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Cambiando el pasado — capítulo 28

Paul dejó el bate y caminó hacia Harry quedando frente a frente.- Pero voy a ser sincero; Ginny para mí es perfecta. Y no voy a mentir diciéndote que solo siento amistad cuando está a mi alrededor, porque el simple hecho de escuchar su voz es cautivante. No sé si me gusta, pero sé que no me es indiferente. La quiero a mi lado, y no va a haber nada que hagas para que eso cambie.

  • Ella no es para ti.

  • Ni para ti tampoco Potter. Y lo peor de todo, es que tú lo decidiste así. La alejaste; la dejaste por Parvati Patil que salió conmigo y puedo afirmarte que siendo lo fantástica que es no vale la mitad de lo que Ginny. Fue tu elección, y creo que es hora de que la dejes en paz. Esperaré a tu amigo. Entiendo a un hermano celoso, pero no a alguien que pretende tener potestad sobre ella siendo absolutamente nada.

Harry volteó la mirada al ver a Parvati acercarse a ellos repentinamente. La rubia miró a su novio y notó de inmediato que algo sucedía, mas aquello no le importó.

  • Aléjate de Ginny.- le dijo a Paul. - Ella no es como yo, es una niña demasiado inocente y no puedes usarla!

Paul rió sarcásticamente.

  • Ginny es una mujer en primer lugar, y en segundo, lo que haga o deje de hacer no te importa. Ni siquiera me conoces.

Con esto el castaño dejó el bate sobre el césped y se alejó.

Harry miró a Parvati y ella tomó la mano del moreno. Juntos entraron al castillo sin decir absolutamente nada, pues bastante tenían ambos en qué pensar. Aún no podía creer en qué momento había perdido el control total de sus sentimientos por Ginny. Siempre la quiso, de eso no había ninguna duda. Era simplemente la chica más impresionante que jamás hubiese conocido. Sin embargo, su amistad con Ron le prohibía aquel sentimiento ¿Cómo podría él traicionar a su mejor amigo de esa forma? Jamás. Por eso se había unido a Parvati, creyó que la rubia sería el elemento perfecto que lo obligaría a olvidar a Ginny. Cuánta rabia y frustración acumulada sintió cuando descubrió que lo único que conseguía era obsesionarse cada día más con quien no le pertenecía ni podría ser suya jamás. Al principio se creyó usado por la pelirroja, pensó que ella lo miraba como un juguete al cual podía utilizar cuando gustase; fue después cuando descubrió que tan solo había sido la venganza de quien le reclamaba el no actuar. Ginny en el fondo, no le reprochaba lo que había hecho con Thomas, lo que realmente le fastidiaba era el hecho de que él, sintiendo lo que sentía, se limitara a fingir que no lo hacía. Ella era así, intensa en cada acción. Si no se tratara de la hermana menor de su mejor amigo, las cosas sin duda serían diferentes.

Estaba condenado.

Luna tenía los ojos tapados cuando entró a la clase. Ron la agarraba de la cintura dándole equilibrio para que no tropezara contra las mesas y las sillas. Una sonrisa curiosa estaba dibujada en la boca rosa perla de la rubia. Ron paró y ella hizo lo mismo. Se colocó en frente de ella sonriente.

  • Ya llegamos?- preguntó ella.

  • Sí, ya estás lista para ver tu regalo.- dijo Ron sonriendo.

  • Qué es?

  • Ya lo verás.- dijo él dándole un beso rápido en los labios.

Ron volvió a colocarse tras la rubia y desató el pañuelo que cubría sus ojos. El color celeste cielo de su miraba brilló en cuando descubrió lo que tenía enfrente. En una mesa, una caja de oro la esperaba con ángeles gravados en todas partes.

  • Puedo..?

  • Claro...es tuya.- le dijo Ron.

Luna caminó hacia la mesa y con manos temblorosas por la belleza de aquel regalo abrió la caja. De ella provino una melodía angelical tocada por un arpa. Luna volteó impactada y miró a su novio.

  • No me digas que es...

  • Sí, es una caja recordadora. La música que toques con tu arpa, automáticamente se grabará allí. Así podrás escucharla cuando quieras.

Luna se lanzó sobre él abrazándolo con fuerzas y dándole besos rápidos en las mejillas.

  • Así que te gustó no?

  • Es el mejor regalo que he recibido.- inquirió ella. - Ahora tendrás que ver el mío.

La rubia tomó la caja con su mano izquierda mientras que con la derecha tomaba la mano de Ron y lo llevaba fuera del salón.

Reían y se daban pequeños besos mientras salían, sin siquiera sospechar que quien los observaba oculto entre las sombras, juraba vengarse de la situación que se había escapado de sus manos.

Spencer golpeó la pared compulsivamente descargando toda su ira hasta sentir sus nudillos sangrar. Un hilo de sangre chorreó por la pared mientras él se dejaba caer al suelo.

Aquella tarde comenzó el infierno.

Hermione terminó de comer dos manzanas y de llegarse fingiendo que tomaba un poco de cada cosa al poco tiempo. Draco parecía un guardián en la silla del frente, observándola y a la vez revisando sus propios regalos. La verdad era que ninguno le interesó en lo más mínimo. Su navidad resultaba como de costumbre; terriblemente aburrida. Claro está, que ésta además de ser aburrida sería incómoda, lo que hacía el asunto cien veces peor de lo que ya de por sí era. Sus ojos fríos se detuvieron en una carta que la lechuza de su padre le había entregado días atrás, y que por obvias razones no había querido leer. Siempre supo que de una u otra forma tendría que hacerlo, mas era preferible postergar el momento.

Abrió el sobre y sacó el pergamino con algo de brusquedad. Sus ojos grises se clavaron en la fina caligrafía.

*"Draco: Te felicito. Has ingresado como mortífago dignamente, era eso lo que me esperaba de ti, un Malfoy. Creo que lo que te enseñé de artes oscuras en las vacaciones ha sido suficiente. Tienes grandes dotes de mago. Necesito que estés preparado para todo. Lo más probable es que la guerra comience automáticamente después de tu graduación. Lucius Malfoy"*Draco arrugó el papel con rabia contenida, aplastándolo con sus dedos. Hermione notó la reacción que el rubio había tenido para con la carta mas no dijo nada relativo al tema. Más bien, se levantó y con su varita desapareció la comida de la mesa.

