Cambiando el pasado — capítulo 13
-Vamos afuera, subirás por la ventana. No te pueden ver subir los invitados. Y que sea rápido. Carmen ya debió bajar hace mucho tiempo.
Xavier soltó a Isabella y salió disimuladamente. Isabella sentía que iba a llorar ¿Por qué le tenía que estar pasando eso a ella? Y todo por la culpa de Carmen.
-
No es justo, no es justo.- se dijo a ella misma.
-
No sabía que su familia conocía a Pirandello.- dijo Andrés acercándose amable como siempre. - Y Carmen?
-
Ya baja, es que tuvo un inconveniente con su vestido y está solucionándolo.- dijo Isabella.
-
Quisiera que me dijeras cuáles son las cosas preferidas de tu hermana, quisiera darle un regalo pero no sé qué le podría gustar.
-
Dale algo lindo, que sea escogido por ti pensando en ella y le gustará.- dijo la castaña completamete nerviosa.
-
Quiero hablarle, conocerla más a fondo. Por lo que hablé con ella el otro día es una persona maravillosa.
Hermione se alejó de la conversación y subió las escaleras. Quería ver personalmente lo que sucedería entre Xavier y Carmen.
Entró a la habitación de Carmen y la vio pegada contra la pared y a él acorralándola. Ella mantenía los ojos llenos de terror mientras que él despedía ira por los poros.
-
Solo quiero saber por qué, por qué maldita sea!- gritó Xavier.
-
No sé! No fue mi culpa no lo entiendes?- dijo Carmen. - Mamá me obligó! Desde siempre quiso que me comprometiera y no me quedó más que aceptar!
-
Ya no me trago tus asquerosas mentiras.- dijo Xavier. - Si quieres demostrarme que lo que dices es cierto, entonces huye conmigo; vámonos lejos de aquí.
Carmen se mantuvo en silencio. Hermione sabía ya lo que ella iba a responder.
- No puedo hacer eso.- dijo ella. - No entiendes! Lo que dices no tiene ni pies ni cabeza! Con qué dinero viviremos? No tienes para mantener el tipo de vida que yo llevo.
Xavier pareció sorprenderse ante aquello. Luego comprendió; Carmen creía que él no tenía dinero; por eso se casaba con Buchamp. Maldita perra ambiciosa. Pero se iba a arrepentir, él mismo se encargaría.
Xavier rió.
- Perdóname, yo te amo.- dijo Carmen. - tu..eres el hombre que yo más he querido, lo tienes todo..pero, lamentablemente te falta algo muy importante y es un apellido y una condición social. No funcionaríamos. Estoy acostumbrada a otro tipo de vida, un tipo de vida que tú no me podrás dar nunca.
Xavier se alejó de ella. Qué poca cosa que era! No podía entender cómo se había enamorado de alguien así. Lo peor de todo era que su corazón seguía latiendo al estar cerca de ella, pero su orgullo era más grande que todo aquello.
Caminó hacia la ventana y bajó, dejando sola a Carmen.
Hermione la observó tomar aire y contener lágrimas; realmente parecía que lo que había dicho era cierto, lo quería, pero amaba muchísimo más el dinero. Se retocó un instante el maquillaje y el peinado y salió de la habitación.
Hermione quiso seguirlos, pero el viento tan bien conocido la envolvió. Cerró los ojos y se protegió con ambas manos. Pronto calló a suelo frío de la sección prohibida.
- Ya es hora de que vuelvas a clases, son las sies de la mañana.
Draco se despertó con el cuerpo de Pansy sobre él. Se restregó los ojos con ambas manos y la movió a un lado lentamente. Se acercó a su oído para susurrarle:
- Ya despierta, tenemos que ir a clases.
Pansy bostezó mientras se estiraba en la cama.
-
Vaya que estuviste muy bien anoche Draco..- dijo Pansy.
-
Yo siempre estoy más que bien y lo sabes.- aclaró el rubio.
-
Sí pero anoche fue aún mejor.
La rubia se levantó desnuda y se colocó la ropa que estaba regada por el suelo para poder ir a su habitación.
- Nos vemos en el gran comedor.
