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Historia 135182 — capítulo 20

Holi!

Volví, siento haberlos abandonado, pero estaba falta de inspiración.

Bien, tal vez el capi este un poco mal hecho, prometo corregirlo… o ustedes díganme!

Por fi comenten! si no haran que me deprima, y juro que dejara abandonado el fic.

Sin más preámbulos ¡a leer!

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La casa de los gritos

Hacia un mes que Hermione había terminado con Lupin, hacia un mes que el expreso de Hogwarts había retomado el camino de King Cross al castillo, hacia un mes que los chicos se habían despedido de Grinmuld Place y sus habitantes.

Hacia un mes que Snape evitaba el más mínimo contacto visual con la castaña, hacia un mes que la clase de pociones se había vuelto un infierno.

Hacía más de un mes que Lupin se había despedido de Hermione con un beso. Hacía poco más de un mes que Snape los había visto…

Hermione

Era tarde, tarde… ¡Muy tarde!

Me había quedado dormida, luego de que Ginny me despertase para bajar a desayunar. Pero es solo que, había tenido un sueño tan hermoso, que luego de despertar había vuelto a cerrar los ojos para que este continuara. Sin embargo, cuando se me ocurrió consultar la hora descubrí que faltaban 5 minutos para las 10 a.m.

Todas aquellas actividades cotidianas como ducharme, arreglarme, bajar a desayunar y alistar mis cosas para la clase en las que acostumbraba tardar casi hora y media las realice fugazmente en menos de 20 minutos. Sin embargo y a pesar de mi sorprendente velocidad, ya iba tarde a la clase de pociones.

¡Merlín iba a matarme! ¡10:13!

Corría por los pasillos como una loca, aventando gente a mi paso, y gritándoles una disculpa cada vez que los arrollaba.

Baje de un brinco los últimos dos escalones de la escalera hasta el pasillo de las mazmorras.

¡Merlín 10:17! Iba a matarme, seguro que iba a matarme.

Corrí lo más rápido que mis agotadas piernas me permitían y tras doblar una última esquina llegue al aula.

Temblaba de pies a cabeza, y sudaba en exceso. Jamás creí volver a sentir aquel miedo hacia él…

Mis nudillos golpearon suavemente la puerta, como si no quisiera que fueran escuchados.

La puerta se abrió lentamente, revelando las miradas de todos los alumnos clavadas sobre mí.

-Granger…- susurro

-Lo siento profesor- repuse ingresando al aula.

La puerta se cerró detrás de mí.

-Diez puntos menos Gryffindor- musito volviendo a su escritorio.

Ocupe mi sitio, entre Harry y Ron, y me dispuse a comenzar a trabajar.

-Es bastante bueno fingiendo ¿No crees?- susurro de pronto Harry, inclinándose un poco sobre mí para que Ron no lo escuchara, y lanzándome un sonrisita.

-No está fingiendo- repuse con tono amargo.

Harry me contemplo sin comprender, pero no agrego nada.

La clase de pociones, se había convertido en un auténtico infierno desde que había vuelto de Grinmuld Place.

No sabía qué hacer, buscaba el momento oportuno para hablar con Snape, sin embargo cuando estaba a punto de hacerlo me daba cuenta de que en realidad, él no quería volver a verme.

Todo aquello me resultaba demasiado pesado, más aun que cuando él se fue, sin embargo me jure no volver a caer en lo mismo, abandonarme de esa manera.

Lo amaba, si, con toda mi alma, pero no podía hundirme en mi misma como lo había hecho aquella vez.

Intentaba estar tranquila, o al menos fingía estarlo.

Y las cosas con Lupin no iban mucho mejor, me buscaba.

No era cómodo para mí. Ahora me daba cuenta de lo mucho que lo extrañaba como amigo. Pero solo eso, no algo más.

Snape

Mi mente era un remolino de confusiones.

Había visto a Hermione con Lupin, en el colegio y también en los paseos a Hogsmade pero…

No podía permitir que él se quedara con ella pero… si ella así lo prefería, yo no podía hacer nada.

Narradora

El tiempo pasaba lentamente, torturando no solo a Snape y a Hermione, incluso a Lupin.

La necesitaba, su lado. Con él.

La amaba, la amaba como jamás se había enamorado. Como nunca lo había sentido.

Paso aquel sábado por la tarde…

Hacia un día soleado y los alumnos ansiaban poder salir del castillo. Aquel día habría una salida a Hogsmade.

