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Las Crónicas De Narnia: La Travesía Del Viajero Del Alba. — capítulo 5

Todos se encontraban durmiendo en la arena en la isla donde minutos antes habían visto. Los ronquidos de Eustace invadieron el ambiente haciendo que no haya absoluto silencio. De repente, unas huellas se hicieron notar en la arena, eran pies, pero no como los de cualquier persona, eran unos muy muy grandes y deformes. Silenciosamente vagaron entre los hombres y entre las mujeres dejando marcados sus pies; Algo muy curioso era que solamente eso podías ver, no podías observar sus rostros o la ropa que tenían puesta, eran completamente invisibles.

-Esta es mujer.- dijo una voz en el aire observando a Lucy.

-Estas también.- dijo otra voz viendo a Idalia, Susan y Gale.

-Esta lee.- repuso el otro tomando el libro de Lucy.- Llevémosla.

Entonces alzaron a la pequeña por los aires tapándole la boca para que ella no pudiera emitir sonido alguno. Simplemente pataleaba y estaba completamente confundida ¿Cómo rayos estaba flotando? ¿Qué la tenía agarrada? ¿Qué querían?

Finalmente la llevaron a una parte de la isla que no conocía, la soltaron y ella cayó en el pasto sacando su daga, no obstante las criaturas invisibles se la quitaron de un tirón y quedó entre los arbustos. Lucy muy asustada observó a su alrededor tratando de descubrir que era lo que sucedía.  

-No hay escape.- habló uno de ellos. Tenía la voz muy grave y siniestra.

-¡Bien dicho!- apoyó otro.

-Pavoroso.

-¿Qué son ustedes?- preguntó Lucy retrocediendo.

-Somos bestias aterradoras invisibles.- respondieron.

-Si nos pudieras ver te sentirías muy intimidada.- dijo la primera voz.

-Olvidaste mencionar que somos muy grandes.- intervino otra criatura.

-¿Qué quieren?- preguntó Lucy.

-A ti. Harás lo que te pedimos.

-¿Y qué si no lo hago?

-Muerte.- dijeron en coro, repitiendo la misma palabra varias veces.

-No les serviría de nada muerta ¿No?

-Oh, no lo había pensado…

-Bien, entonces mataremos a tus amigos.- dijeron.

Lucy suspiró y supo que no tenía escapatoria, tenía que acceder a lo que las malvadas criaturas invisibles le pedirían.

-¿Qué quieren de mí?

-Tú vas a entrar en la casa del Opresor.

-¿En qué casa?

-En esta.- señaló el de la voz grave. Lucy miró a su izquierda y de la nada se abrió una puerta, la cual parecía muy acogedora y grande.- Arriba vas a encontrar "El libro de los conjuros" Recita el hechizo que hace a lo invisible visible.

Se quedó analizando la puerta, como si no creyera lo que sus ojos veían. Observó que solo había una puerta, ninguna pared o ventana por detrás, le pareció muy raro, jamás en su vida había visto algo parecido a esto.

-Anda, no tenemos toda la noche.- apresuró uno.

-Recuerda lo que le pasará a tus amigos.

-¿Por qué no lo hacen ustedes?- inquirió Lucy con fastidio.

-Eh, no sabemos leer, tampoco escribir, ni sumar.- respondieron con la voz apagada.

-¿Por qué no me lo dijeron y ya?

-¡Cuidado con el opresor, es muy opresivo!- advirtió uno.- "Que hace a lo invisible, visible" ¿Entiendes? ¡No lo olvides!

Lucy se llenó de valor y entró a la casa. Momentos después la puerta se cerró.


El alba se hizo presente en la isla, Caspian era, como siempre el primero en despertarse. Lo primero que observó fue unas enromes huellas en la arena, seguidamente despertó a Susan quien estaba muy cansada ya que ayer le había ayudado a su esposo a descifrar un mapa.

-¿Qué es eso?- preguntó agachándose para examinar las huellas.

-Son huellas. No sé de qué criaturas sean. - respondió Caspian.

-Parecen una clase de… gigantes. Ve la forma de los pies, el tamaño, la textura.

-Tienes razón, pero necesitamos averiguar que es. Despierta a Idalia, yo despertaré a Edmund.

-Claro.- dijo e hizo como su esposo le había dicho. Ambos se despertaron un tanto soñolientos, al ver las grandes pisadas que había en la arena se sorprendieron bastante y empezaron a pensar en las posibles posibilidades de criaturas, hasta que Edmund vio a su alrededor.

-¿Dónde está Lucy?- preguntó. Nadie respondió.

¿Lucy? ¡Lucy!- grito Susan.

Al ver que no obtenía respuesta corrió por su espada y se la colocó en la cintura. Drinian se encargó de despertar al resto de los hombres, quienes momentos después tomaron sus armas para ayudar a Edmund y Susan a encontrar a su hermana pequeña


Lucy entró en la gran mansión, donde encontró un libro, "El libro de los conjuros". Después de probar varias veces encontró uno que llamó su atención: Convertirse en la belleza que siempre había querido ser… Entonces pudo observar en el libro como su rostro se transformó al de Susan, sus ojos, sus pestañas, sus labios, cada rasgo y detalle le había cambiado por el de su hermana mayor.

