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Siempre ¿Real o no Real? — capítulo 1

Peeta

Si, la estoy viendo otra vez desde mi lugar. Ella no me presta ni la más mínima atención, sigue concentrada en su libro. A la luz del sol parece que su cabello tiene algunos destellos rojizos.  No frunce el ceño como siempre lo hace. Deja de lado su libro y comienza a mirar a su alrededor. Cuando nuestras miradas se cruzan yo aparto la mirada rápidamente, avergonzado porque me encontró mirándola. Ella hace lo mismo.

Ay Mellark que mal estas. Han pasado once años desde que la viste por primera vez en el preescolar y aun no te atreves a acercarte a ella. Pero ¿por qué ha de hacerte caso? Viene a mi mente la imagen de su amigo, Gale, todas las chicas de su curso suspiran por el ¿porque con ella ha de ser diferente? No le envidio a las otras chicas, puede quedárselas si quiere pero si le envidio algo,  es que él tiene la atención de Katniss.

Una vez. Una sola vez eh tenido contacto con ella. Aquella vez que le tire el pan, debajo de la lluvia. No debí de haberlo hecho, debí de ir hasta ella y dárselo en la mano pero no quería que viera mi mejilla hinchada. Además no quería recibir otro castigo por parte de mi madre. Pienso en ese día todos los días. En cómo se acurrucaba debajo de ese árbol, intentando mantener el calor de su cuerpo. Y yo, yo la veía desde la parte trasera de la casa, viendo como se le iba la vida, impotente. El quemar el pan apropósito y así hacer que mi madre desviara su atención de él fue la única solución que encontré. No sé si sirvió de mucho o si ella sabe que soy yo el que le aventó el pan. La lluvia caía tan fuertemente que era como una gruesa cortina que impedía enfocar bien la visión. Pero yo no tuve problemas para verla, la había visto desde que tenía 4 años. Podria reconocerla incluso con los ojos cerrados.

Hasta donde esta ella llega una pequeña, su hermana Prim. Si mi padre no me dice que son familia nunca lo hubiera imaginado. Ella con su cabello castaño y piel olivácea tiene ese aire típico de la Veta, mientras que la pequeña parece venir de una familia bien acomodada de los comerciantes , con su rubio cabello, piel de porcelana y esos ojos azules.

Se toman de la mano y se marchan. Yo solo las veo alejarse, pensando en que ha pasado otro día y yo no eh podido hablarle. No puedo creer que sin siquiera hablarnos ella sea la culpable de todos mis suspiros.

Me voy a casa abatido, decepcionado y un poco avergonzado de mi falta de valor. Otro día mas perdido.

En las ramas de los arboles están posados varios sinsajos. Todos ellos entonan diferentes notas que intrincadas entre si forman un armoniosa melodía.

Esa música no es solo más que un recuerdo de Katniss. De aquel día en que su voz hechizo todos mis sentidos, me envolvió y yo no fui capaz de escaparme de ella y siendo sincero no creo que algún día pueda hacerlo.

 La imagen de ella feliz a la luz del sol ocupa todos mis pensamientos, a tal grado que no es hasta que me golpeó la cabeza con un poste de luz que me doy cuenta  que estoy por llegar a la veta ¿la eh estado siguiendo? ¿Qué no iba camino a casa? Reanudo mi marcha en dirección a la panadería y a mi hogar que se encuentra detrás de esta. Es que al verla sonreír me gusta imaginar que lo hace por mí, sin embargo ella casi nunca sonríe. Son pocas las veces que la eh visto relajar el ceño y en gran parte sucede cuando esta con su hermana.  Y nunca olvidare esa vez, que vislumbre una hermosa sonrisa en su rostro al tiempo que miraba fijamente  un diente de león. Aun no puedo comprender el por qué de su felicidad…


Hoy algunos años después sigo sin entender el porqué de aquella sonrisa. Supongo que a pesar de todo lo que pasamos juntos nunca eh tenido el valor para preguntarle por semejante recuerdo personal.

Sin embargo cada vez que recuerdo ese día, la interrogante me invade ¿Qué tiene de especial esa flor? ¿Algún recuerdo relacionado con ella?