Draco se metió al baño, recordó que tenía entrenamiento de Quittich. Ese año iba a derrotar a Potter fuera como fuera.
Hermione estaba sentada en la mesa de Gryffindor. A su lado estaba Parvati y Lavander, quienes conversaban animadamente. Ginny estaba al frente peleando con Ron y Harry quienes habían estado hablando con Dean sobre sus estrategias para el próximo partido de Quittich. Cualquiera que se hubiera fijado en la castaña hubiera notado lo extraño que era que no provara bocado alguno y permaneciera absorta en un libro viejo de la biblioteca.
Hermione había decidido leer más sobre la edad moderna, ya que ya casi se estaban adentrando en ella, y seguro le serviría leer datos importantes.
"Los Gohts eran criaturas temibles. Crecieron y se formaron bajo la tierra, por medio de túneles en los cuales crearon ciudades subterráneas. Al vivir en tales condiciones sus aspectos físicos se volvieron toscos y robustos, transformándose en bestias rudas y violentas. Comenzaron a salir de a tierra para asentarse en las afueras, y para ello atacaron tierras mágicas, lo que se convirtió en una guerra sin fin entre magos y Gohts. Masacres fueron los resultados de estas batallas."
Entonces sí son muy peligrosos. pensó la castaña. Volteando la página encontró otra de las criaturas que invadían el mundo mágico por aquellos tiempos.
"Los vampiros en aquella época eran una de la razas más rechazadas. La sociedad mágica no tenía aceptación ante estos seres así que fueron exiliados al mundo muggle, donde se alimentaron y reproducieron inimaginablemente. Pronto éstos se dividieron en clanes, y formando un complot regresaron al mundo mágico, uniéndose a los Gohts en su batalla contra los magos."
Esto aún no sucede, pero pronto seguramente sucederá. pensó Hermione.
- Quieres comer un poco aunque sea?- dijo Ron. - Aliméntate mujer!
Hermione iba a replicar, pero Harry tomó el libro arrebatándoselo de las manos. Lo cerró y miró la pasta desdeñosamente.
- Hermione, creo que te has leído millones de libros como éste, después de comer podrás aburrirte todo lo que quieras acabando con los libros de la biblioteca.- dijo el chico con cabello negro azabache mientras la miraba con sus suspicacez ojos verdes.
Hermione entornó los ojos y comenzó a desayunar, mas pronto toda su atención se enfocó en una sola persona que acababa de ingresar al gran comedor.
Draco entró con Zabini y se sentaron ambos en la mesa de Slytherin. Hablaban sobre el entrenamiento que tendrian aquella misma tarde. El rubio ni se percató de la mirada de la castaña y seguía absorto en su conversación. Hermione sintió que la rabia la invadía.
Es un estúpido. Ni siquiera se ha acercado para explicar su ausencia la noche anterior. Aunque no necesita explicar, yo ya la sé. Es un irresponsable. pensó.
- Hermione, crees que me puedas ayudar a estudiar para pociones? Es que..estoy mal, y Snape quién sabe qué me hará si me sale mal de nuevo..- dijo Neville tembloroso.
Hermione le sonrió.
-
Claro Neville, hoy en la tarde te parece bien?
-
Gracias, de verdad.
La castaña volteó sonriendo y sus ojos se chocaron con los grises provenientes de la mesa de Slytherin. Fue como si le hubieran extraído el aliento de repente. Un choque de electricidad recorrió todo su cuerpo mientras la sonrisa se iba desvaneciendo de su rostro. Podía sentir su corazón latiendo a velocidades inverosímiles. El rubio tenía la mirada fija sobre ella, y no parecía queder ceder. Hermione desvió la mirada y se incluyó en la conversación de Parvati y Lavander. Draco se exasperó.
Quién se cree que es esa sangre sucia? pensó. Nadie le cortaba la mirada a él, y ella no iba a ser la primera en hacerlo.
Las clases transcurrieron normalmente. Hermione se preocupó por prestar especial atención en cada una de ellas. Bastante desatenta había estado los últimos días. Resultó perfecto y entendió absolutamente todo. Los hechizos le salieron excelentemente y para las próximas lecciones estaba segura solo necesitaba repasar un poco y estaría lista. Al sonar el timbre que daba término a las jornada Harry y Ron se la llevaron para que observara el entrenamiento.
