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Una nueva Vida. — capítulo 14

14.Te vi y supe que nuestro destino era el de estar unidos.

-Si pudiera llorar, lo haría sin duda.

Esme abrazó con gran fuerza a Edward. Había llegado el momento de separarnos. Después de casi un mes, todos estábamos listos para dejar América y embarcarnos en un nuevo viaje hacia Europa. Los únicos que faltaban en despedirse, éramos Edward y yo. Y cuando tuvimos la oportunidad, lo abrace con fuerza y le hice ver que estaríamos bien. La nostalgia inundo el ambiente y todos nos sumimos en una profunda tristeza, sin embargo no duro demasiado, ya que Jasper se encargo de disipar la nube negra que pretendía arruinaba nuestro pic nic.

Una voz femenina y algo mecánica nos advirtió que nuestro vuelo pronto partiría, así que todos nos volvimos a despedir y lo hicimos de manera rápida para que el momento de abatimiento no nos volviera a consumir. En manera ordenada comenzamos a abordar el avión, y los últimos en subir fuimos Esme y yo. Con un ligero movimiento de mano le dije "Adiós" a mi amado hijo.

Caminamos por el corredor hasta llegar a la puerta del avión, ahí, una señorita nos indicó nuestros asientos. Nos acomodamos en ellos y esperamos a que el tiempo se fuese volando. Después de algunas horas, escuchando música, viendo películas de los años 80', aparentando que comíamos… el tiempo transcurrió lento, el recuerdo de Edward no nos permitía concentrarnos en otra cosa que no fuese el.

-Tranquilos -murmuró Alice, una pequeña apareció por encima de nuestras cabezas -los vigilare. Eddie, Bella y Nessie, estarán bien.

-Es lo que esperamos todos, Alice -musitó Esme.

Alice regresó de inmediato a su asiento después del seco comentario de Esme.

Desde tiempo atrás, algo andaba mal con mi esposa. Ya lo había notado, más bien, todos éramos testigos de que acontecía algo malo dentro de Esme. Su semblante había pasado de amable y tierna a antipática y distante. Sus comentarios solían ser secos y cortantes. Nadie de nosotros se atrevía a afrontarla, lo mejor era que si algo sucedía en su interior, con el tiempo se iría erradicando y por fin volveríamos a tener a nuestra hermosa Esme. Sólo era cuestión de tiempo.

Cuando aterrizamos, rápidamente corrimos a ver si nuestro equipaje había viajado con nosotros o si era necesario esperar a que llegase. Transcurrieron un par de minutos hasta que Emmett y Jasper aparecieron con dos carritos que transportaban todo nuestro equipaje. A la salida del aeropuerto, el clima nublado nos daba la más cordial de las bienvenidas. La sonrisa en nuestros rostros me hacía entre ver que nuestra felicidad iba cuesta arriba.

-¿Esme Cullen? ¡Esme!

Todos volvimos la cabeza hacia donde provenía el grito. Una mujer, de aspecto soberbio, que usaba un largo y fino abrigo color negro, nos indicaba apresuradamente y de modo grosero que nos acercáramos a ella. Esme fue la primera en llegar. Un apretón de manos fue el único buen gento amable que nos ofreció la mujer. Sabíamos que en aquel país reinaba una cierta característica en todos sus habitantes, y esa era el ser taciturnos y algo misteriosos. 

-Los llevare con mi amiga. Ella los llevara hasta su residencia. -nos invitó a subir a su automóvil. Una camioneta color verde hígado -, El inmueble es de ella, yo sólo trato de conseguir personas. Ya saben, soy mujer de negocios -cerró su amargo comentario con un toque despectivo.

Todos formamos una sonrisa y tratamos, inútilmente, de reírnos con su majadero toque de superioridad. Pero claro, el criterio que habíamos formado de la mujer ya estaba más que reafirmado con su último comentario.

-Ya está en mi lista. Y la lista no es nada buena -murmuró Rose en mi oído.

Ambos reímos por lo bajo y entramos en el auto.