-Vamos Herms- la apuro Ginny desde la puerta.

-¿Cuál es la prisa?- inquirió la castaña de mala gana.

-Vamos, no quiero llegar tarde.

-Hogsmade no se moverá de ahí lo juro- repuso Hermione saliendo de la habitación siguiendo a Ginny.

Harry y Ron ya las esperaban fuera del castillo.

-¡Hola, chicas!- saludo Harry para luego acercarse a su novia y tomarla de la mano.

-¿Nos vamos?- sugirió Ron comenzando a caminar.

-¡Que tal chicos!- exclamo una voz detrás suyo.

Aquello ojos almendra se cruzaron con los de la castaña, enseguida este giro el rostro hacia él.

-¡Que tal Lupin!- repuso Harry.

-¿Van a Hogsmade?- inquirió.

-Claro- repuso Ginny -¿Vienes?

Le lanzo una fugaz mirada a Hermione, casi imperceptible antes de aceptar.

Pronto, Harry, Ron y Lupin se adentraron en una plática sobre Quidditch, en la que, de vez en cuando, Ginny participaba.

-Iremos a buscar una mesa- Susurro Ginny alejándose con Hermione mientras Ron y Harry se dirigían hacia la barra por las bebidas.

Lupin se había entretenido un momento, conversando con el profesor Flitwick.

Los chicos conversaron animadamente, charolando de cualquier cosa y bebiendo sus cervezas de mantequilla despreocupadamente.

-¿Podemos hablar…?- inquirió Lupin de pronto acercándose a la mesa.

-Ahora vuelvo chicos- susurro la castaña poniéndose de pie y abandonando el establecimiento seguida de Lupin.

Comenzaron a caminar por la larga calle principal.

-Hermione yo… no es como decir esto.

La chica solo espero a oírlo hablar.

-Te amo- soltó así, sin más.

-Lupin por favor…- susurro la chica deteniéndose. -No sigas con esto.

-Hermione, solo escúchame.

La chica continúo con su recorrido, con la mirada clavada en el piso.

-Te amo, te amo como jamás había amado a nadie. Te convertiste en parte de mí. Me enamoraste hasta el punto de sentir que enloquezco si no estás a mi lado.

La chica negó con la cabeza.

-Era perfecta, Hermione. La mujer perfecta para mí.

Seguían caminado, calle arriba. Podían observar la casa de los Gritos y sus alrededores desiertos.

-Lupin…. Me halagas pero yo… no soy la indicada y… no quiero lastimarte pero…

-Sé que tal vez no me amas… pero debes algo…

-Lupin te quiero, y te quiero mucho…

-Eso es algo- intervino el licántropo soltando una risita nerviosa

Hermione también intento reír, pero le costaba trabajo.

-Tal vez sea difícil, pero no imposible. Yo sé que lo puedo conseguir. Te enamorare. Lo hare.

-Lupin…

La chica callo de pronto. Indicando a Lupin que también guardara silencio.

Le había parecido escuchar algo a lo lejos.

Basto con un grito.

Un grito quizá de alguna chica de primer grado fue suficiente para alertar a alumnos y profesores. Para alterarlos.

Sin embargo, a pesar de que progresivamente todos en aquel pequeño pueblito notaron lo que ocurría, nadie hizo nada.

Las escenas de una batalla tan reciente, aparecieron ante los ojos de todos. Aterrándolos.

Las abarrotadas calles se vaciaron en un segundo, al tiempo que alumnos y profesores se refugiaban en los pequeños establecimientos a lo largo de la calle principal.

-¿Qué ocurre?- susurro la castaña al tiempo que ambos giraban en todas direcciones.

-No lo sé pequeña…- repuso Lupin observando a los pocos alumnos aun en la calle, correr por toda la calle en busca de refugio.

-Sera mejor volver- susurro el licántropo con un toque de nerviosismo en su voz. Asió a Hermione por el brazo pero ella no se movió.

Se habían en un profundo silencio, un silencio que perforaba los tímpanos.

Solo el estridente grito de Bellatrix resonó de pronto, rasgado el aire primaveral. Que fue secundado tan solo un segundo después por la respuesta de Snape y el contrahechizo de Dolohov.

La castaña desvió su mirada en aquella dirección, mientras una especie de terror comenzaba a invadir cada célula de su cuerpo.

Ahí estaban. Ahí estaba él.

