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Todo llega a su tiempo, pero… ¡Maldito tiempo! ¡¿Viene de rodillas o qué?! — capítulo 16
Nota de la autora: como me lo habían pedido, aquí va el recuerdo de la primera vez de Iris con Snape, así que lean esto bajo su propio juicio ya que contiene escenas de sexo explícito
Snape y yo estábamos en el aula, tras una prueba de que sabia cuales eran los ingredientes y los pasos a seguir para prepara una poción crecehuesos, él había accedido a que le ayudara y vaya que eso me alegro no es como si me agradara estar tragando polvo por limpiar sus repisas, aunque había cosas bastante interesantes ahí, pero en fin, yo puse el caldero en el fuego y empecé, Snape estaba ocupado en su propio caldero, pero aun así no dejaba de mirarme, de seguro me supervisaba para que no hiciera algo mal, pero yo sabia lo que hacia, así que me concentre en la poción, olvidando incluso donde estaba y de quien estaba acompañada, pronto empezó a hacer un calor infernal y mi cabello lo hacia aun más insoportable, mechones caían por mi cara y yo los soplaba para retirarlos de allí, hasta que eventualmente me canse y me recogí el cabello de manera improvisada con una cinta que llevaba por cinturón, tranquilos, el pantalón se quedo en su lugar, solo me quedaba algo flojo, nada más, bueno, recogí mi cabello en una coleta y proseguí a cortar ingredientes y ponerlos ordenadamente en el caldero, aquello me hizo recordar mis días en Hogwarts como estudiante y por supuesto aquello me saco una sonrisa, llegue al punto en que tenia que dejar la poción calentarse unos minutos para luego dejarla reposar, así que de nuevo caí en cuenta donde estaba, en el despacho de Snape, con Snape claro esta, al parecer él también había llegado al punto en que su poción tenia que reposar, así que le dio un vistazo a la mía, eventualmente me miro y dijo:
-No esta mal Urquart
Lo cual fue algo extraño, pero me hizo sentí feliz, es decir, ¿cuando se ha visto que Snape le diga eso a un estudiante?, pues yo no lo he visto, así que esas palabras viniendo de él son como un cumplido
-Lo ve, no solo se cantar Snape-le respondí y él alzo una ceja y yo me quede como idiotizada mirándole, no me pregunten por qué, pero la verdad, ese gesto siempre me ha parecido atractivo en él, se ve más sexy desde mi punto de vista
-Profesor-me corrige él
-Vale…profesor-dijo y sonrió-sabe, ya hasta me estaba empezando a acostumbrar a su presencia, pero hoy es el último día del "castigo-trato" lastima…
Y no sé porque dije eso, pero ya ven lo dije
-¿Castigo-trato?-pregunta él
-Vamos Snape-dije-¿me va a decir que esto no le recuerda los castigos que solía imponerme?
-No es que sea de mi particular agrado recordar porque la castigaba-dijo él
Y la verdad es que a él no le gustaba, pero a mi me parecía divertido recordar
-Sabe perfectamente que la mayoría de esos castigos no me los merecía-dije
-Usted y su bocota si se los merecían-dijo él y frunció el ceño
Si, yo y mi bocota, larga historia…
-Le pedí disculpas como mil veces ¿vale?-dije-sé que por haberlo llamado murciélago amargado o narizón o vampiro…-y ahí pare porque me quería matar con la mirada-por esos si me merecía los castigos, lo admito, yo y mi bocota, pero por lo demás no, yo solo era una victima de las circunstancias-dije
-Era una cómplice de ese Weasley y su noviecito-dijo él
-Yo solo trataba de impedir que hicieran de las suyas y por algún motivo usted siempre me encontraba en el lugar menos indicado en el momento menos indicado-dije-yo trataba de detener sus bromas
-No son más que excusas-dijo
-Haber le recuerdo-dije-cuando estaba en quinto año, ¿recuerda como ambos terminamos cubiertos por esa baba verde que parecía moco de troll? Ó, ¿Cuándo estaba en sexto y termine como un pastel junto a usted en el gran comedor?
