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Cambiando el pasado — capítulo 27

No te atrevas.- dijo ella

Pero fue muy tarde; Xavier clavó la cruz en la boa y ésta soltó un quejido animalesco ensordecedor. Isabella cayó por las escaleras mientras Zulema gritaba observando su piel pálida llenarse de llagas dolorosas. La boa se convirtió en cenizas que cayeron sobre el suelo.

Xavier no supo precisar cuánto tiempo le tomó a la morena saltar sobre él y con ambas manos tomar su cuello apretándolo como si se tratara de un juguete. Sintió el dolor mientras el aire no entraba en sus pulmones. Zulema se acercó sin soltar sus poderosas manos del cuello del rubio. Pasó su lengua por el oído del chico tentadoramente.

  • Pagarás por esto.- le susurró antes de dar su golpe final.

Fue entonces cuando Xavier sintió la mordida de una serpiente en su cuello. Un dolor insoportable lo envolvió mientras caía al suelo viendo todo borroso.

Zulema se inclinó hacia él y lo miró con sus ojos negros muertos.

  • Volveré, y pronto Pirandello.

Isabella se levantó haciendo uso de todas sus fuerzas y la vio convertirse en miles de serpientes. La castaña corrió hacia un mueble y se lanzó sobre él mientras observaba aterrada a las víboras arrastrarse por el suelo velozmente hacia la salida. Desaparecieron en cuestión de segundos.

La castaña volteó la cabeza y observó al rubio inconsciente en el suelo.

  • No!- gritó Isabella mientras corría hacia Xavier y lo tomaba entre sus brazos.

Las luces volvieron y todo se iluminó. Mika apareció aterrada con los guardias de seguridad y gritó al ver a su amo en tan desagradables condiciones.

  • Está inconsciente!- gritó Mika llorando. - Va a morir!

  • No!- exclamó Isabella.- Tráeme ahora gasas, un cuchillo y agua hirviendo...ahora!

Mika corrió inmediatamente y los guardias ayudaron a levantar a Xavier.

Ginny caminaba pateando una que otra piedra con Paul a la orilla de gran lago. El sol ya se había puesto, y la oscuridad comenzaba a reinar. Parecía inverosímil, pero había estado hablando con el chico todo el día sin parar y no se había aburrido, fastidiado sí, pero aburrido nunca.

  • No reunimos en la cabaña y escribimos, escuchamos música, y leemos poemas para que los miembros los critiquen. Hay un orden, un día, leen dos personas, otro día otras dos...así todas las noches no hay un solo día que no nos reunamos.- dijo él aflojándose un poco la corbata. - Charlamos sobre problemas sociales y de toda índole que se den en el mundo y nos infiltramos en los de Hogwarts.

  • Se infiltran?- preguntó Ginny confundida. - Cómo?

  • Lo irás conociendo poco a poco. Tenemos grandes secretos que cuando los sepas sabrás lo importantes que son. No pueden salir de nuestro círculo, es así, como una hermandad.

  • Esto no es como una secta o algo así verdad?- preguntó la pelirroja.

  • No, para nada.- dijo Paul riendo. - No vamos a sacrificar a nadie. Aunque no sería mala idea.

Ginny rió y entonces se detuvo. El castaño comenzaba a internarse en el bosque.

  • A dónde vas?- le preguntó la pelirroja.

  • A la reunión recuerdas? Te mostraré dónde es la cabaña. Ya todos deben estar allí.

Ginny sonrió y lo siguió contenta. Estaba demasiado emocionada y ni siquiera imaginaba que estaba a punto de vivir la aventura más grande de toda su vida. Muchos años después recordaría a la Sociedad como lo mejor que le pasó en su vida.

Entraron al bosque y a Ginny le pareció muy lejos de "tenebroso" como lo calificaban. Se había imaginado un ambiente mucho peor de lo que ahora observaba. Era un bosque, solo un bosque. Claro que sabía la clase de criaturas que habitaban en él, pero no temía, y no tenía idea de por qué.

Paul caminaba rápido y le iba dejando atrás. Para la pelirroja resultaba un poco más difícil el poder deshacerse de las ramas y arbustos que obstaculizaban su camino.

  • Espera!- gritó Ginny.

  • Tienes que ser rápida si vas a ser una de nosotros.- inquirió él a metros de distancia. - Y sobre todo...debes tener intuición.

Ginny levantó la mirada ante aquella última frase y no vio a Paul. Giró la cabeza en varias direcciones sin ver rastro del chico.

Había desaparecido.

Hermione respiró hondo mientras observaba cómo Isabella sacaba el veneno de la herida que Xavier poseía en el cuello. Con el cuchillo arrancó dos colmillos que habían quedado impregnados en su piel y desinfectó con agua tibia.

  • Está ardiendo en fiebre!- exclamó Mika temerosa.

  • Marta, Vita y Clemencia; tráiganme agua fría si es posible congelada y toallas limpias. Háganlo!

Las mucamas salieron inmediatamente en búsqueda de lo necesario.

