Cambiando el pasado — capítulo 22
La besó con tanta intensidad, que Hermione notó inmediatamente que lo que le sucedía era grave.
La Gryffindoriana lo separó de ella con gran dificultad y él pareció enfadarse.
-
¿Qué sucede? Por qué estás actuando así
-
¿Actuando cómo!- gritó Draco descargando su ira. - ¿Por qué siempre le tienes que buscar una maldita explicación a las cosas!
-
Algo te pasa lo sé.- dijo Hermione tratando de descifrar el idioma de su mirada.
-Lo puedo sentir. Me besaste de una forma extraña...como si, como si no fueras tú.
-
Soy yo. Siempre soy yo.- dijo él
-
No, tú eres otro cuando estás conmigo.- dijo fijando sus ojos marrones en él. -Te noto frío...
Draco no quería mirarla, sentía la fuerza de sus ojos miel en él y no quería caer. No ahora. Ella tenía la capacidad de ver demasiado a través de la barrera que se encargaba siempre de mantener entre ambos. El rubio sabía que si le decía que pronto iba a unirse a los mortífagos ella no lo entendería. Jamás comprendería la sed de venganza que nacía en sus venas; no precisamente hacia los impuros, pero sí hacia su padre. Quería destruirlo, y nadie se lo iba a impedir.
- Es mí problema.- dijo él de forma cortante.
El Slytherin se sentó en una de las mesas con la mirada fija al frente, evitando la de la castaña. Sus ojos chocaron solo cuando él sintió el calor de la mano suave y pequeña de ella sobre la suya. Volteó para verla junto a él, mirándolo con una ternura que en ese momento le fastidió.
- Entonces es mío también.- le dijo casi en un susurro. -Dime qué sucede, podemos discutirlo...
No, ella no podía entenderlo ¿Qué quería que le dijera? Que él se convertiría en un mortío para asesinar a su propio padre y luego ser el líder de los mortífagos? No. La verdad aterraría a la castaña, y por ahora él la necesitaba a su lado. Si ella se enteraba se alejaría...y él no estaba seguro de querer que eso sucediera.
-
No quiero hablar!- dijo soltando la mano de la castaña bruscamente. De solo pensar que ella podría descubrir su verdad le produjo pánico. -Creí que habíamos quedado en que no nos meteríamos en la vida del otro y ahora esto se aplica. Detesto que me hagan preguntas personales porque éstas solo me corresponden a mí ¿me entendiste?
-
No realmente, pero si eso es lo que quieres está bien.- dijo Hermione tranquilamente. No iba a insistir más y él pudo notar un brillo de tristeza en su mirada. Draco jamás comprendería lo que era para ella estar completamente fuera de todo en su vida. Le estaba llegando a afectar más de lo que creía.
El Slytherin no dijo nada. Estaba cansado de los intentos absurdos de la castaña por intentar conocer todo lo que pasaba por su cabeza ¿Por qué no se conformaba con tener lo exterior? Todas las demás lo hacían. Pansy jamás había intentado mirar en su interior, simplemente porque sabía que dentro de él solo había cosas oscuras. Draco no quería que Hermione conociera ese lado de él, tenía miedo de espantarla, de que huyera. Prefería hacerla sentir mal por unos minutos, hacerle creer que estaba fuera de su vida y que siempre lo estaría antes que soportar su rechazo. Podía imaginar el desprecio que sentiría ella hacia él si supiera la verdad.
- Vamos, tenemos que ir con William.- dijo él caminando hacia la sección prohibida sin mirarla, secamente.
Unas lágrimas corrieron por el rostro de la chica, no tanto por sentirse apartada de todo lo relevante en la vida de Draco Malfoy, pero sí porque sabía que algo estaba envenenando los pensamientos y oscureciendo el corazón del Slytherin. Si tan solo él le permitiera conocer lo que le estaba sucediendo...
**"Claro que Hermione Granger tenía el corazón demasiado fuerte y la mente muy inocente. Mala combinación, en cuanto se trata de sobrevivir en el campo de guerra que se había transformado su vida, más resultaba una perfecta mezcla en cuanto a la creación de ese ser complejo y único que era. Podía sentir lo oscuro acercarse, pero su mente, ingenua aún por la corta edad que poseía, no imaginaba siquiera lo profundo de ese lago negro que comenzaba a remarcar su vida. Quería entrar en la mente de Draco, pero ya había logrado penetrar como un taladro en el lugar más sombrío y oculto del chico, rompiendo la gruesa armadura de hierro que lo cubría... Su corazón"**Alguien tocó la puerta suavemente lo que dio señal absoluta de que no se trataba de Xavier. Isabella caminó y la abrió.
