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Una nueva Vida. — capítulo 1

Una nueva vida.

Primera Parte

Evolet Benton

1.Una sola fantasía basta para cambiar un millón de realidades.

Camine un rato por las calles de San Francisco con mis dieciocho años recién cumplidos, y realmente era así; mis padres me habían dejado ir a una fiesta en un centro nocturno a las afueras de la ciudad, después de unas cuantas bebidas y del pasar de las horas mis amigos y yo decidimos caminar un poco antes de volver a nuestras respectivas casas. 

Todo iba bastante bien, las bromas eran verdaderamente agradables, alguna algo subidas de tono pero entre amigos, todo pasaba por alto. Cuando el ánimo comenzaba a apagarse unos hombres, de aspecto algo sospechoso, salieron de un callejón cercano a nuestro caminar. Uno de ellos portaba una capa bastante larga, y el otro no era un hombre sino una mujer. La chica llevaba una capa más pequeña casi rosaba con sus faldas, a la altura de la rodilla. Mis amigos y yo no prestamos mucha atención, tal vez se trataba de una pareja gótica, en busca de aventura.

-Oye Evolet. ¿Cuándo salimos otra vez? -una de mis amigas me grito.

-No lo sé -le conteste de la misma manera -Yo diría que en un par de días estaría bien.

-¡Claro! Necesitamos más días así -siguió gritando. Y es que ella había bebido de más, y por ende su estado de humor era más explosivo que de costumbre.

Todos gritamos un grande y estridente ¡Si, Oh yea! Y lo acompañamos de muchas risas.

-Evolet. Ven con nosotros.

-Pues si aquí estoy -respondí con risas.

Todos soltaron una enorme carcajada. Al parecer mis palabras habían provocado sus risas.

-¡Uy! Alguien bebió demás. Oye Frank cuida más a tu novia. Ya anda diciendo cosas que no.

Frank sólo me abrazo con gran fuerza y me dio un pequeño beso en la sien. Como odiaba que nuestros amigos siempre nos pusieran en evidencia. Pero es que esta vez no había tomado absolutamente nada, estaba en mis cinco sentidos, y yo había escuchado esas palabras como si alguno de mis amigos me las hubiera dicho.

Continuamos caminando hasta que la calle llego a su fin, una enorme reja de alambre dividía la mitad de la calle en dos partes muy diferentes.

-Llegamos al final del camino -dijo una de mis amigas.

Giramos sobre nuestros talones y al darnos la vuelta vimos a un grupo de cuatro personas, dentro de ellos estaban los dos chicos góticos.

-El camino se termino amigos. Ya no hay nada del otro lado -les indico Michael al pequeño grupo.

Ninguno se movió, parecían estatuas.

-Vámonos -le indique a Frank.

-Oigan chicos, no queremos problemas. Sólo estamos de paso -les dijo simpáticamente mi novio.

Ninguno emitió ningún ruido. Solamente nos veían fijamente con aquellos ojos negros. Sus aspectos nos causaron temor a todos las chicas por lo cual los cuatro hombres que iban en nuestro grupo se pusieron delante de nosotros tratando de protegernos de lo que pudiera llegar a ocurrir.

-Solamente queremos a la señorita -dijo la única chica del grupo de los góticos.

Su aspecto era sombría, a pesar de que era pequeña y de que su voz era tierna. Parecía una pequeña muñequita de porcelana.

-Nadie saldrá de este grupo. ¿Entendieron? Es mejor que se marchen y nos dejen en paz -grito Frank.

-Sino acceden a nuestras peticiones… Esto se pondrá horrible -nos dijo la chica.

*Esto está mal. Muy mal.*Fue lo único que pensé en el momento. Los tres hombre que acompañaban a la pequeñita, dos de ellos eran de aspecto rudo, pero el tercero era parecido a la chica. La cual, por cierto, nunca me quito la mirada de encima. Me acuñe bajo el brazo de mi novio, temerosa de que ellos me pudieran hacer algo malo.

-Está bien. Esto durara muy poco.

De pronto, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo apartándome rápidamente de Frank. Todo fue bastante rápido, tanto que mis ojos no captaron el momento en el que mis amigos cayeron al suelo retorciéndose de dolor y mis amigas inmovilizadas al otro lado de la calle por los tres hombres góticos.  

-¡Basta! Por favor -gritaba entre sollozos.

Cuando pronuncie mi última suplica, mis amigos dejaron de moverse, mis amigas cayeron al suelo, y todos estaba sin vida. 

-¿Quiénes son? ¿Qué quieren de mí? No tengo nada de valor. Créanme soy totalmente insignificante -murmure.

Las ríos de lagrimas no me dejaban hablar nada bien y ni ver claramente.

-Te equivocas. Tienes más de lo que crees, y nosotros lo queremos.

La chica se fue acercando a mí a paso lento y acompasado. Parecía un animal al acecho, y la presa era yo.

Le eche un último vistazo a mis amigos, y pude ver en todas mis amigas dos pequeños puntos rojos en sus cuellos por donde emanaba una gran cantidad de sangre.

-No es posible, es una broma -a penas pronuncie.

La fantasía ya no era fantasía, ahora era una realidad y una muy cruel. No pronuncie lo que me imaginaba al ver esos dos pequeños orificios en los cuellos. Solo lo pensé y preferí borrarlo de mi mente.

-Esto te dolerá un poco.