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Cambiando el pasado — capítulo 24

La odiaba, cuánto la odiaba.

Hermione desabrochó el botón de su falda y la dejó caer. Tomó el pijama de vaquitas y se la puso encima. Le quedaba bastante grande, pero así le gustaba; dormía mucho más cómoda.

  • Veo que ya no tienes miedo de desnudarte delante de mí.- dijo Draco por fin logrando articular palabras.

La castaña pasó dos veces el cepillo por su cabello y caminó hacia la cama.

  • No. Da igual, de cualquier forma ya me has visto ¿no es así?- dijo ella.

  • ¿Por qué me besaste? - preguntó Draco repentinamente. No era su estilo ir por las ramas así que fue directo.

  • No lo sé. ¿No quieres que lo haga?- dijo ella acostándose.

  • No se trata de eso y lo sabes bien.- dijo Draco molesto.

  • ¿Hice algo malo?- dijo ella mirándolo.

  • ¡No!- dijo él exasperándose. - Es solo que...no lo entiendo.

  • ¿Quieres que terminemos lo que sea que tenemos?

  • No.

  • Entonces no te cuestiones tanto. Si yo lo hiciera, no estarías aquí.- dijo ella ingeniosamente mientras se cubría con una sábana. Pero entonces pareció recordar algo. - ¡Lo olvidé también!

Hermione se levantó y corrió hacia una montaña de libros que tenía en una mesa. Revisó por título y dio un suspiro de alivio.

  • Creí que había olvidado...

Pero cuando se volteó Draco estaba ya tomándola por la cintura y la pegaba contra sí besándola con fuerza, como si la hubiera deseado desde hace mucho tiempo atrás sin poder tenerla. Sus manos la pegaron tanto contra su cuerpo, que la castaña creyó por un momento desfallecer ante la imposibilidad de respirar correctamente. Sus frías manos recorrieron su cuerpo mientras ella temblaba ante el tibio aliento del rubio contra su rostro. Su lengua penetraba su boca intensamente mientras la guiaba poco a poco hacia la cama. Ambos cayeron en ella y fue entonces cuando la Gryffindoriana de un salto se levantó y miró al rubio que algo frustrado la observaba tendido en la cama.

  • ¿Y ahora qué!- dijo Draco obviamente fastidiado.

  • Nada, es solo que no quiero.

  • ¿Qué?

  • No quiero.

Draco Malfoy sintió aquello como si le hubieran clavado un puñal en el pecho y luego cremado en una hoguera. Era la primera vez que alguien lo rechazaba, con el estúpido argumento de "no quiero". Se sintió confundido, y no pudo hablar durante varios segundos los cuales no supo precisar. Cuando por fin pudo hablar, no estuvo seguro de expresar lo que realmente quería decir.

  • ¿Por qué! - dijo él.

  • Porque aún no supero psicológicamente el que me hubieras comparado con tu novia, y que simultáneamente te refirieras a mí como "otra" más de tus amantes. Quiero olvidarlo, pero dame tiempo; va a costar más que solo 24 horas.

  • No lo dije enserio.

  • Solo lo dices porque quieres acostarte conmigo.

  • No es así.- dijo el rubio fijando sus ojos grises en los marrones intensos de la castaña. - No miento. Estaba enojado, no quise compararte.

  • Está bien, lo sé.- dijo ella mientras se sentaba en la cama. - No me interesa si crees que Pansy es superior a mí, porque sé quién soy y sé que tu novia no me llega ni a los talones. En cuanto a decirme que soy la otra, tampoco me ofende, porque lo soy.- dijo ella brillantemente, mirándolo con algo de astucia. - Pero el hecho de que me lo hubieras dicho tú, precisamente, fue bastante molesto. Mi orgullo sigue herido así que, siéntente afortunado de estar por lo menos compartiendo el mismo aire conmigo.

Draco suspiró y miró al techo acostado sobre las mantas. Si hubiera podido decirle que no solo la consideraba mejor que Pansy, sino que todas las mujeres que invadían Hogwarts, entonces tal vez el orgullo de Hermione se hubiera visto reparado. Sin embargo calló, y dejó que el silencio dijera lo que quisiera.

Hermione se acostó y tomó las sábanas cubriéndose por completo hasta la nariz, la cual dejó afuera como acostumbraba. Draco se quedó observándola varios minutos, sin saber bien en qué momento había perdido toda la cordura. Besó tiernamente la nariz de Hermione y ella sonrió bajo las mantas.

  • Quédate.- dijo ella suavemente, casi en un susurro. - Duerme aquí.

Draco no dijo nada, pero ella supo que aquella noche él se quedaría.

Pansy entró en histeria aquella noche, en la cual entró al cuarto de su novio y no lo encontró. Comenzó a gritar y a lanzar cosas sobre el armario que el rubio siempre mantenía con candado gritando injurias. Zabini y Spencer, quienes compartían la habitación de al lado despertaron y corrieron hacia allá. Blaise tomó a Pansy obligándola a parar.

  • ¡Tranquilízate¡¿Te has vuelto loca!- gritaba Zabini mientras Spencer reía estúpidamente en el marco de la puerta.

  • ¡Sí¡Adivinaste lacayo¡Estoy loca¡Malfoy me ha vuelto loca!- gritó ella entre llanto.

  • Pansy…

  • ¡No está¿Dónde mierda pasa las noches que no está conmigo! Sé que lo sabes Zabini¡¡¡Habla¡Eres un maldito sirviente de él¡Hasta le besas los pasos así que debes saberlo!

  • ¡Y por supuesto que lo sabe!- dijo Spencer riendo. - ¿Segura que quieres saber el pequeño secretito que guarda tu novio?

Zabini corrió hacia Spencer y volvió a golpearlo en el estómago, haciendo que sangrara por la boca.

