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Cambiando el pasado — capítulo 41

La pelirroja seguía desayunando silenciosa, con muchas ideas en su cabeza como para prestar atención a lo que la rodeaba. Aquella mañana se había levantado y varias imágenes habían golpeado su cabeza con furia. Muchas pertenecían a Harry y la terraza, y el resto era de la sociedad y la decisión tomada. Esa mañana se había levantado como siempre, y se había mirado al espejo, sintiendo que era otra persona. Sí, ya no era Ginny Weasly; era esa cosa en lo que la vida la había convertido. Y sin embargo, después de llorar ante el espejo y no reconocerse, logró captar entre el dolor y las heridas una esencia…leve, sí, pero existente aún de aquella Ginny que alguna vez vivió. Era esa esperanza, esa pequeña llama de luz lo que la mantenía con vida.

Ginny, aún existía dentro de ella.

Por eso iba a luchar junto a la sociedad. Quería hacer algo con su vida, algo que la impulsara a sentirse útil no como un simple elemento irrelevante. Iba a darle un significado a su vida, debía dárselo.

Por Hermione, y por todos aquellos hijos de padres muggles que sufren y seguirán sufriendo gracias a la discriminación.

Y si sus manos puras se mancharían de sangre alguna vez, que fuera de sangre mortía.

Las palabras de Adriana resonaron en su mente.

"Si es sangre lo que debe derramarse no será la de impuros! Sino mortífaga!"

Que así sea.

La mañana había estado fresca, ya eran las doce del día cuando Hermione entró a la biblioteca para estudiar para los exámenes. Normalmente, ella estaba preparada ya para esas fechas, pero con tantas cosas que habían sucedido ese año, le había sido imposible. Era la primera vez que Hermione Granger se sentía nerviosa para una prueba. En realidad, no necesitaba estudiar, ella era de aquellas que con tan solo escuchar la clases estaba lista para cualquier pregunta; claro que esto la Gryffindoriana no lo sabía, debido a la inseguridad que siempre la caracterizaba, inclusive cuando se trataba de su intelecto. Había desayunado por primera vez en mucho tiempo como se debía, obligándose a comer lo que su estómago no le exigía, y ahora sentía enormes ganas de vomitar. Sin embargo estaba enferma, y no quería empeorar su situación ya bastante precaria. En cuando saliera de Hogwarts, iría a donde un especialista.La biblioteca aquella tarde calurosa estaba completamente llena. Todos ocupaban las largas mesas y revisaban nerviosos apuntes y libros ante la cercanía de los exámenes. Hermione los observaba, todos hundiendo sus cabezas en un mar de hojas de papel y pastas duras y gruesas ¿En realidad pretendían comprender en un día lo que en todo el año no habían entendido? Ahí estaban todos, mediocres, insulsos y soñadores; creyendo que unas cuantas horas de estudio solucionaría la pereza mental en la que habían estado durante meses. Hermione nunca se había sentido más incómoda como ahora, siempre había estudiado antes, sí, y por ello no había tenido que ir a la biblioteca un día antes del examen. Normalmente siempre se encontraba con una biblioteca vacía, silenciosa y confortable. Ahora estaba en una bulliciosa, calurosa e infernal. Pudo observar cómo algunos alumnos se aflojaban la corbata ante el excesivo calor. El sol penetraba por los cristales enviando llamas de fuego a los que estaban dentro del amplio lugar. Gotas de sudor caían por varias frentes de adolescentes desesperados, y Hermione no pudo sentirse más sofocada. Estuvo a punto de tomar sus cosas y salir, pero entonces la presencia de una rubia decidida la hizo desistir.

Los cabellos dorados de Luna se iluminaron con los rayos del sol fantásticamente mientras se sentaba frente a la Gryffindoriana. Sus ojos celestes se veían preocupados y sus labios rosa tensos. Juntó sus manos porcelánicas encima de la mesa y miró fijamente a su amiga.

  • La Sociedad de poetas de Babel es una organización revolucionaria que se dio hace más de 18 años.- dijo Luna poniendo una gruesa carpeta llena de papiros viejos sobre la mesa. - Se extinguió cuando los mortífagos de Hogwarts mataron a los alumnos pertenecientes a ella. La misión de esta sociedad era la de proteger al colegio y la de luchar por causas que beneficien al bien de la comunidad. Dejaban mensajes líricos, de poetas, escritores o pensadores famosos como forma de manifestarse. Fueron muy temidos, porque, aunque al principio se trató de una Sociedad con fines justos, terminó siendo demasiado radical.

