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Cambiando el pasado — capítulo 30

-Sube!- dijo él fastidiado. - Vamos al mismo lugar. La mansión Pirandello.

Isabella se colocó su vestido blanco de siempre, cuyas vastas estaban algo desgastadas por el uso mas no le importó; era normal que esto sucediera mientras a travesaba el bosque. Se sostuvo en cabello ondulado en una cola alta y una vez que se sintió lista bajó las escaleras corriendo, aprovechando que Xavier estaba en la biblioteca para irse sin ser vista. Sabía que si se llegaba a topar con el rubio, éste la acosaría con preguntas interminables.

Hermione y Draco la siguieron, observándola salir por la puerta trasera y descender una ladera hasta introducirse en el bosque en donde siempre se encontraban las aldeas pobres y hambrientas. Les costó un poco más de trabajo cogerle el paso a la castaña, quien ya estaba acostumbrada a ese tipo de aventuras, mas no tardaron en alcanzarla cuando se detuvo en un claro, donde varias chozas se mantenían en pie a pesar de su precaria situación. Varios niños corrieron felices y se abrazaron de la falda de Isabella mientras ella les devolvía una amplia sonrisa. Sus ojos marrones se fijaron en los habitantes del lugar, quienes por el contrario, no parecían muy contentos. Sus rostros estaban afligidos sin duda alguna ¿Qué les habría sucedido¿Acaso no les gustó la comida que ella había enviado?

  • Señorita Shawn tenemos malas noticias.- dijo uno de los campesinos sacándose un sombrero puntiagudo agujereado.

  • Dime,- dijo ella curiosa.

  • Nos sentimos muy mal, ya que no sabíamos que usted nos iba a mandar tantos alimentos. Creíamos que no tendríamos más opción que buscar comida por nuestros propios medios. Ya sabe que con la guerra, todo alimento que proviene de la tierra están subiendo de precio, y los dueños del claro no permiten que plantemos..

  • Qué sucedió? Sé más explícito.

El campesino tragó saliva.

  • No sabíamos que nos traería comida. Un día antes de que sus provisiones llegaran, robamos.

El corazón de Isabella pareció dar un brinco.

  • Qué! Robaron! A quién!

  • Hace poco descubrimos que a unos pocos kilómetros, en las profundidades del bosque hay un campo donde tienen a muggles haciendo trabajos forzados. Es todo un campamento. Tienen algunas provisiones en la despensa...y tomamos algunos sacos durante la noche.

  • Qué! Campo de muggles!- gritó Isabella sintiendo cómo cada cabello de su nuca de erizaba. - de qué estás hablando!

Otro campesino habló.

  • Sí señorita. No sé de dónde los sacan, pero los tienen como animales. Todos encadenados moviendo piedras y excavando. Son controlados por unos hombres grandes cuyos látigos interfieren si el muggle para de trabajar. Creo que es una mina para buscar oro. Al dueño le debe salir barato tenerla, ya que toda la mano de obra es de esclavos.

Isabella no podía creer lo que estaba escuchando. Sus ojos se humedecieron llenos de indignación y pudo percibir la rabia crecer dentro de su pecho. No podía quedarse así, ella tenía que intervenir.

  • Dime exactamente dónde queda ese campamento.- dijo ella decidida.

  • Señorita es muy peligroso!

  • No me interesa!- gritó Isabella exaltada. -Sobre mi cadáver voy a permitir que se trate a muggles como basura! Voy a descubrir de quién es esa famosa mina y haré que pague por la injusticia que está cometiendo. Lo juro! Como que me llamo Isabella Shawn.

Con esto último los aldeanos supieron que no habría forma de hacerla cambiar de opinión. Chispas de ira salían de los ojos marrones de la castaña. Lo único que les quedaba era ayudarla.

  • Verá Señorita, si quiere ir para allá al menos le recomiendo que se disfrace. Ver a una mujer es más fácil que a un hombre. Aquí le podemos prestar pantalones, y un sombrero en donde oculte su cabello.

  • Perfecto.

Hermione pareció congelarse por un breve instante. Había acabado de recordar de qué mina se trataba ¡Por supuesto¡Era la mina que Xavier manejaba y en donde había tenido sus primeros encuentros con Carmen!

La puerta se abrió levemente.