Isabella observó consternada el semblante el rubio. Lo más peligroso aún no había pasado. Lo que ella más temía eran los efectos secundarios de veneno que logró infiltrarse en él. Todo dependía de qué tan fuerte resultaba Xavier contra la fiebre que seguramente lo azotaría toda la noche.

  • Por favor...resiste.- dijo Isabella mientras dos gruesas lágrimas salían de sus ojos.

  • Mi niña llora? No llore mi niña por favor! Se pondrá bien! Ya lo verá...- dijo Mika acariciando la cabeza de la castaña.

  • Mika, él me salvó.- dijo ella entre sollozos. - Se arriesgó y no le importó lo que pudiera suceder...

  • Le dije que no era tan malo...- dijo Mika sonriendo. - Solo es...una persona que ha sufrido demasiado. Tal vez por eso su carácter es tan duro; no confía en nadie, ya que todos lo han herido de cierta forma...

  • Y yo que utilicé mi sarcasmo para humillarlo...- lamentó Isabella. - Sabes qué le expresé antes de que me atacaran? Que era un egoísta. Y míralo ahora! Cómo puede ser alguien tan egoísta y a la vez nada de eso? No es capaz de pensar en nadie en muchos momentos y en otros, es capaz de arriesgar su vida por la de los demás. Sé que no le importo tanto, entonces, por qué lo hizo?

Mika guardó silencio durante algunos segundos.

  • Tal vez, es porque no le importa mucho su vida.

Isabella volteó y fijó sus ojos en Xavier. Por primera vez pudo ver más allá de aquella máscara de hierro que solía poner sobre él. No era tan fuerte como parecía. Su cabello rubio y platinado rozan do su frente, y su cuerpo blanco porcelánico lo hacía ver como un ángel. Isabella se inclinó hacia él y besó su frente.

  • Perdóname.

Los ojos de Hermione se llenaron repentinamente de lágrimas. Aquella situación se invertía en el presente; Draco quería destruirla y eliminarla por tener una sangre mezclada, impura. Humedeció sus labios y trató de contener las lágrimas. No quería que éstas salieran y dejaran al descubierto sus propias debilidades. Pronto sintió los ojos grises de Draco fijos en ella. Un escalofrío recorrió su cuerpo como electricidad ¿Por qué tenía que doler tanto? Era un sufrimiento inimaginable que desgarraba todo su interior. Giró su cabeza y fijó sus ojos marrones débiles en él. Draco pudo sentir la tristeza que éstos transmitían, y giró la cabeza, huyendo de esa mirada que lo lastimaba profundamente.

  • Nunca te importé verdad?- dijo ella mientras unas lágrimas brotaban de su rostro.

Los ojos grises de Draco estaban fijos al frente, no podía mirarla. En su interior quería gritar, y su verdad parecía estar callada y querer permanecer así para siempre. Sabía, que por más que le doliera, su máscara debía seguir bien puesta.

  • Soy un Malfoy Hermione, no me importa nadie.- dijo con una voz tan firme que destruyó el ligero escudo que ella había utilizado para su protección.

Hermione caminó hacia él y lanzó una bofetada sobre su rostro. El rubio miró hacia el suelo al saber que ella estaba frente a él y no dijo nada, ni siquiera pareció inmutarse de que una sangre sucia lo había golpeado.

  • Voy a hundirte Malfoy; a ti y a todos esos elitistas retrógradas mortíos de tu casa! No sé cómo lo voy a hacer, pero van a pagar por todas las muertes y sufrimientos que ha causado durante siglos su desprecio por la gente como yo.

Ginny permanecía en pie. Muy bien, él había hablado de intuición... ¿Acaso estaba jugando con ella? Sí, lo más seguro era que la estaba poniendo a prueba. No había otra explicación para que se hubiera desaparecido así, de la nada.

"Muy bien Ginny, piensa..."

La pelirroja caminó hacia delante haciendo a un lado las ramas y saltando los troncos caídos llegando hasta el punto en el cual Paul se le había perdido de vista. Soltó un grito y se sostuvo de una rama cuando su pie resbaló y estuvo a punto de caer por un barranco cuyo fin estaba cubierto por niebla.

  • Paul cuando te vea voy a matarte!- gritó ella sosteniéndose de la rama. Era imposible que él hubiera descendido por ahí...o no?

Fue entonces cuando escuchó su voz.

  • Intuición Ginny. Aquí es cuando vas a demostrar tu osadía. Si quieres ser parte de los Poetas de Babel debes entender que no es un camino muy transitado ni mucho manos fácil. La pregunta es... ¿Estás dispuesta a tomar el desafío? Porque si no es así, te recomiendo que des media vuelta y regreses al castillo.

Ginny casi no había prestado atención a las palabras dichas, estaba tratando de averiguar de qué sitio venía la voz.

  • Tienes dos opciones Ginny: o das media vuelta y regresas, o te aventuras a seguirme.

Fue entonces cuando la pelirroja comprobó segura que la voz provenía del fondo del barranco. Sin pensarlo dos veces bajó y resbaló. Rodó por él hasta caer en el suelo firme. Por un momento creyó olvidar dónde se encontraba, pero pronto su cabeza se asentó y notó la locura que estaba haciendo; y no se arrepintió de nada. Se levantó y vio a lo lejos a Paul corriendo alejándose nuevamente de ella.

