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Todo llega a su tiempo, pero… ¡Maldito tiempo! ¡¿Viene de rodillas o qué?! — capítulo 17
Estúpidos recuerdos, justo ahora se me tiene que venir a la cabeza, se supone que estoy molesta con el idiota de Snape, y ahorita nada más lo hago parecer un dios del sexo-"*El título se lo tiene bien ganado"-*estúpida yo interior, ya sé que debe parecer que ando medio loca, pero ya me van a decir ustedes que nunca han peleado con ustedes mismos, ¿verdad que lo han hecho?, si lo han hecho me entenderán, yo vivo peleando conmigo misma, pero eso no significa que este loca, solo soy algo rara, dejado aclarado ese punto continuo, como ya había dicho estoy sentada bajo la sombra de un árbol, aunque técnicamente no hay sombra porque ya esta oscuro, pero ustedes entienden, en fin, las cosas estaban horribles, hacia un frío del demonio y como si no fuera poco empezó a llover
-Genial ahora esta lloviendo-dije-y estoy hablando sola, claro que no estoy hablando sola, es decir hablo conmigo misma ¿no?, a veces necesito la opinión de un profesional claro-pienso en voz alta-si, y ¿Cuándo me volví terapeuta?, Merlín, estoy demente-metí mi cara entre mis rodillas y de la nada escuche una voz
-Lo de demente creí que ya lo tenia claro
Podrá jurar que esa era lo voz de Snape
-Ay Merlín, ahora estoy alucinando, lo que me faltaba-dije
Para ese entonces ya estaba totalmente empapada
-No dudo que pueda alucinar, pero no lo hace en ese momento, yo soy de carne y hueso
Al oír tal cosa levante la mirada y me encontré con Snape, definitivamente no estaba alucinando, él se veía muy real, traía una sombrilla, por supuesto él no se iba a mojar, pero no entendía que demonios estaba haciendo allí
-¿Dando una vuelta aprovechando el buen clima?-pregunté con ironía
-Atrapara una pulmonía-dijo él
-Ya sé que esta lloviendo-dije-y si atrapo una pulmonía, eso no es asunto suyo
La lluvia que caía no era de ese tipo de lluvia que te permite salir y caminar, era muy diferente, de la que cae a chorros del cielo y se aplasta contra la tierra. Era una lluvia implacable que en aquel momento estaba convirtiendo el jardín en un espeso lodazal junto con mi trasero
-¿Lloviendo?-replicó Snape-Está diluviando.
-No-dije, aunque claramente no era cierto-solo está lloviendo
-Si, y los sapos son de color rosa-dijo él
-No creo que viniera hasta aquí solo ha decirme que esta lloviendo-le dije y me pare y claro, mi trasero estaba vuelto un lodazal-y si me viene a regañar por la cachetada, pues bien merecida se la tenía, ni crea que le voy a pedir disculpas…
-Su varita-dijo él
Claro, había olvidado mi varita en su despacho, ¿en serio había venido a traérmela?
-Oh-dije-gracias…supongo
-Como sea-dijo él-ahora, como usted bien ha dicho si atrapa una pulmonía no es de mi incumbencia, pero le sugiero que ya que tiene su varita se seque
-¿Para qué?-dije-si me seco ahora, de igual manera me voy a mojar yendo hacia el castillo, da igual, no me podría empapar más
-No necesariamente
Y por más extraño que parezca me ofreció ir con él hasta el castillo, es decir, los dos, bajo la misma sombrillas, juntos, cerca, ya estoy desvariando…
P.V. Snape
Cuando se fue hecha una furia de mi despacho la muy torpe dejo su varita, supuse que había dado a dar una vuelta en los jardines, como lo hacia cuando era estudiante y luego empezó a llover, se estaría empapando, eso de seguro, y yo no podía dejarla allá fuera, a la intemperie, se moriría de hipotermia, así que por algún motivo salí con sombrilla en mano a buscarla, lo cual no fue difícil pues estaba sentada cerca de un árbol hablando sola al parecer, cuando me iba acercando recordé aquella fatídica y maravillosa noche
Flashback
La luz de la luna se filtro a través de las aterciopeladas cortinas, creando un ambiente sombrío y erótico. La tormenta había pasado, aunque su esencia todavía envolvía el cuarto. Hacía sólo una hora que había llevado a Iris a la cama, cubriéndolos completamente con las sabanas y abrazándola en su refugio privado. Había encendido el fuego en la chimenea, pero ahora sólo había rescoldos que emitían crujidos de vez en cuando.
Iria yacía profundamente dormida en la cama, cubierta con sabanas negras en puntos específicos dejando ver su figura, tan solo mirarla me hacia sentir que mis musculos se tensaban, era realmente hermosa, su cabello esparcido en la almohada, su expresión tranquila, se veía feliz, no me resisti y enlace mi brazo alrededor de la desnuda cadera de Iris, encajándome contra su caliente y durmiente forma. Aspire su exuberante fragancia y mis ojos se cerraron con rendición, mis labios se levantaron en una media sonrisa. Había mantenido a mi leona muy ocupada durante horas, introduciéndola en las muchas formas de hacer el amor. A horcajadas sobre él, de lado, en todas las posturas. Nunca había disfrutado tanto.
