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El lobo se enamoró de caperucita. — capítulo 1
Día sin final.
Un día más amanecía, y yo como siempre sentada en la orilla de la ventana de mi cuarto… admirando el nuevo amanecer. Yo, una chica tan normal, común y corriente se mudaba de nueva cuenta a un pequeño pueblo donde dejaría de ver el hermoso sol y los pajaritos cantando en las copas de los árboles, gente con short y disfrutando de un día soleado en familia.
-¡Jade, baja a desayunar ahora mismo!- me había gritado mi madre.
Hoy teníamos que viajar, técnicamente de un país a otro, yo era del país de México, y tenía que viajar a estados unidos… por eso nuestros padres me habían hecho estudiar inglés, a mí y a mi hermano menor.
Baje a desayunar junto con mis padres y hermanos, mi madre había preparado unos deliciosos hot cakes, en mi familia solo éramos dos hijos, mi hermano menor Jackes, y yo.
Todos estábamos muy unidos, solo que mis padres tenían que viajar por el trabajo de mi padre, él era un administrador de empresas, pero la empresa a la que pertenecía papa quedaba cerca de donde viajaríamos hoy.
-Oye jade, ¿Tienes todo empacado ya, cariño?-
-Si mamá, me lo has preguntado un par de veces, pero si- le dije sonriendo.
-Yo quiero ver que tal están los chicos del lugar, para jugar al futbol soccer- mi hermanito estaba sonriendo feliz de ver que tal estaban ellos de aprendizaje en ese deporte.
-Chicos, solo prométanme que serán buenos chicos- dijo mi padre.
-Si papá- hablamos a la vez mi hermano y yo.
(*)
-¿Listos?- pregunto mamá.
-Sí, ya estamos todos dentro de la camioneta y las maletas están en el camión de mudanza rumbo al aeropuerto- le dije yo.
-Bueno, andando, se supone que nuestro vuelo sale a las doce del medio día- mire mi reloj y eran las once.
-Falta una hora- asentí ante lo que decía mi padre.
El arranco la camioneta rumbo al aeropuerto, nosotros tuvimos que tratar de perder un poco el tiempo. Yo siempre tuve mi Mp3 puesto, escuchando música movidas, a veces algunas románticas o tristes.
Cuando llegamos al aeropuerto, todos bajamos y mi padre dejo encargada la camioneta en las bodegas que tenían ahí, eran para guardar los autos de los viajantes para su regreso. Mi padre nos dirigió dentro del aeropuerto para abordar el avión.
Cuando caminaba con mi bolso en mi brazo derecho y mi reproductor puesto pero apagado, vi a unos chicos que me miraban haciéndome sonrojar.
Ahora que era mayor de edad llamaba un poco más la atención, pero ningún chico captaba mi atención, ninguno me gustaba ya que los chics de hoy en día eran unos patanes que solo querían divertirse con los sentimientos de nosotras.
Ya una vez en el avión, mi hermano se sentó junto a mí y mis padres estaban delante de nosotros, yo estaba de lado de la ventana, miraba las nubes que empezaban a tornarse de colores rojizos y a la vez morados, el atardecer se acercaba.
Solo esperaba que en la nueva vida que estaba por empezar de nuevo, fuera tranquilo y sin muchas complicaciones.