  • Ya comí. Vámonos ya.- dijo ella cortante mientras caminaba hacia su maleta y la cerraba. - Claro, si es que no tienes alguna otra objeción

El Slytherin se levantó de la silla y la miró con ojos glaciales.

  • Creo que debemos aclarar algo Granger.- dijo él duramente, se estaba cansando de los comentarios ácidos que ella solía dirigirle. - Comprendo que me detestes, pero si queremos seguir con la misión que debemos cargar a cuestas, me parece que deberías tratar de madurar y guardarte cualquier comentario.

  • Lo siento pero me resulta imposible.- inquirió ella. - Es difícil tener que soportar tu actitud déspota todo el tiempo.

  • También es difícil tener que soportar a...

Draco se detuvo bruscamente, ya no quería seguir con una pelea estúpida y sin sentido. Que creyera lo que quisiera, eso ya no le importaba en lo más mínimo. Cada palabra pronunciada por la Gryffindoriana lo hería tanto, que no podía creer que existiera la manera de destruirlo más de lo que ya estaba. Sin embargo, la brusca pausa del rubio llegó a la castaña de una forma completamente distinta. Sus ojos marrones irradiaban despecho y dolor cuando se le acercó desafiante.

  • Soportar qué!.- dijo ella indignada. - A una sangre sucia? Eso era lo que pensabas decir? Ya no me afectan tus calificativos Malfoy, estoy muy por encima de eso. Ya no me afecta nada que venga de ti.

Draco fijó sus ojos en la castaña, hundiéndose en la rabia que ella misma se había encargado de fomentar. Cómo la odiaba. Si ella hubiera podido sentir lo que él, tal vez no estaría reclamándole absolutamente nada.

  • Me da igual Granger, siempre me has dado igual.- mintió descaradamente mientras caminaba hacia la sección prohibida.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas mas las contuvo. Se inclinó y recogió el papel arrugado que yacía en el piso y lo guardó en el bolsillo de su jean. Desde ese preciso momento iba a encontrar todas las pruebas que tuviera en mano para destruirlo. Ella pensaba cumplir su promesa; los mortífagos pagarían caro su elección. Se encargaría personalmente de que así fuera.

Draco entró y William sonrió con aquel gesto cándido y fresco que siempre lo caracterizaba. El Slytherin no se molestó en contestar aquel saludo sincero y simplemente caminó hacia el libro.

  • Y Hermione?- preguntó el moreno.

  • Ya viene.- dijo él cortante.

  • Te sucede algo?- preguntó William aunque ya sabía la respuesta.

  • No.- mintió él.

  • Porque si te sucede algo, créeme, pasará pronto.- le dijo mientras le dedicó una mirada bastante curiosa que provocó cierta confusión en el rubio. La castaña entró a los pocos segundos.

  • Muy bien¿A qué hora los regreso?- preguntó William.

  • Doce.- dijo el rubio.

  • Perfecto! Buen viaje.

Y un torbellino los succionó a ambos

Hermione cayó sobre un mueble bastante confortable. Era la primera vez que había tenido un aterrizaje cómodo. Se levantó y vio que Draco también lo hacía al ver a Isabella dormida al lado de Xavier.

Había pasado toda la noche controlando la fiebre del rubio, sin duda alguna, sintiendo aún cierta culpabilidad ante la clase de trato que le había dado hasta el último momento. No había sido justa, su orgullo la había cegado. En los momentos en los cuales ella optó por humillarlo y llenarlo de sarcasmos malintencionados siempre la voz de su padre recorrió su mente diciéndole la misma frase que cuando niña le repetía, "Todos los humanos cometen errores cariño. Muchas veces éstos son espantosos. Algunos cometen más errores que otros, pero lo cierto es que no tenemos potestad de juzgar a los demás; recuerda que tanto tú como yo, también somos humanos." Ella sabía que no debía culpar de todo a Xavier. Era cierto que sus celos y despecho lo habían cegado, pero no parecía ser un mal hombre. Había cometido un error ¿Quién era ella para juzgarlo? Y ahora, ella le debía la vida. Si se moría...no estaba segura de que podría cargar con aquella culpa.

Xavier abrió los ojos lentamente. El color gris de éstos volvió a sorprender a Hermione ¿Por qué tenía que tener aquella mirada? Era como una mezcla de todo lo que despreciaba en el mundo entero, y sin embargo, lograba hacerla temblar con tan solo presenciarla.

El rubio miró a su alrededor y depositó sus ojos en Isabella, quien dormía tiernamente a su lado. Sus ojos grises la recorrieron completamente, como si por primera y única vez la hubiera visto realmente tal cual era. Su cabello castaño salvaje e indomable descansaba esparcido por la almohada cubriendo gran parte de ésta; sus largas pestañas acariciaban dulcemente sus mejillas rosadas, mientras que sus labios intensamente rojos, se mantenían con una pequeña apertura por la cual salía un suspiro. Aquel rostro, con nada en especial, lo cautivó durante varios segundos en los cuales creyó delirar. Sus ojos, grises penetrantes, bajaron observando su cuello y hombros descubiertos por aquel vestido blanco ligero. Las pecas que cubrían sus hombros finos y delicados parecieron encender una llama en su interior ¿Qué le estaba sucediendo? Seguramente era que no se había recuperado completamente del veneno, pensó. Pero muy en el fondo sabía que no era así. Su mirada bajó aún más y un escote que nunca antes había descubierto lo petrificó. La respiración de la castaña era suave y constante; podía ver cómo su pecho se elevaba y bajaba en un apacible ritmo. Las manos finas de Isabella descansaban sobre su abdomen, como pudo apreciar mientras sus ojos seguían aquel extasiante recorrido. Sus ojos grises brillaron intensamente al ver unas delgadas y perfectamente formadas piernas descubiertas por la falda del vestido, que ahora estaba a una altura bastante escandalosa. No pudo despegar la mirada de ella, y no hubiera podido hacerlo nunca, de no ser que Isabella despertó.

