Cambiando el pasado — capítulo 42
**Hola!Se que me demore en actualizar - lancen los crucios que quieran - Pero en fin, aquí esta el nuevo capitulo, en¡espero que lo disfruten. Lumos.___________________________________________________________________________________****Su sangre.**Los ojos marrones de Hermione se encendieron metros atrás cuando, justo entre las piernas de un Goth que luchaba con gitanos divisó un cabello rubio excepcionalmente platinado. La corbata verde digna de todo Slytherin y la camisa por afuera de los pantalones negros hicieron que lo reconociera como Draco automáticamente. Casi sin voz, débil y adolorida gritó con todas sus fuerzas mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de alivio.
- Draco!- exclamó saliendo de su escondite, ya poco le importaba si se lastimaba en el trayecto hacia él.
El rubio creyó escuchar un leve y cálido murmullo llegar a sus oídos, duró pocos segundos. El dolor había vuelto su visión nublada y borrosa. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo poco a poco iba perdiendo las fuerzas. Habría cedido con rapidez de no ser que la imagen de Hermione seguía en su mente. No podía dejarse vencer…ella necesitaba de su protección.
"Donde quiera que estés debo encontrarte" se dijo así mismo obligándose a ponerse de pie.
Fue entonces cuando, al levantar la mirada, entre cadáveres y luchadores vio unos ojos marrones resplandecientes. Ahí estaba ella, con su cabello castaño suelto y volando con la brisa. Una gota se sangre seca caía de su frente y parecía lastimada; pero aún vivía.
- Hermione...- dijo casi sin voz.
La castaña corrió esquivando todos los obstáculos que encontraba frente a ella. Draco quiso hacer lo mismo, pero su herida no le permitió más que caminar con un paso algo disparejo. El Slytherin perdió el equilibrio a un metro de la castaña, sintiendo el frío cemento debajo de su cuerpo. Su respiración era agitada, y su piel se había puesto más pálida de lo normal. Cuando abrió los ojos ya estaba en la calle, y Hermione se encontraba a su lado, llorando mientras veía la sangre brotar de la herida del chico.
Los ojos de Hermione, marrones y húmedos, miraban la herida de Draco. Su mano, suave y tersa, se deslizó hacia el rostro del rubio, quien se limitaba a verla desde el suelo, con sus ojos grises brillantes y furtivos. Sí, ahí estaba ella; entre Gohts cayendo derrotados y espadas ensangrentadas….ahí estaba ella. Las lágrimas que inevitablemente caían por su rostro solo la hacían más hermosa, porque para él ella ya no era insignificante; para él Hermione lo significaba todo. Veía borroso, pero curiosamente el dolor comenzaba a ceder.
- No me dejes por favor...- sollozó la castaña mientras acariciaba el rostro del Slytherin. - Tenemos que poder superar esto...yo sé que podemos hacerlo.
Draco cerró los ojos con fuerza. No podía dejarla sola…
-
Escucha...- le dijo. - Abre ligeramente los botones de mi camisa...mira qué tan grave es la herida.
-
Cómo voy a saberlo!
-
Lo sabes!- exclamó él. - Sabes un poco de medicina por los meses que estuviste de voluntaria en la enfermería. Necesito saber si es grave...
Hermione secó sus lágrimas y miró a su alrededor. Estaba en medio de un campo de batalla. Aún no comprendía cómo seguía con vida. Fijó sus ojos en los del rubio que parecía estar soportando un gran dolor. Abrió la camisa levemente.
-
Tu abdomen está herido en un costado.
-
Entonces no tocó ninguna cosa de importancia?
-
Te refieres a algún órgano?
-
Lo que sea Hermione...no es hora de que me corrijas. Es grave sí o no?
-
No...Pero sí debe doler demasiado.
-
Entonces no estoy mal.
-
No pero sigues sangrando y eso podría significarte una hemorragia...
-
Entonces qué? La magia no sirve aquí...