-
Señora le traje un poco de comida.- dijo Mika sonriente mientras entraba y sacaba de un cesto frutas, pan y jugo. La castaña sonrió y tomó las manos de la jóven empleada.
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Dale este alimento al primer mendigo que veas en la calle.- dijo ella.- Yo no lo necesito tanto.
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Pero si no ha comido nada en todo el día!- dijo Mika tristemente. Se va a enfermar. Usted es muy delgada y débil...
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Soy más fuerte de lo que te imaginas.- dijo Isabella sonriendo. -Haz lo que te pido sin discutir, por favor. Te doy mil gracias por el gesto.
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No es nada Señora, no me parece justo cómo el señor la está tratando. Él no suele ser tan intransigente, últimamente ha estado muy amargado.
La castaña pensó por un instante en su hermana y lo sucedido. Tal vez el orgullo de un hombre pisoteado era el dolor más grande. Mika la miró y sonrió.
-
Está bellísima. Esta noche va a sobresalir.
-
Lo dudo.- dijo ella tristemente.- Todo lo que deseo es poder salir de aquí..
-
Siento tanto que se sus ánimos estén tan decaídos. Me ocuparé de usted personalmente de ahora en adelante.- dijo Mika sonriendo.- Por cierto! El Señor la espera abajo, dice que se apresure.
Isabella tomó aire como armándose de valor para no desarmarse y salió de la habitación. Draco y Hermione la siguieron, aún sin decirse nada.
Xavier estaba caminando de un lado a otro en la sala para cuando los dos alumnos llegaron. No podía dejar de pensar en Carmen. Aquella noche la vería nuevamente, y la haría sufrir la mayor cantidad de tiempo posible. Pronto dejó de caminar y se quedó parado en seco frente la escalera. Isabella estaba en comienzo de ésta, mirándolo fijamente con aquellos ojos intensos que solo en ese instante el fue capaz de apreciar. La recorrió con la mirada impresionado, y después apartó los ojos de ella despectivamente; tenía que recordar la clase de mujer que era, y no dejarse llevar por la aparente sencillez y sinceridad que demostraba porque era completamente falsa.
- Vámonos.- dijo mientras salía por la puerta principal rápidamente.
Isabella suspiró y lo siguió.
Antes de que pudieran seguirla, Draco y Hermione se vieron en vueltos en una repentina ráfaga de viento. Habían permanecido alejados, por lo que no pudieron tomarse de las manos y salieron del lugar disparados en distintas direcciones gritando sus nombres, como si con ello quisieran alcanzarse.
Hermione cayó sobre arena. Sintió ésta incrustándose en sus ojos e inmediatamente se levantó tratando de quitársela de encima. Cuando por fin pudo abrir los ojos observó impactada lo que tenía al frente.
- Por..Merlín...
Un buque enorme estaba frente al gran puerto. La luna daba la orilla del mar una luz pálida y algo lúgubre. Sus ojos marrones no se apartaban de la cantidad de gente que bajaba de él. Una tercera parte, Gitanos; la otra estaba compuesta por vampiros indudablemente. La piel pálida y las capas negras le mostraron aquella espantosa verdad. Cadáveres deambulantes y chupadores de sangre invadían el lugar mientras se daban un banquete con los magos que vigilaban el puerto.
Hermione tuvo que contener las ganas de vomitar cuando vio a un vampiro clavar sus colmillos en el cuello de un hombre mientras la sangre corría. Se sintió terrible, y quiso salir de allí inmediatamente mas cuando se volteó, unos rostros conocidos impidieron que se moviera.
Siron caminaba sonriendo tétricamente y a sus lados estaban Morrigan y Zulema. Los tres se acercaron a un vampiro se pelo negro y largo, quien miró a Zulema morbosamente.
-
Me prestas a tu hermana Siron?
-
Olvídalo.- dijo él empujando a la rubia que estaba a su izquierda.-Toma a Morrigan, solo para eso sirve.
La rubia fijó sus ojos grises llenos de odio en él. Y se alejó del extraño.
-
No me pongas un dedo encima o haré de tu vida un infierno..
-
No pretendo hacerlo de cualquier forma princesa...Zulema es más atractiva.
La morena cortó la conversación bruscamente.