Sus manos fueron las primeras en moverse. Subieron hasta su rostro y pasó sus delicados dedos por sus dos ojos marrones. Xavier la observaba sentado mientras ella abría aquellos ojos exóticos para chocarse con la realidad. Al principio pareció no entender en dónde se encontraba, inmediatamente después recordó lo sucedido la noche pasada y miró a Xavier, quien ya llevaba observándola tiempo atrás y se sentó en la cama bruscamente.

  • Estás bien? Ya no tienes fiebre? Cómo te sientes? Quieres que pida el desayuno? Lo puedo hacer yo si quieres...- dijo ella mientras pasaba su mano por la frente del rubio, comprobando que la temperatura había descendido hasta su grado normal.

Xavier aún no pronunciaba palabra, estaba demasiado absorto en la castaña como para preocuparse de otra cosa. Fue entonces cuando Isabella notó que al dormir, su vestido se había desajustado de su lugar. Sus mejillas de sonrojaron mientras subía el escote y bajaba la falda del vestido. Evitó la mirada penetrante de Xavier, la cual ahora podía sentir intensamente sobre ella. Al rubio le pareció algo gracioso que ella se hubiera sonrojado, y le encantaba el hecho de saber que poseía inteligencia como para intimidar, y suficiente inocencia como para ser intimidada.

  • Bien.- respondió él. - Estoy bien.

Isabella fijó sus ojos en él tímidamente y humedeció sus labios.

  • Yo quería disculparme.- dijo ella firme. - Así como puedo ser bastante ácida y no me da vergüenza admitirlo, también sé cuando me equivoco. Y creo que me equivoqué contigo. Me dejé cegar por la rabia que te tengo y eso no me dejó pensar correctamente. No suelo ser así y yo...

  • Estuviste aquí toda la noche?- preguntó repentinamente, interrumpiéndola.

  • Sí, tenía que estar pendiente de la fiebre.- respondió ella y luego preguntó con cierta timidez. - Te molesta?

  • No, para nada. Es solo que huele a flores campestres, así suelen oler las mujeres, es como su marca natural.

A Isabella le pareció, con aquel comentario, que Xavier tenía demasiada experiencia con las mujeres para su gusto. Prefirió callar aquella opinión que ya sabía era correcta y se levantó de la cama, sintiendo que ahora que él estaba bien, era incorrecto estar allí.

  • Ya que estás bien me retiro, le diré a Mika que te suba el desayuno.

  • Desayuna conmigo.- pidió él fijando sus ojos grises en ella. A la castaña le sorprendió aquella invitación.

  • No creo correcto que yo desayune aquí, en tu cuarto. Ahora que estás bien no debo estar aquí.

Draco sonrió por primera vez desde ya mucho tiempo atrás. Claro, era obvio; en aquella época resultaba indigno que una mujer estuviera en el cuarto de un hombre.

Xavier tuvo la misma reacción que Draco y sonrió sin retirarle la mirada de encima.

  • Eres mi esposa¿qué tiene de malo que estés en mi habitación?

  • Bien sabes que no somos nada. Solo es un papel.

El rubio dio un respingo.

  • Creí que eras una mujer bastante rebelde y que por ello sabías que las normas de etiqueta resultan estúpidas y sin sentido alguno. Dime algo, Isabella Shawn¿Crees que sentarte en mi cama, por ejemplo, es algo incorrecto cuando bien sabes, solo estás manteniendo una conversación conmigo?

Isabella abrió la boca para responder mas se detuvo. Pareció detenerse unos instantes a pensar.

  • No...no es incorrecto. Yo sé que no estoy haciendo nada pero...

  • Bien, es eso lo que importa. Lo que tú sabes que eres, y no lo que los demás creen que eres. Pero si tanto te incomoda estar aquí, entonces yo bajaré a la mesa...

  • No!- respondió ella. - No puedes estas muy débil.

  • Entonces me temo que tendrás que desayunar conmigo.- inquirió él triunfante. - Me lo debes.

Isabella suspiró y salió de la habitación.

Hermione y Draco la siguieron.

Isabella bajó las escaleras y se encontró con una escena poco agradable. Mika estaba en la sala, recibiendo a nada más y nada menos que su hermana menor. Carmen fijó sus ojos verdes en ella y sonrió triunfante ante la expresión confusa de la castaña. Mika, quien intuyó el ambiente de la situación prefirió no intervenir.

Muy prudente de su parte.

  • Señora, con permiso.- dijo mientras se retiraba.

  • Qué haces aquí?- dijo bruscamente Isabella mientras caminaba hacia ella.

  • Vine a darle una visita a mi hermana.- dijo Carmen aparentando inocencia. - Andrés está de viaje, muy ocupado con sus negocios y bueno yo me aburro mucho en mi casa, sola.

Isabella rió sarcásticamente.

  • Por favor Carmen! Toda la vida has estado en la casa sin hacer absolutamente nada y nunca te has aburrido.

  • Las cosas cambian.- dijo ella sonriente. - Y dime¿Dónde está Xavier?

Isabella no pudo creerlo.

  • Carmen quiero que te largues!- dijo ella amenazadoramente. - Porque te juro que no respondo.

  • No me puedes hacer eso hermanita, yo te recibí en mi casa recuerdas?

  • Quieres dejar de ser tan hipócrita!

  • Uhhh! Vaya! Estás bastante agresiva! Qué será lo que te está pasando? Será que te estás enamorando a Xavier?

Aquella pregunta sonó como una afirmación, lo que cayó sobre la castaña como un balde de agua fría. Automáticamente fue a la defensiva.

  • Yo no me enamoraría de Xavier nunca, de eso no te preocupes. Pero te dije que no te iba a permitir seguir siendo la adúltera de siempre!- exclamó Isabella.

Hermione levantó la cabeza hacia las escaleras cuando la presencia repentina de Xavier interrumpió la discusión de las hermanas. Sus ojos pasaron de Isabella a Carmen.

Aquello se iba a poner interesante.

El rubio bajó las escaleras con una media sonrisa dibujada en su rostro. Era fría, lo cual de cierta forma alarmó a Isabella; nunca se sabía lo que podía suceder cuando usaba esas expresiones. Sin embargo, notó el manejo de Xavier en cuanto a la situación.

