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Cambiando el pasado — capítulo 21

**- Te vas a arreglar hoy. Vamos a ir en la noche a la casa de Buchamp.**En los ojos de Isabella se reflejó el terror mientras su boca se abría sin poder creer lo que él le decía.

  • ¡No voy a ir allá¡¿Qué es lo que pretendes¡¿Seguir con toda esta estúpida venganza¡¿No es suficiente todo lo que ya has hecho¡¡No voy a participar en esto¡Andrés es un buen hombre y no se merece la esposa que tiene ni mucho menos lo que tú estás haciendo!

  • ¿Tú harás lo que yo te diga me entendiste!- gritó Xavier. - Tu perfecto Andrés nos invitó y no pienso perderme esa oportunidad. Me perteneces y vas a ir!

  • ¡No lo haré!- dijo ella poniendo sus manos contra la mesa.

Xavier caminó hacia ella y la tomó fuertemente del brazo. El dolor recorrió el cuerpo de la castaña pero contuvo el impulso de gritar y tan solo soltó un gemido.

  • Escúchame bien porque es así como van a funcionar las cosas de ahora en adelante: si no haces lo que te digo, te encierro en tu habitación y no saldrás por el resto de tu vida ¿me entiendes? Espero que hayas comprendido lo que te conviene.

Con esto la soltó bruscamente haciéndola caer al suelo. Solo cuando Xavier salió de la biblioteca azotando la puerta y produciendo un gran estruendo ella dejó que las lágrimas corrieran por su rostro amargamente.

  • ¡Qué imbécil!- dijo Hermione pero no tuvo tiempo de decir más. El suelo tembló y Draco tomó su mano antes de aterrizar en el mismo bar de siempre.

-¿Y¿Qué hacemos aquí?.- preguntó Draco mirando a su alrededor.

  • Stephen y Lilith ya debieron salir hace tiempo.- dijo Hermione. - No entiendo.

Pero comprendió todo cuando la puerta se abrió dejando entrar a una exuberante pelirroja. Era Tamara. Varias personas se voltearon a verla y por su vestimenta de Gitana comentaron asqueados la naturaleza imperfecta de aquella raza y predijeron que pronto quedaría en el olvido.

La pelirroja había pasado mucho tiempo caminando hasta que encontró a un unicornio salvaje el cual se encargó de domar y la trajo hasta allá. Sabía que si quería conseguir información sobre el paradero de su hermano no había mejor lugar que aquel.

Se sentó en la barra y sonrió al robusto cantinero quien le devolvió la sonrisa y sirvió una cerveza sobre la mesa.

  • Siempre será bienvenida por aquí la hermana de Stephen el valiente!

La pelirroja sonrió y tomó un poco de cerveza.

  • En realidad, vine porque necesito saber dónde está mi hermano. No logro encontrarlo en ninguna parte, ni siquiera en las cabañas de guerra.

  • BAH¡Si no está allí! Está en la ciudad.

  • ¿Qué dices¡¿Por qué fue allá!

  • De eso no tengo idea. Pero estaba acompañado por un dulce ángel.

  • ¿Un ángel?

  • Una joven de tu edad. Traía como un aire de paz. No sé explicarlo correctamente pero es así.

Lo último que faltaba; que Stephen estuviera tras unas faldas. Eso sí podría llegar a entorpecer los planes que había formado juntos.

¿Por qué los hombres son tan débiles y vulnerables? pensó mientras le quitaba la pipa al cantinero y fumaba un poco de ella.

  • Te busca la policía mágica y lo sabes bien muchacha. Te recomiendo que no te dejes ver demasiado.- le dijo mientras limpiaba algunos tarros de cerveza.

  • Han venido aquí a preguntar por mí?

  • En varias ocasiones mi niña, pero sabes bien que aquí nadie es traidor. Se han retirado con las manos vacías. Pero aseguran volver.

Tamara dejó salir el humo por sus labios rojos formando una nube gris a su alrededor.

  • Entrometidos.- comentó. - ¿Por qué no se meten en lo suyo¿Acaso yo les hago algo?- dijo en un falso tono inocente.

  • Digamos que no les gustó para nada a los banqueros que hubieras robado 100 mil galeones eh? No creo que levanten la denuncia. Desean verte bajo rejas.

  • Ese dinero fue mejor utilizado en la aldea del pueblo donde los Gohts atacaron. Por lo menos pudimos reconstruir esas áreas.

  • A los citadinos los asuntos de la guerra les importa muy poco princesa.

  • Pues debería importarles. Los vampiros están llegando e invadiendo la ciudad. Cuando se den cuenta que la guerra no solo se da en las afueras se involucrarán, ya lo verás.

  • Y tal vez sea demasiado tarde! Ha ha!- dijo el cantinero entrando a la cocina.

Tamara terminó su cerveza y se levantó dejando algunos knuts sobre la barra.

  • Larry!- gritó antes de irse. - Tú no me has visto.

Con esto se dirigió a la salida. Al abrir la puerta una ráfaga de viento envió a Draco y a Hermione lejos de allí.

Hermione cayó sobre Draco en el suelo. Hacía mucho que había ambos dominado las caídas, mas aquella fue realmente fuerte. La Gryffindoriana sintió dolor en sus rodillas cuando éstas rasparon con el suelo. Se levantó con ayuda del rubio y entonces se dio cuenta que estaba en una gran habitación.

El lugar era esplendoroso. Decorado con lámparas de oro y vidriería inglesa pulida y en forma de varias figuras. Un dormitorio lujoso, con todas las comodidades posibles y hasta las imposibles. Frente a la ventana abierta Isabella desataba un pergamino de la pata de una lechuza gris.