  • Espera!- gritó Ginny mientras se levantaba y corría tras de él.

Paul corría demasiado rápido, con la oscuridad y las ramas era casi imposible seguirlo. Mas la pelirroja no era de las que se rendían fácilmente. Corrió con todas sus fuerzas mientras seguía el sonido de las hojas crujir con sus pisadas. Eso la guió todo el tiempo hasta que llegó a un claro y levantó la cabeza. Su boca se quedó entre abierta.

Paul la observó sonriendo y se acercó hasta ella. Se colocó detrás y retiró el cabello rojo de su oído para acercar sus labios a éste.

  • Bienvenida, al refugio de nuestra sociedad.- le susurró y con esto se dirigió hacia la entrada de la gran cabaña rupestre que tenía al frente.

Ginny se quedó ahí, inmóvil. Era simplemente hermosa. No supo precisar si era la emoción o tal vez la luz plateada de la luna lo que la hizo percibir el lugar como un santuario o algo por el estilo, mas pasaron varios segundos antes de que pudiera moverse de donde estaba. Pronto decidió caminar.

Al entrar la música francesa llegó perceptible a sus oídos como cálido arrullo. Todos conversaban entre sí y tomaban jugo de calabaza. Otros estaban riendo en mesas y escribiendo concentrados. La mayoría fumaba aquellos cigarrillos de sabores que Paul le había ofrecido en la tarde. Aquel lugar tenía todo el ambiente bohemio que Ginny tan solo creyó podía soñar con estar en él. Y ahora, ahora estaba allí. Se sintió feliz e invencible. Esa noche sería la mejor de su vida.

  • Ginny Weasley!- gritó Adriana, la presidenta acercándose sonriente. - Es un honor tenerte por aquí.

  • Gracias.- dijo tímidamente.

  • Paul me dijo que avanzas con rapidez! Lo has sorprendido, él no tenía fe en ti. Pero yo siempre lo supe, eres fantástica. Digna de ser una de nosotros.

Entonces un chico alto y robusto se levantó con una copa en mano.

  • Todos brindemos por nuestra nueva integrante! La que escribe como los dioses!

Todos levantaron su copa de jugo y brindaron aplaudiendo y riendo. Ginny se sonrojó ligeramente.

Una campana sonó y todos comenzaron a hablar en bajo y a sentarse. Ginny pareció algo confundida cuando Adriana hizo o mismo dirigiéndose a una mesa. Pronto sintió la mano de Paul tomando la suya y llevarla hacia otra mesa.

  • Qué sucede?- preguntó la pelirroja.

  • Ahora van a leer sus poemas Richard y Huma. A ellos les toca hoy. - dijo mientras se sentaba.

Un joven de mediana estatura, rubio y ojos miel se paró en una tarima pequeña. Tomó un banco negro y se sentó arreglando el micrófono. Sus ojos parecían irradiar grandeza y pureza.

  • Él es Richard.- dijo Paul casi en un susurro a Ginny. - Es de los primeros en entrar. Escribe excelente. A muchos no les gusta su estilo, ya que es mas bien una poesía crítica y que se burla de los estándares artísticos. A mí, personalmente, me agrada. Escúchalo y dime qué te parece.

Ginny fijó sus ojos miel en Richard cuando comenzó a leer.

**MONA LISA:***Y tu sonrisa cautivó miradas, ¿Qué es lo que sabes tú? Y yo desconozco? Tu piel, Tus ojos, Te transformaste en el maravilloso enigma artístico. Ni Hermes ni afrodita eres, Pero la mezcla de ambos te creó. Musa de todas las obras, Si Leo llegó a amarte por qué no lo haré yo? Eres ironía pura, Y bajo esa sonrisa nunca nadie sabrá Qué grandes secretos esconde tu alma. Perdí yo, Y perdió Da Vinci. Pero me conforta saber que todos los que te vean también perderán. Porque al final, en este juego limitado Eres tú, Mona, Mona, Mona, Quien siempre termina Con la sonrisa en el rostro.*Al terminar sonrió y todos aplaudieron y vitorearon. Ginny pudo notar como algunos no se unieron a las felicitaciones, pero eran pocos comparados a los demás que sobrepasaban en número. Paul se levantó para felicitar a Richard y la pelirroja no pudo evitar hacer lo mismo.

  • Excelente.- dijo Paul al rubio. - Como siempre.

  • Gracias hermano! Y mira lo que ha traído el Grande! La nueva!- dijo observando a la pelirroja.

  • Mi nombre es Ginny Weasley dijo extendiéndole la mano. Gusto en conocerte.

Richard rió.

  • Perdón, discúlpame debí haberte preguntado el nombre. Vaya que tienes carácter eh!

  • Si, eso me han dicho.- agregó Ginny tímidamente. - Tu poema, ha estado espectacular. Me encantó la parte de Hermes y Afrodita, realmente es así ya que la unión de los vocablos forman "hermafrodita" que es un ser con ambos sexos. Esa es una teoría de analistas, que aseveran la Mona Lisa no era ni hombre ni mujer, sino ambos.

