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Cambiando el pasado — capítulo 29

**- Ve a su habitación.**Hermione fijó sus ojos en él confundida.

  • Qué?

  • Entra a la sala común Slytherin y ve a su habitación. Hazlo el lunes, en la tarde.

La castaña quiso preguntarle el por qué de todo aquello mas no pudo, el holograma desapareció introduciéndose en las páginas del libro.

Respiró profundamente y tomó el papel del suelo metiéndolo en su bolsillo; algún día le serviría para hundirlo. Lágrimas corrieron por sus mejillas. Se detestó por no poder contenerlas ¿Cómo había llegado hasta aquel patético punto? Se sentía agonizar lentamente por dentro. Todo, completamente todo en su interior se había roto desde la noche en la cual lo vio convertirse en uno de ellos ¿Cómo había podido hacerle eso¿Cómo pudo jurar odiar y repugnar a los impuros cuando ella le dio todo lo que tenía? Por un breve instante sintió que era importante cuando estaba entre sus brazos, cuando él la tomaba con fuerza y la hacía suya siempre la hacía sentir relevante. Todo fue una mentira, una gran y asquerosa mentira. Probablemente hacía lo mismo con todas, y ella siendo la idiota de siempre había caído. Quería gritar, golpearlo hasta la muerte y luego escupir en su rostro. Por primera vez en su vida deseó con toda su alma tener las agallas para matar a alguien, solo así hubiera podido deshacerse de él para siempre. Era como una peste que se propagaba por todos sus sentidos y no la dejaban respirar ¿Hasta cuándo¿Hasta cuándo tendría que soportar tanta agonía?

Ginny aplaudió con fuerza mientras todos elevaban sus copas en el aire. La Sociedad de los Poetas de Babel festejaba la navidad en la madrugada. Todos sonreían mientras festejaban. Música clásica en el fondo del escenario le daba vida al lugar en donde los más talentosos escritores de Hogwarts pasaban una velada memorable. La pelirroja miró a Paul quien caminó hacia ella alejándose de un grupo de amigos.

  • Vas a recitar tú esta noche.- dijo él sonriente.

  • Qué!- dijo ella casi atragantándose con la bebida. - No tengo mi carpeta aquí.

  • Debes saberte alguno de tus poemas.- insistió él.

  • Sí pero...

  • Pero nada. Lo han decidido todos. No tienes otra opción.

Ginny rió sarcásticamente.

  • Claro que tengo opción, no pueden obligarme.

Paul la miró sin retirar su media sonrisa.

  • Haz lo que quieras. Pero no te quejes después de que los poetas se quejan de tu actitud. Ya va siendo hora que sepas que aquí todos, sin excepción, son bastante críticos.

Ginny miró a su alrededor y supo que lo que Paul decía era cierto. Humedeció sus labios y miró con ojos brillantes al Ravenclaw.

  • Está bien, lo haré.- dijo ella sonriendo peligrosamente. - Pero tú me acompañarás a donde yo quiera cuando la reunión termine.

Paul quedó algo desconcertado ante la petición.

  • Y a dónde iremos.

  • Ya lo verás.- dijo ella mientras caminaba hacia algunas chicas que discutían junto a las velas flotantes del lugar.

El chico contuvo la respiración por varios segundos. Lo conocía lo suficiente como para saber que nunca nadie lograría conocerla realmente. Era un enorme misterio lo que cruzaba por la mente de aquella exuberante pelirroja. Hacía y deshacía, decía y luego contradecía; un día era algo, y el otro era un ser totalmente opuesto. Ginny tenía una mezcla explosiva de emociones, lo cual resultaba algo peligroso. Paul jamás había conocido a una mujer que sintiera tan intensamente como ella. En ocasiones, hasta tenía algo de temor por ella; sentir con la fuerza con que ella lo hacía podía resultar destructivo, y él lo sabía más que nadie. Sin embargo¿No era su propio reflejo el que estaba observando al ver a Ginny? La misma desesperación y frustración que ella poseía él la cargaba a cuestas. Tal vez la diferencia radicaba en que él sufría por lo que nunca había conocido, y ella por lo que había perdido.

La voz de Ginny en el micrófono pareció sacarlo de aquel trance en el que se encontraba. Aquel tono dulce y penetrante llegó a sus oídos como melodía fresca y pura; y es que así era ella, fresca y limpia de toda impureza. Incorrupta. Perfecta.

*"Todo está oscuro, y en las tinieblas aspiro tu aroma; fuerte, asfixiante. Cortas mi sangre y la absorbes. Tú, monstruo de la belleza, Quieres que muera en brazos del odio Y mi mente te huye Mientras mi alma te clama Enciendes todo lo negro, Tu voz parece de cristal La serpiente que rodea mi cuello Me dice que algún día te irás ¿Te irás? ¿Te irías de mí para siempre? Y si te vas¿te llevarías todo de mí? Por favor hazlo, Porque al mirarme al espejo solo veo tu reflejo Insultante/vanidoso Y en las tinieblas brillan tus ojos, Fríos, Mortíferos. Y ya no me reconozco... Ya no sé quién soy"*Paul sintió como al aire se le escapaba de las manos y mientras todos aplaudían y corrían hacia ella para felicitarla, él permanecía estático, como si su cuerpo no pareciera querer responderle.

Era demasiado tarde;

Ya había quedado atrapado.