-
Pero aunque sea déjenme ir a la sala común a dejar mis cosas no?- dijo Hermione.
-
Está bien señorita..pero regresas rápido o Ron y yo te haremos cosquillas.- dijo Harry.
Hermione rió sarcásticamente y caminó hacia su sala común. Dentro estaban Lavander, Parvati y Ginn y que también se disponían a salir.
-
Vamos a ver el entrenamiento.- dijo Ginny.
-
Sí ya voy, solo voy a dejar esto en mi cuarto.- dijo la castaña
Al bajar las escaleras sus amigas ya se había ido. Tal vez ver el entrenamiento la distraería un poco de todos sus problemas que ahora tenían un solo nombre y apellido: Draco Malfoy. Debía haber estado loca cuando dejó que aquello sucediera, ahora estaba metida hasta el cuello en una situación más que incómoda.
Al llegar al campo pudo ver al equipo en medio de la cancha, pero parecían estar inmersos en una discusión bastante grande. Hermione corrió y al ver el color verde del uniforme de Quittich entre los rojos de Gryffindor lo comprendió todo. Estaban los dos bandos, Slytherin a un lado y Gryffindor en el otro. Dos chicos en representación de las casa enemigas discutían: Harry y Draco.
-
Snape nos dio permiso, así que Potter entrena otro día.- dijo Draco.
-
No! Estamos hartos de todos ustedes y sus autorizaciones de Snape. Reservamos esta cancha mucho tiempo antes!- dijo Harry.
-
Ya oyeron lárgense.- dijo Angelina.
-
No nos iremos, y ya que este es un país libre, entrenaremos en la otra mitad de la cancha.- dijo Draco sonriendo triunfante.
-
No podemos entrenar en solo una mitad!- dijo Harry.
-
Pues tendrán que hacerlo Gryffindors,- dijo Spencer. - Porque estamos en igual de condiciones, ustedes con su reservación, y nosotros con el permiso de Snape.
Los Slytherins se repartieron por la cancha mientras reían burlándose de los otros.
-
Malditos! Te juro que un día de estos voy a matarlos uno a uno hasta que no quede ninguno de su maldita raza!- dijo Ron reventando de rabia.
-
Vámonos, entrenaremos en cuanto ellos desocupen la cancha.- dijo Angelina.
-
¿Qué!- dijo Harry. - Y dejarles la cancha así como así!
-
Mira Harry, a mí también me revienta la rabia, pero no podemos perder tiempo con estupideces. Sabes que es imposible entrenar bien en la mitad de la cancha. Mejor dejémoslos que hagan lo que quieran ahora, ya veremos cuando los derrotemos en el partido.- dijo Angelina, y como capitana había dicho. Todos desalojaron en lugar.
-
No es justo, Malfoy y sus amigos son unos hijos de p..- dijo Parvati. - Pero ya verán, ya verán.
Hermione prefirió no decir nada, aunque la rabia la consumía por dentro. Miró el reloj: era hora de ayudar a Neville.
La biblioteca estaba casi vacía, los únicos que la ocupaban eran unos niños de primer año y Hermione y Neville que se encontraban sentados en una mesa alejados de todo. La castaña pasó un dedo por las estanterías en busca del libro perfecto y lo sacó. Se sentó nuevamente en la mesa mientras el chico molía unos ingredientes.
-
Mira, dice que ahora lo que debes hacer es agregar el ajo y el polvo de pie.- dijo Hermione algo asqueada por los ingredientes. - Pero hazlo en pequeña cantidad, recuerda que cuando una poción tiene muchos ingredientes debes poner poco de cada uno, y viceversa.
-
Claro.- dijo poniendo todo su esfuerzo en la poción. Luego la revolvió con una pipeta y obtuvo el color que esperaba. - Creo que me salió!
Hermione sonrió ante el logro de su amigo. Neville parecía más que emocionado al ver que por fin había hecho algo bien en aquella materia.
La sangre de la castaña se heló cuando a lo lejos distinguió el color verde del uniforme de Quittich de Slytherin. Draco Malfoy había entrado.