Después de que Katniss se fuera en compañía de su hermana, me acerque a aquella simple flor. Un diente de león. Como muchos otros que nacen en primavera. Nunca le vi lo especial.

Y heme aquí. A mitad de la noche con un pincel en la mano frente a un lienzo en blanco intentando encontrar el ángulo adecuado para dibujar aquel diente de león que se quedó grabado tan profundamente  en mi memoria.

Pero no puedo. Porque sus gritos no dejan que el recuerdo llegue completo a mí. Su voz que siempre me resulto tan melodiosa  se ve teñida  de miedo y tristeza.

Y así son todas las noches. Desde que volvimos al doce hace casi ya un año. Temo que se llegue el anochecer porque no puedo soportar escuchar sus gritos y saber que no puedo hacer nada al respecto.

Si pudiera dormir lo haría. Intentaría huir a ese mundo donde nada puede lastimarme… o al menos eso creía antes de ir a los juegos. Creía que los sueños era un lugar donde todo podía existir, donde mis más profundos deseos se veían representados por imágenes y a mí me gustaba. Pero cuando volví de la Arena todo lo que veía al cerrar mis ojos era sangre, muerte y tristeza. Lo soportaba porque tenía a mi familia, a mis hermanos que se turnaban para dormir conmigo y así poder soportar las pesadillas y digo soportar porque nunca deje de tenerlas. Solo sentir su mano sobre mi hombro me recordaba que ya no estaba en esa cueva fría y húmeda que robaba el calor de mi cuerpo. Me recordaba que estaba en casa, con mi familia y que Katniss también estaba bien.

Pero ahora no hay nadie conmigo. En mi casa se respira soledad.  Lo único que muestra señas de que aquí vive alguien es mi habitación, la cocina y el baño. Casi nunca estoy en casa, quizá por las habitaciones vacias que un día fueron de mi familia me llenan de una profunda tristeza.

Si pudiera dormir, lo haría y no volvería a despertar. Prefiero dormir eternamente  a estar un día más alejado de Katniss. No hemos vuelto a hablar desde mi llegada al doce. Tengo miedo de herirla. Pero escucharla noche tras noche gritar y no poder callarla hace que me pregunte ¿para qué estoy aquí, si no es para protegerla?

Pasan las horas y por fin todo queda en silencio en la aldea. Siempre es así, después de varias horas ella se despierta y yo por fin puedo descansar de esta letanía de escucharla gritar.

Observo el amanecer desde la ventana de mi habitación. El sol comienza a salir por entre las montañas que se encuentran escondidas por el frondoso bosque.

Podria mirar mil amaneceres y seguiría sin poder imitar en el lienzo la belleza de ese anaranjado o la luminosidad de los tenues rayos del sol.

Poco a poco llegan hasta mi ventana, calentando mi rostro  los primeros aces de luz. Podre sentir calor, pero nunca ese calor intenso que sentía cada vez que Katniss me tocaba por mas mínimo que fuera el roce. Yo sabía bien que fingía, que lo hacía para sobrevivir pero sentir sus labios finos sobre los míos me hacía olvidar de todo, incluso de mi propio nombre.

Había ocasiones en las que ella se comportaba de una manera tan dulce, tan protectora y me regalaba tantas sonrisas que dudaba de que todo fuera actuación. Quizá simplemente mi corazón quería creer que para ella algunos besos significaban más que otros.

A pesar de todas las heridas, de todo lo que nos dijimos, de todo este tiempo mi corazón no puede olvidarla y mi mente no quiere hacerlo. Todo me recuerda a ella. El fuego de la chimenea, el canto de los sinsajos posados sobre los arboles alrededor de mi casa, cada vez que veo mis labios en el espejo recuerdo las innumerables veces que los suyos hicieron presión sobre los míos.

Y lo extraño. Extraño estar con ella. Extraño aquellas noches en el tren de la gira de la victoria donde durmió en mis brazos. Extraño sostener su mano y saber que ella estaría ahí para mí. Extraño ver el brillo receloso en sus ojos cuando no estaba convencida de todo. Extraño escuchar su risa.

