Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Las Crónicas De Narnia: La Travesía Del Viajero Del Alba. · de

Las Crónicas De Narnia: La Travesía Del Viajero Del Alba. — capítulo 4

Todos yacían en el barco haciendo labores. Los hombres transportaban los barriles hacía el sótano, Drinian y Caspian se ocupaban de ver el mapa hacia las costas donde se dirigirían, Susan y Lucy costuraban la ropa que por ahora ya tenía unas cuantas aberturas.

En cuanto a nuestra querida "no oficial pareja" ellos se encontraban en la cubierta, sentados en una banca, tomando aire fresco. Edmund intentaba quitar las piedras que tenía su espada, ya iba a la mitad, se notaba lo bastante emocionado por al fin tener un arma digna de é. Idalia se limitaba a observarlo con regocijo, admirando su valentía, su entusiasmo, pero al igual observaba con ilusión su rostro: Tenía unas cuantas pecas que rodeaban su nariz y llegaban hasta sus mejillas, sus ojos color ámbar se iluminaban con el sol, su nariz completamente perfilada, su tono de piel tan claro como el día y esa magnífica sonrisa que hacía latir su corazón como ningún otro hombre había hecho.

Edmund se dio cuenta de la mirada de Idalia en él, así que dejó a un lado su espada.

-¿Por qué me observas tanto?- preguntó dejando relucir su magnífica sonrisa.

-Oh…- agachó la mirada.- No lo sé, supongo que…

-¿Crees que soy increíblemente apuesto?- dijo haciendo que ella soltara una risa nerviosa.

-Eres un crédulo.

-Y tú eres una orgullosa.

-Eso es algo que ni si quiera Aslan podría cambiar ¿Sabes?

-Lo sé.- suspiró.- Pero sigues siendo hermosa.- dijo. Idalia le sonrió y sin darse cuenta él tomó su mano.- Quiero que sepas algo, Idalia.

-¿Qué cosa?- murmuró entrelazando su mano con la de él.

-No existe, persona, lugar o cosa, que me haga dejar de pensar en ti.- espetó.- Y si alguna vez llego a faltar, quiero que jamás en tu vida dejes de pensar en mí.

Idalia suspiró, ella sabía que esta era su última aventura, sabía que pronto se irían y no podrían volver. Había pensado seriamente en la idea de que él se quedara en Narnia como Susan pero… ¿Qué hay de sus padres? ¿Qué hay de Lucy y Peter? No podría ser tan egoísta, sus hermanos los extrañarían y se imaginaba que sería un golpe duro para la familia Pevensie perder a otro hijo. Simplemente el quedarse no era ni sería nunca una opción. No obstante, ¿Qué hay de que ella se vaya? ¿Qué hay de dejar todo para irse con el hombre a quien ama? ¿Era eso posible? Un amor entre mundos separados era aún más difícil que millones de guerras por delante.

-Edmund, yo jamás dejaré de pensar en ti, entiende eso. Pero nada puede suceder entre nosotros.- dijo con la voz quebrada. Esto pareció entristecer al joven, sabía que diría eso.

-Ah, no tienes idea de cómo me duele eso.- tragó saliva. Soltó su mano y se dirigió al camarote de reunión, dándole a entender que sería mejor hablar eso a solas, sin ningún testigo presente que pudiera observarlos. Ella entendió y lo siguió a paso corto, cerró la puerta y se encontró con Edmund apoyado en la mesa de madera donde estaban los mapas y todas las cosas necesarias para la embarcación. Idalia se acercó y lo tomó por el hombro.

-A veces pienso que fue un error conocerte ¿Sabes?- susurró sin mirarla. Ella apartó la mano.- Después me digo a mi mismo que eres una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida.

-Edmund yo…

-Escucha.- se volteó y le tomó el rostro.- Eres todo lo que pido, sin ti créeme mi vida no sería igual, detesto la idea de tener que irme y jamás volver a verte. Pero yo quiero que tú seas feliz, no tengas miedo de encontrar a alguien más, eres hermosa, fuerte, valiente, todo lo que un hombre quiere. Solo, no te olvides de mí.- dijo mientras las lágrimas salían de los azulados ojos de Idalia.

-No, yo…

-A pesar de todo quiero que tengas en mente eres y siempre serás el amor de mi vida, no importa cuántas…

-Te amo.

-¿Qué?

Esas dos palabras bastaron para dejar petrificado al joven ¿Te amo? Él jamás pensó que le dirían esas palabras y mucho menos una reina tan testaruda y orgullosa como Idalia. ¿Él la amaba? ¡Pues claro! Se lo había demostrado de un y mil maneras, solo que lo habían dejado un tanto asombrado.

-Te amo Edmund, no podría querer a alguien más que no fueras tú, eso es lo que no entiendes, ¡Eres un estúpido! Te amo y jamás podrás cambiar eso, aunque te vayas y me borres del mapa, ¡Siempre lo haré!- le dijo abrazándolo con mucha fuerza, como si no hubiera un mañana, él le devolvió el abrazo.