Draco clavó sus ojos grises en Hermione cuando ella salió de la sección prohibida. Sus ojos marrones le dedicaron una mirada fugaz y luego fue directamente hacia su maleta. Al sacar su pijama decidió esconderse tras una estantería para poder cambiarse. El aroma de su cuerpo llegó y despertó todos los sentidos del Slytherin. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para no moverse de donde estaba. No tardó más que unos diez minutos. Al regresar tenía un calentador y un sueter que dejaba al descubierto uno de sus hombros. Se dirigió hacia su maleta y la abrió para meter en ella la ropa que había acabado de sacarse de encima.

Fue entonces cuando la pesadilla comenzó.

Un papel arrugado cayó al suelo junto a los pies de Hermione. Draco lo observó y bastó con unos segundos para que reconociera lo que acababa de caer de entre las ropas de la castaña. Sus ojos grises se fijaron con rabia en ella mientras caminaba y tomaba el papel ente sus dedos. Una vez comprobadas sus sospechas, sus ojos parecieron brillar con peligrosa ira contenida, la cual estalló contra Hermione.

  • Qué hacía esto entre tus cosas!- gritó él

La Gryffindoriana se mantenía firme, sin pronunciar palabra alguna. Aún no sabía qué decir. Un desconocido temor creció dentro de ella. Estaba sola, con un mortífago.

  • Respóndeme!- gritó tomando el brazo de la castaña con fuerza y sacudiéndola.

  • Suéltame!- gritó ella golpeándolo en la cara con todas sus fuerzas. - No vuelvas a ponerme un dedo encima!

Draco sintió su mejilla arder al igual que su sangre. Ya no lo soportaba más. No le iba a tolerar aquello ni un segundo más.

El Slytherin la empujó contra la pared haciendo uso de todas sus fuerzas. Por un instante ella creyó que iba a desvanecer ante el golpe que había recibido cuando su espalda chocó contra las piedras frías de mármol. Al ver que seguía en pie y consciente notó que Draco la había aprisionado con su cuerpo, dejándola sin aire. Los ojos grises de la serpiente irradiaban llenos de ira y rabia mientras la miraba directamente a tan solo milímetros de distancia. Hermine podía sentir el dolor de su cuerpo ante la fuerza con la cual estaba aplastado contra la pared. Soltó un gemido de dolor mientras algunas lágrimas brotaron por sus ojos marrones.

  • Te odio!- gritó ella con fuerza

  • Yo mucho más Granger!- dijo él. - Debí haberte matado cuando pude, desde un maldito inicio debí haber apretado tu cuello entre mis manos y verte morir!

Sí, debió haberla matado en aquel preciso instante. Si lo hubiera hecho no estaría sufriendo como ahora. La odiaba. La odiaba por haberle hecho lo que le hizo, por haberlo enloquecido por ella. Quería destruirla, aplastarla como un insecto entre sus dedos. Él vendía su alma para ella y la maldita robaba sus cartas para hundirlo! Se merecía lo peor. Si no se hubiera acostado con ella, si nunca la hubiese escuchado! Cómo quería retroceder el tiempo! Sí, regresar a cuando él era frívolo, cuando no sentía absolutamente nada. Ella lo había hecho vulnerable. Ella tenía la culpa de todo.

  • Vas a pagar en Azcaban Malfoy! Tú y todas las serpientes asquerosas de tu casa! Lo juro! No descansaré hasta que así sea! Voy a destruirte! Voy a hundirte y cuando estés de rodillas voy a escupir sobre ti!- dijo con rabia mientras sollozaba.

  • No antes de que me deshaga de ti sangre sucia!

Hermione dejó soltar un gemido más ante el dolor y la rabia que sentía en aquel instante. Draco se pegó más a ella mientras la castaña gritaba. Sí, que sufriera. Él quería que ella sintiera aunque fuera la mitad del dolor que él ahora estaba viviendo. Todos esos sentimientos lo estaban envenenando; odio, ira, deseo, rabia, amor, desprecio, lujuria ¿Qué era todo aquello sino su autodestrucción? Pues entonces ella se iría abajo con él.

El rubio cortó los milímetros que distanciaban sus labios y los unió en un beso poco sano. Su lengua penetró la boca de Hermione con rabia y desesperación mientras ella lanzaba otro gemido. Trató de empujarlo con todas sus fuerzas mas le fue inútil, lo único que conseguía era aumentar la intensidad del beso. Lo odiaba, y a la vez lo quería con todas las fuerzas de su alma. En su lucha por librarse de quien lo único que hacía era lastimarla, trató de levantar su pierna para golpearlo en su parte vulnerable, mas él fue más rápido e introdujo ambas rodillas en la mitad de sus piernas, obligándola a abrirlas y dejándola completamente imposibilitada de moverse.

Harry miraba al techo acostado en su cama. Había intentado dormir, mas se le había hecho imposible. Sus pensamientos lo ahogaban hasta el punto de hacerlo sentir en un claustro infernal. Lamentó, como todas las noches, tener un solo nombre rondando su cabeza: el de Ginny Weasly. Era ella la única que podía acabar con aquella agonía infinita que estaba viviendo. Pasó una mano por su cabeza sintiendo el frio de la noche calar en sus huesos. Por unos breves instantes creyó sentir el aroma fresco de la pelirroja y su tersa piel bajo sus dedos. Era algo imposible. Al principio, su tonta vanidad le había dicho que lo que lo atraía a la Gryffindoriana era un simple capricho. Sin embargo, pronto había caído en la difícil realidad que lo envolvía; jamás podría sacársela de la cabeza.