La castaña se sentó sobre la cama y abrió la carta. Inmediatamente tanto Hermione como Draco se lanzaron a ambos lados para leer lo que en ésta decía.

*"Estimada Isabella: Lamento haber tardado tanto en comunicarme contigo, la verdad es que localizarte me resultó extenuante, y también a Kurl (la lechuza). No tenía idea de tus planes de matrimonio y al enterarme me sorprendió muchísimo debido a tu espíritu algo travieso y libre. Creí que la vida de matrimonio no estaba hecha para alguien como tú. De cualquier manera te felicito y te deseo lo mejor. Realmente te lo mereces. Me encuentro ya en la ciudad. Los heridos aumentan en gran cantidad y me temo que la oligarquía citadina ha prohibido el uso de magia en las afueras de la ciudad. Guardias custodian a los que se atreven a cruzar las fronteras, (no me preguntes cómo logré cruzarlas ya que es una larga historia). Me encuentro acompañada, así que estoy debidamente protegida. Lo que me preocupa es que el número de muertes aumenta cada día y aun que hago todo lo que puedo, mis poderes comienzan a fallar cuando abuso de ellos. Me buscan los vampiros y cada día temo más por la vida de los que me rodean ¿Es que acaso el humanismo ha desaparecido por completo del corazón del hombre¿Cómo recuperarlo Isabella¿Cómo? Es triste. Sufro y mis lágrimas son delatadoras. Debo ser fuerte, lo sé. En mis manos hay un gran poder, y si tengo que morir para salvar a los demás, pues entonces lo haré. Solo sabiendo que todos están bien podré ser feliz. Ya sé en dónde vives. En el momento que termines de leer estas palabras yo estaré en la parte trasera de tu jardín, más específicamente junto a las rejas. Baja, tenemos que charlar. Lilith."*Isabella dejó caer el pergamino al suelo justo en el momento en que la puerta se abrió. Una mucama se inclinó ante ella antes de hablar.

  • Dice el señor que baje a comer. El almuerzo ya está preparado.

La castaña se levantó y pateó el pergamino debajo de la cama antes de hablar.

  • Dígale que es muy amable de su parte, pero que comer junto a él me produciría ganas de vomitar y no quisiera arruinar la tapicería italiana del comedor. - dijo ella sarcásticamente con una sonrisa en su rostro. - Y por favor, asegúrate de decírselo al pie de la letra; tal y como lo dije.

La mucama pareció aterrada y tragó saliva, como temiendo la ya pronosticada reacción del señor de la casa ante tal impertinente respuesta. Todo el personal en aquella mansión sabía cómo era Pirandello, y si sus órdenes no eran ejecutadas, el desobediente lo pagaba muy caro.

  • Si señora.- dijo ella.

  • Dime Isabella¿cuál es tu nombre?

  • Mika.- respondió tímidamente.

  • Pues perfecto Mika! No quiero nada de reverencias cuando estés frente a mí si? No soy ni un dios ni alguien superior para que hagas eso. Me llamarás por mi nombre y bien, si haces eso creo que llegaremos a ser muy buenas amigas.

La mucama quedó impactada y sus ojos se llenaron de lágrimas. No estaba acostumbrada a un trato tan cariñoso por parte de nadie. Las mujeres eran tratadas como seres inservibles y aún peor cuando no eran de alta sociedad. Ella tan solo era una criada, por lo tanto era menos valuable que el jarrón indonés que decoraba la sala de estar.

-Perdón!- dijo Isabella acercándose a ella y tomando sus manos. - Dije algo que te ofendiera? Lo siento de verdad...

Mika retiró las manos y se secó las lágrimas aún temblando y con la mirada fija en el suelo, como si fuera un animal.

  • No ha hecho nada señora, usted es muy buena y gentil.- alcanzó a decir la joven de no más de 20 años.

  • Es acaso que Xavier también es un déspota con la gente que lo asiste día y noche! - dijo Isabella tratando de buscar una explicación por la cual Mika no se encontraba familiarizada con lo que era un trato humano.

  • No, no, no! Déspota? No! El señor es admirable!- dijo Mika temblando. - El señor me ha acogido a mí y a mi familia desde mucho tiempo. El señor es severo, pero justo. El señor es misterioso, pero comprensivo. Usted debería amarlo señora, es un ser admirable..

  • Eso ya lo dijiste.- dijo Isabella. - Pero jamás podría sentir algo por alguien como él. Y créeme Mika, tengo mis motivos.

  • Señora, me retiro.

Mika salió de la habitación y pasaron tan solo unos segundos para que Isabella saliera de la habitación corriendo.

  • Hay que seguirla!- dijo Hermione corriendo tras de ella. Draco la siguió.

Atravesaron un largo pasillo hasta llegar a un espacio con algunos muebles de cuero y luego bajar las escaleras cruzando la sala hasta los pasillos del piso inferior.

  • Va demasiado rápido!- dijo Draco corriendo con todas sus fuerzas tras Isabella.

  • Lo sé!- dijo Hermione tomando aire y esforzándose por no parar el trote.

Isabella empujó dos puertas de madera cubiertas por vidrios en donde ángeles parecían gravados y pronto, todos se vieron frente a un campo inigualable de césped, flores y árboles. Una gran fuente estaba en el centro, rociando agua magistralmente. Hermione apenas pudo hablar.

  • Es tan hermoso que es...atemorizante.- dijo ella casi sin habla.