Luna observó el cabello color sangre de a pelirroja esparcido por la almohada al momento de entrar. Ginny levantó la cabeza al sentir que alguien había irrumpido en su cuarto y le sorprendió el que fuera nada más y nada menos que la Ravenclaw.

  • Luna, cómo entraste?- preguntó ella sentándose en la cama.

  • Es navidad, no fue muy difícil convencer a la señora gorda.- dijo la rubia sonriendo mientras se sentaba a su lado. - Vine a traerte tu regalo. Como no has salido en todo el día tuve que buscarte. Quería dártelo personalmente.

Una sonrisa tierna se dibujó en el rostro angelical de Luna. Ginny tomó el regalo y lo abrió lentamente hasta descubrir su maravilloso contenido.

  • Todas las obras de Baudelaire! En un solo tomo!- exclamó la Gryffindor emocionada.

  • Y está autografiada. Mi abuelo era fanático de él y cuando aún era jóven fue al lanzamiento de su libro. Ahí consiguió la firma.- dijo Luna sonriendo. - Sabía que te gustaría.

Ginny sonrió ampliamente.

  • Tú de alguna forma siempre sabes todo.- dijo ella mientras su sonrisa se desvanecía mostrando la gran tristeza que realmente sentía.

Luna suspiró y con su delicada mano tomó la barbilla de su amiga obligándola a mirarla a los ojos.

  • No entiendo por qué tú y Harry se hacen esto mutuamente. Van a terminar matándose.

  • Qué dices?- dijo la pelirroja sorprendida. Después de Hermione, Luna era la única que parecía haberlo notado todo.

  • Soy observadora, aunque muchos no lo crean porque soy despistada a la vez.- dijo ella fijando sus puros ojos celestes en Ginny. - Pero he notado cómo te mira, y esa mirada tiene todo menos amistad. También he visto cómo evitas mirarlo, y tienes razones suficientes; cada vez que sus miradas coinciden parece haber una explosión. Es demasiado obvio Ginny, y es por eso que no entiendo a qué juegan. Parvati, ella va a terminar sufriendo las consecuencias.

  • Yo no juego.- dijo la pelirroja levantándose repentinamente de la cama hasta quedar frente a la ventana. - ¿Crees que no sé el daño que todo esto le puede causar a Parvati? Por eso me alejo, ya no quiero saber nada más de ellos. Ya nada me importa ¿qué no lo ves?

  • Lo veo, y es lo que me preocupa. Actúas sin sentido Ginny, haces cosas que lo único que hacen es lastimar a los que te rodean y a ti misma. Tanto te odias?

Un silencio reinó en el lugar. Pasaron algunos segundos antes de que Luna pudiera notar la débil sonrisa que se había formado en el rostro de su amiga.

  • Sí. No tienes idea cuánto me detesto.- respondió Ginny mientras pegaba su mano derecha al cristal de la ventana. - Me siento encerrada en mí misma, y quisiera destruirme para lograr salir; escapar de mí.

  • Ginny, habla con Harry esto no puedo seguir así.- suplicó Luna inocentemente. - Él no puede seguir con Parvati cuando siente tantas cosas hacia ti.

La pelirroja rió vacíamente.

  • Sentir? Por mí? Luna, sé que me desea como a nadie en el mundo. Lo siento cada vez que sin quererlo choco con sus ojos verdes. Pero sabes qué? Él nunca hará nada. Porque es un cobarde. Y lo odio tanto, o más que a mí misma.

Luna bajó la mirada, sintiéndose impotente, incapaz de ayudar a las personas a quienes más quería. Siempre se había sentido así, pues su alma pura tenía como única ambición ser útil para los demás. Sería por lo mucho o poco que le quedaba de vida, una vital herramienta en la cual nadie dudaría en apoyarse.

Así, aquella angelical y porcelánica criatura moriría algunos años después, sosteniendo la mano de su marido; sin que ni siquiera la muerte lograra llevarse consigo el brillo de su transparente alma.

Hermione tropezó con una rama y cayó al suelo. Habían estado persiguiendo a Isabella durante media hora. Sintió el dolor apoderarse de su pierna mientras dejaba salir un leve quejido. Draco se inclinó para ayudarla, pero en un acto reflejo, la castaña sacó su varita y lo apuntó temiendo que volviera a tocarla. En ese preciso instante, los ojos grises del Slytherin, los cuales habían estado apacibles durante todo el trayecto, parecieron encenderse llenos de ira e indignación.

