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Cambiando el pasado — capítulo 25

Y juntos entraron.

Draco bajó del tren con Zabini mientras hablaban muy acaloradamente. Sin duda alguna cualquiera que los hubiera visto habría sabido inmediatamente que estaban discutiendo. Los Slytherins que los conocían bien caminaban mientras comentaban entre sí lo extraño que era ver al Rey de su casa pelear con su mano derecha. Todos se preguntaban cuál era la causa de la disputa sin siquiera imaginar lo que en realidad estaba sucediendo.

Pobres ignorantes.

Draco entró al castillo con un paso molesto y fastidiado seguido por Zabini. El rubio estaba hartándose de las reprimendas que recibía por parte de su amigo, y ya no estaba dispuesto a escuchar más quejas.

Se volteó ardido.

  • Yo hago lo que quiera! Me entiendes! Si me da la gana de desaparecerme del mundo eso hago!

  • Tú no respetas nada Malfoy! Ni siquiera el hecho de que lo único que hago es proteger tus espaldas todo el tiempo! Yo debería largarme y dejarte solo haber qué haces con Pansy y los demás que ya sospechan!

Se produjo un silencio aterrador después de aquellos gritos. Sin duda, Blaise había llegado a su límite. Draco fijó sus ojos grises glaciales en él.

  • Por qué no te vas entonces?- le dijo con una voz firme. - Nadie te obliga a nada.

Zabini levantó su mirada y conteniendo la rabia y las ganas que ahora se apoderaban de él de golpear a Draco haber si esto lo hacía reaccionar, habló.

  • Porque soy tu único amigo!- dijo como si la respuesta fuera tan obvia que ya se tornaba algo tonta la simple formulación de la pregunta. - Si yo te dejo estás perdido.

Draco permaneció en silencio. Sabía que él tenía la razón. Nunca sintió tanto arrepentimiento de haberle gritado a Blaise en toda su vida. Era cierto, sin su ayuda estaría perdido.

El rubio titubeó tratando de pensar en una manera de reparar lo hecho sin tener que disculparse. Un Malfoy jamás pedía perdón. No recordaba, por supuesto, que si había alguien que lo conocía a fondo además de Hermione, era Zabini, y éste decidió hacerle las cosas más fáciles.

  • Ya no importa.- dijo hartándose. - Me harías un gran favor escuchando mis consejos de vez en cuando: aléjate de Granger. Ella es lo peor que pudo haberte pasado. Si estuviera en mis manos, la eliminaría yo mismo. Y es eso lo que un futuro mortífago debe hacer. Malfoy, yo no me uní a ti desde un principio por cualquier cosa, lo hice porque supe desde que te vi que eras el único en esta casa llena de imbéciles que tenía la ambición desmedida que yo necesitaba. Aquí, fuiste como mi maestro. No hagas que pierda ese respeto por ti.

  • Todos esperan cosas de mí.- dijo Draco. - Y yo no sé si cumpliré las expectativas de todos. Eso sí, debes tener algo muy claro Zabini; pienso alcanzar mis metas, y no me importará hacer a un lado todo lo que me estorbe. Aplastaré a quien tenga que aplastar. No me importará a quien...

  • Así me gusta oírte hablar!- exclamó Zabini. - Ese es el Malfoy que yo siempre he admirado! Después de todo, él vive en ti y nunca te podrás deshacer de él.

Draco dio media vuelta dispuesto a caminar hacia su sala común, mas entonces se detuvo repentinamente.

  • Blaise, te llegó ya la noticia?

El rubio escuchó una risa a sus espaldas.

  • Sí. Esta mañana le llegó a todos los mortífagos. Así que hoy en la noche, todos estaremos iniciándote.

El rubio gestó una media sonrisa vacía y desapareció por los corredores de Hogwarts.

Hermione entró a su habitación y sacó inmediatamente el papel que había guardado en su túnica. Era un pequeño papiro doblado en cuatro. Lo desdobló con algo de impaciencia y leyó su contenido:

*"No regresaremos al pasado hoy. No me esperes."*Las palabras frías y secas del rubio habían sido suficientemente poderosas como para deprimir a Hermione ¿Hasta cuándo iba a tener que soportar todo aquello! Él la acariciaba como si ella fuera lo más importante en su vida, mas después, solo palabras vacías llegaban hacia ella como una lluvia de granizo en su cabeza. No lo aguantaba más...

Entonces una idea cruzó por su mente con gran rapidez, mas produciendo el efecto más relevante dentro de ella.

Draco había insistido tanto en la mañana para que regresaran al pasado que Hermione supuso que en la noche lo harían. Pero ahora, él rechazaba la oportunidad de regresar. Sin duda alguna algo no cuadraba en todo el asunto.

