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Cambiando el pasado — capítulo 43

**Lo haré.- dijo Zabini. - Aunque me cueste la vida.**Hermione caminaba por los pasillos de Hogwarts. Luna no aparecía por ninguna parte, la había buscado en todos los lugares que ella frecuentaba. Paró en una esquina y trató de regularizar su respiración, la cual se había vuelto bastante agitada ¿Dónde estaba¿Y por qué sentía una presión en el pecho? Aquello no estaba bien, no sabía por qué pero no estaba nada bien. A unos metros vio la puerta que daba a las afueras de Hogwarts, y pudo ver a su mejor amigo arrimado a esta. Su cabello rojo lo distinguía del resto que salía a tomar un poco de sol antes del siguiente examen.

Hermione caminó hacia él.

Ron tenía la mirada perdida cuando la castaña se sentó en uno de los escalones. Él parado, la miró desde las alturas y luego volvió a ver al vacío.

  • Te pasa algo?- preguntó Hermione. - Te desapareciste de repente mientras entrábamos a la sala común.

  • Es Luna.- dijo Ron inmediatamente. - Acabo de hablar con una de sus amigas de Ravenclaw y dice que no fue a dar los exámenes. Nadie la ha visto, nadie sabe de ella…me está preocupando.

Hermione esbozó una sonrisa algo irónica, pues le parecía un error por parte de Ron llamar "amigas de Luna" a aquellas chicas de Ravenclaw que lo único que hacían era buscar la menor excusa para acercarse al pelirrojo. Ellas eran las que habían vivido insultando y minimizando a Luna, y aún lo seguían haciendo, solo que descarada e hipócritamente. Ninguna, por supuesto, soñó que alguien tan "insignificante" como Looney Lovegood podría atraer a un chico de séptimo, Gryffindoriano, jugador de Quittich, como lo era Ron Weasley.

  • A mí también me preocupa, teníamos cosas de qué hablar y me dijo que lo haríamos, y es demasiado extraño que Luna desaparezca de esta forma sin decir absolutamente nada.- dijo la castaña frunciendo el entrecejo.

Ron fijó sus ojos en ella.

  • Y qué tenías tú que hablar con Luna?- preguntó curioso.

Hermione se aclaró la garganta.

  • Cosas de mujeres Ron, no seas tan metido.

Ron miró al cielo y pudo ver cómo la tarde ya casi llegaba pegando fuertes rayos de sol sobre los cristales y paredes del castillo. Sus ojos miel bajaron nuevamente y metiendo ambas manos en sus bolsillos dio media vuelta con actitud decidida y firme.

  • ¿A dónde vas?- gritó Hermione al verlo entrar y dejarla sola.

  • A encontrar a Luna así me cueste desarmar este colegio.

Ginny entró a la sala común con rapidez y dejó sus libros sobre la mesa. Miró a su alrededor y notó que Harry se encontraba escribiendo en uno de los sillones de la sala. Sus ojos verdes fijos en el cuaderno, ni siquiera habían notado la presencia de la pelirroja; o al menos fingió no notarlo.- Harry, haz visto a Hermione?- preguntó Ginny con aparente impaciencia.

El moreno levantó la mirada y por un instante la pelirroja sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Solía sucederle cuando Harry la mirada de aquella forma, tan penetrante.

  • Ahora debe estar dando su examen de Aritmancia.- dijo casualmente.

  • Y sabes si ella tiene esa clase con algún Slytherin?- preguntó ella.

  • Para qué quieres hablar con un Slytherin?- dijo Harry cerrando su cuaderno. - Al menos que esté contigo uno de ellos en esa sociedad…

  • Ya no pertenezco a eso.

Los ojos verdes de Harry brillaron. Aparentó no sentirse aliviado por la noticia, sino más bien queminportista. Se levantó del sillón y dejó el cuaderno sobre la mesa. No pudo sentir cuando Ginny caminó hacia él hasta colocarse a su lado.

  • Por favor, necesito que me respondas.- continuó ella. - Conseguiré la información de cualquier otra forma y lo sabes.

  • No lo sé.- concluyó él. - Nunca le he preguntado con quienes tiene esa clase.- dijo mientras organizaba sus libros. - Entonces, qué te hizo dejarlos?

Los ojos miel de Ginny se fijaron en él.

  • No tienes que fingir que no te emociona saber que ya no estoy dentro.- le dijo. - Eres muy malo actuando.

Harry sonrió.

  • Enserio?

  • Sí, muy malo.

  • No puedo negar que nunca me gustó esa sociedad.

  • Como sea, debo irme, si ves a Ron no le digas que me viste.- dijo Ginny mientras daba media vuelta, pero entonces se vio obligada a volver, pues Harry la había sujetado por la cintura y pegado a él repentinamente.

