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Así que te vas de Hogwarts... (DH) — capítulo 1
-Hermione- Finalmente lo había decidido. Me iba a ir, dejando atrás esa escuela de magia y hechicería en la que estudiaba, abandonándolo todo... al menos por un año.Todo ello había sido algo inesperado para mí, ni siquiera sabía lo que me depararía el futuro después de aquella guerra que continuaba presente en la mente de todas y cada una de las personas que habitaban aquel castillo, tanto profesores como alumnos. Después de esa batalla, nada había vuelto a ser lo mismo, todos habían cambiado, para bien o para mal, algunos incluso maduraron debido a ella. Yo sabía que había cambiado, pero no de forma repentina como algunos, si no que mi personalidad había evolucionado a lo largo de los años, sencillamente ya no me parecía a aquella niña de cabello cardado y sonrisa ingenua.Cuando me enteré de que mis padres seguían vivos y se encontraban en Londres, no dudé apenas una milésima de segundo en ir a verlos. Hacía tanto tiempo que no escuchaba sus voces, o recibía un cálido abrazo por parte de ellos… tendría que cambiar mis planes para aquel curso. No tenía idea de cómo iba a ser posible estar en Hogwarts y volver a la casa de mis padres en Londres con total libertad. No, no creía que eso fuera permisible, ni siquiera para alguien tan interesado en el aprendizaje y los estudios. Debía comunicárselo a McGonagall cuanto antes para buscar una solución a aquel pequeño obstáculo. Me dirigí rápidamente al despacho de la directora, tratando de ir por los pasillos menos colapsados por los alumnos, porque en ellos podrían estar Ginny, Luna, Harry… y en estos momentos no quería dar explicaciones si me encontraba con ellos. Golpeé un par de veces con los nudillos en la puerta y una voz seria respondió desde dentro: -Adelante.Abrí la puerta. La directora McGonagall no ocultaba su mirada curiosa, no solía dirigirme a ella si no se trataba de algo serio.
- Directora, supongo que aún no se ha enterado pero…
- Han encontrado a sus padres, ¿cierto?- interrumpió con expresión tranquila.No le contesté nada, estaba un tanto sorprendida, ¿Cómo podía haberse enterado? Solo lo sabía ella, San Mungo, Ginny, Harry, Luna y… Ron. Entonces caí. Con toda probabilidad el mundo mágico al completo se había enterado. El Profeta. Sabía que aquella señora con la que me había cruzado el día que fui a visitar a mis padres al hospital me resultaba tremendamente familiar. Rita Skeeter había estado siguiéndome, ahora había conseguido su exclusiva, y que todas las miradas se posaran en mí, Hermione Granger, más que de costumbre. Maldije por lo bajo.
- Señorita Granger, ¿me está escuchando?
- Sí, sí- salí de mi ensimismamiento.- ¿Lo ha sabido por El Profeta verdad?
- Esta misma mañana, ¿Lo ha visto entonces?
- No, un encuentro con cierta señora un día concreto me ha llevado a deducirlo todo.- Sonreí, un día no muy lejano le brindaría un par de palabras a esa Skeeter.
- Entiendo.- respondió la directora asintiendo.- ¿Y bien? ¿Era eso lo que quería comunicarme?
- No, no solo eso. Es que me gustaría vivir este año con ellos, en lugar de en Hogwarts, quiero decir, llevo mucho tiempo sin pasar aunque sea un día con ellos, y además tal vez eso ayudaría a que recobraran su memoria más rápido.- expliqué a gran velocidad, llevaba ensayando varios días la conversación.
- En ese caso perdería todo este curso, iría un año atrasada con respecto a los demás, en el caso de que se lo permitiera.- replicó McGonagall seria.- Entiendo que usted quiera a sus padres y desee recuperarlos pero…
- Sí, lo sé, ya había pensado en ello.- esta vez la interrumpí yo a ella.- De hecho iba a preguntarle si habría algún medio por el cual yo pudiera estar en el Londres muggle pero también recibiendo las clases como si me encontrara aquí, aunque no creo que sea posible.- dije, pensando que lo que le había sugerido a la directora era una auténtica fantasía, o tontería,según el punto de vista.
- Bueno, sinceramente, nunca se había planteado un problema de este tipo con un alumno, si se tratara de uno que no fuera aplicado como usted me lo hubiera tomado a broma, pero sé que se toma el aprendizaje en serio.- respondió sonriendo ligeramente.- No le prometo nada, aún así veré qué puedo hacer.
- Se lo agradezco.- contesté con una pequeña sonrisa, había posibilidades, aunque fueran mínimas, de conseguirlo, así que me alegré de haberme dirigido a McGonagall.- Buenas tardes.Salí de su despacho. Anduve con cautela por el pasillo, con la intención de dirigirme a mi sala común, o a algún lugar tranquilo en el que pudiera leer. De pronto, me paré en seco. Creía haber sentido una presencia detrás mía, maldición, todas estas sensaciones eran por no dormir lo suficiente… No, esta vez estaba claro: escuché un ruido a mis espaldas. Me giré, no sin antes sacar mi varita del bolsillo. ¡Hola! Espero que os haya gustado. Es mi primer fic, estaría genial que comentarais algo diciéndome si os gustaría que la historia continuara o no :)