  • ¡Eres un maldito Spencer¡Tú no sabes ni mierda de este asunto!- gritó Blaise y luego se dirigió hacia la morena. -¡No lo escuches¡Él está furioso porque ya no pertenece a nuestro grupo¡Draco lo sacó por cobarde y desleal¡Ahora solo quiere perjudicarnos!

  • ¡Entonces habla tú!- gritó Pansy. - ¡Sé que lo sabes!

  • ¡Él se prepara!- exclamó Zabini diciendo lo primero que se lo vino a la cabeza. - ¡Está preparándose para la prueba final del Señor Oscuro¡Para ser mortío Pansy¡Lleva meses en ello y tú te pones histérica por nada!

Pansy pareció tranquilizarse y sentirse avergonzada. La excusa, en verdad, era perfecta. Zabini se sintió más que satisfecho con ella y de haber podido hacerlo, se hubiera fabricado un altar por tan grandiosa idea.

Hermione despertó y abrió lentamente sus ojos marrones. Nuevamente, aquel ángel caído dormía a su lado. Su piel, extremadamente blanca, y su frente, cubierta por desordenados cabellos rubios la obligaron a quedarse quieta, observando aquella creación casi perfecta.

"Casi..." pensó mientras se levantaba y miraba el reloj. Pronto sería tiempo de la partida del tren hacia Hogsmade. Tenía que prepararse de inmediato, lo sabía.

Al poner el primer pie fuera de la cama una mano la tomó intuitivamente por la muñeca con decisión, mas con sutil delicadeza. Volteó y se chocó con aquellos gélidos ojos grises de siempre.

El ángel había despertado.

  • Qué haces?- preguntó e rubio.

  • Me voy a bañar. Tú debes irte ya, pronto tendremos que ir a Hogsmade.

Draco la miró fijamente sin soltarla de la muñeca.

  • Estás demente, ni tú ni yo iremos a ese viaje.

Hermione lo miró estática. No comprendía lo que el Slytherin pretendía, pero ya podía pronosticar una fuerte discusión entre ambos.

La castaña se levantó soltándose de él y con voz interrogante le preguntó:

  • ¿Y si puede saber por qué no iremos a Hogsmade?

  • Ayer no regresamos al pasado, debemos hacerlo a hora.- agregó el rubio con algo de mal humor

  • Pues lo hacemos en la noche.- arguió ella.

  • Imposible.- discutió él levantándose y colocándose la camisa.- Sabes que los viernes no puedo.

  • Pues no estoy supeditada a tus horarios Malfoy.- dijo ella. - Acabo de reconciliarme con las únicas personas que se preocupan por mí en este lugar y pienso aprovechar el día. Carpe diem! Yo iré!

Hermione dio la vuelta para meterse al baño. Fue entonces cuando sintió que una mano la tomaba por el brazo y la obligaba a pegarse contra la pared. Draco la aprisionó con su cuerpo y sus alientos se chocaron formando un solo ser mientras que sus miradas desafiantes estaban fijas en una guerra sin ganador.

  • Hermione.- le dijo, por primera vez. - Harás lo que te diga.

  • No lo haré.- dijo ella aparentando que no le había sorprendido en lo absoluto el que la hubiera llamado por su nombre. - Y no estás en condiciones de obligarme a nada.

Draco sintió aquellas palabras clavarse como dagas en su pecho. Ella lo estaba extorsionando, aprovechándose de la culpa que sentía por haberla tratado tan despectivamente el día anterior. Era cierto, no estaba en condiciones de obligarla a nada. Pero no era eso lo que realmente le dolía; no se trataba de tan solo el saber que poseía poco poder sobre la castaña, también era por ellos...

Potter y Weasley

La noticia de su reconciliación había sido como dos golpes en su estómago sin piedad. Se había acostumbrado a poseerla completamente; a no tener que compartirla con nadie. Ahora, para su pesar, todo comenzaba a cambiar. Los malditos Gryffindorianos habían vuelto para complicarle la vida. Los odiaba. No los quería cerca de ella por ningún motivo. Siempre se habían creído con más derecho sobre ella, pero ahora las cosas eran distintas; Hermione le pertenecía, era suya y de nadie más. Su voz, su sonrisa, su mirada, su cuerpo, su aroma...todo, absolutamente toda ella y sus componentes tenían que dedicarse a él. Y ahora, ahora ella se refería a ellos como..

*"Los únicos que se preocupan por mí en este lugar"*Sí, él sabía que aquellos infelices ocupaban un lugar muchísimo más que importante dentro de la vida de Hermione. Si tan solo ella supiera que él la quería y deseaba en tantas miles de formas que sus "amigos" jamás podrían igual ni ella imaginar, entonces tal vez no estaría retándolo con aquella mirada altiva y orgullosa de quien cree haber ganado una batalla.

Draco se alejó de ella y se vistió con rapidez insólita. Antes de irse se volteó para observarla detenidamente.

  • Haz lo que quieras.

Y con esto se fue

Ginny Weasley entró a un compartimiento del tren vacío. Había esquivado a sus amigas para poder asegurarse en soledad durante el trayecto. La verdad era que estaba en un total estado de melancolía, odio y rencor, por el cual la compañía de otras personas no le habría sentado nada bien.

Ginny era el tipo de chica que disfrutaba plenamente de sus momentos en soledad. Muchas veces, cuando el dolor de su alma superaba cualquier medida dentro de lo tolerable, prefería estar con sus amigas y así olvidar la crisis interna con la cual luchaba diariamente.