"Pero si..." pensó.

Claro, no había otra explicación. El Slytherin sabía desde la mañana que en la noche estaría ocupado, y por eso quería aprovechar el día ¿Pero, ocupado en qué?

Todos los misterios estaban volviéndola loca. Necesitaba descubrir lo que se estaba gestando tras todo aquello.

"Y voy a hacerlo" pensó.

No más. Aquella noche se aparecería por la sala común de los Slytherins y observaría qué era tan importante que no podía esperar.

Tal vez sabría así, qué era lo que atormentaba al rubio.

Ginny caminaba por un estrecho túnel subterráneo al cual Paul la había conducido. Jamás se había imaginado que aquel camino existía dentro del gran castillo que hace algunas horas observaba con admiración. No habían hablado desde la partida, y ninguno parecía estar interesado en hacerlo. La pelirroja estaba ya cansada de caminar por piedras y sentía sus piernas temblar por cada paso que daba. Sin embargo no expresó nada en voz alta. Era tan complicada hasta para aquello.

Fue entonces cuando él decidió hablar.

  • Nunca le has enseñado a nadie tus poemas verdad?- dijo él.

  • No. Como te dije anteriormente, era algo personal.- dijo ella mientras seguía caminando.

  • Yo también creía que eso era lo mejor. Lo cierto era que yo era un egoísta, y no quería compartir mi talento con nadie. Es decir¿Para qué molestarme mostrando mis obras a seres con tan inferior nivel crítico literario?

Ginny sonrió tímidamente. Se reconocía perfectamente en aquellas palabras.

  • Por qué me estás hablando?- preguntó Ginny.

  • Por qué no habría de hacerlo.- dijo él conservando su rostro inexpresivo. Totalmente misterioso.

  • Porque no lo haces con nadie. Eres tan callado que no te tomas la molestia de entablar una conversación con ninguna persona. Eso como si hablar no te importara..

  • Y tú cómo sabes eso?- dijo él algo confundido.

  • Saliste con una de mis mejores amigas.- dijo ella mientras seguía caminando. - Parvati Patil.

Se hizo un silencio en el cual Paul no dijo nada. Ginny no se volteó a verlo simplemente siguió avanzando.

  • Ella te dijo eso de mí?- soltó una risa algo irónica. - Entonces no era tan perdida como creí que era. Resultó observadora.

  • Acertó en tu descripción o no?- dijo Ginny

  • Sí. - respondió él. - Las palabras habladas me parecen falsas y poco trabajadas. Prefiero las escritas.

  • Y sin embargo entablas una conversación conmigo...

  • Porque eres como yo. No suelo gastar mis palabras en gente que no comprende lo que es ser escritor.

  • Y cómo sabes que yo lo entiendo?

Paul paró en seco y se volteó para verla. Caminó acortando la distancia hasta que estuvieron a solo unos centímetros.

  • Todas las mañanas te despiertas preguntándote por qué estás aquí, y al no obtener una respuesta clara buscas en libros algo que calle los gritos de tu mente. No lo consigues, y te desesperas. Sientes que eres una histérica, y que tu vida es un drama sin sentido y culpas a tu personalidad por ello. Claro que no sabes que no es culpa de tu personalidad, sino de tu mente, que observa al mundo desde una perspectiva superior a la de las demás. Escribes, porque tratas de sacar todas las ideas sueltas que te agobian en el interior. Sirve por un momento, hasta que nuevas frustraciones crecen dentro de ti y tienes que volver a escribir. Sabes cómo sé todo esto? Porque así me siento yo todos los días de mi vida. Eso, te obliga a expresarte por medio de palabras. Eso te hace una escritora.

Ginny tenía sus ojos perdidos en los verdes del castaño ¿Cómo había podido acertar tanto? Era impresionante.

Paul esbozó una media sonrisa ante la expresión atónita de la pelirroja y volteó para seguir caminando. Ginny lo siguió sin decir nada.

Spencer descansaba en su cama de Slytherin mientras miraba por la ventana de su habitación. El sol se estaba tornando rojo y las nubes tomaban un color sangriento.

Sangre...

Eso era lo que él deseaba ver correr por las piedras de Hogwarts. Sangre sucia y asquerosa de todos los impuros que habitaban y respiraban el mismo aire que él. Cuánto los detestaba. Eran como una lacra que no dejaba de expandirse y traer más genes muggles inservibles al mundo de los grandes. Y ahora, el Rey Malfoy se revolcaba con una de ellos.

Aquello le resultaba repugnante.