Mientras Luna hablaba Hermione abría la carpeta. Conocía el código, estaba todo mecanografiado para que nadie comprendiera lo que decía; debía ser información secreta de Hogwarts. Pero Hermione había leído demasiado, y conocía aquel código, y estaba segura de que Luna también lo hacía.

La dulce rubia prosiguió.

  • Tenías razón cuando llamaste a esta organización una secta, hace mucho que dejó de ser una sociedad. Tomaban la justicia por sus manos, y quitaban del camino lo que les era preciso. Todo estaba bien mientras se tratara de cumplir un propósito determinado: hasta matar. Esta radicalidad los convirtió en un grupo vandálico, que dejó de buscar la paz para combatirla. Ellos creían que lo correcto era rebelarse, y de cierta forma lo es pero…no de esta forma...

Luna abrió la carpeta y sacó unos papeles que puso en manos de su amiga.

Hermione no pudo respirar.

Era varias fotos viejas de alumnos de promociones anteriores. Todas poseían nombre y datos personales. Fecha de nacimiento, y fecha de defunción.

  • Qué es esto Luna?- preguntó horrorizada.

  • Son las víctimas inocentes de la "Sociedad de poetas de babel", ellos eran tan radicales, que eliminaban a aquellos que les parecían simplemente "sospechosos" sin siquiera averiguar si lo eran o no. Era preferible no arriesgarse...

  • No puede ser...

  • Son más de cincuenta Hermione...Estabas bien cuando dijiste que el que esta secta se mantuviera en pie era un terrible error. Lo es, realmente lo es.

Los ojos marrones de Hermione se humedecieron mientras miraba las fotografías. Pronto levantó la mirada para fijarla en la de su amiga.

  • Si Ginny está en esto...si ella pertenece a esta sociedad...ella corre peligro.- dijo la Gryffindoriana temerosa. - Debemos sacarla de allí.

  • ¿Y cómo hacerlo? Es imposible Hermione! Has visto a Ginny? Es otra...ella es otra. Ya no es la Ginny que conocíamos, está desequilibrada. Las cosas por las que ha tenido que pasar, han sido demasiado duras...cosas que una chica de su edad no debería haber pasado.

  • Qué hacemos entonces! Ver cómo se destruye!- sollozó Hermione sintiéndose ya sin fuerzas. Sí, lo había soportado absolutamente todo aquel año, todo,..Pero ya no tenía cómo ni con qué seguir haciéndolo. Sostuvo su cabeza con ambas manos mientras lloraba inconsolablemente. Hermione Granger estaba derrotada, ya no tenía armas con qué luchar.

Fue entonces cuando sintió una mano cálida y delicada acariciar su cabeza. La Gryffindoriana levantó la mirada y vio los ojos celestes de su amiga a tan solo unos centímetros. Luna acarició el rostro de Hermione con ternura y limpió sus lágrimas. La miró profundamente, transmitiéndole un grado de sinceridad y angelicalidad insuperables.

  • Hermione, mírame, mírame bien. Tal vez creas que yo no sé nada de tu vida, y eso puede ser cierto. Pero hay algo que sé y no necesité que me lo dijeras con palabras en ningún momento, y eso es que estás sufriendo demasiado. No sé qué te ha tocado vivir, pero sé que este año no ha sido fácil para nadie, especialmente para ti; sé que estás cansada, sé que está herida...que has corrido por mucho tiempo sin descansar ni un solo segundo; que nadie te ha ayudado, ni siquiera tendido una mano...lo sé; pero escúchame, te lo suplico, porque de eso depende el futuro que nos espera. Hermione, cuando más crees que todo está perdido es cuando menos debes bajar la cabeza, el mundo es difícil, lo más probable es que nadie te ayude nunca, y si alguien lo hace tendrás suerte. Por mi parte, quiero que sepas que mientras yo esté junto a ti, no te dejaré sola ni un solo segundo. Respira Hermione, hasta aquí estuviste sola. Ahora estoy yo, y ya no debes rendirte. No te dejaré, las dos vamos a salir de esto. Quedan solo dos días para que esto acabe, solo dos. Justas podemos, aguanta, por favor, aguanta un poco más.

Hermione había apretado sus manos en dos puños mientras Luna le decía todo aquello. Sus piernas temblaban, su respiración estaba alterada. Por un momento creyó que desfallecería, pero no sucedió así. Por el contrario, secó las lágrimas que aún caían por sus mejillas y se levantó recogiendo los libros. Le sonrió débilmente a su amiga y esta le devolvió la sonrisa.