Draco no dijo nada. La grandeza de todo aquello le había dejado sin palabras y muy parte, no quería expresar su asombro. Estaba tan acostumbrado a callar todas sus emociones que le era imposible cambiar aquel hábito justamente ahora.

Isabella corrió nuevamente atravesando el campo y pasando la fuente. Ellos la siguieron dejando atrás árboles y rosales espectaculares. Una vez que llegaron al fondo, la vieron parar frente a una reja negra. Allí estaban Lilith y Stephen.

  • Por fin llegaste! Creí que no podías bajar.- dijo la rubia.

  • No puedo, por eso lo hago a escondidas. Xavier no sabe que me involucro en esto.

  • Tu marido no sabe nada de esto?- preguntó Lilith asombrada. - Deberías compartir esto con él.

  • Yo no comparto nada con Xavier.- dijo ella secamente.

  • No comprendo.

  • Es una larga historia. Mejor dediquémonos a lo que es importante. Cómo protegemos las aldeas que aún no han sido atacadas?

  • Necesitamos guerreros. Pero la mayoría han muerto en batallas y los Gohts son muy violentos; siempre ganan.

  • Entonces tendremos que dejar de defendernos.- dijo Isabella. - Es hora de atacar.

  • Qué!- dijo Stephen por primera vez integrándose a la conversación. - No sé quien eres pero seguramente la locura te ha infectado. No podemos atacarlos! Viven bajo tierra y solo salen en lugares estratégicos.

  • Precisamente!- dijo Isabella. - Su debilidad es esa¿Te has preguntado qué es lo que hace que no salgan sino en lugares estratégicos? Tanto tiempo viviendo bajo tierra...afuera es todo un mundo del cual no están acostumbrados! Ni si anatomía, ni sus tácticas de guerra funcionan afuera.

  • Créeme, funcionan perfectamente.- dijo Stephen. - Yo he estado en una batalla y casi muero en manos de ellos. No especules.

  • Pero ganan porque las batallas se dan tan solo en lugares seguros para ellos! Eso es!- dijo Isabella mientras se dirigía nuevamente a Lilith. - Voy a examinar los ataques que han producido, sé que su debilidad está muy relacionada con los lugares en donde atacan. Una vez que sepamos cómo combatirlos, seremos nosotros quienes los sorprendamos.

  • No tenemos un ejército! Qué parte de eso no entiendes?-. dijo Stephen.

  • Lo conseguiré ten eso por seguro.- respondió Isabella. Metió su mano en el escote de su vestido y sacó una bolsa llena de galeones. - Tómalos Lilith, para los alimentos que sean necesarios para toda esa gente herida en tu cabaña de reposo.

Lilith tomó la bolsa y sonrió tristemente.

  • Si tan solo el dinero fuera capaz de salvar la vida de todos ellos...

  • Todo esto es muy triste ¿Cuánta gente tendrá que seguir muriendo?- dijo Hermione.

Pero Draco había enfocado su mirada dentro de la mansión.

  • Ven.- le dijo mientras tomaba su mano y la llevaba hacia adentro

Al llegar a al comedor encontraron a Xavier sentado en la cabecera de la mesa. Parecía fastidiado de esperar cuando Mika apareció caminando notablemente nerviosa.

  • Y? Dónde está Isabella?- preguntó molesto.

  • En su habitación.- dijo Mika con una voz suave y baja, temblando.

  • Le dijiste que bajara?

  • Sí.

  • Dile que se apresure.- ordenó Xavier tomando un poco del vino de su copa.

  • Es que...la señora me dijo que le dijera algo...al pie de la letra.

Para entonces los nervios estaban asesinando a Mika. Los ojos grises de su amo se fijaron en ella fríamente.

  • Dime.- dijo finalmente tratando de descifrar el contenido del mensaje por medio de los gestos de la pobre y nerviosa criada.

  • Me dijo...ella dijo que le dijera que usted era muy amable, pero que comer a su lado le produciría ganas de vomitar...y no quiere arruinar la tapicería italiana del comedor.

Hermione tapó su boca tratando de contener la risa que quería escapar por sus labios. Xavier permanecía quieto, y en sus ojos grises una llama de ira parecía encenderse, y crecer con cada segundo que pasaba.

Golpeó la mesa mientras se levantaba repentinamente y caminaba furioso hacia la sala. Mika lo vio subir las escaleras.

  • Ay no! Esto no va a ser nada bueno!

Hermione seguía riéndose.

  • No veo qué te produce tanta risa.- dijo Draco muy serio. - Si no te diste cuenta Xavier está subiendo las escaleras hacia la habitación de Isabella. Dudo que sigas riéndote cuando llegue y no la encuentre.

La Gryffindoriana pareció haber olvidado ese pequeñísimo detalle.

  • No!- dijo mientras corría nuevamente hacia el jardín en busca de Isabella.

Cuando llegaron a la entrada del gran jardín Isabella ya se había despedido de Lilith y Stephen y se encontraba caminando hacia adentro. Sus ojos marrones quedaron suspendidos en el aire cuando los grises de Xavier la miraron de frente llenos de ira.

  • Qué haces aquí?- dijo Xavier con una voz bastante baja, pero con una entonación que demostraba claramente su pésimo humor.

  • Tomo aire.- mintió la castaña groseramente.- También para eso tengo que pedirte permiso?

Aquello ya era demasiado. Jamás creyó que Isabella iba a resultar tan increíblemente molesta. Pensó que sería dócil y se dejaría mandar con facilidad; a cambio, era nada más y nada menos que una niña malcriada y engreída; altanera y petulante. Todo un fastidio. No tenía la menor idea de que le iba a tocar educar y domar a su futura esposa.