Hermione tuvo miedo.

Antes de que pudiera hacer nada el rubio la había tomado del brazo bruscamente, levantándola como si fuera todo menos un ser humano y con fuerza desmedida pegado contra el tronco de un árbol. La varita de la Gryffindoriana había caído al suelo.

Draco colocó una de sus manos aplastando su vientre y la otra rodeando el cuello de la castaña, manteniendo una distancia considerable y ejerciendo algo de fuerza que lastimó a la Gryffindoriana. Sus ojos grises se habían clavado en ella como dagas ardientes, y ella no tardó en comprobar que aquella mirada que tan bien conocía era bastante peligrosa.

El Slytherin aplastó aún más su vientre, quitándole la respiración sin soltar su cuello, conciente de que con tan solo un pequeño movimiento podría terminar con la vida de la castaña.

  • Mírame!- ordenó Draco observando que por el dolor, había cerrado sus ojos.

Hermione obedeció sin tener opción.

  • No quiero que vuelvas a apuntar tu asquerosa varita hacia mí, me entendiste Granger?- dijo ejerciendo más fuerza. - Lo toleré la otra noche, soporté tu Crucio débil y patético. No tienes idea de lo que es el dolor verdadero, pero si insistes, yo puedo hacer que lo conozcas.

Hermione dejó salir otro quejido de dolor ante la presión que él ejercía sobre ella. Draco la soltó bruscamente y ella estuvo a punto de caer, mas logró conservar el equilibrio. El Slytherin caminó adelantándosele siguiendo los pasos de Isabella. Ya no le importaba si lo seguía o no. Él había tratado de ser amable, pero no, ella tenía que complicarlo todo, como siempre. Había soportado ya bastantes humillaciones de su parte, suficientes como para odiarla por el resto de su vida. Y sin embargo, mientras más la detestaba más la deseaba. Podía sentirse agonizar cada vez que estaba al lado de la castaña, seguro de que solo bastaba un leve roce de su piel contra la de él para transformarlo en alguien completamente diferente. Pero no, Hermione Granger insistía en pisotearlo, y él ya había tolerado bastante. Dolor? Ella no conocía lo que esa palabra implicaba. Si quería, él podría torturarla de formas en las que ella ni siquiera podía imaginar, mas no lo haría ¿Cómo hacerlo cuando se había unido a los mortífagos precisamente para evitar que sufriera? Resultaba hasta irónico. Ella nunca lo sabría, pero él había entregado su vida para que la de ella fuera segura y pacífica. Había destruido su futuro, para que ella fuera feliz.

Lo había dado todo por ella.

Hermione caminaba algunos metros tras de él. Sentía el dolor recorrer todo su cuerpo intensamente. Quería llorar, sintiendo la rabia y la impotencia de no poder defenderse ante él. Pronto paró al ver que el rubio también lo había hecho. Isabella permanecía escondida tras unos arbustos, mientras poco a poco, abría las hojas para poder ver lo que sería una de las más crueles visiones que tendría en su vida.

Los ojos marrones de la castaña se abrieron como platos y sintió cómo todo su sistema se congelaba ante el grado de sentimientos encontrados que tuvo en ese momento. A lo largo de un campo interminable muggles excavaban mientras uno que otro látigo caía sobre sus espaldas. Algunos lloraban mientras que los guardias reían bebiendo en sus narices. Miles de carretas donde se depositaban piedras estaban colocadas por todo el lugar. En el centro había una gran caja de hierro donde depositaban a los desmayados, quienes no pudieron soportar más tanto trabajo bajo sol y sin agua.

Isabella sintió cómo lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas ¿Quién podría ser capaz de mantener tan cruel lugar¿Cómo podía existir ese tipo de gente en el mundo? Apretó los puños llena de rabia y ante tanta ofuscación resbaló a travesando el arbusto y cayendo sobre la tierra, levantando polvo.

Hermione soltó un grito mientras corrió cojeando hacia donde su antepasado había caído. Pronto, cinco guardias robustos y barbudos se colocaron a su alrededor.

  • Mira nada más lo que nos trajo el viento! Un metiche!- dijo uno de ellos levantando a Isabella del brazo con tanta fuerza que tuvo que morder su labio para no gritar, sintiendo la sangre correr por su boca.