  • Vamos a estudiar a otra parte, aquí hace demasiado calor.

Ron estudiaba en la mesa de Gryffindor y parecía bastante confundido cuando Harry se sentó a su lado. El pelirrojo miró a su amigo, quien tenía la mirada perdida y su rostro sereno. No parecía feliz, no parecía triste...más bien tenía un poco de resignación hacia la vida.- Qué te pasa?- preguntó el pelirrojo mirándolo algo aturdido. - Estás drogado o algo así? Le compraste algo a Fred o a George?

Harry sonrió levemente.

  • No lo creo.- respondió.

Ron dejó los libros y se concentró en Harry.

  • No te he visto estudiar.- le dijo en tono curioso. - Andas raro...

  • Estudiaré más tarde, ahora no podré concentrarme ni aunque quisiera.

  • Puedes decirme qué te pasa?- insistió el chico.

  • Te dije que no era nada, no te estreses.- dijo Harry sonriendo. - Sigue estudiando o si no, no vas a pasar de año.

Ron volvió a sus estudios, o por lo menos aparentó hacerlo hasta que se le ocurrió una nueva idea.

  • Y Parvati? Por qué no está contigo?

Harry fijó sus ojos verdes en un libro que yacía sobre la mesa y lo tomó.

- Me terminó ayer en la noche.- dijo como si nada.

  • Qué!- exclamó Ron impactado. - No puede ser! Ella..!

  • Ella entendió que lo nuestro era una mentira.- dijo Harry tranquilamente.- No sé cómo no me odia después de todo.

  • Una mentira? De qué estás hablando?- preguntó Ron.

Harry miró fijamente a su amigo, allí, sentado; leal como siempre, dispuesto a escucharlo cuando fuera necesario. Ese amigo que era más que un hermano para él, ese que había arriesgado su vida más veces que nadie por la de él; ese, nunca sabría la verdad.

  • Olvídalo Ron, no es nada.- dijo el moreno sonriéndole.

  • Ya pensaste qué pasará después de Hogwarts? Mamá dice que puedes quedarte en la madriguera hasta que consigas empleo y puedas pagar tu propia casa y eso...

Harry sonrió y sacó un sobre de su bolsillo dejándolo sobre la mesa.

  • Qué es eso?- preguntó Ron.

  • Es una carta de Lupin, quiere que vaya a vivir con él.- dijo el moreno.

  • Entiendo, debes ir donde tengas que ir. Lo importante es que sepas que cualquier cosa, la madriguera siempre estará abierta...

  • Lo sé.- dijo mirando a su amigo, agradeciéndole con la mirada todo lo que había hecho por él. Sabía bien que, sería la última vez en muchos años que lo tendría de frente. Pero no podía saber que la próxima vez que lo hiciera, sería con lágrimas en los ojos de ambos, quizás despidiéndose para siempre.

La noche llegó con rapidez, y Hermione estuvo pendiente del reloj todo el tiempo, temiendo que los alumnos no abandonaran la biblioteca a la hora estipulada. Sin embargo, para las doce ya no había ni un alma en el lugar, y la Gryffindoriana pudo introducirse sin ser vista como siempre.La oscuridad y la voz fría del Slytherin le produjeron escalofríos.

  • Mañana temprano jugará Gryffindor vs. el equipo de las Veelas. Así que no es necesario que regresemos antes de las seis. Nos quedaremos en el pasado hasta las doce de la mañana, que es cuando termina el partido. Nadie notará nuestra ausencia.- dijo el rubio mientras caminaba hacia la sección prohibida.

Hermione lo siguió muy de cerca.

  • La mía sí. Harry y Ron lo notarán.

Draco se volteó.

  • Sabes? Ya estamos en un punto en el cual no importa quién lo note o no, no te parece?- dijo secamente con sus ojos grises fijos en los de ella.

  • Como quieras.- le dijo ella pasándolo y abriendo la puerta de la sección prohibida.

William los esperaba como siempre. Sonrió al verlos; la emoción que experimentaba emanaba de sus poros...si es que un holograma puede tener poros.

  • Ya es hora, entre hoy y mañana cambiaremos el pasado.- dijo William nervioso. - Esperemos que todo salga bien.

  • Saldrá bien, no te preocupes.- dijo Hermione tranquilizándolo.

  • Como sea, hagamos esto rápido.- dijo Draco colocándose frente al libro.- Nos regresas a las doce.

  • Perfecto! Mientras más tiempo mejor.- expresó el moreno.

Hermione se colocó frente al libro.

Una ráfaga de viento los tragó. Y William rogó que no fuera para siempre.