Con otras mujeres había alcanzado mi liberación sexual, sí, pero siempre me había sentido insatisfecho. Siempre insatisfecho, como si algo fallara en mi interior. Con Iris, había alcanzado la máxima satisfacción. Ella me hizo sentir libre, me dio un atisbo de absolución, esa mujer, si, mujer, porque había dejado de ser una niña, me volvería loco, yo le había dado placer a muchas mujeres pero, hasta ahora, jamás había sostenido en mis manos a tan hermosa y delicada criatura. Nunca ninguna mujer me había respondido tan completamente, con todas sus inhibiciones olvidadas. Antes de Iris, el sexo se había convertido en un monótono juego, y yo estaba cansado de jugar, pero con ella, había encontrado la completa satisfacción.
Yo no era digno de Iris.
Tan cansado como estaba en los asuntos de la carne, esta experiencia con Iris la había sentido más auténtica, más fresca, que incluso su primera vez, hacía tantos años atrás. La punta de mis dedos acarició su sedosa cadera y luego se deslizaron más abajo, a su centro. El hecho de que fuera el primer hombre de Iris, el único, me llenaba de un posesivo orgullo que no podía explicar.
Pero no la amaré, añadí, Yo hice una promesa por Lily, solo a ella la amaría, además conmigo Iris solo sufriría, ella merece algo mejor, pero sin embargo la sentía mía
-Mía-gruñí a la vez que apretaba mi agarre sobre Iris
Un rayo rompió el silencio de la noche, como el aullido de una banshee.
Ella entreabría sus ojos y echaba un vistazo con cuidado a su alrededor, yo había soltado mi agarre y me había levantado y vestido con un simple hechizo, ella miro el reloj, doce treinta y cuatro, era tarde, de seguro ya alguien había notado su ausencia, tal vez ese noviecito que se había conseguido, ella se veía cansada para levantarse, incluso para moverse, en realidad. Los rayos sonaron de nuevo y ella se desperezó, esperando eliminar así las agujetas de sus desnudas extremidades. Estremeciéndose de dolor, soltó un gemido y se apartó el pelo de la cara.
Yo simplemente le observaba y cuando ella lo noto una suave sonrisa se formó en sus labios, los oscuros mechones de su pelo caían en desorden, enmarcando su rostro. Sus largas pestañas hacían sombra sobre sus mejillas y una sábana de seda negra cubría solo lo necesario de ese magnifico cuerpo. Era una diosa simplemente.
Con un somnoliento y feliz suspiro, ella se acercó e intento besarme, pero me aleje, le dije que todo había sido un error, que jamás debió pasar, que solo había sido el alcohol, que yo jamás me fijaría en una niña mimada como ella, pude ver como sus ojos se cristalizaron, lágrimas se agolpaban en sus ojos, pero era demasiado orgullosa como para dejarme verla llorar, su cabello se tiño de rojo, tan rojo como la sangre y en sus ojos se veía la ira, estaba furiosa y empezó a gritarme que era un bastardo y muchas cosas más, que me había entregado su inocencia y yo solo la catalogaba como un error, yo no dije nada, me merecía esos insultos, ella se levanto de la cama envuelta en las sabanas, su piel blanca piel contrastaba con el negro de éstas y la luz de la luna la hacia lucir incluso más hermosa de lo que ya era, si, incluso aunque estuviera hecha toda una leona furiosa no dejaba su belleza de lado, tomo su varita y se vistió, de nuevo el vestido ceñía sus curvas y se confundía con su piel, ella lanzo un hechizo, pero logre esquivarlo, prácticamente corrió a la salida y me grito lo despreciable que era, si, ese había sido su adiós
Fin Flashback
Y ahora estaba allí, hablando sola mientras dejaba que la lluvia la empapara, su largo cabello se alisaba más con el agua, mechones de éste se pegaban en su rostro, su piel blanca resaltaba a la luz de la luna, se veía hermosa, claro ella siempre se veía hermosa, ya sea tonteando, furiosa o muriéndose de frío como lo hacía en ese momento, cuando me acerqué creyó que era una alucinación, ¿estaba pensando en mí?, una idea tonta claro, ella me odia, dijo que solo llovía, cuando la verdad era que diluvaba, y por alguna razón que aun no alcanzo a comprender le ofrecí ir conmigo, ella vacilo, como si estuviera asimilando que lo que yo acababa de decir era cierto o no, pero eventualmente accedió
Fin P.V. Snape
No me podía creer que en serio se estuviera ofreciendo a llevarme hasta el castillo, es decir, un buen gesto de parte de Snape, eso es como un milagro ¿no? Y yo me había quedado dubitativa pensando, pero a la final acepte, la verdad era que Snape tenia razón me podía dar una pulmonía y eso conllevaría a enfermarme de la garganta y perder la voz lo cual sería terrible, entonces ya entienden porque acepte, durante el camino ambos estuvimos en silencio, aunque yo no hacía más que pensar, estaba tan cerca de él que podía olerlo muy bien, olía a menta y pergaminos, algo exquisito para mí, recordar esa noche en que me acosté con él fue algo doloroso y a la vez lindo, pero me hizo pensar que por el resto de mi vida, cada hombre que entrara en mi vida sería comparado con él, y ninguno lograría superarlo, digo, él fue genial, dulce, caballeroso y vale, un dios del sexo, así que aquello no tiene comparación, y se supone que no debería de pensar en esas cosas, pero no lo puedo evitar, ese mis queridos amigos es el efecto Snape