Parecía saber exactamente lo que hacía.

  • A qué viniste Carmen?- dijo él colocándose al lado de la castaña.

  • Vine a visitarlos, únicamente.- dijo Carmen con ojos brillantes. Sin duda alguna la simple presencia del chico la había perturbado.

  • Pues creo que no es el momento oportuno.- inquirió el rubio. - No me encuentro bien y quisiera descansar un poco con Isabella ¿Podrías postergar la visita para otro día?

La castaña observa los ojos grises de Xavier que parecían clavarse en su hermana como puñales. Tenían toda la intención de lastimar. Bruscamente, Isabella interrumpió el diálogo.

  • Saben qué? Me tienen harta los dos.- dijo ella mientras caminaba hacia las escaleras. - Perdonen que me retire, pero si hay algo que repudio es la hipocresía, no la soporto, y no fingiré que nada está sucediendo cuando bien sabemos todos que este es un teatro barato!

  • El teatro lo comenzó Xavier al casarse contigo hermanita. No pudo buscar a alguien que por lo menos fuera competencia para mí.

  • No Carmen.- dijo Xavier con sus ojos llenos de ira. - Fuiste tú la que inició todo, Recuerdas? O hace falta que entre en detalles de cómo fuiste mía y después te regalaste por dinero!

  • Fue un error! No soy perfecta lo sabías?

  • Claro que lo sé, estás muy lejos de la perfección. Jamás podrás alcanzar a Isabella, es por eso que ahora es mi esposa.

  • Pero no la amas!- exclamó ella con obvio desagrado.

Los ojos de Xavier brillaron con un destello de venganza por unos breves segundos.

  • Eso no es cierto.

Carmen recibió aquello como una bofetada mientras sus ojos esmeralda de humedecían. Miró a su hermana y luego nuevamente al rubio.

  • Estás mintiendo...- dijo ella mientras lágrimas brotaban de sus ojos. - Tú no me puedes olvidar, y mucho menos por ella...

  • Te estoy diciendo la verdad Carmen. Tu hermana y yo vivimos felices, y no necesitamos más recordar el pasado.- dijo Xavier caminando hasta Isabella, quien ya estaba bastante confundida. - Ahora que lo pienso...tal vez nunca te quise realmente.

Xavier sabía que aquella era la precisa oportunidad para humillar a Carmen. Ella creía ser siempre el centro de atención, la única que realmente sobresalía entre las demás. Ahora él le haría pagar lo que le hizo. Tomó a Isabella por la cintura y la pegó contra sí mientras unía sus labios a los de ella

La castaña se petrificó. Sus sentidos parecieron mezclarse y confundirse entre ellos terriblemente. El rubio besaba su boca con intensidad y rabia; ira contenida. Sí, la estaba utilizando y ella lo sabía. Lo que no comprendía era por qué si quería separarse y alejarse de la situación su cuerpo parecía no responderle de la misma forma. Xavier se separó de ella a los pocos segundos y fijó sus ojos triunfantes en Carmen, quien dejaba correr sus lágrimas.

  • No te creo nada.- dijo ella mientras tomaba sus guantes. - Me iré, pero voy a regresar; mientras yo viva tú no estarás tranquilo con mi hermana.

Con esto la pelirroja dio media vuelta y salió. Hermione estaba algo impresionada y a la vez ofendida por la escena. Volvió a fijar su mirada en su antepasado algo consternada.

Isabella parecía no poder respirar. Su rostro estaba confuso, como si quisiera expresar algo que no confirmaba aún como certero. Sus ojos marrones se fijaron en el rubio por unos segundos antes de que una expresión de indignación de reflejara en ella. Una bofetada cayó sobre la mejilla derecha del chico obligándolo a voltear.

Xavier fijó sus ojos grises fríos en los de ella. Isabella respiró profundamente sin cortar el contacto visual que él había empezado.

  • Nunca me vuelvas a tocar.- dijo ella amenazadoramente. Cierto fuego brillaba en sus ojos y esto logró cautivar el interés repentino del rubio. - Si te voy a dejar pasar ésta, es porque ayer me salvaste la vida pero creo que con las cosas que ambos nos hemos hecho mutuamente, ya estamos a mano.

  • Tanto te molestó?- preguntó él penetrando su mirada en ella mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. - Claro, se me olvidó que eres una santa intocable, no es así?

Isabella estuvo a punto de responder pero entonces él la interrumpió.

  • Lo sé, lo sé.- dijo mientras cambiaba su expresión burlona a una seria. - No debí usarte.

  • Qué bueno que lo dedujiste.- dijo ella irónicamente. - Tenemos que hablar sobre cómo van a ser las cosas de ahora en adelante.

  • Me parece bien.- contestó él. - Pero lo haremos en mi cuarto, mientras desayunamos como quedamos antes de lo sucedido te parece?

  • Está bien...- dijo ella con algo de recelo. - Le diré a Mika.

Hermione sintió un temblor en la tierra y automáticamente buscó a Draco. El Slytherin la tomó por la cintura y la pegó contra sí. Sus labios quedaron a tan solo milímetros de distancia. El rubio sintió cómo toda aquella barrera que tanto se había esmerado en crear ahora se derrumbaba ante el simple hecho de sentir el cuerpo de la castaña, tibio y frágil, completamente adherido al suyo. Ella le pertenecía, y a la vez, jamás podría tenerla. Los ojos marrones de Hermione despedían una intensidad algo tortuosa. Draco tan solo se hundía en su mirada extasiado. La Gryffindoriana no pudo evitar perderse también en aquellos ojos grises que bien eran capaces de acabar con toda ella. Pasaron varios segundos antes de que notaran que el temblor había acabado, y ahora se encontraban en la gran cabaña de Lilith.

Lilith entró y miles de niños corrieron a abrazarla con fuerza. Ella sonrió quitándose la capucha blanca mientras les devolvía el abrazo.

  • ¿Cómo se han portado sin mí?

  • Bien!- exclamaron todos al unísono.