Ginny no dijo nada, sus ojos se quedaron clavados en los verdes del moreno mientras sus narices se rozaban. Él cerro los ojos, sintiendo el cálido aliento de la pelirroja mezclarse con el suyo, su aroma, la suavidad de su piel. Necesitaba tanto tenerla así, simplemente no podía vivir ya sin ella. Sus labios encontraron los de Ginny, y se unieron intensamente. No había duda alguna, lo que ellos habían vivido y sentido era demasiado fuerte como para ser roto; habían pasado por absolutamente todo, y aún seguían queriéndose. Harry solo podía encontrar alivio a su soledad en los brazos de la pelirroja, y Ginny solo podía sentirse con vida cuando estaba junto a él. Estuvieron así durante varios minutos, hasta que sus labios por fin decidieron separarse. Harry fijó sus ojos verdes en ella, irradiaban fuego que nuevamente hicieron que sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo. Con voz baja, casi en un susurro le dijo:

  • Le voy a decir a Ron.

Los ojos de Ginny se abrieron instantáneamente. Podría haber jurado que durante esos breves segundos su corazón literalmente dejó de funcionar. Todo se puso nublado, y la confusión llegó a su mente con un mar de ideas abrumadoras.

  • Qué?

  • Ya no me importa.- dijo el moreno.- Ron es mi mejor amigo, y por lealtad hice todo para olvidarte, absolutamente todo lo que estuvo en mis manos. Pero no pude, no puedo olvidarte. Y no pienso seguir fingiendo toda mi vida que no te quiero porque no es así, me cansé de fingir, me cansé de mentir.

Ginny pudo poner en orden su mente para cuando Harry hubo terminado. Su dedo índice se levantó para impedir que él siguiera hablando, posándose en sus labios y sellándolos. Ella lo miró, y juntando todo el valor posible habló con serenidad y una dulce sonrisa en su rostro.

  • No Harry, tú no le dirás nada a Ron.- dijo suavemente. - No lo harás porque cuando sea el momento, lo haremos juntos. Pero ahora, ahora Harry, ni tú ni yo estamos listos. Lo que ha pasado este año nos ha demostrado que debemos madurar, que hay muchas cosas que debemos enfrentar. Nuestros fantasmas, nuestros miedos...debemos reconciliarnos con nosotros mismos antes de lanzarnos a cualquier cosa...

  • Ginny, yo debo buscar a Voldemort, debo derrotarlo...no te pediría jamás que me acompañaras en ello.

  • Lo sé, yo lo haría sin dudarlo Harry, pero sé que tú jamás me dejarías. Hay cosas que tú tienes que hacer y que yo debo hacer. Pero al final de todo este camino, yo siempre voy a estar aquí, esperándote.

Harry sonrió y acarició la mejilla de Ginny.

  • Entonces le diré a Ron cuando tú lo quieras.

Ginny cerró los ojos y le dio un pequeño beso.

  • Sé lo que vas a hacer mañana, a penas salgamos de Hogwarts, y no sé por cuánto tiempo te veré...

  • O si me volverás a ver...

  • No; yo te volveré a ver. Tu no vas a morir Harry está escrito...no lo hiciste antes y no lo harás ahora.

En ese entonces Ginny estuvo muy segura de sus palabras, pero años después, cuando sus ojos miel se posaran en el cuerpo de Harry sobre una camilla de hospital, sus convicciones se romperían y el miedo invadiría su sangre.

Sara caminaba por el campo de Quittich, inmersa en sus pensamientos, tratando de recordar qué había hecho mal; qué movimiento había fallado de tal forma en la que Harry Potter había acabado tomando la Snitch entre sus dedos. Pateó con fuerza la tierra y formó puños con sus manos. No estaba acostumbrada a perder. Su estancia en Hogwarts no había sido para nada agradable, no había conseguido nada de lo que había querido. Aquel chico de Slytherin, Draco Malfoy, que por alguna razón la atraía tanto parecía más interesado en esa chica de Gryffindor cuyo nombre no sabía pero tan solo verla le repugnaba. No sabía por qué, pero desde la primera vez que posó sus ojos en la castaña la detestó con tal fuerza que no podía entender de dónde provenía tanta ira. Sus ojos verdes se fijaron en un alumno que, misteriosamente, se internaba en el bosque prohibido."Bosque prohibido" pensó.

Sí, lo recordaba aún. Dumbledore les había advertido a ella y a las de su equipo que no se acercaran, menos en la época en la que se encontraban. Pero entonces¿qué hacía ese chico entrando allí? Por la túnica verde supo que pertenecía a la casa de las serpientes. La curiosidad movió a Sara Toscanini a seguirlo, ignorando incluso el peligro que podía acecharla.

Quizás fue un repentino sentimiento de valor, tal vez demasiada curiosidad que soportar, o a lo mejor, es que ya aquello estaba escrito.