Y ahí es cuando decido, que no puedo soportarlo. Quizá ella sea lo suficientemente fuerte para estar sin mí pero yo ya no puedo, ni quiero, estar un día más alejado de ella.

Voy al baño y tomo una ducha rápida. Cuando me miro en el espejo en mis ojos, enmarcados con la evidencia de noches sin dormir, hay un pequeño brillo. Un ligero retorcijón cruza mi estómago.

Salgo de mi casa y es un hermoso día de inicios de primavera. El aire del distrito huele  a pino,  a naturaleza. Las minas de carbón han dejado de funcionar y con ellas ese olor a oxido.

Paso por enfrente de la casa de Katniss y veo luz en la habitación de enfrente. Es su habitación. Conozco esa casa tan bien como la mía. Me detengo unos segundos frente a su puerta.  ¿Voy a buscarla? No, aun no.

Paso de larga hasta su casa. Frente a la puerta principal varios gansos caminan de un lado a otro. Graznando para que los alimenten.

Entro sin tocar la puerta. Adentro es todo obscuridad excepto por un rayo de luz que entra por una ventana rota.

Olor a rancio y suciedad me invaden en cuanto pongo un pie en la sala. Camino a tientas entre botellas rotas hasta la cocina para abrir la puerta trasera.

La luz me muestra un figura recostada sobre la mesa, en una posicion incomoda.

-Haymitch.- digo sacudiéndolo suavemente por el hombro. Solo recibo ronquidos de su parte.- ¡Haymitch!-

-¿Qué?- pregunta sobre saltado, blandiendo un cuchillo en su mano. Mira en todas direcciones hasta que me ve junto al.- Ah… hola Peeta.- murmura

-¿Qué paso Haymitch? La última vez que hablamos dijiste que dejarías de tomar.- le recuerdo pensando en esa discusión.

-No tengo a nadie en mi vida a quien cuidar, ya no vale la pena.- responde con un encogimiento de  hombros.

-Valla… yo pensé que en verdad un día te importamos pero ya veo que solo nos utilizaste ¿No es así?- le digo, sintiendo un nudo en la garganta al decir aquellas palabras

El me mira con los ojos muy abiertos. Sorprendido por mi respuesta.

-Oh… ya sabes que no quise decir eso… es solo que… tú y Katniss dejaron de necesitarme hace mucho tiempo.-

-Yo no estaría tan seguro.- digo con un hilo de voz pasando una mirada por la habitación.- Y creo que tú nos necesitas a nosotros por igual.-

El sigue mi mirada y una sonrisa se asoma por su cara. No puedo evitar sonreír con él.

-Tienes razón, pero no creo que estés aquí para una simple visita de cortesía.- no se le escapa nada.- Quieres hablar de algo ¿cierto?-Yo asiento con la cabeza. me conoce bien, a veces creo que soy como un libro abierto.- Vamos habla.- me apremia.

-No aquí.- respondo de inmediato.- Afuera. Necesito…aire…necesito pensar.-

Él se levanta de la silla y sorprendentemente está limpio. Quizá ayer fue fin de mes y por fin se aseo un poco.

Ya afuera con aire respirable comienzo a pensar si es buena idea lo que quiero hacer. ¿estoy preparado?

-Haymitch…- comienzo algo inseguro.

El ve el problema que se forma en mi interior al intentar encontrar las palabras.

-Ya se lo que quieres decirme.- comenta.- Yo tampoco puedo soportar otro día mas escuchándola gritar.-

-No puedo estar tranquilo en casa sabiendo que ella está mal.- respondo yo. - Quisiera hacer algo, quisiera ayudarla…-

-Puedes ayudarla.- responde el con voz calma.

-¿Cómo?- suplico con voz baja.

-Tú sabes cómo.- se limita a contestar.

-Yo no… no podria… ¿Qué tal si le hago daño? Mas daño. Nunca me lo perdonaría, aun no estoy seguro de como consigo mirarme al espejo después de que casi acabo con su vida en el trece.-

-Ey para. Ella nunca te lo ha recriminado y no tienes por qué hacerlo tú. Katniss está consciente de que ese no eras tú y que su Peeta  jamás le haría algo así.-

-Entonces… ¿crees que…?- inquiero incapaz de pronunciar palabra.