La observó durante un breve instante y ella simplemente, con su barbilla bien en alto y su mirada altiva caminó esquivándolo y entrando a la mansión. Xavier se quedó allí unos segundos en los cuales trató de controlar su ira. Se había casado por venganza, y la verdad era que no quería tener ningún tipo de buena relación con Isabella, ella tan solo era un objeto y prefería que se quedara así. El problema era que su esposa se resistía a ello, y él no estaba dispuesto a tolerarlo.

Hermione y Draco lo siguieron en cuanto vieron que daba media vuelta y entraba con paso decidido hacia la mansión.

  • A dónde va?- dijo Hermione subiendo las escaleras lo más rápido que sus piernas le permitían tras el rubio.

  • Creo que va donde Isabella. Dudo que le haya gustado quedarse con la palabra en la boca.- espetó Draco.

Efectivamente, Xavier irrumpió en la habitación de la castaña y cerró la puerta con fuerza tras de sí. Isabella permanecía estática e imperturbable, se había acostumbrado demasiado pronto a los ataques de ira que el rubio parecía tener cada cinco segundos.

  • Qué hice ahora?- preguntó Isabella. -Parece que solo te basta ver mi rostro para enojarte.

  • Si tú quieres crear un infierno tu vida, por mí excelente.- dijo Xavier enfurecido.

  • Puedo ser ese carcelero que quieres que sea y créeme, disfrutaré de verte suplicar en rodillas que sea compasivo.

  • Primero muerta antes que rogarle a alguien como tú!- dijo Isabella levantándose de la silla donde había estado sentada desafiante.

  • Dejarme en ridículo frente a mis sirvientes lo vas a pagar caro. Traté de ser amable, pero tú pareces querer el peor de los tratos y eso es lo que tendrás!

Xavier dio media vuelta para salir pero entonces Isabella habló.

  • Dile a Mika que me traiga la comida acá.

El rubio se quedó parado sin poder creer lo que ella acababa de decir ¿Acaso creía que él era otro de los sirvientes que lamía las suelas de sus zapatos? Era una altanera que para su insignificancia se creía demasiado. Se volteó y fijó sus ojos centellantes de rabia en ella.

  • Si no comes conmigo abajo, no comerás en ninguna otra parte.

  • Entonces no comeré.

  • Perfecto, muérete de hambre.

Con esto cerró la puerta con furia y gritó a todo el servicio doméstico la estricta prohibición de no dar alimento a su esposa ni permitir que se acercara a la cocina, advirtió que si esto sucedía, el culpable sería despedido.

Todos asintieron temerosos.

Una ráfaga de viento los tragó y pronto se vieron en la sección prohibida.

William suspiró mientras ellos se levantaban del suelo. Guardó uno de los libros que tenía en sus manos y se cruzó se brazos.

  • Se llevaban bastante mal no?- dijo él mirándolos.

  • Xavier era un imbécil.- dijo Hermione pero enseguida Draco salió al rescate de su antepasado.

  • Tú tampoco eras una santa Granger.

  • Bueno, bueno. Ya no importa. Las cosas están por cambiar muy pronto ya lo verán.

Con éstas últimas palabras William desapareció dejándolos solos.

Hermione sacudió su falda que estaba llena del polvo que se había prendido a ella en su viaje al pasado. Fue entonces cuando notó que el Slytherin la miraba fijamente, con sus ojos grises brillantes; aquello la intimidó notablemente.

  • Es mejor que ya nos vayamos.- dijo la Gryffindoriana dando media vuelta para salir, pero entonces él la tomó del brazo regresándola.

Su cuerpo chocó con el del rubio y sus narices quedaron juntas, rozándose. El calor de sus alientos logró envolverlos. Draco la aprisionó tomando su cintura entre sus brazos y sosteniéndola posesivamente contra él. Los labios rosa de Hermione estaban demasiado cerca.

  • Ahora no, tenemos que ir a clases.

  • Ya he esperado demasiado.- le dijo y con esto la besó.

Hermione sintió todo su cuerpo temblar y disolverse entre los brazos del rubio. Sentía el corazón latirle en la garganta mientras él introducía su lengua dentro de su boca, robándole el aire. Draco acarició aquel cabello color caramelo, entrelazándolo entre los dedos de sus manos y gimió en el placer de tan solo sentirla junto a él.

La castaña se separó de él gentilmente y sonriéndole.

  • Me tengo que ir.

Le dio un dulce y rápido beso en los labios y se fue. Llevándose todo lo puro que Draco Malfoy jamás llegó a sentir por nadie en el resto de su vida.

Draco cerró la puerta de la sección prohibida dispuesto a irse cuando sus ojos grises chocaron con los verdes de Blaise Zabini, quien lo observaba sentado en una de las frías mesas de la biblioteca.

Por unos breves segundos el rubio pareció impactado de que él estuviera tan temprano en aquel lugar de estudio. Varias ideas cruzaron por su cabeza, entre ellas el hecho de que sin duda alguna había visto salir a Hermione. Fue entonces cuando comprendió que todo aquello no era una simple casualidad.

Zabini bajó de la mesa. Su rostro era inexpresivo, lo cual era totalmente extraño en él, quien siempre tenía una risa burlona y despectiva en su rostro. Miró a Draco y luego rió tristemente bajando la mirada unos segundos para luego volver a subirla y enfrentar al rey de Slytherin.