Sea como fuere, Sara se internó en el bosque, siguiendo el camino de ramas y hojas caídas por el que caminaba aquel misterioso alumno. Pasaron algunos minutos hasta que se detuviera, y observara ante ella una cabaña pequeña, como la del velador y profesor de Hogwarts, cuyo nombre no recordaba con exactitud, debía ser algo como Hagrik...o Hogrid...

El Slytherin entró cerrando la puerta tras de sí, y Sara supo inmediatamente que algo andaba mal. Caminó con delicadeza, cuidando no pisar ninguna rama u hoja seca. Casi en puntas llegó a la cabaña, y así mismo, se acercó a una de las ventanas muy disimuladamente; procurando a toda costa no ser vista. Aquel había sido un juego para Sara hasta ese momento, un juego del gato y el ratón, un juego de niña caprichosa que no podía quedarse con la duda. Pero cuando vio el cuerpo atado y amordazado de una rubia que parecía inconsciente supo que el juego había acabado, y que lo que tenía en frente era probablemente, la escena más terrorífica que jamás presenciaría en su vida.

Su sangre se congeló.

El juego había acabado.

Hermione cerró la puerta de la biblioteca tras de sí. Miró el reloj que colgaba de una de las paredes de la biblioteca y respiró con tranquilidad. Eran las seis en punto.Draco estaba sentado en una de las mesas, parecía bastante pensativo cuando la voz de Hermione lo sacó de todos sus pensamientos.

  • Estás ahí?- dijo moviendo sus manos para llamar la atención del rubio.

  • Sí, es obvio no?- dijo bajándose de la mesa y caminando hacia ella.

  • Es que, te vi bastante...mm, inmerso en tus pensamientos.- dijo la castaña.

  • Cómo está la herida de tu brazo?- preguntó él cambiando de tema y tomando el brazo de Hermione, levantando la manga de su blusa.

  • Está bien.- dijo ella mientras le enseñaba la cicatriz. - Parece que eso va a quedar ahí para siempre...

  • Parece que sí.- dijo el rubio mientras que con sus dedos acariciaba la piel de la castaña. Quizás nunca más podría sentirla bajo sus manos.

Hermione tembló ante el roce del Slytherin, era increíble como, a pesar de que ya había pasado tanto tiempo, ella seguía reaccionando igual a cada una de sus caricias. Draco fijó sus ojos con intensidad en los de ella, y eso fue suficiente como para aterrorizar a la Gryffindoriana, quien sabía perfectamente lo que esas miradas conllevaban.

  • Ya es tarde.- dijo y soltándose de él caminó hacia la sección prohibida.

William, como siempre, los esperaba sentado en una de las mesas. Su rostro denotaba consternación, como de quien sabe que el final esta cerca, y desea con toda su alma que tenga el desenlace debido.

  • Ya está, cuando vean cómo mueren, los retrocederé minutos antes para que cambien lo sucedido.- dijo él caminando de un lado a otro.

  • Cómo cambiarlo si no nos pueden ver ni escuchar.- dijo Hermione.

  • Ahí está el dilema, pero pueden mover cosas, pueden cambiar las cosas de lugar; tendrán que depender de ese único poder.- dijo Will mientras abría el libro nuevamente. - Suerte, y por favor, tengan cuidado.

Ambos asintieron y se vieron tragados por un remolino que los llevaría a su último viaje al pasado.

Luna abrió los ojos con dificultad. Sentía los párpados pesados y el cuerpo adolorido. Sí, recordaba haber despertado algún tiempo atrás, recordaba haber llorado y gemido en busca de ayuda y haber desfallecido. Tenía la esperanza de que aquello hubiera sido una pesadilla, una terrible pesadilla, pero ahora veía con terror que no era así. Recordaba, sí, recordaba bien, haber bajado de la tribuna y después todo era confuso. Spencer nunca apareció, solo una luz que sabía bien era un hechizo dirigiéndose hacia ella. Humedeció sus labios rosas, delicados y ahora sedientos. Con asombro notó que ya no estaba amordazada, ya ni siquiera estaba atada. Se sentía débil, extremadamente débil. Sus cabellos dorados se despegaron del gran sillón mientras se sentaba, y observaba a su alrededor. Estaba en una cabaña, bastante amplia y aún así reducida. No había mucho mobiliario, todo parecía viejo y roído. La luz a penas lograba penetrar por las ventanas, y ésta era roja; la luz rojiza que proyectaban los rayos de un sol que estaba a punto de ponerse. Supo que habían pasado varias horas, que ya estaba a punto de oscurecer ¿Qué estaba sucediendo? Sus ojos celestes, puros e inocentes se fijaron entonces en una silueta que se encontraba en una esquina, que se había mantenido ahí, observándola, quizás por un tiempo indefinido. Hizo gran esfuerzo para poder ver quién era, pero le era imposible. Humedeció sus labios mientras que el miedo se reflejaba en su rostro angelical. Parecía un ángel encadenado, un ángel atrapado. Con voz temblorosa y suave...dulce, como la de una melodía, y ojos húmedos habló:- Quién es? Por qué estoy aquí..? Por favor...quiero irme...- dijo sin saber qué más decir.