-De seguro fueron fallas en sus planes-dijo él
-No, yo siempre trataba de detenerlos, no me parecía bien que lo cogieran a usted de juego-y ahí Snape enarco su ceja aun más-o a cualquier otra persona-agregue yo para no ser descubierta tan fácilmente-y casi siempre terminaba yo como burla de todos por esas tontas bromas y usted siempre me castigaba como si yo tuviera la culpa lo cual era claramente una injusticia, y además de sus castigos mi mamá me regañaba y castigaba lo cual era horrible
-No es problema mío, eso se lo busca usted misma por tener esa clase de amistades
Y yo ya estaba bastante molesta, Snape no me creería nunca, y yo solo había tratado de defenderlo, eso no era justo, y por supuesto mi gran bocota entro en acción
-No entiendo que problema tiene conmigo-le dije- es decir, sé que soy una Gryffindor y usted odia a todo aquel que pertenezca a esa casa, pero conmigo como que se pasa, tal vez sea porque soy hija de mi madre o porque según usted cometió un error y se acostó conmigo, ¡Por Merlín! Yo soy la que debería estar debería estar ofendida, pero por el contrario soy yo la que trato de ser cortes y educada, usted es un murciélago amargado y ¿sabe que? Olvídese de todas esas veces que el pedi disculpas por llamarle así, usted bien sabe que se lo merece, engañe a mi novio por su culpa, engañe a Alan y él es un buen chico, se merecía algo mejor, pero no, yo me tenia que meter con usted, maldito bastardo sin corazón-le grite
-Le recuerdo que ambos habíamos bebido-dijo él
-Y yo le recuerdo que tenía 17, y usted se supone que es un adulto responsable y no se empeñe en echarle la culpa al alcohol, como si usted no viviera atragantándose de whisky, usted es un cobarde, no admite sus acciones, no hace más que esconderse tras comentarios sarcásticos
Para ese entonces yo me había acercado y le apuntaba con el dedo acusatoriamente, mi cabello debía de estar tan rojo como el fuego, él simplemente me miraba burlonamente, como si lo que yo estaba diciendo no tuviese importancia
-Él que engañara a su noviecito no es mi problema, el problema es de él que se ha conseguido a una cualquiera como usted-dice con desprecio
Me había llamado cualquiera y eso me había dolido tanto, había sentido una daga que me atravesaba, ¿por qué me dolía tanto ese comentario de su parte?, tal vez si alguien hubiera dicho algo así yo simplemente lo hubiera ignorado, pero viniendo de él me dolía demasiado, podía sentir las lágrimas agolpándose en mis ojos
-A mi usted no me llama cualquiera, cuando me acosté con usted, no me arrepentí, sabia que había pasado porque yo así lo quería, y todos los castigos y los insultos de su parte me daban igual, porque al parecer yo le veía como algo más que un profesor y luego usted dijo que había sido un error, un simple desliz, y eso me rompió el corazón, así que me quede con Alan y me estoy recuperando con él, así que ni piense que le voy a pedir disculpas por como decido reparar lo que usted rompió, así que no le permito que me llame cualquiera-le dije y claro así le había declarado en la cara que me gustaba, que sutil era ¿no?, y claro que no me quede con las ganas y le estampe una cachetada y me largue de allí, la poción se podía ir al carajo, el trato se podía ir al carajo, si quería contárselo a mi madre que lo hiciera, yo asumiría las consecuencias, no seria una cobarde como él, yo si tenia pantalones no como ese maldito amargado, de repente yo había empezado a correr por los corredores y había terminado en la entrada, mirando hacia los jardines, camine un poco y me senté frente al lago negro, justo debajo de un árbol, él mismo donde solía sentarme cuando era estudiante y los recuerdos me embargaron…