Sonrió.

-Soy hermosa.- dijo mirando el reflejo. Pero cayó en la cuenta de que era una trampa, una simple ilusión, porque al mirarse a un espejo verdadero era ella misma sin ningún cambio. El reflejo se desvanecía a medida que ella lo seguía contemplando.- ¡No!-exclamó. Arrancó la página donde el hechizo se encontraba y oyó un fuerte rugido en el salón, acompañado de una fuerte ventisca

-¡Lucy!...Lucy.

-¿Aslan? - inquirió ella mirando a su alrededor.- ¿Aslan?-Al no obtener respuesta, guardó el papel debajo de su chaleco rojizo y fue a mirar de nuevo al libro; La página había cambiado y encontró el hechizo que las criaturas invisibles le habían dicho que debía de conjurar. "Un conjuro que hace lo invisible, visible"

-"Como la p, en psicología, la p en psiquiatría, la tinta invisible y la verdad en teología…"


Susan, Caspian, Edmund, Idalia y el resto de los hombres estuvieron un tiempo buscando a Lucy hasta que Edmund encontró algo que podría ayudarles con el paradero de la pequeña reina.

-¡Hey! Esta es la daga de Lucy.- dijo tomando del suelo el arma que siempre portaba Lucy. Entonces unas lanzas fueron a parar alrededor de ellos haciéndolos sobresaltar y echarse para atrás sacando sus espadas.

-¡Deténganse ahí o perecerán!- gritó una de las criaturas invisibles. Aquellos viajeros se miraron extrañados de no ver a las criaturas quienes les hablaban.

De repente les quitaron a todos sus espadas y como eran invisibles tenían ventajas de poder golpearlos y atacarlos.

-¡¿Qué clase de criaturas son ustedes!?- gritó Susan en el piso, todavía adolorida por el golpe que le dieron en la barbilla. Caspian se había enfadado muchísimo, detestaba que alguien hiriera a su esposa.

-Unas muy grandes. Con cabezas de tigres y cuerpos…

-… de un tigre diferente.

-No te conviene pelear con nosotros.

-¿O qué?- retó Edmund con el ceño fruncido.

-¡Te mataré con mis garras!- respondió uno. Pero de pronto se fue haciendo visible a la medida que podías ver que en realidad estaba encima de unos sancos con una especie de palo en las manos. Su aspecto era muy vagabundo, con el cabello revuelto y despeinado, unos muy grandes pies y la ropa desgastada.

-¡Y te atravesaré con mis colmillos!- dijo otro con aspecto más vagabundo.

-¡Y te morderé con mi boca!- dijo uno último emitiendo un "Grr"  Este estaba curiosamente parado encima de otros dos que se veían muy cansados sosteniéndolo, portaba una lanza que le había robado a uno de los hombres.

-¿Y nos aplastarán con sus panzas gordas?- instó Edmund enarcando ambas cejas, tomándose todo el palabrerío como una broma.

-¿Panzas gordas?

-¿Nos harán cosquillas?- siguió Idalia lanzando una carcajada viendo su aspecto verdadero. Uno de ellos (el que era sostenido por dos criaturas) cayó al suelo, provocando la risa de los presentes.

-¿Qué hiciste con mi hermana, enano?- preguntó Edmund tomando su espada y amenazándolo con ella.

-Cálmese.- dijo él tragando saliva, tenía otra espada amenazándolo detrás de él.

-¿¡Dónde está!?- exclamó esta vez más enfadado.

-¡Más vale que le diga jefe!- dijo uno.

-En la mansión.- respondió él.

-¿Qué mansión?- preguntó aún más confundido. Fue entonces cuando una casa gigante apareció ante ellos, dejándolos impactados.-Oh, esa mansión.-  de ahí, salió Lucy acompañada de un hombre desconocido, que tenía una larga barba blanca y un batón rojizo, se parecía al Profesor Kirke, solo que sin gafas y el cabello lo tenía corto.

-¡El opresor! ¡El opresor!- gritaban las criaturas asustadas brincando de un lado a otro.

-¡Lucy!- exclamó Edmund guardando su espada.

-Majestades.- se inclinó el hombre alado de ella.

-Caspian, Edmund, Susan e Idalia. Este es Coriakin, esta es su isla.- les dijo Lucy, los 4 hicieron una reverencia.

-Eso cree él.- interrumpió un "enano".- Nos has engañado, mago.

-No los he engañado. Los hice invisibles para protegerlos.

-¿Protegernos? ¡Eso es opresivo! ¡Opresor!

-Yo no los he oprimido.- dijo sin más y les arrojó una especie de círculos blancos, con las que se ahuyentaron.

-¿Qué era eso?- preguntó Lucy.

-Pelusa. Pero no les digas.- respondió Coriakin.

-¿Qué eran esas cosas?- preguntó Eustace quien había estado presente desde que les lanzaron las lanzas, solo que no había hablado en el transcurso de los eventos.

-Dufflepuds.