Desde el día de su nacimiento, hasta sus actuales 16 años, la pelirroja había sido intensa y apasionada en cada una de las cosas q ue hacía, decía, sentía o creaba. Precisamente era esa intensidad que la caracterizaba la que la hacía vivir en el borde del abismo casi todo el tiempo. En varias ocasiones había maldecido el ser tan "melodramática" como la catalogaban sus hermanos. Y es que ella, por cada paso que daba, experimentaba un desbordamiento total de emociones e ideas. Era exagerada, como una pintura barroca en su máximo esplendor. Lo sabía, y lo detestaba. Odiaba su condición con tanto fervor que solo le recordaba desgarradoramente el mismo hecho de su desbordante personalidad. Tal vez, si no hubiera adquierido tales características no se encontraría sufriendo de la manera que ahora lo hacía.

Una de las razones por las cuales en definitiva se había alejado de sus amistades en aquel viaje era por que no se encontraba con ánimos como para fingir felicidad que actualmente no sentía. Odiaba tener que actuar delante de los demás. Tampoco quería escuchar a Parvati hablar sobre lo fantástico novio que había resultado Harry, porque entonces, literalmente, tomaría su varita y se auto lanzaría un Avada Kedavra.

"Otra vez exagerando!" pensó con rabia mientras sacaba su carpeta negra de cuero. Al abrirla, un montón de hojas se vieron perfectamente organizadas. Sacó el bolígrafo que su padre le había obsequiado para navidad y comenzó a escribir.

Por primera vez en el día se sintió en paz.

Escribir era como una terapia que la ayudaba a deshacerse un poco de todas aquellas ideas y emociones que constantemente la rodeaban y obligaban a huir de sí misma. Era fantástico lo que un pergamino y una pluma podían hacer.

Observó cómo el tren comenzó a moverse y sonrió al ver la nieve caer ligeramente sobre el cristal de su ventana.

Tal vez aquel día sola no sería tan malo como creía.

Hermione rió ante el comentario de Ron. El tren había arrancado no menos de cinco minutos atrás. Harry reía también ante la astucia del pelirrojo mientras Dean y Lavander parecían decirse cosas graciosas al oído.

Fue entonces la puerta del compartimiento se abrió y Parvati entró.

  • ¿La encontraste?- preguntó Lavander.

  • La rubia se sentó junto a Harry con una expresión notablemente molesta.

  • No.- dijo ella. - Es muy hábil seguro puso un hechizo de invisibilidad temporal de las puertas de los vagones. Aprovecha que yo no tengo idea de cómo usar esos hechizos.

Ron rió.

-Déjala, Ginny es un a histérica y necesita su espacio.

Hermione le dio un ligero golpe a Ron y lo miró secamente.

  • Esto es más serio que tan solo "histeria" Ron.- argumentó la rubia. - Ha estado actuando de una forma extraña durante todo este tiempo.

  • A qué te refieres?- dijo Dean

Harry miraba por la ventana sin decir nada, y nadie se percató tampoco de su aparente falta de interés en el tema.

  • Te lo explico.- dijo Lavander. - Ginny siempre ha sido un espécimen extraño. Un día le dan esos ataques en los que odia a toda cosa que tenga vida y otros, por el contrario, amaba la existencia en sí. Ella es así de cambiante y lo sabemos. Digamos que en este tiempo se ha quedado estancada en esa etapa que mencioné anteriormente de que odia a todo lo que se mueva a su lado. Ya casi no habla con nosotras, nos huye. Se la pasa sola y desaparece todo el tiempo.

  • Exactamente!- exclamó Parvati.- Me está enfermando toda esta situación! No sé qué diablos le pasa! No sé si es que se considera "demasiado" como para estar con nosotras o si en definitiva se volvió loca!

Hermione permanecía en silencio. Ella sabía perfectamente que Ginny tenía sus razones para estar en decidida "guerra" con la vida. No la apoyaba, pero sabía lo que era estar en una crisis existencial, y sabía también que la única forma de superarla era sacando todo el veneno interno. Lamentablemente, eso era algo que solo ella podía hacer, y sola.

  • Como sea allá ella.- dijo Ron sacando el tablero de ajedrez. - Harry, te doy la oportunidad de vencerme por primera vez en tu vida.

Draco se sentó mientras proseguía su charla con Zabini.

  • De cualquier forma no mentiste.- dijo el rubio.- Es cierto que me preparo, pronto me uniré a los mortífagos.

  • Me preocupa Spencer.- adhirió Blaise.- Ese imbécil sabe más de lo que debería. Ya parece haberse transformado en nuestro enemigo.

  • Tengo que aceptar que me equivoqué con él.- dijo Draco viendo por la ventana. Fríos copos de nieve caían sin cesar.- Creía que podía ser de confianza cuando lo integré al grupo.

  • Pues es un desleal inservible.- dijo Blaise obviamente fastidiado por el tema.- ¿Dónde están los idiotas de Crabbe y Goyle?

Draco rió falsamente.

  • Al menos ellos sí son fieles.

  • No les da la cabeza como para traicionar a nadie.- inquirió Zabini.- Malfoy, no quiero meterme en tus asuntos, ya lo sabes bien. Es solo que no comprendo por qué arriesgas todo y sigues viéndote con una...bueno...con Granger.

  • No quiero hablar sobre ello.- dijo Draco cortante.

  • ¡Malfoy, es una sangre sucia!

  • Ya lo sé!

Zabini se quedó callado. Jamás lo comprendería. Hermione Granger era simplemente desagradable. No entendía qué era lo que el Rey de Slytherin pretendía con aquel juego.

La puerta del compartimiento se abrió dejando entrar a una morena exuberante. Pansy fijó sus ojos en Draco. Blaise supo que debía irse.

  • Voy a buscar a Crabbe y a Goyle.- dijo mientras salía.

Draco miró por la ventana pretendiendo que ella no estaba allí. Pansy entendió el gesto y le dolió profundamente.