Flashback P.V. Narrador
Iris había acabado de salir del baile de graduación, quería estar sola un rato, ya no aguantaba más las miradas de Snape, y lo que pasaba por su mente la hacia sentir mal, sentía que traicionaba a Alan, y hace solo poco que eran novios, había terminado en un pasillo que estaba bastante oscuro, recordando aquel beso que le había dado Snape una vez al terminar la clase, ella le había abofeteado, pero él solo había respondido besándola de nuevo, y para su mala suerte mientras divagaba se topo de quien se suponía trataba de escapar, Snape al parecer había notado que ella ya no estaba en el baile, pero como no hacerlo si ella era la más bella criatura de aquel baile, su cabello negro contrastaba con lo blanco de su piel y su vestido casi se camuflaba en su piel, se veía hermosa y Snape lo había notado
-¿Me esta siguiendo?-pregunto Iris inmediatamente
-Simplemente estoy pendiente de que los estudiantes no anden merodeando por el castillo-dijo él, aunque si la estaba siguiendo
-Se preocupa por sus estudiantes un poco tarde ¿no cree?-dijo ella-por si no lo ha notado ya nos estamos graduando
Snape no respondió de inmediato, simplemente se dedico a admirarla y pues Iris no se quejo, no podía negar que no le molestaba el hecho de saber que la desvestía con la mirada, porque ella hacia exactamente lo mismo con él
-Ven aquí, Iris-dijo, y de algún modo consiguió darle a sus palabras un tono especial... como si pudiera atraerla a la cama simplemente con su voz.
Y así era. En trance, ella se acercó, ansiando la esencia de su toque. Deseando la culminación de su pasión.
-No tengas miedo-dijo él, moviéndose detrás de ella.
Una oleada de incertidumbre la invadió ante sus siniestras palabras, pero asintió, él la guió hasta las mazmorras, exactamente hacia su habitación, Iris estaba asustada, pero emocionada, quería salir corriendo, pero sus pies parecían pegados al suelo, simplemente no le respondían, de la nada él le puso una venda sobre los ojos y la oscuridad la inundó. Él ató la tela, con cuidado de no tirar de su pelo. El nerviosismo pronto se mezcló con el deseo, provocándole un estremecimiento.
-¿Qué haces?-preguntó ella nerviosa
-¿Confías en mí?
-Sí-dijo ella sin dudar, ella lo hacia, no sabia por qué, pero confiaba en él
-Entonces nada de preguntas
-Ninguna pregunta-Iris respiro profundamente, tratando de acostumbrarse a la oscuridad. Sólo cuando se relajó completamente escuchó el hipnotizante ruido de la lluvia que caía en el exterior. Olió el masculino olor de Snape con mayor intensidad, y sintió con más fuerza su calor.
-Eres hermosa-dijo él
Sus halagos la hipnotizaban
-¿Sabes lo que me haces?-susurró él en su oído, luego colocó un firme beso en su cuello y ella absorbió su calor-¿Cómo me haces arder? Si no lo sabes, pronto lo harás, ya que planeo hacer que te derritas en cualquier parte que te toque. Mis dedos estarán calientes y quemaran tu piel mientras exploran cada curva, cada hueco… cada deliciosa pulgada
El fervor de su promesa la hipnotizó, creando un hechizo de amor y lujuria en los límites de su mente.Esto era con lo que había soñado desde que empezó a fijarse en su profesor
-Una vez que nos unamos, dulce leona, sólo querrás más-le prometió él- Mucho más.
Pequeños y delicioso temblores la recorrieron, pero él no había terminado. Moviendo la mano, él amasó uno de sus pechos a través de su vestido, suave como una pluma.
-Te tocaré aquí-Su otra mano se deslizó hacia abajo por su estómago, deteniéndose sólo cuando alcanzó la cima de sus muslos, sin llegar a tocarla entre las piernas, aunque ella pudo sentir su calor-También te tocaré aquí. Y por todas las partes que encuentre en el camino.