-
No interesan tus comentarios ya que para ello tendrías que pensar, lo que creo se te dificulta bastante. Llegaron los últimos?
-
Son todos.- dijo el hombre aún mirándola morbosamente.
-
Entonces creo que estamos listos para la guerra.- dijo Zulema.- El dinero para pagar esa tropa lo tendrás pronto, ya ubicamos a un afortunado que servirá para la causa.
-
Pirandello no es así?- dijo Morrigan
-
Sí.
-
Lo que me recuerda que aún no has encontrado a Lilith. Te di una simple tarea que no pudiste cumplir. Es patético.- dijo Siron mirando despectivamente a su hermana.
-
Por qué no encargas a Zulema? Ya que ella todo lo hace a la perfección!
-
Ella no tiene tiempo para encargarse de eso. Está ocupada con Pirandello y hasta ahora lo ha hecho perfectamente. Es la última oportunidad que te doy Morrigan, ya estoy harto de cargar a cuestas una hermana inútil.
Siron dio vuelta y tomó la mano de Zulema llevándosela hacia el otro lado con los demás vampiros. Morrigan apretó los puños enterrándose las uñas en las palmas de las manos mientras veía a su hermano alejarse.
- Debe ser terrible ser la segunda en todo no?- dijo el vampiro antes de irse.
Hermione sintió algo de lástima por Morrigan, pero aquellos ojos grises muertos no le transmitían sentimientos. Había algo terrible en ella, una maldad incluso más grande que la que Zulema, con sus grandes serpientes transmitía. No pudo evitar que su piel se erizara. Sintió que se ahogaba de repente y vio por un instante todo nublado. Sin embargo, pronto volvió a normalidad y logró salir de esa angustia que parecía invadirla.
- Draco dónde estás?
Draco cayó de pie y antes de caer al suelo se sostuvo de la pared. Miró a su alrededor inmediatamente, desesperado, en busca de una Hermione que se había ido bastante lejos de donde él estaba. Se pasó una mano por su rubia cabellera al ver que la había perdido. Recordaba ahora las palabras de William diciéndole que era peligroso el que estuvieran separados. El simple hecho de pensar que algo malo podría sucederle a la castaña por su ineptitud hizo que la rabia que sentía hacia él mismo se incrementara. Pegó a la pared con fuerza sin sentir el dolor de sus nudillos heridos.
- Maldita sea!
Su respiración era agitada. Trató de tranquilizarse pero no pudo. Aquel en definitiva, era el peor día de toda su vida. Quería saber dónde estaba la Gryffindoriana, pero no podía. Tal vez en ese preciso instante estuviera corriendo peligro...y todo por tu culpa.
Sus ojos grises de fijaron en la gran mesa donde Carmen, Andrés, Xavier e Isabella cenaban. Carmen no dejaba de mirar al rubio. Su vestido rosa tentativo la hacía resaltar en la habitación. Los ojos grises del recién casado estaban fijos en la pelirroja también, sin poder medir la ira, el rencor, y la lujuria que ella despertaba en él. Andrés seguía hablando animadamente sin notar la tensión que se daba en la mesa.
-
En sí, yo creo que el sistema capitalista que se está dando actualmente en el mundo mágico y me atrevería a decir, en el muggle también ya que según el oráculo pronto vendrá una revolución...mmm se me fue el nombre…
-
Industrial.- agregó Isabella repentinamente.-Dicen que en algunos años los muggles serán grandes inventores de artefactos que sin poderes mágicos realizan tareas indiscutiblemente asombrosas.
La atención de los dos hombres estaba ahora en las manos de Isabella. Xavier había dejado de observar a Carmen para fijar los ojos en su esposa, cuya sencilla y opacada belleza hasta entonces no había relucido, y ahora parecía querer salir a flote en un mar de ideas.
-
Vaya! No sabía que eras tan conocedora de estos asuntos.- inquirió Andrés mientras sus ojos brillaban sobre ella. -En definitiva, creo que el capitalismo regirá sobre todo el mundo, mágico y muggle.
-
No lo creo.- dijo Isabella nuevamente integrándose a la conversación. Aún mantenía ese tono tímido y recatado, mas no podía evitar intervenir.-Es decir, en mi opinión, y según varios estudios que he realizado, en base a estadísticas e ideologías próximas...Creo que ya que el capitalismo es un sistema que beneficiará a algunos y hundirá a otros, esos otros crearán otro sistema que los proteja… Posiblemente uno para clase media baja. Podrá llegar a ser el principal enemigo del capitalismo, como lo conocemos.
