Cambiando el pasado — capítulo 33
Hola a todos, sorry si me demoro en actualizar pero el colegio muggle me tiene ocupada. Espero que les guste este capitulo, según yo, la historia se esta poniendo cada vez mejor :D Sin más rodeos aquí les dejo el nuevo capítulo.
**Aquel fue el comienzo del final.**Isabella subió las escaleras sin importarle si el rubio la seguía o no. Su mente estaba sumamente ocupada pensando la mejor forma de participar en el asunto de la guerra. Definitivamente no comprendía por qué las fuerzas mágicas no habían hecho absolutamente nada hasta ahora. Mantenían oculto el problema cuando informar a la sociedad de los peligros que actualmente corrían era lo que se debía hacer.
Nunca comprendería las leyes que regían al mundo mágico. Era preferible tomar cartas en el asunto sin pedir permiso.
Entró al cuarto y buscó en un cajón un pergamino. Tomó la tinta que se encontraba encima del pequeño escritorio y comenzó a escribir. Xavier cerró la puerta al ingresar y la observó curioso.
-
Qué haces?
-
Le escribo a un amigo que trabaja en los medios de comunicación mágicos. Si decide ayudarme, pronto todos sabrán a qué a tenerse.
-
Crees que van ayudarte?- dijo Xavier sentándose en la cama.- Ni siquiera han pasado en los periódicos el hecho de que vampiros han arribado.
-
Digamos que éste amigo no puede negarse. Si lo hace, sería ir contra su conciencia.- dijo Isabella mientras enrollaba la carta y caminaba hacia las jaulas donde permanecían dos lechuzas: una negra y una gris.
-
Su conciencia? Por qué dices eso...- preguntó él curioso.
Isabella suspiró mientras ataba con una cinta roja la carta a la pata de la lechuza gris.
- Fue un gran amigo de mi padre. En realidad, es mi padrino. Digamos que a Magdalena nunca la cayó muy bien. No lo dejó visitarme después de la muerte de mi padre.
Xavier vio cómo la lechuza voló fuera agitando sus grandes alas. Un rastro de profunda melancolía se había pintado en el rostro de Isabella. Sin duda alguna, había sufrido mucho. Por primera vez sintió que tenía algo en común con ella; ambos estaban solos.
Isabella cerró la ventana y notó que dentro de poco amanecería. Se restregó los ojos sintiendo el cansancio golpearla repentinamente. Lentamente caminó hacia la cama y se dejó caer a un lado. Xavier se mantenía sentado.
-
Si tenemos el ejército, tendré que ir a entrenarlo.- dijo Xavier pensando. - Conseguiré algunos tenientes de las fuerzas mágicas, ellos también ayudarán al entrenamiento. Más voy a tener que estar allí dirigiendo todo lo que suceda.
-
Si...- dijo ella con voz tenue y suave, como de quien ya se estaba dejando vencer por el sueño.
Xavier fijó sus ojos en ella, un enorme sentimiento de protección creció dentro de él. Se recostó al lado de la castaña y acercó su boca al oído de Isabella.
- Quiero que vengas conmigo.- le dijo casi en un susurro.
Los ojos de la castaña se abrieron repentinamente, como si con aquellas palabras hubiera perdido todo el sueño que le restaba.
- Ir a ayudarte a preparar el ejército?
-Sí. No podría dejarte sola en la mansión, es peligroso.- argumentó él.
-
Pero...yo debo evacuar cuando antes las áreas rurales. Lilith no va a poder sola con ese trabajo.- dijo ella pestañeando.
-
Te prometo que habrá tiempo para eso. Todo de ahora en adelante lo haremos juntos. No voy a permitir que nada malo te suceda.
Los ojos marrones de Isabella brillaron y sus mejillas se encendieron ante la sinceridad fría del rubio. Sus ojos grises se clavaban en ella intensamente, mas seguían transmitiendo vacío glacial de siempre ¿Por qué se había puesto nerviosa ante aquellas palabras¡No¿Qué le estaba sucediendo¡No podía ser cierto! "No por favor Isabella, piensa en otra cosa..." se dijo así misma, mas fue inútil.
Miles de ideas con un mismo tema en común bombardearon su mente. No quería siquiera imaginarlo.