Lilith se encontraba en medio de un campo aparentemente vacío, a tan solo un kilómetro de la ciudad. Sus manos sostenían una Lila mientras el viento movía su cabello dorado a un lado y al otro. Su color porcelánico a penas se diferenciaba de su bata puramente blanca. Sus ojos celestes estaban fijos en el suelo, y solo se levantaron cuando el polvo empezó a cubrir el lugar a unos cuantos kilómetros frente a ella. Lo celeste se fundió con la imagen de Gohts marchando y haciendo temblar la tierra, cientos de ellos, dispuestos a invadir la ciudad si ello era lo necesario. Sobre un caballo se adelantó alguien completamente cubierto por un sobretodo negro, pero cuya piel pálida aún así se podía vislumbrar a aquella distancia. Un vampiro sucedía a los Gohts, demostrando así la alianza que existía entre ellos para invadir el mundo mágico. Sonrió maléficamente mostrando sus colmillos, esos que tal vez habían ya matado cientos de vidas inocentes. Miró con placer a la dulce e indefensa rubia que se encontraba a una distancia considerable, como si nada, mirándolos con una lila entre sus manos. Esta vez rió a carcajadas.

  • Tenemos a nuestra primera contrincante!- gritó y todo rieron al unísono. Se volteó para mirar a su ejército.- Listos para entrar a la ciudad! No está de más decirles que no se necesita compasión! Ni con mujeres, ni con mocosos! Vamos a destruirlos a todos!

Pero el vampiro no pudo terminar de decir lo que iba a decir. Los Gohts exclamaron gritos de rabia cuando una flecha atravesó a su líder convirtiéndolo en cenizas. Todos fijaron sus ojos en la rubia, dulce, e indefensa chica que sostenía un arco y una flecha a puntando hacia ellos, demostrándoles así, que habían subestimado su valía. Sus ojos celestes miraban serenos al ejército. Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.

  • Listos?- dijo con su voz suave y delicada.

Tras de ella aparecieron montando a caballo un ejército de guerreros muggles, algunos brujos, pero en su mayoría muggles. Todos cargando arcos y apuntando hacia al frente. Eran flechas sí; flechas purificadas con agua bendita.

Los Gohts abrieron sus bocas impresionados. Aquello no se lo esperaban.

  • Maldita sea!- gritó un vampiro! Plan B!

Y los Gohts asintieron conociendo el plan B. Todos, como dignos seres subterráneos se introdujeron bajo tierra para llegar a la ciudad por debajo, el ejército de vampiros quedó al frente.

Stephen se puso al frente del ejército de Lilith.

  • Ahora!- gritó.

Y todos lanzaron en un ángulo elevado sus flechas. Cientos de ellas subieron el cielo, prácticamente tapando los rayos del sol. Los vampiros solo podían ver cómo iban cayendo, directamente hacia ellos.

  • No puede ser...- dijo uno de ellos.

Y las flechas atravesaron a cientos de vampiros que se encontraban en las primeras filas del ejército, desapareciéndolos para siempre.

Con un grito feroz por parte de los vampiros se inició la guerra. Levantaron sus armas y volaron hacia sus contrincantes. Lilith gritó y se montó en su caballo blanco corriendo junto a los demás para formar parte de una guerra que probablemente, tendría un final no muy agradable.

La tierra tembló y Hermione tomó la mano de Draco con fuerza.

Pronto se vieron en un escenario mucho más tranquilo que el anterior.

Tom encendió un habano mientras introducía ambas manos en los bolsillos de su abrigo. Arrimado a la pared aspiraba el fresco aroma de la brisa, y del silencio que pronto sería interrumpido. Tamara se encontraba sentada en una banca, junto a un farol de la ciudad. Los caballos estaban atados y en definitiva, un silencio reinaba en ese lado de la ciudad.

Tom sacudió sus botas y miró a la pelirroja.

  • Están llegando.- dijo mientras apagaba su habano.

  • Cómo lo sabes?

  • Lo siento. Huele a tierra.- dijo Tom caminando hacia el caballo y desatándolo. - Nunca has olido a los Gohts?...su olor es de tierra húmeda.

  • Subterránea...

  • Exactamente.- dijo el moreno mientras se montaba en su caballo. - Vámonos, tenemos que estar listos.

  • Me pregunto si Stephen...- dijo Tamara con una mirada triste.

  • Tu hermano está bien, es un guerrero.- dijo Tom secamente, mas con plenas intenciones de confortarla. - Créeme, él y Lilith estarán bien; y en el caso de que no, nosotros debemos seguir. Es lo que ellos habrían querido.