Andrés rió.
- No lo había visto desde ese punto de vista! Pero...Es algo extraño.
Xavier hasta entonces había estado con la boca semiabierta observándola, pero intervino en ese preciso instante.
-
No es extraño lo que dice tiene sentido.- dijo el rubio.-De hecho yo también he llegado a la misma conclusión. Un sistema más social, con tendencias hacia una repartición equitativa de las riquezas...
-
Podría ser… Isabella… no sabía que estudiaras tanto.- dijo Andrés.
-
Pues, creo que la educación debería impartirse para todos; hombres y mujeres. Pensamos de igual manera no es así?
Carmen odió desde ese instante a su hermana y no dejaría de hacerlo nunca. Por primera vez, sintió que no era el centro de atención y esto no lo pudo soportar. En aquel instante, por única vez en su vida sintió envidia de su hermana. Jamás había tenido nada que ella no tuviera. Su belleza, sin duda alguna sobrepasaba a la simplona de la de Isabella. Carmen sabía que era más carismática, encantadora, elegante, interesante y seductora. Entonces... ¿por qué de repente se sentía tan inferior a Isabella? Tal vez era porque los ojos de Xavier brillaban al mirarla como jamás había brillando al verla a ella. Porque su hermana parecía ser mucho más inteligente de lo que ella jamás podría ser. Tal vez era eso; no lo sabía. Solo tenía la firme certeza de que la odiaba, y que en ese momento se había declarado la guerra entre ambas, aunque la castaña aún no lo supiera
Xavier, a quien le había impactado la intervención repentina de su esposa, había comenzado a dudar seriamente de todas las acusaciones que Carmen había tenido para con su hermana. Ahora se preguntaba qué tan cierto era que alguien tan bien preparada y con obvias inclinaciones hacia lo social pudiera ser la clase de zorra que la pelirroja había descrito en otras ocasiones. Supo, que mandaría de inmediato a investigar los antiguos pasos de su esposa, y así conocería la verdad.
Isabella había dejado de comer y parecía tener la mirada fija sobre la mesa. No soportaba más la situación que estaba viviendo. Era demasiado incómodo tener que ser parte de aquella farsa, de esa mentira que la estaba destruyendo poco a poco. Sintió que se asfixiaba, que el aire le faltaba. Trató de tranquilizarse y regular sus emociones.
- Mi hermanita, como siempre tan elocuente no es así?- añadió Carmen. - Ya que estamos en una conversación tan animada por qué no nos hablas de tu madre? Andrés estuvo interesado en saber de ella pero yo, la verdad, mucho no sé. Era una pirata no es así?- dijo venenosa mente la pelirroja.
Isabella notó las palabras hirientes de su hermana y las recogió inmediatamente para que al menos Andrés no lo notara.
- Sí, lo era. Una mujer admirable que dedicó su vida en beneficio de otros. No muchas pueden decir lo mismo. Resulta algo patético que muchas de las llamadas damas de la sociedad se pasen los años de su vida tejiendo, en una silla mientras otras las atienden ¿es ese un propósito de vida coherente?
Xavier no pudo evitar sonreír. De cierta forma, el sarcasmo inteligente de la castaña resultaba cómico.
- Estoy de acuerdo queridísima hermana, pero¿no es eso acaso lo que ambas estamos destinadas a hacer? Me temo, que tu catalogación también te incluye.
Las mejillas de la castaña tomaron un color rojo ante el comentario sucio y vil que sin duda había sido destinado a herirla. Isabella se levantó de la mesa bruscamente.
- Discúlpenme, debo tomar aire.
Con esto salió.
Se asomó por el balcón de la sala y respiró permitiendo que el aire penetrara sus pulmones. Las últimas palabras de su hermana le habían llegado profundamente. Tenía razón, ella estaba condenada a pertenecer a esa clase inútil y desprovista de ideales ¿Cómo podría seguir viviendo con aquella certeza? Sintió que las lágrimas venían cuando una mano tomó su brazo y delicadamente la volteaba. Sus ojos marrones brillantes de chocaron con los grises del rubio muy de cerca.
-
Siento haberme retirado de esa forma.- se justificó Isabella confundida.
-
Estás bien?
-
Qué?- dijo ella creyendo no haber escuchado bien. Era la primera vez que Xavier dirigía palabras amables hacia ella.
-
Estás pálida. Recuerda que Andrés no debe notar nada de esto.
-
Es una pesadilla.