Hermione notó claramente por la expresión en el rostro de Isabella lo que le estaba sucediendo, mas no dijo nada a Draco; estaba casi segura de que él comprendía también la situación.
- No necesito que me protejas.- espetó la castaña mirando a un lado.
Xavier dio un respingo y se dejó caer sobre la almohada. Se pasó una mano por el rostro como de quien se sentía frustrado.
- ¿Por qué eres tan difícil!
La castaña cerró los ojos prefiriendo no contestar a la pregunta y acabar con aquella discusión sin sentido. Pronto el sonido de pequeños golpes en la puerta la obligaron a abrir los ojos nuevamente. Xavier se incorporó extrañado y habló.
-
¿Quién es?
-
¿Puedo pasar señor?- dijo la voz tímida de Mika.
-
Pasa.- dijo Isabella sentándose en la cama.
La puerta se abrió y ella pasó.
-¿Qué haces aquí!- dijo Xavier con mal humor.
-
Es que llegó una invitación.- dijo ella entregándole el sobre a Isabella.
-
¿Y no pudiste hacerlo más tarde?- dijo el rubio quejándose.
-
Señor, son las ocho de la mañana.- dijo Mika señalándole la ventana.
Xavier se sorprendió al notar que Mika tenía razón. El tiempo había pasado demasiado rápido.
- Con permiso.- dijo Mika retirándose.
Cerró la puerta tras de sí mientras Xavier pasaba una mano por su cabello.
- ¿De quién es?- preguntó.
El rostro de Isabella pareció ensombrecerse y en sus ojos un destello de molestia apareció con la fuerza de un trueno. Tragó saliva y humedeció sus labios mientras delicadamente guardaba la invitación en el sobre nuevamente. Sus ojos marrones se fijaron irónicamente en los grises del chico.
- Es de tu ex amante, alias, mi hermana.- dijo entregándole el sobre. - Nos invita muy cordialmente a una fiesta que va a dar por el cumpleaños de Andrés.
Xavier notó la ira que despedían los ojos de su esposa. En su rostro se dibujó en su rostro una media sonrisa, como de quien disfruta con la incomodidad ajena.
-
Si no quieres, no tenemos que ir.- dijo él aunque su más ferviente deseo era asistir.
-
No.- respondió ella manteniendo su barbilla bien en alto. - Iremos. Voy a terminar con el jueguito de mi hermana lo más pronto posible.
Hermione se aferró a Draco al sentir el suelo temblar con fuerza insólita. Cerró los ojos tratando de no marearse mientras sentía cómo sus pies se despegaban de la tierra. Pronto cayó sobre el rubio en césped.
Los ojos marrones de Hermione se fijaron en Lilith, quien sollozaba sentada en una roca mientras Steven la observaba apoyado en un árbol. La rubia parecía embargada de un profundo dolor mientras que lágrimas cristalinas rodaban por sus porcelánicas mejillas. La Gryffindoriana se levantó permitiendo que el rubio también pudiera hacerlo mientras prestaba atención a la situación.
Steven se dejó caer al suelo, sentado arrimado al tronco. Pasó una mano por su cabello rojo, mandándolo hacia atrás. Durante varios minutos nadie dijo nada, mas pronto sus ojos miel se fijaron en Lilith, quien no paraba de llorar.
- No fue tu culpa.- dijo él ligeramente.
Aquellas palabras sonaban superficiales en aquel instante.
-
Precisamente...no pude hacer nada por ellos...- dijo mientras lloraba desconsoladamente. Hermione supo en aquel momento que hubiera dado cualquier cosa por quitarle de encima aquel sufrimiento a alguien tan puro y angelical, que sin duda alguna no lo merecía.
-
No entiendo.- dijo Draco. - Qué pasó después de que los vampiros invadieron el lugar?
-
Quieres ver lo que sucedió?- dijo un voz a sus espaldas.
Draco y Hermione se voltearon y chocaron con la imagen de William mirándolos con algo de tristeza reflejada en su rostro.
-
Por qué nos saltaste esa parte?- preguntó Hermione.
-
Porque era peligroso.- dijo William. - Ya bien saben que al estar en el pasado pueden lastimarse, y bueno...la invasión de los vampiros a la cabaña fue Bastante agresiva. Si los dejaba pudieron haber salido lastimados o muertos.
-
Pero... ¿qué pasó con los niños y los heridos por las batallas?- inquirió insistente la castaña.