  • Creo que es obvio el hecho de que nos hemos distanciado bastante últimamente.- dijo ella.- Pero sé que no ha sido mi culpa.

  • Ahora me culpas?

  • Quién es ella!- exclamó.

Draco se quedó en silencio. Era inútil seguir negándolo. Pansy no era tan estúpida, y además, no se lo merecía después de todo. Lo mínimo que podía hacer era ser lo más honesto que su conciencia roída le permitía.

  • Qué importa quién es? Crees que si te lo digo algo cambiaría?- dijo él fijando sus ojos en ella nuevamente. - Lo que importa realmente es que, algún día, nos casaremos. Eso nadie lo va a cambiar.

  • Ya no estoy tan segura de ello.- dijo Pansy.- Cada vez te reconozco menos. Es como si te alejaras de mí todo el tiempo.

Draco miró por la ventana tan solo unos segundos antes de volverse a ella. Iba a hacerle una pregunta que lo estaba martirizando constantemente.

  • Crees que he cambiado?

Pansy lo pensó por varios segundos aunque ya sabía la respuesta. Draco esperaba con ansias las palabras de su novia, tratando de descubrir qué le había pasado al Malfoy de hace algunos meses.

  • No, no has cambiado; y sin embargo...ya no te siento igual.

Aquella frase contradictoria tenía mucho significado. Draco supo que describía perfectamente su estado actual. Miró a Pansy y le señaló el asiento a su lado. La morena caminó y se sentó junto a él.

Así estuvieron el resto del viaje.

Ginny tomaba su taza con chocolate caliente y aspiraba el aroma que ésta despedía mientras miraba por la ventana. Aunque el viaje a solas las había tranquilizado un poco y el dolor había cedido, ahora sentía cómo la angustia y la rabia se apoderaban de ella. No podía entenderlo ¿De dónde provenían todos aquellos sentimientos¿Era acaso alguna frustración escondida? Odiaba no poder entenderse en lo más mínimo ¿Por qué tenía que ser tan complicada? Nuevamente deseó ser otra persona mientras tomaba más chocolate. En ese preciso momento la puerta del compartimiento se abrió.

Ginny fijó sus ojos miel en el chico que había acabado de entrar. Su cabello era de un castaño fuerte y su piel notablemente bronceada. Sus ojos, de color aceituna, dejaban ver una personalidad enigmática y algo abrumadora. No tenía el uniforme, por lo que tratándose de cualquier otra persona ella no lo habría reconocido jamás. Lamentablemente, siendo amiga de Parvati, conocía a los más apuestos del colegio con tan solo tenerlos en frente. Paul Chiller, de Ravenclaw, había sido uno de los tantos amoríos de la rubia. Sin embargo, a pesar de que Parvati había asegurado que era el hombre perfecto, había terminado engañándola con otra más. La Gryffindoriana sufrió durante meses mientras a él parecía ni importarle el hecho de que ella lo había dejado por eso. Todo un canalla. Pero eso no le quitaba lo adorable que era tan solo verlo.

Ginny levantó una ceja algo interrogante mientras él cerraba a puerta del compartimiento.

  • Sabes? Puse un hechizo en la puerta para que los que pasaran pensaran que estaba vacío.- dijo la pelirroja con un tono algo rudo. - En otras palabras; llegué primero y no quiero a nadie aquí.

El chico la miró altivamente con una sonrisa creída en sus labios.

  • No veo tu nombre en él.- dijo el Ravenclaw mientras astutamente se sentaba frente a ella. - Y en el caso de que lo estuviera, no sé tu nombre así que no lo reconocería.

Ginny lo vio con rabia mientras él miraba por la ventana y se quedaba en silencio, sentado, esperando al fin del viaje. Precisamente por Parvati sabía que se trataba de un chico enigmático, tremendamente misterioso y de pocas palabras. Su amiga le había asegurado que, aunque no era muy elocuente, cada palabra que pronunciaba era la precisa. Algo que le intrigaba a la pelirroja era que, siendo tan apuesto, no fuera popular ni mucho menos. Muy pocas veces se lo veía acompañado de alguien. Siempre andaba solo, con sus libros y observando a los demás con superioridad desmedida. Luna, quien pertenecía a su casa, decía que las chicas se morían por él todo el tiempo, y él, no era un santo que las despreciaba.

  • Haz lo que quieras.- dijo Ginny mientras seguía escribiendo en su carpeta.

Paul seguía sentado y ni se inmutó por las palabras de la pelirroja. Normalmente, nada captaba la atención del Ravenclaw, mas la pelirroja lo había hecho en cuestión de segundos. Había algo en ella que él había visto en algún otro lugar y no lo recordaba. Ella era una chica simple, y eso de cierta forma le gustaba. Era difícil encontrar mujeres así en Hogwarts. La mayoría, se bañaba en maquillaje o en ropa de marca como si eso comprara su inteligencia perdida. Le fastidiaba no poder recordar dónde la había visto antes.

Analizándola, con tan solo un par de miradas había notado una personalidad introvertida. Él confiaba en sus instintos, y algo le decía, en el fondo de su ser, que aunque la pelirroja frente a él parecía no tener nada fuera de lo común; estaba terriblemente equivocado. Sin embargo, prefirió seguir siendo un completo enigma y permaneció callado en todo el trayecto.

Hermione, Harry y Ron iban juntos corriendo hacia Zonko, detrás de ellos, Parvati, Lavander y Dean trataban de alcanzarlos. Luna se había excluido al salir y encontrarse con su tía quien la invitó a tomar unas cervezas de mantequilla a las cuales le fue imposible negarse. El día comenzaba a cobrar vida mientras el sol parecía querer derretir la nieve que había cubierto el suelo y los tejados de las tiendas. Había un ambiente fresco y bastante divertido del cual nadie quería dejar de participar.