-
Es culpa de tu hermana
-
No la mía.
Isabella dirigía una mirada llena de reproches al rubio y éste, por primera vez sintió la llama de fuego que en aquellos ojos brillaba, y parecía querer quemarlo hasta consumirlo en la miseria más cruel y despiadada. Había bastado aquellos dos días de compartir con ella para saber que la mujer con la cual se había casado no era ninguna tonta. Era brillante. Precisamente en esto consistía el poder de su carácter; firme, dominante. Sus ojos expresaban una viva intensidad que jamás había visto antes en ninguna otra mujer. La inteligencia que Isabella poseía era lo que le impedía controlarla como había pensado hacer desde un comienzo. De repente, todos los conocimientos que creía tener sobre la materia femenina se vieron desprovistos de base. Supo que no sabía a qué atenerse con aquella castaña ojos marrones que tenía al frente, y por primera vez, Xavier Pirandello titubeó ante los ojos ardientes de una mujer.
Isabella se soltó del rubio y sin bajar la barbilla ni un solo instante, dando muestras de eterno amor propio y orgullo desmedido, dio media vuelta y entró al comedor.
-
Sucedió algo?- preguntó inocentemente Andrés, quien en definitiva, no podía siquiera imaginar lo que se estaba dando en su propio hogar.
-
Es solo que requería un poco de aire.- se disculpó Isabella.
-
Y Xavier?
-
Está por entrar.
Carmen sonrió y repentinamente se levantó de la mesa.
- Iré a buscarlo. No queremos que se pierda del postre que yo misma preparé.
Isabella miró con rabia e indignación a su hermana mientras ella salía hacia el balcón ¿Cómo podía tener tan pocos escrúpulos? Sintió como todo su cuerpo, lleno de ira temblaba. Trató de ocultarlo por respeto a Andrés, después de todo, él no tenía la culpa de nada. Pero supo que iba a vengarse de todo aquello. Iba a tomar la justicia en sus propias manos; por ella, y por Andrés-las víctimas de todo el asunto-
Draco, por supuesto, no podía saber lo que pasaba por la mente de la castaña en esos instantes, y la verdad, poco le importaba realmente. Solo podía pensar en Hermione, reprochándose una y otra vez no haber seguido las estrictas instrucciones de William. Si algo llegaba a pasarle...
- Maldita sea! - gritó mientras salía al balcón.
Carmen lucía esplendorosa bajo la luz pálida de la luna. Xavier tuvo que hacer grandes intentos para controlarse, y no ceder ante todo lo que su presencia le producía. Aunque gran parte de su corazón seguía latiendo fuertemente cada vez que la veía, el sentimiento de rencor y odio prevalecían de tal forma que se le hacía imposible verla como la veía antes. La venganza era lo único que cruzaba por su mente, y lo único que alimentaba su ser.
- Qué tal has estado con la simplona de Isabella?-dijo Carmen sonriendo malévolamente. - Ella te odia, y por lo que veo, está siendo para ti el dolor de cabeza que antes era para mi madre. Cometiste un error al casarte con ella solo para vengarte, y lo irás pagando lentamente con la joyita que te acabas de llevar.
Xavier sonrió sombriamente y un escalofrío recorrió la espina dorsal de la bella mujer de Buchamp. El rubio se acercó a ella tanto, que solo quedó unos pocos milímetros de distancia entre sus bocas. Él la miró fijamente.
- Tu ignorancia habla en esa boca como si tuviera vida.- espetó. - ¿Quién te dijo a ti, camelia, que eres mejor que aquella que ahora, sin importarle las condiciones en las que se ve envuelta, está en ese comedor soportando lo que ninguna otra mujer en su lugar soportaría? En eso radica la diferencia entre una dama, y una simple ramera.
Carmen cerró los ojos como tragando el insulto que había sido recientemente lanzado en su contra. Pronto volvió a abrirlos, despertando esa belleza peligrosa y venenosa que la envolvía.
- Tú me amas, lo sé. Puedes admirar a Isabella porque está allí sentada pero solo hace todo esto porque es una hipócrita cien veces más ramera de lo que tú me acusas. Mi error fue haber ambicionado una escala social alta antes que ceder al amor que siento por ti; eso llega a ser entendible. Mi hermana es una prostituta que se vende al mejor postor, y no por ambición, sino por placer. Mira tú a cuál de ambas prefieres.
Con éste último comentario ácido la pelirroja dio media vuelta y entró. Unos minutos después el rubio hizo exactamente lo mismo...