¿Cómo olvidarla¿Cómo hacerlo cuando estaba en todas partes? Su cabello rojo sangre la diferenciaba de todas las demás... El aire artístico que siempre la había envuelto lo volvía loco cada vez que la observaba y notaba ese reflejo perfecto en su pupila. Su intensa personalidad era tan solo otra de las tantas características que no lo dejaban seguir con su vida ¿Por qué no podía querer a Parvati? Ella era todo lo que cualquier hombre desearía, mas por alguna extraña razón él no. Sí, al notar que se estaba obsesionando con la hermana menor de su mejor amigo decidió poner algo de por medio, y para eso escogió a Parvati. Creyó estúpidamente que sería cuestión de tiempo para deshacerse del recuerdo de Ginny.

Qué imbécil había sido.

Desde el comienzo de su noviazgo las cosas no habían hecho más que empeorar. Ginny había entrado en una etapa de rebeldía incontrolable y preocupante. Él la conocía más de lo que nadie pudiera imaginar, y sabía lo sensible que podía llegar a ser. Harry supo desde un inicio que la noticia de su relación con Parvati heriría a la pelirroja profundamente, mas esperó que con el tiempo ella se olvidara de él y así ambos pudieran seguir con sus vidas. Las cosas no habían salido como él esperaba. La pelirroja se había alejado de sus amigos y cada día parecía descender a esa oscuridad que su soledad le proporcionaba. Hasta había entablado una amistad con un tipo que fue capaz de herir los sentimientos de una de sus mejores amigas. Llegaba tarde a la sala común, no presentaba las tareas, era constantemente multada y ya casi no pronunciaba palabra. Más bien parecía permanecer en un mundo completamente ajeno al suyo. Las pocas ocasiones que sus miradas se encontraron, él pudo notar una barrera que le impidió ver más allá. Cierta ironía se veía reflejada en su rostro, y casi siempre, un destello de odio era directamente dirigido hacia él. Tal vez ella jamás lo comprendería, pero lo único que Harry quería era verla feliz; y con él nunca podría serlo.

Respiró profundamente y escuchó el ronquido de Ron a su lado, corroborando que se encontraba en un imperturbable sueño. Harry lo envidió. Volvió a fijar sus ojos verdes en el techo. Sí, ella lo odiaba ¿Y qué podía hacer él? Nada. Ginny actuaba de aquella forma para hacerlo sentir culpable, él lo sabía. Sin embargo Harry no se arrepentía de lo que había hecho. Tenía que de alguna forma alejarla de él. Ginny merecía alguien que pudiera brindarle seguridad, que la protegiera todo el tiempo y que estuviera con ella siempre. Él tenía aún que resolver demasiados problemas en su vida. La muerte de su padrino no iba a quedar impune; tenía que matar a Voldemort ¿Cómo podría protegerla cuando el simple hecho de ser alguien importante en su vida ya era peligroso? No. Además, su lealtad hacia Ron era incorruptible. Deseaba con todas sus fuerzas poder dejarla ir, poder dejar de quererla como lo hacía. Sin embargo, se vio aquella mañana desafiando al Ravenclaw para que la dejara ¿Por qué tenía que importarle con quién andaba la pelirroja¡No! Tenía que serle indiferente todo lo que le sucediera! Mas por el contrario, si lo que Ginny estaba buscando era volverlo loco, pues bien, lo estaba consiguiendo. Sentía cómo ella se le escapaba de las manos, y riendo danzaba en el borde del abismo sin importarle siquiera el peligro que corría de caer. Lo estaba torturando.

La puerta de su habitación se abrió de un solo golpe y una rubia se lanzó sobre su cama llorando desesperada.

  • Parvati?

  • No está Harry! Es la una de una madrugada y ella no está!- dijo sollozando. - Temo que esté con Paul...por merlín! Qué le está pasando a Ginny!

Hermione dejaba correr las lágrimas por su rostro mientras sentía cómo su cuerpo, antes tenso, ahora se relajaba. No podía creer que aún después de todo lo que él le había hecho ella siguiera amándolo. Tan solo el simple contacto de sus labios y de sus cuerpos aprisionados había bastado para recordarle el profundo dolor que le había causado; aquella herida que solo puede ser hecha por quienes queremos.

Draco sintió cómo la rabia fue poco a poco abandonándolo, y todo fue reemplazado por aquel infinito placer que le producía el saber que la tenía entre sus brazos, forzada, pero al menos la tenía. Por aquellos breves segundos sintió que su constante sufrimiento se detenía repentinamente. Ella era un alivio. Su cuerpo entero temblaba al sentirla pegada a él. Fue en ese preciso instante cuando notó lo profundo de sus sentimientos hacia ella. Antes disfrutaba al tenerla, sí, pero nunca como ahora. Terminó por corroborar que nunca odiaría más a nadie que a Hermione Granger. Después de todo, solo se puede odiar a quien se quiere, y la intensidad de sus sentimientos hacia ella eran tan fuertes como el odio que crecía cada vez que la veía. Sus manos corrieron por su cintura, subiendo por sus costillas y acariciando sus pechos, para luego terminar envolviéndolas en su pequeño cuello. Su beso se volvió más desesperado mientras su lengua profundizaba en la boca de la castaña. Quería apretar sus manos y acabar con la vida de quien había destrozado la suya. Y sin embargo, no podía hacerlo. Sin duda alguna, su devoción por ella superaba la rabia y el dolor que le producía el ser haberse transformado en su esclavo.