Cuando se enteró de lo que realmente había sucedido cayó en cuenta de que él era el único Slytherin que realmente valía la pena en aquella casa. Él, que conservaba los valores especiales que se toman en cuenta al entrar a la gran casa de las serpientes, podía llegar a expandir sus enseñanzas para destruir la raza imperfecta. Dos razas mezcladas; resultaba patético. Jack Spencer odiaba y repugnaba a cada sangre sucia como si se tratara de la misma defecación de un perro callejero. Ya había tolerado lo suficiente durante aquellos seis años y medio; ya era hora de tomar la justicia por sus manos.

Sí que lo haría.

Iba a sembrar el pánico en Hogwarts. Su plan era perfecto, no podían existir equivocaciones.

La nueva era estaba a punto de ser iniciada.

Entonces pensó en Luna.

Luna, Luna, Luna...

Su cabello y sus ojos aparecían frente a él como si fueran llamas ardientes que encendían todo en su interior. Ella era pura, tierna, inteligente. Tan lejana a todos los males del mundo terrenal. Parecía flotar sobre los demás mortales cuando caminaba. Superior, un ángel caído. Para él, resultaba un espectáculo el simple hecho de observarla. La quería, la deseaba, la necesitaba solo para él. Ella tenía que ser suya para siempre. Su reina. Siempre había pensado que las mujeres eran prescindibles e irrelevantes. Nunca quiso tener una para compartir una vida, simplemente las tomaba cuando quería satisfacer deseos carnales. Ahora, Luna había despertado en él sentimientos que no solo se limitaban a lo físico. Ella no era como las demás putas que plagaban Hogwarts. Putas, sí; todas las demás eran ordinarias Putas. Luna era una mujer. Y eso la hacía especial e irradiante entre las otras.

Cerró los ojos lentamente, evocando en su memoria los ojos cielo que tanto anhelaba.

Nunca pudo ser más feliz.

Cuando la luna asomó aún más esplendorosa que cualquier otra noche todos los alumnos en sus respectivas salas comunes se prepararon para descansar. Ron, Harry y Parvati aún estaban sentados en los muebles de la sala común. Conversaban sobre un tema bastante interesante y parecían no querer dejarlo. Fue entonces cuando la puerta de la sala común se abrió dejando entrar a una pelirroja que llamó la atención inmediatamente.

Ginny posó los ojos en los presentes mas automáticamente los retiró y caminó hacia la escalera para subir a su habitación.

  • Buenas noches.- dijo suavemente.

  • Detente!.- exclamó Parvati. - ¿Dónde has estado?

  • Por ahí.- dijo Ginny volteándose.

Harry tenía sus ojos verdes clavados en la pelirroja mas no decía nada. Ya había decidido no participar en la conversación. La rabia que lo embargaba tenía suficiente fuerza como para hacer estallar un volcán. Por eso prefirió no decir nada.

  • Cómo que por ahí?.- dijo ella. - Detalles y explicaciones Ginny. Te desapareciste todo el viaje y no conforme con eso regresas a la sala común en la noche!

  • Parvati, no quiero sonar grosera, pero en realidad lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia.

  • De la mía sí.- dijo Ron levantándose del mueble. - Crees que me voy a quedar como si nada cuando todo el día me he estado preguntando en dónde has estado! Y qué es esta hora de llegar? En dónde estuviste?.- estalló Ron, quien se había mostrado indiferente todo el día con respecto a la ausencia de su hermana, mas por dentro estaba tan o más angustiado.

Ginny lo observó inexpresivamente y recordó las palabras de Paul.

"¿Por qué gastar mis palabras con quienes no van a comprenderme?"

Tenía razón.

La pelirroja dio media vuelta con su cabeza bien en alto y subió las escaleras sin dar ninguna clase de explicación.

Ron se quedó parado estático. Nunca, durante toda su vida había recibido tal bofetada de indiferencia por parte de su hermana menor. Parvati tampoco se movía. Estaba acostumbrada a ser el centro de atención y a ser la mejor amiga en la que todos confiaban; ahora sentía que Ginny no sentía la menor confianza hacia ella y eso la atormentaba ¿Había hecho algo mal¿Qué era lo que la había alejado? Tuvo miedo, mucho miedo. No quería perder la amistad de la pelirroja.

Sin duda alguna la actitud de Ginny había sorprendido a todos en la sala común, pero a nadie más que a Harry. El moreno no podía creer que la introvertida y tímida pelirroja, la que nunca había desafiado a nadie y más bien parecía tranquila y simple ahora se desatara de tal manera. Estaba altiva, desafiante, orgullosa y bastante pedante. Cosas que jamás había vislumbrado en ella anteriormente. Lo más curioso de todo aquello era que, a pesar de que estos defectos habían salido a flote en la personalidad enigmática de la Weasley, lo único que hacían era incrementar su belleza. Sus aires actuales de superioridad y astucia combinados con el tímido silencio que la caracterizaba la cubrían de un manto misterioso aún más grande del que siempre la había cubrido. Si antes brillaba, ahora irradiaba. Y Harry podía sentir el dolor y la angustia que la embargaban; en sus ojos chocolates un vacío agudo de mostraba claro y doloroso. Eran como espinas que se clavaban en él cada vez que la observaba. Un sufrimiento que era de él, profundo e incurable. La herida en su interior solo lograba hacerse más grande cada vez que la miraba y notaba que ella día a día se alejaba de él. En algún momento fatídico tendría la seguridad de no tenerla jamás.