-
Eso no es algo que pueda explicar, es mejor que lo vean ustedes mismos.- dijo William con una expresión seria.- Tómense de las manos. Les advierto que lo que van a ver no se compara con nada que hayan visto antes…
-
Muéstranos, correremos el riesgo.- espetó Draco cansado de rodeos.
El Slytherin entrelazó su mano en la de la castaña. Hermione lo miró fijamente, mas él evitaba sus ojos marrones a toda costa. William suspiró y adhirió algunas palabras extras
- No se suelten, voy a darles un pequeño regreso a la escena.
Hermione sintió una fresca brisa rozar su rostro y repentinamente las imágenes se volvieron borrosas. Los colores de la realidad se veían mezclados en una atmósfera vaporosa y sin sentido. Pronto se vio apretando su mano contra la de Draco.
Bastaron unos segundos para que pudiera ver la masacre.
Los ojos marrones de la Gryffindoriana, hasta entonces puros e inocentes, completamente alejados de la cruel y fatídica realidad que envuelve al mundo, observaron humedeciéndose los cadáveres que inundaban la cabaña. Todo lo que Hermione Granger había mantenido bajo protección se vio destruido en ese preciso instante.
Antes que la sangre, las moscas y los ojos vidriosos de niños que alguna vez vio correr despidiendo vida, lo que pasó por su mente fueron claras y nítidas imágenes de su niñez; se veía así misma corriendo hacia el parque, a su madre empujando el columpio y a su padre comprándole helado;
Su primer libro, su primer día en la escuela, cuando arruinó la torta de cumpleaños, mientras aprendía a atarse los cordones… ¡Su primer acto de magia! Risas, juegos, abrazos, besos, dulces…Entonces aparecieron ante sus ojos las fotos que vio alguna vez en el periódico muggle de los soldados muertos en guerras, los ataques, luego su vida….lágrimas,
Dolor, odio, repudio, asco, hediondez...sí, como la que ahora despedían aquellos cuerpos fétidos que se encontraban regados por todo el lugar. Por un momento sintió que no podría tolerarlo más, que el olor la obligaría a dejar de respirar y que las visiones confusas de su vida vacía y sin sentido la matarían.
Hubiera querido gritar¡Solo merlín sabía cuánto hubiera dado por poder gritar! Pero su garganta se había transformado en un desierto estéril e inútil. Pasaron varios segundos antes de que pudiera sentir el calor de las lágrimas que caían por sus mejillas ¿Así era la vida¿Esa era la verdadera cara del mundo? Si era así... si esa era la realidad...
Entonces ya no quería vivir más.
Draco Malfoy permanecía estático, sin soltar ni un momento la mano de su amante. Sus ojos grises recorrieron los cadáveres de niños y heridos, todos pálidos con enormes charcos de sangre rodeándolos, y se asqueó de sí mismo al no sentir absolutamente nada.
Todos los cuellos de aquellos seres humanos estaban despedazados, como si hubiesen recibido voraces mordidas una tras otra ¿Podía ser posible entonces que no se inmutara ante aquello? Nunca, en toda su vida sintió tanto odio y repudio hacia su ser como ahora ¿Por qué no podía sentir?
¿Por qué ni siquiera el dolor o el miedo eran capaces de causar algún efecto en él? Tal vez, justificó, era porque la muerte era una etapa con la cual se había educado desde que tuvo memoria. Tenía que estar enfermo, pensó, pues solo una persona con serios problemas psicológicos podía tener un aplanamiento emocional de aquel tipo.
Apretó su mano contraria, formando un puño fuerte y consistente en el cual cargó toda su ira contenida hacia su padre. Él tenía la culpa de lo que ahora era, él lo había convertido en aquella cosa. Sus ojos grises se fijaron en Hermione, quien a su lado sollozaba sin poder expresar nada aún, y entonces comprendió que ya no importaba si su pasado aún lo perseguía, pues ella le había devuelto la vida.
Verla allí, llorando, era suficiente para conmover cada uno de sus sentidos. Sí, era cierto, no sentía nada hacia el torrente de muertos que yacían en el suelo; pero sí ante cualquier pequeño gesto que pudiera provenir de la castaña. Ella lo era todo.
Todo.