La voz, desde la oscuridad le habló.

  • Te irás Luna, nos iremos juntos para siempre de este podrido mundo.-respondió una voz maniaca, que ella reconoció a pesar de la distorsión que le daban sus intenciones.

- Jack?- dijo mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas.

Spencer caminó hacia la ventana y la luz roja cayó de frente sobre su rostro. Sus ojos claros brillaban con una intensidad casi morbosa, sus músculos faciales permanecían tensos y sus pupilas dilatadas. Ella sintió terror, pues supo casi de inmediato que estaba en manos de quien no tenía cordura propia. Más lágrimas cayeron por su rostro porcelánico, ahora todo su cuerpo temblaba; parecía una paloma herida, a punto de morir.

  • No tienes idea, de cuánto amo el sonido de mi nombre sobre tus labios...- dijo él mirando por los cristales de la ventana. - Es un sonido celestial...casi divino.

Luna sollozaba, tenía los dedos incrustados en el sillón. Parecía aterrada, y sí que lo estaba.

  • Pero lo divino, no es para mí verdad?- dijo Spencer mientras fijaba ahora su mirada en ella. Era una mirada demente, frenética. - Es para Weasley. Crees, Luna, que no soy digno de lo perfecto? Lo crees!- gritó repentinamente y Luna solo puso pegarse más al sillón mientras lloraba sin control alguno.

  • Jack...no, por favor, no.- pidió ella con voz quebrantada, casi sin poder pronunciar palabra debido a las lágrimas que brotaban por sus ojos celestes.

  • No...Yo no soy digno de lo perfecto. Iba a hacerte mi reina, todo iba a ser para ti...y tu, tú me traicionase...me traicionaste igual que todos!- gritó mientras sus ojos se enrojecían, lágrimas comenzaban a caer por éstos. - Yo confié en ti...y tú me hiciste débil!

Luna seguía llorando. No comprendía absolutamente nada, solo podía sentir el terror llenar su corazón de cristal, y sus alas mancharse de sangre. Podía sentir el mal, sí; Luna no lo entendía, pero podía sentirlo. En su mente solo estaba Ron, y no podía comprender por qué él no estaba allí, con ella.

Ron, por qué no estás conmigo? pensó mientras seguía llorando. Temía, sí; pues tanta maldad para un ser puro era insoportable.

Spencer se dejó caer al suelo, arrodillado al pie del Sillón en donde Luna se encontraba. Sus ojos, llenos de lágrimas, la miraban con devoción. Estiró su mano hacia ella, y Luna retrocedió dejando salir un grito de temor. Jack dejó caer su mano al suelo, y con fuerza golpeó la madera con ambos puños.

  • Es que ni siquiera soy digno de tocarte! Ni siquiera eso Luna! RESPÓNDEME!

Pero ella solo pudo llorar con más intensidad, ahí, arrinconada en la esquina del sillón, dejando caer sus cabellos dorados por su cuerpo.

  • Pero no te preocupes, pronto estaremos juntos...para siempre..

Y fue solo entonces cuando Luna sintió el olor a gasolina por toda la cabaña.

Mientras esto sucedía en el bosque prohibido, Pansy caminaba por los pasillos de Hogwarts hacia su sala común sin siquiera imaginar lo que le esperaba. Una mano la detuvo obligándola a voltear.

  • Suéltame Weazly!- dijo asqueada mientras se soltaba y limpiaba el brazo.- Ahora tendré que bañarme para que no se me pegue lo vulgar...

  • Es Weasley en primer lugar, y en segundo no tengo tiempo para responder tus infantiles afirmaciones de tipa idiota y descerebrada porque eso SÍ sería ser vulgar.- aclaró la pelirroja con desesperación. - Ahora hay cosas mucho más importantes qué discutir.

  • No tengo absolutamente nada que discutir con una Wezly.- dijo estúpidamente la morena mientras daba media vuelta y seguía su camino.

La voz de Ginny sonando por el pasillo la detuvo en seco.

  • Van a poner bombas en tu sala común.

Mika abrió la puerta saltando de los nervios. Había visto desde las ventanas de la planta alta a Xavier y a Isabella entrar por la gran puerta. Había temido tanto que en la guerra resultaran heridos de muerte. Cerró la puerta rápidamente una vez que ambos entraron, como si temiera que un Goth pudiera aparecer repentinamente.- Señora! Mi señora!- dijo Mika sosteniéndose el pecho de la angustia.- Está usted bien? Están bien? Señor?