  • Con Granger? Estás loco Malfoy!- dijo por fin estallando. Parecía sorprendido y preocupado a la vez.- Sabía que engañabas a Pansy con muchas, pero no que tuvieras una fija y que se tratara nada más y nada menos que de una sangre sucia!

  • Yo hago lo que quiera Zabini.- dijo Draco bruscamente.

  • Lo sé! Es tú decisión lo que haces o no Malfoy yo no voy a intervenir en eso. Pero, te has puesto a pensar qué sucedería si Voldemort se enterara? Jamás llegarías a ser mortifago!

  • Como si eso te importara. Sé muy bien que todos ustedes se pasan caminando a mis sombras solo por conveniencia. Saben que soy el mejor y que a mi lado siempre serán candidatos importantes frente a Voldemort.

Zabini se quedó callado durante unos segundos con sus ojos verdes fríos fijos en él. Draco no supo decir si estaba enojado, o sorprendido.

  • Eso es lo que piensas Malfoy?- dijo Zabini tomando un color rojo en sus mejillas por la ira.- Mira mejor a tu alrededor! Yo he estado contigo desde que entraste a este maldito colegio de beneficencia! Sé muy bien que eres el mejor! Pero yo también tengo mis ambiciones! Si quisiera destruirte simplemente le informaría a Voldemort que su candidato predilecto se acuesta con una sangre sucia todas las noches! Pero no lo hago, ni lo pienso hacer Malfoy. Acepto que eres mejor y lo respeto! Lo respeto maldita sea!

Golpeó la mesa con fuerza mientras trataba de controlarse. Respiró profundamente. Draco no dijo nada, por un breve instante creyó escuchar las palabras más sinceras que la boca de Blaise Zabini había pronunciado.

El chico fijó nuevamente sus ojos verdes en el rubio.

  • Haz lo que quieras, tú eres el rey.- dijo mirando sus nudillos que ahora sangraban. - Solo quiero que sepas que de mi boca no saldrá nada. Ni una sola palabra de todo esto. Y seguiré a tu sombra, como lo dijiste hace un momento. Pero manteniéndome fiel Malfoy. No soy ningún traidor.

Blaise caminó saliendo de la biblioteca y dejando al otro Slytherin completamente solo. El rubio pasó una mano por su rubia cabellera y dio un respingo de ira mientras pateaba con fuerza una estantería.

Ginny desayunaba tranquilamente cuando vio a Parvati llegar al gran comedor junto con Harry. Realmente aquello logró sorprenderla; ¿Desde cuándo la rubia se llevaba con él? Normalmente casi no se dirigían la palabra, por lo cual las sonrisas que en ambos rostros se dibujaban eran incomprensibles.

Hermione se sentó junto a su amiga la pelirroja y tomó una manzana entre sus manos. No tenía mucha hambre tampoco aquella mañana así que con una fruta bastaría. Lavander la observó con los ojos bastante abiertos.

  • Hermione solo piensas comer eso? No te has estado alimentando nada bien éstos días. Mírate! Cada día estás más delgada!

Aquel comentario, el cual debió haberla molestado profundamente tuvo un sentido contraproducente. La castaña por primera vez en mucho tiempo se miró fijamente. Sí, era cierto; había adelgazado notablemente. Su cintura seguía siendo ancha comparada con la de sus amigas, pero su abdomen se había aplanado bastante. Nunca fue gorda ni nada por el estilo, pero si tenía una que otra libra de sobra y algunos rollitos en el estómago que la enojaban enormemente. Se puso de muy buen humor al notar que ni siquiera se había propuesto hacer una dieta y sin embargo había logrado bajar las imperfecciones que tanto le molestaban.

  • Hermione come!- dijo Lavander poniéndole un pedazo de pan sobre el plato.

  • Quisiera...pero de verdad no me provoca.- dijo Hermione.

  • ¿Hazlo por mí si?- dijo la morena en tono suplicante y haciendo gestos resentidos.

La Gryffindoriana suspiró y se llevó un poco de pan a la boca. Automáticamente sintió que quería vomitar, pero lo tragó solo porque su amiga se lo pedía y además, no quería que pensara que se estaba haciendo bulímica o algo por el estilo.

Sus ojos marrones chocaron con los miel de Ron cuando él ingresó al comedor. Pasaron varios segundos antes de que el pelirrojo quitara la mirada para fijarla en Dean y comenzar a charlar sobre ajedrez. Hermione volvió a sentirse mal.

Los ojos chocolate de Ginny paseaban por la mesa cuando Parvati se sentó a su lado por fin desprendiéndose de Harry. Sus ojos brillaban emocionados mientras le hacía señas a sus amigas para que se acercaran.

  • ¿Qué sucede?- preguntó Lavander.

  • Nada...- dijo Parvati.- Mentira! Sucede muchísimo ni se lo imaginan!

Ginny tomó un poco de jugo de calabaza sin quitar los ojos de encima de su amiga. No sabía por qué, pero sentía que algo no muy bueno se estaba gestando en la boca de la rubia, esperando a salir.

  • Yo creo que mejor te apresuras, las clases están por comenzar y no pienso llegar tarde.- argumentó la castaña.

  • ¡Ya va señorita puntualidad! Además, ni creas que se me olvidó lo de ayer en la noche...tenemos que hablar.- contestó la rubia.

Hermione cerró la boca y miró hacia abajo haciendo como si nada pasara.

  • ¡Vamos habla¿¿Qué es eso tan importante de lo cual no tenemos idea?