Tal vez moriría en aquel preciso instante.

Parvati pasó una mano por su hombro y esto lo obligó a despertar. La rubia se inclinó y le dio un beso tierno en los labios.

  • Voy a dormir.

  • Ve, que duermas bien.

Él la vio alejarse.

El dolor aún no se había ido.

Cuando Hermione se levantó después de haberse quedado dormida durante varias horas y observó el reloj quiso morir ¿Cómo había podido haberse quedado dormida? Eran las doce de la noche y ya era demasiado tarde como para entrar a la sala común de Slytherin. El cansancio la había vencido y obligado a reposar en la cama. Sin notarlo, sus ojos se habían ido cerrando de a poco y en cuestión de segundos se vio inmersa en un sueño profundo. Y ahora era muy tarde.

La castaña se levantó y se colocó en la oscuridad una pijama larga y blanca. Era una bata que su abuela le había obsequiado en su cumpleaños. No era nada bonita, pero al menos era cómoda. Caminó hacia la ventana para cerrarla y no permitir que el frío calara sus huesos. Fue entonces cuando un giro inesperado cambió sus planes de inmediato.

Muchos encapuchados con sobretodos negros corrían por los campos de Hogwarts adentrándose en el bosque prohibido. Sus ojos marrones se abrieron como platos mientras sus pies cobraron vida propia y comenzaron a caminar hacia la puerta para bajar corriendo las escaleras de la sala común.

Iba a seguirlos.

Sus pequeños pies iban corriendo silenciosamente por los pasillos de Hogwarts. El frío de las piedras bajo sus pies parecía importarle muy poco a la curiosidad que caracterizaba a Hermione. Su bata blanca volaba con la brisa mientras ella corría dejando atrás se cabello castaño ondulado suelto y libre. Su corazón latía a mil. Su mente no dejaba de maquinar ideas extrañas y extravagantes de lo que podía estar sucediendo: y si eran mortíos? Y si se trataba de ladrones? Secuestradores? Profesores de una secta! Su imaginación seguía viajando sin fin mientras sus pies se hundían en el césped aún húmedo por el clima. Ella no podía siquiera sospechar lo macabro de lo que estaba a punto de presenciar.

Las estrellas cubrían como un manto el cielo completamente despejado de nubes. Los Slytherins corrían adentrándose en el bosque. Esquivaban ramas y árboles frondosos sosteniendo sus sobretodos negros. Todos estaban llenos de una sombría emoción; aquella noche el Rey de Slytherin se iniciaría como mortífago. Ahora sí estarían completos.

Los encapuchados llegaron al claro del bosque. Rodeados por árboles y arbustos, en el centro de lugar Colagusano, el fiel vasallo del señor oscuro, sostenía las riendas de un caballo negro pura sangre. Los Slytherins, actualmente mortíos, hicieron un círculo alrededor de su inminencia y gestaron una reverencia parejos. La luz de la luna, plateada, alumbraba lo suficiente como para resaltar la grandeza del Mago que ahora bajaba del caballo y con un gesto de su mano hacía que todos se levantaran.

  • Revélense ante mí.- ordenó una voz poderosa, firme y tosca.

Uno por uno de los encapuchados, en orden de izquierda a derecha fueron sacándose las capuchas dejando ver sus rostros. Aparecieron más de la mitad de los integrantes de la casa Slytherin. Zabini, Spencer, Crabbe, Goyle y Pansy estaban entre ellos. Todos usando guantes de cuero negros, destellando odio en sus miradas frías y calculadoras. Jóvenes aprendices que pronto se unirían a la caza de brujas más sangrienta en toda la historia.

En el centro, el único encapuchado que no había revelado su rostro avanzó hasta el centro. Su cabeza inclinada hacia abajo.

  • Revélate.- ordenó la voz poderosa.

El joven con unas manos blancas como porcelana bajó su capucha revelando un cabello rubio plateado y unos ojos grises gélidos. Su mirada era dura, fría y vacía; hueca. Mas una intensidad desbordante provenía de ellos con fervor únicos. Era aquella ambición desmedida lo que Lord Voldemort anhelaba, y al verlo supo que un diamante negro ingresaba a su clan. No sabía que él sería su ruina.