Tranquila, por favor tranquila. pensó. Pero aquello fue imposible, y peor aún cuando el chico fijó sus ojos en ella y caminó hacia la mesa donde se encontraba.
Neville pegó un gritito cuando vio al rubio frente a la mesa. Miró a Hermione y luego fijó sus ojos despectivamente en el otro chico.
-
Dile que se vaya.- dijo Draco.
-
Estoy ocupada.- dijo Hermione.
-
No me interesa. Dile que se vaya.
Hermione tomó aire, por la mirada del chico entendió que no era hora de desafiarlo. No le hubiera importado en lo más mínimo de no ser que vio el temor en el rostro de Neville, y mejor era no involucrarlo.
- Vete Neville, sigue practicando.- dijo Hermione dedicándole una sonrisa. El chico no se movió. - Ve tranquilo, estaré bien. No me asustan las serpientes.- dijo mirando despectivamente a Draco.
Neville se levantó y como un ratón asustado salió de la biblioteca. Hermione cerró con fuerza el libro que tenía entre sus manos y se levantó dirigiéndose a la estantería para colocarlo donde debía estar.
-
Así que dando clases extras a gente sin remedio. Creo que deberías dedicarte a eso de ayudar a gente necesitada no Granger? Te queda bien.- dijo burlándose. Pero Hermione no estaba para sus burlas.
-
No sé qué es lo que quieres Malfoy, pero sea lo que sea no me interesa. Lo único que tenemos en común es que debemos intentar salvarnos la vida retrocediendo en el tiempo, y ni siquiera eres capaz de hacer eso correctamente.
-
Yo creo que tenemos más en común no crees Granger?- dijo Draco acercándose a ella y susurrándole en el oído. - Por ejemplo, que nos acostamos juntos no te suena?
-
No quiero hablar de eso.- dijo Hermione colocando el libro en su lugar. - Lo único que te digo es que no voy a morir por tus irresponsabilidades.
-
Hasta qué hora me esperaste Granger? Me pareció divertido dejarte aquí sola.
-
No te importa Malfoy. Ahora que tal si mejor te cuento lo que averigüé ayer.
Draco levantó una ceja.
-
Fuiste sola?
-
Claro. O pensaste que me quedaría esperándote toda la noche.- dijo Hermione caminando hacia la otra estantería. Draco la tomó por el brazo y la atrajo hacia él hundiéndose en sus ojos marrones.
-
Él dijo que era peligroso..no se suponía que debías ir sin mí.
-
Yo no le tengo miedo al pasado.- dijo Hermione. - Y menos cuando se trata de salvar mi vida Malfoy.
-
Eres la persona más necia que conozco.- dijo el rubio.
-
Y tú la más detestable.- dijo Hermione soltándose de él.
-
No me decías eso ayer cuando te hacía mía.- dijo Draco.
-
A qué quieres jugar Malfoy?- dijo Hermione. - Dime, porque no te logro entender.
El rubio no dijo nada, solo se limitó a observarla detenidamente. No comprendía por qué usaba la falda tan larga teniendo piernas tan perfectas, aquello solo ocultaba la belleza de éstas. Miró su blusa, perfectamente abrochada hasta el último de los botones, también ocultando sus senos, y las pecas de su pecho y hombros. Se sintió importante al saber que solo él conocía aquellas cualidades, solo él conocía su belleza. Claro que nunca le diría que realmente había cosas de ella que no eran nada desagradables; era mejor que siguiera pensando que era completamente insignificante.
La castaña dio un respingo.
-
No me gusta que me dejen hablando sola Malfoy, sino me quieres responder, entonces siéntate y escucha lo que tengo que contarte.
-
Pero por qué!- dijo Ginny enfadada. - No es tu problema con quien ando o no!
-
Sí que lo es! Soy tu hermano mayor! Y ese tipo no te conviene y ya.!- dijo Ron.
Harry observaba la pelea sentado en un mueble de la sala común mientras sonreía.
-
Thomas me conviene y además yo lo decidí así por qué tienes que entrometerte?
-
Mira Ginny, es así de simple; te prohibo que lo veas y se acabó!- dijo Ron.
-
Te odio!- gritó Ginny mientras corría subiendo las escaleras.