  • Exacto! No sé si todos lo entendieron pero me vale!.- dijo Richard riendo. - Eres inteligente! Me agradas!

Ginny sonrió.

  • Es solo que tu poema me ha emocionado. He estudiado sobre la Mona Lisa y Da Vinci, me encanta ese cuadro y el artista es mi preferido. Me fascinó la parte en la cual citaste: "Si Leo llegó a amarte por qué no lo haré yo?" Llamar "Leo" a Leonardo Da Vinci fue increíble...

  • Ya tengo un fan!- dijo Richard riendo. - Pero me temo, que no todos opinan igual. En cambio, todos han estado de acuerdo en que entraras, bueno, todos menos tu guía.

Ginny miró de reojo a Paul.

  • Pero ahora ya notó tu talento.- completó el rubio. - Fue unánime. A todos les fascinó tu poema así que tienes ya demasiados fans incluyéndome, por supuesto.

La pelirroja no pudo sentirse mejor. Aquel, sin duda alguna, era el mejor día de su vida.

Isabella colocó la toalla con hielo sobre a frente del chico. Mika recogía algunas cosas que se encontraban en el suelo del cuarto. La luz tenue de la lámpara en el velador era lo único que alumbraba el lugar. Mika acarició el cabello de la castaña.

  • Señora, debería ir a dormir.- le dijo en tono cariñoso.

  • No Mika, ve tú. Yo dormiré aquí, junto a él.- dijo Isabella sin despegar sus ojos piadosos de él.

Mika sonrió y se retiró cerrando la puerta.

La castaña colocó su mano sobre el pecho del rubio, corroborando que su respiración estaba constante. Se recostó al lado del rubio acariciando su cabeza tiernamente. Él movió la mano y la entrelazó con la delicada y fina de Isabella. Sus ojos grises se fueron abriendo lentamente, viéndolo todo borroso.

  • Isabella...- dijo con dificultad. - Isabella...

  • Aquí estoy.- dijo ella.- No hables, descansa.

  • Perdóname...- dijo y cerró los ojos quedándose profundamente dormido.

La castaña se acercó hasta la frente del chico y la besó. Era tan hermoso así, vulnerable. Casi le resultaba inconcebible que al despertar fuera tan déspota. Nunca creyó que algún día estaría allí, sentada, preocupada por la salud de quien la había encarcelado en la vida que ahora llevaba.

Entonces...por qué aquel sentimiento que lograba despertar en ella el estar a su lado?

Isabella borró aquellos pensamientos de su mente y se relajó.

Mañana, sería otro día.

Hermione y Draco sintieron un temblor fuerte y pronto se vieron en la sección prohibida. La castaña miró a William quien les sonreía desde la esquina. Lamentablemente, ella no estaba con ánimos para devolverle una sonrisa sincera. Dio media vuelta para salir mas una voz distante y fría la detuvo.

  • Mañana te espero temprano aquí.- dijo Draco mirándola.

Hermione podía sentir la penetrante mirada del rubio sobre ella. Salió sin decir absolutamente nada.

Draco miró al suelo y respiró profundamente. Luego miró a William, quien seguía con aquella sonrisa en su rostro que en estos momentos tan solo lograban exasperar al Slytherin.

  • Quita esa sonrisa o te la borraré yo lo juro!- dijo Draco mientras salía furioso.

Por supuesto, nadie sabía que William sonreía por motivos más que fuertes. Rió sonoramente mientras se acercaba a la ventana.

Sabía que pronto Draco y Hermione volverían a estar juntos.

Ginny corría junto a los demás integrantes de la sociedad bajo la lluvia que había empezado a caer con fuerza.

  • Toma mi mano!- gritó Paul estirándole la mano para subir el barranco que ahora era lodo por la lluvia.

  • Eso hago!- gritó la pelirroja.

El agua caía con fuerza empapándolos por completo mientras los integrantes de la Sociedad de Poetas de Babel corrían lo más rápido que podían para llegar al castillo. Paul arrastraba prácticamente a Ginny mientras esquivaba árboles. Se tropezó con una rama y cayó al suelo llevándose a la pelirroja consigo haciéndola caer sobre él.

Ginny rió con todas sus fuerzas mientras se levantaba.

  • Ahora tendrás que seguirme...-

Con esto salió disparada lejos de él. Paul se levantó y corrió tratando de alcanzarla mientras ella seguía riendo y disfrutando de las gotas de lluvia mientras caían por su rostro y su cuerpo. Ya nada le importaba más en aquellos momentos que la Sociedad, donde todos parecían sinceros y auténticos con ellos mismos. Vivían una verdad pura, alejada de la perversidad de una sociedad putrefacta.

No imaginaba lo que le estaba esperando en las puertas de la sala común.

Ron caminaba de un lado a otro mientras miraba el reloj. Doce de la noche. Doce y Ginny no aparecía! Parvati permanecía sentada, con una expresión bastante alarmada mientras que Harry tenía su mirada perdida en la fogata. Su novia le había recomendado que subiera a dormir pero él había puesto de excusa que no se iría hasta que ella lo hiciera, le dijo que quería acompañarla cuando en realidad lo único que quería era saber dónde estaba la pelirroja.