Su aliento acarició su cuello, tan sedoso, tan estimulante. Intensas corrientes de pasión navegaron a través de su sangre, consumiendo cada célula de su cuerpo. Él bajo con delicadeza las tiras de su vestido hasta que el cayó a sus tobillos. Toda inseguridad que sintiera alguna vez, también cayó, y ella se sorprendió de que no quisiera cubrirse. No, quería desnudarse completamente.
Él le ayudó a salir del vestido. El aire era frío, pero ella se sintió caliente. Muy caliente. Cuando se estabilizó de nuevo, él introdujo los dedos dentro de sus bragas, moviéndose más y más abajo, hasta que su mano descansó justo Allí
Ella jadeó. El contacto era tan íntimo, tan nuevo. Con movimientos tiernos, él la acarició suavemente, con fuerza, suavemente de nuevo. Sus caderas se mecieron ligeramente con su toque, impulsándolo a ir más profundo.
-¿Quieres que te lleve al orgasmo?-le preguntó.
Incluso susurrando, él poseía una voz muy sensual; un barítono profundo y rico que la envolvió al igual que lo hacía la venda sobre sus ojos. Siempre que él hablaba su aliento soplaba sobre su oreja, enviando imágenes de sábanas enredadas y pieles sudorosas, a través de su mente.
-Sí-contestó ella jadeando-Sólo si vienes conmigo.
Sus dedos finalmente rozaron su clítoris. Ella jadeó. Sus otros sentidos permanecieron aumentados, sumamente sensibles. La áspera y callosa piel de Snape envió temblores de placer hasta los dedos de sus pies cuando la acarició. Luego, se detuvo. Ella esperó con impaciencia, suspendida en un tiempo y lugar donde sólo ella y Snape existían.
Después… sus dedos comenzaron a atormentarla de nuevo, acariciándola, subiendo y bajando por sus húmedos pliegues. Casi. Casi donde más lo necesitaba. Un gemido bajo y necesitado resbaló de sus labios. Nada pudo haberla preparado para este ataque sensual a sus sentidos, para esta búsqueda de la culminación y el éxtasis. Nada.
Otra vez, él paró. Otra vez ella esperó, aumentando su desesperación por más.
-¿Alguna vez has hecho el amor sobre una silla, Iris?
Lentamente ella negó con la cabeza.
-Nunca he hecho el amor con nadie. En ninguna parte-Su voz estaba ronca por el deseo.
-Me alegro-dijo él, besando otra vez su cuello. Su abrazó se apretó más aún mientras hablaba-Tus piernas deben engancharse sobre los brazos de la silla, abriendo tu centro. Luego me tomas en tu interior, tan profundamente que gritas. Y gritas de nuevo. Una y otra vez.
Las fantasías de ella y Snape en una silla, haciendo exactamente lo que él describía, la conquistaron, haciendo que su garganta se cerrara.Tengo que tenerlo en una silla.
-Dime que me deseas, pequeño leona. Di las palabras.
-Te deseo-susurró ella. Quería besar y lamer sus cicatrices, consolarle y ayudarle a cerrar sus heridas. Quería deslizar la lengua sobre cada uno de sus poros y oírlo jadear-Quiero hacer el amor contigo tantas veces que no esté segura de donde termina mi cuerpo y empieza el tuyo.
Snape la giró entonces.
-Dame tu boca-Ahora su tono era crudo, primitivo. Él no le dio tiempo a contestar. Su cabeza bajó bruscamente, y su boca devastó la suya. Dando la bienvenida a su fuerza, a su dureza, ella devolvió el empuje de su lengua con el suyo propio, apretando las manos contra su espalda.
*Siempre. Para siempre,*pensó ella.
-Siempre-dijo él, como si hubiera escuchado la promesa en su mente. La apretó contra él, su corazón tambaleándose con un cúmulo de sensaciones. Con Iris entre sus brazos, su pasado no podía afectarlo. Sólo se preocuparía de este momento. El sentir la piel de Iris provocaba que todos sus nervios saltaran, con fuerza y necesidad. Su olor lo conducía al borde de la locura. Quería a esta mujer y nada más importaba en ese momento.