Harry hizo todo por borrar la sonrisa de satisfacción de su rostro.
-
Hiciste bien, ya sabes como es Thomas mejor que no esté con ella.
-
Sí lo sé.- dijo Ron . - Jugamos ajedrez?
Ginny lanzaba cosas por toda su habitación mientras Parvati y Lavander agarraban en el aire las cosas que lanzaba para que no se rompieran.
-
Ginny tranquila!- dijo Lavander. - vas a romperlo todo!
-
Maldito Ron por qué siempre tiene que meterse en mi vida! Yo no lo hago con la suya! Cuando salió con esa tipa de Ravenclaw a mí no me gustó pero no le dije nada!
-
Por último, quién dice que debes hacerle caso a lo que él diga! Sigue viendo a Thomas y se acabó!- dijo Parvati.
-
Es que no lo conoces! Seguramente va a hablar y amenazará a Thomas, lo conozco bien!- Ginny se dejó caer en la cama ya cansada de lanzar cosas. Ante aquello Parvati y Lavander casi lloran de la alegría; por un momento pensaron que no quedaría nada de la habitación.
No sabía si realmente le afectaba no ver a Thomas. Era cierto, él era lindo y popular, e inteligente también. De cualquier forma no era a él a quien ella siempre había querido secretamente. Harry seguía siendo su ídolo y su amor platónico a la vez, porque sabía que era imposible que sucediera algo entre los dos por múltiples razones. Igual, Thomas estaba bien! Por qué Ron tenía que espantarlo?
Hermione le relataba detalladamente lo que había ocurrido en su regreso al pasado. Draco casi no prestaba atención a lo que decía, estaba aburrido, pero entre tanto, se había dado cuenta que la voz de la castaña era bastante seductora. Después de notar aquello fijó sus ojos grises en las estanterías llenas de libros. Aquel era el lugar donde la castaña se escondía, era increíble como una persona elude sus problemas enfrascándose en libros.
Así que eres toda una Gryffindor, Granger, no le temes ni al pasado ni al presente ni al futuro; pero le temes a tus propias debilidades pensó.
-Y bueno, de ahí William me regresó. Pero aún no entiendo muy bien por qué Xavier no le dijo a Carmen que era millonario, si se lo hubiera dicho ella no lo hubiera dejado.
-
Se trata de orgullo Granger, Xavier va a hacerle pagar la humillación.- dijo Draco comprendiendo perfectamente. - Te gusta hablar verdad?
-
Solo cuando es necesario…- dijo tomando un color rosa. Ya sabía que hablaba bastante y había veces que no podía parar, pero nunca antes el chico había notado aquel defecto.
-
Hablas más que cien Pansys juntas.- dijo Draco.
El solo nombre de la morena exasperó a Hermione.
-
No me compares con tu novia si?- dijo molesta levantándose de la mesa.
-
Es verdad, no hay comparación entre ustedes dos.- dijo Draco. Había llegado la hora de fastidiarla un poco. - Y yo más que nadie lo sé, no lo crees Granger?
-
Mira Malfoy, quiero que te quede bien claro algo, y eso es que lo que pasó entre nosotros tuvo una razón que tu jamás comprenderías, pero esa no fue precisamente el que me gustaras ni mucho menos. Y dudo que yo te guste a ti.
-
Por qué buscas tantos "por qués" a las cosas. Ahora si me preguntas, acostarme con una sangre sucia y encima virgen, fue algo nuevo.
-
Me imagino.- dijo Hermione, e inmediatamente contra atacó. - Pero creo que ambos deberíamos olvidarlo, digo no, porque sino podría ocurrir otro incidente dentro de tu sala común, y esta vez no serían simples bichos.
Draco borró la sonrisa de su cara incrédulo ¿Realmente la estúpida lo estaba amenazando? No sabía en lo que se acababa de meter.
-
No te atrevas a amenazarme, tan solo eres una insignificante sangre sucia.- dijo Draco. Aquellas palabras nunca le habían dolido tanto a Hermione como ahora. No sabía por qué, pero por primera vez habían llegado profundamente dentro de ella.