El beso terminó cuando él lentamente soltó sus labios de los de ella sin separar sus cuerpos aún. Hermione tenía sus ojos marrones fijos en él sin decir nada, aparecía ante él inexpresiva, con la mirada algo perdida. Soltó sus piernas dejando que éstas se asentaran nuevamente en el suelo y se separó ligeramente. Fue entonces cuando ella reaccionó: todo ocurrió en fragmentos de segundo. El Slytherin jamás vio cuándo ni cómo la castaña logró sacar su varita y apuntarlo mientras con ira contenida lanzaba una maldición prohibida hacia él.

  • Crucio!- gritó mientras un rayo caía sobre el rubio y lo lanzaba metros adelante. Hermione lo había estado practicando mucho tiempo atrás. Sabía que por ser una bruja sin práctica en las artes oscuras su hechizo no sería tan potente como el de los mortífagos, sin embargo esperaba que fuera la suficientemente fuerte para causarle a Malfoy el mayor dolor de su vida.

Y así fue. Draco Malfoy jamás había experimentado en toda su vida un dolor tan grande como aquel. Sabía que el Crucio era incluso más fuerte, sin embargo, la rabia con la cual ella lo había lanzado le había dado cierto poder extra. Sentía todo su cuerpo retorcerse del dolor en el suelo mientras cerraba los ojos gritando. Una vez que el punzante sufrimiento fue cediendo, pudo poco a poco abrir los ojos sin fuerzas siquiera para levantarse y ver a Hermione parada frente a él. Sus ojos marrones brillaban llenos de lágrimas.

  • Vas a pagar todo lo que me has hecho Malfoy, te lo juro.

Con esto dio media vuelta y caminó hacia la sección prohibida, donde durmió encerrada toda la noche.

El calor era insoportable. Aunque en las afueras estaba nevando, la calefacción dentro del castillo estaba demasiado potente. Ginny sentía las gotas de sudor caer por su rostro y rodar hasta su blusa blanca húmeda. Sus mejillas estaban arreboladas cuando a las cuatro de la madrugada se paró frente al retrato de la señora gorda.

  • Pie de calabaza.- dijo y el cuadro se abrió.

Había llevado a Paul a la torre más alta de Hogwarts para enseñarle la vista. Se habían quedado charlando unas horas y después había decidido irse. Sin duda alguna, aquel fue uno de los pocos momentos tranquilos que pasó en aquel feriado. Pensaba en todo esto mientras entraba a la sala común.

Ni imaginaba lo que le esperaba dentro.

No tuvo tiempo ni de reaccionar. Al entrar sintió una mano tomarla del brazo con extremada fuerza hasta llegar al punto de lastimarla. Ron la agitó mientras gritaba en histeria.

  • Se acabó Ginny! Hasta aquí voy a tolerar todo esto! Me escuchas! Me escuchas! Ya no más! Se terminó!

Ginny lanzó una bofetada sobre su hermano con tanta rabia que hizo que él volteara la cara y retrocediera varios pasos. Se sostuvo el brazo que él había tomado notando de inmediato que un morado se formaría allí. El grito de Parvati estalló.

  • Ginny te has vuelto loca!- gritó sollozando. - Cómo pudiste pegarle a tu hermano! Qué te está pasando Ginny! Ya no eres tú! No sé quién eres!

  • Nunca lo has sabido Parvati.- dijo ella reflejando vacío en su mirada mientras sus ojos miel enrojecían de rabia y se humedecían llenos de lágrimas. - Déjenme en paz!

  • Estás llegando al límite!- gritó Harry por primera vez interviniendo. Sus ojos verdes brillaban con fuego intenso. - No te estás dando cuenta que la única que se lastima con todo esto eres tú!

  • Tú cállate!- gritó Ginny caminando hacia él y enfrentándolo. - Tú menos que nadie tiene derecho a intervenir! Te odio!

Aquellas palabras hirieron al moreno, pero más que eso fue la expresión de furia en su mirada lo que lo lastimó irremediablemente. Después de lo dicho, ella pareció sonreír con satisfacción al saber que lo que había expresado había tocado a Harry, era como si disfrutara de cada acto destructor que cometía.

Ya tendría tiempo para llorar y arrepentirse después.

Ahora solo quería desahogarse.

Parvati la tomó por el brazo obligándola a volverse y a quedar frente a frente con ella.

  • Estabas con él no es así! Él tiene la culpa de todo esto yo lo sabía! Es demasiado existencial! Te está arrastrando hacia todo esta negrura que lo cubre! Qué no comprendes que él no te quiere? Solo te usa! Como lo hizo conmigo!

Ginny no comprendió por qué sintió tanta rabia al ver que hablaban así de la única persona que en aquel momento ella consideraba su amigo.

  • Sabes cuál es tu problema Parvati! Que no puedes comprender por qué él sí logró sentir algo por mí y tomarme enserio cuando a ti no te vio más que algo pasajero. Te pediría de favor, que no volvieras a hablar así de él enfrente mío. Porque tu vanidad y egocentría me la he tragado todos los días Parvati! Pero esto, esto no.