Pero ninguno de los dos parecía escucharla. Draco Hermione habían logrado entrar justo antes de que Mika cerrara la puerta y parecían estar agotados. Isabella estalló en gritos.

  • Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer o no! Dime quién!

  • Soy tu marido aún! O tengo que recordártelo cada cinco segundos!- exclamó Xavier soltando su espada y dejándola caer al suelo con un ruido estridente. - Magdalena me pidió que te protegiera, y es mi deber velar por ti al menos hasta que se disuelva nuestro matrimonio!

  • Tu deber?- dijo Isabella indignada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. - Tú deber Xavier? Te libero de cualquier deber que tengas conmigo! Te libero! Puedes ir libremente a buscar a Carmen! Ella no es un "deber" no es así!

Isabella ya no podía más, las lágrimas caían por su rostro no solo por el dolor que sentía, sino por rabia; sí, rabia de verse tan vulnerable y débil.

Xavier no comprendía.

  • No metas a tu hermana en esto Isabella, ella hace mucho tiempo que dejó de importar en nuestros asuntos.

  • Eso es mentira!- gritó Isabella. - Ella nunca ha dejado de estar! Y nunca existió "nuestros asuntos"! siempre fui un objeto para que tú pudieras llevar a cabo una venganza estúpida y sin sentido! Yo soy la que en primer lugar nunca debí haber estado dentro de este problema! Fui una estúpida al creer que de repente yo podría llegar a importarte, fui demasiado estúpida...

Xavier la miró indignado.

  • De qué estás hablando! Debes estar completamente loca Isabella! Eres la única mujer que conozco que juega con mi mente de esta manera! Lo único que haces es confundirme, no puedo entenderte ni quiero hacerlo. Eres peor que Carmen.

Eso era más de lo que Isabella podía soportar.

  • Te odio Xavier! Juro que te odio!- gritó mientras caminaba con furia hacia la puerta, mas él la detuvo inmediatamente.

  • Ódiame todo lo que quieras, no me importa. No te voy a dejar dar un solo paso fuera de esta casa.

Fue entonces cuando de la puerta que daba hacia la cocina apareció William, parecía bastante agitado y nervioso.

  • William?

  • Entré por la puerta trasera.- se explicó él. - Están bien?

  • Sí, la guerra...

  • La guerra en el límite con los vampiros ha terminado; Lilith, Stephen y los muggles ganaron.

Isabella dio un respiro de alivio.

  • Y Lilith está bien? Stephen?

  • No sé si se encuentran bien, pero la noticia de que han ganado me ha llegado ya.- dijo William. - Por cierto¿dónde están los guardias de la entrada y la puerta trasera? Al llegar no los vi por ninguna parte... ¿No deberían estar resguardando la mansión?

  • Deberían.- dijo Xavier. - Tampoco yo los vi. Parece que se fueron, quizás a proteger a sus propias familias.

  • Entonces este no es un lugar muy seguro tampoco. Deben irse.

  • A dónde? Ahora el mejor lugar es este, no existe otro. Estamos igual de expuestos aquí que en cualquier otra parte.- dijo Xavier.

William tomó una espada.

  • Yo debo ir a mi casa, mamá está entrando en histeria. No te importa si me llevo esto no es así?

  • No.- dijo Xavier. - Llévatelo. Y ten cuidado en el camino.

"Esas serían las últimas palabras que yo escucharía por parte de Xavier el resto de mi vida"

Sara Toscanini entró a la sala común Gryffindoriana cuando todas sus compañeras salían dirigiéndose al tren que las llevaría a su colegio de veelas. Algunas la detuvieron, pero ella las empujó incapaz de hablar, incapaz de decir absolutamente nada. Cuando llegó al centro de la sala y sus ojos se fijaron en el cabello rojo de Ron Weasley, su corazón pareció volver a latir y su sangre volver a correr con normalidad, mas las lágrimas no pudieron dejar de salir y recorrer su perfecto rostro. Corrió hacia él, y habló casi sin coherencia, sin sentido...pero sabía que Ron iba a entenderla, tenía que entenderla.- Tu novia...la Ravenclaw, le están haciendo daño...en la cabaña del bosque, muy lejos del campo de Quittich. Un Slytherin era un Slytherin!

Hermione fijó sus ojos en el reloj que colgaba de la pared. En el pasado¿existía el tiempo? Aquella pregunta no tuvo nunca respuesta pues la voz de Isabella, quien había tomado asiento en uno de los muebles de la sala sonó por el lugar, acaparando su atención por completo.- Cuando todo esto termine quiero sacar mis cosas de aquí y llevarlas a mi casa.- dijo ella sin mirar a Xavier.

  • Cuando esto termine, podrás hacer lo que quieras.- dijo él fríamente.

  • Te puedo pedir un último favor? Aunque sea, por todo este infierno que me has hecho vivir lo cumplirías?

Xavier fijó sus ojos en ella.

  • Dime.