-
No te atrevas tú a decir lo que sucedió entre nosotros a alguien, porque yo no respondo.- dijo Hermione. Draco sonrió maliciosamente, ahora comprendía el temor de la castaña.
El rubio caminó alrededor de ella observándola. Ella permanecía quieta, ya sin verlo porque se había colocado detrás de ella. Tembló al sentir las manos de Draco rodear su cintura por detrás y pegarla a él. Sintió la respiración del chico sobre su oreja, rozando sus labios en ella, quemándola. Quiso soltarse pero era imposible. El rubio bajó poco a poco hasta su cuello, donde se hundió aspirando su aroma. Hermione se estremeció, el rubio sonrió.
-
Así que después de todo no te soy tan indeferente no Granger?
-
No te confundas, lo que siento es asco.
-
Ya lo veremos.- dijo Draco mientras la volteaba y la pegaba contra la pared. No la dejó reaccionar, simplemente la besó.
Hermione tembló completamente mientras un calor insoportable invadió todo su cuerpo. La lengua de Draco penetró en su boca furiosamente. Sintió que le arrancaba el aire poco a poco. Trató de soltarse, no quería que él notara que le gustaba el hecho de que la besara, pero no pudo. Sus lenguas pronto se encontraron, ella ya no podía resistirse más a lo inevitable y él lo sabía. El rubio mordió con fuerza el labio de la castaña sacándole un gemido; le había resultado imposible no morderlo. Hermione se odió por no haber reprimido el sonido. Las manos de Draco cobraron vida de repente y comenzaron a tocar el cuerpo de la castaña, ese mismo que no hacía mucho había marcado como suyo. Hermione quería pararlo con todas su fuerzas, pero por otro lado, no podía detenerlo porque había una parte de ella que quería que él siguiera. Hubieran continuado de no ser que se escuchó el ruido de alguien ingresando a la biblioteca, lo que los hizo separarse.
Draco la tomó del brazo y la empujó contra sí tras una estantería de libros.
-
Déjame salir!- dijo Hermione tratando de soltarse. Nunca había sentido tantas ganas de salir de aquel lugar como ahora.
-
No, no te vas hasta que yo lo decida.- dijo Draco en voz muy baja.
-
Quieres que grite y que quien sea que haya entrado te vea conmigo?
Draco soltó a la castaña bruscamente. Hermione le dirigió una última mirada mientras corría hacia la salida.
Una vez afuera se pegó contra la pared y cerró los ojos. Aún podía sentir todo su cuerpo temblar ante las caricias del rubio. Aquello estaba mal, muy mal.
-
No es nada ya te dije Spencer no seas un maldito pesado.- dijo Pansy tirándose a uno de los muebles de la sala común de Slytherin.
-
No estoy exagerando Malfoy, tu novia está teniendo dolores de cabeza frecuentes y no lo niegues Parkinson.- dijo Jack jugando con una pelota de cristal.
-
No lo niego pero no es para exagerar…
Draco se arrimó a una de las paredes y fijó sus ojos grises inexpresivos en los negros de la morena. Ella los evadió tercamente y arregló su túnica.
-
Pansy, mañana vas a la enfermería.- ordenó el rubio.
-
Pero si no es grave..- dijo la morena.
El rubio la observó aprehensivamente. No le gustaba repetir las cosas.
-
Dije que vas mañana.- repitió molesto.
-
Como digas.- dijo Pansy.
La puerta de la sala común se abrió. Ninguno se imaginó que quien entraría sería precisamente la persona a quien menos esperaban, especialmente Draco.
Lucius Malfoy entró posesivamente e inmediatamente los Slytherins que se encontraban en la sala se levantaron en señal de reverencia y respeto. Todos sabían lo que era tener a un Malfoy dentro de su sala, y significaba aún más cuando se trataba de un actual mortífago y modelo a seguir.
- Sígueme.- dijo mirando a Draco y dándose la vuelta, saliendo de la sala común.
Draco se quedó unos segundos ahí parado, tratando de imaginar el motivo de su visita. Lo siguió inmediatamente.
Lucius paró en una de las esquinas de los pasillos de Hogwarts y observó a su hijo severamente, como siempre lo hacía.
