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Historia 134463 — capítulo 4
Hermione no fue a la casa de los Potter el siguiente domingo, ni el siguiente tampoco. Ella aún no aceptaba que ellos se mudasen, la había afectado mucho tanto emocional como profesionalmente.
—Señorita Granger —Le dijo Freaston Stoubers, o en otras palabras su jefe, aquél frío y oscuro día—. Sus últimas columnas me han parecido un poco absurdas y mal escritas. Ya le perdoné una vez en su separación, que comprendo que fue doloroso, pero no creo que el director de El Profeta me perdone a mí por perdonarla a usted por segunda vez. Prométame que la siguiente columna mejorará y será como las de antes.
—Si, señor Stoubers —Le respondió Hermione, con voz débil—. Se lo prometo.
Lo único que le faltaba. Hasta su trabajo arruinado.
Mientras intentaba realizar una nueva columna prometiendo más que las anteriores de aquella semana, entró a su despacho una de las secretarias de El Profeta entregándole un pergamino.
—Es un mensaje que han dejado para usted, señorita Granger.
—Gracias.
¡Hermione! No voy a reprocharte el por qué no has venido, pero me gustaría que este domingo si vinieras. James tiene muchas ganas de verte y nosotros también. Harry y yo te extrañamos en sobremanera. Este domingo, Draco viene a hacerme unas revisiones por si todo va bien y no quisiera estar sin ti ese día. Por favor, Hermione, no nos des la espalda. Se te quiere, Ginny Weasley.
Entre sus pensamientos, últimamente más sombríos, resolvió visitar nuevamente la casa de los Potter.
Y así la semana se acortó y se hizo domingo. Temprano se despertó, se dio un baño y se vistió. Pero aquella vez no compró bocadillos ni para los niños ni para nadie. Ya lo había arreglado todo, sería una visita rápida para no molestar y silenciosa para despedirse. Hermione no sabía si volvería a ver a los Potter, pues no tenía ganas de volver. Según ella, aquella sería la última visita.
Vio un auto muggle enfrente de la casa, lo que le pareció extraño ya que el único visitante aparte de ella era Draco Malfoy y él no era ningún amador de las cosas muggles.
Tocó el timbre y Ginny con Albus en brazos la recibió.
—Te extrañábamos mucho, Hermione.
Ella sólo sonrió.
— ¿Harry está?
—No, le avisaron a último momento que lo necesitaban urgentemente en el Ministerio. Ha ido corriendo, prácticamente.
— ¿Y Malfoy?
—Estaba arreglando unos papeles mientras le daba el desayuno a los niños. ¿Quieres pasar? Él está en el comedor. Yo regreso enseguida.
Hermione se dirigió al comedor y ahí estaba. Malfoy con la misma ropa que la última vez que lo vio iba de papel en papel revisando y escribiendo cosas que ella no lograba avistar.
—Buen día, Malfoy.
El sonido de su voz lo sorprendió, pero no dejó que Hermione lo supiera.
—Buenos días, Granger. Por favor, no es mi casa pero te invito a que te sientes. Las sillas son muy cómodas aquí.
—Sí, gracias —Se hizo un silencio incómodo en el cual Malfoy retomó al asunto de los papeles—. Así que… eres médico.
—Sí, algo así —Malfoy se rió—. Ayudo psicológicamente en tiempo de embarazo. Enseño a los padres todo lo que tienen que tener en cuenta, reviso al niño, ofrezco listas de nombres, y usualmente soy el que sostiene la mano desocupada de la madre en el parto, si es que el padre asiste, sino las dos. Es algo que ayuda mucho.
—Me resulta impresionante que seas médico —Hermione lo veía aún acomodando y escribiendo los papeles—. Siempre creí que terminarías en una empresa multimillonaria y que te pasearías todos los días por el Ministerio para refregarle a Harry tu buena suerte.
Los ojos de Malfoy y también sus movimientos se ensombrecieron y afligieron.
—Bueno, la gente siempre sorprende, ¿no? —Le dijo—. Yo siempre creí que terminarías con Weasley y que te pasearías por mi empresa multimillonaria para refregarme que el amor vale más que el dinero.
Hermione sonrió melancólicamente y Malfoy también lo hizo.
—Sí —Suspiró la castaña—. La gente sorprende.
—Pero tu profesión no me sorprende. Cada mañana que se lee el periódico, tu nombre está en alguna columna. Así que no estaría adivinando si dijera que eres escritora para El Profeta.
—Lo único sorprendente que creo que tiene esta historia es que tras estudiar tanto en Hogwarts tendría que estarme ejerciendo con un cargo importante como… no sé, primer ministra o algo así… y no como una simple escritora de columnas.
—Bueno, no se debe de tener un cargo importante para ser alguien importante.
—Malfoy…
— ¿Sí?
—Has cambiado.
—Tú también. Creí que cuando te vería llegar, estarías con la misma sonrisa que el otro domingo. Pero esa sonrisa se ha ido. ¿Acaso te enteraste…?
— ¿De la mudanza? —Hermione rió con sarcasmo—. Claro que me enteré. Y no puedo creer que tú lo sepas. Yo soy la mejor amiga y la tía pero parece que te tienen más confianza que a mí.
—Y yo pienso que parece que te quieren mucho y lastimarte y dejarte es lo que más les cuesta a los dos. Has sido la compañera de este matrimonio y también de sus hijos y siempre van a estar agradecidos, Granger.
— ¿Tú verdaderamentehas sido el médico de Ginny desde James? —Hermione desvió la conversación abruptamente.
—Sí.
— ¿Cómo no lo he sabido tampoco?
—No lo sé. Me dijeron que quizás no estabas preparada para comprender que yo no era tan mala persona después de todo y prefirieron esconderme. Tú estuviste en el parto de James y Albus y no me viste ahí. Eso fue porque me lo pidieron y no fui. Siempre han tomado decisiones pensando en ti, o por lo menos lo hacen cuando yo estoy presente.
—Eso no me hace sentir mejor, Malfoy. Mejor sigue con tus papeles.
—Te lo digo únicamente porque tengo, aunque no lo creas, gran aprecio por esta familia y no me gustaría que ellos se fueran y tú te quedaras con remordimiento. Ginevra y Harry no se merecen que estés enojada con ellos.
—Malfoy, tú acompañas psicológicamente a las embarazadas —Malfoy asintió, sin comprender a qué venía aquello—. Bueno, lamento decirte que yo no estoy embarazada y que no necesito de tu apoyo mental.
Malfoy suspiró, sin saber más que hacer.
—Haz lo que quieras.
A aquello le siguió otro silencio incómodo. Pero fue Malfoy quien rompió el hielo.
—Entonces, no terminaste con Weasley.¿Por qué?
— ¿Qué te dice que no terminé con Weasley?
—Bueno, las dos veces que has venido lo has hecho sola y además la persona que se casa con la que ama no tiene por qué tener una mirada tan vacía y triste.
—El amor no es lo único que da felicidad. Pero para que sepas no, no terminé con Ron o por lo menos no como yo esperaba —Hermione bajó la cabeza, algo apenada por sus recuerdos—. ¿Y tú? ¿Te casaste con Parkinson, tal vez?
—No, no —Malfoy se tensó—. Parkinson era sólo mi amiga.
—Pero te casaste, ¿verdad?
—Terminé con los papeles, voy a decirle a Ginevra —Malfoy se levantó apresuradamente de su asiento y se marchó en busca de la señora Potter.
Hermione se quedó estupefacta. ¿Tan mala había sido su pregunta?
Hola de nuevo! Espero que a alguien le guste la historia...