Los ojos de Parvati se llenaron aún más de lágrimas mientras se quedaba ahí, estática. Ginny quería morirse en aquel preciso instante. Ella jamás la entendería. Nadie podría entenderla. Dio media vuelta y subió corriendo las escaleras dejándolos ahí, impactados.

Durante varios segundos nadie dijo nada. Parvati miró al suelo y Harry caminó hacia ella abrazándola, sintiendo que así tal vez, podría al menos consolarla.

Ron levantó la cabeza por primera vez desde el golpe y miró lleno de ira a sus amigos. La rubia trató de interceder por su amiga.

  • Ginny está mal...tenemos que ayudarla...

  • No.- dijo bruscamente el pelirrojo. Sus ojos parecían furiosos y a la vez decididos. Harry jamás en su vida lo vio tan firme en algún punto. - Ella ya no es más mi hermana.

  • Ron!- dijo Parvati mas el pelirrojo caminó sin escucharla hacia las escaleras.

Aquellas serían las peores navidades.

Hermione despertó en el suelo de la sección prohibida. Sintió sus labios resecos y por ello los humedeció de inmediato. La luz del día penetraba por los cristales de la ventana anunciándole el nuevo día de Navidad. Su cuerpo adolorido le pidió a gritos una cama. Fue entonces cuando los recuerdos golpearon intensamente su cabeza.

Sí, le había lanzado una maldición a Draco. Ni siquiera podía reconocerse en aquel acto ¿Por qué había hecho algo semejante? Sin duda alguna él se lo merecía. Se había unido a los mortífagos...a Voldemort, jurando odiar a los impuros cuando ella le había entregado su cuerpo y lo más importante, su alma y vida entera ¿Cómo pudo traicionarla así? Durante todo aquel tiempo se había engañado falsamente diciéndose a sí misma que lo que sentía hacia él era odio y nada más, sin embargo, la noche anterior había caído en la patética realidad de que estaba enamorada de su peor enemigo. Draco se lo había recordado, y por ello, lo había lastimado de la peor forma que se le ocurrió en aquel momento. Sí, quería que él sufriera, ahora lo único que quería era verlo aplastado. Frías lágrimas corrieron por sus mejillas.

"No siente nada...él no siente nada!" se dijo mientras sollozaba y apretaba sus manos en un puño. "Eres una tonta, una tarada! Él no te quiere..."

¿Cómo no lo había notado desde un principio? Sus ojos fríos se lo decían todo el tiempo! En el fondo ella tenía que haber sabido que él jamás la querría ¿Por qué se había auto engañado de aquella manera? Lo único que logró fue lastimarse terriblemente. Ahora solo podía sentirse agonizando en un dolor perpetuo. Desde el día en el cual lo vio convertirse en uno de ellos todo había cambiado. Todas las noches tenía pesadillas en las cuales ella huía en la bosque y al final Draco la apuntaba con su varita lanzando la maldición Avada Kedavra.

  • Buenos días Hermione.- dijo William llamando su atención. - Por qué esas lágrimas?

Hermione se secó las gotas que caían por sus mejillas y se levantó sin decir nada. William la observó caminar hacia la puerta y salir. Al final sonrió.

Solo él sabía cómo iba a terminar todo aquella historia.

Cuando Hermione salió observó nuevamente el desayuno puesto en la mesa para ella. Draco estaba ya vestido y se encontraba sentado en el marco de la ventana. Sus ojos grises huecos se fijaron en ella. Hermione jamás sintió una mirada tan fría e inexpresiva como la que le dedicó en ese preciso instante.

  • Come, y luego vístete.- dijo él con voz neutra. - Regresaremos al pasado lo más pronto posible.

Con esto Draco se levantó y caminó directamente hacia ella. Por un momento la castaña creyó que le haría algo, sin embargo se limitó a cruzar por su lado sin decir nada y entró a la sección prohibida dejándola sola.

Lágrimas volvieron a correr por el rostro de la Gryffindoriana mientras caminaba hacia la mesa. Se sentó y respiró profundamente.

  • Feliz Navidad, Hermione Granger.

Ginny abrió los ojos y sintió cómo la realidad golpeaba su rostro con una fuerza espeluznante. Sí, había abofeteado a su hermano y gritado a Parvati ¡Cómo odiaba su carácter explosivo¿Por qué tenía que ser tan impulsiva¡Pero es que ellos ya se estaban pasando de la raya! Había llegado a su límite. Se pasó una mano por su cabello rojo y miró el reloj que marcaba las diez de la mañana. Todos debían estar desayunando abajo y abriendo los regalos.

  • Ni loca bajo.- se dijo mientras se cubría con la cobija.

Tenía que pensar en algo. No quería pasar Navidad junto a Ron, Parvati ni mucho menos junto a Harry. Bien podía quedarse en su cuarto el resto del día. Sí, esa era una buena idea. Podía escribir y escuchar música. Por primera vez aprovecharía su soledad para descargar toda la rabia que la estaba intoxicando. Ella se merecía aquel tiempo a solas. Después de lo que había sucedido la noche anterior dudaba que ninguno de sus amigos la buscara así que el plan era perfecto. Sintió un dolor en el pecho.

Estaba sola.