Draco sintió un poco de alivio al ver que al menos creían que era hombre. Los pantalones y el gorro ocultando su espesa cabellera habían sido de ayuda. Isabella miraba al suelo, tratando de que no vieran su rostro de frente ya que así sería fácil que notaran su fisionomía femenina.

  • Qué hacemos con éste ahora! Está flacucho ni siquiera sirve para los trabajos! Además, tenemos muggles de sobra.- dijo uno mientras todos rieron ante el último comentario.

Isabella quiso matar a los bastardos.

  • Enciérralo en la bodega. Cuando el Señor llegue la mandamos con él, haber qué dice.

Hermione sintió el temblor en la tierra y estuvo a punto de caer al suelo, mas Draco fue rápido y la agarró del brazo con fuerza.

Pronto se vieron entre muros de piedra y oscuridad.

Hermione tomó aliento mientras se pegaba al muro que sentía tras su espalda. El frío del lugar había invadido cada parte de su cuerpo. Definitivamente no se sentía bien, aquel día había tenido demasiadas emociones y sabía que su cuerpo le estaba reclamando a gritos descanso. Trató de respirar con tranquilidad, manteniendo el oxígeno puro en sus pulmones. Odiaba aquella sensación de vértigo que tenía cada vez que estaba cerca de los Vampiros. Un escalofrío recorrió su espalda al ver que Draco se movía entre las sombras. Con un tono débil de voz habló.

  • A dónde vas?

  • Sigo la luz.- dijo él secamente. - Haz lo mismo.

Hermione no podía ver casi nada. Sí, una leve luz salía del marco de una entrada en el fondo. Hubiera pedido ayuda al Slytherin, mas su orgullo y la indignación que aún latía en su pecho por la reciente confrontación se lo impidieron. Además, a él no parecía importarle en lo más mínimo si ella lograba alcanzarlo o no. Ahora, sintiendo el extenuamiento de su cuerpo que le pedía a gritos descanso, podía comprender que la aventura que había llevado todo aquel tiempo había sido, efectivamente, demasiado para su salud vulnerable. El estrés que cargaba constantemente sobre sus hombros la había hecho perder el apetito y con él las defensas. Sabía que tenía que cuidarse más, pero con tantas cosas en la cabeza, a penas lograba subsistir dentro de aquel mar de consternaciones.

La castaña caminó apoyándose de la pared y sintiéndo punzadas en la su pierna ¿Por qué había tenido que caerse? Maldijo en su mente el momento en el cualo no vio la rama, y lo hizo sin saber que al mismo tiempo el Slytherin también maldecía todo lo que tenía que ver con ella. Draco Malfoy había llegado a su límite de tolerancia. No quería ni siquiera ver a la castaña. La rabia y el despecho aún latían fuertemente en su cabeza y sabía que ante cualquier pequeña provocación estallaría destruyendo todo a su paso.

Pronto se encontró frente a la entrada de donde provenían los leves destellos de antorchas encendidas. Aquel lugar el cual era extremadamente tétrico para Hermione, para Draco era fascinante. Entró y pocos segundos después lo hizo la Gryffindoriana. Sus ojos marrones se fijaron en Siron, quien permanecía sentado en un trono bastante lujoso con Zulema a su lado. Tomaba la mano de su hermana entre sus dedos y la acariciaba mientras que los ojos brillantes y oscuros de la bella vampireza observaban despectivamente a Morrigan, quien se encontraba parada, a unos metros de distancia de sus hermanos.

  • No comprendo.- dijo la rubia con ojos grises punzantes. - Lilith era importante y ahora dicen que no debemos capturarla.

  • Ya no es importante, y punto.- dijo Siron severamente. - Eres tan insignificante que ni siquiera puedes comprender lo que digo.

Hermione notó cómo los puños de Morrigan se formaban y su rostro trataba de esconder la humillación que sentía.

  • Perdóname por no ser excelente como Zulema, supongo, que debes sentirte orgulloso de tu hermana predilecta.

  • No lo niego.- dijo Siron mientras besaba la mano de la morena. - Es la única a quien considero realmente mi hermana, ha sacado la cara por nuestro clan siempre, y de alguna forma tuve que haber sospechado su grandeza...

Morrigan pareció confundirse ante aquellas palabras mas Zulema intervino con una sonrisa altiva y soberbia.