Hermione entró a la tienda con sus amigos y se recogió el cabello en una cola alta. Todos estaban emocionados viendo varias bromas de las cuales ya elegían cuáles comprar. Ella reía contenta cuando de repente, sus ojos marrones chocaron a través del cristal de la vitrina, con unos grises fuertes. Draco estaba afuera acompañado de su grupo, como siempre. Pansy iba abrazada al brazo de su novio con decisión, como marcando patéticamente su territorio. Hermione había quedado atrapada en esos ojos fríos y jamás hubiera logrado despegarse de ellos de no ser que el Slytherin volteó la mirada y se alejó de la tienda.

"Se fue..." pensó ella con un nudo en la garganta. "Estaba con ella..."

Hermione ya sabía muy bien que Pansy era la novia oficial de Draco, pero ella sabía que él no la quería. Podía sentirlo. El rubio nunca decía nada, parecía mantener sus sentimientos cautivos en una caja fuerte; sin embargo, había algo dentro de Hermione que le decía, que le gritaba, que él la quería a ella. Si no era así¿Entonces por qué siempre Draco volvía a sus brazos? Tenía que ser cierto, y aunque en el fondo lo sabía, necesitaba oírlo de sus labios. No lo lograba todavía; todavía no conseguía descifrar el enigma que era Draco Malfoy. Eso la atormentaba.

  • Hermione! Ya vámonos.- dijo Harry llamándola desde la puerta. La castaña asintió y lo siguió.

Ginny se sentó sobre una piedra. Miró a su alrededor y se sintió aliviada. Había estado buscando durante horas un lugar solitario, donde nadie estuviera gritando emocionado por la visita a Hogsmade. Por un breve momento creyó haberse rendido, y entonces recordó aquel castillo al cual todos creían embrujado. Nadie iba hacia ese sector. No había tiendas, ni sectores que causaran mucha diversión por lo tanto muchos lo evitaban.

Era el lugar perfecto.

Desde la piedra observó el castillo. A ella le parecía hermoso, tétrico, pero hermoso. Muchos decían que estaba en decadencia, pero Ginny creía que estaba en sus mejores años. Las cosas antiguas, especialmente los castillos, tan solo lograban captar las miradas cuando se mantenían en pie durante varios años. Para la pelirroja, aquella era sin duda una pieza arquitectónica de gran valor cultural. Había estudiado la historia de aquel castillo una vez que Hermione le había sembrado la duda, y ésta era muy buena.

Respiró profundo y sintió que estaba acompañada. El delicioso sentimiento de soledad se desvaneció rápidamente cuando volteó y sus ojos chocolate chocaron con unos aceituna que a observaban no muy lejos.

  • No tienes algo mejor que hacer que perturbar los lugares que elijo para estar sola y alejada de la sociedad?- dijo Ginny incrédula ante su mala suerte.

Paul esbozó una media sonrisa y caminó hacia ella.

  • El sarcasmo no se te da así que déjalo.- dijo mientras metía sus manos en los bolsillos. - En qué año vas? Cuarto?

  • Sexto.- corrigió Ginny molesta. - Pero mi paciencia llega hasta dos veces que me hacen lo mismo. Así que, si te vas a quedar, entonces voy a irme.

La pelirroja se levantó y caminó en dirección opuesta cuando la voz de Paul la obligó a pararse en seco.

  • "Ojos negros soledad..."

El corazón de la Gryffindoriana creyó pararse indefinidamente al escuchar la primera frase de un poema que había escrito en las vacaciones. Quiso hablar, pero su voz había desaparecido y ahora su garganta parecía causarle dolor continuo. Se volteó lentamente para ver al Ravenclaw sosteniendo un pergamino que reconoció de inmediato.

Paul levantó una ceja y sonrió victoriosamente.

**- "Ojos negros soledad,***Pareceres distinta y fría, Tus pulmones se hicieron de piedra, Y tus pasos lentos e invisibles. Una sonrisa vana y falsa, fabricada con odio, se dibuja venenosa en ti. Ríe, Llora, ¡Oh niña, haz algo! Porque la muerte de a poco va carcomiendo tu alma. Pronto tu piel se hará polvo, Y de acero se volverán tus alas ¿Quién te extrañará, oh Diosa de las letras? ¿Quién te sacará del lodo? Tú que besaste el cielo y con ambas manos lo destruiste ¿Pretendes morir sin ser condenada? Cuando el coro de ángeles exiliados cante tu nombre... ¿Voltearás a verlos? Nadie se negará a tus egocéntricos caprichos; Pero tal vez yo lo haga. Eres todo lo absurdo, Una figura abstracta que infecta mi destino. ¿Quién eres tú para decirme cómo he de vivir? ¿Qué quieres de mí! Si te lo he dado todo ya, Tal vez ahora me niegue. Divago entre sombras, Siempre tratando de huir de ti. Porque eres arte, Y me lastimas. Mi otro yo, Me está ahogando. Y tú, Sentada, Ves como muero, Mientras lo seco, recorre tu alma."*Ginny no lograba articular palabra. Sus nervios la empezaban a traicionar mientras miles de ideas rondaban por su cabeza ¿Cómo consiguió robarle el poema? Estaba segura de haber tenido su carpeta con ella todo el tiempo ¿Qué había sucedido entonces?

  • Me alegro de que resultaras lo suficientemente descuidada como para dejar caer de tu carpeta este poema, de no ser por eso, jamás me hubiera enterado de tu talento y seguramente hubiera votado en contra...

Ginny aún no entendía absolutamente nada, y se confundió aún más cuando observó a varias personas salir del castillo mientras comenzaban a formar un círculo alrededor de ella. Sí, reconocía a bastantes de ellos. Estaban en el colegio! Habían Hufflepufs, Gryffindors y Ravenclaws.