En realidad lo había estado desde el noviazgo de Harry con Parvati. Sabía que ya las cosas no podrían ser iguales. Lamentaba profundamente que su amistad con la rubia se viera afectada, pero le resultaba imposible seguir como antes cuando nada era como solía ser. Ginny podía ser de todo, menos hipócrita. Prefirió alejarse y dejar que los demás sean felices, ya que ella no lo era. Por el momento lo único que ella podía darles era problemas, por eso era mejor que se separaran ¿Cómo soportar ver a Harry abrazando a Parvati¿Besándola? Era más de lo que podía tolerar. Pudo sentir las lágrimas llegar a sus ojos y querer salir, mas las contuvo y con ira lanzó la almohada contra la pared. Se metió la cobija en la boca para contener un grito de auxilio.

Nadie podría ayudarla.

Lavander le quitó el libro a Luna y lo cerró bruscamente dejándolo sobre el césped. Parvati parecía sumamente angustiada y no notó el gesto que su amiga tuvo. Las tres chicas se encontraban sentadas bajo el gran roble en aquella mañana. El desayuno había estado completo mas casi nadie había comido. Parecía que aquella Navidad todos habían perdido el ánimo. Tenían razones de sobra.

  • Estaba leyendo...- dijo Luna inocentemente mientras parpadeaba algo perpleja.

  • Estamos hablando de algo importante!- dijo Lavander llamando la atención de la rubia. - Vives en otro universo!

  • Ah?- dijo Luna confundida.

  • Ah estás volada! Ginny! Hablamos de Ginny!

Lavander se rindió y sostuvo su cabeza con ambas manos tratando de tranquilizarse.

  • Creo que si ella quiere estar sola debemos dejarla.- dijo Luna. - Es su decisión.

  • Me preocupa demasiado.- dijo Parvati por primera vez interviniendo en la conversación. - Ginny no es así, desde que se juntó con Paul todo este asunto ha suscitado inesperadamente. Me angustia pensar que ella podría sufrir a su lado.

  • Por qué dices que va a sufrir?- dijo Luna con voz suave.

  • Porque Paul no la quiere.- dijo Parvati como si fuera lo más obvio. - Lo conozco, es del tipo que no puede mantener un a relación estable. Además, es bastante existencialista, tiene cosas raras en la cabeza.

  • Y eso qué tiene de malo?- inquirió la rubia.

  • Ah Luna! Eres tan inocente!- dijo Lavander.

  • Es que no entiendo cuál es el problema.- dijo Luna. - Parvati, no crees que es posible el que Paul de verdad sienta algo por Ginny?

Parvati se quedó en silencio. Aquella posibilidad ni siquiera había cruzado por su mente. No, simplemente eso no podía ser. Tal vez era aquella egocentría que nutría a la Gryffindoriana lo que no la dejaba ver más allá de sus narices. Siempre se había creído la sobresaliente en su grupo de amigas y de cierta forma siempre había sido ella quien llevaba las riendas. Hermione era antisocial y la cerebrito del grupo, Luna tímida y reservada, Lavander parlanchina y alocada, Ginny cambiante e impredecible; por el contrario, Parvati era la más popular y bella de Gryffindor, sin contar el que siempre había tenido esa actitud de líder y de perfecta amiga. Su vanidad le impedía creer aquello de que Paul, habiendo sido su novio, se hubiera enamorado de Ginny y no de ella en su debido momento. Aquello sería como admitir, que la pelirroja de cierta manera la superaba y eso no cabía en su mente. Se sintió un poco culpable ante tal pensamiento. Por supuesto que la pelirroja no era inferior a ella; era de sus mejores amigas. Entonces¿por qué no había considerado antes la opción de que él se hubiera enamorado de ella? No, ya no podía quedarse más pensando en aquello. Paul no podía haberse fijado en Ginny, no cuando ella era más bella y tenía más personalidad. Cualquiera que estuviera en la mente de Parvati hubiera creído que la rubia seguía sintiendo algo por el Ravenclaw, mas la realidad era una completamente distinta. Se trataba de que ahora veía su vanidad cruelmente herida. No podía quedarse más tiempo con la duda, tenía que hablar con él.

  • Parv! Mira quién va allí!- dijo Lavander señalando al campo.

La Gryffindoriana fijó sus ojos avellana en el castaño que caminaba con algunos libros en brazo. Era su oportunidad.

Antes de que sus amigas pudieran detenerla se levantó y caminó directamente hacia donde el Ravenclaw estaba. Su aire de misterio como siempre lo envolvía y muchas chicas que se encontraban alrededor suspiraban tratando de imaginar cómo sería estar junto a él. Todas se pusieron celosas al ver a la Gryffindoriana dirigirle la palabra.

  • Hola necesito hablar contigo.- dijo ella bruscamente.

Paul fijó sus ojos verdes en la rubia y con su mismo gesto inexpresivo respondió.

  • Veo que no has perdido tus modales Parvati. Sé de lo que quieres hablar, de hecho, me sorprende que no hayas venido antes.

  • Mira no estoy para rodeos. En cuanto a mis modeles creo que no esperabas que te preguntara cómo estabas o algo por el estilo no es así? Bien sabes que a mí las hipocresías no me van.

  • No entiendo por qué tienes que ser tan agresiva. Yo no lo estoy siendo contigo

La Gryffindoriana sabía que era cierto. Incluso, en el momento en el que él la dejó, siempre fue amable. Sin embargo ella se había empeñado en ser arisca con él. Tal vez era también por su orgullo y vanidad.