-Déjame tocarte-dijo ella con la respiración entrecortada.
Él supo lo mucho que le costó decir tal audacia, y le habría dado el mundo entero ahora mismo si ella se lo pidiera.
-¿Dejarte? No, Iris-Él lamió el contorno de sus labios-Necesitoque me toques.
Él guió su mano a través de los músculos de su pecho, de su ombligo, y la sumergió por debajo de su ropa interior. Le ayudó a que su palma envolviera su pene, ya duro por la excitación, y le mostró cómo tenía que acariciarlo. Aprendía rápido, su Iris, y pronto movió su mano de arriba abajo con una precisión exquisita.
-Sí, leona-la elogió él, luego gimió-Justo así.
Sostenerlo entre sus manos le hizo descubrir a Iris su gran poder femenino, con el cual ella se deleitó. Aquí estaba este hombre, un maestro de la sensualidad, que le respondía como si nunca pudiera tener suficiente de ella.
Un pensamiento embriagador, la verdad.
En un segundo, él la levantó y quitó su sotén, exponiendo sus desnudos pechos a su vista. El frío aire besó su acalorada piel, provocando que sus pezones se endurecieras y le dolieran.
Ella oyó como Snape retenía su aliento y decía
-Eres la criatura más delicada que jamás he contemplado
-No, yo...-comenzó a decir por costumbre, no estaba acostumbrada a ser halagada, luego se paró de golpe.
Él rodeaba el borde externo de su pezón con la lengua y su dedo acariciaba su ombligo. El resto de sus palabras murieron de una súbita muerte. El cuerpo de Iris estalló en llamas. Necesitando más, arqueó la espalda, dándole un mejor acceso. Snape succionó el endurecido pico en la caliente humedad de su boca y su mano se arrastró por su estómago. Ella tembló.
Por último Snape le quitó el resto de su ropa: las bragas. Iris gimió, no por incomodidad o vergüenza, algo que todavía le sorprendía, sino por deseo. Ahora mismo, este hombre le pertenecía. Sólo a ella. Para otras él podría ser el amargado murciélago de las mazmorras, pero para ella era simplemente Snape, un hombre sexy que marcaba su cuerpo de la misma forma que había marcado su corazón.
Él le plantó embriagadores besos a través de su cuello y clavícula, y el poco vello de su pecho cosquilleó en su piel. Durante sólo un segundo, él se retiró y ella sintió una suave ráfaga de aire cuando se quitó su ropa interior. Entonces, uno de sus brazos se ancló bajo sus rodillas y el otro tras su espalda. Cuando la levantó en brazos, su mundo se inclinó y ella tuvo la sensación de flotar en una nube, así que lo abrazó por el cuello en busca de apoyo.
Snape se quedó inmóvil durante un momento, empapándose de la vista de la mujer que había consumido sus pensamientos desde el primer instante en que noto lo hermosa en que se habia convertido esa mocosa hija de McGonagall. Ella lo cautivaba, lo llevaba a nuevos niveles de sensualidad, y tenía que obligarse a reducir la marcha antes de que las cosas acabaran demasiado rápido. Era la primera vez de Iris y, por Merlín, ella disfrutaría de cada segundo.
Sus pechos eran llenos y exuberantes, creados para el toque de un hombre.Su toque. Sus pezones acababan en atractivos picos, preparados, expectantes. Llamándole. Sus piernas eran largas, y eran capaces de hacerle subir al cielo. Pronto esas piernas envolverían su cintura, exprimiéndolo y empujándolo fuertemente dentro de ella.
Tan poderoso fue ese pensamiento, que casi cayó de rodillas.
El hambre lo condujo a su habitación tan rápidamente como sus pies pudieron llevarlo. El fragor de un trueno explotó, luego la llamarada de un relámpago. Él no se detuvo hasta que llevó a Iris a una suave y acolchada silla reclinable. Se sentó y la ajustó sobre su regazo hasta que sus piernas se acomodaron a horcajadas sobre sus muslos y sus rodillas descansaron sobre los brazos de la silla.