-
Cómo vas con Pansy.- dijo Lucius como haciendo una introducción a la conversación.
-
Bien, pero dudo que hayas venido a preguntar qué tal grado de satisfacción le doy a mi novia o si?
-
No, por supuesto que no. No dudo de tus técnicas.- esto último lo dijo algo ácidamente. - Solo trato de tranquilizarme antes de poder hacerte la siguiente pregunta: Qué diablos crees que haces Draco?
-
Qué…existir?- dijo el rubio burlándose. A su padre aquello no pareció agradarle.
-
No estoy para tus patéticas imitaciones de niño retrasado. Sabes bien de lo que hablo.
-
No, a decir verdad no lo sé.- dijo tranquilamente.
-
Hace dos semanas que espero que envíes una lechuza para avisarme que estás listo para la iniciación, y nada!
Draco entornó los ojos. Siempre supo que eso era lo que venía a hablar, desde que entró y pensó cuál sería la razón de su repentina visita y a su mente solo vino aquella respuesta. Odiaba cuando su padre venía a presionarlo. La santa iniciación para convertirse en mortífago sí se la había tomado enserio, aunque él pensara lo contrario, Draco sí se había tomado con responsabilidad el poder pasar la prueba de iniciación. Solo que él quería realizarla a final de curso, y no a mitad de éste como la mayoría de Slytherins de séptimo habían hecho. Era mucho mejor hacerse esperar, y mucho mejor contradecir las ordenes de su padre.
-
Solo te lo diré una vez más Draco, y más te vale que prestes atención a mis palabras: quiero que seas el mejor de los que ingresen este año. Dejar el apellido Malfoy en alto esta en tus manos esta vez y espero que lo hagas bien porque para eso te eduqué!
-
Sé lo que hago. No quiero hacer la iniciación todavía, esperaré al último para hacerla, y no porque no esté listo, con los ojos cerrados puedo derrotar a todos los que ya han entrado, sino porque me da la gana. Contento?
La furia pareció asomarse por el rostro de Lucius.
-
Este no es un juego en el que mandas, esto es mucho más peligroso y ya es hora de que vayas aprendiendo algo sobre la vida. Sé lo bueno que eres, y sé que eres mucho mejor que todos los Slytherins que están metidos en tu sala común…pero eso, todo eso lo puedes traer abajo por tu maldito orgullo. No es un juego, es algo serio!
-
Me exiges seriedad y eso tendrás! Pero primero déjame en paz, sé lo que hago ya te lo dije.
-
Dejarte en paz? Debes estar delirando.- dijo Lucius. - No te puedo dejar ni un segundo porque lo único que haces es poner en peligro todo lo que he formado con años. Ers un Malfoy recuérdalo!
Draco dio media vuelta y caminó lejos. Lucius lo llamó histérico, pero él no volvió. Estaba harto, harto de su padre y sus ordenes absurdas. Él era un Malfoy, y como tal no le rendía cuentas a nadie, ni siquiera a los de su misma sangre.
Hermione disfrutaba de observar a sus dos mejores amigos jugar ajedrez mientras tomaba un poco de calor sentada frente a la fogata. Sus ojos marrones estaban perdidos entre las llamas y en lo único que podía pensar era en lo que había hecho. Definitivamente había llegado demasiado lejos. Ese era el resultado de haber guardado sus frustraciones durante tanto tiempo. Había sido más que una presa fácil para los planes de Malfoy, y ni su inteligencia ni su capacidad para controlarse parecieron funcionar en ese momento. Prefería no pensar, no recordar lo que había sucedido con Malfoy. Era mejor mantener la cabeza ocupada en otras cosas y tratar de que aquello no volviera a pasar.
Sin embargo…él ha dado muestras de que quiere todo lo contrario. pensó la castaña. Inmediatamente su cuerpo de estremeció.
Autocontrol. Siempre había sido buena en ello. Pero entonces¿por qué no fue capaz de detenerlo en la biblioteca? No, no podía ser que estuviera cediendo ante su peor enemigo, y aún peor, que estuviera disfrutando estar con su peor enemigo.
-
No!- gritó sin querer. Harry y Ron la miraron automáticamente algo sorprendidos por el repentino estallido de la chica.