Tomó la mano fina y delicada de Hermione y la llevó contra su pecho, haciéndole saber que de alguna forma, él estaba y estaría allí si ella lo necesitaba.
Sus ojos marrones se fijaron en los grises que se encontraban impregnados en ella; eran tan fríos y vacíos, ni siquiera la escena había logrado reflejar algún leve sentimiento en ellos. Supo entonces, que era ella la que siempre había estado equivocada con respecto a todo, sus sueños, sus expectativas, sus ideales.
"Ese es el mundo Hermione, es soledad y muerte" Pensó sintiendo que por primera vez veía. La venda se había soltado, y sus ojos captaban lo terrible.
Ahora podía comprender la expresión hueca de los ojos del Slytherin; él siempre había visto aquella realidad.
¿Cómo había podido estar tan ciega¿Cómo había podido vivir durante tanto tiempo en esa tierra de ensueños en donde todo es perfecto? Los columpios, las risas, los dulces; todo era mentira, una ilusión. La verdad era distinta, seca y detestable.
En el pasado era aquella que ahora presenciaba, y en el presente….en su presente, era Voldemort y todos quienes habían pagado en una inquisición injusta y cruel.
Su burbuja se había roto para siempre.
"Aún ahora la duda prevalece, y mi mente no se acopla a la idea de que hice bien al mostrarles aquel escenario.
Conocía bien que la reacción de Draco sería nula, pero debí suponer que Hermione era demasiado joven y vulnerable como para mirar de frente el rostro del mundo. Sin embargo, creo firmemente en que las decisiones tomadas deben mantenerse, y por ello no hice nada para retractarme.
Lo que pasó pasó, y ella observó lo que no la dejaría dormir en paz durante meses, e incluso años. Tal vez, y creo estar en lo correcto, algo bueno se pudo sacar de esta imprudencia mía...Y debe ser así, porque sino no estaría yo escribiendo esta historia, ni ellos serían los protagonistas"
Un viento los llevó a la sección prohibida, donde pequeños rayos de luz penetraban las ventanas anunciando un nuevo día. Hermione cayó al suelo y sin poder levantarse paseaba la yema de sus dedos por el suelo de piedra. Se estaba ahogando lentamente.
Draco la levantó obligándola a reaccionar y tomando su barbilla entre sus manos. Los ojos marrones de la castaña estaban perdidos, como en un estado de shock. El rubio la agitó tratando de hacerla volver en sí.
- Despierta! Hermione... ¡esa es la realidad! Ya era hora de que la vieras¡era hora de que dejaras de ser una niña!
Hermione fijó sus ojos en él, profundizando en aquellos ojos grises que ahora la miraban pidiéndole que tuviera valor para resistir.
Sus ojos puros y transparentes se ensuciaron con un manto negro mientras se llenaban de lágrimas y comenzaba a sollozar inconsolablemente. El Slytherin sintió un punzante dolor dentro de su pecho, y hubiera dado su vida si era necesario para haberle evitado el dolor que ahora parecía aquejarla.
La rodeó con sus brazos y la abrazó con fuerza, dejando que llorara junto a él mientras el reloj marcaba las 6 de una mañana que ninguno de los dos olvidaría jamás.
Ginny caminaba por los pasillos de Hogwarts hacia el gran comedor, y al llegar a éste, notó un gran alboroto producido por los de séptimo de todas las casas. En realidad, los alumnos parecían mezclarse entre sí como si no existieran casas que los dividieran; claro está, todos menos los Slytherins. Desde lo sucedido el día anterior todos parecían mirar a las serpientes como asquerosas lacras. No había excepción, todos, absolutamente todos despreciaban a los Slytherins, y éste parecía ser solo el comienzo de una división terrible dentro de Hogwarts.Se sentó, completamente alejada de los demás, y comenzó a desayunar. Por alguna extraña razón se sentía feliz aquella mañana. Tal vez era por lo que había hecho la noche anterior.
Sí, debía ser por eso.
Una sonrisa se formó en su rostro y entonces vio entrar a Hermione. Quiso saludarla, pero Harry la interceptó antes que nadie, por lo cual desistió de su idea y siguió desayunando.
La castaña pestañeó varias veces mientras observaba a todos los de séptimo reunidos en la mesa Gryffindoriana. Comentaban entre ellos emocionados por alguna razón que ella desconocía. Harry la había tomado de la mano y arrastrado hacia el lugar en donde se encontraban Parvati, Lavander, Dean, Ron y Luna. Pronto se enteró de lo que sucedía.