El señor oscuro levantó sus manos y sacó su capucha fuera de su cabeza dejando ver el rostro de un hombre que no parecía más de 45 años. Sus ojos verdes llenos de odio y su piel blanca lo hacían ver superior a todos los presentes quienes se inclinaron de inmediato. Draco hizo una reverencia sin bajar ni un segundo la mirada.

  • Te unirás a los mortífagos esta noche, pero debes jurar sobre todas las cosas fidelidad a tus convicciones y hacia mí.- dijo Voldemort mientras lo rodeaba y sacaba su varita negra y plateada.

  • Lo juro.- dijo Draco sin dejar de mirar al frente, sintiendo a todos observándolo y repitiendo palabras mágicas a su alrededor.

Y a sí lo hacían. Los Slytherins habían estado anteriormente en iniciaciones y sabían las palabras que debían repetir para que en unión el hechizo que El Señor Oscuro estaba a punto de realizar tuviera el poder necesario.

Colagusano le ordenó sacarse el sobre todo negro y así, Draco quedó descubierto por completo a excepción de su pantalón negro. Su pecho desnudo, esperaba firme la segunda aparte del ritual. El pequeño Peter sacó una daga con la insignia de una serpiente rodeando el mango y avanzó hasta el rubio.

  • Debes jurar también.- prosiguió Lord Voldemort. - Que estás dispuesto a morir por tus convicciones, y sufrir dolores incalculables si eso es necesario.

  • Lo juro.- dijo Draco mientras Colagusano se acercaba clavando la punta de su daga en su pecho. El rubio cerró los ojos soportando el dolor por unos segundos mientras el fiel vasallo gravaba unas iniciales que ahora sangraban en el pecho del Slytherin.

Voldemort sonrió mientras levantaba su varita.

  • Entonces estás casi listo, te falta jurar una última cosa.- inquirió. - Debes jurar detestar a todos los sangre sucia del planeta, y estar dispuesto a destruirlos sea cual sea el costo que ello implique.

Tras un breve silencio Draco levantó la mirada fijándola, llena de odio en el poderoso.

**- Lo juro.**Voldemort levantó su varita y exclamó unas palabras en latín. De la varita destellaron chispas verdes que luego se convirtieron en llamas de ese mismo color que se extendieron en el cielo con fuerza. El rubio observó cómo entre las llamas verdes se creaban rostros calavéricos, seguramente, de todos aquellos quienes habían muerto por esa varita.

El Señor Oscuro bajó su varita y los demás mortífagos levantaron con más fuerza su voz, repitiendo palabras en latín con ímpetu.

  • Serás entonces, de los nuestros.- dijo mientras con la punta de su varita apuntaba al hombro derecho del rubio.

Draco soltó un grito de dolor mientras sentía miles de cuchillas clavándosele en la piel. Pronto los Slytherins bajaron la voz hasta casi convertir el canto en un susurro. Las llamas verdes desaparecieron y todo volvió a la normalidad. Draco fijó sus ojos en su hombro, y pudo ver la Marca Tenebrosa brillando sobre él.

Voldemort sonrió secamente mientras todos aplaudieron. Draco se levantó y se colocó el sobretodo negro encima. Sus ojos parecían algo perdidos cuando de repente, se clavaron en el fondo boscoso, donde entre unos arbustos, unos ojos marrones llenos de lágrimas habían observado toda la ceremonia.

Draco sintió cómo cada parte de su cuerpo se debilitaba y el terror calaba cada parte de su cuerpo. Ella lo había visto todo. Aquellas lágrimas hacían brillar el color marrón de sus ojos. Jamás se lo perdonaría; la había perdido para siempre ¿Cómo había conseguido llegar hasta ahí¿Cómo? Todo aquello parecía una pesadilla, una terrible jugada del destino. Lo había calculado todo con tanta meticulosidad para que nada saliera mal, y ahora...ya todo estaba perdido.

Los ojos marrones se desvanecieron entre los arbustos y un crujir de rama hizo que los mortífagos voltearan inmediatamente a ver.

  • Hay alguien ahí.- dijo Voldemort. - No importa, Nagini se encargará.

Una serpiente de tamaño gigantesco salió de las penumbras y atravesó el claro con rapidez sorprendente. Draco quiso morir en aquel preciso instante. La serpiente se arrastró velozmente hacia el arbusto donde hace unos segundos Hermione había estado y lo atravesó internándose en el bosque.

  • Sea quien sea, no podrá decir nada.- dijo Voldemort. - Esto es todo, pueden retirarse.

Los mortífagos se inclinaron y Draco hizo lo mismo mientras todo su cuerpo temblaba.