Fue entonces cuando sus ojos celestes se fijaron en una pelirroja que se encontraba sentada en una silla al fondo de la cabaña. Sus ojos miel estaban fijos en ella y en Stephen. Su ropa era bastante reveladora y por lo que pudo notar, era vestimenta gitana. La chica se levantó y sonriendo habló.

  • Stephen el Grande; es toda una odisea encontrarte hermanito.

Lilith se volteó para notar que el pelirrojo sonreía. Tamara corrió hacia él y se prendió de su cuello mientras él la levantaba en los aires. Fue entonces cuando entendió lo que estaba sucediendo.

  • Dónde has estado! Te esperaba hace tres semanas!- dijo Stephen feliz de verla, su rostro parecía iluminado repentinamente.

  • Los Gitanos no me dieron otra opción. Fue todo un trabajo salir de ellos sin que pensaran que los traicioné pero al fin lo hice. No tengo noticias muy alentadoras.

Lilith permanecía estática. Stephen la miró y riendo las presentó.

  • Lilith, ella es mi hermana Tamara. Tamara, ella es quien me salvó la vida. De no ser por ella, habrías llegado y encontrado a tu hermano muerto.

La pelirroja miró a la rubia y se inclinó.

  • Entonces te debo toda una vida.

  • No es nada.- dijo Lilith sonrojándose.

  • Muy bien, tenemos que hablar ahora sí.- dijo Stephen tomando una silla y sentándose.

Las dos chicas hicieron lo mismo. Las risas de los niños se mezclaban entre los sonidos que se esparcían por el lugar.

  • Los vampiros están aquí, se aliaron con los Gitanos para llegar a tierra firme. Lo que tenemos que hacer, es dividirlos. Los Gitanos deben estar de nuestra parte.

  • Cómo haremos eso? Además, en ellos no se puede confiar.

  • Te equivocas.- argumentó Tamara. - Una vez que están apoyando a un lado, mueren dándole el apoyo; claro, siempre y cuando no haya traición de por medio...

Hermione y Draco prestaron atención a la conversación evitando que sus miradas se chocaran nuevamente. Resultaba bastante peligroso cualquier tipo de contacto visual. En ese intento vano de observar hacia otro lugar Hermione divisó unos ojos verdes en la ventana, espiando.

Era Tom

Ginny se encontraba sentada en el piso de uno de los pasillos de Hogwarts. Era aquel uno de sus lugares preferidos ya que nadie solía pasar por allí. Había pasado sola prácticamente todo el día de navidad. Ya eran las cinco de la tarde y seguía allí, completamente sola.

"Siempre lo has estado" se dijo tristemente mientras sus ojos profundos se cerraron. Cómo deseaba ser otra persona. Sí, por primera y única vez no sentirse atrapada en aquella personalidad que muchas veces la aterraba. Su rabia contra todo parecía incrementar cada día frustrándola más y produciendo el nacimiento de un odio en ella. Sí, era odio ¿Hacia qué? No sabía precisamente a qué odiaba, solo tenía la certeza de que era a algo, o a alguien. Lágrimas cayeron de sus ojos mientras arrugaba los papeles que tenía sobre la falda. Poemas que no habían resultado como ella quería; eran el reflejo abstracto de su vida.

Fue entonces cuando las pisadas de alguien la obligaron a abrir los ojos nuevamente. Paul se encontraba frente a ella fijando su mirada instintiva. Ginny se secó las lágrimas con rabia algo avergonzada de que la hubieran encontrado en tan vulnerable escena.

  • Sigues sola, como lo veo.- dijo Paul estirándole la mano para que se levantara, sin embargo ella no se movió.

  • Siempre lo estoy.- dijo tristemente.

Paul se sentó a su lado sin decir ni una sola palabra. Sus ojos verdes estaban fijos en ella, en aquel rostro vacío, inexpresivo ¿Qué le había sucedido para que su mirada fuera tan dolorosa? Estaba como muerta, y por un momento deseó estar en su mente, para saber qué era lo que cruzaba por sus sentidos aunque fuera una vez.

Ginny pasó una mano por su cabellera rojiza. Sus ojos estaban fijos en un punto perdido. Era como si en realidad no estuviera allí junto a él.

  • Qué te sucede? Estás rara.- preguntó él.

Ginny rió falsamente y con un destello de ironía fijó sus ojos en él.

  • Y tú cómo puedes saber si estoy rara o no? Ni siquiera me conoces.

  • Te equivocas.- respondió él.

La pelirroja sonrió tristemente y con algo de ira.

  • No puedes conocerme porque ni yo misma sé quién soy.- dijo ella seriamente. Luego rió y lo miró directamente a los ojos. - Sabías que estoy loca?

El castaño sonrió y miró al frente.

  • Lo noté desde un principio.

  • Qué bien.- dijo ella mientras metía su mano en el bolsillo derecho del chico. Sacó un cigarrillo de sabores y lo encendió llevándoselo a la boca. - Pero más que demencia, estoy enferma.

Paul la observó desconcertado. Hasta entonces no había notado lo cambiante que resultaba Ginny. Era tan intensa, que no tenía idea de cómo manejar el fuego que la rodeaba. Por ello, pasaba por el mundo destruyendo todo lo que se encontraba a su alrededor. Anteriormente le había dicho que no fumaba, y ahora, lo hacía como si fuera una experta. Sus ojos miel hace unas horas antes habían sido puros, y ahora estaban vacíos. Parecía otra persona. Sus diálogos provenían de la rabia y la ira que contenía en su interior, y que poco a poco la estaban matando. Ginny dejó salir un humo color rosa de su boca sin pronunciar palabra alguna.

  • Qué te pasa?- dijo ella sin mirarlo. Sus ojos seguían fijos en un vacío inexistente. - Me creíste cuando te dije que no iba a fumar nunca?- rió irónica y vacíamente. - Nunca creas nada de lo que digo. Constantemente estoy mintiendo.