  • Mira, te voy a poner los puntos muy claros Paul. Ginny es una de mis mejores amigas y voy a defenderla de ti cueste lo que me cueste. Si le haces daño, voy a sacarte los ojos y se los daré a los cuervos. Haré que sufras por el resto de tu patética y antisocial vida.

Paul no pudo evitar soltar una risa algo irónica. Trató de organizar sus ideas antes de hablar, no quería decir algo que fuera demasiado hiriente hacia la rubia.

  • Parvati, entiendo tu preocupación. Creo que me conoces lo suficiente como para saber que no miento, soy bastante honesto así que diré lo salga de mi boca y perdóname si con ello te ofendo; preferiría cortarme ambas manos antes que lastimar a Ginny.

La rubia se quedó impactada. Sí, lo conocía bastante, lo suficiente como para saber que aquellas palabras jamás habían salido de su boca para alguien anteriormente. Los ojos verdes de Paul estaban fijos en ella, y al momento de haber pronunciado el nombre de la pelirroja, parecieron encenderse con una viva pasión.

  • Qué es lo que quieres entonces con ella?- preguntó Parvati.

  • Si te refieres a lo que siento por ella, es muy fácil; la adoro, es mi vida.- respondió él, como si fuera algo que se dijese todos los días. - Alguna otra pregunta?

Ella no pudo respirar por varios segundos.

  • Tú no quieres a nadie Paul. Eres un queminportista que se pasa con sus libros en cosas extrañas y fuera de este mundo. Vives en otra realidad que no existe y te quieres llevar a Ginny, quien es muy voluble, contigo. Aprovechándote que es una persona débil de carácter.

Paul rió tristemente.

  • Me da lástima escucharte. Dices que es tu mejor amiga, y no la conoces para nada.- dijo él abruptamente. -Voluble? Débil de carácter? Ginny es la persona más completa que he conocido en esta vida. Ahora, puedo entender el que me veas de la forma en la cual me describiste, y también comprendo que la veas a ella de esa forma, porque eres diferente a nosotros. Parvati, lo siento pero eres demasiado superficial como para entender algo de todo esto. Ni siquiera lo intentes.

  • Quién eres tú para decirme todo esto! Tú no sabes nada! Estoy con Ginny seis años y en un mes crees saber más de ella de lo que yo? Y ahora me dices que yo soy superficial y que Ginny no, y que por eso no puedo entender nada! Me comparas con ella?

  • No quise menos preciarte, si a eso te refieres.- dijo él honestamente. - Ser superficial, no es en si algo malo pero te estoy diciendo la verdad. Dudo mucho que te importe lo que yo piense de ti así que te repito lo que realmente te importa. Ginny está en mi cabeza día y noche, cada minuto, cada segundo; es lo que me inspira todo el tiempo. Sé muy bien que ni tú, ni tus amigos quieren que yo esté a su lado, pero escúchame bien Parvati, porque solo lo repetiré una vez: te respeto, pero si interfieres, no me va a importar en lo más mínimo pasar sobre ti. La única manera en la cual yo podré alejarme de Ginny será que ella me lo pida.

Con esto Paul dio media vuelta y caminó hacia el castillo, dejando a Parvati humillada y sintiéndose por primera vez en su vida, celosa por no acaparar toda la atención

Hermione se levantó del suelo con algo de dificultad. Se sentía mareada y algo confundida. Al principio ni siquiera pudo precisar en qué lugar se encontraba, mas pronto notó que estaba amaneciendo, y que estaba en el cuarto de Xavier.

Isabella se había despertado minutos atrás por la lluvia que golpeaba los cristales de la ventana, mas había permanecido quieta y con los ojos cerrados, tan solo sintiendo el olor a humedad y frescura que la llovizna le traía. Sin embargo, así de repente, se estiró tratando de sacar el cansancio de su cuerpo y al hacerlo topó con su mano derecha el cuerpo caliente que se encontraba a su lado. La impresión fue tan grande que se sentó bruscamente en la cama y al recordar en dónde se encontraba se tapó la boca.

Por suerte Xavier no despertó, seguía en un profundo e imperturbable sueño. La castaña suspiró y se recostó nuevamente con precaución. Estaba a punto de volver a quedarse dormida cuando sintió el calor de una mano sobre su abdomen. Abrió los ojos bruscamente y notó que el rubio la observaba con sus ojos grisáceos algo suspicaces.

  • Qué haces despierta tan temprano?- preguntó él con una voz algo ronca.

  • Me despertó la lluvia.- dijo ella retirando la mano de Xavier fuera de su estómago.

  • Eres una masoquista.- dijo él mientras cerraba los ojos nuevamente. - Nadie se levanta a ésta hora.

  • Tú lo estás no es así?- dijo ella audazmente.

Xavier rió y se sentó en la cama restregándose los ojos. Su cabello rubio despeinado, cayendo perfectamente sobre su frente lo hacía ver como un Dios. Isabella no pudo dejar de sonrojarse al ver que el rubio no cargaba camisa, por ello volteó la mirada sintiéndose bastante incómoda.

  • Tú me levantaste.- dijo él finalmente.

  • Ahora es mi culpa...