Él no podía dejar de besarla. Quería absorber cada centímetro de ella. Lentamente, sus manos se movieron hacía abajo, acariciando su plano vientre. Luego la rodeó y acarició la sedosa redondez de su trasero. Su gemido le dijo lo mucho que le gustó eso.
Perdiendo rápidamente la cordura, exploró de nuevo su humedad, su centro femenino, torturándola con breves caricias. Ella pronunció un gemido bajo, gutural. Sus caderas siguieron sus dedos, buscando cualquier cosa que él quisiera darle. Él estudió su cara, observando la forma en que sus labios se separaban sin inhibiciones. La forma en que arqueaba su espalda, exigiendo silenciosamente más.
-Eso es, pequeña leona, muévete para mí.
-Severus…-comenzó ella, para jadear después cuando él lamió con su lengua un endurecido pezón. Ella estaba abierta para él, tanto su boca como cuerpo. Esta mujer lo afectaba como ninguna otra. Tan sólo el escuchar su nombre de sus labios era más intenso que hacer el amor con cualquier otra. Iris de algún modo lo hacía sentirse completo, entero, como si simplemente hubiera nacido para conocerla, por ese momento habia olvidado incluso a Lily Evans.
Ella gimió otra vez mientras su desnuda piel se frotaba contra la suya, exaltada, consumiéndose, provocando que se intensificara el dolor que sus dedos causaban. Pronto ella se estuvo retorciendo, buscando la liberación de las intensas sensaciones que querían explotar en su interior.
-Casi estoy-dijo. Todo dentro de ella posesionándose para la liberación. Esta muy cerca del borde, tan increíblemente cerca-No pares-Su respiración salió en entrecortados jadeos-En todos los sitios que me tocas, estallan las llamas bajo mi piel. No quiero que dejes nunca de tocarme. ¿Me lo prometes?
-Con todo mi ser-Él gimió profundamente en su garganta, y la vibración la recorrió entera.
Él la acarició sólo un poco más fuerte, pero fue suficiente. Sus músculos internos se apretaron y un feroz placer estalló con la fuerza de una avalancha.
-¡Oh, Merlín santo! ¡Oh, Merlín santo! ¡Oh, Merlín santo!
Mientras su orgasmo aún la estremecía, él enterró dos dedos profundamente en su interior, estirando las paredes de su feminidad y preparándola para su invasión. Su otra mano agarró su cadera, arrojándola sobre él, ayudándole a imitar el ritmo del sexo. Una vez. Dos veces. Él empujó sus dedos más profundamente. Una y otra vez retirándolos y hundiéndolos de nuevo. Su necesidad de él la asombraba. No sólo su toque, sino aél. Su voz, su risa, su felicidad.
Habiendo estado su cuerpo privado de placer durante tanto tiempo, ahora le exigía que lo compensara. Necesito más, pensó. Ella ansiaba todo de él; quería que esta vez experimentara la liberación con ella.
-Por Merlín, Iris, nunca he sentido nada tan caliente-la elogió él-Es tan malditamente bueno, tan apretado.
Las puntas de sus dedos se pusieron más calientes, empujando más profundo, atormentándola y torturándola. La sensación eclipsó al tiempo. El ardiente placer creció en su interior, los rescoldos casi inextinguibles. Cada movimiento que hacía servía sólo a un objetivo. Ganarse la liberación del dulce tormento que él continuamente le infligía.
-Ven dentro de mí, Severus. Te necesito.
Él quitó sus dedos y miró su cara.
-Primero quiero probarte.
Probarte primero. Eso llevó sólo un momento para que la embotada mente de Iris, registrara lo que en realidad quería decir. Cuando la comprensión llegó, la sensual neblina se evaporó. Se arrancó la venda de los ojos y lanzó el negro material al suelo. Asustada, ella se echó hacia atrás y juntó las rodillas.
