La hija de Aro Vulturi — capítulo 7
Me había ocultado en un pequeño castillo de la familia cerca de Volterra, donde podía pasar el tiempo sin estar demasiado lejos de casa.
Como inmortal apenas notaba el paso del tiempo, así había pasado mi vida, antes de que pudiera contarla, quinientos años, eso llevaba atada a la existencia que yo no había pedido, quinientos años en los que mi dolor no disminuía pero era casi feliz, tenía una familia con la estaría por el resto de la eternidad, ellos le daban algún sentido a mi existencia pero yo quería algo más, había visto atraves de la mente de mi padre Aro lo feliz que un inmortal podía ser, dudaba que ser alguno hubiera sido tan feliz como lo fue Marco cuando Didyme estuvo a su lado.
—¿Puedo pasar? —me pregunto Marco, escuche el avance sigiloso que solo los vampiros lograban.
—Te extraño— me dijo— Estas encerrándote demasiado tiempo en ti misma llevas tres años sin salir de este lugar más que para comer.
¿Tres años? ¿Ese tiempo llevaba escondida en el castillo? Apenas y notaba el paso de un amanecer al otro, y recordaba con precisión (como todo en mi vida vampira) mi charla con Alec sobre alejarme de la familia, en realidad el tiempo era un pestañeo.
Me abalance sobre el, mi abrazo impulsivo trajo por unos segundos al hombre feliz que había visto tantos siglos atrás en la mente de Aro, luego solo quedo la sonrisa y unos ojos apenas con interés.
—En mi es donde encuentro la felicidad.
—Comprendo mi niña— susurro acariciando mi cabello.
Hice una mueca de niña mimada, ya no era una niña, ciertamente nunca lo había sido pero cuando ellos tenían 2500 años y yo apenas despertaba era aceptable que me trataran como tal, ahora que mi edad sobre pasaba los 500 no era justo que me trataran así.
—Siempre serás mi pequeña, aunque tengas diez mil años.
Le saque la legua pero lo abrace de nuevo. Tras mi tío ahora estaban los demás antiguos, junto a toda la guardia.
—¿Por qué el motivo de esta visita? — le pregunte a Aro cuando extendió sus brazos hacia mi. Sabía que no era casualidad que estuvieran mis padres y tíos junto a toda la guardia.
Me deje abrazar, pero el evito que la palma de su mano estuviera en contacto conmigo.
—¿No puede toda la familia visitar a la hija prodigio? — me pregunto besando mi frente.
—Si me hubiera ido lo sería, estoy cerca de casa.
—Ahora solo eres la rebelde— Cayo interfirió en la conversación.
Lo abrace, mi relación con el no era tan profunda como con Aro y Marco pero lo quería igual mente.
—Pronto volveré a casa.
—Tienes casi media década lejos— intervino Athenodora con reproche
La abrace igual que a Cayo, con cariño pero brevemente.
—Mi ragazza— mi madre sonreía como solo lo hacia cuando yo estaba cerca—Tres años son demasiado para mi.
Los saludos comenzaron, no me había dado cuenta el tiempo que me había alejado y lo mucho que nos extrañábamos mutuamente, Alec me abrazo y pareció que no me soltaría nunca, Félix jugueteo conmigo y casi traspaso la pared cuando me lanzo juguetonamente contra ella, Santiago me guiño el ojo, incluso Jane me abrazo, al parecer nuestra rivalidad era parte de la amistad extraña que teníamos, y Demetri bueno, el me recibió con un ramo de rosas.
—¿No has desistido? — le pregunte.
—¿Debo desistir al amor? — pregunto.
Torcí los ojos divertida, con el resto de la guardia no tenía relaciones tan profundas, pero igual los salude con cariño, habían rostros nuevos estos me saludaron con admiración y respeto, y había uno que no encontré.
—¿Eleazar? — le pregunte a mi padre asustada. ¿Acaso algo le habrá sucedido?
—Encontró su pareja y se marcho con ella— me respondió Cayo, supe que él lo veía como una especie de traición.
Mi madre me conto que Aro me extrañaba demasiado y había dado por terminado mi auto confinamiento, ellos guardaba la esperanza que al verlos a todos juntos decidiera volver a mi casa. La visita fue corta estuvieron una tarde antes de volver a Volterra.