-
Lo sé! No todo se soluciona con magia Draco!- le dijo Hermione mientras miraba a su alrededor. Entonces vio la solución a unos pasos...
Pero habría querido no verla.
El cadáver de una mujer decapitada estaba a poca distancia de ellos. Hermione respiró profundamente y en cuatro se dirigió hacia ella arrancando un pedazo de la tela de su vestido blanco. Regresó rápidamente y estirando el pedazo de tela miró al Slytherin.
- Siéntate.- le ordenó.
Draco hizo un esfuerzo sobrehumano para sentarse. El dolor era bastante incómodo.
- No te muevas.- le dijo la castaña mientras desabotonaba por completo la camisa del rubio. Una vez que terminó con ello, rodeó el abdomen del chico y ató con fuerza la tela.
Draco se quejó.
-
Maldita sea sabes lo que estás haciendo!
-
Claro que sé lo que estoy haciendo!- dijo ofendida. - Ato la herida para que dejes de sangrar. Le harías un gran favor a la humanidad si cerraras la boca y solo hablaras cuando sea de temas que conozcas.
Hermione se levantó y lo ayudó a ponerse de pie. El rubio sentía el dolor intensificarse, pero al menos se sentía capaz de caminar.
-
Y ahora qué?- preguntó él.
-
Ahora caminamos hasta encontrar un lugar seguro, rezando para que en el camino no nos pase nada.
-
Debo admitir Granger, que eres excelente en cuanto a formar planes se trata.- dijo él sarcásticamente.
-
Gracias, lo sé.
Ambos miraron al frente, observando el largo camino de cadáveres y guerreros luchando que les esperaba.
Luna observaba el juego desde la tribuna de Ravenclaw. Sus ojos celestes captaban toda la acción algo sorprendida por los movimientos especialmente rápidos de la veelas. Ginny había metido ya cuarenta puntos a favor de Hogwarts, pero las veelas no iban muy detrás con treinta. En realidad ahora todo dependía de quién agarrara la snitch.Al otro lado pudo ver a sus amigas, Lavander y Parvati, aplaudir ante las movidas grandiosas de los jugadores Gryffindorianos. Ron estaba haciendo un excelente papel, había atrapado más de 10 intentos por las veelas, mas eso no parecía ser suficiente. Lo cierto era que aquellas diosas de belleza no solo poseían perfección física, sino una terrible habilidad en el campo. Justamente, viendo la expresión de sus amigas a otro lado de la cancha, recordó lo extraño que se le hacía que Hermione no estuviera por ninguna parte. La rubia sabía que su amiga ocultaba un sin número de cosas, lo podía notar fácilmente, con solo verla a los ojos. Eso no le molestaba en lo absoluto, estaba de acuerdo en que si quería guardar algo para ella era eso lo que debía hacer, pero... ¿Y si era ese secreto el que le había causado tanto daño durante aquel tiempo? Antes de que la atención se posara sobre Ginny y su repentino "inusual" comportamiento, quien estaba actuando realmente fuera de lo común era Hermione. Incluso había peleado con Harry y Ron, quienes le pedían una explicación coherente a sus cambios de ánimo y desapariciones. Sin embargo, la castaña siempre fue buena ocultando lo que quería mantener en secreto, mientras que Ginny...siempre fue demasiado transparente. Eso, y el hecho de que todos estaban mucho más ocupados en encontrar una razón por la cual la pequeña Weasley estuviera actuando de tal manera, provocó que los ojos dejaran de fijarse en Hermione. Luna analizó esto silenciosamente, y llegó a la conclusión de que aquello había facilitado las cosas de la castaña.
¿Cuál sería el secreto tan grande que guardaba Hermione Granger?
Luna no podía siquiera imaginarlo.
Fue entonces cuando escuchó una voz llamar su nombre a lo lejos. Buscó a su alrededor, pero era imposible que la voz proviniera de un lugar cercano, pues a penas llegaban completas las sílabas a sus oídos. Sus ojos celestes bajaron y se chocaron con los de Spencer, quien se encontraba en el campo, al pie de la tribuna de Ravenclaw.