Lavander bajó las escaleras.

  • Logré abrir la puerta de Hermione. No está.- dijo molesta. - Es que no sienten que las dos nos ocultan cosas todo el tiempo!

  • Maldita sea.- exclamó Ron con la nueva noticia. - Ambas me van a escuchar.

  • No te sulfures, yo me encargo de Ginny.- dijo Parvati.

  • Pareces muy interesada desde que supiste que anda con Paul...- dijo Lavander.

  • Claro que estoy interesada! Bien sabes lo que él me hizo y no quiero que se lo haga a Ginny!- dijo Parvati y automáticamente miró a Harry, comprobando que ni siquiera se había percatado de la conversación. El moreno había estado sumido en sus propios pensamientos todo el día.

Fue entonces cuando el cuadro se abrió dejando entrar a una castaña. Sus ojos marrones se quedaron fijos en sus amigos, quienes la habían estado esperando en la sala.

  • Dónde estuviste todo el día Hermione!- exclamó Ron.- Y por qué llegas a esta hora! Que no tienes reloj!

  • Ron cálmate!- dijo Hermione. - Pues...estaba con la profesora McGonagall, ella quería que la ayudara en algunas cosas y pues me tardé todo el día en ello.

  • Y esperas que te creamos eso?- dijo Ron.

  • De hecho sí, porque es la verdad

  • En qué la ayudabas?

  • Yo?

  • Quién más! Ves! Eres una mentirosa! Todos mienten y me estoy volviendo loco!

El cuadro se abrió y una pelirroja entró. Todos quedaron boquiabiertos al verla completamente empapada. Gotas caían de su rostro y de su cabello color sangre. Harry pareció salir bruscamente de sus pensamientos en ese preciso instante.

  • De dónde vienes Ginny!- exclamó Lavander tapándose la boca.

  • Me mojé con la lluvia.

  • Qué hacías afuera a esta hora! Tú estás buscando que le diga a mamá!- exclamó Ron furioso. - Le va a encantar saber lo que su hija hace con un chico de séptimo!

Ginny quedó perpleja.

  • Paul, te vimos con él.- dijo Lavander.

Parvati se levantó y miró a su amiga consternada.

  • ¿Cómo puedes salir con él Ginny? Bien sabes cómo es! Es un despreocupado, poco práctico que se preocupa demasiado por irrelevancias. Es un soñador y vive en las nubes. Lo peor de todo es que no es estable Ginny, te ilusionará y te dejará.

Los ojos chocolate de la pelirroja se fijaron en ella.

  • Que te haya hecho eso a ti no significa que me lo hará a mí Parvati. Yo no soy tú.

  • Ginny!- exclamó Lavander. - No digas eso!

  • Es verdad!- dijo Ginny molesta. - Estoy harta de sus acosos y sus preguntas! Yo puedo tener los amigos que quiera!

  • A Schiller nunca!- gritó Ron. - Y ahora mismo me vas a decir de dónde vienes!

  • No te tengo que dar ninguna explicación a ti!- gritó la pelirroja. - Me tienes cansada! Ya no te soporto más! Y ya que todos parecen interferir en mis decisiones les voy a decir algo: yo hago lo que quiera! Y si me da la gana de andar con Paul es mi problema, y si me da la gana de un día de éstos no regresar a esta sala común pues lo haré. Estoy cansada de que estén constantemente tras de mí! Déjenme en paz! Déjenme sola!

  • Quieres de verdad estar sola Ginny? Porque es eso lo que estás consiguiendo con todo esto.- dijo Parvati.

  • Sí.- dijo Ginny mientras sus ojos se humedecían. - Eso es lo que quiero. Parvati, eres mi amiga y te respeto, pero tú no me estás respetando a mí. Sé lo que Paul te hizo. Y no me parece que es cierto lo que dices de él. Es verdad, es un soñador, pero ve las cosas de una forma que ustedes jamás entenderían. Él es por ahora lo que yo necesito; el único que me entiende.

  • Mañana mismo voy a hablar con él Ginny! De eso que no te quepa la menor duda! Él se tendrá que alejar de ti.- arguió Ron.

Ginny rió tristemente.

  • Haz lo que quieras. Paul no es como Thomas; te irás con las manos vacías.

Con esto dio media vuelta y subió las escaleras. Hermione hizo automáticamente lo mismo antes de que comenzaran a interrogarla a ella.

Harry se levantó con rabia del mueble y subió también las escaleras del sector para hombres. Parvati no pudo dejar de notar la reacción del moreno, y por primera vez se preguntó si la causa sería Hermione...o tal vez, Ginny.

se preguntó si la causa sería Hermione...o tal vez, Ginny.

La mañana llegó fría y Hermione fue la primera en levantarse. Organizó todo para su supuesto viaje de navidad y bajó las escaleras con un bolso pequeño. Sus amigos la esperaban abajo con regalos en mano, ya que sabían ella no pasaría con ellos. Pudo notar que el humor de Ron estaba mejor, mas al observar detenidamente a Harry, notó extrañada que parecía más que descontento.