—¿Se van? — les pregunte.
—Tu fuiste la que decidió alejarse— me respondió Aro— que daría yo por verte más seguido, haces sufrir el corazón de un padre.
Eso solo levanto mis sospechas, nadie me dio más información pero yo sabía que algo pasaba, no era al azar que habían venido todos solo por unas horas, y Aro nunca se había llamado mi padre, nunca en quinientos años ¿Por qué ahora?
—¿Ni siquiera comerán? — pregunte mirando sus ojos negros.
—El camino nos deparará alimento— me respondió con la voz cargada de tristeza— cumplimos en venir a visitar la oveja perdida.
En serio que era manipulador.
Pase de un brazo a otro antes de que partieran (Demetri me abrazo dos veces), observe desde mi jardín como desaparecían rumbo a mi hogar.
Una sensación de tristeza me invadió, Me quede sumida en la tristeza viendo por donde habían partido, analice lo mucho que había cambiado con el paso del tiempo, mi forma de vestir de hablar, mi personalidad ahora estaba un poco pasada de moda pero mis ideas si encajaban con la sociedad mi madre humana tuvo razón mis ideas eran demasiado adelantadas para mi época.
La ubicación de mi castillo nunca había sido un problema, estaba lo bastante oculta como para que nadie sospechara que alguien habitada ese lugar que muchos creían desierto y claro si alguien se acercaba a husmear no contaba la historia, pero sabía que pronto tendría que mudarme, algún dio la civilización alcanzaría ese lugar y yo debería dejar de vivir como una ermitaña.
Tenía dos días sin comer así que fui a cazar, no tenía ganas de alejarme mucho así que casaría cerca, cuando estuve en la ciudad vecina de Volterra entre a una tienda de ropa y robe algo de ropa tenía casi dos semanas con la misma y estaba algo manchada desde mi última comida, además mi forma de casar pedía buena presentación, una minifalda de jeans, zapatos de taco negros y una blusa negra con la inscripción "Love me", encontré en el mostrador una cajetilla de cigarros, eso me ayudaría. Salí de la tienda tranquilamente, la noche ya había terminado de caer sobre la ciudad, camine por sus calles buscando un auto lo suficientemente rápido para hoy, mientras caminaba muchos hombre me volvían a ver. Encontré el auto, un mercedes convertible plateado, no tenía mucha paciencia ese día, me senté en el frente del auto y cruce las piernas, tome un cigarro y lo prendí, para mi el humo del cigarrillo no significaba nada, aunque era molesto pasarlo por mi garganta y por mis pulmones para luego soltarlo pero me parecía que me hacia lucir algo más humana.
Quizá otros vampiros no se atreverían a casar tan cerca de Volterra, y no estaba segura si lo tenía permitido pero de no ser así sabía que mi padre no se enojaría por un simple humano.
Un par de chicas pasaron por ahí y me miraron con envidia, reí divertida, el dueño del auto no tardo mucho en llegar.
—¿La puedo ayudar? — me pregunto mirando mis piernas.
—Bastante— me acerque a él seductoramente, su sangre me llamaba pero no comería ahí—
Mi experiencia me decía que algunos hombres era un poco difíciles de seducir así que use el don de Heidi para que confiara en mi.
—¿Puedo conducir? — le pregunte con tono inocente.
El asintió y me entrego las llaves, subí al lado del conductor de un brinco cuidando no ser demasiado rápida, el tipo pareció creer que yo era extremadamente ágil, algo que no estaba muy lejos de la verdad pero tampoco cerca.
—¿Cómo te llamas? — me pregunto cuando ya íbamos de camino hacia el castillo, solo una ruta pasaba cerca, y yo misma había hecho el camino que se desviaba hacia mi cabaña
—No quieres saberlo— le dije riendo.
No me hablo el resto del camino, ni siquiera se inmuto por la velocidad a la que conducía estaba demasiado embobado mirándome, una que otra vez le sonreía coquetamente. Cuando llegamos baje del auto y le tendí la mano para que me siguiera, sintió mi piel demasiado fría y un escalofrió recorrió su cuerpo, esa era la primera señal.
Cuando entramos se altero, como un fetiche personal tenia fotografías mías de cada época de mi vida, una pared entera llena de imágenes mías, en la época de los Tudors, en la conquista, en la revolución, unas más recientes, en la época hippie, en la disco, casi podía ver cómo iban formándose preguntas en su mente.