Hermione había llevado bastante tiempo escuchando las negociaciones entre los vampiros y gitanos cuando la lluvia comenzó a caer como por arte de magia sobre todos los presentes. La castaña vio cómo todos se metían en los barcos o simplemente corrían en distintas direcciones dejando cadáveres de guardias en la bahía del puerto como muestra de la tremebunda tradición alimenticia de estos seres dotados de gruesos colmillos. Hermione gritó de rabia al sentirse completamente mojada y el frío inmediatamente caló sus huesos. Hubiera querido correr como los demás ¿Pero a dónde? No había solución. Miró a su alrededor y entonces reconoció a Zulema, estática, dejando que la lluvia corriese por su vestido negro y humedeciera su piel de porcelana. Su cabello negro carbón caía mojado por su frente, largo y lacio, tapando la eterna oscuridad de unos ojos vidriosos. Siron corrió hacia ella y la tomó del brazo obligándola a voltear.
- Vámonos! La lluvia aterroriza a los gitanos ya no tenemos nada que hacer aquí.
Zulema se soltó de su hermana bruscamente y lo miró fríamente.
-
Detesto a los gitanos. Quisiera matarlos.
-
Sabes que no podemos, nos conviene ahora mantenerlos de nuestra parte.
-
Puedo escucharla...
-
¿A quién?
-
A Damona...
-
Que dice...
-
Que si no encontramos a Lilith pronto, va a morir.- dijo mirando a su hermana con una expresión tan...tan...muerta.
-
La inútil de tu hermana no ha conseguido su paradero.
-
Morrigan es una inepta.- dijo Zulema sacando una daga de su capa mientras varias serpientes la envolvían acariciando su escamosa piel. - Voy a matar a Pirandello.
-
Como quieras, sabes que no puedo negarte ningún tipo de placer mi princesa...- dijo acariciando el rostro de su hermana. - Solo, asegúrate de conseguir el dinero.
-
Lo haré.
Hermione sintió el frío entumecer cada parte de su cuerpo mientras en su mente solo rogaba por retornar antes de que el clima terminara por congelarla.
Durante el viaje de regreso a la mansión Pirandello nadie dijo nada. Xavier permanecía observando a su esposa, mas ésta solo miraba por la ventana, como rechazando cualquier tipo de contacto visual con aquel ser que sin duda alguna detestaba.
Draco los siguió todo el tiempo hasta entrar a la sala de la mansión, donde la pelea de siempre comenzó a estallar. Isabella había caminado directamente hacia las escaleras cuando la voz petulante de Xavier la detuvo en seco.
-
¿Cómo logras tolerar todo esta situación?- preguntó él con un tanto de curiosidad morbosa.
-
Es eso, o manchar el apellido de papá, lo cual ni muerta haré.- dijo la castaña cortante. Su voz era fría y distante.
-
O tal vez sea porque eres igual que tú hermana, y te casaste porque tengo dinero.
Isabella se volteó bruscamente y lo miró con ojos ardiendo en ira, parecía que sus labios estaban a punto de articular alguna frase que callara al rubio, sin embargo, pareció tragárselo y esbozar una sonrisa tétrica, desafiante y perturbadora mientras altiva, miraba con superioridad a Xavier.
- Mañana desayunaré contigo.- dijo en un tono amable, tan amable, que produjo escalofríos en el rubio. - Así que espero que estés presente. Aclararemos algunas cosas.
Isabella dio media vuelta y subió las escaleras desapareciendo. Xavier supo que algo tramaba aquella cabeza que cada vez lo dejaba más sorprendido. Aquella misma noche escribió una carta a uno de sus seguidores para que investigara la labor que Isabella Shawn realizaba en la comunidad local.
Un temblor brusco lo llevó hacia el piso frío de la sección prohibida.
Draco fijó sus ojos grises en William, quien lo observaba aprehensivamente, e inmediatamente volteó a ver a Hermione, quien se levantaba completamente empapada y temblando. Sus labios estaban morados y tenía un semblante pálido. El Slytherin se aterró mientras se levantaba y la tomaba entre sus brazos, abrazándola con fuerza, tratando de transmitirle calor. Aquel delicado cuerpo, que tantas otras veces había sido capaz de desprender llamas de fuego ahora parecía un témpano de hielo. William parecía furioso, y no le faltaba razón para ello.