  • No te asustes.- dijo una chica de cabello negro y rizado. - Paul es solo uno de nuestros integrantes.

  • Dame mi poema!- dijo Ginny ofendida. - Es algo privado!

Paul se lo entregó y ella lo tomó groseramente. No entendía nada pero aquello no le estaba gustando.

  • Eres una engreída retraída.- dijo Paul molestándose. -Si estás aquí es solo porque tienes talento, me caigas bien o no hay que reconocerlo.

  • Quiénes son todos ustedes?- dijo Ginny confundida.

  • Quienes somos?- dijo un chico de Hufflepuf, también había salido con Parvati. - Somos los grandes, el talento de Hogwarts reunidos ante ti Ginny Weasley. Somos los que conocemos la realidad y la sabemos plasmar en un papel; los que ven más allá de las paredes simples que se empeña la sociedad en poner frente a nuestros ojos; los que están dispuestos a quedar ciegos, pero no mudos; esos somos Los poetas de babel

Ginny era incapaz de pronunciar palabra coherente. Había escuchado ya rumores de una supuesta organización secreta en Hogwarts, creada por alumnos con talento literario durante siglos atrás. Pero también había escuchado que se había disuelto durante la época del Señor Oscuro. No podía ser que siguiera funcionando...

¿O sí?

  • Ginny, es así de simple.- dijo Anabel Gym, una chica de Gryffindor que estaba en cuarto curso. - Los poetas de babel somos todos nosotros. Solo elegimos a un integrante más para que se integre a nuestra asociación cada año, y por supuesto, debe ser alguien desbordante en talento, como todos nosotros...

Ante éste comentario todos rieron, obviamente, sabiéndose dignos de pertenecer a la organización.

  • Creí que la asociación se había disuelto en los años de...- dijo Ginny, pero fue interrumpida por un jugador de Ravenclaw.

  • De quien no debe ser nombrado?.- agregó él. - Pues sí! Los mortíos mataron a todos los integrantes de esa época, porque hablaban demasiado. Pintaban en las paredes del colegio ideas "rebeldes" que incitaban a todos a tener el valor de luchar contra ya sabes quien.

  • Quién? Voldemort?- dijo Ginny y ante éste simple nombre muchos palidecieron.- Para ser los "rebeldes" de Hogwarts son bastante temerosos.

Paul sonrió. Y Adriana, la actual presidenta se dirigió a ella.

  • Eres perfecta. Nos encantaría tenerte de integrante.

Se produjo un silencio sepulcral el lugar. Ginny observaba a todos los presentes algo curiosa.

  • Todos aquí, saben escribir?- preguntó.

  • Todos. Y somos los mejores en ello.- dijo uno.

  • Y qué hace esta organización secreta, si nadie sabe de ella?

  • Precisamente, todos, ignorantes ante la grandeza del talento que nos ha sido otorgado, se mantienen fuera. Nosotros, nos reunimos todas las noches en una cabaña que se encuentra en el bosque oscuro. La creamos solos.- dijo Paul. - Escribimos, y leemos poemas que realmente valgan la pena. Nuestro trabajo es discutir sobre los problemas dentro de Hogwarts, y marcar la diferencia en ellos.

  • Fueron ustedes los que, hace unos años atrás pintaron en las paredes los nombres de los famosos escritores románticos de la época?

Todos rieron.

  • Algunos de nosotros.- respondió Adriana. - La mayoría que ves ahora frente a ti son nuevos. Cada año innovamos.

  • Y cómo hacen para mantenerse en secreto?- preguntó Ginny.

Paul fijó sus ojos aceituna en ella y caminó hasta quedar frente a frente con la pelirroja.

  • Es una de las reglas, quien entra, no sale hasta que llegue a séptimo y se gradúe. Por supuesto, se debe mantener en secreto la organización.- el chico sacó de su bolsillo un collar con una insignia de dos triángulos dorados y se lo colocó alrededor del cuello. - Sabemos lo que es ser incomprendidos Ginny, todos los escritores los somos, nadie entiende el poder de nuestra grandeza ni el de nuestra mente. Tus sentimientos desbordantes son tan solo parte de tu talento; solo quienes sienten más de lo debido logran percibir lo que otros no, y solo ellos, pueden escribir. Aquí, todos somos como tú, y tú eres como nosotros. Pertenecemos al mismo mundo; al mundo fantástico de las letras.

La nieve comenzó a caer lentamente sobre el cabello rojo fuego de la pelirroja. El sol se debilitaba tornando las nubes de un color rojo sangre.

El día había llegado casi a su fin.

Hermione había aprovechado para caminar sola por ahí ahora que Ron había desaparecido repentinamente y Harry parecía ocupado con Parvati. El día había llegado a su fin dando paso a la tarde. Ya había previsto que iba a comenzar a nevar por el tenue frío que comenzaba a esparcirse por el lugar, mas, terca y necia como era, lo había ignorado por completo y siguió en su travesía. Caminando, justamente, los copos de nieve sobre su cabello castaño le avisaron que buscara un lugar en donde pudiera protegerse.

"No puede ser..." pensó al ver cómo la nieve comenzaba a caer.

Fue entonces cuando corrió y entró a la primera tienda que tuvo enfrente.

El ambiente estaba cálido en el interior de aquel lugar. Un señor bastante anciano tocaba el piano espectacularmente. Sus manos, robustas y arrugadas se movían con tanta agilidad que hasta había resultado impresionante. Hermione se sentó en una mesa sonriente y lo observó tocar, permitiendo que la melodía penetrara por sus oídos y la obligara a volar. Estuvo así durante varios instantes hasta que la puerta del lugar se abrió, y ella volteó instintivamente chocando nuevamente con unos ojos grises que, inmediatamente, le transmitieron un calor exagerado y vergonzoso. Qué fácil resultaba perder la tranquilidad con su simple presencia.