- Jack?- dijo confundida.
El Slytherin le hizo señales de que bajara; parecía preocupado y ansioso. Hizo ademanes de súplica, de ruego para que ella accediera. Luna, inocentemente, cayó en el juego.
"¿Es la maldad capaz de manchar aquello que es puro? La experiencia me ha mostrado que sí, puede. Lo puro es vulnerable, transparente y hasta de cierta forma dotado de inocencia. Lamentablemente, este tipo de cosas se corrompen, se corrompen por lo corrupto. Sus manos sucias estarán destinadas a ensuciar las manos limpias. Es como una plaga que se esparce...necesita esparcirse...necesita crecer...
Y necesita dañar.
Matar."
Hermione pudo respirar tranquila cuando llegaron al lugar de partida. Draco se sentó sintiéndose seguro y echó la cabeza hacia atrás respirando agitadamente. La castaña sabía que él estaba sufriendo, y no contaba las horas para poder regresar y curarlo por medio de magia.- Xavier está aquí.- dijo Draco con esfuerzo. - El muy imbécil no está peleando con concentración.
-
Qué! Por qué?
-
Por tu culpa.- le dijo secamente. - Siempre es tu culpa...
Hermione no comprendía, pero podía sentir cierto rencor en el tono de voz del Slytherin.
-
No te entiendo.
-
Isabella terminó todo con él, ni siquiera le dijo por qué. Él está peleando sin tener nada por qué pelear…lo van a matar.
Los ojos marrones de Hermione se llenaron de preocupación.
- Debe de haber una forma...él no puede morir aquí!
Draco fijó sus ojos grisáceos en ella haciéndola temblar. Se levantó como si nada, mas la expresión de dolor en su rostro lo delató.
-
Sí, hay una forma.- dijo, y antes de que ella pudiera hacer nada Draco ya se había internado en la batalla nuevamente.
-
Draco no!- gritó la castaña consternada.
El Slytherin sentía que su cuerpo no podía dar más, pero tenía que dar; no había otra opción. De un cadáver sacó una espada y buscó a su alrededor a Xavier. No le costó mucho, pues a unos pasos el rubio yacía en el piso mientras un Goth estaba a punto de clavar la espada sobre él.
- Si esto no funciona...nada lo hará.- dijo casi en un susurro, y corrió con todas sus fuerzas hacia el monstruo, deteniendo la espada del Goth con la suya.
El Goth pareció asombrarse tanto hasta el punto de soltar la espada. No podía comprender qué era aquello que había detenido su ataque y que parecía invisible. Xavier respiraba agitadamente y observaba la situación estupefacto...y aún lo estuvo más, cuando la cabeza del Goth rodó por la tierra cortada perfectamente por algo inexistente.
Draco miró su espada cubierta de sangre. Sí, la única forma era aquella. No había otra solución.
Hermione se había internado en el campo de batalla nuevamente. Tomó una lanza que se encontraba clavada en la cabeza de un Goth y siguió su camino. Debía encontrar a Draco; estaba herido y no podía simplemente estar solo en medio de tan violenta batalla. Estaba buscándolo cuando sus ojos se detuvieron impactados al verse a así misma peleando contra tres grandes bestias.
Isabella había llegado.
Hermione abrió los ojos y se vio en el piso de la sección prohibida. Sus ojos marrones aún no captaban correctamente la realidad. Se volteó agitada y vio a Draco a su lado, que se sostenía la herida mientras parecía sufrir un dolor terrible. Ella se puso junto a él y sacó su varita.
- Todo pasará, puedo arreglarlo...- dijo ella casi en un susurro mientras acariciaba el rostro del rubio. - Cicatirum
La herida abierta del Slytherin fue cosiéndose y luego cicatrizándose al instante. Hermione se auto conjuró para sanar sus heridas también. Draco pareció respirar con mayor tranquilidad mientras William caminaba alrededor de ellos
-
Están bien? Todo está bien? Por favor respóndanme!