"No...la va a alcanzar, la va a matar...la va a matar" pensaba petrificado mientras el Señor Oscuro se montaba en su caballo negro y se alejaba con Colagusano. Los Slytherins volvieron a colocarse sus capuchas y se dirigieron a la salida del bosque. Draco automáticamente se desvió siguiendo el rastro de la serpiente.

Hermione corría mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. Sentía el terror recorrer cada parte de su cuerpo. Lo que había visto había sido repugnante, lo más horrible que jamás le había tocado presenciar. Ver a Voldemort le había producido un miedo impresionante, aquellos ojos...su expresión demente habían helado su corazón. Sin embargo, nada pudo compararse con lo que sintió al ver que era Draco aquel el de la capucha negra. Su mundo entero se fue abajo. Había querido salir corriendo mucho tiempo antes, pero sus pies temblaban y no parecían querer moverse. El dolor había cubrido todos sus sentidos. Se sentía usada; traicionada ¿Cómo había podido él jurar odiar a los sangre sucias y destruirlos cuando todo aquel tiempo había estado con ella? Era demasiado, más de lo que ella podía soportar. Su corazón parecía estar a punto de estallar en mil pedazos.

La castaña corría descalza aplastando ramas en el suelo y esquivando árboles. No sabía hacia dónde se dirigía y ya no le importaba. Solo quería correr lo más lejos de aquel lugar terrible. Sentía el dolor de las piedras clavándose en sus pies mientras avanzaba, mas ahora eso ya carecía de importancia. Sentía que el aire se le escapaba y no entraba en sus pulmones. La vida entera se le estaba escapando de las manos.

Al pasar un árbol un brazo la agarró por la cintura y una mano le tapó la boca. Hermione sintió el aliento embriagador del rubio en su oído mientras ella forcejeaba. Su mínimo contacto le repugnaba.

  • No te muevas!- le ordenó. - O van a matarte.

Hermione dejó de forcejear al ver la sombra de una enorme serpiente atravesando unos árboles cercanos. Ya conocía aquel ser monstruoso aliado de Voldemort. En segundo curso había sido petrificada por esa misma criatura. El terror se infiltro en su sangre al saber que ésta vez no tenía un espejo para defenderse.

Nagini se movía lentamente, como quien sabe que su presa no está muy lejos. Tenía cada uno de sus sentidos en alerta, esperando el mínimo movimiento para asesinar a la intrusa.

Draco tomó su varita y casi susurrando lanzo un hechizo. A lo lejos se escuchó un movimiento bastante consistente. Nagini salió disparada alejándose rápidamente del lugar.

El Slytherin pegó a la castaña contra el roble y a la vez ella había comenzado a forcejear nuevamente. Mordió con fuerza la mano que el rubio usado para tapar su boca mas no produjo gran daño gracias a los guantes de cuero negros. Se pegó contra ella hasta dejarla completamente inmovilizada.

  • Déjame! Te odio! No quiero saber nada me repugnas!- gritaba ella mientras intentaba soltarse.

  • Lo sabías desde un principio! Siempre lo supiste Hermione! Soy un Malfoy y éste es mi destino! No te pido que lo comprendas porque jamás lo harás! Y la verdad...la verdad jamás la entenderías!

Hermione lloraba y trataba de soltarse con todas sus fuerzas. A Draco le dolió como una espada atravesando su estómago el rechazo tan radical que ella tenía hacia él.

  • Es mi culpa!- exclamó ella sollozando. - Yo fui la estúpida que creyó que podías cambiar! La imbécil que pensó que Draco Malfoy detrás de esa barrera inútil e inservible ocultaba a un ser humano común y corriente! Fui una necia! Una idiota! Y Tú! Tú eres un despreciable monstruo que el mismo día que se acostó conmigo juró liquidar a los impuros y despreciarlos! Pues sabes qué! Yo te desprecio a ti! Si alguna vez sentí lástima por tu soledad y tu vida patética ahora ya no lo hago! Quisiera verte muerto! Sí! Que murieras! Y eso aún no sería suficiente! Me repugnas! No quiero saber nada de ti! Ni siquiera quiero sentirte cerca porque podría vomitar! Vivirás solo y revolcándote en tu asqueroso ego para siempre Malfoy! Y yo voy a estar ahí para observarlo! Te juro! Te juro que nunca he sentido tanto odio hacia ti como ahora!

Los ojos grises de Draco se humedecieron ante las palabras pronunciadas. Conocía a Hermione, pero ahora, no sabía a quién tenía enfrente. Aquellos ojos marrones que solían mirarlo con ternura ahora tenían odio, un odio puro en su esencia que jamás había visto en la inocente expresión que la Gryffindoriana siempre había poseído. Años más tarde despertaría en la oscuridad sudando frío después de interminables pesadillas con la castaña, repitiéndole las mismas palabras y odiándolo. Aquella marca, nunca lograría sanar.