-Yo igual.- susurró en su oído.- Eres hermosa cuando vences tu propio orgullo.- le apartó los mechones que caían de su cabellera negra.

-Cállate.- dijo sonriendo.

-Sí, la felicidad duró solo unos segundos.- vaciló y ella le dio un leve golpe.- ¡Auch! Eres muy violenta.

-Solo bésame.- le dijo en un susurro. Edmund la vio por unos segundos, intentando descifrar qué le había hecho esa mujer para tenerlo donde estaba, para hacer que se sintiera de esa manera, por una parte se sentía extraño, pero por otra le gustaba sentirse de esa manera.

Tomó su rostro entre sus manos y lentamente se fue acercando hacia ella hasta que quedaron a escasos centímetros, solamente un pequeño espacio vacío los separaba. Antes de besarla él le dijo "Te amo" Seguidamente juntaron sus labios uniéndose en un magnífico y glorioso beso que demostraba cuanto se querían, cuanto se necesitaban el uno al otro, fue un beso suave cargado de muchas emociones. El primer beso de Edmund e Idalia, el que marcaría para siempre sus destinos, sus propios corazones y que los haría más fuertes que nunca contra las adversidades.

Al separarse se miraron el uno al otro, sonrieron.

-¿Qué demonios me has hecho?- dijo Edmund besando la punta de su nariz.

-Mejor dicho ¿Qué me has hecho tú?- contradijo. Él se limitó a seguir acariciando su rostro, admirando cada detalle, sintiendo su piel que parecía de porcelana.

-Todavía sigues teniendo esos rasguños, ¿No te duelen?

-Hmm, un poco.

-Están sangrando en este momento.- murmuró tocándolos con la yema de sus dedos. Ella se llevó la mano a su frente y comprobó que efectivamente estaba sangrando.

-Oh, no tenía ni idea, tal vez es por el sol y esas cosas…

Edmund la tomó de la mano y la hizo sentarse en el mueble que había detrás de ellos, tomó un pañuelo color verde y con el empezó a secar la sangre que caía de su frente, Idalia ahogó un grito ya que el pañuelo tenía alcohol y eso ardía. Así pasó la tela varias veces hasta que la sangre fue disminuyendo.

-Creo que ya está mejor.- objetó ella retirando el pañuelo.- Gracias.

-De nada.- sonrió.

-Edmund, ¿Crees tú que crees acerca de lo de los 7 lores? Sobre, toda esta aventura que estamos teniendo.

-Creo que es muy interesante. Estamos buscando algo que podría ayudar a otros, algo que podría cambiar muchas vidas ¿Sabes? Se siente muy bien saber que puedes hacer algo por los demás, a pesar de que tengas que arriesgar tu propia vida por ellos. Esa, esa es la verdadera razón por la que hemos venido.- explicó.

-Sigues siendo tan filosófico como recuerdo, Ed.- dijo.- Ojalá mi vida hubiera sido como la tuya.

-¿Por qué dices eso? ¡Tu vida es magnífica aquí!- exclamó.- Vives aventuras, resuelves misterios, no tienes que preocuparte por la vida adulta por la cual vivir diariamente. Eres libre.

-A veces la libertad no es suficiente, Caspian tiene a Susan y cuando tú no estás, me siento muy sola.

-Siento lo mismo.

-Tú tienes a Lucy y a Eustace.

-Solo a Lucy.

Idalia soltó una risa.

-¡Dios Santo! No seas tan malo con él, es raro, sí, pero es tu primo.

-Dudo eso.

De nuevo, soltó una risa.

-Me hubiera gustado tener muchos hermanos. Desde que mis padres murieron hemos sido solo mi hermano y yo, Miraz era un altanero que nunca nos prestaba atención, nos dejaba a cargo del profesor y fue un poco duro no tener una figura familiar a quien seguir.

-Lamento mucho eso, princesa. No tienes que hablar de ello si no quieres.- le tomó de la mano.

-No, quiero hacerlo, así como tú me hablaste de lo que aprendiste con la bruja blanca ¿Recuerdas?- Edmund asintió. Idalia tomó aire y empezó su historia.- Cuando yo era apenas una niña, mi madre enfermó, tenía calentura casi todo el tiempo, a veces la piel se le llagaba y no teníamos idea de porque sucedía, luego, nos enteramos que era una enfermedad mortal, algo que podía ser transmitido de generaciones; mi bisabuela lo había padecido, tratamos de curarla por todos los medios posibles, desgraciadamente no pudimos hacer nada hasta que un día la perdimos. La gota que derramó el vaso fue cuando nuestro padre murió, nos habían dicho que fue atacado, sin embargo todo fue una mentira como siempre.- Las lágrimas de nuevo invadieron sus ojos.- Antes de que ustedes llegaran, antes de conocernos yo tenía una enfermedad que mi madre. Con el tiempo me fui debilitando, fui perdiendo cualquier esperanza de poder vivir. Sin embargo, un día cuando yo me encontraba en el lago con Caspian una figura se nos apareció, brillaba como el sol, tan intenso, tan glorioso que casi nos dejó ciegos. No pudimos saber que o quien era, me tocó el rostro y me dijo que todo estaría bien, que no me tenía que preocupar más por mi enfermedad porque él la iba a curar.