-
Éste sábado es el baile de graduación!- dijo Parvati emocionada. - No puedo creer que ya falte tan poco para salir del colegio.
-
Y los exámenes?- preguntó Hermione.
-
Serán dos semanas después del baile.- dijo Ron. - Todavía queda un mes para abandonar Hogwarts así que no te preocupes Herm
Pero Hermione tenía de qué preocuparse. Con todo aquello de regresar al pasado había descuidado bastante sus estudios, y aunque seguía siendo la mejor de su curso, sus notas habían bajo considerablemente. Si no quería fallar en los exámenes finales tendría que empeñarse más. Su cabeza estaba a punto de partirse en dos, ya no podía más con todas las responsabilidades que ahora habían decidido caer sobre sus hombros ¿Era aquella la vida que una adolescente normal debía llevar? No, definitivamente no.
La puerta del gran comedor se abrió con fuerza dejando entrar a Neville, quien sudaba y parecía tratar de tomar aire antes de gritar a todos los presentes lo que había acabado de descubrir.
- Todos! Miren lo que han escrito en la pared del pasillo que lleva a las mazmorras!
La reacción del alumnado fue inmediata. Después de lo sucedido en el comedor el día anterior, todos estaban alertas a cualquier suceso y dispuestos a volver a tomar parte en el asunto si era necesario. Bastaron unos segundos para que la puerta se viera completamente llena de gente tratando de salir. Hermione fijó sus ojos marrones en los Slytherins, quienes lamentaban y maldecían en su mesa, temiendo que se tratara una vez más del mismo tarado traidor.
La castaña se levantó de la mesa y siguió a sus amigos, quienes también se sintieron impulsados a ver lo que ahora había sido pintado en la pared. Ginny los vio salir mientras que ella, pacientemente, seguía desayunando con una amplia sonrisa en su rostro.
Zabini lanzó al suelo los platos y pasó una mano por su cabeza mientras dejaba salir un gemido de rabia que solo logró inquietar aún más a los Slytherins.- Estamos perdidos si es un mensaje contra los sangre sucia! Todos están seguros de que fuimos nosotros!- exclamó él con ira.
-
Lo que hay que hacer es descubrir de quién se trata y punto.- dijo Crabbe mientras seguía comiendo.
-
Nunca vamos a saber quién es! Despierten de una buena vez!- dijo Spencer venenosamente. - Sea quien sea sabe lo que hace, y lo hace bastante bien. Quisiera conocer al tipo éste.
-
No nos anticipemos, puede ser mujer.- dijo Zabini. - Aunque si es mujer debe ser una puta sin duda alguna.
Hasta entonces, Draco había permanecido en silencio, notando que todos habían salido menos los Slytherins, y algunos pocos que se encontraban desayunando, como si no les importara. Entre ellos reconoció a Ginny Weasly, y de cierta forma le sorprendió verla tan tranquila. Sus ojos grises brillaron por un instante mientras se ponía de pie y caminaba hacia la puerta.
-
Qué haces Malfoy!- preguntó Zabini.
-
Voy a ver qué hay en esa maldita pared.- dijo Draco, quien sospechaba que con lo que se iba a encontrar, resultaría completamente distinto a lo que se imaginaban los demás.
Salió bruscamente del gran comedor, y solo bastó con que él hubiera puesto un pie fuera, para que todos los demás Slytherins lo siguieran.
En la mesa solo quedó Pansy, quien miraba al suelo con lágrimas de rabia en sus ojos.
El viento abrasó a Hermione cuando llegó al pasillo infestado de alumnos. Las grandes ventanas estaban abiertas y dejaban que el frío penetrara, congelando así, todos los sentidos de la Gryffindoriana. Tuvo que hacerse espacio entra la masa de personas que comentaban asombrados lo que veían pintado en la pared. Estaba comenzando a desesperarse hasta que Lavander tomó su mano y la sacó del tumulto, dejándola frente a lo que menos se esperaba.Sus ojos marrones se paralizaron por un instante. Ciertamente, no supo qué decir ni qué hacer durante varios segundos. Miles de pensamientos cruzaron por su mente, mas no logró conservar ninguno que pudiera sacarla del asombro en el cual se encontraba.