Draco la soltó sintiendo que lo poco que tenía vida en su interior ahora moría. Hermione lo empujó y salió corriendo lejos de él.

Ginny despertó aquel sábado en la mañana y sintió como si en realidad no hubiera descansado nada. Cuando abrió los ojos vio a Parvati sentada frente a su cama. Se restregó los ojos para asegurarse de que no estaba equivocándose; y no lo hacía. La rubia estaba cruzada de piernas y con una sonrisa en su rostro.

  • Dormilona! Faltan dos días para navidad! Vamos! Vístete que tenemos que ir a desayunar.- dijo la rubia emocionada.

Ginny no tenía tantos ánimos, y lo que más le hubiera provocado hubiera sido despertar en tierno silencio, y no con la hiperactividad de su amiga. Sin embargo, no quería sonar grosera así que se vistió de mala gana y le siguió la corriente en todo lo que ésta decía. La pelirroja se había quedado hasta tarde escribiendo. Tenía suerte de no haber amanecido con los párpados hinchados como solía sucederle cuando tenía pocas horas de sueño.

Cuando llegaron al gran comedor Ginny cayó en cuenta que aquel era otro día de los suyos en los que tenía que soportar una vez más que una de sus mejores amigas estuviera de novia con el chico que amaba. Se sentó en la mesa diciendo un "buenos días" general sin siquiera fijar los ojos en el moreno. Harry lo notó, y le dolió.

  • Amaneciste con humor nuevo?- preguntó Ron.

Ginny esbozó una tímida pero fingida sonrisa. Hizo todo lo posible para que se viera natural, y los malos observadores creyeron que de verdad lo era. Tomó una manzana y se la llevó a la boca. No tenía la más mínima intención de voltear hacia Harry. Él en ese instante abrazaba a Parvati y reía ante sus comentarios divertidos. La verdad era que odiaba tener que estar ahí; se sentía enferma cada vez que se encontraba cerca de ellos.

  • Hoy tenemos un plan para todo el día!- dijo Parvati. - La vamos a pasar increíble! Te explico Ginny, primero, vamos a ir a jugar Quidditch. Harry me va a enseñar y bueno tú ya sabes así que también me das una ayuda. Luego haremos un picnic en la cancha y...

Parvati siguió relatando el excelente plan que tenía para pasar el día todos juntos mientras Ginny pensaba desesperadamente en cómo desaparecer.

  • Por cierto dónde está Hermione?- dijo Harry.

  • No despierta aún.- dijo Parvati. - Toqué su puerta pero la dejó con llave y no me respondió.

  • Bueno será mejor que le avisemos.- dijo Ron.

Ginny dejó la manzana en el plato y levantó la mirada por primera vez en el día. La fijó directamente en Parvati.

  • No creo poder ir con ustedes.

La sonrisa de la rubia pareció desvanecerse y Ron pareció enfadarse. El rostro de Harry se oscureció mas no intervino, volteó la mirada con algo de rabia y la contuvo lo más que pudo.

  • ¿Por qué?- preguntó Parvati. - Ginny...hice algo que te molestara?

  • No.- dijo Ginny. - Tengo cosas que hacer de verdad lo siento.

Ron golpeó la mesa al mover el brazo con brusquedad llamando la atención de todos en el comedor.

  • ¡Qué diablos te sucede? Lo único que haces es decir que estás ocupada pues quisiera saber qué tanto haces!

  • No hagas escándalos Ron es vulgar!- dijo Ginny levantando la voz. - Crees que voy a decirte algo a ti? Por favor!- dijo riéndose en son de burla. - Hace mucho tiempo que perdí toda la confianza hacia ti Ron.

  • Ginny tengo que cuidarte y lo único que haces es actuar como una adolescente malcriada!

Ginny rió sarcásticamente y se levantó de la mesa dispuesta a irse. Parvati se levantó y la tomó del brazo.

  • Ginny qué te pasa!

  • Déjame en paz Parvati! No quiero ir con ustedes es tan difícil de entender! Y no estoy enojada simplemente no quiero!

  • Ginny regresa!- ordenó Ron histérico mientras la pelirroja caminaba hacia la salida..

La Gryffindoriana salió y desapareció de la vista de todos. El comedor entero murmuraba lo sucedido mientras que en la mesa de Ravenclaw, Paul no podía evitar sonreír. Se disculpó y se levantó a los pocos minutos saliendo del lugar.