-
Estamos bien! Ya deja de preguntar holograma...me duele la cabeza.- dijo Draco levantándose lentamente, aún sintiendo los estragos de su percance.
-
Deben irse, ya es tiempo.- dijo William.
-
Pero ni siquiera llegamos a ver cuando ambos morían! Cómo vamos a cambiar el pasado esta noche si no hemos visto aún lo que va a suceder?- exclamó Hermione consternada.
-
Lo sé, es complicado...el tiempo no alcanza..Hoy tendrán que venir más temprano...a las siete por lo menos.
-
Yo digo que desde las seis...- dijo Draco.
Hermione los miraba a ambos estupefacta.
-
No me puedo desaparecer por tanto tiempo! Ustedes todo lo ven fácil, desde su perspectiva cerrada y limitada! Mis amigos lo notarán es simplemente imposible que yo,..
-
Ella lo hará, estará aquí a las seis.- dijo Draco a William. - Ahora nos vamos porque tenemos que dar los exámenes.
La castaña no podía creerlo. Pudo una de sus manos sobre su frente y respiró profundamente. Las cosas estaban llegando a su fin, sí; y por ello estaban requiriendo de un mayor esfuerzo. El problema era que Hermione no estaba segura de poder dar más.
Ya no tenía fuerzas.
Ginny salió de la sala común tras gritos y festejos. La gente aún estaba eufórica por la victoria del partido contra las veelas, y aunque hubiera querido quedarse, tenía cosas realmente importantes qué hacer, y que simplemente no podían postergarse.Caminó por los pasillos topándose con varios alumnos de casas distintas, alumnos de su edad y a la vez tan diferentes a ella. Por primera vez en su vida notó lo poco parecida que era a cualquiera de las chicas y chicos de su edad. Sus ojos miel siguieron cada uno de esos rostros familiares, y habría quedado inmersa en ellos de no ser que unos ojos verdes en la salida hacia las afueras de Hogwarts la miraron, y automáticamente desaparecieron.
- Paul...- dijo para ella misma.
Despertó de su ensueño y corrió lo más rápido que pudo hasta salir del castillo. Ya allí afuera buscó con desesperación algún rastro, y entonces pudo ver una túnica negra desvanecer entre los árboles que daban al bosque prohibido.
Sí, él quería que lo siguiera.
Y eso haría ella.
La pelirroja corrió intentando no perderse y poder seguir el paso del castaño. Ya en el bosque las cosas se complicaron, las gruesas raíces que salían de la tierra le impedían correr con libertad. Cayó y tropezó cientos de veces, pero pronto pudo ver un claro en el cual estaban todos sus compañeros de la sociedad. Paul la miró intensamente, pero pronto desvió su mirada a otra parte, como evadiéndola. Ginny se preguntó si por alguna razón él estaría molesto.
No tuvo tiempo de acercársele pues Adriana se colocó en el centro, llamando la atención de los miembros.
- Muy bien, amigos. Estamos aquí porque ya no queda mucho tiempo, y las cosas que debemos hacer se deben llevar acabo esta misma noche. Falta solo un día para que dejemos Hogwarts, algunos para vacaciones y otros...para siempre. Mañana entregarán las notas y pasado mañana un tren querrá llevarnos a casa. Y lo haremos, sí, pero no sin antes hacer pagar a quienes deben pagar. Creo que no es necesario hacer una introducción, así que es mejor ir al punto que a cada uno de nosotros nos concierne...hablemos de las bombas.
Ginny empalideció con tan solo escuchar aquella palabra ¿Bombas¿Cuál era precisamente el plan de la sociedad? Ella también quería hacer justicia, pero por alguna extraña razón aquello no le estaba gustando para nada.
De entre los árboles aparecieron dos miembros de la sociedad. Uno era de Hufflepuf y el otro de Ravenclaw...entre ambos llevaban cajas negras.