  • Hermana, ya no necesitamos más de Damona, dejaremos que muera. Ahora, yo soy la Reina.

La rubia pareció impactarse tanto que hizo esfuerzos para no desmayarse. Observó de arriba abajo a su hermana y sus ojos se inyectaron de odio incontenible.

  • Eso es imposible! Para ser Reina tendrías que ser..

  • Fértil? - completó Zulema mientras colocaba una de sus pálidas manos sobre su vientre. - Lo soy...nací con el don.

Siron sonrió y se levantó cediéndole el trono a la bella vampiresa. Morrigan sintió el odio y los celos irrumpir lo mucho o poco humano que quedaba de ella. Zulema siempre la había superado en todo...y ahora...ahora era Reina del clan ¡Cómo la detestaba! Por sus venas secas transitó una demencia justificada. Quería verla arrastrándose a sus pies, y que sintiera por única vez en su vida lo que era ser la segunda en todo. Apretó los puños sin notar que se estaba clavando las uñas en la piel, un líquido negro cayó al suelo desde las palmas de sus manos.

Un vampiro alto y extremadamente delgado ingresó al lugar.

  • Estamos listos para atacar.- dijo él.

  • Ya no es necesario..- dijo Siron mas la mano de Zulema se levantó en señal de que se callara.

  • De hecho, sí es necesario. Solo habrá un pequeño cambio en el plan. Vayan todos y destruyan ese hogar para indigentes, si quieren, cómanselos a todos. Si Lilith está ahí, no la traigan; mátenla.

Hermione se tapó la boca con ambas manos mientras que una sonrisa macabra se formaba en el rostro de Siron.

  • Ya escuchaste desgraciado! Haz lo que mi hermana te dice. De ahora en adelante le deberás respeto a tu Reina.

El vampiro se inclinó haciendo reverencia y salió dispuesto a cumplir las órdenes requeridas. Desde que habían llegado, los clanes no habían disfrutado de un verdadero banquete; ahora anhelaban el olor a sangre, los gritos, el miedo...

Todo lo tendrían ese mismo día.

Ginny observó su reloj, el cual marcaba las seis de la tarde. Había pasado todo el día en su habitación y ya no soportaba más el encierro. Sabía que como era Navidad, todos debían de estar en el comedor festejando unidos, así que casi no existía la probabilidad de que se encontrar con alguien al bajar a la Sala común. Luna la había acompañado durante dos horas, mas tuvo que irse ya que Ron la estaba buscando con desesperación. Después ella cayó sobre la cama y vio pasar las horas sin mover un solo músculo. Necesitaba tomar un poco de aire.

Saltó de la cama de un solo brinco y corrió hacia la puerta. Con tan solo poner un pie afuera se sintió mejor. Definitivamente ella no había nacido para permanecer mucho tiempo en un lugar cerrado. Respiró profundamente mientras bajaba las escaleras, sintiéndose aún más triste al recordar que era Navidad, y que ella estaba completamente sola. Sus ojos miel se congelaron al ver que después de todo, sí había alguien en la sala común.

Harry fijó sus ojos verdes en la pelirroja que apareció de repente. Al principio, Ginny no supo qué hacer, mas tan solo fue cuestión de segundos para que una sonrisa vacía se dibujara en su rostro mientras terminaba de bajar el último escalón y caminaba hasta los muebles. Se sentó en uno de ellos y colocó los pies sobre la mesa, derribando las piezas de ajedrez que se encontraban sobre ella. Su cabello rojo se derramó por los bordes del mueble mientras que sus ojos profundos estaban fijos en el moreno, quien permanecía en el sillón de enfrente.

  • Qué hace aquí el chico más popular de Gryffindor? O mejor dicho, de todo Hogwarts...y por qué no? Del mundo!- dijo exageradamente y con un tono bastante irónico. - Después de todo, no existe alguien que no conozca el nombre de Harry Potter no es así?

  • A qué juegas Ginny? Porque te advierto desde ahora, que no estoy dispuesto a caer en tus sarcasmos.

La pelirroja rió.

  • Harry no seas tan malhumorado, solo estaba formando una conversación. Está bien, tratemos otro tema: hablemos de por qué no estás con Parvati! Sí, ese me parece un excelente tema. Porque bueno, si no está contigo, entonces debe estar averiguando sobre mi vida y metiendo las narices en donde no debe...no lo crees?