  • Feliz navidad!- gritó Parvati entregándole un regalo.

  • Gracias.- dijo Hermione sonriendo. - Por favor, metan los regalos en mi bolso, los abriré en el tren.

  • Aún no comprendo por qué no decidiste pasar navidad con nosotros, siempre lo haces.- dijo Ron metiendo de mala gana el regalo en la mochila.

  • Entiende que Hermione Granger no nos quiere dar el placer de su presencia en estas festividades.- dijo Lavander introduciendo el suyo.

  • Ella ya no hace lo que siempre hace, las cosas cambian; no es verdad Hermione?- dijo Harry fijando sus ojos verdes en ella. La castaña pudo sentir la ironía tras la frase mas prefirió ignorarla y le sonrió dulcemente.

  • También te voy a extrañar Harry.- le dijo mientras lo abrazaba. El moreno la apretó con fuerza contra así, disfrutando del abrazo fraternal de quien se había convertido en su hermana. Sin saber por qué, sintió paz al recibir aquel gesto de su mejor amiga. Ella lo miró con sus ojos marrones tiernos y acarició su mejilla con su mano. - No abuses del regalo.

Hermione guiñó un ojo y se dirigió a Ron para abrazarlo con fuerza también. El pelirrojo le hizo cosquillas en la nuca y levantó su bolso.

  • De qué regalos hablas?- le preguntó.

  • De los que les dejé a todos en sus camas.- dijo la castaña.

Ron soltó el bolso como un niño y subió las escaleras. Todos hicieron lo mismo menos Harry quien permanecía en la sala común.

  • No vas a subir?.- preguntó la castaña.

  • No. Te acompaño hasta el tren.

Hermione sonrió levemente mientras el moreno levantaba el bolso. Había creído que la noticia de los regalos los obligaría a salir corriendo hacia sus respectivas habitaciones y ella aprovecharía el momento para escabullirse. Sin embargo, tenía el pésimo presentimiento de que el moreno estaba sospechando demasiado. Ojalá no se quedara hasta el momento en el que el tren saliera.

El retrato de la señora gorda se abrió y ambos salieron. En la esquina una pelirroja apreció con un regalo en la mano. La sonrisa de Ginny se borró al ver que quien acompañaba a su amiga era el buscador de Gryffindor. Fijó unos breves instantes sus ojos chocolate en los verdes penetrantes de Harry mas en pocos segundos desvió la mirada hacia su objetivo principal e hizo un enorme esfuerzo por sonreír nuevamente.

  • Feliz navidad.- dijo extendiéndole el regalo a la castaña.

  • Gracias!- dijo Hermione abrazando a Ginny con fuerza. Aprovechó el acercamiento para susurrarle en el oído: - Tenemos que hablar...

La pelirroja asintió. La castaña fijó sus ojos marrones en Harry.

  • Te importa si me acompaña Ginny? Debo aclarar algunos puntos con ella.

A Harry éste hecho no le gustó nada, mas no podía hacer nada para evitarlo así que dio media vuelta y regresó a la sala común.

  • Qué sucede?- preguntó Ginny.

  • Muchas cosas, principalmente lo de anoche, yo también estoy preocupada pero no quiero presionarte.- dijo Hermione. - Solo te pido que me asegures que sea lo que sea que estás haciendo, estás bien y no necesitas mi ayuda.

Ginny sonrió. Sí, Hermione era la única en quien ella confiaba plenamente.

  • Estoy bien Herm, gracias por entender que no puedo decirte.

  • Lo comprendo, créeme: hay cosas que son imposibles de contar.- dijo Hermione. - Necesito que me ayudes tú ahora, sin preguntar, porque no puedo responderte.

  • Sí claro, dime.

  • Acompáñame hasta el tren y en cuanto me veas entrar te vas. Si te preguntan, dirás que estuviste hasta que el tren salió y de que me despedí de ti por la ventana de un compartimiento. Lo harás?

Ginny se quedó algo anonadada ante la petición pero asintió inmediatamente. Ambas se tenían la suficiente confianza como para saber que para entenderse no tenían que contarse sus más íntimos secretos.

Draco lanzó una maleta negra al suelo y ésta rodó hasta el fondo de la biblioteca. Aquella sería sin duda alguna la peor de las navidades. Caminó y se sentó en la mesa del fondo. Era increíble pensar que toda aquella historia angustiante había comenzado de la misma forma. Él, sentado en esa misma mesa; y ella, buscando libros en una estantería. Si hubiera sabido de ante mano todo lo que iba a tener que sufrir por su culpa, entonces no la hubiera llevado arrastrada hacia la sección prohibida.