-
¿Ustedes creen que esto es un juego verdad? Si de verdad lo creen, entonces deberían no regresar más y simplemente dejar que las cosas sucedan como sucedieron años atrás!- inquirió notablemente molesto. - Creí que trataba con dos personas maduras! No con dos niños que por una riña pierden el control del trabajo importante que les fue encomendado!
-
¿Cómo sabes que discutimos?- preguntó Draco extrañado. - Y no me gusta que me griten! Mucho menos un simple recuerdo!
-
Ya basta!- gritó Hermione volviendo a tomar el color natural rosa de sus mejillas. - Perdónanos Will, no sucederá nuevamente.
Hermione se separó del rubio y salió de la sección prohibida. Draco la siguió inmediatamente.
La castaña caminaba dispuesta a retirarse de la biblioteca cuando una mano la tomó por la cintura y la obligó a voltear. El rubio la pegó contra su cuerpo y el sentirla, temblando bajo sus manos, lo excitó terriblemente. La pequeña nariz de Hermione permanecía roja, y sus labios habían recobrado su color natural.
-
¿Estás bien?
-
No vas a disculparte verdad?- preguntó la castaña sintiendo su aliento chocar contra el de su amante.
-
No.- respondió él pegándola más contra sí. - No me arrepiento de nada.
Hermione sintió un dolor grande al saber que no tendría más opción que investigar aquello que él ocultaba. Había estado a punto de irse cuando el rubio cortó la poca distancia entre ellos y la besó intensamente. La castaña sintió cómo el calor volvía vivamente a su cuerpo mientras él indagaba con su lengua en el interior de la boca de la Gryffindoriana. Sus manos, con dedos largos y finos como los de un pianista, recorrieron el cuerpo de la chica con desesperación y con unas incontrolables ganas de poseerla. Poco le importó el hecho de que estuviera empapando su uniforme de Slytherin mientras sus cuerpos chocaban contra sí. Él había comenzado a desabrochar la blusa de Hermione cuando ésta de repente dejó de responder a sus caricias. Sus ojos grises se fijaron en ella mientras observaba cómo unos ojos marrones apagados lo miraban inquisitivamente.
-
Para ti soy solo un objeto verdad?- le dijo sin dejar de mirarlo ni un solo instante. No quería perderse ni una mínima reacción.
-
No te entiendo.- dijo Draco alejándose de ella y manteniendo la barrera de siempre. No, ella jamás podría saber lo que él sentía. Prefería morirse, o dejarla antes de que ella lo supiera. - Creí que esto era un acuerdo.
-
O sea que es eso lo que yo sigo significando para ti verdad? Un estúpido arreglo. Siempre lo fui.
-
Eso nunca te molestó.
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.
-
¿Nunca¿Qué clase de zorra crees que soy¿Crees de verdad que puedo ser tan frívola como para mantener solo un trato cuando te he dado...todo de mí?
-
No me has dado todo Hermione Granger.- dijo Draco respondiendo crudamente. -Siempre, solo he poseído tu cuerpo.
-
Lo mismo digo.
-
Ese fue siempre el trato.
-
¡Este trato es inmaduro y patético!- inquirió la castaña.
-
Es el que tú misma te empeñaste siempre en mantener!- espetó el Slytherin. -Siempre me has mantenido alejada de todos tus asuntos personales y eso es exactamente lo que yo hago, estamos a la par.
-
Quiero dejarlo! Y si te digo que ahora estoy dispuesta a cambiar esa parte del trato?
-
No quiero.
Draco caminó por entre las estanterías acomodándose la corbata, evadiendo como podía la situación. Hermione caminaba tras de él.
-
Eres un cobarde.- le dijo. - ¿A qué le tienes tanto miedo¿A que sepa tus secretos o a que aún después de conocer los míos quieras permanecer a mi lado?
-
Me estás hartando! Te estás comportando igual que Pansy!
-
No te atrevas a compararme con tu repugnante novia!- gritó Hermione sin poder creer lo que él acababa de decir. - No soy igual que ella y lo sabes! Por eso estás conmigo o lo niegas? Atrévete a negarlo!
-
Solo eres la otra maldita sea!- gritó el rubio estallando y sin medir sus palabras. Estaba desesperado, tenía que alejarla de su vida antes de que ella descubriera la verdad. No sería capaz de soportar el odio que ella sentiría hacia él si conociera sus planes. - ¿Qué te hace pensar que tienes más derechos que ella¿Qué te hace pensar que puedes entrometerte en mi vida! Si piensas que hay sentimientos involucrados en toda esta situación lamento decepcionarte ¿Quieres saber la verdad? Te diré la única verdad.- dijo mientras se acercaba a ella con aire déspota. -Me casaré con Pansy, y todo esto quedará en el olvido en cuando nos graduemos. Siempre lo supiste, no te engañé nunca. Tú decidiste quedarte conmigo a pesar de todo esto. Esa es la verdad.