Me extrañé bastante, no podía creer que un extraño se me apareciera y dijera esas palabras. Cerré mis ojos; entonces un ligero viento nos invadió y cuando los abrí de nuevo me sentí llena de regocijo, de nuevo viva, de nuevo con esperanzas de seguir adelante para gobernar mi pueblo. Nunca se lo dije a Caspian, pero yo sabía que era Mamá, la voz de aquella figura me hizo sentir segura, como los abrazos de mi madre, me hizo sentir protegida. Así como él ve a papá yo veo a mamá y creo que lo hizo porque el destino me tenía algo preparado, veo que tenía razón.- finalizó viendo hacia donde estaba el escudo con el rostro de Aslan, suspiró recordando aquella vez hace 3 años cuando todo parecía perdido. Fue turno de Edmund quedarse asombrado, lo que a él le había pasado era intenso, pero no tanto como lo que Idalia le acababa de contar, la abrazó hasta casi dejarla sin aliento. Dejó que sollozara en sus hombros, un abrazo podía ser una buena medicina para los recuerdos dolorosos, en especial cuando es alguien a quien quieres. Ella puso su cabeza sobre su hombro y él acaricio sus negros cabellos, la calmó dándole un beso en la mejilla.

-Sabes que si necesitas a alguien para llorar, para reír, para desahogarte, aquí estaré. Me tienes para siempre.- le susurró.

Idalia cerró sus ojos y tuvo un sueño magnífico.

Se imaginó a ella, con un vestido verde y el cabello suelto. Había una choza, una pequeña y humilde casa. Avanzó hacia ella y se encontró con un apuesto y alto joven, ¿Se imaginan quién era? Es obvio ¿No creen? Ambos se tomaron de la mano y empezaron a bailar un vals, no había nadie alrededor, solo ellos.

Pero, no estaban en Narnia, ¿Dónde estarían?

Los pájaros hicieron un canto, algo que les recordó mucho a la tierra donde todo podía suceder, había paz, tranquilidad, sin ningún conflicto alguno. De pronto, la escena cambió y se presenció a ambos en la casa, con un bebé en manos, una criatura tan pura y linda que ahora era parte de sus vidas. Lo tenían abrazado, y el niño dormía plácidamente en los brazos de su madre; con cuidado lo pusieron de nuevo en su cuna y dejaron que descanse.

-Elliott es muy dormilón, al igual que su padre.- dijo Idalia observando a su hijo.

-Es tan calmado como su madre.- repuso Edmund abrazando a Idalia por la cintura. Depositó un beso en su mejilla.

-Fue la mejor decisión quedarme contigo, Ed.

-Lo fue, cierto, pero ¿No extrañas a Caspian, a Narnia, a tu pueblo?- le preguntó con el ceño fruncido.

-Los extraño como no tienes idea, pero mi felicidad no está ahí, está aquí contigo.- respondió. Y sin más preámbulos lo besó con ternura.

Idalia entendió por fin que es lo que debía de hacer… ¿Era lo correcto?

No tuvo tiempo de discutir con ella misma, despertó de golpe y descubrió que no estaba en el mueble, estaba en la hamaca donde dormían ella, Caspian, Edmund y Eustace. ¿Qué hacía ahí?

Se levantó y cuando salió a cubierta, se encontró con algo sumamente extraño. Eustace y Reepecheep se debatían en una pelea de espadas, la cual al parecer el ratón ganó haciendo que él empujara una cesta de la que salió una niña. Era la hija de aquel pescador que ahora formaba parte de la tripulación, su nombre era Gale por lo visto. Lucy la acogió y la llevó adentro donde estaría más segura. Caspian le dijo que irían a visitar otra misteriosa isla que habían visto al navegar.

Ella solo esperó que no sea como la anterior, en la cual había salido con heridas en la frente.

No tenía ni idea de lo que vendría…

_________________________________________________________________

¡Chicos! Muy buenas noticias, la historia de la tipa que me copio ha sido borrada :) ¡Me alegro! Detesto que la gente haga eso. Muchas gracias a los que me apoyaron ;) 

Necesito su opinión de este capítulo ¿Lo odiaron? Si lo hicieron déjenme saberlo para que pueda cambiarlo o hacerle algo mejor.

Por cierto, repetí el capítulo porque no se que le sucedió a Potterfics que puso el capítulo 4 al número 3, y el 3 al 4. Por eso lo repetí.