Paul la observaba detenidamente sin decir nada en lo absoluto. Estaba impresionado. Ella era todo lo destructivo que existía sobre la tierra. Era como un veneno dulce, irremediablemente exquisito. A lo largo de su vida, jamás había conocido a alguien como ella. Fue entonces cuando notó que si seguía con aquello, ella iba a terminar matándolo. Una llama incontrolable había despertado la pasión dentro de Paul, y supo que estaba destinado a enloquecer por Ginny

Hermione observó a su alrededor y notó que estaba en el cuarto de Xavier nuevamente. Un nuevo temblor los había llevado al lugar de inicio dejando inconclusa la anterior situación. La Gryffindoriana no podía dejar de preguntarse qué haría Tom ahora. Tal vez estaba allí para vengarse de Tamara, pues la acción que había cometido en su contra no había sido nada placentera.

Draco fijó sus ojos en Xavier e Isabella, quienes permanecían sentados en la cama comiendo frutas de una charola que descansaba en el centro de ésta. La luz del sol penetraba por los cristales de las ventanas y daban justo al rostro de Isabella, iluminándolo. Sus ojos marrones adquirieron más claridad y su cabello un destello dorado. Draco la observó deseando tenerla entre sus brazos, sabiendo que era Hermione, y que si no podía mirarla directamente por lo menos podía adorar su reflejo, su antepasado.

Isabella tomó una cereza y se la metió en la boca disfrutando del fresco sabor de ésta. Xavier la observaba fijamente y solo cortó la mirada para tomar una uva e introducírsela en la boca. Una media sonrisa se formó en su rostro.

  • No puedo creer que me hayas golpeado.- dijo él casi riendo.

  • Y yo no puedo creer que me usaras como si fuera una simple cosa.- dijo Isabella reprochante. - De cualquier forma, creo que siempre voy a terminar siendo eso para ti.

  • Eso es mentira.- inquirió él.

  • ¡Por favor!- dijo ella. - Pediste mi mano sin importante lo que pudiera suceder conmigo, tan solo para vengarte de Carmen. Resulté ser un objeto ¿sí o no?

Xavier esbozó una media sonrisa.

  • Puede ser.- dijo mientras tomaba otra uva. - Pero ahora las cosas son distintas.

Isabella rió.

  • Sí, muy diferentes.- dijo sarcásticamente. - Tan distintas que me besaste en la sala para enojar a Carmen.

  • Está bien, es cierto. Pero estoy tratando de cambiarlo eso ya es un avance significativo ¿no crees?

  • No. Yo funciono con hechos.- dijo ella sonriendo triunfante. - Y hablé muy enserio cuando dije que si volvías a ponerme un dedo encima iba a hacer que lo pagaras caro.

  • De eso no tengo duda alguna.- dijo él mirándola penetrantemente.

Isabella tomó una fresa y la mordió sin cortar el contacto visual con el rubio. Sus miradas eran intensas, él casi podía sentir el fuego que parecía despedir los ojos marrones de la chica. Era eso, y su dominante inteligencia, lo que la transformaban en la mujer más excitante que hubiera conocido jamás. Aún no comprendía por qué tenía que tener ideas tan extrañas como las de no casarse y viajar por el mundo.

Isabella le lamió los labios humedeciéndolos y respiró profundo observando directamente a su interlocutor.

  • Muy bien, creo que es hora de que convengamos algunos puntos.- dijo ella persistente. - Creo que tenemos claro el hecho de que la palabra "divorcio" no existe en esta situación. Jamás mancharía el apellido de mi padre y dudo que tú quieras ensuciar el de tu familia.

  • Correcto.- dijo él escuchándola.

  • Así que obviamente, vamos a tener que permanecer juntos lo que nos resta de vida. Sin embargo, hay reglas que vamos a tener que establecer. La primera, y muy importante, no voy a permitir que me uses para vengarte de Carmen.- dijo advirtiéndole. - Creo que sabes ya cómo me pongo cuando suceden este tipo de cosas.

  • Está bien, es un trato.

  • Aún no termino.- aclaró ella.- Segundo, te exijo respeto. Durante el tiempo que te conozco, he notado tus estados de humor y sé que cuando te enojas olvidas que no soy un trapo con el cual puedes trapear. Tercero, quiero conservar mi libertad.

  • Tu libertad la tienes.- dijo él. - Pero vas a tener que someterte a mis reglas también.

Xavier retiró la charola y la colocó en el suelo. Aprovechando que ahora poseía más espacio, se acercó más hacia la castaña y aunque esto la puso nerviosa en un principio, pronto notó que no tenía nada que temer.

Sus ojos grises lo miraban fijamente.

  • Primero, no soportaré ninguna clase de desplantes de tu parte. Eso quiere decir que comerás conmigo en la mesa y cuando yo quiera, lo harás en mi cuarto.- dijo esbozando una sonrisa astuta. - Segundo, tendrás toda la libertad que quieras, pero entre ciertos horarios. Eso implica que no toleraré que más allá de las cinco de la tarde no estés en casa.

  • Hasta ahora me parece justo.- dijo ella aceptando las peticiones.

  • Aún no has escuchado la tercera parte.- dijo él sonriendo con algo de malicia y astucia en su rostro.- Tercero, eres mi esposa; quiero que duermas en mi cuarto.

Isabella soltó un gritito y saltó de la cama como espantada. Sus ojos marrones impactados estaban fijos en el rubio quien seguía sonriendo, como disfrutando de la situación en la cual la acababa de colocar.

  • Debes estar bromeando…- espetó ella.

Xavier rió sarcásticamente.

  • Yo nunca bromeo.

La castaña no podía creer que él le estuviera pidiendo aquello. Ni siquiera entendía la razón de su petición. Lo conocía ya perfectamente como para poder afirmar que lo hacía para molestarla. Xavier disfrutaba profundamente de la confusión que profesaba la castaña, era un deleite verla nerviosa ante sus insinuaciones. Lo que ella no podía prever era que él ya había decidido desde la mañana, cuando la vio tendida en su cama, que iba a domesticar a aquella indomable joven. Por supuesto, no quería admitir aún la atracción que había nacido dentro de él y que desde aquel día no haría más que crecer; llevándolo a la más intensa pasión que nunca pensó poder llegar a sentir por alguien.

  • Creo que no me gusta esa parte del trato.- dijo Isabella suavemente.

Xavier rió.