Tamara miró a Tom fijamente y sonrió.

  • Sabes? Creo que me gustas más cuando dices lo que piensas.- dijo tentativamente la pelirroja poniéndose de pie.

Tom haló las riendas de su cabello y se adelantó, esperando que la chica no hubiera visto el leve color rosa que había subido a sus mejillas.

Magdalena estaba sentada en el sillón de la sala cuando alguien tocó la puerta. La distinguida dama llamó a las mucamas con su campana, pero ninguna acudió y se tuvo que ver en la vergonzosa molestia de levantarse e ir a abrir la puerta; cosa que era tarea de mucamas. Se sorprendió al ver la figura de su hijastra ante ella.

  • Puedo pasar?- preguntó Isabella.

  • Claro que puedes, es tu casa también.- dijo Magdalena haciéndose a un lado para dejarla entrar. - Creí que no vendrías más, después de todo lo que ha sucedido…

  • No es tu culpa, tú no podías imaginar que esto terminaría así.- dijo Isabella sentándose en el sillón de la sala. Magdalena hizo lo mismo. - Cómo está Carmen?

  • Devastada. No durmió durante toda la noche, estuvo llorando todo el tiempo. No sabes cuánto sufro! Mi hija es vista como una mujerzuela y encima, con la carta de Andrés…

  • Carta?

  • Sí, nos llegó esta mañana. Él sigue siendo esposo de Carmen, pensé que pediría el divorcio pero no, por el contrario…quiere de alguna forma vengarse de mi hija. La va a mandar a Holanda, a una mansión que él tiene allá. La va a mandar sola ¿Acaso pretende mantener a Carmen sola por el resto de sus días¿Encerrada en un claustro? Sé bien que cometió un grave error...pero sabes? Una madre jamás se resigna a ver cómo se le castiga a un hijo...

  • Entiendo.- dijo Isabella. - Cuándo se va Carmen?

  • Hoy en la noche. Estoy desvastada...- dijo Magdalena dejando caer lágrimas por su rostro. - No pude criarla como debía.

  • No digas eso.

  • Es cierto. Bien sabes que siempre tuve preferencia por ella y la hice engreída, caprichosa; ese fue mi error.

  • No Magdalena, tú fuiste una madre para mí. Eras severa, sí, pero siempre viste por mi bien. En el fondo sé que siempre viste por mi bien. Y por las preferencias...es obvio que las ibas a tener. Carmen es tu hija yo no; ya hiciste bastante con adoptarme como si lo fuera.

Magdalena continuaba sollozando.

  • Ojalá tu padre no hubiera muerto. Si él estuviera aquí tal vez Carmen no habría sido educada tan torcidamente…No fui una buena madre...no hice lo que pude.

  • Hiciste lo que pudiste, y sé que papá está orgulloso de ti.- dijo Isabella tomando la mano de su madrastra.

Magdalena la miró a los ojos.

  • Yo solo sé, que desearía que él estuviera aquí, para ver en la mujer valiente e inteligente en la que te has convertido. Tu madre era así también, según me lo contó tu padre…ni punto de comparación conmigo. Yo solo soy una dama de alta estirpe con dinero y linda cara...que ni siquiera pudo educar a su hija.

  • Magdalena, eres más que una linda cara; eres una linda persona…una persona con profundos sentimientos. Fuiste mi soporte cuando papá murió, me ayudaste tanto, lo que soy y de lo que te sientes orgullosa, también es gracias a ti. Sin ti, yo no habría soportado la pérdida de papá.

Las palabras de Isabella calmaron el llanto de Magdalena, quien le sonrió levemente mientras que con un pañuelo secaba su rostro.

  • Puedo ver a Carmen? quisiera despedirme.- preguntó la castaña.

  • Oh no! No te lo recomiendo...está demasiado mal, no quiere recibir a nadie, ni siquiera a mí. No te abrirá la puerta. La única persona con la que ha hablado ha sido con Xavier esta mañana..

- Con Xavier?- preguntó Isabella mientras su corazón se paraba.

  • Sí, él vino temprano.

Las manos de Isabella temblaron mientras que sus ojos se llenaron de lágrimas. Xavier había jugado con ella ¿Cómo pudo ser tan estúpida? Él seguía enamorado de Carmen...ahora que lo pensaba, él jamás le había dicho que sentía algo por ella en concreto.

Trató de contener las lágrimas que querían salir, ahora no podía dejarse vencer. Sí, había sido una estúpida. Apretó los puños tratando de contenerse, fue entonces cuando una mucama horrorizada entró corriendo a la sala gritando.