-
Lo que ven aquí son nuestros armamentos.- dijo Adriana señalando las cajas. - Lo pondremos en la sala común de Slytherin. Dudo que alguno de esos insectos salga con vida.
-
Vamos a matarlos?- dijo Ginny dando un paso hacia delante. - No pueden estar hablando enserio...
-
Ginny, te veo extremadamente dudosa desde el inicio de esto y te dije bien que, si no tenías el valor suficiente te retiraras porque aquí estamos los que queremos lograr un cambio, los que no somos cobardes.- dijo Adriana caminando hacia ella bastante molesta.
La pelirroja rió con sarcasmo.
-
Te equivocas Adriana, te equivocas tanto. No tengo dudas, de hecho, sé muy bien lo que quiero: quiero hacer justicia, quiero que los mortífagos caigan, sí. Pero esto que pretenden hacer no es justicia: es un crimen ¿Cómo saber si todos y cada uno de los Slytherins son mortífagos? Estamos hablando de eliminarlos a todos! Y los inocentes? Lo que no tienen nada que ver con toda esta guerra de sangre?- dijo Ginny mientras se colocaba en el centro del claro, llamando la atención de los miembros. - Esta no es una Sociedad que busca justicia, es una sociedad extremista que no conoce sus límites. Y se equivocan cuando creen que son valientes al estar aquí, porque esto no es valentía…es simple deseo de venganza, es una forma de descargar la ira que sienten y no es la mejor forma.
-
Por favor! Ginny Weasley no vengas a hablarnos a nosotros de lo que es bueno o no. Tú precisamente, quien ha hecho con su vida lo que ha querido este año.- dijo Adriana con sequedad.
Ginny la miró confundida.
- Tú cómo sabes! No sabes nada de mí...
Adriana rió.
-
Ahora la que se equivoca eres tú. Todos dentro de esta sociedad sabemos de ti. Aquí todos sabemos de todos...y tú siempre estuviste de prueba, porque se necesita más que solo talento para pertenecer a esta organización.
-
Tú estás distorsionando los preceptos.- dijo Ginny. - Lo que propones no está bien, no lo está y nunca lo estará. No seré partícipe de esto. Y repito: no es valentía lo que sienten! Es cobardía! Son cobardes de decirle a Adriana que esto que hacen está mal! Resulta...que caen tan bajo que los mismos mortífagos a los que critican.
Ginny dio media vuelta y se dispuso a salir, mas los dos alumnos que habían cargado las bombas la detuvieron tomándola de ambos brazos.
-
Déjenme!- exclamó ella tratando de soltarse.
-
Suéltenla!- gritó con firmeza Paul.
Adriana miró al castaño impactada.
-
Qué pretendes! Que se vaya así como así? Ella ya no pude retirarse! Es muy tarde para que lo haga...
-
Dije...que la soltaran.- ordenó.
Los dos chicos la soltaron, y entonces Ginny se sintió confundida ¿Desde cuándo Paul daba órdenes? Él fijó sus ojos verdes sobre los de ella, y caminando se colocó en el centro del claro. Rayos de sol penetraban por entre las ramas de los árboles y caían sobre él haciéndolo ver como un Dios. Algo estaba punto de suceder y ella podía sentirlo...
Pero no imaginarlo.
- Ginny, voy a permitir que te retires...porque sabes bien que eres mi debilidad. Adriana no es la presidenta, nunca lo ha sido. Soy yo el líder, siempre hacemos un teatro para quienes están a prueba...como sabes bien, no podemos dejar que cualquiera ingrese a nuestra Sociedad y sepa los secretos de ella. Haz lo que sientas correcto...nadie te lo impedirá. Pero nosotros no nos detendremos, y si constituyes una amenaza en cualquier instante, tampoco me detendré ¿Comprendes?