El rubio había logrado escaparse de sus amigos y de su novia después de varios intentos fallidos. Había estado de pésimo humor durante el paseo, y aunque había hecho el esfuerzo de pasarla bien con Pansy, aquello le había resultado casi imposible. Aliviado de no tener que esconder más su rabia interna se dirigió al único lugar que le proporcionaba paz en Hogsmade, un pueblo que consideraba aburrido y sin chiste. Mucho más interesante resultaba el callejón Knocturn, y era precisamente esa la razón por la cual adoraba aquel café bar: pertenecía a un mortífago convicto, y todas las pertenencias de allí eran lavado de dinero. En el sótano, había una entrada que conducía al callejón de brujas y magos oscuros. Ir hacia allá había sido su idea principal, mas la presencia inesperada de la castaña había perturbado una vez más su mente.

"Maldita sea" pensó mientras entraba al lugar sin dejar de mirarla. Siempre tenía que estar interrumpiendo sus planes. Con aquellos ojos cálidos y esa boca rosada que lo volvían loco y a la vez, le daban cierto sentido a lo absurdo de su vida.

Con un gesto de cabeza le dijo que lo siguiera. Hermione se levantó y caminó entre las mesas llenas de gente charlando e intercambiando pequeñas bolsas negras bajo la mesa. Por estar cautivada por la música del pianista no había notado el extraño y sospechoso aspecto de la gente que concurría aquel lugar. Ahora lo comprendía, y se sintió ofendida.

Draco abrió una puerta y la cerró después de permitirle la entrada a Hermione. Ésta inmediatamente explotó.

  • ¿Cómo puedes frecuentar un lugar como éste!

El Slytherin dio un respingo lleno de rabia. Debió suponer que era lo suficientemente inteligente como para notar la procedencia del lugar.

  • Sabes muy bien el tipo de lugares que yo frecuento, ya deberías estar acostumbrada.- dijo él sacando un cigarrillo y encendiéndolo. - ¿Quieres tomar algo?- le dijo señalándole un bar que estaba en la esquina de la habitación.

Fue solo entonces cuando la Gryffindoriana cayó en cuenta en el lugar que estaba. Era como una mini suite lujosa y con todas las comodidades que un Malfoy debía tener. Seguramente era el lugar que Lucius le había obsequiado a su hijo.

  • No bebo.- respondió ariscamente ella.

Draco caminó hacia el bar.

  • Sé que no bebes.- dijo mientras servía en una copa algo de coñac. - Me refería a si querías- beber alguna otra cosa.

  • No.- dijo ella secamente. - ¿Para qué me trajiste aquí?

El rubio la observó misteriosamente durante varios segundos.

  • Para nada.- respondió.

  • ¿Me trajiste aquí para nada?

  • Yo no te traje, tú viniste.

Hermione no podía creer lo que estaba escuchando. Por un instante sintió el impulso de gritar y salir corriendo, pero algo le impidió que hiciera aquello.

  • ¡Me hiciste señas para que te siguiera!

  • Y tú me seguiste.- dijo él. - No hay motivo, solo causa y efecto.

Draco apagó el cigarrillo y de un armario sacó una capa negra que se colocó rápidamente.

  • ¿Vas a alguna parte?- preguntó Hermione con tono algo cortante.

  • Sí, al callejón Knocturn.

  • Qué!- exclamó la castaña. No lo entendía pero ya estaba enfadándose. - Si esto es una forma de venganza porque decidí venir y no quedarme como tú exigías pues lo siento mucho!

  • No me estoy vengando.- dijo él tranquilamente mientras se acercaba a ella. No se detuvo hasta quedar a tan solo unos milímetros de Hermione. - Si quieres que me quede, pídemelo.

Hermione pestañeó varias veces sin poder asimilar la información. Tenía que estar loco.

  • ¿Estás drogado?

  • No. Es simple Hermione Granger; nadie te obligó a seguirme, tú lo hiciste porque querías hacerlo. Ahora estás aquí y te toca preguntarte lo mismo que yo me pregunto todos los días cuando voy a buscarte en lugar de quedarme con Pansy: "¿Qué estoy haciendo?"

Hermione podía notar la rabia en el tono de voz del rubio. Estaba molesto, sin duda alguna. Pero aquello no evitó que ella lo desafiara.

  • Yo sé lo que estoy haciendo Draco Malfoy¿Y tú?

El rubio no se movió ni un centímetro. Sus alientos de mezclaban y el aroma que despedía el cuerpo de Hermione penetraba sus fosas nasales seductoramente. Tenía que estar enloqueciendo en su interior, pero el orgullo siempre manejaba al Slytherin, por lo que se mantuvo firme todo el tiempo. Mas la pregunta de la castaña había sido suficiente como para derrumbarlo. Sin bajar ni un instante la mirada retrocedió y se dirigió hacia la puerta.

Fue entonces cuando Hermione corrió y se interpuso entre él y la salida.

  • Quédate.- dijo mientras se ponía un puntas para alcanzar los labios del rubio y besarlos con fuerza. Draco respondió inmediatamente pegándola contra la puerta y penetrando su boca con ímpetu e intensidad. El cuerpo del Slytherin se pegó con más fuerza al de ella, sintiéndola y despertando una lujuria incontrolable dentro de él. Hermione soltó un quejido al sentir cómo la perilla de la puerta se incrustaba en su espalda mas aquello no le importó en lo más mínimo. Los dos se necesitaban mutuamente y, aunque se habían propuesto negarlo, resultaba muy difícil ocultar un sentimiento que comenzaba a cobrar tanta fuerza en su interior.