Draco Malfoy y sus seguidores se abrieron espacio entre todos, empujando y expresando sus típicas blasfemias a los concurrentes. El rubio, con su permanente estado frívolo y distante, se colocó a la cabeza del alumnado y leyó lo que escrito se vislumbraba desde el muro:
"No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior."
Nietzsche
"El odio no se quita con el tormento, ni se expía por el martirio, ni se borra con sangre derramada"
Son Isidoro
"Cuando nuestro odio es demasiado vivo, nos coloca por debajo de lo que odiamos"
La Rochefoucauld
"Y nunca el odio llega a ser tan fatal para un soberano como el general desprecio"
Stefab Zweig
Que la misma sangre que derramaron sea su tortura
Su martirio
Su infierno…
Y que cuando caigan estemos nosotros,
Los implacables,
Los que no perdonan.
S.P.B
Draco sabía que algo era distinto esta vez. Las sonrisas que se dibujaban en los rostros de todo el alumnado mientras miraban despectivamente a los Slytherins lo decían todo. Sus ojos grises recorrieron inexpresivos a los presentes, quienes comentaban alegres la respuesta que ingeniosamente alguien había colocado en aquel muro. Su mirada quedó cautiva por unos breves segundos en la castaña, quien reía sin despegar sus ojos marrones brillantes de las palabras escritas.
Una profunda ira comenzó a crecer en él.
Se volteó para toparse con un Zabini pálido de la rabia. Sus ojos verdes destellaban resentimiento y desprecio; jamás lo había visto así.
-
Vámonos.- dijo el rubio ordenándole.
-
Malditos...- dijo entre dientes sin poder concentrarse en nada más que en lo que ahora consideraba un insulto.
-
S.P.B, sabes lo que es no es cierto? Debemos discutir esto.
-
Claro que sé quiénes son esos desgraciados!- gritó Zabini. - Se supone que ya no existía esa organización!
-
Pues sigue en pie.- dijo Draco. --Tenemos que hablar de esto, todo comienza a complicarse.
-
Lo primero que debemos hacer es avisarle a los demás, que la Sociedad de Poetas de Babel sigue funcionando, y después, averiguar quiénes son los integrantes.
-
Son peligrosos.- agregó el rubio. - Pueden causarnos problemas.
-
Tenemos que eliminarlos.
-
Me temo que no hay otra opción.- dijo Draco. - Sígueme.
Hermione fijó sus ojos marrones en los Slytherins que se encontraban en una esquina, allí pudo observar cómo Draco y Zabini desaparecían del lugar. Humedeció sus labios y cerró los ojos al saber, que lo que iba a hacer iba a causarle más problemas de los que ya tenía.Si hubiera sabido cuántos, tal vez lo hubiera pensado dos veces.
Ginny reía con Paul mientras cerraban la puerta del salón que la orquesta utilizaba para practicar. Los ojos verdes del chico no dejaron de observarla ni un solo segundo mientras se dejaba caer a unos cojines que se encontraban en el suelo. La pelirroja se sentó sobre el piano, dejando colgar sus piernas de éste mientras tomaba un poco de aire.- Viste sus caras? Su expresión era de furia.- dijo Ginny sonriendo.
-
Los vi.
-
Se lo merecían. Veamos si después de esto quieren seguir.- dijo ella mientras sus ojos miel se llenaban de algo oscuro, lo suficiente como para inquietar a cualquiera; a cualquiera menos a Paul.
-
Vi a Potter.- dijo repentinamente el Ravenclaw. Sus ojos se habían clavado en ella y notaron la reacción de sorpresa que ella había adoptado.
-
Qué?
-
No le gustó ver saliéramos del comedor juntos.- agregó sacando un cigarrillo.- Quieres?
-
Sabes que no fumo.- dijo Ginny.
-
No, no lo sé. - dijo él levantando una ceja. - Ya no estoy seguro de nada cuando se trata de ti.
La pelirroja esbozó una media sonrisa.
- Entonces estás empezando a conocerme.
Un silencio se presentó, mas Paul no había terminado así que prosiguió en cuanto hubo fumado dos pitadas del cigarrillo.
