta tu día, madre - me susurro con un suave beso en el cuello, al cual sonreí e ignore caminando hasta la salida de la casa encontrándome con Thomas sonriendo recargado en su auto.

  • 297, 298, 299… 300 - me encorve para subirme al aparatejo que tan ansioso se auto regalo Thomas para su cumpleaños.

-¿Qué haremos hoy? - me miro y solo sonrió indicándole al chofer que íbamos para el centro, en unos pocos minutos llegamos a las oficinas de arrendamiento donde él trabajaba, intente bajarme pero él me cerró la puerta antes de poder siquiera asomar la cabeza a la calle.

  • ¿y yo que voy a hacer? - le pregunte desde la ventana del auto.

-Vaciar todas las tiendas, ahora eres una señora, no puedes andar con esos vestiditos de colegiala, regresas por mí para ir a cenara la casa - me dijo antes de darme un beso y colgarme un momento de su cuello como despedida.