Parvati sonrió ampliamente y su belleza pareció esparcirse en aquel preciso instante con tan fuerza que golpeó a todos los que estaban cerca como un látigo de cuero dejándolos petrificados.

  • Es que no van a creer quién parece estar interesado en mí.- comentó haciéndose la interesante.

-¿Además de todo el colegio quién más?- dijo Ginny sonriendo.

  • Es bastante extraño...de hecho ni yo puedo creerlo pero es así. Sé captar todas las señales que envían los chicos cuando pretenden algo más y creo que ésta vez estoy dispuesta a mantener una relación seria.

  • ¡Habla ya!- gritó Lavander desesperada.

  • Es Harry.

Ginny no supo identificar con precisión lo que le sucedió en aquel momento. Fue como si hubiera dejado de respirar durante varios segundos y sus funciones vitales hubieran sufrido un paro. Trató de moverse, de gritar, de llorar; pero nada pudo salir de aquel cuerpo inerte que ahora no parecía querer obedecerla. Sin pedirlo, sus ojos chocolate se dirigieron a ver a Harry, quien reía como si nada junto a sus amigos, sin notar lo que acababa de suceder. Fue entonces cuando su sentido auditivo pareció volver a funcionar y escuchó los gritos de Lavander que saltaba de un lado a otro felicitando a Parvati y a Hermione repitiendo varias veces un pequeño**-¡SHHH, dejen****de gritar!-** Tragó saliva, y entonces notó que aún estaba con vida.

Una fiebre pareció envolverla. Se sentía hirviendo dentro de aquel uniforme de colegio, mas cualquiera que la hubiera visto en aquel instante hubiera inferido, que por su semblante pálido y sus manos nerviosas firmemente aferradas a la mesa, se estaba muriendo de frío. Tal vez eso la hizo pasar por desapercibida, ya que el invierno estaba realmente fuerte y todos, sin excepción, usaban bufandas y túnicas más abrigadas que las normales. Ginny no se movió ni pensó en nada hasta que la mano de Hermione sobre su hombro la hizo despertar de la pesadilla en la cual se veía inmersa y sin aparente salida.

  • Ya tenemos clases.- le dijo.

Entonces la pelirroja notó que ya casi todo el mundo había abandonado el gran comedor. Una fría lágrima corrió por sus mejillas pero la secó inmediatamente. Aquel momento sería memorable para Ginny años más tarde, cuando frente a una fogata jugando verdad o reto afirmaría que fue ahí cuando desaparecieron los últimos rastros de su inocencia.

Ron caminaba por los pasillos de Hogwarts cuando debía estar en la clase de pociones. Realmente no tenía ánimos de escuchar a Snape y odiaba, además, la materia. Unas chicas de primer curso suspiraron al verlo pasar y esto le pareció al Gryffindor sumamente ridículo. Durante los últimos años se había convertido en una obsesión para muchas de las chicas de Hogwarts cuando antes, ni siquiera lo veían pasar. Lo acosaban cada vez que podían y no había segundo que pudiera caminar tranquilo a solas porque estaban espiándolo y comentando entre ellas lo maravilloso que era todo lo que él hacía.

Aprovechó al ver el pasillo que llevaba hacia la torre despejado y corrió hasta sentirse a salvo de cualquiera de sus fans ¿Quién diría que Ron Weasley estaba buscando en ese preciso momento a la que era considerada más insignificante de todo el colegio?

Ron se había engañado diciéndose a sí mismo que lo único que estaba haciendo era buscar a Luna para preguntarle sobre Ginny. En realidad no pretendía ver en su interior ni mucho menos descubrir la razón por la cual no había dejado de pensar en ella desde la tarde de ayer. Sin duda, admitía que había algo en ella que lo atraía magnéticamente. No era puro físico, él lo sabía, pues Luna no era su tipo. Se trataba de algo más espiritual y profundo, era ese sentimiento que le producía ver su piel de porcelana y aquellos ojos celestes tibios. Su voz, por Merlín esa voz! Era dulce y suave, como una suave brisa recorriendo sus oídos sin piedad y produciéndole un placer espeluznantemente adictivo. Había algo en ella que la diferenciaba de todas las demás. Una belleza angelical, casi perfecta. Él se sentía orgulloso de haber sido el primero en descubrir aquella perfección.

Siguió caminando decididamente; sabía que todos los alumnos de Ravenclaw que cursaban quinto año estaban en clase con Hagrid a excepción los que pertenecían a la Orquesta Instrumental Básica de Hogwarts.

Luna estaba entre ellos.

Muchas veces, junto a las chicas de esa misma casa había escuchado comentarios bastante despectivos hacia Luna. Siempre estaban burlándose de su falda larga y de su lunática y extraña forma de ser. Pertenecer a la orquesta tan solo había empeorado su condición social, mas él admiraba la capacidad que tenía de simplemente ignorar los comentarios y hacer lo que le gustaba. Ron sabía que ella era mucho más que una simple "monja patética", como le decían sus compañeras de curso. La rubia era un ser superior, inmortal; una obra de arte. El pelirrojo había averiguado ciertas actividades que realizaba, y se sorprendía al notar que mientras ella era tutora, estudiante, y artista, él a penas podía con una sola materia, y eso que desde la pelea que tuvo con Hermione habían empeorado sus calificaciones. No quiso pensar más en la castaña y siguió caminando.