  • Quiero que te alejes de Carmen.

Xavier rió incrédulo ante aquella frase en forma de petición.

  • No lo tomes como una broma.- exigió ella.- Tú no le haces bien a mi hermana, ni la quieres ni ella a ti. Solo estás obsesionado con ella que es distinto...

  • Yo no estoy obsesionado con tu hermana Isabella! Te dije que no la metieras en esto, ya basta! Es un tema cerrado.

  • No está cerrado Xavier, no lo está. Si lo estuviera, no habrías ido en la mañana a buscarla.- dijo ella con voz apagada, serena, pero que denotaba un profundo dolor.

Y los ojos grises del rubio se encendieron con una llama de esperanza repentina.

  • Por eso me dijiste todo lo que me dijiste en la casa de Magdalena? Fue por eso?- preguntó él mientras caminaba hacia ella y tomándola de los brazos la levantaba, obligándola a mirarlo de frente. - Respóndeme! Fue por eso!

Isabella se soltó de él con rabia.

  • Por qué más podría ser!- le dijo con los ojos llenos de lágrimas. - Debiste haber dejado que yo me fuese la noche anterior y no permitir que yo...

Pero en el rostro de Xavier lo que ahora se dibujaba era una sonrisa. Era como si la felicidad hubiera llegado a él repentinamente.

Y así mismo se iría.

Isabella se había callado, al principio Hermione no comprendió por qué, pero entonces notó que los ojos de la castaña estaban fijos en la escalera, justo detrás de Xavier. El rubio se volteó, y sus ojos grises de inmovilizaron ante la figura de un hombre alto, de tez pálida y rígida, que con ojos rojos y furiosos los miraba a ambos, sosteniendo entre sus brazos, el cuerpo inerte de Zulema.

La sangre de Hermione se congeló, retrocedió unos pasos y chocó contra Draco, quien permanecía estático e inexpresivo. Sus ojos grises se fijaron en los de ella.

  • Tenemos que verlo antes de cambiarlo.- dijo firmemente. Y Hermione supo que no había otra salida.

Sus ojos marrones volvieron a fijarse en la figura oscura de la escalera. Su gran túnica negra caía por su cuerpo, su cabello castaño por su frente pálida y sus ojos, comúnmente negros, ahora destellaban rayos rojizos. Su expresión facial era tensa; Siron observaba a Xavier y a Isabella con rabia, ira...odio quizás. El cuerpo de Zulema entre sus brazos permanecía intacto, como si tan solo se tratara de una noche de ensueño y no de muerte la que había tocado a su puerta. Todo en su cadáver brillaba, hasta su cabello...y su piel pálida, incluso su piel irradiaba luz mortífera. Su vestido negro, caía en grandes hilanderas que cubrían los brazos del vengativo hermano, del poderoso Vampiro, del terrible asesino.

Siron bajó las escaleras lentamente. Xavier tomó la mano de Isabella y fue retrocediendo con ella lo más que podían. El vampiro depositó el cadáver de su hermana, de su reina, sobre uno de los muebles. Casualmente, en el mismo en el que la habían encontrado un día atrás. Se inclinó sobre ella y depositó un beso sobre sus labios. Cuando volvió a fijar sus ojos en sus próximas víctimas, estos estaban llenos de lágrimas y demente crueldad. Hermione supo que, si la muerte debía tener un personaje que la representara, no habría uno mejor que Siron. Hasta entonces todos en aquella sala habían olvidado la presencia de Mika, pero se vieron obligados a recordarla cuando Siron la tomó del cabello y la atrajo hacia él bruscamente. La joven criada dejó salir un grito desesperado mientras sollozaba intentando liberarse.

  • Suéltala!- gritó Isabella, quien no saltó para defenderla solamente porque Xavier la había agarrado antes por la cintura, impidiéndoselo.

  • Es curioso, que seas tú, precisamente, la que me esté pidiendo algo.- dijo Siron con voz potente y vengativa. Sus dedos fríos pasaron por la garganta de Mika mientras ella temblaba y lloraba incapacitada de soltarse. - Me gusta el sonido de las súplicas humanas, es dulce...sí que lo es. Deberían conseguir guardias más eficaces, pero no se preocupen, ya me ocupé de ellos...

Siron haló el cabello de Mika hacia atrás con fuerza, dejando a descubierto su cuello, y así hundió su cabeza en él, aspirando el aroma de la mucama.

  • Ustedes, los humanos, despiden un olor repugnante.- dijo mientras miraba a Mika sediento. - Y aún así, no puedo hacer más que maravillarme por sus imperfecciones...

Y con estas últimas palabras clavó sus colmillos en el cuello de Mika, mientras ella gritaba y sollozaba al sentir el dolor agudo de la muerte.