  • Por Merlín! Por Merlín! Señora! Señora! Están atacando la ciudad! Moriremos todos en manos de esas criaturas! Están ya en la ciudad!

Draco se levantó del suelo apresuradamente. Todavía recordaba el temblor de la tierra, y a Hermione cayendo a un lado completamente opuesto al de él. El tiempo se la había tragado, y él no pudo mantenerla a su lado. Miró alrededor, las calles estaban vacías. Había demasiado silencio en la plaza central para ser las cinco de la tarde. Ni un alma transitaba, ni el más leve murmullo se escuchaba en aquellas calles. Draco sintió la brisa mover su cabello a un lado y el sonido del gran reloj marcando la hora con campanadas llamó su atención. Cuervos salieron volando de la punta del reloj espantados por el repentino sonido. Sus ojos grises, fríos en contraste con el sol que caía sobre aquella ciudad, recorrieron en lugar inspeccionantes, curiosos…furtivos. Las pequeñas piedras que se encontraban en el suelo comenzaron a temblar, anticipando algo terrible. El suelo temblaba levemente, pero él sabía a qué se debía aquel terrible temblor.

¿Dónde estaba Hermione?

Cuando el temblor se volví más fuerte supo que tenía que salir de allí inmediatamente. Corrió con todas sus fuerzas y sin mirar hacia atrás sintió piedras elevarse en el aire y caer a sus lados. Draco trepó el reloj de la ciudad subiendo hasta lo más alto lo más rápido que podía. Una vez a cierta distancia considerable del suelo notó cómo cientos de Gohts salían de la tierra emitiendo sonidos bestiales y llevándose todo consigo, como una manada de animales salvajes.

Una voz masculina detuvo sus gemidos.

  • Sean bienvenidos!- dijo Tom parado en el tejado de la gran catedral. Sus ojos verdes brillaban con intensidad mientras miraba el ejército que estaba a punto de atacar la ciudad. - Déjenme, por favor, mostrarles la gratitud que siente nuestra sociedad al tenerlos de visita.

Los Gohts se miraron confundidos, y de repente, de los grandes edificios que rodeaban la plaza central salieron un sin número de guerreros magos. Estos no eran como los que se encontraban defendiendo el frente de la ciudad, no. No eran muggles, y los Gohts podían oler la sangre mágica perfectamente desde aquella distancia. Aún, siendo magos los que los atacaban, eran demasiado pocos comparado con su ejército. Y por ello se confiaron al lanzarse a la batalla sin siquiera poder notar lo que Draco veía perfectamente desde las alturas del reloj. Esa batalla estaba destinada a ser ganada por los Gohts. No había forma alguna de que tan pocos guerreros pudieran ganarles.

¿En qué estaban pensando?

Los magos caían violentamente golpeados, mutilados, heridos. Los Gohts mataban sin piedad y con una furia casi animal. Eran depredadores, horribles bestias que solo buscaban satisfacer su sed de sangre. Aquello era una masacre, la sangre se esparcía por los suelos de las calles dejando un escenario repugnante de cadáveres completamente mutilados.

No había esperanza, no la podía haber.

Y Sin embargo, Tom estaba allí, peleando con su espada. Draco lo observó; sí, era Potter...aquel que se aventuraba a lo que sabía no tenía cómo salir con vida, y a pesar de ello, siempre lograba salir ileso. Por primera vez Draco Malfoy quiso que eso se diera, porque ahora comprendía a Tom. Sí, él sabía que no había esperanza, que no había cómo ganar...pero igual estaba en el campo de batalla. Porque él estaba dispuesto a pelear, aunque el resultado no terminara siendo a su favor. Lucharía hasta morir, y eso era respetable.

Por primera vez, el Slytherin miró a Tom, o a Harry, como algo más que una lacra.

Y de repente, al cerrar los ojos, Draco se vio en otro lugar completamente distinto.

Inútilmente trató de buscar a Hermione, porque no la encontró. Era Isabella la que estaba frente a él, pero con ropa completamente distinta a la que había usado en la mañana. Tenía pantalones y una camisa masculina blanca. Se recogió el cabello en una rosca alta mientras Magdalena lloraba en la sala.

  • Tu no vas a salir de aquí! Tu esposo acaba de avisar que viene hacia acá para llevarte con él.

  • No pienso esperarlo Magdalena! La guerra ya inició y quiero ayudar!- dijo mientras tomaba las espadas de colección de su padre que servían para adornar la sala. - Además, Xavier no tiene nada que ver con mis decisiones. Todo lo nuestro siempre fue una farsa...siempre lo fue.