Hermione escupió en el rostro de Draco, tal y como Isabella lo había hecho alguna vez con Xavier y salió de la biblioteca corriendo pensando que aquel sería sin duda el peor momento de su vida. No tenía ni idea de que todo sucedía por alguna razón, y lo que llegaba a creer perjudicial, mucho después conlleva a algo sumamente gratificante*¿Pero cómo iba ella a saber que el haberse bañado en lluvia hasta el punto de congelarse le serviría para recuperar a sus amigos?*
Parvati entró al gran comedor y corrió hacia Harry dándole un beso fugaz en la boca que no sorprendió a nadie, claro, nadie exceptuando a Ginny. Neville se apresuró en informarla de que el moreno y la rubia ya eran novios y la pelirroja dejó de comer. Su rostro se tornó pálido mientras todos reían en la mesa felicitando a los dos chicos. Ron, reía eufórico diciendo frases que lo único que lograban hacer era el momento aún más doloroso para ella.
- Siempre supe que terminarían así! Es decir, hacen una pareja perfecta!- dijo él sin siquiera sospechar que estaba apuñalando lentamente el corazón de su hermana.
Ginny hizo un esfuerzo por controlarse. Su mirada estaba fija en la mesa y trataba de no observar cómo Harry tomaba a Parvati por la cintura y sonreía sin siquiera percatarse de su presencia. Como si no existiera. De repente, los sonidos parecieron desvanecerse, y lo único que la pelirroja lograba captar eran los latidos lentos de su corazón, y la debilidad que comenzaba a esparcirse por todo su cuerpo. Resultaba intolerable. Pero no se levantaría o se retiraría de allí. Tenía que ser fuerte.
Vamos, tu puedes Ginny se dijo cuando la voz alegre de su amiga la devolvió a la realidad.
- Ginny! Ah! Quería contártelo ayer en la noche pero no sé dónde diablos dormiste! No te encontré!- dijo Parvati sentándose a su lado. -Harry es..., no sé cómo explicarlo pero creo que por fin he encontrado una relación estable. No sabes lo esperanzador que es esto.
Ginny levantó la mirada hacia el buscador de Gryffindor que reía mientras hablaba con sus amigos; parecía extremadamente feliz. Volteó hacia su amiga.
-
Me alegro por ti Parv.- le dijo casi en un susurro.
-
Siento que esto arruine tu venganza contra él, de verdad.- dijo la rubia. -Es solo que... ¿Sabes? Siempre me he sentido como...utilizada por los hombres. Muchas veces me odié a mí misma, repugnando mi cuerpo y mi rostro...
-
Pero si eres hermosa.- dijo Lavander interviniendo en la conversación. - La más bella de Gryffindor.
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Precisamente. Todos, lo único que veían en mí era eso. Cuántas veces no quise ser como tu Lavander. Todos saben que Dean se muere por ti, pero no es solo por tu físico, sino por lo que eres. El ser catalogada como "bella" siempre fue un castigo. Me sentía...una envoltura bonita...pero de qué sirve una envoltura si adentro no hay un regalo? Todos estaban demasiado ocupados en ver mi exterior, que no les importaba si yo pensaba o no. Terminaba siendo una muñeca, y...debo confesar, que me sentía inferior. Siempre las he envidiado a todas ustedes. Ahora...Harry, él no me ve solo por mi exterior me comprendes? Él ve más allá de eso. Es el primer chico que le importa lo que estoy diciendo y me escucha sin observar el escote de mi blusa. Creo...Creo que va a funcionar.
Parvati dijo todo esto con tanta sinceridad, y tanta esperanza en su mirada que Ginny se sintió aún peor de lo que se sentía. Por el brillo que destellaba en los ojos verdes de Harry al mirar a la rubia, sabía que él estaba comenzando a sentir algo por Parvati. La pelirroja quiso morirse en ese preciso instante. Respiró profundamente y dejó que el dolor la consumiera por cinco segundos.
1.,...2...,.3..,.4..,.5 contó mentalmente y logró contener las lágrimas que estaban demandando salir.
aquí les dejo un nuevo capitulo; No olviden comentar :3