Entraron de nuevo a la mansión. Los demás se veían asombrados por el gran y extenso lugar, era aún más grande que la biblioteca del profesor Kirke.

-Vaya que es bonito este lugar.- dijo Idalia en voz baja.

-Me recuerda a una biblioteca que solíamos tener en casa de nuestro profesor.- dijo Edmund caminando alado de ella.

-Entonces no era su biblioteca.

-Me refiero a que la solíamos utilizar.

-Ajá. Pero no era suya.

-Ah, a veces pienso que eres demasiado inteligente para mí.- indagó sonriendo.

-No, es algo muy obvio, pero soy experta en confundir a la gente.

Cuando por fin todos se reunieron Coriakin extendió un gran mapa, parecía 3D, las nubes eran tan reales que casi podías tocarlas, omitían sonidos de cuernos, como el de Susan, del mapa salía un brillo azul que permitía ver que más había en él: El centauro Orius, el campamento de Aslan, la primera batalla Narniana y todo lo que había sucedido en la primera aventura de los Pevensie.

-Que hermosa cosa.-dijo Eustace, todos lo miraron extrañado, entonces él se percató de sus palabras.- Para ser un mapa imaginario de un mundo imaginario.

-Esa es la fuente de sus problemas.- dijo el mago. - La isla Oscura.

El mapa se movió hasta llegar a una isla misteriosa, que tenía mucha neblina a su alrededor y parecía macabra.

-Un lugar donde el mal acecha. Puede adoptar cualquier forma. Hace realidad los sueños más tenebrosos…- Coriakin miró directamente a Edmund, como si leyera su mente. Él bajó la mirada observando la isla.- Busca corromper toda la bondad, robarse la luz de este mundo.

-¿Cómo la paramos?- preguntó Susan sin miedo alguno.

-Hay que romper su hechizo. Esa espada que tienes.- señaló la que Edmund sostenía.- Hay seis más como ella.

-¿Las has visto?-preguntó Caspian.

-Sí.

-Los seis lores, ¿pasaron por aquí?

-Así es.

-¿A dónde se dirigían?

-A donde los envié. - El mapa hizo un cambio a otra isla, que se veía más alta y menos tenebrosa que la anterior.- Para romper el hechizo, deben de seguir a la estrella azul.- dijo alzando con su mano una bola luminosa color azul que resplandecía encima del mapa. - A la isla de Ramandu.  Ahí deben de colocar las siete espadas en la mesa de Aslan.  Solo entonces se liberará su verdadero poder mágico.- Los viajeros se miraron preocupados.- Pero tengan cuidado, están a punto de ser puestos a prueba.

-¿A prueba?

-Hasta que pongan la séptima espada, el mal tiene la ventaja. Hará todo lo que pueda, para tentarlos.- se acercó a Lucy.- Sean fuertes, no caigan en la tentación.  Para vencer a la oscuridad allá afuera, deben vencer la que está adentro.


Habían salido de la isla, y se adentraron de nuevo al barco. Después de unas  semanas tratando de buscar la estrella, los ánimos y las esperanzas parecían perdidos. Una fuerte lluvia se estaba dando mientras los hombres trataban de avanzar y seguir el barco a flote, era difícil, uno nunca se enfrentaba a tormentas como esas.

Idalia y Edmund se encontraban en el camarote, con un mapa extendido y fichas a los lados, ella parecía estresada, mientras que él completamente relajado sentado en la silla.

-Estamos aquí atorados.- señaló Idalia en el mapa.- Comiendo medias raciones y con agua y comida para dos semanas. No hay garantía de que veamos pronto a la estrella azul.- dijo con tristeza.

-Idalia, piensa positivo, encontraremos pronto la estrella, solamente tenemos que esperar.- alentó aún sentado.

-Con esta tormenta no. Ese lugar Ramandu, es una aguja en un pajar, podemos pasar cerca y caer del borde del mundo.

-O nos puede comer una serpiente de mar.- dijo Edmund tratando de hacerla reír, pero en lugar de eso solo consiguió una mirada  de furia por parte de ella.

-Ed, esto es enserio, estamos navegando en mares raros. No se parecen en nada que hayamos visto antes.

-Bien, bien, ¿Te digo algo? Debes de intentar relajarte, no es nada bueno que tú sola te estés estresando.-dijo tomándola por los hombros. Idalia suspiró.

-De acuerdo, creo que iré a descansar.- murmuró, pero antes de dar un paso  Edmund pegó sus labios contra los de ella. Fue un beso cálido y apasionado a la vez, uno tierno que simbolizaba todo el amor que se tenían, el único momento en el que se separaron fue para tomar aire.

-Vaya, tú sí que me dejas sin aliento.- dijo entrecortadamente Ed.

-Digo lo mismo. Iré a dormir, nos vemos mañana Ed.- le dio un rápido y corto beso en los labios.- Te amo.- susurró en su oído.

-Te amo. Respondió él igual. 


¡Perdón por la tardanza! Ya saben como soy de distraída, en fin, aquí les traigo un capítulo (aburrido, pero algo es algo) El próximo ya se torna algo interesante...(: 

PD: Si tienen alguna duda o quieren saber algo les dejo mi ask: