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Sirius Black mi... ¡¿Tutor?! — capítulo 12
Durante los siguientes días, Sirius trató de mantenerse al margen de la vida de Val. Le permitía ir al parque por las tardes y no preguntaba sobre sus asuntos personales, con la intención de "darle su espacio". Él solo lo hacía porque ella se lo había pedido, pero no dejaba de preguntarse si estaba bien. Ella era una adolescente, y se supone que los adolescentes necesitan a un adulto que los guíe y aconseje. Pero, ¿En verdad ella necesitaba de Sirius?
Tenía que reconocer que Valerie era bastante madura para su edad, pero… ¡No dejaba de verla como una niña! ¿Cómo podría hacerlo? Él, que la había visto llorar por la pérdida de sus padres… Claro que necesitaba de él, aunque no lo supiera. Y él debía protegerla. De todo. Incluso de los chicos… Merlín, ¿En qué momento se había convertido en un guardabosques?
Mientras desayunaban, Sirius observaba a Valerie. Catorce años. Era prácticamente una criatura a sus ojos. Necesitaba hacer que ella confiara más en él, aunque no tenía idea de cómo hacerlo.
No dejaba de pensar en el futuro. Sabía que el tiempo iba a pasar e, inexorablemente, ella crecería. ¿Y si se enamoraba de un inmaduro idiota?
Sirius no se habría puesto a pensar en eso si no fuera por dos cosas: 1) Val recibía cartas de ese chico, "Matt Rogers", por quien ya sentía cierta aversión, y 2) la había sorprendido en un par de ocasiones sonriendo sin motivo aparente, mirando a la nada. Pero no era una simple sonrisa; era la clase de sonrisa que ponían las chicas cuando… están… ¡Aj! No quería ni pensarlo. Es decir, ¿Val? ¿Enamorada a tan corta edad?
Había encontrado una de las cartas del tal "Matt" en el cuarto de Val, cuando ella había salido. A simple vista parecía inofensiva. Bastante normal; no daba la impresión de que el chico pretendiera "algo". Luego se sintió un poco mal por haber invadido la privacidad de la chica. Pero no podía evitarlo. Tenía que saber esas cosas, ya que Valerie era su responsabilidad.
Sirius escuchó un revoloteo y miró a la ventana. Y allí estaba "esa" lechuza. Valerie se puso de pie de un salto en cuanto la vio, y fue a desatar la carta de la pata del ave. Luego dijo "Ya terminé", y subió las escaleras deprisa… demasiado deprisa. Tal vez sería mejor buscar la carta más tarde para asegurarse de que el tal Matt no se pasara de la raya.
No, pensó Sirius, No puedes andar fisgoneando de ese modo. No seas tan inmaduro.
Pero seguía dándole vueltas al asunto. Definitivamente no podía quedarse con los brazos cruzados. Y como no podía abordarla en una conversación, porque no sabía cómo hacerlo, decidió que lo mejor sería vigilarla… entonces cayó en la cuenta. De repente se preguntó por qué Val salía todas las tardes para ir al parque. ¿Y si se veía a escondidas con ese chico? ¿Por qué no lo había pensado antes?
Esa tarde, cuando Valerie se fue al parque otra vez, decidió que iba a seguirla, pero…
¡Ring! El timbre sonó.
Fue a abrir la puerta. ¿Quién podría ser?
—¡Hola!—saludó un sonriente James Potter— Espero que no te moleste, pero vengo de visita. ¿Y mira a quiénes me encontré de camino aquí?
Detrás de él estaban Remus Lupin, un poco pálido pero sonriente; y Peter Pettigrew, con su habitual aire nervioso, aunque también esbozó una pequeña sonrisa.
—En realidad no nos encontró, fue directo a buscarnos— aclaró Remus.
—De acuerdo, lo admito— dijo James, alzando las manos— Es solo que hace tiempo que no nos reuníamos los cuatro juntos, y pensé aprovechar la ocasión hoy, que Lily estaba de buen humor.