—¿Photoshop? —pregunto
Yo negué con la cabeza y una sonrisa se dibujo en mi rostro.
—Disculpa que no te ofrezca nada de tomar, no tengo mucho aunque dudo que te guste lo mismo que a mí.
—¿No tienes inmueble? — Pregunto mirando lo vacio del lugar, estaba comenzando a alterarse.
—No paso mucho tiempo aquí— le conteste dulcemente.
—¿Eres tu la de esas fotografías? —
—Se puede decir, ya sabes el tiempo me ah cambiado bastante, no soy la misma que hace quinientos años.
Palideció y yo sonreí.
—¿Quién eres?
—Si te lo digo no me lo creerías— le conteste.
Me di cuenta que eso de jugar con la comida se estaba volviendo un mal habito para mí.
—Inténtalo— me dijo nervioso, miraba la puerta estaba intentando distraerme para correr.
—Quizá has leído mi nombre en algún libro de historia, Catalina de Norfolk.
Retrocedió hasta chocar con la pared.
—Imposible— dijo cada vez más asustado.
—Dependiendo desde donde lo veas— me senté tranquilamente en uno de los sofás.—Ahora discúlpame— le dije fingiendo mirar hacia otro lado— pero tengo que comer.
—¿Qué comerás? — me pregunto, sudaba y tanteaba la pared buscando la puerta.
—Nada parecido a lo que tu comes.
Corrió hacia la puerta, di un salto y me interpuse frente a él.
—¿Co-co-co-como? — tartamudeo.
Le sonreí….
Deje el mercedes junto al cuerpo del tipo cerca de una colina, luego le prendí fuego, nadie lo notaria, además estaba segura que tenía bastante tiempo de nos deshacerme de un cuerpo de esa forma.
Aun pensaba en mi familia, ¿Por qué habían venido a visitarme en vez de llamarme? Estaba bastante cerca si tanto me extrañaba en menos de una hora podía estar ahí. Y entonces lo descubrí, había sido una treta de Aro para que volviera a casa, si me hacia extrañarlos demasiado volvería…
Cuando estuve de nuevo en el castillo borre los rastros del auto solo por si la policía interfería demasiado, era poco probable pero en todo caso no tenía intenciones de terminar con todo un escuadrón de policías, eso era algo difícil de cubrir lo sabía y más en estos tiempos modernos. Me acosté en el sofá, tenía la costumbre de pasar así días pensando, normalmente solo una persona estaba en mi mente pero esa noche no, como extrañaba dormir, que mi mente se diera un descaso, no porque lo necesitara, sino porque los sueños eran un escape… Me sentía culpable como cada vez que comía, no podía dejar de pensar que le quitaba la vida a alguien y aumentaba la cantidad de víctimas en mi lista que ya debían de ser más que la que cualquiera pudiera contar, aleje el remordimiento y de nuevo Jorge llego a mis pensamientos.
—Fuimos condenados a un amor prohibido— le dije abrazándome a él.
—Si fuera distinto, te habría cortejado mi amada, te habría llenado de regalos y oro
—Entonces quizá no te hubiera amado.
—¿Piensas que amamos lo prohibido y no al otro? ¿Acaso eso no es injusto para el sentimiento?
—¿Acaso no es injusto para Jane? ¿Duermes en su cama pero son más veces las que visitas la mía?
—¿No debo hacerlo entonces?
—No dije lo contrario, solo preguntaba a quien le fue más injusta la vida.
—Quizá en unos años podamos escapar, irnos lejos, tal vez a ese nuevo continente del que hablan.
—¿Arriesgarnos así? ¿Deshonrar la familia?
—¿No lo hicieron ellos con nosotros ya? ¿No conocen todos a Maria como una amante del rey? ¿Podríamos caer más bajo?
—El apellido Bolena ascendió rápido en la sociedad, rápido caerá.
Sonreí, había olvidado lo anticuada que era mi forma de hablar en ese tiempo, bueno aunque en ese tiempo no era anticuada, recuerdos solo recuerdo era lo que tenia ahora, ¿Qué pasaría si obedecía a Alec? Y dejaba que todos se fueran de mi mente, ¿Podría entonces aceptar mi vida como inmortal?