Draco se estaba desesperando ¿Dónde estaba Hermione! E Isabella…lo estaba entendiendo todo mal! Maldito pasado y sus consecuencias. Quería a William ahora!

  • Maldita sea aparece holograma!- exclamó con ira mientras sus ojos grises irradiaban de rabia contenida.

  • Me llamabas?- dijo una voz conocida a sus espaldas.

  • Ya era hora.- dijo Draco volteándose y mirándolo peligrosamente. - Dónde está Hermione! La quiero ahora!

  • Y no la tendrás...sucedió un imprevisto. Se separaron y ahora tienen que mantenerse así.

Los ojos de Draco brillaron con intensidad.

  • De qué estás hablando! Estamos en guerra! Ella no puede estar sin mí en ningún momento! Regrésala ahora!- exclamó fúrico mientras los mechones rubios caían sobre su frente.

  • No puedo.

  • Que no puedes? Claro que puedes! Eres el Dios de todo esto! El creador! El único! Como sea que quieras llamarlo! Tú puedes hacerlo!

  • No puedo. Ella no me lo permitió. Dijo que te dijera que tu no debes intervenir en sus decisiones.- dijo William manteniendo un semblante sereno.

Draco no podía creer lo que estaba escuchando.

  • Escúchame bien, no me interesa lo que me pueda suceder a mí, pero, si Hermione resulta herida…un solo rasguño en su piel será suficiente como para que destruya el maldito libro que ha causado que mi vida sea una pesadilla!

  • Hablas desde tu ira, en realidad no quieres decir lo que dices.

  • No sabes nada de mí.- respondió él frívolamente.

  • Te equivocas, te conozco desde hace siglos.- dijo William. - Y es una pena que no puedas recordarlo, pero es así.

Con esto el holograma de William de Castilla desapareció ante sus ojos, y Draco no pudo más que golpear la pared con su puño cerrado, lastimándose los nudillos mientras apoyaba la cabeza en el muro.

"Hermione, Hermione, Hermione."

Si algo llegaba a sucederle...

La puerta de la sala se abrió dejando entrar a Xavier. Magdalena se abalanzó sobre él desesperada.

  • Por favor! Detenla! Detenla está loca!- dijo ella sollozando.

  • Qué estás haciendo Isabella!- preguntó Xavier confundido al verla así vestida. - No estarás pensando en...

  • Lo que piense o no, no es de tu incumbencia. Soy libre y puedo hacer lo que me plazca.

  • Eres mi esposa!

  • No lo soy!

Xavier fijó sus ojos grises en los de ella y con tono firme habló.

  • Magdalena, por favor, déjenos solos.

Magdalena se apresuró en subir las escaleras y hacer lo que se le había pedido. Isabella se mantenía firme en su posición y ni siquiera miraba al rubio. Ella afilaba su espada mientras mantenía una expresión indiferente en su rostro.

  • A qué estás jugando ahora.- dijo Xavier notablemente molesto. - No hay tiempo para caprichos Isabella, estamos en un momento crítico y necesito llevarte lejos de la ciudad.

  • No necesito de tu protección.- contestó ariscamente y lo miró de arriba abajo. - Por lo que veo tú también piensas ir a la guerra.

  • Yo iré, tú no.- dijo él como dando una orden.

  • Tú no eres nadie para decirme qué hacer o qué no!- lo desafió ella.

Xavier caminó hacia ella comenzando a perder la paciencia.

  • Qué te pasa! Te estás volviendo loca o qué!- le dijo levantando la voz. Tomó a Isabella por el brazo con su mano pero ella se soltó bruscamente.

  • No me toques!

  • No entiendo lo que te pasa...

  • No hay nada qué entender...yo soy la que tenía que terminar de entender muchas cosas y ahora por fin las comprendo. Lo mejor es que desde este mismo instante hagamos nuestras vidas separadas.

Xavier no pudo hablar durante algunos segundos. Las palabras de Isabella habían sido hirientes.

  • Eso es lo que quieres? Acabar con todo después de lo que pasó entre nosotros?- dijo Xavier incrédulo.

  • Entre nosotros no pasó nada, fue solo algo pasajero y sin importancia.

Ella había rebasado el límite.

  • Haz lo que quieras.- dijo el rubio secamente mientras daba media vuelta y salía lanzando la puerta tras de sí.