-Severus…- fue lo único que su boca pudo articular.

Una sombra negra surco el cielo hasta detenerse en la casa de los gritos, revelando a Yaxley, de pie a lado de los 2 mortífagos ya presentes.

Un haz de luz plateado escapo de su varita, hechizo que Snape apenas consiguió evitar ya que estaba bastante ocupado luchando contra los otros 2.

-¡SEVERUS!

Fue un grito desgarrador.

Hermione comenzó a correr hacia la casa de los gritos, sin pensar en nada. Sin pensar en lo que hacía; solo pensando en él.

-¡Hermione!- exclamo Lupin detrás suyo.

Unos brazos rodearon a la castaña por la cintura, deteniéndola.

-¡Severus!

Pataleaba, golpeaba, arañaba el cuerpo de Lupin, tan solo pensando en correr hasta donde estaba él.

-Hermion…

Pero era inútil. Hermione había conseguido zafarse de su agarre y corría calle abajo con varita en mano.

-¡Hermione!- exclamo Lupin siguiéndola.

-¡Severus!

Esa voz. Esa voz que conocía mejor que así mismo, que podría identificar en cualquier sitio floto hasta sus oídos.

Era ella. Corría calle abajo con la mirada clavada sobre él seguida por el hombre lobo.

Quiso gritarle que parara, que se detuviera, pero un hechizo asesino lanzado por Dolohov que pasó rozando su oreja lo distrajo.

-¡Petrificus Totalus!- exclamo petrificando a este. -¡Hermione no!- exclamo.

Pero ya era tarde la castaña atravesaba en aquel momento por debajo de la cerca que rodeaba la casa de los gritos.

-¡Severus!- exclamo.

Era lo único que podía decir, lo único que su boca podía articular y sobre todo, lo único que le interesaba en aquel momento.

-¡Desmaius!- exclamo la castaña a una distancia considerable, dando de lleno en el pecho de Yaxley.

-Hermione…- susurro Snape observando los ojos de la castaña bañados en lágrimas.

-Severus…

-Que lindos tortolitos…- exclamo la estruendosa voz de Bellatrix.

Bellatrix lo había descubierto. Con solo ver esa escena, Snape sabía que ella sabía todo.

Pero ahora eso, le importaba un comino.

Le importaba cuidar a Hermione, dar su vida por ella si era necesario. Le importaba sacarla de ahí con vida; a como diera lugar.

Ambos fijaron la vista en ella, recordando que aún estaba ahí. Y ella, los observaba con una sonrisa burlona.

-¡Expelliarmus!- exclamo de pronto Lupin apenas rozando a la mortífago.

Yaxley se había incorporado, y el hechizo lanzado a Dolohov había pasado.

-¡Petrificus…

-¡Expelliarmus!

-¡Protego!

Se había convertido en una batalla. Cuatro hombres, dos mujeres. Tres buenos, tres malos… ¡ah! Y tres enamorados.

Lupin luchaba contra Dolohov, Hermione contra Yaxley y Snape contra Bellatrix.

Un hechizo asesino escapo de la varita de Lupin golpeado de lleno en el pecho de Dolohov.

Un chillido escapo de los labios de Bellatrix.

-¡Estúpido hombre lobo!- bramo clavando sus ojos sobre él.

Un haz de luz roja escapo de la varita de BEllatrzi, direccion hacia el hombre lobo, quien apenas pudo esquivarlo.

Las maldiciones imperdonables así como hechizos escudo volaban por el aire una y otra vez.

-¡Desmaius!- fue Yaxley, quien golpeo de lleno en el pecho de la castaña.

-¡Hermione!- exclamaron Lupin y Severus al unísono.

Bellatrix dejó escapar una carcajada.

Lupin corrió hasta la castaña, apenas esquivando los conjuros lanzados por Yaxley.

Con un movimiento de su varita incorporo a la castaña, a la que un "Crucio" paso rosando por su cabeza.

-¡Petrificus Totalus!- Bramo Snape, golpeando a Yaxley con el haz de luz que emanaba de su varita.

Solo quedaban Bellatrix y ellos tres.

Por un momento, solo un segundo, se sumieron en un profundo silencio, interrumpido únicamente por el crujir de las ramas de los árboles.

De pronto un grito desgarrador surco el aire perforando el silencio.

-¡¡AVADA KEDABRA!!

-¡¡PROTEGO!!