—Uf, debe ser dura la vida de casado— bromeó Sirius.
—Ya cállate, Canuto— dijo James, y se lanzó alrededor del cuello de Sirius, tratando de hacerle una llave de lucha.
—¡No hagas eso, me despeinas!— se quejó Sirius.
—Oigan, les recuerdo que ya dejamos la escuela— dijo Remus conteniendo la risa, y cruzando una mirada con Peter que se encogió de hombros.
—Ya pasen de una vez— dijo Sirius, cuando se libró de James.
James entró en la casa, seguido de Remus y Peter, a quienes Sirius les palmeo los hombros.
—¿En dónde está Val?— preguntó James, recorriendo la vista por la casa.
—Acaba de salir. Fue al parque.
—Ya veo. Hace un lindo día, y es bueno que no se la pase encerrada aquí dentro— razonó James. Luego, esbozó una sonrisa— Y, por otra parte, podremos tener un momento de Merodeadores, como se debe.
Los cuatro se instalaron alrededor de la mesa de la cocina, mientras hacían bromas. Conversaron sobre los últimos acontecimientos, sobre sus cosas, sobre Quidditch y demás. James propuso una partida de Snap explosivo. Ese era uno de sus pasatiempos favoritos cuando estaban en el colegio (a parte de recorrer el castillo de noche, y descubrir sus pasadizos y recovecos). Sirius hizo aparecer, con un movimiento de varita, unos refrigerios y cuatro botellas de cerveza de mantequilla.
—¿Cervezas de mantequilla?— cuestionó James— ¿No tienes algo un poco más fuerte, como Whiskey de Fuego, por ejemplo?
—Cornamenta, no son horas de estar bebiendo eso— arguyó Sirius— Confórmate.
Al oír a Sirius, sus amigos se quedaron mirándolo con incredulidad. ¿De verdad ese era su amigo Sirius, el que nunca desaprovechaba una ocasión para beber un trago de Whiskey sin importar la hora o el lugar? ¿Desde cuándo se había vuelto tan responsable?
James trataba (sin éxito) de contener una sonrisa divertida.
—Vaya, Sirius— dijo Remus, aún con la sorpresa en su rostro— jamás creí que te oiría decir algo semejante. Creo que al fin te estás volviendo un hombre responsable.
James soltó una risa, secundado por Peter, aunque la de este último fue algo nerviosa.
—Ja, ja, muy gracioso— dijo Sirius con ironía.
—No lo tomes a mal, creo que es algo positivo— explicó Remus.
—Veo que la presencia de Val te está cambiando— dijo James— Dentro de poco, no vamos a poder reconocerte.
—No digas tonterías, sigo siendo yo— dijo Sirius.
—Es cierto, pero aun así, creo que estás un poco… diferente— dijo Remus, con una expresión reflexiva— Si. No pondría mi mano al fuego, pero definitivamente has cambiado.
—Cierto— coincidió James con aire de suficiencia, y Peter asintió con la cabeza.
—No sé de qué hablan, sigo siendo el mismo— dijo Sirius, evasivo— y ¿Por qué estamos hablando de mí? ¿Qué no íbamos a jugar una partida de Snap?
Jugaron una mano de naipes, pero Sirius no parecía muy concentrado en el juego. Miraba en dirección a la ventana a cada rato y consultaba su reloj de pulsera… hasta que, cuando finalmente perdió, un naipe le explotó en la cara. Soltó una maldición, mientras se limpiaba el rostro.
—Sirius, eso fue patético— dijo James— Has empeorado mucho desde la última vez que jugamos.
—No es eso— intervino Remus— Estás como distraído… ¿Te preocupa algo?
—No… bueno, sí… ay, ¡no lo sé!— exclamó Sirius.
—¿Tiene algo que ver con Val?— preguntó James, intuyendo la causa de las cavilaciones de Sirius.
Sirius se puso de pie y se cruzo de brazos. Caminó por la cocina unos momentos, con aire impaciente.