-
Quiero que lo olvides.- dijo él secamente, sus ojos verdes intensos la perforaban; mas Ginny se había vuelto fría ante cualquier gesto externo hacia ella, así que no le importó. Sus ojos miel estaban fijos en las ventanas que dejaban entrar rayos de sol al salón.
-
Yo también quiero.- dijo ella finalmente.
-
No vas a ir a clases?- le preguntó cortando el tema.
-
No.- respondió ella acostándose sobre el piano.
-
Vas a bajar tus notas.
-
Y?
-
Va a causarte problemas con tu familia.
Ginny no dijo nada durante varios segundos, no porque no supiera la respuesta, sino porque estaba disfrutando de aquel delicioso momento en el cual los rayos de luz caían sobre su rostro pecoso.
- Yo ya no voy a tener problemas, nunca más...- dijo ella acariciando el piano con sus manos pálidas.
Por alguna razón, aquellas palabras fueron tan frías que lograron llamar la atención de Paul. El chico la observó.
-
Ven conmigo al baile.- le dijo.
-
Al de graduación?- dijo ella.
-
Sí. Quiero que vengas conmigo.
Ginny volteó la cabeza hacia el otro lado del piano, impidiendo que el castaño pudiera seguir mirando su rostro. Por eso, Paul nunca supo que una lágrima corrió por la mejilla de la pelirroja ese día.
- Está bien.
Harry dejó caer uno de los ingredientes al suelo. Snape lo miró y automáticamente quitó 10 puntos a Gryffindor. El moreno golpeó la mesa con el puño y maldijo para sus adentros mientras mechones de cabello negro caían sobre sus ojos verdes. La imagen clara de Ginny riendo en compañía de Paul evocó su mente, y supo que si no pensaba en otra cosa terminaría volviéndose loco. Parvati, quien se encontraba sentada a su lado, lo observó con preocupación evidente reflejada en su rostro.- Te pasa algo?- le preguntó.
-
Nada.- respondió él sin importarle ya en fingir.
-
Harry, necesitamos hablar.- dijo Parvati seriamente. - Lo hacemos después si?
El moreno asintió y entonces la puerta de la clase se abrió. La profesora McGonagall apareció frente a ellos interrumpiendo a Snape quien había comenzado su rutina de humillar a Neville.
-
Profesor, me deja sacar al alumno Weasley un momento?
-
Está bien, no es imprescindible en mi clase de cualquier forma.- dijo él volteándose molesto.
Ron se levantó y dirigiéndole una mirada de confusión a Harry salió. Por unos minutos no se supo nada del pelirrojo, mas poco tiempo después entró completamente descompuesto. En sus ojos miel había algo que no se podía describir correctamente con palabras, mas por su expresión, Harry supo que estaba molesto.
- Qué pasó?- preguntó Parvati.
Ron tenía su mirada fija en la mesa y apretaba los puños, tratando de controlarse. Sabía bien que no le convenía hacer nada en la clase de Snape, y por ello sintió cómo la rabia lo intoxicaba lentamente. Se sentó recto y respirando profundamente miró a su amiga.
- Ginny ha faltado a sus clases de la mañana por tercera vez consecutiva. Va a perder el año.
Mientras esto pasaba a una esquina de la clase, en la otra, donde Neville derramaba pociones insulsas y mediocres, Hermione escribía una carta a la que por fin pudo doblar y meter en un pequeño sobre.
Remojó la punta de la pluma en la tinta y escribió.
"De: Hermione Granger
Para: Vicktor Krum"
Aquella misma tarde, cuando éste recibiera la carta, sus ojos tomarían una luz propia y empacaría de inmediato para volver a Hogwarts.
*"Los celos son el veneno más efectivo para matar el alma. Son voraces, implacables y destructivos, una vez que han escogido su objetivo principal no descansan hasta derrumbar todo lo que se encuentra a su paso. Lamentablemente, todos los seres humanos somos simples marionetas manejadas por sentimientos, que bien nos pueden elevar hasta el séptimo cielo, o arrancar la vida y dejarnos caer, sin piedad, al más oscuro de los abismos. Draco Malfoy estuvo condenado desde el preciso instante en el cual comenzó a sentir algo por quien no debía. Su corazón, duro y seco; estéril, completamente desértico, se convirtió en un objeto que vivía exclusivamente para Hermione. Le pertenecía todo de él a ella, y por ende, él era dueño de todo lo perteneciente a la castaña. Era suya. Por esto había decidido vivir para ella, sin importarle ya ninguna otra cosa que no fuera protegerla. Así, siendo capaz de dar todo por quien le obsesionaba, también fue capaz de ser el que más daño le causó a Hermione. Claro que en su mente, roída por un egoísmo puro en esencia y un egocentrismo digno de su juventud, la palabra "compartir" no existía.*No iba a compartir a Hermione con nadie."