-No-negó rápidamente con la cabeza-No puedo dejarte hacer eso-La idea, aunque placentera en la imagen que evocó, le causaba toda clase de dudas.
-Sí-Snape vio la cautela grabada en la expresión de Iris, y eso encendió un fuego en su interior que quemó bajo su piel. Sus brazos envolvieron su cintura para impedir que se largara-Déjame probarte-dijo él-Déjame darte placer con mi lengua.
Incapaz de hablar, ella negó con la cabeza. Sus piernas se cerraron con más fuerza. Si se movía un centímetro más, notó él, sus rodillas golpearían contra su hinchada carne.
Con cuidado, ahuecó su barbilla entre sus manos y se inclinó.
-¿Iris?
Ella no contestó, ni se relajó, aunque le gustaba como sonaba su nombre proviniendo de sus labios
-Antes te pregunté si confiabas en mí-dijo él con voz ronca-¿Recuerdas tu respuesta?
De algún modo ella asintió débilmente con la cabezada. Simplemente pensar en él lamiéndola hacía que un perverso deseo latiera entre sus piernas pero... ¿le permitiría el acceso a su lugar más privado? ¿A que lo mirara? ¿Lo saboreara?
Él deslizó sus manos entre sus cerradas piernas, empujando suavemente para apartarlas. Luego, con la esperanza de que las familiares sensaciones consiguieran calmarla, introdujo de nuevo dos dedos en su interior. Sintió la humedad que allí se reunió y casi se corrió. Requirió de cada onza de instinto de conservación que poseía para controlar su intensa hambre.
-Nunca te haría daño, pequeña leona. Déjame. Déjame amarte con mi boca.
-¿Pero y si no te gusta?-le preguntó, expresando finalmente su miedo.
-Me gustará-dijo él con ferocidad-Te lo prometo.
La rica persuasión de su tono la relajó, y la convenció a que se enfrentara a lo desconocido, al miedo. Poco a poco, aflojó los músculos de sus muslos, dándole el acceso que él tanto ansiaba.
-Si estás seguro-dijo ella suavemente.
Su voz pareció drogada, sin aliento, por la pasión, y rica miel por la incertidumbre. Él bajó, al mismo tiempo que la levantaba a ella hasta que puso sus rodillas encima de los brazos de la silla, sus manos apoyadas en el respaldo. Su aliento cosquilleó sobre los rosados pliegues un segundo antes de que ella sintiera el calor de su lengua. Él lamió, acarició y succionó, creando una fricción exquisita. Sus huesos se licuaron, sus nervios chisporrotearon, y en ese momento, Iris supo que jamás volvería a sentir tal deliciosa agonía. Sus desenfrenados gemidos llenaron el cuarto, mezclándose con el estruendo de los truenos.
Su cabeza giraba de un lado al otro, haciendo que su cabello, que parecía un arcoíris, se derramara desordenadamente por su espalda, y eso incluso sirvió de estimulante. Los sedosos mechones acariciaron su acalorada piel, rozándola y haciéndole cosquillas.
Snape se alejó.
-Noooo-Sus muslos se apretaron, intentando retenerlo en el sitio hasta que satisficiera la pulsante necesidad que recorría sus venas.
-Te gusta, ¿verdad?-dijo él soltando una ronca risita, pero el sonido pronto se convirtió en un gemido-A mí también, pequeña leona-Una vez más su lengua acarició y sondeó-Nunca probé algo más dulce-susurró él contra su mojada carne-Tan perfecto.
Temblando, ella se arqueó contra él.
-Mmm… -hablar era imposible.
Tanto… tanto... placer… Todo en su interior explotó. Luces destellaron. Los músculos se tensaron. Este orgasmo le llegó al corazón, más fuerte que incluso el último. Incapaz de mitigar los efectos de este poderoso ataque, ella gritó su nombre.
-Vas a matarme-logro decir ella.
Él nunca se había sentido tan salvaje, tan… caliente.