Ginny se sentía traicionada, engañada. Sus ojos miel se llenaron de lágrimas sin poder creer que quizás, desde un principio, Paul solo se había acercado a ella para conocer si era un "miembro valedero" para la sociedad. Todo fue una mentira, una asquerosa mentira más sumada a su vida.
La pelirroja caminó hacia Paul y escupió a sus pies.
- Que tú y tu asquerosa Sociedad se vayan al infierno. Porque es allá a donde van, créeme.- le dijo en voz alta, para que todos escucharan. - Y si quieres un consejo, mejor detenme, porque seré más que una amenaza...hará que te arrepientas de haberme incluido en tu estúpido círculo de fracasados!
Y con esto dio media vuelta saliendo del claro. Los miembros emitieron sonidos de asombro y Adriana corrió hacia Paul.
-
Estás loco! No escuchaste lo que dijo! Es una amenaza! Debemos impedir que salga!
-
No puedo detenerla…a ella no puedo prohibirle nada.- dijo Paul. - Voy a correr el riesgo. La conozco bien, y sé cuán peligrosa es...debería temer, pero por alguna razón no lo hago.
-
No puedes poner a la sociedad en riesgo!- exclamó Adriana entrando en histeria. - Menos por un enamoramiento pasajero!
Paul fijó sus ojos verdes en los de la rubia. La serenidad de su rostro resultaba inquietante. Con sequedad respondió dando su última sentencia.
- Eso lo decido yo, y quienes me sigan, lo aceptarán.- dijo mientras miraba al resto de integrantes. - Pueden irse los que no están de acuerdo…yo soy un líder, no un dictador. No obligaré a nadie a seguirme, tampoco lo haré con Ginny. Y eso no tiene nada que ver con mis sentimientos hacia ella, sino con la libertad que tiene cada individuo a escoger su camino. No me interpondré en sus decisiones.
Con esto el Presidente de la Sociedad de Poetas caminó hacia los árboles y desapareció. Todos los miembros se mantuvieron en silencio, sabiendo que no serían capaces de abandonarlo. Sus convicciones estaban fijas, y siempre habían confiado en Paul. Estaban dispuestos a hacer "justicia" y seguirían a su líder hasta las últimas consecuencias.
Repito,
Hasta las últimas consecuencias...
Harry reía junto a Dean y a los demás en la sala Gryffindoriana. Todos estaban eufóricos, haber ganado la Copa intercolegial era simplemente fantástico. Sus ojos verdes se posaron entonces en Ron, quien permanecía en una esquina sin decir absolutamente nada y con la mirada perdida.Algo estaba sucediendo.
El moreno se deshizo de sus amigos y caminó hacia el pelirrojo, quien no se percató de su presencia hasta que éste decidió hablar.
-
Qué haces aquí? Creí que querrías presumir con todos lo bien que jugaste o no?- dijo Harry sonriendo.
-
Luna, no la vi después del juego en las tribunas. Ni siquiera apareció cuando bajamos de las escobas como siempre lo hace. No sé en qué está pensando pero no se lo voy a perdonar.
Harry cambió su actitud de inmediato, parecía bastante sorprendido.
-
Luna? No estaba en las tribunas? Pero si yo la vi antes de terminar el segundo tiempo.
-
Yo también, ahí estaba. - dijo Ron molesto. - Pero cuando atrapaste la snitch y gritaron las barras fijé mis ojos en la tribuna de Ravenclaw para sonreírle,..y ya no estaba. Creí que bajaría entonces pero no la vi por ninguna parte. Ella sabía lo importante que era esto para mí!
-
Por eso precisamente me parece tan extraño Ron. Luna no de las que se desaparece así como así, sin avisar y sin tener una razón fuerte. No es como otras, que entran ahora por la puerta de la sala común como si nada...
El pelirrojo fijó sus ojos en Hermione, quien entraba con una sonrisa de oreja a oreja mientras corría a abrazar a sus mejores amigos.
-
Felicidades! Me lo han contado en el camino! Han estado espectaculares! Sabía que ganarían...