La tarde de aquel día se iba a ver invadida por nuevos sucesos, Hermione lo sabía, así que se mantuvo secretamente preparada para lo que fuera. Se alistó primero, para pasar la tarde estudiando. No estaba dispuesta a bajar más sus calificaciones, y conocía perfectamente que si lo hacía no se graduaría satisfecha con ella misma. Recogió los libros, despejando su mente en cuanto sonó la campana que acabó con la jornada de estudios del día. No le costó ningún trabajo evadir a sus amigos, ya que a penas terminó la clase de pociones éstos salieron rápidamente, seguidos por Parvati, quien parecía sumamente angustiada. Prefirió no preguntar, y simplemente salir aprovechando el momento.Si era algo grave, ya se enteraría luego.
Fue entonces como, mientras caminaba con los libros en mano hacia la biblioteca, se topó con Luna se frente, quien pareció sentirse aliviada de haberla encontrado con tanta facilidad. Hermione era bastante observadora, y notó desde el primer instante que los ojos cielo de su amiga se veían perturbados por una fuerza extraña. Mordió su labio inferior cuando ésta le pidió permiso para conversar con ella, y dejó los libros un momento sobre el borde de una estatua.
-
Qué sucede? Te noto tensa.- comentó la castaña.
-
Sí, bueno, tengo razones.- dijo ella suavemente. - Hay cosas que están sucediendo, a nuestro alrededor, y que de alguna forma me perturban, porque siento que no puedo hacer nada. Es increíble qué tan inútil puedo resultar...
-
No digas eso Luna, no eres inútil.- dijo Hermione tiernamente a su amiga.
La rubia sonrió con tristeza.
- Es muy amable de tu parte decirme esto, pero bien sabes que es cierto. Todo ha cambiado ¿Recuerdas cómo comenzamos el año? Parvati, Lavander, Ginny, tú y yo, juntas, nos reuníamos y conversábamos. Harry y Ron estaban siempre sonrientes, haciendo sus típicas bromas; no había grandes preocupaciones. Y ahora...-Luna tuvo que tomar aire. - Míranos Hermione¿de verdad crees que somos los mismos? Parvati se la pasa preocupada por un Harry que parece angustiado la mayor parte del tiempo por algo que tu y yo sabemos bien; Ron pierde los estribos cada vez que ve a Ginny, quien ya no quiere saber nada de nada y me preocupa porque cada vez la siento peor, y tú, Hermione, ya no sé nada de ti. Nadie sabe nada de ti. Siempre estás ocupada en tu mundo, en un mundo en el que todos nosotros estamos excluidos. Yo trato de ayudar, trato de buscar la forma de desenredar este asunto pero no puedo. Estoy en el medio de todo, y no puedo hacer nada...
Hermione humedeció sus labios. La rubia tenía razón, ya nada era como antes. Repentinamente sintió una tristeza profunda y una soledad que comenzó a asfixiarla. Cambiar el pasado había cambiado su vida, su presente ¿Era feliz¿Lo era? Sintió ganas de llorar, de gritar, de golpear; pero no, no podía hacerlo, debía ser fuerte.
"Debes ser una niña fuerte" le susurraba su madre antes de llevarla a dormir. "Este mundo es duro, y cuando ya no estemos nosotros tendrás que defenderte por ti misma"
Aquellas palabras estaban frescas en la mente de la Gryffindoriana. Sí, tenía que ser fuerte. Pero ya estaba harta de ser fuerte. Por una vez en su vida solo quería llorar y gritar, sí, gritar su infelicidad y su vacío; gritar su dolor. Los días de Hogwarts habían terminado, faltaba tan poco para salir al mundo real, al que no tendría compasión de ella ¿Seguiría sintiéndose sola allí? Tal vez se sentiría aún más sola de lo que estaba ahora. Harry, Ron, tal vez ya no los vería ¿En qué se había convertido su vida¿Por qué estaba tan sola?