  • Qué curioso ¿no? Porque es mi parte favorita.- le dijo penetrando su mirada en ella, lo que con seguía alterarla más de lo que ya estaba.

  • No veo la razón por la cual no podamos tener habitaciones separadas.- dijo ella defendiéndose con lo que podía.

-¿No las ves? Pues te diré algunas bastante valiosas: la servidumbre está sospechando, y bien sabes que los chismes corren como viento. Si más personas se enteran de que no vivimos como marido y mujer¿Eso no terminaría ensuciando tu apellido?

Isabella pareció comprender, y la expresión nerviosa de su rostro logró enternecer al rubio. Xavier no pudo evitar levantarse y caminar hacia ella. La castaña retrocedió al verlo tan cerca mas él logró acercarse más. Él no la tocaba, tenía sus manos lejos de ella, mas su aliento embriagador se chocaba contra el suyo y notó cómo su corazón había comenzado a latir con fuerza ante su cercanía. Un sentimiento extraño, que jamás había sentido.

  • Me tienes miedo ¿no es así?- dijo él mirándola con ojos grises penetrantes. Una media sonrisa se esbozó en su rostro. - Por eso no quieres que te toque...

Isabella esquivó al rubio y caminó hacia el otro lado de la habitación fingiendo una risa sarcástica. Su corazón latía demasiado fuerte ¿Qué era lo que le estaba pasando?

-¡Por favor¿Yo¿Tenerte miedo? A lo único que le temo es a perder mi libertad, ahora, si tú influyes en eso, pues sí, te tengo miedo. En cuanto a lo de que no quiero que me toques es solo lo normal. No somos nada y no soy como Carmen; bien sabes que yo de hombres no sé nada.

Xavier sonrió y deslizó su mirada por el cuerpo de la castaña lo cual la puso más nerviosa. Saber que ningún hombre había poseído aquel cuerpo transformaba la situación en algo más excitante. Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro. No podía evitarlo, disfrutaba tanto de verla tan alterada.

-¿Tienes miedo de lo que pueda llegar a hacerte?- dijo Xavier caminando nuevamente hacia ella mientras la castaña retrocedía. Pronto sintió la pared tras su espalda y se pegó como pudo a ella, tratando de alejarse de él. El rubio la tenía atrapada, mas aún cumplía su parte del trato y no había osado a poner un dedo sobre ella.

  • No.- dijo Isabella casi sin voz. - Eres suficientemente inteligente como para saber que si te vuelves a propasar conmigo sufrirás. Ya me conoces; cumplo lo que prometo.

Xavier sonrió. Sí, ella resultaba cautivante.

  • Eres todo un personaje ¿lo sabías?- dijo mientras se alejaba de ella. Isabella respiró aliviada despegándose de la pared mientras observaba a Xavier, quien volvía a recostarse sobre la cama. - No te preocupes Santa Isabella, no mancharé tu pureza ni corromperé tu virginidad. Bueno, al menos no en realidad, porque créeme, cuando desperté y te encontré en mi cama muchas cosas pasaron por mi mente.

Isabella se sonrojó escandalosamente y lo miró algo ofendida.

-¡Eres un vulgar!- dijo mientras salía de la habitación. Xavier permaneció riendo.

Isabella se apoyó sobre la puerta. Su respiración era tensa y profunda. Cerró los ojos dejando que las pestañas acariciaran sutilmente sus mejillas rosadas. Su cabello castaño estaba recogido en una media cola, con una cinta blanca, al igual que su bata larga y sedosa. Hermione la observó esperando cualquier nuevo movimiento. Se había quedado media hora más en el jardín y finalmente decidió subir, mas ahora parecía encontrar difícil el poder entrar al cuarto que desde aquel momento compartiría con Xavier.

Draco dio un respingo.

  • Va a moverse o qué?- dijo fastidiado.

Hermione no dijo nada. En lo posible trataba de no cruzar palabra alguna con el rubio.

Isabella se despegó de la puerta y dio media vuelta, quedando frente a frente con ésta. Su mano rodeó la perilla y la giró.

Ya estaba adentro.

Xavier se encontraba sentado en una silla de cuero negro que descansaba frente la ventana. Sus ojos grises brillaron con intensidad al verla. Ni un solo gesto facial se mostró en él. Su mirada estaba clavada en ella. La castaña cerró la puerta tras de sí justo después de que Hermione y Draco lograron pasar.

  • Dónde estabas?

  • Por ahí

  • Esa no es una respuesta

  • Para mí lo es.- dijo ella conservando su tono jovial, no quería más disputas, pero no por ello iba a permitir que él controlara cada uno de sus movimientos. Aquello terminaría asfixiándola.

Un fugaz destello de rabia pasó por los ojos grises imperturbables de Xavier, sin embargo pareció contenerlo y habló con tono moderado.

  • No me desafíes, odio que lo hagan

  • Si mal no recuerdo, eso no estaba en el trato.- dijo astutamente la castaña. -Quedemos claro en algo, y eso es que no soporto que me controlen. Estaba en la casa eso es lo importante no? Qué importa en qué lugar? Es irrelevante. Resulta asfixiante.

  • Asfixiante?- dijo él retándola mentalmente. - Isabella, no tienes idea lo asfixiante que puedo llegar a ser si me lo propongo. No provoques que lo sea.

Ella rió.

  • Claro, tú tienes las cadenas en mano; yo soy la que las lleva puestas. Solo tienes que tirar para apretar más para llevarme a una agonía infinita.

  • No seas exagerada!- dijo él levantándose del mueble y caminando hacia la ventana sentándose en el marco de ésta.

  • Digo la verdad, o no es así?- inquirió cruzándose de brazos.

Hubo un silencio por varios segundos. Xavier miraba por la ventana fríamente, una media sonrisa de esbozó en su rostro.

  • Puede ser que tengas razón.- dijo fijando sus ojos nuevamente en ella. - Pero estoy tratando de ser lo más flexible...

  • Pues no lo estás haciendo bien.- dijo ella mordazmente.

  • Enséñame entonces.- pidió él. - Pero te advierto, hay cosas que no cambiaré.

Isabella caminó hacia la cama y se sentó.