Harry clavó sus ojos en los de ella, tratando de descubrir por qué ella parecía disfrutar de aquella patética actuación.

  • No seas venenosa quieres?

  • Crees que soy venenosa?- dijo ella sonriendo. - Porque créeme que puedo serlo aún más.

Harry se levantó del mueble dispuesto a irse, mas la voz de la pelirroja lo detuvo.

  • Por qué te vas tan pronto? Me tienes miedo? Claro! Lo olvidé, siempre le has temido a quienes son directos y dicen la verdad cruda, no es así Potter? Aunque, debemos mantener ésta pequeña debilidad tuya en secreto; tienes idea de cuántas personas se decepcionarían del Niño que Vivió si supieran que le teme a la sinceridad? Uhhh...eso no sería bueno.

El Gryffindor caminó lleno de ira hacia Ginny y la tomó por el brazo, obligándola a pararse y mirarlo de frente.

  • No te soporto más! Qué es lo que quieres de mí eh! Quieres volverme loco! No tienes que hacer más esfuerzos pues ya lo conseguiste! Si lo que querías era destruir a todos los que sienten algo hacia ti pues lo lograste! No sé qué es lo que pasa por tu cabeza, pero no entiendo cómo alguien puede hacer tanto daño y disfrutar de ello!

Ginny borró la sonrisa de su rostro para dedicarle una mirada llena de odio.

  • Eso es lo mismo que yo me pregunto Harry ¿Debiste disfrutar mucho cuando te pusiste de novio con mi mejor amiga no es así? Pudiste elegir a cualquiera que se te cruzara por en frente! Pero no! Tú elegiste a mi mejor amiga! Adivina qué? Aprendí del mejor!

Con un movimiento brusco se soltó del moreno.

Sabes qué es lo peor de toda ésta situación?- dijo Ginny mirándolo con rabia mientras que una sonrisa se dibujaba en su rostro. - Que aunque lo ocultes todo el tiempo, sé que me quieres más de lo que quisieras, y eso, va a ser tu ruina. Hace tiempo que ya no me importo, lo que me pase o no, me tiene sin cuidado; mas sé, que al quererme tanto como lo haces, te duele profundamente cada vez que hago algo para lastimarme. Créeme, que tan solo he comenzado con todo éste teatro, lo mejor está por venir. Y si para herirte tengo que derribarme, lo haré sin dudar.

Hermione logró mantener el equilibrio al pisar el suelo de madera. Observó a su alrededor y notó que se encontraba en la cabaña del campo. Xavier revisaba unos papeles mientras que uno de los guardias estaba parado frente a él. El rubio parecía no poner mucha atención a lo que su empleado decía, mas bien estaba concentrado en los documentos que ahora yacían en sus manos. Fue entonces, cuando el gordo capataz dijo algo que llamó su atención de inmediato, provocando que sus ojos grises se fijaran por primera vez en aquel hombre insignificante.

  • Qué dijiste?- dijo Xavier en tono firme, mientras que su rostro tomaba una expresión severa y sus ojos irradiaban ira.

  • Como le dije señor, un hombre estuvo espiando. Lo metimos en la bodega, esperando sus órdenes.

Draco notó que Xavier estaba molesto. Aquello no estaba en sus planes. Aunque debió haberlo supuesto, ya que en las actuales condiciones del mundo mágico, todos parecían estar metiéndose en lo que no les incumbía.

  • Tráelo. Lo quiero aquí.- dijo mientras que el capataz salía de inmediato.

Hermione se consternó, aquello no iba a ser nada bueno. Sintió cómo su corazón de agitaba ante la situación que estaba por venir. Ya se sentía incómoda de por sí. Se preguntó cuánto tiempo más estarían en el pasado, pues necesitaba descansar de inmediato. Sentía el dolor recorrer su cuerpo, lo único que realmente deseaba en aquel momento era acostarse en su cama y dormir para siempre. Sí, tal vez eso era lo mejor; dormir para siempre. Jamás tener que despertar para encontrarse con el desastre que era su vida.