Se pasó una mano por el cabello rubio y se recostó sobre la mesa. Maldito el día en el cual la había tocado por primera vez; maldito el momento en el cual comenzó a escucharla; maldito el instante en el cual dejó de verla como una "sangre sucia". Él había planeado toda su vida de una forma preestablecida antes de que Hermione interfiriera, y ahora, todo había cambiado. Sus objetivos y metas iban dirigidas a otro sitio, el cual no estaba seguro fuera el correcto, pero estaba dispuesto a arriesgarse. Ya ni siquiera le importaba no tenerla junto a él nunca más. Prefería, verla feliz; y sabía que aquello sería imposible si permanecía a su lado. Era demasiado peligroso.

Respiró profundamente. Lo conveniente era aprovechar lo que restaba del año y poder observarla aunque fuera de lejos. Una vez graduados, ya no la vería nunca. Y tal vez eso era lo mejor.

Sus ojos grises miraban hacia el techo cuando un sonido sordo a su lado lo obligó a sentarse. Hermione había lanzado su maleta sobre la mesa, justo al lado de su oído. La castaña lo miró inexpresiva y se sentó en una silla.

  • Voy a ordenar algunas cosas.- dijo la Gryffindoriana mientras abría su maleta. - Después podemos ir al pasado.

Draco no respondió nada y abrió su maleta también.

Hermione sacó los regalos que sus amigos le habían dado por navidad y los colocó sobre la mesa. El primero que abrió fue el de Luna, quien se lo había dado la noche anterior. Era un libro sobre el desarrollo de la magia en los últimos tiempos. La castaña sonrió al ver que era de los pocos que no había leído ya. Draco no dejó de notar aquel gesto. El segundo en abrirse fue el de Harry, el cual se trataba ni más ni menos que una tarjeta que proporcionaba entrada gratuita a uno de los museos mágicos más importantes de Londres.

"Por primera vez acierta!" pensó ella.

Ron le regaló una blusa increíble que tenía una las siglas "P.E.D.D.O" las cuales la hicieron soltar una risita. Había resultado muy ingenioso de su parte. Parvati y Lavander le obsequiaron ambas ropa y accesorios que Hermione jamás usaría. Lo que más le impactó fue el regalo de Ginny, el cual al abrirlo, tan solo encontró un sobre. La castaña lo rompió y sacó de su interior un libro de poesía. Había escuchado hablar del muggle Baudelaire anteriormente, mas ahora tendría la oportunidad le leer su obra completa.

La voz del rubio cautivó su atención repentinamente.

  • Come.- le dijo echando un hechizo sobre la mesa. Una variedad de frutas aparecieron ante sus ojos. La castaña observó el pan, salchicha y cereal notando que hacía meses no desayunaba nada de aquello.

Los ojos marrones de Hermione se fijaron en él.

  • No tengo hambre.- dijo rechazando la invitación.

  • No te estoy pidiendo que lo hagas.- dijo el Slytherin rudamente. - Te lo estoy exigiendo.

Hermione lo observó anonadada.

  • No eres nadie para exigirme nada Malfoy.

Draco fijó sus ojos grises en ella y caminó hasta colocarse al lado de la silla en la cual se encontraba sentada. Apoyó su mano derecha en la mesa y la izquierda en el espaldar de la silla acercando sus labios a la oreja de la castaña. Hermione no movió ni un músculo, sintió que el rubio había dejado una distancia bastante prudente, ya que no sentía su aliento sobre su cuello. Aquello de cierta forma le hizo pensar, que ahora él sentía asco hasta en acercarse a un a impura. Fue entonces cuando dijo en voz muy baja, pero bastante firme.

  • Estás extremadamente delgada. He visto perfectamente lo mal que te alimentas Granger, por eso hasta paraste en la enfermería...recuerdas?- dijo sintiendo su aroma mas sin distraerse ni un solo instante. - No necesito a una enferma si lo que vamos a hace es regresar a salvar nuestras vidas. Así que tienes dos opciones; o comes, o te obligo a comer.

Con esto se alejó y se sentó en la silla más lejana. Hermione lo miró fijamente por varios segundos.

No mucho tiempo después estiró su mano tomando una manzana.

Y fue así como mi mamá tuvo la increíble idea de llamarme Ginny.- dijo la pelirroja en el césped del campo de Quittich. Paul bateaba constantemente a una bludger jugando, mientras la escuchaba.

  • A mí me gusta tu nombre.- dijo él mientras esquivaba la pelota. - Existe un poema con él sabías?

  • Enserio?- dijo ella sorprendida.

  • Sí.- dijo él corriendo y bateando la bludger una vez más. - Lo escribió un autor anónimo en la época del Romanticismo. Era brujo.

Ginny miró al cielo. Las nubes tenían formas extrañas y a la vez hermosas. Por primera vez creyó ver algo interesante en el día; solía preferir la noche.

Paul fijó sus ojos verdes en la pelirroja. Aquella mañana, su cabello tenía un color sangre intenso. Bateó la bludger nuevamente antes de dirigirse a ella.

  • Pareces molesta.- comentó él.

  • No.- dijo ella fijando sus ojos en el suelo. - Estoy deprimida. Me siento...vacía.

El Ravenclaw sonrió.

  • Bienvenida, al mundo oscuro de los existencialistas.

  • Mi hermano no quiere que siga hablando contigo.- dijo bruscamente la pelirroja fijando su mirada en él. Paul se desentendió completamente de la bludger y con un hechizo la mandó lejos.