Mientras esto sucedía en el sur de Hogsmade, en el norte, una rubia sonreía cuando en Souler, encontraba un arpa último modelo envuelta en un lazo rojo.

Hermione...- susurró Draco en el oído de la castaña mientras la besaba en el cuello y lentamente la conducía hacia la cama. - Te necesito...

Hermione ya no sabía muy bien lo que estaba haciendo, simplemente caía en aquella telaraña que se había apoderado de ella desde hacía mucho tiempo. Eran esas esperanzas vanas de que tal vez, solo tal vez, la fuerza de lo que ella sentía podría cambiarlo. Muchas veces había estado a punto de terminar con todo, de olvidarse de su objetivo y alejarlo de su lado; mas no había sucedido, y Hermione temía que fuera ya demasiado tarde para detenerlo.

"No es tarde..." pensó, pero sus ideas se desvanecieron cuando sintió su piel desnuda chocar contra la del rubio. En un momento de confusión quiso llorar sin saber exactamente por qué, pero cuando las manos del Slytherin comenzaron a moverse sobre ella todo pareció detenerse; había algo distinto. La Gryffindoriana contuvo la respiración y sintió todo su cuerpo temblar, Draco jamás la había tocado así. El rubio la tomaba con una ternura y delicadeza únicas, gesto que jamás se había atribuido con ella. Sus manos, que antes recorrían su cuerpo con desesperación y cierta brusquedad, ahora la acariciaban con, incluso, un deseo aún más intenso que el de muchas otras veces; pero seguían siendo caricias. Se deslizaban suavemente por sus piernas y sus caderas mientras atrapaba su boca entre la suya, quitándole por completo la respiración. Por primera vez en mucho tiempo ella se sintió importante en sus brazos.

Draco sabía que jamás saldrían palabras expresivas de su boca hacia ella, sabía que no se lo podía permitir. Entre ellos había un abismo que resultaba imposible destruir. Sin embargo, aquella tarde quería demostrarle con toda su alma lo que ella había sido capaz de construir dentro de él; quería regalárselo. Sin a penas notarlo, Hermione había logrado inspirar en él sentimientos que jamás pensó existieran. Ella, solamente ella era capaz de destruirlo todo y en segundos crearlo nuevamente en su interior. Por eso la necesitaba con la misma fuerza con la que la odiaba. Era algo enfermizo e inexplicable.

Draco mordió el cuello de la castaña mientras pasaba su lengua por ciertos puntos que ya conocía producían fuerte reacción en ella. Hermione lanzó un quejido mientras lo aprisionaba con sus piernas alrededor de su cintura. El Slytherin las abrió con delicadeza antes de entrar mientras las acariciaba.

Él no podía saber, que ésta sería la última vez en mucho tiempo que la tendría entre sus brazos.

William humedeció su pluma y sacó un nuevo pedazo de pergamino para seguir con el relato.

**"Las historias alcanzan siempre un clímax en el cual resulta interesante notar cómo los problemas van solucionándose llegando al fin del relato. Así pues, es necesario explicar que eso no sucederá con nuestra novela amigos, no. A mí entender, el clímax inicia ahora, y se prolonga con innumerables sorpresas que jamás sospechamos podrían llegar. Les recomiendo, presten suma atención; posiblemente no se repita nunca más"**Luna paseaba sus dedos finos y delicados por el arpa brillante bañada claramente en oro blanco. Sus ojos celestes parecían delirar mientras acariciaba aquel artefacto. Ron no pudo sentirse más complacido.

Lo único que quería era hacerla feliz.

  • Te gustó?.- preguntó él ya conociendo la respuesta.

  • Me encanta...- dijo ella casi sin voz. Entonces se lanzó sobre él y lo abrazó con fuerza mientras sus mejillas se iban tornando rosa al notar lo que su impulso la había llevado a hacer.

Quiso alejarse y disculparse, pero notó pronto cómo los brazos de Ron rodeaban su cintura recibiendo aquel abrazo del que ya no podía escapar. Se quedaron así durante algunos segundos más antes de soltarse. Luna tenía su mirada ahora en el piso, tratando de evitar la juguetona del pelirrojo, que la observaba sin querer perderse ni un solo gesto facial que pudiera delatarla.

  • Yo...no sé cómo agradecerte.- dijo ella sin saber qué más decir.

Ron se acercó y tomó con su mano el rostro de la rubia, obligándola a levantar la cabeza y a clavar sus ojos cielo en él.

  • Ya lo hiciste.- dijo él mientras acariciaba dulcemente la mejilla de la Ravenclaw.

Luna sonrió y a él le pareció simplemente perfecta. Aquella imagen jamás se borraría de su mente y lo acompañaría hasta el último momento de su larga y futura vida.

Ella miró hacia el gran reloj que estaba frente a ellos y sus ojos se abrieron como platos.

  • Ya es hora! Tenemos que estar en el tren o nos dejará!- exclamó la rubia.

Ron volteó y sonrió.

  • Tienes razón.

Luna no pudo decir más porque el chico ya la había tomado de la mano y corrían esquivando personas mientras reían sin parar.

Parecían dos niños jugando.

De cierta forma lo eran.

Así mismo, Draco y Hermione corrían tomados de la mano hacia aquella misma dirección. El rubio, al ver la cabeza pelirroja llegando hacia la entrada del tren, soltó la mano de la castaña y con una tierna mirada desapareció. Hermione sintió un papel entre sus dedos, pero al ver a Ron llegar con Luna decidió introducirlo en el bolsillo de sus jeans.

Y juntos entraron.


Espero que les guste :3

porfavor no olviden comentar.

Saludos Magicos

NOX