Isabella se dejó caer sobre uno de los muebles conteniendo las lágrimas que querían salir por sus ojos marrones. Nunca pudo saber que, mientras ella intentaba soportar el dolor, Xavier caminaba hacia la batalla dispuesto a dejarse matar si eso era necesario.

Cientos, miles de gitanos saltaban por los tejados como hormigas saliendo de un hormiguero. Eran demasiados. Llegó un punto en el que Hermione ya casi no veía a los Gohts, solo a los gitanos, con sus vestimentas coloridas y sus espadas levantándose en el aire y agitándose con fuerza. Una sonrisa se fue formando en el rostro de la castaña.

Los papeles habían cambiado.

"Temía, sí; temía. Se trataba de uno de esos temores que bien eran capaces de superar todo grado de racionalidad. Las luces en mi mente se encendían diciéndome que el final estaba cerca. Sí, me decían que ya faltaba poco para que mi trabajo de tantos años tuviera el éxito debido, o el fracaso; eso no importaba...un final, en todo caso tendría. Y sin embargo, lo que sentía en aquellos instantes de clímax era algo completamente distinto a lo que creí siempre sentiría. No había considerado pues, la posibilidad de que estrechara lazos afectivos con aquellos que me ayudarían a cambiar el pasado. Resulta que me vi terriblemente afectado al conocer el peligro que corrían tanto Draco como Hermione separados. La voz de Dumbledore, el sabio, sonaba en mi cabeza con fuerza. Supe que había cometido un grave error...cambiar el pasado.., nunca debí intentarlo ¿Pero qué se suponía debía hacer ante aquellas circunstancias? Solo podía rezar...solo podía esperar que todo saliera como debía..."

Hermione gritó cuando esta vez fue la cabeza de un Goth la que rodó ante ella. La pateó con fuerza alejándola de sí mientras se concentraba en la batalla. Sí, los monstruos eran casi invisibles, lo único que se divisaba con claridad eran los gitanos luchando y levantando sus armas sin clemencia. Aquella era la escena más violenta que Hermione jamás hubiera presenciado, y sin embargo, al ver con sus propios ojos que eran los humanos los que ahora llevaban la ventaja, podía sentir la adrenalina correr en su sangre y llenarla de euforia descontrolada. Jamás lo hubiera creído, pero estaba disfrutando de la batalla...

Y de la irremediable victoria.

Fue el cabello rojo de la pelirroja lo que atrajo la mirada gris de Draco. Repentinamente había aparecido nuevamente en la guerra de la ciudad, y lo que tenía enfrente era una situación completamente distinta a la anterior. Eran Gitanos los que peleaban contra los Gohts, y por su número parecían estar venciéndolos. Aún seguían saltando calés de las catedrales y edificios que rodeaban la plaza; parecían interminables. Cuando un garrote cayó al lado del rubio supo que el lugar en donde se encontraba no era nada seguro. Buscó a su alrededor una forma de salir ¿Pero cómo? Absolutamente todo lo que lo rodeaba eran gitanos destruyendo Gohts. Una de aquellas terribles bestias cayó al suelo sin cabeza haciendo que la tierra temblara ante su peso. El Slytherin esquivó gitanos y trató de encontrar algún lugar apartado, pero no lo encontraba; estaba inmerso en la batalla. A unos metros observó a la pelirroja atravesando con una lanza a dos Gohts a la vez. Parecía muy hábil en ello.

Entonces vio a Xavier.

Sus ojos grises se fijaron en su yo pasado, quien luchaba con ira y despecho; ni siquiera veía a sus lados para comprobar que no lo fueran a atacar. Era obvio que no estaba lo suficientemente concentrado.

  • Maldita sea mira a los lados!- exclamó él, pero Xavier no podía escucharlo. Si todo seguía aquel curso, ambos acabarían muertos antes de que se pudiera cambiar el pasado.

Un Goth levantó tierra al caer sobre las piedras y esto cegó a Draco. El Slytherin cayó al suelo incapaz de ver y restregándose los ojos. Fue en cuestión de segundos cuando sintió un dolor agudo al costado del abdomen. Colocó su mano en el área afectada, y pudo sentir el frío de una sustancia espesa que se derramaba por su mano. Cuando abrió los ojos comprobó que se trataba de sangre...

Su sangre.

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Hola!!

*oh por los dioses del olimpo el final se acerca!!!*no olviden comentar!!!

Estaba pensando, ya que esta historia esta llegando a su fin, podria subir otra de las historias de Monic "La Revolucion de las Bestias"  ¿Que Opinan? dejen su opinion en los comentarios.

Saludos Mágicos

NOX.