En el interior del vehículo un abrupto aroma a pino y una canción campirana nos hizo sentir como en Forks. Una extraña sensación de vacío inundó mi cabeza. Me deje ir con la canción y espere a que terminase pronto. El camino fue un poco largo, la conversación brillo por su ausencia y el ambiente dentro del auto comenzaba a hacerse pesado conforme avanzábamos, sobre todo por el aroma que amenazaba con impregnarse en nuestras memorias para toda la eternidad.

-Perfecto. Ya llegó.

Casi estábamos a las afueras de la ciudad. Las casas comenzaban a ser esporádicas. Y los amplios campos comenzaban a invadir el lienzo.

Se estacionó, algo mal, pero por fin lo hacía. Esme descendió junto con la chica y nos pidió que aguardásemos en el interior. La vimos como avanzo con gran naturalidad hasta detenerse frente a una minivan color gris o como en Gran Bretaña la hacían llamar "people carrier". Una mujer, embarazada bajó del vehículo y saludo amablemente a las dos mujeres. Su semblante era débil. Sus ojos, sombreados por unas profundas ojeras, resaltaban sus hermosos ojos grises. Su cabello, color chocolate caía con suaves ondas sobre su pecho y espalda. Llevaba una enorme chamarra color purpura que le cubría hasta la rodilla y unas botas de plástico color rosa mostraban que la mujer provenía del campo, ya que, el lodo seco pintaba gran parte de ellas, y eso me hacía ver que ella o era de ciudad.  

-Hay que movernos -dijo Emmett.

Descendimos del auto y comenzamos a cambiar de lugar nuestras maletas y nuestras presencias. Después de un rato en el tortuoso auto color hígado, por fin pasábamos a uno más amable y que pintaba para buenas cosas.

-Mira amor -pronunció Esme y me pidió que me acercara. Yo, deje la ultima maleta que cargaba y me uní rápidamente a mi esposa -, Ella es Carolyn Benton. La mujer que nos llevara hasta nuestro nuevo hogar.

-Buenas Tardes. Mi nombre es…

De pronto, un pequeño chillido nos alertó a todos. Cuando observamos con atención, Alice llevaba en brazos a un pequeña niña que no paraba de llorar. En seguida, Carolyn corrió hacia ellas y le pidió a Alice que le diese a la niña. La pequeña soltó a mi hija y corrió hacia los brazos de su madre.

-Te has tropezado otra vez. Mira.

Carolyn, la sentó en el cofre del auto e inmediatamente sacó un pañuelo de su chamarra y comenzó a limpiar la raspadura que su niña tenía en la rodilla derecha. De su boca una su suave y delicada voz no dejaba de destilar amor y pequeñas reprimendas.

-Loana, te pedí que no bajaras del auto. ¿Cuándo obedecerás? -le dio un pequeño beso en la rodilla afectada y otro en los ojitos de la niña, de los cuales no dejaban de brotar lagrimas.

-¡Niños! -Dijo la fría mujer -, Bueno, me tengo que ir. Los dejos en buenas manos -se despidió rápidamente y corrió hacia su auto. Con un leve movimiento de su esquelética mano nos volvió a decir adiós a todos.

-Ya se había tardado -murmuró Rose una vez se hubo retirado.

-Calla, Rose. No seas impertinente -gruñó Esme.

Nos miramos los unos a los otros y omitimos el mal carácter de Esme.

-¿Está bien? -me acerque y pregunte.

-Sí, gracias por preguntar. Es una niña que le encanta galopar. A penas está aprendiendo a caminar y ya quiere correr.

-¿Literalmente?

-Ambas. Es muy despierta para su edad.

Me dedicó una mirada fugaz y una sonrisa eterna. Su amabilidad rebasaba los límites del cariño. Se trataba de una mujer que amaba la vida. Un gesto tan hermoso que no veía muy a menudo.

-Carolyn -me ofreció su mano -, y ella, es la pequeña y tremenda Loana.

-Carlisle. Un placer.