-
Al menos debiste avisar que estabas en la enfermería. Si Luna no nos hubiera avisado nunca lo habríamos sabido.- dijo Harry algo resentido.
Hermione no comprendía, pero decidió seguir con el juego. Ya tendría tiempo para agradecerle a Luna el gesto de cubrirla.
-
Pues, lo siento en verdad me sentía mal y no pude... ¿saben dónde está Luna?- dijo Hermione recordando inmediatamente lo de la Sociedad.
-
Eso es lo que quiero saber.- dijo Ron fastidiado. - Si la ves, dile que quiero hablar con ella y que no estoy jugando. No es justo que me haga esto...
Ron subió las escaleras de la sala común hacia los dormitorios masculinos.
-
Creo que le afectó bastante.- dijo Harry.
-
Cuándo comenzamos los exámenes?- preguntó Hermione repentinamente.
-
En una hora.- dijo el moreno.
Muy lejos de la torre Gryffindoriana, unos ojos celestes se debatían en una guerra para poder abrirse. Los párpados le pasaban, y su garganta ardía como en llamas. Le costó unos pocos minutos notar que sus manos estaban atadas, y que sus piernas se encontraban inmovilizadas. Luna sollozó desesperada, intentando entender lo que sucedía. Sus cabellos tiernos, dorados y angelicales estaban esparcidos por el suelo de madera. La confusión que experimentaba la aterró, y solo pudo llorar sintiéndose completamente sola, en un lugar que ni siquiera era capaz de identificar.Hermione sostuvo la pluma con firmeza. Sus ojos marrones pasaron rápidamente las hojas de su examen parte teórica. Conocía todo aquello, sí, ella lo sabía. Con seguridad comenzó a escribir, sin sentir el peso de unos ojos grises mirándola con intensidad al otro lado de la clase.Snape caminaba entre los pupitres poniendo nerviosos a los alumnos cuya fuerza de carácter y conocimientos eran bastante débiles. La mayoría había alcanzado una nota promedio en la parte práctica del examen, los únicos sobresalientes fueron de Hermione Granger y Draco Malfoy. Pasó por las mesas donde se encontraban los Slytherins, y no pudo dejar de notar que su alumno preferido parecía no estar preocupado por el examen que debía rendir.
- Draco te aconsejo que pongas tus cinco, seis, siete sentidos si es que puedes en esta prueba.- dijo el profesor de Pociones. - En tu camino después de Hogwarts, saber de pociones te va a ser extremadamente útil...
Draco levantó la mirada para chocarse con unos ojos negros y misteriosos. Snape sonrió sarcásticamente y siguió caminando. Él sabía, estaba seguro de que Snape sabía que él ya era un mortífago. El Slytherin rió, pues se preguntaba qué habría dicho su maestro si supiera las verdaderas razones de su conversión.
"Por una sangre sucia", pensó, e inconscientemente sus ojos volvieron a posarse en ella. Hermione escribía sin detenerse, sus ojos brillaban con intensidad mientras hacía su perfecto desenlace al ensayo que era requerido. Faltaba tan poco para que todo aquello terminara, tan poco que ya casi sentía el dolor de la realidad golpear su rostro con furia. Draco sabía lo que tenía que hacer, lo había decidido unos días atrás. Era lo mejor, era lo que se debía hacer...
Hermione se levantó de la mesa algunos minutos después y entregó la hoja en las manos de Snape. Él la miró con superioridad, y por única vez, la castaña le devolvió la mirada dejándolo atónito. Dio media vuelta y caminó hacia la salida, pero entonces escuchó la voz del profesor esparcirse por la clase.
- Ría ahora, señorita Granger, quisiera seguir viendo su sonrisa cuando salga de estas cuatro paredes que la protegen, y vea un mundo en el que ahora, las de su clase, deben esconderse para sobrevivir.