—Bueno, sí, digamos que me preocupa algo relacionado con ella.
—¿De qué se trata?— preguntó Remus, luego de tratar de imaginar que problemas podría causar Valerie, pero no se le ocurrió nada.
Sirius volvió a caminar de un lado a otro, murmurando en voz baja. Tomó una respiración profunda y soltó lo que llevaba pensando toda la semana.
—Se trata de un chico— dijo Sirius con la mandíbula apretada— Un chico que ha estado escribiéndole.
—Ah… ya veo— dijo Remus.
—Si… ese sinvergüenza…— murmuró Sirius— Val no quiere hablar al respecto. Ella dice que solo es un compañero de la escuela.
—Tal vez sea su novio—apuntó Peter.
—¿Estás loco? ¡Val es un niñita!— exclamó Sirius con malhumor, haciendo que Peter se encogiera en su sitio.
—Pues, sobre eso, Sirius… no es tan niña— dijo James. Sirius lo fulminó con la mirada, pero James no se inmutó— Dentro de unas semanas cumplirá quince años.
Sirius abrió los ojos como platos.
—¿Tan pronto?— preguntó Sirius, sin poderlo creer.
—Sí. El 17 de Agosto— informó James— Lily me lo dijo. Planea hacerle una fiesta de cumpleaños.
—Bueno…— dijo Sirius, aún conmocionado por la noticia, pero se recuperó al instante— Ese no es el punto, James. Val todavía es muy inocente. Y ese tal Matt me da mala espina.
—Con que se llama Matt— dijo James— Veo que has estado informándote.
—Últimamente, Val ha estado yendo al parque ella sola, y justo antes de que ustedes vinieran, tenía pensado seguirla para asegurarme de que ese sinvergüenza no la haya convencido de que se vean a escondidas.
—Oye, estaba pensando en lo que dijo Peter— intervino James— ¿Y si ya es su novio?
—No-es-su-NOVIO— siseó Sirius con un brillo de enfado en los ojos— Según las cartas que recibió Val, no parece que sea así.
—Oye, un momento... ¿Has estado leyendo sus cartas?— cuestionó Remus en tono de reproche.
—Bueno… tal vez una o dos de ellas…—confesó Sirius con incomodidad.
—Por Merlín, Sirius, no puedes hacer eso. No está bien— reprochó Remus.
—¿Y qué se supone que haga? Ella se niega a hablar de esas cosas conmigo.
—¿No se te ocurrió que tal vez tiene que ver con tu comportamiento? ¿Cómo esperas que reaccione si invades su privacidad de ese modo?
Sirius pareció indefenso ante las "acusaciones" de su amigo.
—Mira, Sirius— dijo Remus, con un tono más sosegado— Pienso que, si quieres que ella confíe en ti, primero tú deberías confiar en ella.
—Yo confío en ella— se defendió Sirius— es solo que no confío en el tal Matt.
—En cuanto a eso de seguirla… ¿No te parece que es algo exagerado?
—Tal vez no sea exagerado—intervino James con rostro pensativo.
Sus tres amigos se quedaron viéndolo por unos segundos.
—¿Ah, sí?— preguntó Remus, sorprendido.
—Sí. Empiezo a entender las preocupaciones de Sirius. Creo que podría tener razón; no sabemos nada de ese chico, y en estos días no se puede confiar en los jóvenes cuyas hormonas están alocadas.
—Entonces, ¿Qué es lo que sugieres?— preguntó Sirius, con una chispa de anticipación en los ojos.
—Dijiste que fue al parque que está a unas cuadras, ¿Cierto? Bueno… no le haría mal a nadie si echamos un vistazo a Val para ver qué es lo que hace.
Sirius sonrió con satisfacción.
—¿Tú también, James?— se indignó Remus.
—Solo por si acaso— dijo James, encogiéndose de hombros.
—Eso es lo que yo decía— arguyó Sirius— Es mejor que vayamos ahora, antes de que regrese.
—Merlín… no pueden estar hablando en serio— resoplo Remus.
