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Memorias de Idhún IV -Memorias del nuevo Idhún. — capítulo 13

Erik no podía dar ni un paso más, estaba agotado apenas tenía energía para nada. Llevaba tres días al máximo y al límite de sus energías, además, la incomodidad de la herida estaba haciendo que el trayecto fuera de lo más frustrante.  Por las mañanas, Arys lo despertaba con las primeras luces del alba para enseñarle una complicada serie de estiramientos en la que brazos y piernas se movían lentamente a un compás casi imposible. Al principio Erik creyó que no sería demasiado difícil gracias al ritmo pausado del ejercicio, pero no tardó en descubrir su gran error; cada postura requería una dosis considerable de concentración y aguante inesperado para el chico. Era condenadamente difícil mantenerse firme en cada postura, pero lo que le frustraba porque la chica ni tan siquiera temblaba y su serenidad hacía parecer el entrenamiento tan fácil como levantar una pluma. Además, Arys no es que destacara por sus dotes de maestra; era impaciente y se irritaba con facilidad ante los innumerables errores de Erik. Aunque al menos, cuando acababa la sesión de entrenamiento, la chica siempre tenía unas palabras de consuelo a punto que conseguían atenuar su frustración. Tras esas cortas pero intensas sesiones de entrenamiento, Arys preparaba el desayuno para los tres pudiendo Erik de esa forma descansar un rato. Cuando reemprendían la marcha, Lys insistía en enseñarle a cazar; un arte en el que no era muy diestro ya que aunque tenía una buena puntería insospechada para él, carecía de la paciencia necesaria para acechar a una presa. Después paraban apenas para comer y seguían andando sin detenerse, completamente en silencio con Arys abriendo la marcha. Al menos, en cuanto anochecía se detenían para cenar y la cosa se animaba un poco; charlaban, bromeaban entre ellos y contándose historias pasaban el rato hasta que se iban a dormir.  Ese era un día en su viaje y era una locura. Erik nunca había sido un chico muy sedentario, al contrario, se consideraba un chico deportista, atlético y activo, pero a pesar de todo estaba agotado al caer la noche. Además, había que sumar el hecho de que era incapaz de dormir a gusto otra vez desde su encuentro con el Khendal.  La mañana del tercer día empezó como las dos anteriores; Erik se despertó con las primeras luces del alba y comenzó la sesión de estiramientos con Arys. Se sintió frustrado por no conseguir hacer ni un solo estiramiento correctamente y, como los dos días anteriores al finalizar, la chica tenía palabras de consuelo para él. Tal vez esas palabras fueran su única motivación para continuar con esos ejercicios que él veía, como poco, inútiles. Después continuó con las clases de caza con Lys, solo que esta vez Arys, en lugar de caminar algo más apartada y sumida en sus pensamientos, fue con ellos y se dedicó a lanzar comentarios socarrones a Erik al ver sus desesperados intentos por estar quieto, en completo silencio acechando a su presa. Finalmente, los comentarios de Arys y las protestas de Erik fueron demasiado para Lys, que, indignada, se alejó de ellos mascullando y maldiciendo. El rubio se quedó un poco consternado, preocupado por haber contrariado a la mestiza, pero Arys simplemente se rió alegremente y comenzó una absurda conversación con Erik. El rubio miró divertido a la chica preguntándose cuántas veces habría hecho rabiar a su amiga por pura diversión, como aquella vez.   -¡Allí hay un pueblo! -chilló Lys algo más alejada al cabo de un rato andando sin dignarse a mirarlos siquiera. -No es muy grande pero nos bastará para abastecernos con las provisiones y tal vez consigamos caballos. -explicó la mestiza mientras se acercaba a ellos. Arys y Erik cruzaron una fugaz mirada y en un silencioso acuerdo corrieron hasta lo alto de la colina para buscar el pueblo al que se refería la chica que, efectivamente, no se equivocaba.  El pueblo era algo pequeño y estaba situado junto a la ladera de la colina, bordeado por un pequeño riachuelo que transcurría apaciblemente hasta perderse en el horizonte y a su lado derecho una arboleda que le daba un aire bastante pintoresco. Al fondo, y para completar la estampa, las cordilleras cambiantes se alzaban orgullosas siendo las indiscutibles reinas del paisaje. La pequeña comitiva se detuvo al llegar a la arboleda y optaron por la inteligente opción de no entrar todos juntos en el diminuto pueblo.   -No podemos entrar todos, llamaríamos demasiado la atención, ¿no os parece? -preguntó Erik mirando de reojo las altas vallas de madera que protegían el pueblo.   -Estoy de acuerdo. -añadió Arys pensativa sin interrumpir su minucioso estudio del pueblo, o lo poco que se alcanzaba a ver de él.   -Entraré yo, llamaré menos la atención. -anunció Lys mientras se ceñía el cuchillo al cinto y lo ocultaba con la capa. Frunció el ceño al ver las elocuentes miradas de sus amigos. -Tras esas cordilleras vive mi gente, aunque no lo parezca solemos ir y venir muy a menudo y seguro que les extraña mucho menos que si alguien que no es de las colinas de Gantadd intentara atravesarlas, especialmente estado tan lejos del paso.  Sin esperar el consentimiento de Arys y Erik, Lys se marchó tan rápidamente que no tardó en ser tan solo una silueta difusa que se confundía con el follaje.  -Pues tendremos que esperar. -repuso Arys encogiéndose de hombros. Sin añadir nada más, se recostó en una zona en la que había abundante césped y podía relajarse.  Eric decidió tomarse un respiro y tumbarse él también. Arys en seguida pareció quedarse dormida, pero al rubio le estaba costando bastante desconectar. Miró inquieto a su alrededor y un cosquilleo de inquietud le ascendió por la nuca. Se levantó y comenzó a pasearse de un lado a otro como un león enjaulado, lanzando miradas furtivas al bosquecillo. Finalmente se paró en seco y miró con detenimiento la arboleda, notaba que la sensación de incomodidad provenía de allí y cuanto más se acercaba más aumentaba esa sensación.  Era desagradable. Miró unos segundos a Arys, cuya respiración acompasada y posición relajada le daba a entender que posiblemente se hubiera quedado dormida. Sin pensárselo mucho más echó a andar en dirección al bosque; conforme se fue acercando esa incomodidad dio paso al odio. Se adentró entre los árboles y miró todo con curiosidad morbosa, sin saber muy bien qué estaba buscando. Un cosquilleo le daba a entender que había alguien observándole y su intuición le decía que ese alguien estaba más cerca de lo que le hubiera gustado. Casi gritó cuando una fría mano se apoyó con delicadeza en su hombro. Se giró tan bruscamente que se hizo daño en el cuello y miró a Arys con los ojos desorbitados.   -¿Se puede saber qué demonios haces Erik? No creo que irte sin avisar sea a mejor opción hoy por hoy. -le reprendió la chica, luego pareció fijarse en el estado del chico. -¿Te encuentras bien? -preguntó ahora preocupada. Erik se dio cuenta de había dejado de respirar, así que poco a poco fue acompasando su respiración y a modo de respuesta sacudió la cabeza, tratando de convencerse de que todo habían sido imaginaciones suyas, a pesar de que la desagradable sensación de odio irracional aún persistía.   -Anda, volvamos. -dijo con la voz entrecortada. -Lys puede regresar en cualquier momento.  Arys estudió atentamente el rostro de Erik para después pasear la mirada por el claro y asentir no muy convencida. Así que juntos se alejaron de la arboleda.  Desde las sombras, una mujer de rasgos orientales miraba a la pareja alejarse con los ojos entornados. Estaba sentada con delicadeza en la rama de un árbol, oculta por la penumbra que le ofrecían las ramas.  Así que este es el pequeño Kareth... -pensó Shizuco mientras miraba al imagen cada vez más difuminada del chico. Estaba bastante sorprendida de que hubiera notado su presencia, ya que había intentado comprimirla todo lo que había podido para evitar eso precisamente. -Tal vez Kareth sea más dragón de lo que todos creíamos.-una sonrisa ladina se dibujó en sus labios, eso le facilitaba bastante su tarea. -Y si el dragoncito es más de lo que aparenta, nuestra querida Lune también. Creo que ya va siendo hora de que les haga una visita...-pensó mientras se dejaba caer de la rama en la que estaba sentada y se alejaba de la arboleda mientras su mente trazaba un plan. 

Antes de nada, no me siento en absoluto contenta con este capítulo. Lo subo porque le he dado mil vueltas y no se me ocurre como puedo mejorarlo. También lamento haber tardado tantísimo en actualizar (pero como ya dije, no voy a abandonar la historia xD) pero es que estaba atascada aquí y este capítulo no avanzaba (a pesar de que tenía una idea general de qué iba a pasar) y entre los exámenes y que he empezado el verano con un estrés... -.- Bueno, dejo de aburriros con excusas y demás. Cualquier cosa, ya sabéis ^.^