Necesitaba a Luna, aunque fuera tan solo un breve instante. No sabía qué era lo que le impulsaba a buscarla, pero lo hacía porque él era impulsivo, y poco racional. Subió las escaleras hacia la torre y vio a algunos estudiantes bajando. Ante la posibilidad de que la clase hubiera acabado se sintió desilusionado, mas algo le dijo que subiera. Así lo hizo, y antes de abrir la puerta escuchó una melodía dulce y pacífica que paró su corazón y relajó cada uno de sus sentidos. Una fresca brisa hizo volar algunos de sus rojos mechones haciéndolos caer sobre su frente. Abrió lentamente la puerta y entró.

Nunca se olvidaría de aquella imagen. Luna se encontraba con un arpa tocando como los ángeles, totalmente digna de su especie. Sus dedos delicados como el cristal recorrían las cuerdas del instrumento mientras sus ojos permanecían cerrados, dejándose llevar por la música. El pelirrojo se arrimó a la pared y permaneció quieto, escuchando la creación que salía de las ligeras y blancas manos de Luna.

La melodía duró unos minutos más, tiempo en el cual Ron terminó de enamorarse de ella, solo que no se percató hasta mucho después. Cuando la rubia terminó lentamente fue abriendo sus ojos y al ver que no había estado sola todo ese tiempo se sobresaltó. Sus mejillas porcelánicas se tornaron de un rojo intenso y su mirada demostraba la vergüenza por la cual estaba pasando. Humedeció sus labios dulcemente, apenada de que Ron Weasly la hubiera visto en un momento tan personal.

Al Gryffindor, por su parte, le pareció simplemente perfecta. El color rojo de sus mejillas y sus movimientos nerviosos delataron su tímida e introvertida forma de ser; esto logró cautivarlo por completo. La ternura fresca que parecía salir de ella hizo que su mente se quedara por varios segundos en blanco.

Nadie dijo nada durante varios segundos hasta que el pelirrojo notando la vergüenza que pasaba Luna decidió evitarle más sufrimiento y habló sin siquiera pensar en lo que iba a decir. Expresó lo primero que ella logró inspirarle.

  • Eres hermosa...

Aquellas palabras tuvieron un efecto contraproducente en ella. Solo pudo aumentar la vergüenza que ya de por sí sentía. Nadie, ni mucho menos un chico, le había dicho aquello en toda su vida. Sintió que era una mentira y por un breve instante creyó que el Gryffindor se estaba burlando de ella, mas en aquellos ojos miel orgullosos y algo arrogantes notó un brillo de sinceridad. No sabía cómo reaccionar ante el pelirrojo desordenado que estaba frente a ella. Él jamás comprendería lo que aquellas palabras habían significado para ella. Y estaba ahí, arrimado contra la pared, con la camisa blanca por fuera y la corbata algo desatada. Su mirada penetrante permanecía fija en ella, lo que logró intimidarla inmediatamente. Para ocultarlo, se levantó y colocó el arpa sobre la pared sin conseguir que el chico dejara de observarla.

Ron estaba impresionado, al verla notó que cada paso que daba era como si no hubiera tocado el suelo ¿Es que ni siquiera podía caminar como los mortales? Sonrió y caminó por el auditorio. Los ojos celestes de Luna lo siguieron.

  • Tienes talento.- dijo el Gryffindor y ella le respondió con una tímida sonrisa.

Se acercó atraído hacia ella y sin despegar sus ojos de los de Luna tomó el arpa y la volvió a colocar entre las manos de la rubia.

  • Toca, por favor.

Luna sonrió y se sentó nuevamente en la silla juntando sus blancas piernas mientras apoyaba la cabeza en el arpa y cerraba los ojos. Ron volvió a olvidarse del objetivo principal de su visita mientras la observaba detenidamente sin saber que desde aquel día no haría ninguna otra cosa que no fuera pensar en ella.

Draco buscó a Hermione por todas partes después de clase. Comenzó a hartarse y se enojó cuando al fin se rindió y aceptó que jamás la encontraría. Pasó una mano por su rubia cabellera y se arrimó a un árbol ¿Qué tan lejos estaba llegando lo que tenía con la Gryffindoriana? Se preguntaba miles de veces qué era lo que lo mantenía atado a ella y no podía encontrar una respuesta. Le preocupaba demasiado el hecho de que estuviera empezando a...sentir. Sabía que la situación se había escapado de sus manos, y odiaba con toda su alma no tener el control. Ni una sola palabra de amor saldría para Hermione, ni un solo gesto; él se encargaría de personalmente de que no sucediera. Tenía que seguirla tratando con la misma frialdad de siempre, tenerla a su lado, pero no demostrarle ni un poco de debilidad. Ocultar sentimientos era su especialidad.

El Slytherin fijó sus ojos grises en el lago casi congelado. La nieve comenzó a caer silenciosamente sobre él sin perturbarlo ni un instante.

Fue la primera vez que Draco Malfoy tuvo miedo.

Una lechuza negra voló alto cruzando los campos y el rubio extendió su brazo mientras ella se posaba en él. Soltó el pergamino sobre la mano del Slytherin y este lo abrió. Reconoció de inmediato la perfecta caligrafía de su madre.

*"Querido Draco: Primero que nada quiero asegurarte que me encuentro bien. La caída por las escaleras no fue muy grave y me estoy recuperando. Tu padre me comentó de tu actitud con respecto a postergar tu iniciación como mortifago, está de sobre decirte que tienes todo mi apoyo, pero no provoques la ira de tu padre, por favor. Lo conoces muy bien, y sabes lo importante que es para él que ingreses pronto siendo su único hijo. Te quiere, Narcisa Malfoy"*Las manos del rubio temblaron mientras sus ojos grises se llenaban de ira ¿Qué tan estúpido creía su madre que era? Ella no se había caído por ninguna escalera y seguramente escribía es carta por miedo de que Lucius también se atreviera a agredirlo a él. Lo que ella no sabía era que antes de que su padre pudiera ponerle una mano encima él era capaz de matarlo. Arrugó lentamente el pergamino entre sus manos, imaginando que era el cuello de su padre.