-
Estás bien Hermione?- dijo Ron.
Hermione pudo sentir el color subir a sus mejillas ¡Qué vergüenza! Por qué no apredía a cerrar la boca por una vez en su vida?
- Sí, estoy bien.- dijo ella nerviosa y avergonzada a la vez.- Voy a domir.
Con esto subió las escaleras corriendo y desapareciendo de la vista de los presentes.
Eran las doce cuando Draco llegó a la biblioteca. Aún seguía algo alterado por la visita de su padre, tal vez por eso solo se sentó en una de las mesas sin preocuparse si Hermione había llegado ya o no. Estaba harto, cansado de Lucius Malfoy y sus órdenes ¿Quién creía que era¿El amo y señor del mundo? No era así, por lo menos iba a prender la clase de cuervo que había criado. Draco le iba a enseñar que si llevaba el apellido Malfoy era por algo. Su padre podría tener poder sobre muchas cosas, pero no sobre él.
Te enseñaré quién de los dos es el mejor Lucius Malfoy pensó y sin darse cuenta había apretado ambas manos hasta formar puños.
Tal vez se trataba de una necesidad para el rubio el demostrar que era superior a todos, inclusive a los miembros de su propia familia. Su rivalidad con el mortífago más importante había comenzado años atrás, precisamente porque Draco lo veía como una gran piedra que estorbaba su camino hacia la excelencia. Él tenía más metas en mente de lo que su padre podría jamás imaginar. Si Lucius había conseguido muchas cosas y había logrado ganarse un respeto dentro del mundo oscuro, Draco pensaba gobernarlo ¿Por qué seguir a Voldemort cuando él podría ser el líder? Capacidad, la tenía. Unirse a los mortífagos solo era el primer paso, después destronar a su padre como el mejor mortífago y mano derecha de Voldemort y colocarse a él mismo como tal. Juntar fuerzas al lado del señor oscuro hasta encontrar sus debilidades, y luego, traicionarlo. Draco era mucho más ambicioso de lo que todos creían. Eso, unido a su gran mentalidad e ingenio, lo diferenciaba de los demás Slytherins, y lo convertía en superior.
Los palabras de su padre volvieron a su cabeza como relámpagos que golpearon sobre él de repente: "Cómo vas con Pansy?"
Le hubiera encantado responderle que excelentemente bien, exactamente igual como le iba a él con sus amantes, pero se había contenido. Parkinson era una familia sobresaliente, y el que hubiera tenido el matrimonio una hija había resultado perfecto para los Malfoy. Draco no tuvo ningún inconveniente con eso; Pansy estaba más que buena. No habría pedido más de una novia: tenía excelente condición social, un apellido importante, estaba en la casa de Slytherin, y era la chica más guapa de Hogwarts. Todo había estado bien para él, hasta que le empezó a fastidiar el hecho de que había sido precisamente su padre quien la había seleccionado para él. Draco sabía que aunque Lucius no se la hubiera impuesto, él la habría escogido, pero el simple hecho de que no era así, de que no había sido decisión de él desde un principio le enfermaba. Había ocasiones en las que le daban deseos que hacer algo al respecto, pero no podía. Dejar a Pansy? Ni loco, él la quería como novia, y la quería como futura esposa. Nadie mejor que ella para esos títulos. Entonces qué? Qué hacer para desquitarse de su padre una vez más y burlarse de él al mismo tiempo.
El rostro de Hermione apareció ante sus ojos en aquel instante.
Claro, era perfecto. Acostarse con Granger, una sangre sucia sería el perfecto golpe hacia el ego de su padre. A Lucius no le molestaba el que su hijo tuviera amantes, pero seguro le fastidiaría, le enfermaría, que su amante fuera precisamente una sangre sucia amiga de Harry Potter.
Resultaste aún más útil de lo que esperaba, Granger pensó.
Igual pensaba usarla un tiempo más, tenía que admitir que después de todo era algo nuevo y fuera de la rutina tirarse a una Gryffindor sabelotodo y virgen. Fue en ese instante, cuando los pensamientos parecieron tomar forma dentro de su cabeza cuando se levantó y notó que era la una de la madrugada.
Hermione aún no había llegado.