La puerta de la cabaña se abrió con una patada. El guardia tenía agarrada a Isabella por las muñecas, las cuales estaban atadas en su espalda. Ella había mantenido la cabeza fija en el suelo todo aquel tiempo, mas cuando vio los zapatos de quien estaba enfrente de horrorizó al reconocerlos. Levantó la cabeza, y sus ojos marrones se chocaron con los grises de Xavier, quien cambió su expresión de rabia por una de sorpresa y permaneció estático, sin saber qué decir durante varios segundos.

Isabella mantenía su boca semiabierta sintiendo cómo sus ojos se llenaban de lágrimas llenas de indignación. Sus ideas aún no tomaban un orden metódico dentro de su cabeza. Era él, Xavier...

Los ojos grises del rubio recorrieron a su esposa sin poder entender aún lo que estaba sucediendo. La castaña llevaba pantalones y una blusa blanca. Su cabello largo y salvaje había desaparecido bajo una boina café. El guardia reaccionó antes que cualquiera de los dos.

  • Por merlín es una mujer!- dijo mientras le sacaba la boina y el cabello largo y ondulado caía hasta su cintura.

  • Suéltala, es mi esposa.- dijo Xavier sin alejar ni un instante su mirada de los ojos marrones de la castaña.

El capataz palideció.

  • Yo...no sabía señor...perdóneme yo...

  • Suéltala y lárgate!- gritó Xavier histérico.

Las sogas cayeron al suelo mientras el guardia salía cerrando la puerta tras de sí.

Fue entonces cuando ambos comprendieron la magnitud del problema.

Xavier se acercó a la castaña más ella retrocedió, mirándola con ojos húmedos y decepcionados.

  • No te me acerques.- dijo ella con voz apagada.

El rubio se quedó donde estaba, sus ojos grises observaban a Isabella y notaban la imagen que en ellos se reflejaba. Por alguna extraña razón sentía una presión en el pecho al verla ahí, mirándolo de aquella forma. Se sorprendió al sentir en lo más profundo de su ser, rastros de culpabilidad ante la expresión acusadora de la castaña.

  • Isabella yo..

  • Eres un monstruo.- dijo ella indignada. - Creía muchas cosas de ti, menos esto..

Una llama de ira pareció encenderse en los ojos gélidos del rubio.

  • Son solo muggles, no vengas ahora a darme clases de moral porque no lo toleraré.

  • Xavier son seres humanos! El trato que se les da aquí es inhumano!

  • Son una lacra social Isabella! Son delincuentes que han sido exiliados del mundo muggle por crímenes, merecen el infierno que ahora están viviendo.

  • Nadie merece esto!- exclamó ella indignada. - Si no haces algo al respecto te juro que yo me encargaré de hacerlo!

Xavier encolerizó.

  • Tú no va a hacer absolutamente nada! Me estoy cansando de tus caprichos y ya estoy llegando a mi límite! He cedido bastante pero no lo haré más. De ahora en adelante las cosas van a ser distintas, tú no sigues mis reglas, yo no seguiré las tuyas.

  • De qué estás hablando!

  • Eres la única mujer que conozco que es capaz de disfrazarse para entrar en una propiedad ajena! Tienes idea de lo que te hubieran hecho los guardias si hubieran notado que eras mujer! Te habrían violado!

  • No me importa!.- exclamó ella. - Entiende que para mí mucho más importante era descubrir quién era el degenerado que mantenía esta mina!

  • Precisamente por eso Isabella las cosas van a cambiar. Eres una niña que no tiene idea de los peligros que corre. No puedes pasar por la vida ayudando al que se te cruce por el camino y arriesgando tu propia vida! Eres inconsciente e impulsiva; y no conforme con eso terriblemente necia! Si hubiera sabido todo esto, habría buscado otra forma de vengarme de Carmen sin tener que cuidar de una niña malcriada!

Isabella caminó hacia él y soltó una bofetada sobre él. Xavier fijó sus ojos grises furiosos en los marrones intensos de la castaña, por alguna razón, el hecho de que lo hubiera golpeado encendió una pasión extraña dentro de él. Repentinamente se sintió extasiado ante el difícil carácter de la castaña. Sin embargo, todo esto solo provocó enfadarlo aún más de lo que ya estaba. La tomó del brazo y la pegó contra la pared sin ninguna consideración ¿Quería violencia? Pues eso iba a tener.