-Te necesito, Iris-dijo él.
-Sí. Sí.
-Eres tan pequeña, tan delicada ¿Seguro que estás preparada?
-Lo estoy, Severus. Hazlo ahora.
Él la bajó, apenas capaz de refrenar su desesperación, y colocó sus rodillas a los lados de sus muslos. Con un rugido, él se alzó y enterró su carne en su húmedo interior, rompiendo la barrera de su inocencia. Ella se puso rígida durante sólo un instante, luego se fundió completamente contra él. Durante una eternidad, él se quedó inmóvil, dándole tiempo a que su cuerpo aceptara su invasión.
Por un momento, él la sintió, no sólo su cuerpo, sino también sus emociones, incluso su alma. Sintió su hambre, su temor. Su necesidad. Ellos eran uno, dos mitades que se hacían un todo.
-¿Estás bien?-le preguntó, el sudor perlando su frente.
-Estoy donde quería estar. Formando parte de ti.
Sus labios se tensaron por el esfuerzo de contenerse.
-¿Puedes tomar más?
-Tomaré todo lo que tengas para dar.
Él empujó un poco más hondo. Ella se arqueó. Entonces él se introdujo hasta la empuñadura y ella jadeó.
Perfecto, pensó él.
Él comenzó a moverse más y más profundamente, levantándola y bajándola, igual que había hecho con sus dedos. Poco a poco, aceleró el ritmo. Más rápido. Más rápido aún. La tomó con avidez, casi brutalmente, golpeando contra ella tal y como había soñado hacer las pasadas noches. No podía controlarse; la deseaba con demasiada desesperación. Ella lo dejaba indefenso, lo consumía. Un gemido salió de su garganta cuando ella giró sus caderas, tomándolo en un ángulo diferente.
-Haz eso otra vez-la animó él.
-¿Así?-Lo hizo de nuevo.
Él se mordió el labio inferior.
-Justo así.
Iris sonrió con malicia, pero rápidamente cambió su sonrisa por un gemido de placer. La anchura de su pene la estiraba, pero el sentimiento de pertenencia que él le provocaba sobrepasaba cualquier incomodidad. Ahora, él era una parte de ella, profundo y sólido, su cuerpo uno con el suyo, y ese conocimiento era más potente que una droga. Ella había soñado con este momento, con estar con él, pero sus fantasías palidecían comparadas con la realidad.
Su mano se introdujo entre ellos, encontró su clítoris y lo apretó. Moviendo con maestría sus dedos, consiguió que olvidara cualquier rastro de incomodidad.
-Dime como te sientes-ordenó él con voz ronca-Dime cuanto te gusta lo que te hago.
Él bombeó dentro y fuera de ella, aumentando la velocidad, aumenta la urgencia, incluso mientras seguía estimulándola con los dedos.
-Me gusta… me gusta…-La parte inferior de su cuerpo se movía con él, después contra él, elevándose cuando él se retiraba, sólo para bajar de nuevo cuando él se alzaba. No podía pensar, sólo podía empujar hasta conseguir la liberación. Por Merlín, que jamás se negaría este placer de nuevo.
-Háblame-respiró él, aumentando el ritmo más y más rápido-¿Te gusta?
Ella abrió la boca para explicarle que había alcanzado la cima de los cielos, pero un gemido rasgó profundamente de su interior cuando alcanzó otro orgasmo. Una mezcla de sensaciones se enredaron y enredaron, más y más rápido.
Las paredes internas de Iris se apretaron alrededor de su mojado eje enviando a Snape también a la culminación. El clímax, totalmente masculino e infinitamente poderoso, liberó un salvaje rugido de su garganta antes de que él se derrumbara en la silla, arrastrando a Iris contra él, ambos agotados.
Cuando él fue capaz de tomar una bocanada de aire, susurró contra los sedosos hilos de su ahora colorido cabello.
-Bueno, pequeña leona. Supongo que te gustó.
Fin Flashback P.V. Narrador