  • Tu machismo es desmedido, así no lo quieras admitir así es. Crees que cualquier mujer que viva bajo tu techo es un objeto de tu propiedad. Te doy las últimas noticias del mes: eso no es así. Te molestó tanto el que llegara a esta hora a dormir porque no sabías en qué parte de la casa estaba, o qué estaba haciendo. Te molesta no tener el control de las cosas, y por mi parte, me enferma ser manejada como un títere. Creo que aquí radica un grave problema de convivencia, no crees?

  • Completamente de acuerdo.- dijo él mirándola fríamente. Sus ojos eran dos témpanos de hielo, brillantes y furtivos. - Siempre he sido posesivo.

  • Y yo muy desprendida.- agregó ella. - Desde que nos casamos he sido yo la que ha tenido que ceder a todo. Ahora es tu turno de ceder. Cuando salgo de la casa he aceptado atenerme a un horario fijo, pero más allá de eso, el decirte en qué lugares me encuentro cada segundo me resulta incómodo. Nunca he tenido que darle cuentas a nadie. Yo no te pregunto en dónde estás no mucho menos así que espero lo mismo de tu parte.

  • Me parece bien.- dijo él - Trataré de ser más flexible.

A Isabella le sorprendió el que estuviera tomando sus pedidos tan maduramente. Por supuesto, ella no sospechaba que era tan solo por la culpa que él aún sentía por haberla llevado consigo a aquel desastre. Quería causarle el menor daño posible, era lo menos que podía hacer.

La castaña pareció tomar aire y armarse de valor. Xavier notó el nerviosismo en sus intensos ojos marrones. Ella lo miró firmemente.

  • Hay algo más.- dijo repentinamente

  • Dime.

  • No voy a dormir aquí contigo.

Xavier no despegó ni un instante sus ojos de ella, parecía estarle clavando la mirada con fuerza. Ella se mantuvo en su posición sin decir nada. Había tomado una desición y esperaba que ésta fuera respetada.

  • No.- dijo él bruscamente.

  • No voy a dormir aquí!- dijo ella decididamente.

  • Si vas a romper el trato entonces lo haré yo también y no saldrás de ésta casa.- dijo él amenazadoramente- Entiende que lo hago por ti.

  • Qué? Por favor!- dijo ella levantándose de la cama exaltada. - Nada haces por mí! Todo es por ti y tu ego!

Xavier caminó hacia ella obligándola a retroceder. Cuando ya no hubo cómo escapar, ella levantó la mano mas él la agarró por la muñeca.

  • Te salvé la vida o no lo recuerdas?- dijo él mientras en sus ojos brillaba un fuego intenso. - Si duermes sola no estaré seguro de que estás bien protegida. Es peligroso.

  • Que yo sepa esa vampiresa vino para llevarse algo tuyo no por mí.

  • Te equivocas engreída,- le dijo sin soltar su muñeca. - Eres una necia que no ve más allá de sus ojos. Si tan solo hubiera querido llevarse la llave de mi cuenta lo habría hecho y se habría ido inmediatamente. Sin embargo, se quedó. Por qué crees que lo hizo?

Los ojos de Isabella parecieron deshacerse y un destello de temor brilló en ellos.

  • Dices...dices que vino por mí?

  • Por la llave, y para matarte obviamente.- dijo Xavier soltando la muñeca de la castaña. - No me sorprende que hayan descubierto tu vínculo con los opositores dentro de la guerra. Eres peligrosa para ellos.

  • Pues poco me importa.- dijo ella. - No pienso dejar mis ideales.

  • Haz lo que quieras. Pero me temo que no será la última visita que tengamos. Cuando descubran que tengo infiltrados y que tú te relacionas con los opositores volverán. Por eso, vas a dormir conmigo. Y no es cuestionable.

Isabella miró al suelo sin decir nada. Xavier la observó por unos instantes y poco a poco fue acercándose. Tomó su barbilla y la levantó obligándola a mirarlo directamente a los ojos.

  • No quise levantarte la voz.- dijo él temiendo que su actual estado fuera de resentimiento.

  • No es eso.- dijo ella pensativa, muchas cosas cruzaban por su cabeza ante la noticia de un posible peligro. La verdad era que no le importaba morir con tan de seguir su causa y defenderla hasta el final. Pero con todo esto, había comprendido que era hora de darse prisa en encontrar guerreros.

Un temblor de tierra los llevó bruscamente hacia el suelo de la sección prohibida. Hermione levantó la cabeza y encontró la sonrisa de William recibiéndolos.

  • Ya son las 12, Feliz Navidad!

Draco salió de la sección prohibida y se sentó en una silla de la biblioteca. Pasó su mano por su cabello rubio y dejó salir un grito de rabia mientras trataba de tranquilizarse. Hermione lo había mirado despectivamente y se había quedado con William hablando. A él ya simplemente no le importaba más. Ya solo vivía con el fin que una vez se había propuesto y el que nadie nunca conocería. Tal vez eso era lo mejor, que ella lo odiara. Sí, tenía que ser así. De ahora en adelante se encargaría de ser el mismo Malfoy de siempre, el elitista y déspota que aún vivía dentro de él mas había escondido tan solo por ella. No, ya no más. Sería el mismo de siempre, hasta con Hermione. Mientras más lo odiara, mejor. Si no podía tener su amor, al menos tendría su desprecio.

Hermione se aseguró de que Draco estuviera fuera de la sección prohibida para poder sacar el papel arrugado en su bolsillo. Leyó con cierta repugnancia lo escrito por Lucius Malfoy y dejó caer la carta asqueada, mareada. Sus ojos marrones se llenaron de lágrimas de ira e impotencia, mas las contuvo. No, no lloraría más por él. Lo odiaba, y se encargaría de ser quien lo destruyera.

La voz de William resonó por el lugar.

  • Ve a su habitación.

Espero que les haya gustado el capitulo.Recuerden que esta historia no es mía, es de monic.pasen a leer otra maravillosa historia de ella llamada "La revolucion de las Bestias" aquí les dejo el link.  http://www.fanfiction.net/s/2955180/1/La-revoluci%C3%B3n-de-las-bestias-DHPorfavor no olviden comentar.Saludos Magicos!NOX