Xavier soltó a Isabella y corrió hasta tomar una de las espadas con la que intentó lanzarse sobre el vampiro, pero ya era muy tarde, Siron soltó Mika dejándola caer al suelo en un mar de sangre y esquivando el ataque del rubio voló casi a segundos hacia Isabella, tomándola por el cabello igual que a Mika.

Xavier se paralizó, y sus ojos por primera vez se llenaron de miedo fatal. Siron sonrió, y poco a poco se rió a carcajadas estridentes que solo provocaron un creciente terror en el rubio.

Al otro lado de la sala, Draco no podía respirar.

Siron, sonriendo aún, habló frívolamente mientras acariciaba el cuello de Isabella.

  • Ella...sin embargo, tiene un olor tolerable...- dijo mientras fijaba sus ojos rojos en la castaña.

  • Suéltala!- gritó Xavier entrando en histeria...no podía ni siquiera concebir lo que pasaría si él llegaba a lastimarla.

Siron rió.

  • Vuelvo a repetirlo; como adoro el sonido de súplicas humanas...

Isabella luchó para soltarse, mas fue inútil. El vampiro haló con más fuerza su cabello y produjo que soltara un grito de dolor.

  • Qué es lo que quiere usted de nosotros! Usted y quien quiera que sea esa mujer no han hecho más que buscarnos y no sabemos por qué! Dinero! La guerra ya está ganada! Váyanse! Déjennos en paz!

  • Cállate asquerosa humana!- gritó Siron. - Y la próxima vez que hables de mi hermana, la reina, lávate la boca porque es demasiado para simples y repugnantes seres inferiores como los de tu clase!

Siron se había puesto frenético, sus pupilas estaban dilatadas e irradiaban más de esos rayos rojizos que o hacían ver aún más sobrenatural.

  • Suéltala…quieres sangre? Toma la mía! Pero déjala en paz!- exigió Xavier soltando la espada y dejándola caer al suelo.

  • Sangre?- dijo Siron fijando sus dementes ojos en los de él. - Sí, claro que sí! Quiero sangre, quiero sangre y es eso lo que voy a conseguir! Su sangre, la de ambos...rodando por los pisos de esta inmunda morada...sangre que limpie el pecado que cometieron al matar a mi hermana!

Luna no podía respirar, aquel olor intenso a gasolina estaba destrozando sus fosas nasales e irritando su garganta. Sus ojos celestes, llenos de lágrimas miraban temerosos a Spencer, quien acariciaba su varita a unos metros de ella, apoyado en una de las paredes de la cabaña. El silencio la estaba matando. Quería salir de allí, quería salir de aquella terrible pesadilla. Spencer comenzó a silbar, y Luna volvió a sollozar.- No tienes por qué llorar, pronto todo esto acabará.- dijo Jack con voz apagada. - Es tu culpa Luna, tú me hiciste débil...

  • Débil?- dijo ella con un inocente rostro bañado en lágrimas.

  • Yo tenía un plan!- exclamó Spencer con ira mientras empujaba una mesa. - Destruir a los malditos sangre sucia de este colegio! Quería destruirlos! Quería que desaparecieran de una buena vez! Y por eso escribí mensajes sobre las paredes, siendo ese solo el comienzo de todo lo que tenía planeado hacer!

Luna no podía creer lo que oía; había sido él, todo aquel tiempo había sido él el de los mensajes. La inocencia de la rubia se quebrantó ante aquello, no podía entender cómo alguien podía odiar tanto sin tener motivo alguno ¿La Sangre¿Qué era la sangre¿Acaso eso hacía mejor o peor a una persona? Ella sollozaba ahora no solo por el temor que sentía, sino por desilusión, decepción. Porque no comprendía por qué el mundo estaba tan enfermo.

Jack caminó hacia ella pero se detuvo a unos pasos. Su cuerpo temblaba y ahora él también lloraba. Estaba sufriendo, en agonía pura e insaciable.

  • Pero por ti…por ti maldita sea!- gritó Spencer. - Por ti dejé los mensajes no pude seguir con mi plan porque veía que eso te hacía daño. Y tú, tú me pagaste con el Weasley!

  • Por favor, por favor Jack...déjame salir de aquí, por favor, te lo suplico...no lo hagas.- pidió Luna con voz dulce e inmersa en llanto.

Spencer la miró fijamente.

  • Tengo que hacerlo, por el bien de ambos...Ya nada me importa, solo tú Luna...- tomó su varita empuñándola. - Incendio!

Una llama salió de la varita y cayó a suelo. Luna no supo cómo, pero pronto el fuego corrió a su alrededor formando un gran círculo que comenzaba a consumirlo todo. El humo llegó a ella, y el calor la aterrorizó. Gritó, sí, gritó con fuerza y se levantó del sillón pero no pudo moverse más, pues frente a ella estaba Jack, apuntándola con su varita. La rubia se detuvo en seco, y nuevas lágrimas corrieron por sus porcelánicas mejillas.