Draco Malfoy tampoco se había presentado a desayunar aquella mañana. No había dormido en toda la noche. Al salir de su sala común sus pasos lo condujeron directamente hacia la biblioteca. Sabía que el sábado nadie estaría allí, y aquel lugar se había transformado en el preferido del Slytherin. Al llegar sintió más que una sorpresa al ver a Hermione sentada en una mesa.

Los ojos marrones de la Gryffindoriana se fijaron en él secos, indiferentes. Aquella mirada fue capaz de herir lo más profundo del rubio. Hermione no había podido dormir de tanto llorar, sin embargo, se había armado de fuerzas para estar aquella mañana actuando como ahora lo hacía. No iba a rendirse, jamás le daría el gusto a Malfoy. Se levantó y guardó el libro que tenía en sus manos.

  • Sabía que vendrías.- dijo con una voz apagada. - El suceso de ayer en la noche no lo voy a olvidar jamás Malfoy. Lo que dije ayer, recuérdalo porque será para siempre lo que piense cada vez que te vea. Sin embargo, hay algo que aún nos une, y eso es el pasado.

Draco tenía sus ojos grises fijos en ella. Hermione jamás iba a comprender lo que él hacía, nadie jamás lo entendería. Si tan solo supiera que cada paso que él daba era por ella, entonces tal vez le permitiría explicarle que lo que había visto no era lo que creía. Cuán equivocada estaba! Y lo peor de todo era que él sabía, que ni una sola palabra jamás saldría de su boca hacia ella.

Era demasiado peligroso.

Las palabras de Hermione eran crueles, y él entendía la posición de la Gryffindoriana. Mas él conocía sus motivos, y no iba a ceder un solo paso. Tras años de mentiras y de engaños, una de las mejores cualidades que había adquirido era la de fingir. Ocultó su angustia y habló lo más serenamente posible.

  • Qué bueno que no dejas que nuestros problemas personales influyan en lo que debemos hacer.- dijo él.

  • No existe "nuestros" en primero lugar.- aclaró ella. - Sígueme, es mejor que le expliquemos a William por qué tantas tardanzas.

William levantó sus grandes ojos negros y los fijó en los dos jóvenes que acababan de entrar. Había estado observando por la ventana durante horas a los alumnos jugar y reír aprovechando el tiempo. No podía dejar de maravillarse al ver cuán distintas eran las cosas ahora. Sabía perfectamente que ya estaba muerto, y que tan solo era un holograma con la copia exacta de su personalidad e intelecto, pero al final, seguía siendo una burda copia. Había tenido una vida bastante atormentada después de la muerte de Xavier; se había dedicado únicamente al invento que podría cambiar el destino horrendo que se le había otorgado a su mejor amigo. Ahora, tenía la oportunidad de hacerlo. Si ellos lograban salvar la vida de Xavier y la de Isabella, el pasado cambiaría, y él habría vivido feliz.

  • ¿Cómo se encuentran? Listos para viajar?- dijo William mientras caminaba hacia el libro.

  • Sí lo estamos.- dijo Hermione.

  • Muy bien, hay que apresurarnos, tenemos demasiado tiempo en nuestra contra.- dijo Will.

  • Lo recuperaremos.- inquirió Draco quitándose la túnica y aflojándose la corbata. Mechones lacios de su cabello rubio caían sobre sus ojos grises. - Nos quedaremos en Navidad.

Hermione volteó y lo miró repelente. Parecía obviamente molesta.

  • Ni siquiera me lo has consultado.- arguió.

  • Pues no sé tú pero no pienso perder más tiempo.- dijo con una voz firme, mas evitando la mirada de la castaña. Tenía que permanecer frío ante ella; Hermione no podía siquiera sospechar que él no la odiaba por ser una sangre sucia. Era mejor que lo siguiera creyendo así. Por su propio bien, mantenerla alejada sin duda iba a matarlo a él lentamente, pero si con ello lograba salvarla...

"Si tan solo supieras..." pensó mientras introducía ambas manos en su bolsillo.

"El misterio que envolvía a Draco Malfoy era invisible e impalpable. Siempre había trabajado solo, y a hora no iba a ser la excepción. Hermione, por supuesto, no podía siquiera imaginar que los planes del Slytherin estaban muy lejos de lo que ella creía... Tal vez, si él le hubiera dicho la verdad desde un inicio, Hermione lo habría amado aún más en lugar de odiarlo, como ahora pretendía hacer. Aunque, todos sabemos... ¿Qué es el odio sino un amor cruelmente herido?"_________________________________________________________________________________________

Hola queridos lectores!!

perdon por la demora, pero esta semana empezó el colegio muggle, y ya me estan dando tareas :(..... aunque tratare de actualizar mas seguido.

espero que les haya gustado el capitulo.

Porfavor comenten!! no les toma mucho tiempo.

Saludos Magicos!!

NOX