Isabella soltó un quejido de dolor al golpearse a espalda sobra el muro. Xavier se pegó contra ella inmovilizándola por completo. El que ella tratara de empujarlo lejos solo lograba intensificar sus intenciones. Era, de cierta forma, excitante poder dominarla aunque sea a la fuerza, ya que de cualquier otra forma le resultaba imposible. Tan cerca de ella, pudo aspirar el aroma de su cuerpo, natural y fresco. Se pegó más a ella, sintiéndola luchar para soltarse sin obtener ningún resultado.

Isabella sintió los labios del rubio rozar con los suyos por lo cerca que se encontraban. Sus mejillas se habían encendido llenas de ira y de indignación. Quería soltarse, pero sin duda alguna él era cien veces más fuerte. Se sintió humillada; ahora él la tenía en sus manos.

  • No vuelvas a golpearme Isabella, porque no sabes de lo que soy capaz.

  • Eres un idiota

  • Y tú una nenita caprichosa. Pero no te preocupes, conmigo vas a aprender a crecer...yo mismo me encargaré de que lo hagas.

Sus labios nuevamente rozaron, y ambos sintieron como un choque de electricidad que los recorrió enteros. La castaña volteó la cabeza para evitar que volviera a suceder. Xavier tenía sus labios a milímetros del oído de la chica. Podía sentir la respiración agitada de Isabella contra su pecho. No pudo evitar desearla en aquel preciso instante.

  • De ahora en adelante quiero que quede bien claro que no voy a ser un títere para tus fines me entendiste? Tus caprichos me tienen sin cuidado, y no pienso ceder ante esto.

Las manos de Xavier se entrelazaron con las de ella, pegándolas a la pared. Toda ella temblaba, y por primera vez sintió tener el control.

  • Solo pido un trato más justo para ellos.- dijo ella en voz baja, sintiendo el aliento cálido del rubio recorriendo su cuello.

  • Solo cuando tú me des un trato más justo a mí.- fueron las palabras frías de él resonando en sus tímpanos.

  • Qué?- dijo ella volteando su cabeza nuevamente, fijando sus ojos en los de él.

  • Lo que oíste.- dijo en un tono bajo, mas bastante firme. Sus ojos no pudieron evitar bajar hacia los labios rosa de la castaña, mas pronto volvieron a concentrarse en su mirada confusa. - No respetas a nada ni a nadie, y eso debe cambiar. Soy tu esposo, y me perteneces. He intentado ser flexible, darte ciertas libertades pero tú pareces abusar de mi paciencia y eso es algo que no toleraré.

  • Pertenecerte? No soy un objeto Xavier.-dijo ella lanzando fuego por su mirada. - Y puede ser que legalmente sea tuya, pero nunca vas a ganarte mi respeto.

Los ojos grises de Xavier se llenaron de ira. Estaba harto de ser rechazado una y otra vez por Isabella. Su orgullo y su ego estaban siendo lentamente aplastados. Ella era la única mujer que tenía el poder de enfurecerlo de aquella manera; la única que se había atrevido a desafiarlo. Él quería ser amable con ella, quería llevar una relación civilizada...

Pero Isabella no le ponía las cosas fáciles.

Xavier la soltó bruscamente, lleno de ira sin dejar de mirarla. Sus ojos despedían furia y su expresión severa mostraba claramente lo que ella había logrado encender en él.

  • Perfecto, tú lo has querido así ¿Quieres que vuelva a ser el mismo de antes contigo? Pues así va a ser. Si no vas a respetarme voluntariamente, no tendré remordimientos en obligarte a hacerlo.

  • Si no haces algo con respecto a esta mina juro que huiré de tu casa! No me volverás a ver jamás en tu vida!

Las palabras de Isabella impactaron a Draco ¿De verdad era capaz de hacer lo que afirmaba? Hermione por el contrario, permanecía atenta y sin ninguna exaltación. Sabía bien, que tratándose de alguien que tenía su misma personalidad, mejor era no sacar conclusiones precipitadas. Podía ser capaz de hacerlo...

Xavier llegó al límite de su paciencia.

  • No vas a lograr escapar de mí Isabella! Ni aunque lo intentes! Te tengo en mis manos y si quiero puedo aplastarte. No me tientes a hacerlo.

El rubio caminó y la tomó del brazo con fuerza.

  • Suéltame!- gritó ella.

  • Vámonos.- dijo mientras la sacaba de la cabaña.