-Si Peeta, ha llegado el momento.-

Veo en la manera en la que me mira que confía en mí. Confía en que cuidare de ella, como lo hice desde nuestros primeros juegos porque por ella yo daría mi vida. No puedo decepcionarlo, ni a Katniss. Tengo que estar para ella.

Con una palmada en el hombro me despido de Haymitch y me voy camino a la panadería. Pensando en que ha llegado el momento.

Katniss

Ya no puedo más. Las pesadillas son cada vez peores. Ahora ya no solo las personas muertas me atormentan. También las vivas. Constante mente veo a Peeta. Extendiendo una mano en mi dirección y por más que yo corro por alcanzarlo el cada vez parece estar más lejos.

El frio de mi habitación es incontenible aunque no sé si solo es producto de mi imaginación o de mi gran soledad. Incluso el zarrapastroso de Buttercup solo me visita unas veces a la semana. Sin Prim aquí, él tampoco tiene mucho que hacer.

Ya de es de mañana y los rayos del sol entran por la ventana de la sala.

Un gran vacío se ha incrustado en mi pecho. Un vacío aún más grande que el que tuve cuando perdí a mi hermana y no logro encontrar la razón.

Sus ojos azules; su rubio cabello; sus brazos fuertes y seguros… << ¡Basta!>> me recrimino a mí misma. Últimamente sin darme cuenta termino pensando en Peeta constantemente.

Y es que… ya no puedo más. Ya no quiero estar sola. Sé que sonora egoísta de mi parte, pero lo necesito sin importar que.

Su actitud fría y distante me lastiman de una manera que nunca imagine. Aunque no puedo culparlo de actuar de esa manera. Fui yo, después de todo quien le desgracio la vida. Porque no hago otra cosa más que arruinar la vida de todos aquellos quienes me importan.

Esta pesadilla fue especial. Peeta estaba en ella y cuando por fin llegue hasta él, estaba tirado en el piso con cientos de mordidas por todo su cuerpo.

Me desperté entre jadeos y con la cara bañada en lágrimas y sintiendo como el cabello se pega a mi cuello sudoroso. La simple imagen de Peeta lastimado encoje mi corazón. Necesito saber que está bien…

Y cuando menos me doy cuenta estoy corriendo en dirección a su casa. Aporreo fuertemente la puerta principal sin recibir respuesta.

Intento ver por una de las ventanas pero solo me encuentro con mi reflejo en ella. Seguramente no hay nadie en casa, quizá ya partió a la panadería.

Desconcertada por mi arranque de desesperación regreso a mi casa, cuando unos metros más enfrente, lo vislumbro.

Peeta de pie en medio de un gran patio en compañía de Haymitch. Haymitch da lástima, delgado con los ojos hundidos y el cabello desordenad.

En cambio Peeta está más rubio de lo que lo recordaba o quizá mis recuerdos no eran tan fieles a su imagen. Su postura da a entender que esta tenso pero por todo lo demás parece bien.

Palmea el hombro de Haymitch y se va en dirección al centro del distrito.

No es hasta varios intentos después que me doy cuenta de Haymitch esta gritándome.

-¿Qué?- digo aun con la mirada fija en la diminuta figura de Peeta que se aleja cada vez más.

-Solo decía.- repone con una sonrisa.- Buenos días preciosa.-

Dicho esto se mete a su casa a emborracharse más supongo o a dormir, él duerme de día.

Y yo me quedo ahí, como una tonta pensando en el rubio que acaba de desaparecer y que tan solo al verlo mi corazón  palpito como loco, mis manos sudaron y mi estómago se contrajo.

Ya no puedo estar más lejos de él, necesito a Peeta tanto como lo eh necesitado siempre. No puedo estar otro día mas sola. Y mirando nuevamente en el, lo que vi en aquel diente de león. Esperanza.

Hola! Bueno espero y les guste el primer capitulo (: Ya tengo un fic de Peeta y Katniss pero este sera diferente. Relatara como evoluciono su relacion despues de la guerra. Les agredeceria que lo agregaran a favoritos o comentaran no les cuesta mas que unos minutitos. Gracias de antemano!