—Hablamos muy en serio.
—Muy bien, esto es suficiente. Nadie va a ir a espiar a Valerie mientras sale a dar un paseo por el parque. ¡Es ridículo!
(Cinco minutos más tarde)
—Peter, tienes que aprender a hacer el hechizo desilusionador— dijo James—, no siempre tendrás mi capa de invisibilidad disponible.
—Lo siento— se disculpó Peter, bajo la capa invisible de James.
—Esto no está bien— dijo Remus—No deberían espiarla.
—Lunático, si te parece tan mal, entonces, ¿Qué es lo que haces aquí con nosotros?— cuestionó Sirius.
—¡Yo solo vine para que no cometan ninguna tontería!— se defendió Remus.
—Ya estamos llegando—advirtió James. Él y sus amigos se ocultaron detrás de unos árboles e hicieron un hechizo desilusionador, para poder ocultarse mientras observaban.
El parque estaba muy concurrido ese día. A medida que avanzaban, vieron niños jugando, padres empujando en los columpios a sus hijos pequeños; una mujer pasaba empujando un coche de bebé; una pareja de enamorados paseaba por la vereda, tomados de la mano… Sirius tuvo una extraña sensación en el estómago cuando vio a los enamorados. ¿Qué sucedería si era a Valerie a quien veía tomada de la mano de algún chico desconocido? Intentó sacudir la idea de su mente, mientras trataba de convencerse de que ella todavía era una niña.
Sirius chocó contra James (quién venía caminando delante de él, pero no pudo ver cuando se detuvo a causa del hechizo).
—Está allí— murmuró James, mientras los demás buscaban, tratando de adivinar la dirección a la que se refería su amigo.
Finalmente la vieron. Valerie estaba con un grupo, jugando lo que parecía ser un extraño deporte que no conocían. Remus trató de deducir si era football pero, al ver que usaban manos y pies, descartó la idea.
Sirius observó que en el grupo había al menos dos chicos y una chica de la edad de Val. Parecía que hacía rato que estaban jugando, ya que Val tenia las mejillas sonrosadas y la respiración acelerada. Pero, a juzgar por la sonrisa en su rostro, se estaba divirtiendo mucho.
Uno de los chicos trató de hacer una finta, pero acabó chocando con otro, y ambos cayeron al suelo, riendo. Un niño más pequeño, de unos diez años, se lanzó sobre ellos, y todos comenzaron a reír, incluidos James y Remus.
La chica rubia que parecía tener la edad de Val, hizo un comentario que sonó algo así como "Pero qué tontos son", y tomó a Valerie de la mano y la condujo hasta una de las bancas cercanas. Parecía que se había cansado de jugar, y ambas se quedaron descansando allí, observando a los chicos, que habían comenzado a simular que luchaban entre ellos. A los pocos minutos, las dos chicas comenzaron a hablar entre ellas. Parecía que la chica rubia le estaba hablando a Val sobre un libro que había leído, y que si quería podía prestárselo. Val aceptó con gusto.
—¿Ven?— dijo Remus con suficiencia— Les dije que no había de qué preocuparse. Valerie solo está haciendo amigos.
Sirius tuvo que aceptar que su amigo tenía razón.
Mientras volvían a casa, Sirius tuvo que aguantar una perorata de Remus acerca de la confianza, la importancia de darle su espacio a Valerie, de los límites que no se deben cruzar, y de varias cosas más que Sirius decidió no prestar atención.
Hola!! Lamento haber tardado taaaaanto, pero estuve con exámenes parciales, y tenía el cerebro seco.
Este capítulo no resultó de la extensión que esperaba, pero creo que lo resolví bastante bien. de todos modos, pueden dejarme su opinión si creen que faltó algo.
Gracias a todos por comentar y leer! Siempre me sorprendo de que todavía sigan allí, a pesar de que escribo tan lento que hasta una tortuga se sentiría indignada.
Gracias por estar, y espero que lo hayan disfrutado! valeliza17