  • Qué?

  • Parvati le habló mal de ti. En realidad, ella le dijo la verdad. Piensa que tenemos algo y dijo que hablaría contigo.

  • Que lo haga.- respondió él sereno. - Me vale.

La bludger regresó y él la bateó con tanta fuerza que salió aún más lejos que con el hechizo.

  • No quiero causar más problemas a nadie.- dijo Ginny levantándose. - Estoy perdida dentro de mí desde hace tiempo. No me entiendo, y hago cosas que están completamente fuera de contexto. Día a día me digo que alguna mañana despertaré y será diferente, pero nunca es así. Siempre despierto y veo el mismo hueco reflejado en mi rostro. Me desespero; grito y entro en histeria y pánico. Es este absurdo el que me consume no lo entiendes! Ron puede resultar violento, y últimamente yo solo le he dado causas para que piense que tú tienes la culpa de lo que me sucede...

  • Te dije que me vale.- dijo Paul fijando sus ojos verdes en él. - Ginny, no me interesa lo difícil que tu vida personal sea, pero detesto que me digan con quien debo hablar y con quien no. Si me da la gana de hablarte, lo haré al menos que a ti te incomode...

  • Bien sabes que no.

  • Entonces no va a haber ningún problema.- inquirió Paul.

Ginny se pasó una mano por la cabeza.

  • No sé qué voy a hacer para pasar vacaciones aquí. No puedo estar cerca de mis amigos...

  • Si son tus amigos como dices, no veo el problema.

  • Jamás lo entenderías.- dijo ella sonriendo melancólicamente.

  • Pruébame.- desafió el castaño.

Ginny se cruzó de brazos y miró al suelo.

  • Recuerdas lo que dijiste, eso de que nunca has sentido nada por nadie...

  • Sí.- dijo él.

  • Imagina que lo hicieras, por única vez, y supieras que es para siempre...Imagina, que tu mejor amigo y esa persona deciden estar juntos. Ya no hay espacio para ti.

Paul fijó su mirada en ella. Nunca sintió tal sentimiento de tristeza, reflejado en el rostro de una mujer tan joven y hermosa. Aquello, sin duda alguna, era poético.

  • Debe ser difícil.

  • Estoy volviéndome loca.- dijo Ginny. - No es solo ese el problema, sino que me siento inútil...impotente, como si no tuviera claro lo que estoy haciendo en este patético mundo. Ese sentimiento me frustra, me desespera. Mis amigos...ya no puedo estar con ellos porque no comparto su alegría.

Paul sonrió irónicamente y entonces vio a lo lejos, al buscador del equipo Gryffindoriano acercarse con su mejor amigo de siempre y rió más.

  • Ese no es tu hermano?

Ginny abrió los ojos como platos y dio media vuelta.

  • No les digas que me viste.- dijo antes de salir corriendo.

Paul la miró alejarse y luego pasó a observar a los dos chicos discutir señalándolo. Sonrió nuevamente y siguió jugando con la bludger.

  • Ya termina quieres!- exclamó Harry.- Deja el asunto en mis manos. Tú vas a alterarte, te conozco, y vas a acabar golpeándolo.

  • Es lo que se merece.- dijo Ron furioso.

  • A Luna no le va a gustar ni un poco que te atrevas a hacer eso.- dijo Harry y por un instante Ron pareció calmarse. - Yo hablo con él.

Harry se alejó del pelirrojo y caminó al campo de Quittich.

Paul golpeó la bludger con fuerza nuevamente y ésta despegó perdiéndose de vista. Sus ojos verdes se confundieron entre los de Harry mientras él se acercaba.

Ahora lo comprendía todo.

  • Eres Paul Schiller no es así?- dijo Harry parándose frente a él.

  • Sí, y tú por lo que veo Harry Potter. No puedo decir que es un gusto conocerte, porque estaría mintiendo.- dijo él directamente.

  • Vengo a...

  • A decirme que me aleje de Ginny, lo sé. Me esperaba a su hermano, no a ti.

  • No.- corrigió el moreno amenazadoramente. -Vine a advertirte que te alejes de ella.

Paul sonrió ante la astucia del Gryffindor.

  • ¿Y por qué habría de hacerlo?

Harry tenía ganas de partirle el rostro en dos, mas se contuvo. La ironía y el sarcasmo reflejados en él le enfermaban.

  • Porque te conviene. No voy a soportar que uses a Ginny como lo haces con todas las que conoces. Ella es demasiado para ti.- arguió

  • De eso no tengo ninguna duda.- dijo Paul fijando su mirada audaz en su contrincante... - Sin embargo, sigo siendo el mejor entre tú y yo.

Harry se quedó impresionado ¿Cómo él podía saber...?

  • Mira Potter,- dijo él repentinamente. - ¿Quieres que te diga la verdad? Ella y yo no tenemos nada; solo somos amigos.

El moreno sintió un alivio al escuchar aquellas palabras aunque de cierta forma su paranoia no lo dejó creer en ellas. Paul dejó el bate y caminó hacia Harry quedando frente a frente.