  • No, por favor...no lo hagas.- pidió ella entre sollozos.

  • Entiende que tengo que hacerlo!- gritó Spencer mientras lágrimas se asomaban por sus ojos maniacos. - Tú tuviste la culpa Luna! Tú me rechazaste como todos! Tú preferiste al Weasley! Yo te habría hecho mi reina! Te pude haber dado mucho más que nadie! Yo confié en ti! Confié y tú me hiciste débil! Vulnerable! Me hiciste sentir y eso nunca te lo perdonaré!

Luna sollozó, las lágrimas seguían cayendo como un torrente maligno. Sabía que aquel era su fin. Ya todo lo veía borroso, seguramente había inhalado demasiado humo. Las llamas cubrían el lugar, el calor los asfixiaba.

  • Hazlo entonces...- dijo ella con voz suave mientras cerraba los ojos aún sollozando en silencio. El miedo a la muerte, el miedo a no volver a ver la luz del día la consumió.

Jack sostuvo su varita directo a ella. Sus ojos claros dejaban caer lágrimas. Luna seguía con los suyos cerrados, esperando el sonido de un hechizo mortal caer sobre ella. Un sonido que nunca llegó. Lentamente volvió a abrir los ojos, aún aterrada, y pudo ver a Spencer apuntándola, con su mano temblorosa aún sosteniendo la varita. Lágrimas vivas corrían por su rostro.

  • No puedo…no puedo hacerlo!- exclamó temblando. - Perdóname, perdóname Luna!- y con estas últimas palabras puso la varita en su garganta. - Avada Kedavra!

  • No!- gritó Luna con todas su fuerzas y corrió hacia él, pero ya era demasiado tarde; el cuerpo inerte de Jack Spencer había caído al suelo.

La rubia gritaba con fuerzas aterrada, pero pronto sus gritos se apagaron. El humo penetró con fuerza sus pulmones dejándola sin aire, y sus ojos se nublaron obligándola a ceder y a caer al suelo. Lo último que sintió fue el calor consumiéndola, y el golpe de la madera contra su cabeza.

Ron corría apartando ramas y esquivando árboles, seguido por Sara y las veelas. Ya casi no tenía aliento. Miles de cosas pasaban por la cabeza del pelirrojo mientras hacía su camino hacia aquella cabaña furtiva.

Por favor que no esté muerta, por favor que no esté muerta pensaba, rogaba, mientras corría sin detenerse un solo instante. Ya nada más importaba, solo Luna. A su mente regresaban imágenes sin sentido propio; el cabello dorado de Luna bailando con el viento, sus ojos celestes mirándolo con ternura, sus manos frágiles, su piel porcelánica, su voz...

Paró bruscamente cuando se encontró frente a una cabaña en llamas. El fuego la consumía por completo mientras el techo se desmoronaba como si fuera de papel. Sara se tapó la boca aguantando un grito al igual que el resto de las veelas cuando llegaron, parando justo atrás de Ron, quien observaba el lugar con ojos desesperanzados y piel pálida. Por un breve momento creyó que iba a morir en ese mismo instante. No recordó haber respirado, no recordó siquiera haber sentido algo en aquel instante. Era como si, en ese mismo lugar, Ron Weasley hubiera muerto repentinamente.

  • Oh no, están muertos!- gritó una de las chicas.

Pero él no escuchó aquello, corrió hacia la cabaña y pateando la puerta ingresó sin importarle absolutamente nada más.

  • Estás loco! No entres! Regresa vas a morir!- gritó Sara desesperada. - Busquen a Madame Gracielle! Díganle que avise a Dumbledore! Que alguien haga algo!

El fuego salía por las ventanas, lo consumía todo, lo destruía todo. Ron se sintió en el mismo infierno cuando al entrar, no vio nada más que llamas ardiendo en todo el lugar. No había mesas, no había muebles, ni siquiera paredes; lo único que podía ver era el fuego y su implacable forma de llevarse todo consigo. Su corazón latía con fuerza mientras se adentraba al lugar, conociendo ya una verdad inminente: Luna no podía seguir viva. Era imposible, las llamas estaban en todas partes, y el humo había estado concentrado hasta que él pateó la puerta. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no solo por la intensidad del humo, sino por la terrible realidad que lo golpeaba.

  • Luna!- gritó desesperado mientras sentía la fuerza de la verdad desgarrar su interior sin piedad. Ella no respondería, ella no respondería jamás. Esa era la verdad, esa era su verdad.

**______________________________________________________________________________****Nooooooo Lunaaaaaaa.... Hola a todos!!****Les gustó el capitulo?   Los dejo impresionados no?****Les tengo malas noticias...... Quedan 3 Capítulos :(****Diganme en los comentarios si quieren que suba la otra historia de Monic  "La Revolución de las Bestias"****Saludos Mágicos!!**NOX