  • Sí. Nunca he dormido con alguien que se moviera tanto ¿Así eres siempre o es solo porque sigues nerviosa?

Isabella abrió la boca pero las palabras no salieron hasta segundos después. Una grandiosa idea se le había ocurrido.

  • Yo no estoy nerviosa.- dijo ella fingiendo tranquilidad.

Para Xavier aquello de intimidarla se había vuelto en un placer extasiante que no podía abandonar. Quería contenerse y dejarla en paz, pero no podía; disfrutar de aquella inocente pureza era demasiado tentador.

Isabella tenía su cabello regado por la almohada mientras cerraba los ojos tiernamente. El rubio sonrió y se acercó hasta hundir su cabeza en el cuello de la castaña, absorbiendo aquel aroma exótico que había estado aspirando toda la noche. La primera reacción de la chica fue empujarlo, pero eso duró menos de dos segundos; la risa terminó venciéndola.

  • Me haces cosquillas!- dijo ella riendo al sentir la respiración del rubio directamente en su cuello.

  • Lo siento, no puedo evitarlo; hueles demasiado bien.- dijo mientras aspiraba su aroma con más fuerza. Isabella rió más.

Xavier nunca tuvo más ganas de llenarla de besos como en aquel instante. El simple hecho de que ahora, en lugar de reclamar estuviera riendo, le decía nuevamente que quien estaba a su lado era una niña con cuerpo de mujer. Y sí, la inocencia era lo que la mantenía pura de todo. En aquel momento recordó a Carmen¡Cuán distintas eran!

Sus delicadas manos lo empujaron lejos mientras ella aún permanecía riendo sobre la cama. Era hermosa¿Por qué no lo había notado antes? Sí, tenía algo que la había brillar de una forma especial. Una vez que se tranquilizó, Isabella fijó sus ojos marrones en él y sonrió.

  • Voy a salir.- dijo mientras se levantaba.

Xavier sintió, involuntariamente, un impulso de preguntarle a dónde. No podía evitarlo, el hecho de tan solo saber que se iría no le bastaba. Estaba acostumbrado a controlar todo, hasta lo que no le pertenecía. Isabella, aunque no lo quisiera admitir, ya era de su pertenencia¿tenía su apellido no? Eso ya lo colocaba a él en un rol de administrador de su vida. Sin embargo, la castaña era bastante atrevida, y no solo eso, sino que insolente hasta llegar al punto de exasperarlo. La conocía bien, y sabía que nada bueno le esperaba si llegaba a contradecirla. Era mejor conservar la paz que hasta ahora se había mantenido entre ellos.

No tenía idea de que aquello estaba a punto de terminar.

Draco sintió un fuerte temblor y tomó de inmediato la mano de Hermione entrelazándola con la suya. Fue cuestión de segundos para que abandonaran la mansión Pirandello y cayeran en medio del bosque.

Tamara estaba montada en el caballo pura sangre. Sus ojos miel recorrieron los alrededores y respiró profundamente. Era tiempo de descansar un poco del viaje. Se bajó del animal con gran agilidad y de unas bolsas sacó un poco de agua. La sed sin duda alguna la estaba matando. Si en aquel momento hubiera estado más atenta, habría escuchado las suaves pisadas que se acercaban hacia ella por detrás. Sin embargo, cuando lo hizo, ya fue demasiado tarde.

Tamara trató de gritar mas una mano le tapó la boca impidiéndoselo mientras que la otra la pegaba contra un árbol. Unos ojos verdes brillantes se clavaron en los suyos y fue entonces cuando se desesperó.

  • Nos volvemos a ver, quién lo diría no?- dijo Tom sonriendo triunfante. - Realmente creíste que me quedaría como si nada después de lo que me hiciste?

La respiración de la pelirroja era agitada. Poco a poco el moreno fue sacando la mano de su boca, permitiéndole así contestar.

  • Me seguiste...

  • Eres inteligente después de todo.- dijo él manteniendo su sonrisa. - Te imaginas a lo que vengo ahora verdad?

  • Ojo por ojo...

  • Diente por diente... qué bueno que lo sabes. Me llevaré tu caballo, y ya verás cómo haces para salir del bosque sola.

Tom la soltó y caminó hacia el caballo pura sangre, el cual lo recibió de inmediato dejándose montar por el extraño. La pelirroja lo miró con angustia clara reflejada en su rostro.

  • Espera! Por favor no lo hagas! Tengo que llegar lo más pronto posible a la ciudad!

  • Debiste haber pensado en eso antes de dejarme en la selva petrificado, no te parece?

  • Te daré lo que sea.- dijo ella. - Lo que me pidas.

Tom rió.

  • No tienes nada que pueda servirme.

  • Puedo ser de mucha utilidad y lo sabes. Por favor! Necesito hablar con Isabella Shawn!

Un breve silencio pareció perturbar al moreno repentinamente. Sus ojos verdes se habían clavado como espadas en los de la pelirroja.

  • Qué tienes que ver tú con Isabella de Pirandello?

  • Eso no te importa.- dijo ella abruptamente.

  • Creo que no estás en condiciones de responderme así.- dijo él molesto.

Tamara respiró profundamente.

  • Asuntos de guerra. No pienso decirte nada.

  • Sube.- dijo él estirando su mano a la chica.

  • Qué?

  • Sube!- dijo él fastidiado. - Vamos al mismo lugar. La mansión Pirandello.