El odio invadió su ser aquella tarde, y mirando alrededor por primera vez se sintió completamente solo.

Hermione entró a la sala común sumamente cansada. Había estado adelantándose algunas clases con la profesora McGonagal y eso la dejó exhausta. En el camino de regreso vio a Harry y a Parvati sumamente entretenidos charlando. Al ver a su mejor amigo sintió un vacío dentro de ella que le produjo ganas de echarse simplemente a llorar, mas se contuvo y siguió su camino. Tenía que ser fuerte ante la realidad de que jamás volvería a ser amiga de Harry y Ron; o por lo menos eso era lo que ella creía.

Subió las escaleras hacia su dormitorio y cuando abrió la puerta le sorprendió encontrar a una pelirroja parada frente a la ventana, mirando por el cristal con unos ojos tristes y huecos. Hermione se sentó en su cama sin decir nada. Sus ojos marrones estaban fijos en Ginny, quien parecía inmensamente infeliz, y por un momento la castaña creyó ver su propio reflejo en ella. Humedeció sus labios después de varios segundos transcurridos y habló.

  • Ginny...qué haces...- pero Hermione no pudo terminar la frase. Ginny había corrido hacia ella y se había dejado caer al suelo abrazando las piernas de la castaña con fuerza mientras sollozaba. Por primera vez la bruja más inteligente de Hogwarts no supo qué hacer ni qué decir, así que se limitó a acariciar la cabeza de la pelirroja mientras ella lloraba inconsolablemente; como si se hubiera tragado cada lágrima durante mucho tiempo y sin más remedio hubiera explotado.

Ginny recibía las caricias de su amiga sin poder articular una sola palabra. Las lágrimas seguían cayendo por su rostro y por un momento creyó que nunca tendrían fin.

  • Yo quiero a Harry, Hermione...¿por qué tiene que fijarse en todas menos en mí¿¿Por qué en una de mis mejores amigas¡Yo mentí¡Mentí! Dije que solo me quería vengar de él pero no era así, no lo era. Yo solo quería estar cerca de él, hacer que se fijara en mí. Mentí Hermione¡Parvati no lo sabe y no debo decírselo porque se ve tan emocionada¡Me quiero morir¡No vivir más me siento muy mal! Yo lo quiero, no lo puedo negar más lo quiero Hermione ¡perdóname!- dijo Ginny sollozando sin parar.

  • Shhhh- dijo Hermione sin dejar de acariciar la cabeza roja de su amiga.- Ya lo sabía.

Se quedaron así durante un tiempo incalculable. Cuando a la pelirroja se le acabaron las lágrimas y le ardieron los párpados se acostó en la cama se la castaña y mientras su amiga le contaba un cuento bélico de esos que tanto le gustaban a la pelirroja, se quedó dormida. Al despertar ya eran las doce y Hermione se había ido. Se sorprendió al notar que se sentía más ligera y con mucho menos peso que con el que había ingresado a aquella habitación. Miró al velador y allí había una taza de chocolate caliente que seguramente la castaña le había preparado. Tomó cada sorbo lentamente, tomándose su tiempo sin siquiera imaginar que en ese preciso instante Harry le pedía a Parvati que fueran novios y ella, sonriente, decía que sí.

Cuando Hermione entró a la biblioteca de una forma u otra le sorprendió no encontrar al rubio esperándola. Suspiró y se sentó en una de las sillas de la biblioteca. Miró los libros que la rodeaban y se sintió feliz de estar nuevamente allí. Tenía mejores recuerdos en aquella biblioteca que en su misma sala común. Ese lugar había sido su templo durante varios años; el único sitio en donde podía llorar sin ser vista y estar sola. Sus ojos marrones se encendieron cuando vio al rubio entrar.

Le bastaron segundos para entender que algo malo estaba sucediendo. El Slytherin tenía la corbata desarreglada como siempre y la camisa por fuera. Su cabello rubio caía por su frente tratando de ocultar aquellos ojos grises que se encontraban más sombríos que nunca. Cuando los ojos gélidos de Draco se fijaron en ella, una ola de hielo congeló los sentidos de la castaña y comprendió que estaba más que solo enojado; parecía emanar odio, rencor. Tendría que cuidar muy bien las palabras que utilizaría.

Le dio un beso fugaz en los labios mientras dejaba su túnica sobre una mesa sin decir nada. Hermione pestañeó varias veces y logró hablar.

  • ¿Qué te pasa?- preguntó repentinamente.

  • Nada.- respondió secamente mientras caminaba hacia ella y la tomaba por la cintura. Comenzó a dar mordiscos en su cuello, lo que provocó que la castaña temblara entre sus brazos compulsivamente ¿Qué estaba haciendo? Jamás había tenido un trato tan...desesperado con ella.

Draco la apretaba contra su cuerpo como si con ella quisiera apagar la rabia que sentía contra su padre. La besó con tanta intensidad, que Hermione notó inmediatamente que lo que le sucedía era grave.


aqui les dejo un nuevo cap, espero que les guste, y recuerden  que esta historia es de Monic.

Si les gustan las historias de monic, les recomiendo leer "La revolucion de las Bestias".

Saludos magicos :3

NOX