Aquellas palabras golpearon a Hermione como dos puños violentos. Por un momento no pudo moverse del marco de la puerta, y cuando recobró el sentido de las cosas notó los gritos de Harry y Ron extendiéndose en el salón. Se volteó y los vio, ahí, parados y desafiantes frente a Snape...aquello no podría traer nada bueno.
-
Por favor no! No vale la pena.- dijo ella entrando y tomando los brazos de sus dos mejores amigos.
-
No vamos a permitir que te vuelvan a insultar Hermione...- dijo Harry.
-
No en nuestra presencia...- completó Ron.
-
Este, sin duda alguna, no es el comportamiento en un examen.- dijo Snape disfrutando de la situación. - Señor Potter, señor Weasley, quedan suspendidos del mismo.
Hermione no pudo respirar, pero ni a Harry ni a Ron pareció importarles ese hecho.
Harry caminó hacia la mesa y tomó su examen para con ambas manos romperlo. Ron arrugó el suyo y lo lanzó a los pies de Snape.
-
Puede tragarse su maldito examen.- dijo Ron mientras cerraba la puerta con fuerza.
-
No debieron...- dijo Hermione caminando por los pasillos junto a sus amigos.
-
No te preocupes, igual no sabíamos nada.- dijo Ron para confortarla, pero ella sabía que ambos habían estudiado bastante para aquel examen. Jamás olvidaría aquel gesto, ni siquiera en sus peores momentos, siempre recordaría la protección que sus amigos le brindaron.
Draco entró a la sala común de Slytherin y automáticamente Blaise corrió hacia él. En su expresión había cierto grado de temor y angustia. Fijó sus ojos grises en los sillones verdes y vio a Pansy sentada en ellos, mas ella parecía bastante tranquila. La expresión fría de sus facciones le dijo que el problema no involucraba a todo su grupo. Crabbe y Goyle reían idiotamente mientras conversaban de algo que Draco no podía escuchar a aquella distancia. Repentinamente la voz de Zabini lo sacó de su aparente ensueño.- Maldita sea Malfoy escucha que esto es importante!- exclamó Blaise en un ataque de desesperación.
-
Habla.- dijo Draco secamente. - Tengo cosas qué hacer.
-
Pansy nos acaba de informar, el señor oscuro vendrá por nosotros mañana, antes de salir de Hogwarts.- dijo Blaise nervioso. - Malfoy, aún puedes retirarte de esto. Sabes bien que va a matarte si descubre que eres un traidor.
-
No voy a retirarme.- afirmó el rubio. - Ahora menos que nunca. No le temo a la muerte, y si es eso lo que me espera no huiré de mi destino.
Draco quiso seguir su camino hacia su habitación pero Zabini lo detuvo nuevamente,
- Sabes que él también me matará por saber que eres un traidor y no decírselo.- dijo con una voz oscura.
Draco dio media vuelta y fijó sus ojos grises en los de su amigo.
- Si tanto le temes puedes decirle que soy un traidor; pero te advierto, que antes de que lo hagas yo ya te habré matado.
Zabini lo miró ofendido.
- No te he delatado antes y no lo hará ahora!- exclamó con ira. - Pero eres obstinado y eso no te va a llevar a ninguna parte. Si vamos a morir por esto pues bien! Lo haremos! Pero no será sin que antes yo te haya dicho lo que pienso. La Granger esa, no vale la pena y no puedo entender qué ves en ella. Es una sangr...
Pero antes de que pudiera terminar Draco había sacado su varita y lo había apuntado con esta. En la sala aún nadie se percataba de la escena que se estaba dando al pie de la entrada.
-
Nunca te refieras a ella así en mi presencia Blaise.- dijo Draco mientras guardaba su varita. - Y sé que no me delatarás, eres en quien más confío...y aún así no te tengo confianza. Sé que no comprendes, pero si estas conmigo en esto harás lo que sea necesario y lo que yo te pida.
-
Lo haré.- dijo Zabini. - Aunque me cueste la vida.
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Saludos Mágicos****NOX.